Mostrando entradas con la etiqueta Cáceres. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Cáceres. Mostrar todas las entradas

lunes, 16 de marzo de 2020

Colaboraciones de Extremadura, caminos de cultura: San Jorge, protector ante las epidemias, en Extremos del Duero


A finales de abril del pasado año mi colega bloguero y amigo personal Jesús López Gómez, autor del blog Extremos del Duero, lanzó una propuesta a este blog: colaborar en una entrada dedicada a San Jorge. La festividad de tal figura del santoral, fijada el día 23 de abril en el mundo católico, estaba en su cenit. Tendríamos un año por delante para ver la luz de un artículo centrado en la figura del santo de la Capadocia. Unos días atrás el trabajo estaba terminado y preparado para hacerse público por su correspondiente celebración relativa al presente año. Sin embargo, los recientes acontecimientos históricos han hecho adelantarla. En plena crisis sanitaria a nivel mundial motivada por la pandemia ejecutada a raíz de la incesante expansión de la última versión del virus coronavirus, autor de la enfermedad Covid-19 y responsable de la declaración del estado de alarma en todo el territorio español, Jesús ha decidido darle un giro al artículo preparado, volviendo la mirada hacia la facción protectora de un santo que en no pocas ocasiones fue invocado, además de ante múltiples males, también ante muchas de las calamidades salutíferas sufridas a lo largo de los siglos pasados.

Han sido incontables las catástrofes sanitarias dadas a lo largo de la historia de la Humanidad. Unas de índole local o regional. Otras nacionales e internacionales. Las más calamitosas han llegado a afectar y diezmar continentes enteros. El ser humano, no siempre consciente de la verdadera naturaleza del mal y, de tal manera, indefenso ante su agresión, destinaba la práctica totalidad de su esfuerzo hacia las plegarias que, como ante muchos otros desastres y siniestros, dirigía hacia las que creía fuerzas sobrenaturales convencido de ser ésta la única solución que en sus manos pudiese estar, remitiéndose la mayor parte de las oraciones efectuadas dentro del mundo cristiano a diversos personajes llevados a los altares o imágenes escultóricas que se creían milagrosas, como si de veros vínculos con el Padre Celestial se tratasen. De entre ellos, San Roque sería celebrado como patrono de los afectados por epidemias tales como la peste o el cólera, pues según su leyenda él mismo, tras atender a los contagiados de la primera de éstas, caería infectado y curado milagrosamente después. En otras ocasiones, las súplicas se dirigían a San Sebastián desde que tras rogar al santo militar en la Roma del año 680 por su divina intercesión, la ciudad santa quedase libre de la peste mucho antes de la popularización de la abogacía hacia el santo peregrino de Montpellier a partir del siglo XV. No faltan las veces en que las intermediaciones se solicitaban ante figuras veneradas a índole local. Son el caso, entre otros muchos, del Santo Cristo de los Milagros de Huesca, a quien la ciudad oscense acudiría cuando en 1.497 un brote de peste asolaba Aragón, o el del Cristo de San Agustín de Sevilla, talla gótica ante la cual los hispalenses siguen renovando anualmente un voto de acción de gracias desde que supuestamente en 1.649 la original escultura, hoy suplida por una réplica tras la destrucción de la primitiva obra durante la última contienda civil española, salvara a la ciudad bética de la pestilente infección que conllevase el inicio del declive de la ciudad. A San Jorge se le invocaría especialmente frente a contagios que derivasen en enfermedades que afectasen a la piel: la peste, la lepra, el herpes o la sífilis. A veces incluso frente a las picaduras venenosas de todo tipo de ofidios. El origen de la procura de tan milagrosa abogacía: su lucha frente al dragón. Un dragón serpentino, metáfora del mal, tomado como certidumbre por muchas poblaciones que verificaban estar este fabuloso ser trás  las epidemias que asolaban una población o lugar y cuyo único vencedor no podría ser otro que el caballero que también, indubitativamente, derrotó a tal bestia en la legendaria ciudad libia de Silca, o bien según otros autores en la bahía bautizada con el nombre del santo, al norte de la capital del Líbano.

Con el enlace al artículo publicado en Extremos del Duero bajo el título "San Jorge, protector ante las epidemias" os dejamos hoy, ofreciendo a la par una copia del texto aportado a tal trabajo por este blog deseando ilustraros sobre tan célebre figura del santoral, de especial vinculación con un particular enclave extremeño como es la ciudad de Cáceres, a poco más de un mes de su anual celebración y en pleno acontecimiento histórico que hace volver atrás la mirada ante añejas epidemias que asolaban nuestro país y nuestra región, cuando San Jorge era invocado para que cesase un mal ante el que, como siempre hemos hecho, ha terminado saliendo triunfante la Humanidad.



"Falta una media hora para que comience a clarear el día 3 de agosto de 1.492. El genovés Cristóbal Colón, acompañado de los hermanos Martín Alonso, Francisco Martín y Vicente Yáñez, de la familia Pinzón, así como de un nutrido grupo formado por vecinos palmeros y marineros de la cuenca Tinto-Odiel, salen de la iglesia de San Jorge por la conocida como Puerta de los Novios para bajar hasta la explanada donde se enclava la Fontanilla, junto al puerto de la villa de Palos. En el muelle, tres naves les esperan en pro de iniciar un viaje que estaría destinado a cambiar el curso de la historia universal. Cristóbal Colón ha logrado en Castilla lo que no consiguió en Portugal: convencer a la Corona para convertir en realidad una idea que muchos consideran una locura pero que él, convencido férreamente de la posibilidad de dar con tierra, no vacila ni un instante en llevar a cabo. Viajar hacia Oriente a través de Occidente. La reina Isabel, recién conquistada Granada, se muestra proclive a tal aventura. Unos creen que su extremo catolicismo, derrotado el poder musulmán en la Península, la han conducido a desear la evangelización de tan lejanas tierras. Otros opinan, sin embargo, que se deja llevar por sus ansias de conseguir nuevas posesiones para la Corona así como las riquezas que dicen abundan en Cipango. Los motivos de Colón son más bien confusos, pero pareciese querer derrotar, como el santo caballero que recibiría sus oraciones durante la vigilia previa al viaje hacia lo desconocido, los dragones que aún muchos insisten en confirmar que habitan los confines de un mundo plano. Y pareciese que San Jorge le vino a escuchar.

Pero San Jorge no siempre fue un caballero ni anduvo aniquilando monstruos ni dragones. Jorge de Capadocia, natural de esta región turca, sería al parecer un soldado del Imperio Romano nacido en las últimas décadas del siglo III d.C. De fe cristiana, se contaría como uno de los muchos mártires que, por no querer abjurar de sus creencias y rechazar el culto imperial, sería sometido a tormento y pena capital durante la persecución que del cristianismo se daría durante el gobierno de Diocleciano, a comienzos del siglo IV. Decapitado supuestamente en Nicomedia, donde ejercía como parte de la guardia imperial, y trasladado su cuerpo a Lydda, actualmente la israelí Lod, ciudad natal de su madre y donde la misma le educaría en las doctrinas de Cristo, Jorge sería convertido en el siglo IX, canonizado a fines del siglo V, en protagonista de una milagrosa intervención según la cual libraría a la ciudad de Beirut de un dragón que asolaba la zona. De una suerte de leyenda de llamativo paralelismo con el mito de Perseo y la liberación de Andrómeda, nacería, al igual que las rosas que surgieron de la sangre del vencido monstruo, un culto que transformaría al soldado en caballero, popularizado en una Europa Oriental donde Jorge se contaría como patrón de regiones como Bulgaria, Ucrania o Georgia, así como de ciudades como Moscú. Según algunos autores, ya era venerado en la Europa Occidental a fines del Imperio Romano. Por el contrario, muchas voces apuntan hacia las Cruzadas como el inicio de la divulgación de su culto ortodoxo en las regiones del poniente europeo.

Inglaterra, de reconocida presencia durante las Cruzadas ejecutadas en Tierra Santa, lo tomaría como patrón a partir del siglo XIV, enarbolando la cruz del santo como bandera propia y nombrándole inclusive protector de la británica Casa Real. En la Península Ibérica, ocurriría de manera similar. Encumbrado como patrono de Portugal, la monarquía aragonesa se acogería a su amparo en un culto que rápidamente se propagaría por todos los territorios de la Corona. En el siglo XV se convertiría oficialmente en patrón de Aragón y Cataluña, incluyéndose su cruz bermellón en los escudos aragonés y barcelonés. No podía ser menos ante un santo cuya legendaria aparición durante la batalla de Alcoraz, luchando codo con codo junto a Pedro I, le otorgaría a los aragoneses en 1.096 la victoria y conquista de la ciudad de Huesca frente al poder musulmán. Milagrosa intervención de sumo parecido a la que supuestamente en el 844 se diera en Clavijo, igualmente frente al Islam pero por parte de un Apóstol Santiago convertido en paladín de las tropas castellanas, que tomarían así al santo peregrino, en una faceta mucho más bélica, como su propio caballero sagrado en pro de la reconquista peninsular. Sin embargo no por ello San Jorge dejaría de aparecer entre los santos venerados en los territorios de raíz castellana de España. En el mismo camino de Santiago se puede encontrar a San Jorge en diversos enclaves como la logroñesa Iglesia Imperial de Santa María de Palacio o, mucho más cerca de Compostela, en la capital coruñesa, bajo cuya advocación se ofrece un templo barroco en pleno centro histórico de la ciudad. Más al Sur, en tierras andaluzas, contará con parroquias levantadas bajo el estilo gótico no sólo en la onubense Palos sino también en la gaditana Alcalá de los Gazules. Incluso en el mismo corazón del Imperio hispano tendrá cabida el sacro adalid, retratado por los pinceles de Alonso Sánchez Coello y formando parte del elenco de santos que circundarían las paredes de la iglesia del Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial, cuya primera piedra, curiosamente, sería colocada el 23 de abril de 1.563, festividad del santo.

Pero si hubiese que destacar una vinculación con San Jorge dentro de lo que fuesen tierras de la Corona de Castilla, sería a Cáceres a donde habría que dirigirse, dándose en la otrora villa y ahora ciudad el que posiblemente sea el patronazgo georgino más antiguo de España, inmediato a la reconquista definitiva de la ciudad por las tropas leonesas llevada a cabo el día de San Jorge de 1.229, anterior por tanto a otros tan célebres como el alcoyano, nacido a raíz de la batalla que en defensa de la localidad ejecutaron los cristianos frente a las huestes musulmanas que querían recuperar para el Islam la población de Alcoy en 1.276. En ambos casos, una cruzada frente a los mahometanos ante la que se imploró a San Jorge o se tomó al santo caballero como figura religiosa sin cuya divina protección no hubiera sido posible el triunfo de la cristiandad frente a su tenaz enemigo medieval, al que el santo derrocaría como ya en el Líbano hiciese cuando derrotase a la pestilente criatura atravesándola con su lanza. Una incansable confrontación del caballero contra su vil enemigo, así retratado en una iconografía que en no pocas ocasiones se confunde con la de San Miguel en su lucha contra Satanás, al que ya en el Apocalipsis de San Juan se le compara con un dragón al que Miguel y sus ángeles vencerán el día del Juicio Final, arrojándole junto a sus demoníacas tropas por siempre del Cielo. Eterna lucha del Bien contra el Mal. Incesable lucha de lo bendito contra los demonios. Del hombre contra sus demonios..."

(Imágenes: un broncíneo San Jorge esculpido por José Rodríguez y fundido por Eduardo Capa ocupa, salvo intentos de robo y posteriores reparaciones, desde el 26 de agosto de 1.966 una hornacina en la plaza que bajo la ingente mole edilicia de la iglesia de San Francisco Javier ocupa el corazón del casco antiguo intramuros de la ciudad que toma al santo caballero como patrón, propietario el Ayuntamiento cacereño, entre otras realizaciones artísticas del mismo, de una barroca escultura en madera policromada de apenas un metro de altura, utilizada en los actos celebrados por el consistorio durante la jornada de conmemoración anual del santo bajo cuya protección se acogería la población que en similar día del año 1.229 reconquistase definitivamente frente al poder sarraceno el lugar)

martes, 27 de noviembre de 2018

VIII Encuentro de Blogueros de Extremadura: "Del peristilo romano a los claustros y patios porticados: la intimidad de la vivienda abierta a la naturaleza"


El pasado día 24 de noviembre la Fundación Xavier de Salas, sita en el antiguo Convento de la Coria, ubicado en pleno casco antiguo de la localidad de Trujillo, acogió una nueva edición, la octava ya, del que se ha consolidado como anual Encuentro de Blogueros de Extremadura. Una oportunidad única para compartir conocimientos, aprender y, sobre todo, conocer a otros blogueros reencontrándose además con colegas y amigos con los que se comparte una misma pasión: la región extremeña.

"Naturaleza en pueblos y ciudades de Extremadura" fue la temática escogida en esta ocasión. De entre las ponencias, queremos destacar la llevada a cabo por Rubén Núñez, colega bloguero y amigo personal autor del blog "Cáceres al detalle", que supo ganarse la atención de los asistentes gracias a su exposición "Naturaleza y Patrimonio Cultural: dos caras de la misma riqueza". Tras su intervención, se presentó el libro "Extremadura, naturaleza urbana", elaborado nuevamente gracias a los artículos y aportaciones de diversos autores, mayoritariamente muchos de los blogueros presentes en el acto. Un año más, Extremadura: caminos de cultura ha tenido el honor de poder colaborar en mencionado trabajo.

"Del peristilo romano a los claustros y patios porticados: la intimidad de la vivienda abierta a la naturaleza" es el título del estudio presentado por este blog. Un análisis del patio porticado en nuestra región, desde su aparición en forma de peristilo tras la conquista y colonización romana, como forma de abertura del hogar a una naturaleza exterior, convertido en no pocas ocasiones en un vergel donde poder recrear una naturaleza idealizada dentro de las zonas urbanizadas.

Os dejamos con el escrito, deseando que guste a lectores y visitantes, no sin antes dejar de dar la enhorabuena a los organizadores del evento, José Manuel López Caballero y Atanasio Fernández García, cuyo esfuerzo es indispensable a la hora de poner en pie esta cita anual a la que esperamos no faltar en las próximos ediciones.


Claustro del Convento de San Benito, antigua sede de la Orden de Alcántara; Alcántara.
 

DEL PERISTILO ROMANO A LOS CLAUSTROS Y PATIOS PORTICADOS: LA INTIMIDAD DE LA VIVIENDA ABIERTA A LA NATURALEZA

Aunque la conquista militar y posterior colonización fueron claves a la hora de exportar la cultura romana al resto de territorios sometidos, posiblemente el éxito de la romanización en muchos de ellos no se debió al uso de la fuerza o a la práctica de medidas coercitivas. Roma no sólo era la gran potencia militar del momento. La mentalidad pragmática del romano le había permitido desarrollar una cultura que, lejos de ser restrictiva, se nutría de las ideas y del saber de otras civilizaciones, permitiéndose así aprender y progresar hasta el punto de ofrecer un conocimiento maduro ante el que muchas de las culturas de los pueblos dominados, especialmente en el resto de los territorios de la Europa occidental, no podían competir en evolución.

Mientras que la influencia de la civilización romana en comunidades con una basta cultura y unas señas de identidad fuertes, tales como Egipto o Grecia, era menor, en pueblos sumergidos en la Edad del Hierro a la llegada de Roma a sus regiones, la romanización fue prácticamente absoluta. En la Península Ibérica, acoplada definitivamente dentro de los dominios romanos tras las guerras lusitanas, celtíberas y cántabras entre los siglos II y I a.C., la venida de la cultura latina supuso un antes y un después no sólo en el gobierno y administración del territorio, sino en el desarrollo cultural de lo que pasaría a denominarse Hispania.

De la mano de una novedosa organización administrativa, Roma aportaría además una desarrollada legislación. Con las leyes, una lengua. Con la lengua, unos conocimientos. Arquitectura, infraestructuras, religión, arte. Con el despliegue de un amplio sistema viario y comunicativo basado en el trazado de calzadas, no sólo las tropas podían moverse rápidamente por todo el Imperio. También el comercio se expandía, y con él los productos, los habitantes y las ideas. En comarcas donde la población primitiva era escasa, como en el caso de los territorios que posteriormente darían origen a Extremadura, los habitantes autóctonos no tardarían en asumir el saber extranjero como el propio. Los conquistadores verían una oportunidad única de colonización y fundación de nuevas ciudades en las que experimentar los avances urbanísticos. Mérida sería el culmen de entre sus proyectos.


 
Peristilo de la Casa del Mitreo; Mérida.


Si bien en algunos oppidum o núcleos urbanizados donde se había recogido inicialmente a la población indígena se mantenían sistemas constructivos prerromanos, las nuevas ciudades, capitaneando entre ellas Emérita Augusta, presentaban no sólo un trazado urbano regular, dotándose de las infraestructuras necesarias para su defensa, manutención, saneamiento, usos administrativos y religiosos e, inclusive, momentos de esparcimiento, sino además un tipo de vivienda que discernía por completo del diseño utilizado por los pueblos nativos, cuyas moradas se asemejaban en ocasiones a chozos, levantando otras veces casas menudas centralizadas por un hogar alrededor del cual se pudieran abrir algunos habitáculos o dependencias. La casa romana, sin embargo, se diseñaba en rededor de un atrio o patio porticado descubierto al que se abrían el resto de estancias. Era la conocida como domus.

Aún documentándose la existencia de insulae, o bloques de viviendas, en las ciudades más populosas del Imperio, en el caso de Emérita Augusta las excavaciones parecen confirmar el predominio de la domus tanto en el interior de la ciudad como en los terrenos adyacentes a la misma. Son múltiples los ejemplos de viviendas romanas emeritenses localizadas y estudiadas, verificándose tanto la abundancia de este tipo de edificación, como unas características particulares en cuanto al diseño de las mismas. Así, se confirma en la domus emeritense la consolidación de un único patio porticado en el interior de la vivienda, simbiosis entre el atrio original y el peristilo que Roma adquiriría de la casa griega a partir del siglo II a.C.. Mientras que el primero servía de recibidor y punto de distribución de la casa, el segundo se convertía en un jardín íntimo posterior donde el propietario podría descansar y evadirse. Si bien ambos espacios abiertos no dejarían de darse a la par en muchas de las domus construidas a lo largo de toda la historia restante de la civilización romana, como es el caso de la Casa del Mitreo, a partir del siglo I d.C. la fusión entre ambos recintos es la preponderante. Las emeritenses Casa de los Mármoles, enclavada en el yacimiento arqueológico de Morerías, o la Casa del Anfiteatro, junto al edificio de juegos que le da nombre, lo verificarían.


Peristilo de la Casa de los Mármoles, incluida en el Yacimiento de Morerías; Mérida.


El hecho de que ambos recintos se presentasen como una estancia descubierta abierta en el interior de la vivienda, rodeada de un pasillo separado del espacio interno por una galería de columnas, permitió asociar sendos enclaves en un único patio porticado que tomaría las funciones del atrio como punto de distribución de las estancias del hogar, conservando del peristilo original su cometido como rincón de quietud. Para lograr el sosiego y evasión deseados, se dotaba al mismo de plantas y árboles que convertían la pieza en todo un jardín o viridarium, complementado en múltiples ocasiones con alguna fuente o ninfeo. La combinación entre aire libre, vegetación y trascurrir del agua formaban un resultado perfecto para alcanzar un reposo que el dueño de la domus deseaba disfrutar tras atender asuntos y negocios, compartido con la familia e, inclusive, con las visitas más selectas.

En aquellas domus enclavadas dentro de los núcleos de población, el peristilo no sólo permitía airear e iluminar el interior de la vivienda, ofreciendo una ventilación extra a la obtenida a través de los vanos abiertos a las calles del lugar. Sin necesidad de salir de la urbe, los propietarios podían encontrar en él un punto de conexión con la naturaleza, obtenido tanto por la apertura a los cielos del recinto como por la creación en él de un pequeño universo que permitía importar al hogar un espacio natural propio. Lejos de las ciudades, sin embargo, el diseño arquitectónico y la consolidación del peristilo como oasis persistió. El plano de la domus, tomado por los terratenientes como base de la vivienda señorial donde residirían dentro de los complejos agropecuarios que conformaban las villas, se veía levantado en medio de los campos cultivados o del paisaje. A pesar de poder establecer una conexión directa con la naturaleza, también en estos casos el peristilo se planteaba como enclave para los momentos de solaz basado en la creación de un rincón natural particular. Frente al caos que para la mentalidad de la época representaba la naturaleza en sí, el jardín establecido en el peristilo ofrecía una armonía inmersa dentro del propio orden sujeto a la casa, imposible de encontrar de puertas afuera. Así, a pesar de la conexión establecida entre la vivienda señorial de la Villa romana de Pesquero (Pueblonuevo del Guadiana) con el propio río Anas, al que se abre en belvedere hoy desaparecido, se han detectado en el peristilo de la vivienda restos de senderos que, entre setos y vegetación cuidada, ofrecerían deambular a través de una cuidada flora y un equilibrio natural no visible en el exterior del edificio. En la Villa de La Majona (Don Benito), los vestigios de una fuente de considerable dimensiones corrobora la idea de conversión del peristilo en un espacio abierto a la naturaleza donde poder disfrutar de una propia naturaleza sometida y moldeada. En la Villa de los Términos (Monroy), una encina se yergue majestuosa hoy en día en el mismo lugar donde siglos atrás un jardín conectase vivienda con exterior.



Peristilo de la Villa romana de Los Términos; Monroy.

Con la conversión de Hispania en reino visigodo, la arquitectura doméstica sufriría una transformación en base tanto al empobrecimiento de la población como a la ruralización de la sociedad. La vivienda visigoda de nueva construcción ofrecería un resultado mucho más humilde y menudo que el presentado por la domus romana. En las ciudades, el patio porticado desaparecería, convirtiéndose en las fincas campestres en un especie de corrala o punto de conexión sin edificar al que conectarían los diversos edificios que compondrían la explotación agraria. Sin embargo, el peristilo en sí no desaparecería. Aquellas antiguas villas rurales supervivientes y convertidas en vicus o aldeas agropecuarias mantendrían la estructura del mismo, sobreviviendo también algunos ejemplos en los núcleos poblaciones, tras transformarse la añeja propiedad unifamiliar en bloque de viviendas, mudándose el peristilo a patio comunal, como se ha podido comprobar en el caso de la emeritense Casa de los Mármoles. Sería así cómo a la llegada de los musulmanes a la Península pudiesen los islámicos retomar la figura arquitectónica del patio porticado como enclave doméstico en el que confluyesen las diversas estancias de que se compusiera la vivienda, vinculándolo con el liwan o patio abierto dado en la arquitectura del Mediterráneo oriental y Oriente Próximo, de donde a su vez pudo partir la idea original del peristilo griego. Famosos algunos ejemplos conservados de patios porticados que ofrecían una conexión tanto con la naturaleza celestial, abiertos al cielo, como con la terrenal a través de sublimes creaciones donde la vegetación jugaba con el agua en el interior de algunos renombrados palacios andalusíes, auténticos oasis surgidos del anhelo de un pueblo de raíces desérticas por el agua, en la Extremadura islámica se presupone, a pesar de su no conservación, la existencia de los mismos dentro de los más destacados puntos de población, apoyando algunas excavaciones arqueológicas, como las efectuadas en las conocidas como Casas Mudéjares de Badajoz, la recuperación del patio interior como rincón de descanso a través de la interconexión entre el exterior y la intimidad de la vivienda, respaldada por la creación de un espacio de naturaleza estable y ordenado.


Claustro del Convento de San Francisco el Real, más conocido como de la Coria, actual sede de la Fundación Xavier de Salas; Trujillo.

Sin embargo, si hubo una recuperación de la idea del patio porticado como corazón de la vivienda y abertura del edificio al cosmos, sería la acometida por San Benito, cuando el monje italiano decidiese en el siglo VI establecer una serie de normas pensadas en el ordenamiento de la vida monacal. El cenobio o vivienda grupal quedaría configurado en torno a un claustro, anexo a su vez a la iglesia monástica. Como en el caso del peristilo romano, el claustro, diseñado en cuadrícula o de planta rectangular, quedaría rodeado por un pasillo o galería circundante separado del recinto interno descubierto por una arquería, conectando con él las dependencias principales del edificio, tales como el refectorio o comedor junto la cocina o la biblioteca en el piso inferior, ubicadas las celdas en el supremo. Además de la solución arquitectónica ofrecida, el claustro proporcionaría la tranquilidad y sosiego de una sociedad que buscaba evadirse de la vida mundana, herederos del eremitismo, invitando al pensamiento o a la lectura en un espacio abierto a una naturaleza que, para muchos, quedaría vetada tras jurar voto de clausura. Para contrarrestar el retiro voluntario, el claustro quedaría mayoritariamente ajardinado, creándose como ya se hiciera en la edad clásica un espacio natural en equilibrio que comulgase con la quietud eremítica del monje y a través del cual poder celebrar la bondad creadora del Señor.


Claustro nuevo del Monasterio de Nuestra Señora de la Concepción del Palancar; Pedroso de Acim.


No sería hasta la llegada de la reconquista cuando la erección del claustro monástico comenzase a darse en Extremadura. Previamente a la llegada del poder musulmán, se daban en la región los conocidos como monasterios hispanos, regulados por reglas como las dictaminadas por San Leandro o San Fructuoso. Los edificios, de poca capacidad, se resumían no pocas veces en la simple adhesión de celdas o habitáculos a la iglesia visigoda de planta basilical. Generalizada por toda Europa a partir del siglo XI la Regla de San Benito, reformada por la Orden de Cluny, los primeros monasterios extremeños erigidos en plena repoblación abrazarían la norma benedictina. Los cenobios, y con ellos los claustros, comenzarían a extenderse por toda la geografía extremeña. El patio porticado monacal se daría tanto en aquellos conventos construidos en el interior de las poblaciones, como en los casos exentos edificados aisladamente. Las catedrales, cauriense, placentina y pacense, también contarían con él, así como las principales sedes de las Órdenes militares, en Alcántara o Calera de León, dada la doble naturaleza, tanto monacal como militar, de sus miembros. A la simbiosis entre solución arquitectónica y puerta a lo natural de muchos de ellos, se la añadiría la exposición del estilo artístico del momento, generando auténticos tesoros artísticos abiertos desde la intimidad del monumento al exterior. Muchos, abrazando sus miembros la austeridad extrema, quedarían sin sembrar. Otros, por el contrario, darían paso a auténticos vergeles donde se conjugarían arte y naturaleza, destacando los ejemplares abiertos en sendos monasterios regentados por la Orden de San Jerónimo dentro de la región: el Monasterio de San Jerónimo de Yuste, y el Real Monasterio de Santa María de Guadalupe.



Claustro de los Milagros, más conocido como Claustro Mudéjar, del Real Monasterio de Santa María de Guadalupe; Guadalupe.

Yuste quedaría dotado con dos claustros, elaborados respectivamente en estilos gótico y plateresco, donde el rumor de sus fuentes junto a la sombra de sus árboles y el sosiego de sus galerías proporcionaban la quietud de lo natural dentro de la clausura de sus muros ideal para la meditación y el descanso, que aquí quiso disfrutar el propio Emperador Carlos en sus últimos años de vida. El real cenobio guadalupense contaría igualmente con dos espaciosos claustros en su interior, si bien sería el primigenio, conocido como de los Milagros, el que destacaría no sólo por la sabia y elegante combinación en él de los estilos gótico y mudéjar, inspiración posterior para el patio del cercano Colegio de Infantes o de Gramática, hoy Parador de Turismo de Guadalupe, sino por la presentación del espacio como un auténtico jardín centrado por un templete fechado a comienzos del siglo XV y firmado por el hermano fray Juan de Sevilla, quien supo traer a este rincón de Extremadura no sólo lo mejor del mudéjar andaluz, fusionado con su hermano toledano, sino inclusive la apasionada herencia musulmana en pro del agua, corazón de un espacio que, como en ningún otro lugar de la región, se conecta con la naturaleza sin abandonar la consciencia de ubicarse inmerso en un edificio levantado sobre el propio sentido del arte.


  
 Patio del Antiguo Colegio de Infantes o de Gramática, actual Parador de Turismo; Guadalupe.


Afianzada la región en manos de los reinos cristianos, además de regresar la religión católica acudirían nuevas clases dirigentes, nobleza y familias adineradas venidas del Norte peninsular, a ocupar los altos cargos bajo el deseo de enraizar su nueva posición con el pasado clásico del que creían provenir y cuyo devenir histórico quedase interrumpido siglos antes con la llegada del poder musulmán. Levantando nuevos palacios en las urbes escogidas como puntos de asentamiento, despuntando Cáceres o Trujillo, también los nuevos inmuebles, sin dejar de aprender del patio musulmán, rescatarían la idea del romano peristilo a la hora de construir los edificios tomando como pieza central y punto de conexión de estancias un patio porticado que se ofreciese tanto como lugar de comunicación, como enclave abierto a través del que se pudiera airear e iluminar las entrañas de la vivienda, escotadura hacia una naturaleza traída intramuros. Enemistados en no pocas ocasiones los propietarios, temerosos de encontrar las estrechas calles del municipio convertidas en campos de batalla, los patios porticados ofrecían la posibilidad de conectar sin salir de la vivienda con una naturaleza recreada a través del cultivo de plantas en su interior, como aún puede observarse a través de la instalación, variable según épocas y deseos de los titulares, de macetas y jardineras en diversas casonas cacereñas, como en la de los Ovando, ubicada en la plaza de Santa María, o en el patio de lo que fuese Enfermería de San Antonio, erigida en la calle de Olmos y hoy convertida en Monasterio de Santa María de Jesús, dependiente de la rama femenina conventual jerónima, que ha querido mudar el original patio del siglo XVII en claustro de menudas proporciones, donde desde el corazón de la ciudad y sin que su clausura se lo impidiese pudieran conectar las hermanas con lo natural.



Patio de la Enfermería de San Antonio, actual Monasterio de Santa María de Jesús, conocido como Convento de Jerónimas; Cáceres.


En Garrovillas de Alconétar  es poco a poco la naturaleza la que va adentrándose y adueñándose del interior de lo que fuese Convento de San Antonio de Padua. Erigido a fines del siglo XV, el abandono del edificio ha conllevado la ruina incesante de sus dependencias. No es el único caso en la región: San Isidro de Loriana, en el término de La Roca de la Sierra, Santa María de Jesús, en Salvatierra de Santiago, o la Moheda, en Grimaldo, son sólo algunos ejemplos más. Sus claustros y patios porticados miran mudos al cielo abiertos a una naturaleza testigo del tiempo y de la historia que, al contrario que los hombres, no les ha abandonado. Sus constructores eran conscientes de que la relación entre edificio y naturaleza debía mantenerse. Siglos de arquitectura y de evolución constructiva habían demostrado, desde la importación del peristilo romano a estas tierras, las ventajas y virtudes que un espacio  abierto desde la intimidad de la vivienda al exterior podía ofrecer. Algunos les siguieron. Otros, obviaron la lección. La naturaleza sencillamente sabía que siempre estaría ahí.


Claustro del Convento de San Antonio de Padua; Garrovillas de Alconétar.




Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...