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domingo, 16 de noviembre de 2014

V Encuentro de Blogueros de Extremadura: "Castillos de Castellanos, Azagala y Mayorga: tres coronas en ruina de la Sierra de San Pedro"


Como os comentaba el pasado viernes, Extremadura: caminos de cultura ha tenido el gran honor de colaborar en la edición de un libro, financiado por la Dirección General de Turismo de Extremadura, repleto de artículos y fotografías elaborados por blogueros extremeños, basado en la simbiosis existente en nuestra región entre patrimonio natural y cultura, y cuya creación está vinculada al V Encuentro de Blogueros de Extremadura, donde además tendrá lugar la presentación del mismo. Un primer artículo con el que se ha colaborado desde este rincón de la red, dedicado a la Campiña de Valencia de Alcántara y su Ermita de Valbón, ya pudisteis leerlo tras su publicación en el blog dos días atrás. Hoy, os presento un segundo escrito, con el que se pretende haceros viajar al corazón de Extremadura, a su Sierra de San Pedro y a las tres fortalezas en ruina que la coronan: los castillos de Castellanos, Azagala y Mayorga (dentro de los términos municipales de Cáceres, Alburquerque y San Vicente de Alcántara, respectivamente). Espero que, como el dedicado a Valbón y a Valencia de Alcántara os guste, pues a todos los seguidores y lectores de este blog va dedicado. Para vosotros.




CASTILLOS DE CASTELLANOS, AZAGALA Y MAYORGA: TRES CORONAS EN RUINA DE LA SIERRA DE SAN PEDRO

Quién sabe si las frondosas encinas y los fornidos alcornoques que hoy en día se yerguen majestuosos a los pies del Pico de Estena llegaron a conocer, dignos de su vetusta longevidad, a aquel antiguo señor, mitad caballero y mitad monje, que, envuelto en su blanca capa solo rota con la cruz rojiza de su orden, desfilaba bajo sus perennes ramas al amparo de la fortaleza que adquiriría a título personal para su descanso, no demasiado lejos de la ciudad emeritense donde capitaneaba como Maestro santiaguista. Don Alonso de Cárdenas adquiriría en 1.477 el Castillo y Dehesa de Castellanos, logrando con ello, seguramente sin proponérselo, que todas y cada una de las fortalezas que se yerguen sobre las siluetas dibujadas por la Sierra de San Pedro lograsen, antes o después, estar relacionadas con una orden militar extremeña. Ya dos siglos antes, afianzada la reconquista de la zona, la Orden de Alcántara logró levantar, bien como precaución frente a una futura recuperación de las tropas andalusíes, o teniendo más aún en cuenta al cercano reino portugués con el que ya había entablado enemistad en más de una ocasión, las fortalezas de Mayorga y Piedrabuena, no lejos de Valencia de Alcántara y cercanas a la creada por entonces pedanía de tal municipio bajo la advocación de San Vicente. Sobre la serranía de Santiago, mirando la unión de los ríos Zapatón y Albarragena, surgiría igualmente el Castillo de Azagala, coronando éste victoriosamente los mismos terrenos que antaño, en 1.086, habían visto al ejército de Alfonso VI ser derrotado por sus adversarios almoravides venidos del continente africano. Entre unos y otro, el Castillo de Alburquerque se reedificaría posiblemente sobre alguna alcazaba andalusí, supuesto origen compartido con algunas de aquéllas atalayas anteriores que, erigidas en tierras norteñas, defenderían a la musulmana Badajoz o serían, por el contrario, plazas refugio de huidos dedicados a la rapiña o sedes capitaneadas por los oponentes a las vecinas fuerzas gobernantes islámicas.



Fortaleció Don Alonso de Cárdenas su cacereño castillo con un recinto rectangular amurallado que defendiese el torreón original en su vertiente sur, donde la naturaleza no ofrecía las defensas naturales que el alto desnivel del norte sí le daba. El edificio principal quedaría como zona residencial, perpetuando el mismo destino que siglos antes le habían dado los Valverde, cuyo antecesor, el capitán castellano D. Ruy González de Valverde, llegó a la región junto las tropas que, dirigidas por Alfonso IX de León reconquistaron la otrora villa de Cáceres, siéndole cedidos estos terrenos, así como el título de Señor de Castellanos, como recompensa real a su labor en semejante episodio bélico. El futuro traería nuevas y duras contiendas a la región, atravesando la zona sin que pudiesen ser sorteadas por los castillos nacidos y creados para tales lides. Mayorga caería mortalmente herido durante la Guerra de Restauración portuguesa, a mediados del siglo XVII, recordando en su agonía, desde sus esgrafiadas ventanas, los históricos capítulos en que era protagonista, cuando desde él se encomendaban hacia pueblos extremeños portuguesas y beltranejas razias, al poco de ascender al trono la católica Isabel I. Azagala, tras haber pasado por manos del indómito Clavero alcantarino D. Alonso de Monroy y siendo ya cabeza de Encomienda, sobreviviría a la contienda que, a comienzos del siglo XVIII, tendría lugar tras la ascensión de los Borbones al trono español. Comprada después por el marqués de Portago, entre sus torres de las Armas, del Homenaje, de Humos y la de Tres esquinas, entre sus murallas y a lo largo de los tres recintos que componen su alargada y rectangular fisonomía, se levantarían zonas residenciales, viviendas para trabajadores y edificios adecuados a las labores agrarias a las que quedaría vinculado el monumento. Su caída vendría, sin embargo, sentenciada tras el triunfo de lo urbano frente a lo rural en el mundo actual, permitiéndose que, abandonada por los humanos a las puertas del siglo XXI, nadie en su interior quisiera celebrar la venida del milenio actual.



Perderían su brillo Castellanos, Mayorga y Azagala. Se deteriorarían sus perlas de almenas y los pétreos torreones que fijaban estas tres coronas a los cerros rocosos de la Sierra de San Pedro que dominaban. Sin embargo, entre la agonía de sus esqueletos, no todo es ruina. Tras observar raudo el vuelo blanquiazulado de un rabilargo frente a nosotros, oímos, no muy lejos, el canto de una abubilla, difícil en ocasiones de distinguir del del cuco en el alegre silencio de la diurna dehesa. Alzamos la vista, y cruzamos la mirada con la de un águila real que entre encinas otea sus dominios en busca de la presa que le permita perpetuar su existencia. Más lejanas son las líneas que dibujan en su planeo buitres leonados y negros, esperando en vuelo la defunción de alguna cabeza bovina u ovina que haya que expurgar. Cae la tarde, y una tropa de grillos entona su canto parapetados entre pastos y jarales iluminados por un sol de estío que, antes de esconderse, oirá los primeros ululares del búho y la lechuza, que compartirán nocturno reino con jabalíes, zorros y tejones. Pocos meses después, todos callarán frente a su rey. El ciervo iniciará su berrea llamando no sólo a hembras y contrincantes, sino también a la naturaleza. Una naturaleza que nunca se fue, que nunca se olvidó de este rincón extremeño y que nunca abandonó Castellanos, Azagala ni Mayorga, reclamándolos para ella y convirtiéndolos en sus señoríos y casas-fuertes desde las que poder observar, no ya a belicosos vecinos ni enemigos de religión, sino infinitos encinares y alcornocales vivos que pueblan generosamente este paisaje dibujando el horizonte de nuestra Extremadura.



lunes, 20 de octubre de 2014

Colaboraciones de Extremadura, caminos de cultura: Castillo de Azagala, en Alburquerque, en Castillosnet


Si bien el Castillo de Luna, erguido sobre la silueta del pueblo de Alburquerque, se presenta como símbolo histórico y embajador cultural de esta localidad pacense, no es la única fortaleza enclavada dentro del término municipal alburquerqueño. A doce kilómetros de distancia del centro urbano, y alineado y comunicado visualmente con el monumento defensivo que corona el municipio, una espectacular fortaleza, amalgama de torres y murallas militares acondicionada tardíamente para la explotación agropecuaria y como residencia de los señores que antaño disfrutaron de su estancia, se eleva sobre una cresta rocosa, dominando el embalse de Peña del Águila y la serranía de Santiago, en plena Sierra de San Pedro. Abandonado no muchos años atrás, en progresiva decadencia y ruina, el Castillo de Azagala sigue presentándose al viajero, sin embargo, en su robustez y magnificencia, hecho por el cual, desde este blog, hemos querido y tenido el honor de colaborar en la ampliación de la ficha que sobre este monumento ya figuraba dentro del listado de castillos y fortalezas elaborado por Castillosnet.org, con ampliación datística e informativa, así como unión de un nuevo álbum de fotos tomadas de este histórico inmueble, para mayor conocimiento e ilustración de uno de los castillos más relevantes de Extremadura.

A continuación, os dejo con el enlace que deriva a la ficha dedicada al Castillo de Azagala, publicada por Castillosnet.org. Tras él, tenéis información relativa a la historia y descripción de la fortaleza elaborada por este blog, seguida de los datos indicativos para poder acceder a la misma, en caso de querer acercarse en persona a conocer este enclave de la Sierra de San Pedro, repleto de naturaleza, arte e historia.





- Historia / descripción del bien:

Aunque se baraja la posibilidad de que sobre la cresta rocosa sobre la que se asienta el Castillo de Azagala existiese ya una fortificación previa levantada bajo la dominación musulmana de estos contornos, defensa norteña de la ciudad de Badajoz, ningún escrito contemporáneo a la reconquista de la zona lo menciona, así como ningún vestigio de esta presunta edificación islámica habría sobrevivido entre las piedras que conforman el actual castillo, erigido con toda probabilidad en el siglo XIII, tras la reconquista definitiva de la localidad de Alburquerque y sus enclaves cercanos. Se levantaría el castillo, al igual que otros cercanos como Piedrabuena o Mayorga, como punto de consolidación de defensa frente a los andalusíes del Sur, y protección frente a las contiendas con la vecina Portugal y las rapiñas ejercidas sobre los nuevos territorios añadidos a la Corona castellana, alineado el Castillo de Azagala con el de Luna, en la localidad de Alburquerque, a 12 kilómetros de separación del mismo. Se levantó Azagala sobre un enclave cuyo nombre derivaría al parecer de aquella batalla de Zalaca o Zagalla que allí, o en sus cercanías, tendría lugar en 1.086, frenando la expansión cristiana capitaneada por el rey Alfonso VI frente al ejército almorávide. Sería la Orden de Alcántara la que, posiblemente, asentase las primeras bases de esta nueva fortaleza, perteneciente al Concejo de Badajoz hasta caer en posesión a mediados del siglo XIII del Señor de Alburquerque, D. Juan Alfón, donado a éste por el rey Sancho IV. Su descendiente, D. Martín Gil de Sousa, mantendría el poder del Señorío de Azagala en 1.303, año en que es erigida la Torre de las Armas del castillo, sobre cuyos lienzos se colocó una placa marmórea epigráfica y conmemorativa de tal construcción. D. Martín se lo cedería en 1.312 a su sobrino, D. Pedro de Castro, contra la voluntad de su cuñado, D. Alfonso Sánchez, que mantendrá la posesión del castillo hasta 1.322. En 1.331 recibiría el Señorío el infante D. Sancho, hijo del rey Alfonso XI, quien a su muerte lo legará a Dña. Leonor de Castilla en 1.374, tras haber sido pieza de fianza frente a Portugal. En 1.418 lo cede ésta a su hijo, el infante D. Enrique quien, tras declarar la guerra a D. Álvaro de Luna, lo perderá a favor de éste, que lo recibirá de manos del rey Juan II en 1.445. Tras la muerte de D. Álvaro de Luna, la Orden de Alcántara recuperará esta antigua posesión en 1.461, haciendo de su Encomienda una de las mejores del Priorato, tras haber sido asaltada y convertida en hogar del Clavero de la Orden, D. Alonso de Monroy, que residirá en ella hasta su muerte en 1.511.




Restaurado y acondicionado a las novedades militares, con inclusión de abundantes piezas nuevas de fuego, a lo largo del siglo XVI, como enclave defensivo cercano a la frontera portuguesa el castillo sufrirá asedios durante la Guerra de Restauración de Portugal, en el siglo XVII, así como durante la Guerra de Sucesión española, a comienzos del siglo XVIII. Bajo el reinado de Felipe V, en 1.746, será nombrado D. José Gómez de Terán y Delgado como marqués de Portago, comprando éste en 1.750 y bajo el reinado de Fernando VI la Encomienda de Azagala, una vez desmembrada de la Orden de Alcántara con permiso de la Santa Sede. El Castillo de Azagala, donde hasta entonces habían residido el administrador, el capellán y los guardas de la fortaleza, se convertiría en un centro de explotación agropecuaria, manteniéndose la fortaleza en buen estado y uso durante el siglo XIX. Ya en el siglo XX, su abandono irá en aumento, convertido en refugio de maquis tras la contienda civil. En 1.992, con la jubilación del guarda de la finca en que se halla, el castillo quedará completamente deshabitado, manteniéndose en la actualidad víctima de la ruina y el expolio progresivos.




El Castillo de Azagala, de tipo roquero y de planta topográfica alargada y condicionada al terreno y cresta rocosa sobre los que se asienta, divide sus 140 metros de largo, prolongados de Oeste a Este en una franja estrecha, en tres reccintos sucesivos amurallados, con entrada a través del primero de ellos, en la zona más occidental y portada abierta mirando al Sur. Tras atravesar un primer patio, se accedería al segundo recinto a través de un arco de medio punto abierto en el flanco occidental de este segundo cuerpo cercado, flanqueado el acceso por dos torreones tras los que se asienta, en el flanco sur, la Torre de las Armas, de planta cuadrada y maciza en su parte inferior, con acceso por escaleras externas a su planta primera, cubierta con bóveda de cañón, comunicada interiormente con la segunda, de bóveda de crucería ojival nervada, y la terraza, perdidas las almenas y conservado parte de los matacanes, de cuatro ménsulas cada uno, repartidos entre los puntos medios de sus cuatro flancos.

Tras un amplio arco escarzano que sustenta parte de las viviendas destinadas a la servidumbre y trabajadores del castillo y centro agropecuario, ubicadas a lo largo del flanco norte del segundo cuerpo, se accede a un alargado patio desde el cual adentrarse en la Torre del Homenaje y, desde ella, al tercer cuerpo y resto de estancias del castillo, cerrado en su flanco sur por muralla coronada con almenaje piramidal y adarve, paralelo al que rodea todo el conjunto, en las estribaciones más meridionales del mismo. En la esquina oriental de este gran patio encontraríamos la capilla del lugar, planta baja de la Torre de planta cuadrada conocida como de los Humos, por estar coronada, además de por almenas piramidales, por una gran chimenea. La Torre del Homenaje, por el contrario y como ocurre con la Torre de las Armas, no conserva su almenado, aunque sí parte de sus cuatro matacanes, de tres ménsulas, así como un campanil de sabor portugués datado en 1.771.

El tercer recinto, ubicado en la zona más oriental del conjunto, habría sido acondicionado como zona residencial de los nuevos dueños de la fortaleza, levantándose sus dependencias a comienzos del siglo XIX. Culminado con la Torre de las tres esquinas, de planta triangular y defendida con matacanes, ubicada en la esquina más nororiental del inmueble, se abren tanto al norte como al sur del recinto amplias balconadas que dominan el paisaje. La meridional, cerrada en cristalera y sustentada por arcada, da a un patio cerrado y centrado por un pozo. El resto del espacio de este tercer cuerpo, dividido en dos plantas, se reparte entre dependencias señoriales, tales como salones, dormitorios o salón de juegos, y estancias destinadas a las labores cotidianas y almacenaje, como cocinas, bodegas o cuadras.




- Cómo llegar:

El Castillo de Azagala, ubicado junto y sobre la silueta dibujada por las aguas que componen el embalse de Peña del Águila, al Norte de la localidad pacense de Villar del Rey, se mantiene conectado con el municipio alburquerqueño al que pertenece a través de un camino, conocido como de Elvira de Vacas, del que ya hablamos y mencionamos a la hora de indicar cómo llegar a la Ermita de los Santiagos enclavada, al igual que el Castillo de Azagala, en la serranía de Santiago, en pleno corazón de la Sierra de San Pedro.

Partiendo de la Plaza de Toros de Alburquerque, seguiremos la senda mencionada y los mismos pasos indicados en el enlace abajo señalado, desviándonos de la ruta que nos acerca a la ermita abandonada poco antes de alcanzar ésta:






Cómo indicábamos a la hora de describir los pasos a seguir para alcanzar la Ermita de los Santiagos, la vereda Elvira de Vacas discurre hasta alcanzar la orilla del Embalse de Peña del Águila, llegando a los pies del propio Castillo de Azagala. Para ello, y una vez en el punto de bifurcación de la senda, ubicado tras superar el cauce del arroyo de Elvira de Vacas y marcado con posibilidad de desvío hacia la Ermita de los Santiagos o el Castillo de Azagala, respectivamente, deberemos tomar esta segunda opción, orientada hacia el Este y trazada siguiendo la silueta de la serranía de Santiago, que mantendremos en todo momento a nuestro lado izquierdo. En caso de haber llegado hasta este rincón de la Sierra de San Pedro en vehículo, es recomendable dejar aparcado por esta zona el mismo, ya que el firme del camino a seguir se hará bastante irregular en diversos puntos de los más de cuatro kilómetros que nos separan aún de la fortaleza.




A medida que nos acercamos al castillo, siempre en nuestro punto de mira desde la distancia, atravesaremos laderas montañosas cuajadas de jarales, dehesas de encinas y campos adaptados para el pastoreo de ganado vacuno y porcino, sin olvidar varias cancelas que, en base a la servidumbre que pesa sobre esta vereda, podrán ser abiertas para facilitarnos nuestro paso a través de estas fincas y haciendas. Finalmente, y ya a pocos metros del embalse mencionado, una pedregosa cuesta se eleva hasta alcanzar nuestro objetivo monumental. No hay que olvidar, llegados al mismo, que este bien inmueble es propiedad privada en estado de ruina, por lo que, en caso de decidirnos por adentrarnos en el mismo, ha de ser con el máximo de los respetos por la propiedad particular y, sobre todo, con la máxima de las precauciones ante posibles derrumbes y caídas de suelos y/o techos de las estancias que visitemos.




El Castillo de Azagala, así como las fincas y dehesas que vamos a atravesar para llegar hasta él,  son de titularidad particular. En caso de desear realizar la ruta que nos acerca a este monumento, lanzamos desde este blog una serie de recomendaciones a tener en todo momento en cuenta:

1) Respetar en todo momento las propiedades de las fincas, como vallados o cercas, intentando no salirse de los caminos marcados.
2) Respetar la vegetación y cultivos de las mismas, sin realizar ningún tipo de fuego ni arrojar basura alguna.
3) Respetar al ganado que habitualmente hay pastando en la zona, y en caso de encontrarse con animales que lo protejan, no enfrentarse a los mismos.
4) Si observamos que se están practicando actividades cinegéticas (caza), abstenernos de entrar.
5) Si nos encontramos con los propietarios de la fortaleza, o encargados de la propiedad en que se ubica la misma, saludarles atentamente e indicarles nuestra intención de visitar el monumento, pidiendo permiso para ello. En caso de que no nos lo concediesen, aceptar la negativa y regresar.
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