domingo, 17 de julio de 2011

Ermita de San Jorge, en las cercanías de Cáceres. Parte 1ª.


Arriba: cercana a la localidad de Cáceres y junto a la conocida como Torre de los Mogollones, una ermita en ruinas y semioculta por el terreno sorprende al caminante en medio de la nada, sin saber que en su interior le aguarda uno de los mayores tesoros iconográficos de Extremadura.

A pesar de haber existido en la ciudad de Cáceres varias ermitas en honor al patrón de la plaza que se reconquistó la noche en que se celebraba el santoral de este soldado y mártir, e incluso de haberse fundado siglos atrás una cofradía bajo la advocación de este santo, actualmente nada queda de aquello a excepción de algunas imágenes que perdieron la devoción guardadas en diversos edificios civiles, como en el Palacio Municipal o en dependencias de la Diputación Provincial. Lo que muchos cacereños desconocen es que, fuera del núcleo urbano, pero aún dentro del término municipal cacereño, sigue en pie una ermita levantada por manos privadas y destinada al culto restringido que popularmente lleva el nombre del santo que nos ocupa, y que según otros estudiosos pudo denominarse del Salvador.

La ermita de San Jorge, aunque abandonada y en estado de ruinas, se mantiene aún en pie a unos 12 kilómetros de la capital provincial, cerca del camino a Badajoz y junto a la llamada Torre de los Mogollones, que recibe este nombre por erigirse en la finca homónima. Perteneció la atalaya a D. Diego García de Ulloa, quien la heredó de la Casa de Mogollón, apellidos habituales entre los blasones que decoran los muros de los palacios del casco histórico de Cáceres. Llamada antiguamente el Castillo de las Seguras de Abajo, la torre se incluye en un largo listado de castillos, casas fuertes y torreones que desde el siglo XIV y principalmente a lo largo del siglo XVI se edificaron en las cercanías de la por entonces villa por las mismas familias que en el centro urbano edificaban los palacios que hoy conforman el centro histórico. Un reflejo del poder que una nobleza medieval mantenía en el Estado Moderno, y que mostraban tanto dentro del municipio como en sus señoríos, entre los que destacan los del camino de Mérida, como los Castillos de las Arguijuelas (o Herguijuelas), las Cerveras, el Garabato o Santiago de Bencáliz, o la Quinta de la Enjarada y las Casas de las Seguras, en dirección a Badajoz.



Arriba: tras llegar a la Ermita de San Jorge y maravillarnos al descubrir las ruinas de este misterioso edificio, no menos sorprendente será la primera visión de las pinturas que allí se albergan, con esta Oración en el Huerto dándonos la bienvenida en uno de los muros de la antecapilla, por donde podremos acceder a la parte alta del templo.
Abajo: con acceso desde la sala anterior, el coro de la ermita se eleva del resto de la nave, con una visión plena del interior del templo desde ese ángulo, y con el muro que la cierra completando el programa iconográfico.



Si bien en la zona sur de la localidad surgían este tipo de edificaciones orientadas al servicio económico de la nobleza que las financiaban y a las que pertenecían, también por esta zona, y prácticamente paralelo en el tiempo surgían una serie de edificaciones religiosas, ermitas en su amplia mayoría, que ampliaban el ya generoso número que de éstas existía en la urbe. Junto al cerro de los Romanos, entre sendos caminos a Mérida y Badajoz, siguen en pie las ermitas dedicadas a San Benito (monasterio para algunos estudiosos), Santa Lucía, Santa Ana y Santa Olalla, famosas antaño por sus romerías. Algo más alejada de la población, la ermita de Nuestra Señora de Gracia servía como templo a los propietarios de las Arguijuelas de Abajo, a los que pertenecía. La ermita de San Jorge, de la que prácticamente no existen datos escritos algunos, posiblemente tuvo la misma función: lugar de oración para los habitantes de la Torre de los Mogollones y el poblado que existió en su rededor.

Nada se sabe sobre su fecha de construcción, sus arquitectos o mecenas, ni tan siquiera sobre los años en que comenzó su abandono o sobre su original funcionamiento y advocación real bajo la que se consagró la misma. La ermita de San Jorge sólo nos puede hablar a través de sus piedras, que conforman un edificio misterioso en sí, único en Extremadura por su diseño, y fundamentalmente por albergar en su interior una charca artificial presuntamente unida al diseño del templo y necesaria para las funciones que allí se realizaban. Mucho se ha especulado por ello sobre el uso del edificio, actualmente aprovechado como abrevadero para el ganado. Desaparecida la portada principal, abierta a los pies de la nave única de que dispone, y orientada hacia el sur, se mantienen en pie los muros laterales y la cabecera donde, a diferencia del resto de templos, no se ubicaba el altar, sino el coro, elevado sobre el resto de la nave que permanece ocupada por el mencionado estanque. A la misma altura del coro, y en el supuesto lado de la epístola, dos dependencias alimentan aún más las dudas sobre el destino para el que fue sometido el edificio, comunicadas entre ellas, y consideradas como capilla la primera, con acceso desde el coro, y sacristía la segunda, o bien antecapilla y capilla mayor u oratorio, en el mismo orden.


Arriba: levantados sobre la roca viva y circundando la hondonada del terreno que encierra el embalse artificial que allí se encuentra, los fuertes muros de la ermita luchan por mantenerse en pie frente al paso de los siglos, y la humedad y el abandono del lugar.
Abajo: la cara norte del primero, o cuarto, de los arcos que sostienen la cubierta del templo, junto al coro, aparece ilustrado con ángeles y guirnaldas en toda su longitud, coronando la decoración una casi ilegible frase latina en letras góticas.


Abajo: junto a los vanos abiertos en el coro, y en las mismas jambas de los mismos, Juan de Ribera completó el programa iconográfico con los únicos elementos no religiosos del mismo: grandes flores o motivos vegetales a modo de decoración que impiden que ningún hueco de las salas ilustradas quede vacío de pinturas.


Para la mayoría de los estudiosos la ermita de San Jorge fue edificada inicialmente en el siglo XIV, siendo lo más característico del diseño de la misma, además de la presencia en su interior de un estanque artificial, la traza de su cubierta, compuesta por cuatro grandes arcos de medio punto que arrancan de fuertes muros, fabricados los últimos con mampostería en su zona baja y ladrillo en la superior, levantados sobre la piedra natural que circunda el edificio y apresa el agua del estanque. Sobre dichos arcos, grandes losas de granito hacen de techumbre del templo. De granito son también las losas que hacen de suelo del coro, sustentado por dos arcos escarzanos, únicos elementos que subsisten en el interior de la nave. Las líneas superiores que marcan los máximos niveles que ha alcanzado el agua en el interior del edificio rozarían el nivel de este coro, que al parecer siempre llegó a estar a salvo de las mismas. Una teoría que barajan los estudiosos y relacionada con la función de la ermita nos indica que a la misma, llena de agua, entraría el caballero montado sobre su corcel, y a la misma altura que el sacerdote, éste en el coro, sería bendecido por el hecho de haberse adentrado en las sagradas aguas. Un poco habitual ritual y manera de bendecir que haría aún más especial el edificio y necesaria la conservación del mismo.



Arriba: en la parte izquierda del muro norte del edificio y pared del coro, un fresco dividido en dos escenas nos muestra las dos secuencias bíblicas tomadas de un mismo pasaje del libro del Génesis, donde Abraham en el protagonista, tal como lo menciona una cartela escrita en latín y letras góticas sobre el mismo.
Abajo: Abraham se arrodilla frente a Yahvéh, aparecido ante él bajo la forma de tres hombres que le visitan en el encinar de Mamré, y al que le ofrece agua para purificarle, en posible consonancia con el uso que se le dio al edificio.


Pero si la riqueza y curiosidad arquitectónica ya hacen de este edificio un caso particular y extraordinario en Extremadura, la riqueza iconográfica que cubre sus muros aumenta aún más el valor del mismo. Según reza en una esquina del propio templo, donde además aparecen fechadas las pinturas en 1.565, sería su autor el pintor cacereño Juan de Ribera. Pocos datos históricos o biográficos se conservan del mismo, pero sí otras obras atribuidas a su mano y paleta, localizadas prácticamente todas ellas en el término municipal de Cáceres y alrededores del mismo, como son los frescos de las bóvedas de la parroquia de San Miguel Arcángel de Portaje, o las pinturas murales de la iglesia de Santiago, en Villa del Rey. Cercanas a la ermita de San Jorge, otras pinturas murales como las de la capilla del Castillo de las Seguras, las de la ermita de San Benito, o los restos hallados en las de Santa Ana y Santa Lucía, parecen indicar la misma autoría de este casi desconocido autor del siglo XVI.

Con un particular estilo, esquematizado, sencillo y colorista, dentro del marco renacentista pero que puede recordar a las lejanas en el tiempo pinturas románicas, los murales de la ermita de San Jorge engloban la muestra más completa de pinturas de Juan de Ribera, así como un rico programa iconográfico que cubre los muros del coro, la cara septentrional del arco del edificio cercano al mismo, así como la totalidad de las paredes de la antecapilla y del oratorio, inclusive la bóveda y pechinas de esta última, y los escasos restos de la casi desaparecida cubierta de la primera. Mientras que en el coro las escenas ilustran pasajes del Antiguo Testamento, aquellas pinturas conservadas en las dos salas orientales están dedicadas a capítulos de los Evangelios y sobre la Vida de Cristo, además de representar y acercarnos a diversos santos personajes, bíblicos y mártires principalmente.



Arriba: a la derecha del coro, siguiendo semejante esquema que en la parte izquierda del mismo muro, dos nuevas escenas toman como protagonista a Isaac y nos relatan la bendición a Jacob por intercesión de su madre Rebeca, esposa del primero, a la que vemos a la derecha de la imagen observando su logro.



Arriba: tomados nuevamente de un pasaje bíblico del Génesis, la localización y narración de los hechos que inspiran esta pinturas de la parte derecha del coro están señaladas en una cartela ubicada sobre el vano central del coro.
Abajo: a diferencia de la narración sobre Abraham, en la que una única cartela sirve para mostrar los versículos de los que partían ambas escenas, otra cartela ubicada sobre los frescos dedicados a Isaac describen la escena vista en el segundo y más oriental de ellos.


Abajo: detalle de uno de los frescos dedicados a Isaac, donde en una misma escena se plasman dos secuencias seguidas de la narración, con el mandato en primer término de Isaac a Esaú indicándole que le trajese una pieza de caza antes de darle su bendición, y a Esaú como trasfondo ejecutando las órdenes de su padre.


Con colores vivos y tonos luminosos, la cara norte del arco del templo cercano al coro muestra unos primeros elementos presuntamente más decorativos que aleccionadores, con sendos angelotes a izquierda y derecha sosteniendo diversas guirnaldas y sobre los cuales reza en letras góticas una casi ilegible sentencia, distribuida por toda la franja superior del fresco en un único renglón. También en letras góticas, pero dividida en tres carteles diferenciados y de triple renglón cada uno, el muro superior del templo y pared del coro recoge escritos tres diversos episodios bíblicos que explican y dan origen a las cuatro escenas allí representadas. De izquierda a derecha, y a la par de menor a mejor conservación de las obras, el primero en aparecer es Abraham en el encinar de Mamré, según reza en latín en su cartela correspondiente y ubicada ésta sobre las dos escenas, a la izquierda del muro y del vano que en medio de él se abre. Allí mismo se señala la ubicación del texto en el sagrado libro del Génesis, Capítulo 18 (Versículos 3 y 4): " Señor mío, si he hallado gracia a tus ojos, ruégote no pases de largo junto a tu siervo. Se traerá un poco de agua, os lavaréis los pies y os recostaréis debajo del árbol". Las pinturas correspondientes muestran ambos versículos, pero en sentido inverso. A la izquierda, Abraham llevando agua para lavar los pies de Yahvéh, recostado bajo el árbol. A la derecha, el Señor se aparece frente a Abraham como tres hombres de pie frente a él, tal cual nos relatan las Sagradas Escrituras.



Arriba: en la jamba más septentrional de aquéllas que conforman el vano de acceso a la antecapilla, podemos observar sobre una columna esquematizada la firma del autor y la fecha de ejecución de la obra (ya casi desaparecida), en latín y letras góticas como el resto de textos conservados en los muros: "JUAN DE RRIBERA PINTO MDLXV".
Abajo: detalle del muro oriental de la antecapilla, cuyas pinturas, al igual que las del muro norte de la misma sala, han prácticamente desaparecido, conservándose apenas vestigios de un personaje barbudo, posiblemente algún santo que decoraba uno de los lados de la puerta de acceso al templo que pudo existir en este lugar, a juzgar por los restos del arranque de un arco sobre dicha figura.




En la mitad oriental del mismo muro, otras dos escenas nos relatan, sobre el mismo libro del Génesis, un posterior capítulo, tomando ahora como personaje principal a Isaac y como temática la bendición que éste ejerció sobre Jacob frente a la prometida al primogénito, Esaú. Las dos cartelas restantes, una cubriendo el vano central del muro, y la tercera y última a la derecha del mismo, nos describen las escenas, mencionándose nuevamente en la primera de ellas el pasaje bíblico del que han sido extraídas ambas: Génesis, Capítulo 27 (Versículos 3 y 4, 28 y 29, respectivamente): "Toma, pues, ahora tus armas, tu aljaba y tu arco, sal al campo y cázame una pieza; guísala como a mí me gusta, y tráemela para que la coma, y yo te bendiga antes de morirme"; "¡Qué Dios te dé, pues, el rocío del cielo (...). Sírvante los pueblos, prostérnense ante ti las naciones. Sé señor de tus hermanos (...)." En el fresco primero vemos, como nos relata el Génesis, a Isaac dándole órdenes a Esaú antes de darle la bendición correspondiente. El mismo aparece al fondo del fresco cazando para su padre, como decoración de la escena y continuación del episodio narrado. A su derecha, en un nuevo panel, Isaac, engañado por su esposa Rebeca, bendice a un arrodillado Jacob. Su madre porta entre las manos un plato con guisos, posiblemente el realizado con corderos para suplir la caza que debía traer Esaú, o quizás rememorando un capítulo anterior en el que Esaú vende su primogenitura a Jacob a cambio de un plato de lentejas. En cualquier caso, las dos escenas, unidas a las dedicadas a Abraham, nos hablan de conocidos pasajes bíblicos donde se nos presenta el agua como medio purificador, y el acto de la bendición como primordial, posiblemente escogidos ambos relatos en relación a las funciones que se daban en el edificio, usándose el agua estancada como medio purificador y lugar de bendición.


Arriba: el toro o buey parlante, símbolo del evangelista San Lucas, acompaña al santo escritor al que representa en la pieza más occidental de las cuatro que compondrían la bóveda de arista que cubría la antecapilla, con un libro y uno de los versículos más conocidos de su evangelio escrito en su interior, sostenido por el mismo.
Abajo: imagen de los restos de la bóveda de arista donde se observa al único evangelista conservado de los cuatro que ilustrarían posiblemente toda la techumbre de la sala: San Lucas.



La sala a la que tenemos acceso desde el coro correspondería presuntamente con la antecapilla, o bien con la capilla en sí si barajamos la posibilidad de que la contigua fuese sacristía y no oratorio. De las dependencias de la ermita de San Jorge que cuentan con sus muros ilustrados, ésta es la que ha llegado a nuestros días en peor estado, con dos de sus muros semiderruidos, carente de bóveda o techumbre, y apreciándose la casi desaparición de los frescos en dos de sus paredes, norte y oriental respectivamente. En la jamba izquierda de la entrada al recinto encontramos, escrito también en latín y con letras góticas, el nombre del autor y la fecha de la ejecución de la obra, ya indicadas anteriormente. Sobre dicha portada, ya en el interior de la sala, una colorida composición cubre el espacio hasta el arranque de la bóveda, dedicada a un capítulo sobre la Pasión de Cristo: la Oración en el Huerto. Mientras que a la izquierda del panel varios apóstoles duermen (Pedro, Santiago y su hermano Juan, según San Marcos en su Evangelio: Capítulo 14, Versículo 33), Jesús, arrodillado a mano derecha, está orando en el monte de los Olivos o de Getsemaní, cuando un ángel se le aparece venido del Cielo para confortarle, sudando Jesucristo gruesas gotas de sangre que iban cayendo hasta la tierra (Evangelio de San Lucas, Capítulo 22, Versículos 43 y 44). Sobre la escena, y cubriendo los restos de una de las cuatro partes que conformarían la posible bóveda de arista que tapaba la estancia, aparece uno de los cuatro evangelistas acompañado de su símbolo: el toro. Se trataría por tanto de San Lucas, autor del pasaje que inspira la escena que aparece bajo él. Junto a su vacuno símbolo un texto en latín recita parte del Versículo 26, perteneciente al Capítulo 1, del evangelio del mismo santo: "(...) el ángel Gabriel fue enviado (...)". Clara referencia a la Anunciación a María del nacimiento de Jesús, que ilustra el contiguo mural izquierdo, sobre el vano de acceso al oratorio, donde vemos a María (en pésimo estado de conservación), recibiendo la visita de Gabriel anunciándole la concepción del Hijo de Dios en su virginal vientre. Sobre dicha escena se conservan pequeños retazos el siguiente evangelista que aparecería aquí reflejado, del que apenas quedan restos de un pie. Desaparecidos prácticamente el resto de la bóveda,  desconocemos el orden en que aparecerían el resto de escritores.



Arriba: vista general del panel que cubre la parte superior del vano de acceso al coro, con Cristo orando en Getsemaní, capítulo conocido de su Pasión, recibiendo a un ángel que desde el cielo lo confortaba en su agonía, tal cual lo describe San Lucas en su evangelio.
Abajo: detalle de mencionado fresco donde aparecen dos de los tres apóstoles escogidos por Jesús para que le acompañasen en sus oraciones, posiblemente Santiago el Mayor y Pedro, respectivamente.


Abajo: sobre la puerta que da acceso al oratorio o sacristía, un panel narrando la Anunciación a María del nacimiento de Jesús nos deslumbra por la belleza del conservado Arcángel San Gabriel, mientras que María, a la izquierda del mismo, sufre de un progresivo deterioro.



Bajo el panel de la Anunciación, y como guardianes del oratorio que nos dan la bienvenida al mismo, dos santos de gran devoción en la época y contornos figuran a ambos márgenes de la puerta de entrada a la siguiente sala, uno a cada lado de la misma y orientados el uno hacia el otro. A la izquierda aparece ante nosotros el apóstol Santiago el Mayor, patrón de España, ilustrado en su faceta peregrina y acompañado de su simbología y su atuendo como tal, destacando sobre su gorro la concha o venera del peregrino jacobeo. En su lado contrario, Santa Lucía o Lucía de Siracusa porta la palma del martirio y su atributo relativo a la pena que según una leyenda medieval sufrió, con sus ojos arrancados depositados sobre una bandeja.

El resto de la estancia, en deficiente estado de conservación y ruina, apenas sostiene algunos retazos pictóricos de la iconografía que allí brilló. Junto a Santa Lucía, y como decoración interna de la puerta que comunica con el coro, apenas quedan restos de una torre con tres ventanas, símbolo de Santa Bárbara, posible mártir que allí se reflejaba. En el muro norte, unas figuras femeninas con edificios tras ellas se adivinan entre los restos de un panel semidesaparecido, víctima del derrumbe o destrucción de parte de mencionada pared. En los vestigios del muro oriental, otra figura, masculina y barbada en este caso, sufre también su anonimato pendiente de su total desaparición. Junto a él, los restos del muro conservan el arranque de un arco de medio punto, seguramente antiguo acceso por esta cara y a esta altura al interior de las dependencias traseras de la ermita de San Jorge.


Arriba: semejando la protectora o guardiana del acceso al oratorio, Santa Lucía se nos muestra a la derecha de la puerta de entrada al mismo acompañada de la palma del martirio así como de su más conocido símbolo: sus ojos arrancados y depositados en una bandeja; a la derecha de la misma, casi desaparecida se encuentra la representación de Santa Bárbara, conservándose apenas la torre de tres ventanas, símbolo de la mártir.
Abajo: en el lado opuesto a Santa Lucía, y en pose contraria a la misma que permite que ambos santos se miren cara a cara, Santiago el Mayor nos aguarda como peregrino junto a la entrada a la sacristía, acompañado también de algunos de sus símbolos, como la venera que corona su atuendo.


(La descripción de la sacristía u oratorio, así como las imágenes restantes sobre la misma e indicaciones para llegar hasta la Ermita de San Jorge aparecerán en una nueva entrada, continuación o parte 2ª de ésta).

- Ermita de San Jorge, en las cercanías de Cáceres. Parte 2ª:


- Ermita de San Jorge, en las cercanías de Cáceres: cómo llegar:

11 comentarios:

  1. Es impresionante Samuel, pero también es increible que una joya así esté abandonada y en peligro de derrumbe. Habría que hacer algo para salvar esta ermita...En fin.

    Leí hace unos días un articulo en El Pais que se titulaba "El futuro está en las piedras centenarias" o algo así y trataba sobre la reconstrucción de un gran número de ermitas románicas en Castilla León. Espero que alguien importante de por aquí lo haya leido también.

    Interesantisima la entrada y perfectamente documentada. Un diez!

    Un saludo y hasta pronto.

    ResponderEliminar
  2. Hola Jesús! Una vez más, muy grata tu visita y muy agradecido tu comentario. Efectivamente es una lástima el estado de abandono absoluto en que se encuentra esta joya. Las pinturas fundamentalmente están en deterioro progresivo y acelerado. En algunos de los estudios que he leído sobre ellas se describían paneles que cuando yo los visité ya prácticamente no existían. Y no creas que no ha habido voces avisando e intentando hacer algo... Pero nada. Es propiedad privada y las autoridades parecen muchas veces más interesadas en salvar monumentos más turísticos, y hacer oídos sordos sobre otros de tanta o incluso más importancia.
    Esta semana estaré fuera y no sé si podré publicar la siguiente entrada, que es la segunda parte de ésta, pero espero que te guste igualmente en cuanto la tenga lista.
    Un saludo y hasta pronto!

    ResponderEliminar
  3. Hola Samuel, pedazo de entrada que has hecho, muy buena, me encantan las fotografías y la documentación, espero con interés la segunda parte de esta entrada y que lástima que este así la ermita, hace unos mese leí en el Periódico que el ayuntamiento pretendía datar todas las vías pecuarias y públicas de los alrededores de Cáceres, esperemos que el nuevo gobierno siga con la intención de hacerlo y un cerebro político medianamente sensible al arte quiera hacer algo, que no creo.

    Que lástima que esté así, de verdad no lo entiendo y me da pena.

    Un saludo y muy buena la entrada!!!!!!

    ResponderEliminar
  4. Hola José Luis! Muchas gracias por tu comentario y tu visita, y sobre todo por tus palabras y halagos sobre el trabajo. Me alegra muchísimo saber que te ha gustado, sobre todo porque fue gracias a tus indicaciones como logré encontrar la ermita. Ahora con las vacaciones tengo el blog algo abandonado, y seguramente tarde más días de los deseados en volver con él, pero espero que no termine julio sin traeros la segunda parte, deseando igualmente que os guste.
    Un saludo y hasta pronto!

    ResponderEliminar
  5. Magnífica entrada. He llegado a tu blog precisamente buscando más información sobre esta ermita, que tiene algo de mágico y sorprendente para todo aquel que la conoce.

    Yo supe de ella por primera vez a través de unas fotos de Panoramio desde Google Earth y no paré hasta que pude ir a visitarla.

    La verdad es que sorprende y entristece pensar que la mayoría de la gente desconoce este tesoro y que probablemente en unos años más quede poco de él.

    Un saludo y seguiré muy pendiente de próximos artículos!

    José Luis.

    ResponderEliminar
  6. Hola José Luis! Muchas gracias por tu visita y comentario, y bienvenido al blog! Me alegra saber que te ha gustado la entrada sobre este monumento tan bello y a la par tan desconocido. Su visita, hará en septiembre un año, fue la que me movió a que, pocos meses después, me animara a crear el blog. Monumentos como éste, tan maravillosos y a la par muchas veces olvidados o eclipsados por otros, se merecen una oportunidad. Esperemos que pronto se haga algo y la ermita de San Jorge no acabe desapareciendo para siempre, que va camino de ello... Por mi lado, espero haber puesto mi grano de arena con esta entrada, con la que deseaba darla a conocer un poco mejor. Otra entrada más está pendiente. Espero que te guste igualmente. Un saludo!

    ResponderEliminar
  7. Felicidades por el blog.
    Te comento que en el programa 35 de la temporada 8 de Cuarto Milenio del Domingo 12 de Mayo de 2013, se ha hablado del caso de las pinturas de la Ermita de San Jorge.

    ResponderEliminar
  8. hola! Me gustaria saber cómo se puede llegar más o menos a la ermita para poder visitarla.
    UN SALUDO. GRACIAS.

    ResponderEliminar
  9. ¡Hola Nacho! Muchas gracias por tu visita, tu felicitación, tu comentario, pero sobre todo por darme a conocer la existencia de ese programa donde se habla de la Ermita de San Jorge. Voy a intentar buscarlo por internet para descubrir qué dicen sobre la misma. ¡Un saludo!

    En cuanto a cómo llegar a la Ermita de San Jorge, he creado a día de hoy una nueva entrada extra dónde indico con detalle el camino hacia la misma. Os he dejado un enlace a dicha publicación al final de este artículo. Espero que os sirva de ayuda para poder visitar y descubrir este formidable momumento. Gracias.

    ResponderEliminar
  10. Siento una gran congoja ante estas tropelías que parece ser tienen toda nuestra complacencia.¿Porqué escondemos nuestro pasado? ¿Ya no importa saber lo que fuimos? ¿Tampoco nos importa el legado que por derecho deben heredar
    nuestros hijos?

    ResponderEliminar
  11. LAMENTO EL ESTADO ACTUAL DE ESTE EDIFICIO QUE USTEDES CATALOGAN COMO ERMITA, AUNQUE DADA SU SINGULARIDAD, SE TRATA DE UN BAPTISTERIO MEDIEVAL MUUY SIGNIFICATIVO, PORQUE HE VISTO POCOS CON ESTAS CARACTERISTICAS Y CON FRESCOS QUE ATESTIGUAN ESCENAS BAUTISMALES... LA CONSTRUCCIÓN DE ESTE BAPTISTERIO EN ESTE ESPACIO NATURAL, APROVECHANDO UN TERRENO ACUÍFERO LE HACE MAS VALIOSO Y DIGNO DE SER CONSIDERADO POR EL MUNICIPIO AL QUE PERTENECE PARA QUE SE PONGAN MANOS A LA OBRA EN SU RESTAURACIÓN Y DIFUSIÓN.
    delacruzgomezmiguelangel@gmail.com

    ResponderEliminar

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...