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viernes, 21 de marzo de 2014

Colaboraciones de Extremadura, caminos de cultura: Atalaya de los Frailes, en Badajoz, en la Lista Roja del Patrimonio


Arriba: de tapial de guijarros y barro, con ladrillos reforzando las esquinas y asentados los muros sobre una base de similar fábrica más gruesa, la Atalaya de los Frailes, también conocida como de los Monjes o de Tres Arroyos, presenta similitudes con otras torres vigías almohades en cuanto a su material de construcción pero también en su defensa, abriéndose la puerta de ésta en el flanco occidental de la misma, a elevada altura, para impedir la entrada de aquéllos enemigos frente a los que permanecía en guardia custodiando el flanco suroriental de la ciudad de Badajoz.


Mil años han pasado desde que Badajoz, antigua Batalyaws, se presentara como reino taifa independiente, tras la coronación del que fuese oficial y gobernador de la ciudad durante el reinado del ilustrado califa Alhakén II, una vez derrotado el sucesor de éste en 1.013. Sabur al-Amirí, más conocido como Sapur, que conoció el esplendor militar y cultural del califato cordobés antes de su desintegración, inauguraba una nueva etapa dentro de la historia musulmana de Badajoz, cuyas primeras páginas escribiría Ibn Marwan a finales del siglo IX, con la fundación de la propia ciudad en sí, y que retomarían especialmente los almohades tras la toma de la ciudad, a mediados del siglo XII. Hasta su definitiva reconquista cristiana por las tropas de Alfonso IX de León en 1.230, los almohades, conscientes de la cada vez más cercana frontera respecto de los leoneses, así como del novedoso reino de Portugal, no quisieron dejar a su suerte la ciudad que, siendo capital de su propio reino gobernó territorios tan amplios que incluso eran bañados por el propio océano Atlántico, dotándola de mayores  y mejores defensas, entre las que se incluía una serie de torres vigías desde las cuales controlar los flancos y caminos cercanos a la urbe.

La Atalaya o Torre de los Frailes, también conocida como de los Monjes o de Tres Arroyos, es una de las pocas torres vigías levantadas durante la dominación hispano-musulmana de Badajoz que queda en pie. Pese a la importancia de la que disfrutó antaño, y la antigüedad de la misma, hoy en día se encuentra en pleno abandono. Extremadura: caminos de cultura ha tenido el honor de colaborar con Hispania Nostra logrando que la misma sea incluida dentro de la Lista Roja del Patrimonio, en pro de su promoción y fundamentalmente defensa, para que un monumento tal pueda conocer milenarios como el que actualmente se sigue celebrando, así como muchos otros aniversarios y futuros acontecimientos de la ciudad a la que pertenece y defendió tiempo atrás.

A continuación, os dejo con el enlace que lleva a la ficha e imágenes de la atalaya, dentro de la Lista Roja del Patrimonio, seguido de una breve descripción del bien, así como las indicaciones para poder ver y disfrutar in situ del mismo:




Arriba y abajo: vista de los flancos sur (imagen superior), oriental y norte (imagen inferior), de la pacense Atalaya de los Frailes, cuyo posible almenado, techumbre/terraza y acodicionamiento interior han desaparecido, figurando sobre la misma graves grietas y líquenes que hacen peligrar la integridad del monumento, cuyos desprendimientos se descubren en los alrededores del propio inmueble.


- Historia/descripción del bien: 


Durante la dominación almohade de Badajoz, prolongada desde la toma de la ciudad por los mismos en 1.148 y hasta la reconquista cristiana definitiva del enclave en 1.230, la antigua Batalyaws fue fortalecida en cuanto a su defensa y dotada de un mayor número de inmuebles destinados a la vigilancia y protección de la urbe, tras haber retrocedido las fronteras andalusíes en referencia tanto al cristiano reino leónes, como al recién creado reino de Portugal. Además de reforzarse los sistemas defensivos de la alcazaba y el amurallamiento de la propia ciudad, se elevaron varias torres vigías desde las que controlar los accesos a la misma, comunicados entre sí y entre éstos y la propia Badajoz, recibiendo fundamentalmente en la Torre de Espantaperros los mensajes cifrados a través de lenguaje lumínico, creados por reflejos solares, o por códigos basados en señales de humo producido por hogueras o teas encendidas. Se desconoce el número exacto de torres vigías o atalayas que circundaron la ciudad, teniéndose noticias de al menos ocho de ellas. Actualmente sobreviven los restos de cuatro, conocidas como de los Rostros, Torrequebrada, de Camino de Yelves y de los Frailes o Monjes (también llamada de Tres Arroyos). Al parecer muchas de estas atalayas mantuvieron su función de vigilancia hasta la Guerra de la Independencia, a comienzos del siglo XIX, cayendo en desuso después o, como en el caso de Torrequebrada, pasando a formar parte de una vivienda privada.

La Atalaya de los Frailes, de los Monjes o de Tres Arroyos mantiene, como la mayor parte de las torres vigías musulmanas con que contó Badajoz, planta cuadrada y unos 10 metros de altura. Su creación se ejecutó posiblemente a finales del siglo XII, durante el reinado del califa almohade Abu Yaqub Yusuf, o bien algunos años o décadas después de la caída del mismo. La fábrica de la torre repite las mismas directrices que las del resto de atalayas, así como la de una gran mayoría de edificios almohades defensivos, creada con tapial de barro y guijarros, lucida con cal y arena y reforzada con ladrillo en las esquinas. Una base de guijarros más gruesa que el tapial de los muros sirve como sostén y defensa de la misma. El acceso a su interior se ejercía a través de una puerta abierta en el flanco occidental y elevada a cierta altura del suelo. Una escalera de madera o cuerda permitiría la subida al torreón, retirándose la misma en caso de llegada del enemigo. Posiblemente, y como en el caso de la cercana Torre de los Rostros, contó con bóveda interior, hoy vacío, y terraza/mirador defendido por almenaje en la parte más superior del inmueble, actualmente desaparecidos. Ubicada al sur de la Atalaya de los Rostros y al este de la Atalaya de Torrequebrada, pudo mantener relación visual fundamentalmente con esta última, vigilando el flanco suroriental de la ciudad.

- Cómo llegar:




La Atalaya o Torre de los Frailes, también conocida como de los Monjes, recibe igualmente el título de Atalaya de Tres Arroyos por estar elevada anexa al Parque de Tres Arroyos, de titularidad municipal, en las cercanías de la ciudad de Badajoz. La torre vigía se enclava sobre una colina de propiedad privada junto a la carretera que une la capital provincial con la localidad de Villalba de los Barros, más conocida como la carretera de Corte de Peleas (BA-022), a la altura del kilómetro 6 de esta vía. Un vallado circunda la propiedad. En caso de querer acceder al mismo, desde este blog lanzamos las mismas recomendaciones que en casos similares:

1) Respetar en todo momento las propiedades de la finca, como vallados o cercas, intentando no salirse de los caminos marcados.
2) Respetar la vegetación y cultivos de la misma, sin realizar ningún tipo de fuego ni arrojar basura alguna.
3) Respetar al ganado que habitualmente hay pastando en la zona, y en caso de encontrarse con animales que lo protejan, no enfrentarse a los mismos.
4) Si observamos que se están practicando actividades cinegéticas (caza), abstenernos de entrar.
5) Si nos cruzamos con personal de la finca o nos encontramos con los propietarios de la misma, saludarles atentamente e indicarles nuestra intención de visitar el monumento, pidiendo permiso para ello. En caso de que no nos lo concediesen, aceptar la negativa y regresar.


(Sobre la Atalaya de los Rostros podeís encontrar una entrada dedicada a tal torre vigía dentro de este mismo blog. Igualmente, "Extremadura: caminos de cultura" tuvo el honor de contribuir con la web "Guía de Monumentos de Badajoz" en cuanto a la aportación de imágenes con las que ilustrar los apartados dedicados a las Atalayas de los Rostros, de Camino de Yelves y de los Frailes. A continuación, os dejo los enlaces correspondientes a cada uno de estos trabajos)


lunes, 21 de octubre de 2013

Juan de Ávalos en las calles de Badajoz y Mérida


Arriba: detalle de la escultura que centra el Monumento al Héroe Caído, ubicado en el histórico Baluarte de Trinidad de Badajoz desde el cual se pueden observar, al fondo, las emblemáticas Torre de Espantaperros y Torre de Santa María, símbolos de la ciudad.


Un 21 de octubre, concretamente en el del año 1.911, nacía en la ciudad de Mérida el que llegaría a convertirse con el tiempo en el artista extremeño más reconocido, después de Francisco de Zurbarán, tanto en el panorama artístico nacional como internacional. Sus obras recorrerían la geografía española elevándose en monumentos que campan por todos los rincones de nuestro país, saltando a otros continentes así como exhibiéndose en colecciones privadas repartidas por todo el planeta. Hablamos de Juan de Ávalos García-Taborda.

Hijo de Juan de Ávalos Sánchez y María Concepción García-Taborda Cáceres, el joven Juan comienza desde edad bien temprana a relacionarse con el mundo de las antigüedades y del arte antiguo, gracias a la relación que su padre mantenía con los círculos culturales que en su ciudad natal se encargaban de recuperar el pasado romano de Mérida en las primeras décadas del siglo XX. Su relación con la escultura romana, así como con la imaginería religiosa que su primer maestro de dibujo, el párroco de la Iglesia de Santa Eulalia D. Juan Carmona, le hacía copiar, establecieron las bases del libreto de obras que a lo largo de su dilatada carrera mostraría al mundo, donde la monumentalidad de sus personajes, el predominio del clasicismo y del verismo, pero fundamentalmente la armonía, la serenidad y la espiritualidad humana y religiosa, sin olvidar la perfección anatómica y la sencillez compositiva caracterizarán la globalidad de sus esculturas. Esculturas con las que el artista desea expresar sus sentimientos, y a las que contagia de su personal humildad, su humanismo y su gran carácter positivo.



Arriba: tras sufrir diversas remodelaciones, así como añadidos y cambios en su composición, el Monumento al Héroe Caído se presenta hoy en día como grupo monumental donde tienen cabida las esculturas del Héroe muerto así como los cuatro evangelistas en bronce, obras de Juan de Ávalos, junto a los que se sitúa la antigua Cruz de los Caídos de la ciudad, fabricada por el marmolista Ángel Zoido y ubicada originalmente en el Parque de la Alcazaba.


Arriba y abajo: vistas laterales, izquierda y derecha respectivamente, del Monumento al Héroe Caído, donde la escultura que da nombre al conjunto centra desde su primera instalación el mismo, añadiéndosele en 1.956 los broncíneos evangelistas sobre muros de sillarejo granítico, con San Marcos y San Juan en el flanco izquierdo, y San Lucas y San Mateo frente a ellos.


Su vida, como la de la mayoría de los grandes artistas, se podría resumir en una etapa de aprendizaje, otra de consolidación de su estilo, para terminar con el reconocimiento, en este caso universal, de su obra. Sin embargo la de Ávalos, como la de toda una generación de españoles que tuvieron que sufrir el duro enfrentamiento bélico entre hermanos, se vio interrumpida primero por el estallido de la Guerra Civil en 1.936, para verse involucrado después en plena posguerra y hasta la resolución en 1.942 en un expediente de depuración por su supuesta vinculación con la II República Española. El alzamiento militar impidió que Juan de Ávalos pudiera proseguir con su labor arqueológica y artística en Mérida, a donde había regresado tras vivir su adolescencia en Madrid, graduándose en la capital del país en 1.931 en las Bellas Artes. Tras pasar la contienda en Andalucía, el expediente depurador le inhabilita para el ejercicio de cargos directivos en instituciones culturales y de enseñanza, por lo cual no puede recuperar su puesto como Subdirector del Museo Arqueológico de Mérida, ni tampoco el de Director de la Escuela de Artes y Oficios de esta ciudad.

Sin embargo, tras haber superado con éxito su aprendizaje como artista, y a pesar de tener que renunciar a su situación laboral previa al golpe, está decidido a vivir del arte y trabaja duro para salir adelante en la España de comienzos del franquismo. Diseña, acepta trabajos publicitarios y talla imágenes religiosas, pero no conforme con esta situación, acepta una invitación a Portugal para mudarse al país vecino donde, definido definitivamente como escultor, consolidará su estilo mientras se codea con otros artistas lusos, emprende viajes por Europa, realiza y participa en abundantes exposiciones y comienza a recoger premios que valoran sus obras más logradas.



Arriba e imágenes inferiores: la escultura del Héroe muerto, Héroe caído o Soldado caído de Badajoz fue labrada en piedra arenisca de Novelda por Juan de Ávalos, copiando el diseño de una anterior obra en escayola presentada en la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1.950, ofrecida a la ciudad por el autor y encargada la realización por ésta, conmemorando el largo listado de luchas bélicas sufridas por la capital con una obra que conjuga tensión y serenidad y que, debido a su exposición a la dura climatología extremeña se ha visto afectada en su conservación e integridad, duramente dañada por la humedad y desprovista de algunos elementos de su anatomía, como son los dedos del héroe yacente.



El regreso a España vendrá de la mano del proyecto del Valle de los Caídos. Cinco años de su vida y labor destinó el artista a su aportación al monumento, desde su encargo en 1.950 hasta la retirada de los últimos andamios a finales de 1.955. El mismo Francisco Franco lo propuso para llevar a cabo tal obra tras ver la escultura de Ávalos el Héroe muerto en la Exposición Nacional de 1.950. Ávalos sabe que es una oportunidad única para afianzar su obra en España, para demostrar al mundo su capacidad como escultor, para ejecutar la que sería considerada su obra maestra e, incluso, para ayudar en la labor de reconciliación de las dos Españas tras proponer que el monumento fuera un signo de paz y de unión. Rechaza por ello reflejar en las esculturas cualquier referencia política, centrándose en realizar ocho grandes figuras que representarán a los cuatro evangelistas y las cuatro virtudes cardinales, así como una Piedad que corone la entrada al templo.

El éxito de la obra no tarda en llegar, y tras afianzarse en su propio estilo el artista ve cómo su carrera avanza progresivamente a la par que sus obras son aclamadas y los encargos se multiplican. Los premios y condecoraciones tampoco faltarán. Entre otras, es nombrado en 1.974 miembro de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, elegido en 1.979 Presidente del Círculo de Bellas Artes de Madrid. En 1.981 ingresará en la Real Academia de Extremadura de las Letras y las Artes, recibiendo las Medallas de Oro de Mérida, Badajoz, así como al Mérito en las Bellas Artes o la Gran Cruz de las Orden de Isabel la Católica. Logra así ser reconocido en vida como uno de los grandes escultores de la España del siglo XX, apreciada su valía con creces hasta acaecer su defunción en Madrid el 06 de julio de 2.006. Hasta ese día, Juan de Ávalos trabaja incansablemente legando un ingente repertorio de imágenes y esculturas que pueden visitarse y admirarse en países tales como Colombia, República Dominicana, Paraguay, Estados Unidos y Puerto Rico, pero fundamentalmente por toda España destacando, además de las obras monumentales externas del Valle de los Caídos, complementadas en 1.968 por los cuatro arcángeles que cubren los muros del crucero de la basílica, los monumentos a la Paz de Tenerife, de Oviedo, de Ceuta o de Valdepeñas (Ciudad Real; destruido parcialmente en 1.976 por un grupo terrorista), el monumento a la Gesta del Alcázar de Toledo (erigido junto a este mismo edificio), el monumento al Rey Fernando el Católico de Zaragoza, el monumento al conde Diego Rodríguez Porcelos de Burgos, el monumento a los Marineros muertos en el Mediterráneo de Benidorm, el busto de Manolete de la plaza de la Lagunilla de Córdoba, la fuente dedicada al Doctor Carlos Jiménez Díaz cerca del Hospital Clínico San Carlos de Madrid, la escultura del Papa Juan Pablo II junto a la Catedral madrileña de la Almudena (donde se guarda, en su interior, su Cristo yacente, condecorado por la Primera Medalla de la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1.957), así como el conocido túmulo de los Amantes de Teruel, posiblemente su segunda más conocida obra tras la monumental de Cuelgamuros.

Abajo: a pesar de recibir ofertas desde Estados Unidos para su adquisición, fue deseo personal de Juan de Ávalos la conservación de los diseños originales definitivos en bronce de los cuatro evangelistas que formaran parte de la obra monumental del Valle de los Caídos en su tierra natal, donándolos por este motivo y por ser de su propiedad a la ciudad de Badajoz, que los incorporó en 1.956 al Monumento al Héroe Caído, pudiendo verse aún allí los santos escritores acompañados de sus emblemas tal y como pueden observarse también en Cuelgamuros, diferenciándose únicamente de éstos la figura de San Juan que, acompañado del águila, conserva su ancianidad en la obra pacense.





Pero Juan de Ávalos también fue profeta en su tierra. De hecho, fue Badajoz la que le encargó una de sus primeras obras monumentales, en 1.950, inaugurándose con ella una larga serie de grandes monumentos que el autor recibió por encargo, obtuvo por concurso o incluso, en abundantes ocasiones, donó altruistamente a las ciudades. En el caso de Badajoz, el conjunto monumental al Héroe muerto sería el primero de los cuatro que hoy en día decoran bajo su firma las calles de la capital pacense. El grupo definitivo lo centra la escultura del Héroe muerto, Héroe caído o Soldado caído, iconografía concluyente y derivada de una primera obra que, en 1.943, moldeó y expuso con éxito en el Instituto Británico de Madrid. Tras exponerla en escayola en la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1.950, ofrece la misma a la ciudad badajocense, que paga el sacado de puntos corriendo por parte del artista el resto de los gastos de creación de la obra. Para Badajoz Ávalos esculpirá la escultura en piedra arenisca de Novelda, muy deteriorada por la climatología extremeña pero que permite apreciar perfectamente aún el espíritu de la creación, donde la tensión anatómica de una figura masculina desnuda contrasta con la serenidad del cuerpo inerte del compañero que sostiene. La obra se ubicó en el Baluarte de Trinidad, junto al Parque de la Legión, por la vinculación histórica de este enclave de la ciudad con la función bélica y los sitios de Badajoz. Se colocó inicialmente la escultura monumental sobre un alto podio granítico, de donde se bajó cuando, en 1.956, se complementa el conjunto con cuatro nuevas obras donadas también por Ávalos a la ciudad, ante el deseo del extremeño por conservar las mismas en su tierra natal. Se trata de los modelos iniciales de los cuatro evangelistas del Valle de los Caídos, fundidos en bronce y colocados sobre murales de sillares graníticos. Cada evangelista aparece acompañado de su emblema y figura que simboliza a cada uno de ellos. Tras la escultura del Héroe muerto, que ocupa el corazón del conjunto o grupo monumental y del que derivaron después las esculturas que centran el monumento a los Marineros muertos en el Mediterráneo de Benidorm, así como el de Ayuda al caído de Casas de San Pedro (Badajoz), se mantuvo el monolito pétreo durante años culminado en una gran estrella de forja. Hoy en día es la Cruz de los Caídos, que previamente coronaba el Parque de la Alcazaba desde 1.943, realizada por el marmolista Ángel Zoido, la que aparece tras el Héroe caído, una vez eliminado tanto el monolito como la escultura metálica que lo coronaba.



Arriba: ubicado a comienzos del Paseo Fluvial, en plena orilla izquierda del Guadiana a su paso por Badajoz, en un enclave donde al parecer era habitual encontrarse al pintor homenajeado que gustaba de disfrutar de los atardeceres paseando por esta zona, antaño extramuros de la ciudad, se erige el Monumento a Adelardo Covarsí Yustas, ideado su levantamiento por el Ayuntamiento en 1.955, cuatro años después del fallecimiento del artista, y encargado definitivamente a Ávalos en 1.967, quedando inaugurado el 22 de junio de 1.968 tal y como reza junto a la dedicatoria del monumento.



Arriba: se conforma el Monumento a Adelardo Covarsí de una serie de figuras de bulto redondo y temática cinegética que se descubren frente a un monolito granítico levantado a la izquierda de la composición, donde un bajorrelieve en bronce ofrece la imagen esculpida del pintor homenajeado, firmada y fechada en su esquina inferior izquierda por el escultor emeritense: "J.Avalos, 1967".


Arriba e imágenes inferiores: siete son las figuras que componen el Monumento a Adelardo Covarsí, inspiradas en las obras que sobre caza y monterías hicieron conocido al pintor pacense, donde dos cazadores, con escopeta en mano, se descubren frente a la efigie del ilustre, escoltados por dos personajes más dispuestos a reunir a los tres sabuesos que les acompañan tras la batida, jugando los canes con uno de ellos, al que le falta hoy en día la mano izquierda, mientras el otro silba por la caracola avisando de la retirada.




Doce años más tarde, en 1.968, una nueva obra de Ávalos se levantará en la ciudad pacense, homenajeando al pintor e ilustre hijo de Badajoz D. Adelardo Covarsí, fallecido en 1.951. La idea parte desde el Ayuntamiento de la capital en 1.955, pero no se retomará hasta 1.967, año en que Ávalos toma el proyecto y realiza el monumento, finiquitado en los meses finales del mismo. Consta la obra básicamente de dos partes complementadas. Por un lado y a mano izquierda, un obelisco pétreo sostiene una placa fundida en bronce donde figura en bajo relieve el retrato del artista honrado. A su derecha, un conjunto de diversas esculturas en bulto redondo fabricadas en piedra rememoran una escena de caza, temática preferida y que hizo popular al pintor pacense, donde los dos principales personajes, tras regresar de la montería, se descubren ante la efigie del artista que tanto les inmortalizó con sus pinceles. Cierran el conjunto cinegético otros dos monteros que llaman y recogen a la jauría de perros cazadores que les acompañaron en su batida.



Arriba: simulando la proa de un barco granítico, la fuente y Monumento a los Extremeños Universales presenta una alegoría sobre la región extremeña, donde una figura femenina corta el viento sosteniendo una espada de puño de cruz, homenajeando a los extremeños que, cruzando el Océano Atlántico, descubrieron, conquistaron, colonizaron y evangelizaron el Nuevo Mundo, consiguiendo con su labor convertirse en universales y hacer universal a Extremadura.

Abajo: tras la gran figura en bronce y alegoría de la región aparece un mástil donde, sobre las planchas de granito, se colocaron los escudos provinciales de Badajoz y Cáceres, a izquierda y derecha respectivamente, bajo los cuales puede leerse el motivo del homenaje y la fecha de inauguración del mismo.




Coincidiendo con la entrega al escultor de la Medalla de Oro de Badajoz, se inaugura en la ciudad un nuevo monumento firmado por él. En esta ocasión Juan de Ávalos presenta una fuente sobre la que se yergue el Monumento a los Extremeños Universales, donde sobre la proa de un barco una alegoría femenina de la región de Extremadura fundida en bronce, de pie y sobre hojas de laurel se abre paso mientras porta una espada culminada en puño de cruz. Tras ella, un mástil granítico sostiene a ambos lados del mismo los escudos broncíneos provinciales de Badajoz y Cáceres, bajo los que reza, en ambos casos, la leyenda que permite conocer el título y fecha de inauguración del monumento: “Homenaje a los extremeños universales; Abril 1983”. Ávalos recoge así en el conjunto la idea de un proyecto destinado a celebrar las gestas de los extremeños en el Nuevo Mundo, donde a través de la espada y de la cruz, y tras atravesar el océano, descubrieron, conquistaron, colonizaron y evangelizaron las tierras de América, logrando la gloria de sus nombres y de la región.



Arriba: en la glorieta nacida de la confluencia de las avenidas de Sinforiano Madroñero y José María Alcaraz y Alenda, en pleno corazón de la moderna barriada de Valdepasillas, se quiso ubicar una fuente donde el motivo homenajeado en la misma fuese la unión entre ciudad y río, Badajoz y Guadiana, encargada en 1997 a Juan de Ávalos que, ayudado por su hijo, esculpió la misma, personándose el mismo autor en la inauguración del monumento acaecida el 21 de abril de 1.999.



Arriba y abajo: última de las cuatro aportaciones artísticas de Juan de Ávalos con que cuentan las calles de la ciudad de Badajoz, el monumento bautizado como La ciudad y el río, o La ciudad sobre el río se presenta como una alegoría donde urbe y cauce fluvial son representados por personajes desnudos, de perfección anatómica y corte clásico, donde una esbelta figura femenina, encarnando a la localidad, se yergue apoyada sobre un fornido varón, identificado con el río Guadiana, portando ambos sendos caños de donde parte el agua de la que se nutre el monumento.



La última de las obras nacidas de las manos de Juan de Ávalos que se ubicarán en las calles de la capital pacense será realizada (ayudado por su hijo Juan Ávalos Carballo) en 1.997 e inaugurada en 1.999 y, como la anterior, se presenta como una fuente donde, en este caso, el grupo escultórico fundido en bronce y de dos toneladas de peso sirve de caño del agua que nutre la misma. La ciudad y el río, o La ciudad sobre el río, es el nombre de esta alegoría que pretende ensalzar la unión intrínseca entre urbe y cauce fluvial, representada la primera por una joven de esbelto cuerpo desnudo que se incorpora sobre el Guadiana, personificado éste rememorando la escultura clásica con un fornido varón. Ambas figuras portan caños que escupen el agua que corre por la fuente, cayendo ésta después, desde el alto podio cónico en que se ubica la escultura, a la piscina base donde otros cuantos surtidores más complementan el conjunto ornamental.

Si bien con estos cuatro conjuntos monumentales Badajoz se presenta como la localidad extremeña donde más obras de Juan de Ávalos decoran sus calles, también su ciudad natal cuenta con dos esculturas del artista en sus espacios públicos, sin olvidar aquélla que preside el panteón familiar, ubicado en el cementerio municipal de la capital extremeña. Hablaríamos de dos obras monumentales cuya realización rondaría el año 1.975, fecha en que la ciudad celebraba el bimilenario de su fundación. Este motivo fue el que inspiró tanto el diseño como la idea de crear una escultura que homenajease tal efeméride. El propio artista quería colaborar en los actos no sólo por ser los de la ciudad que le vio nacer, sino por haber estado implicado personalmente durante su juventud en las labores arqueológicas y museísticas orientadas a la recuperación del pasado romano de Mérida. Fue así como el escultor dona la escultura que corona el Monumento a los arqueólogos, tal y como reza en la base de la misma, donde puede leerse en el mismo bronce de fabricación de la obra “Mi homenaje. Augusta Emérita en su bimilenario. Juan de Ávalos. 1.975”. Bajo ella, y labrado en el alto podio cilíndrico de granito que la sostiene, se lee igualmente en helicoidal el motivo homenajeado con el monumento: “A los beneméritos iniciadores de las grandes excavaciones, don José Ramón Mélida y don Maximiliano Macías, y a cuantos han contribuido al engrandecimiento arqueológico de la ciudad de Mérida. MCMLXXV. Año del Bimilenario”. La ciudad es la representada en la escultura a través de una figura femenina de rostro enérgico pero sereno que mira sin miedo al horizonte, tocada con túnica a lo romano, desplegado el cabello al viento mientras porta en su mano derecha una rama de laurel. Repite el autor con ella el diseño de una alegoría que sobre la región esculpió para el Salón de actos de la Casa de Extremadura de Madrid, diferenciándose de esta primera que no portaba laurel, sino una espada. Posteriormente el mismo modelo fue esculpido este vez en menor tamaño para la Asamblea de Extremadura.



Arriba e imágenes inferiores: con motivo de la celebración del bimilenario de la fundación de la ciudad de Mérida, en 1.975, Juan de Ávalos quiso colaborar en la misma donando a la localidad que le vio nacer una alegoría de la antigua capital lusitana que coronase el Monumento a los arqueólogos en las excavaciones emeritenses, ubicado hoy en día en el cruce de algunas de las principales calles de la ciudad, como son las de Santa Eulalia, Rambla de la mártir y Jose Ramón Mélida, sobre un alto podio granítico en el que se inscribe, en helicoidal, el motivo homenajeado, y donde se apoya esta figura femenina, de firme rostro, tocado romano y rama de laurel en mano, bajo la que se puede leer el nombre del autor, fecha del mismo y motivo de su donación.






También como resultado de los actos de conmemoración del bimilenario de la fundación de Mérida, Juan de Ávalos ofreció a la ciudad la posibilidad de creación de un nuevo vaciado en bronce similar a la escultura que centra el monumento a la Independencia de la República Dominicana de Santo Domingo, encargado por este país personalmente al escultor en 1.971 e inaugurado en 1.974. Como representación de la madre patria, Ávalos diseñó bajo la iconografía clásica de la Piedad una joven mujer que sostiene en brazos el cuerpo yacente del hijo, sacrificado en pro de la libertad, guardando en todo momento la verticalidad. Esta nueva Piedad profana homenajearía en este caso a los Emeritenses caídos en las guerras de España, respondiendo una vez más, como ya hiciera durante el diseño de las esculturas del Valle de los Caídos, a los deseos de reconciliación entre españoles del artista. El Ayuntamiento emeritense acepta la oferta y el encargo se formaliza en 1.975, realizándose e inaugurándose el nuevo monumento en 1.976. Se ubicaría junto a la Casa del Mitreo en un espacio público que años más tarde sería convertido en la Glorieta de Juan de Ávalos de la ciudad, donde la gran escultura en bronce culmina la fuente que ornamenta hoy en día la rotonda central de esta reconvertida en Plaza de Miguel Ángel Blanco, y donde puede leerse el nuevo título dado a la misma como La Piedad, que da a la escultura un sentido religioso algo lejano al alegórico con que fue creada inicialmente.



Arriba y abajo: centrando la que antaño fuese conocida como Glorieta de Juan de Ávalos, una obra monumental inspirada en la piedad cristiana y tomada de la escultura que centra el Monumento a la Independencia de la República Dominicana, representa alegóricamente a la ciudad de Mérida sosteniendo el cuerpo inerte de su hijo, muerto en las guerras de España, motivo homenajeado e inaugurado en 1.976 en respuesta a los deseos de reconciliación entre españoles ofrecido por Juan de Ávalos y bien vistos por el Ayuntamiento de la ciudad.



Una sí religiosa Piedad labrada en piedra de Escobedo será la que corone el panteón familiar donde Juan de Ávalos quiso que descansaran los restos de sus padres. Fabricada en 1.953 se colocó en la tumba en 1.954, siendo esta escultura el modelo que serviría de base a la que en el Valle de los Caídos remataría la entrada a la basílica. Había sido diseñada inicialmente, así como instalada, una Piedad de composición triangular que no gustaba tanto por el diseño como por su tamaño. El Consejo de las obras del monumento de Cuelgamuros pidió entonces al escultor una nueva creación, abocetando Ávalos cinco esculturas más, eligiéndose la que después talló y fue ubicada en el panteón emeritense, por ser el modelo propiedad del escultor. Difiere sin embargo este diseño del que hoy en día puede verse en el Valle de los Caídos, al modificarse en última instancia la posición de los brazos de la Virgen que entrelaza sus manos, para presentar definitivamente a la Madre de Cristo sosteniendo con el brazo derecho el torso del Hijo, mientras que con la izquierda agarra la mano zurda de éste, caída sobre su pelvis en la versión inicial. Se ubica la escultura sobre una mole de granito donde pueden leerse los nombres de los progenitores del artista, así como sus fechas de nacimiento y defunción. A su fallecimiento en 2.006, el propio Juan de Ávalos García-Taborda fue enterrado igualmente en este panteón, donde sus restos yacen hoy en día junto a los de sus padres, hermanos y otros familiares, bajo una obra artística que preservará en muerte al que el arte hizo grande en vida, para prestigio suyo, de su país pero sobre todo de su región. 




Arriba e imágenes inferiores: esculpido en piedra de Escobedo, el modelo original semidefinitivo de la Piedad que corona el acceso a la basílica del Valle de los Caídos es el que ornamenta el panteón familiar de los Ávalos desde 1.954, año en el que el escultor emeritense ideó su ubicación en el túmulo donde quiso que descansaran los restos de sus padres y donde más de cincuenta años después lo haría él mismo, bajo una imagen religiosa en la que María, con las manos entrelazadas, observa el cuerpo yacente de Cristo, sostenido sobre su rodilla derecha, mientras que sus inertes extremidades caen en una horizontalidad que cierra la composición.




- Cómo llegar:

El Conjunto o grupo escultórico del Héroe muerto de Badajoz, también conocido como Monumento al Héroe Caído, compuesto por la escultura del Héroe muerto, así como por los cuatro evangelistas en bronce y la antigua Cruz de los Caídos de la ciudad, se enclava en el Baluarte de Trinidad, frente a la Puerta de similar nombre por la que antaño podía entrarse a la urbe desde este enclave nororiental de la misma, en la conocida como Plaza de 18 de diciembre. Culmina allí la Ronda del Pilar en el punto donde da comienzo la popular Barriada de San Roque, tras cruzar parte del Parque de la Legión, al que pertenece al monumento, y atravesar el cauce del arroyo Rivilla.

Junto a la cabeza del Puente de la Universidad de Badajoz se ubica el Monumento a Adelardo Covarsí, en la unión de éste con el comienzo del trazado del Paseo Fluvial que recorre parte de la orilla izquierda del Guadiana a su paso por la ciudad. Fue escogido este enclave por su vinculación con el artista homenajeado pues, al parecer, gustaba al pintor pasear por esta zona, antaño extramuros, donde disfrutaba de las puestas de sol sobre el río y el horizonte portugués, reflejadas en muchas de sus obras.

El Monumento a los Extremeños Universales se yergue sobre su fuente en la avenida de Cristóbal Colón, en su cruce con la vía dedicada a Santiago Ramón y Cajal. Tras el conjunto se ubica la Iglesia de Santo Domingo y una de las entradas a las calles comerciales más añejas de la ciudad.

En la unión de las avenidas de Sinforiano Madroñero y José María  Alcaraz y Alenda, en pleno corazón de la barriada de Valdepasillas, se ubicó centrada en mencionada glorieta la fuente de La ciudad y el río como ornamentación de la expansión experimentada por parte de la ciudad de Badajoz en este flanco sur de la misma durante los años 90. Como resultado del crecimiento, la urbe seguía desarrollándose junto al río al que va a desembocar esta vía fundamental de la ciudad y que atraviesa a través del Puente Real, en una comunión entre metrópoli y Guadiana que quiso reflejar la obra monumental.

El Monumento a los arqueólogos en las excavaciones emeritenses de la capital regional se ubicó inicialmente en el Parque de la Constitución, frente al edificio del Parador Nacional de Mérida y antiguo Convento de Jesús Nazareno. Años más tarde fue trasladada al lugar donde antaño se ubicara la puerta norte de la ciudad, glorieta convertida en el punto de unión hoy en día de algunas de las más las céntricas calles de la localidad, como son la de Santa Eulalia, de Cervantes, de José Ramón Mélida y la Rambla de la Mártir. El Monumento a los emeritenses caídos en las guerras de España, bautizado años después como La Piedad, centra la que fuese Glorieta de Juan de Ávalos, denominada actualmente de Miguel Ángel Blanco, enclavada junto a la Casa del Mitreo en las cercanías de la Plaza de Toros municipal, sobre el trazado de la Carretera Nacional 630 a su paso por la Mérida, hoy en día Avenida de la Reina Sofía.

El panteón familiar donde descansan los restos del escultor extremeño, así como los de algunos de sus familiares, coronado con la Piedad, puede visitarse en el Cementerio Municipal emeritense, levantado junto a la antigua carretera de Cáceres, actual avenida de la Vía de la Plata, en horario de 9 a 13 horas, o bien de 15 a 18 (en invierno), o de 17 a 20 (en verano). Las tumbas y panteones de este camposanto se prolongan a lo largo de calles bautizadas con el nombre de personajes religiosos y vinculados con la ciudad. La vía principal que parte de la puerta de entrada, conocida como de Santa Eulalia, será la que nos lleve al Panteón de los Ávalos, ubicado en el margen izquierdo de la misma.



Juan de Ávalos García-Taborda. 21 de octubre de 1.911, 06 de julio de 2.006. D.E.P.

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