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viernes, 20 de febrero de 2015

Ermita visigoda del Santo, junto a Valdesalor


Arriba: ubicada al suroeste de la pedanía cacereña de Valdesalor, emergiendo como bloque pétreo en plena llanura de pastos, la Ermita del Santo surge sobre el paisaje en una soledad compaginada con el olvido, abandono y desconocimiento de la misma por la mayor parte del público y de los estudiosos, cargada sin embargo de capítulos de un pasado remoto que quieren sobrevivir escondidos entre sus losas y sillares, esperando ser leídos para hablarnos de un ayer casi olvidado.


Buscando información sobre los castillos erigidos junto a la vega del río Salor, al sur de la ciudad de Cáceres y en las cercanías de la pedanía cacereña de Valdesalor, me topé con la imagen de un edificio en ruinas enclavado en plena tierra de pastos, cuyos vestigios aparentaban ser, a primera vista, los retazos de una antigua ermita de factura hispanovisigoda. Un único dato la acompañaba: Ermita del Santo. Investigando, y gracias a la gran ayuda de mi amigo y colega bloguero Rubén Núñez, autor del muy recomendado blog Cáceres al detalle, pude localizarla. Este descubrimiento que nos acerca a un capítulo poco conocido de la historia local de Cáceres, y por ende de la crónica de Extremadura, que me supuso personalmente un indescriptible encuentro con nuestro patrimonio más desconocido y a la par más colmado de nuestro pasado, quiero hoy compartirlo con vosotros, no sin antes olvidar la inclusión, junto a estas líneas, del link del blog amigo mencionado, cuya colaboración ha sido fundamental para poder elaborar esta entrada:



Seguidamente, os dejo con la historia y descripción del bien, acompañada del apropiado contexto histórico y un nutrido álbum de imágenes tomadas del monumento, para finalmente indicar cómo poder llegar al mismo, en caso de que el lector decida conocer en persona este extraordinario legado cultural en piedra que ha llegado semiolvidado a nuestros días.


- Historia / descripción del bien:



Arriba: orientado su cabecero, como en la gran mayoría de antiguos templos cristianos, hacia el Este, es el ábside del inmueble religioso la única zona del edificio conservada en pie, restando del resto del monumento una allanada plataforma que correspondería con su probable única nave o aula, cercada por los sillares que posiblemente antaño sirvieran de sujección de sus desaparecidos muros, fabricados seguramente y humildemente en su parte superior con mampostería pizarrosa.


Al contrario que en la cercana Emérita Augusta (Mérida), las noticias que nos hablan del pasado visigodo de Norba Caesarina, más tarde conocida como Cáceres, son escasas o nulas. La carencia inclusive de restos arqueológicos de manufactura hispano-visigoda dentro de la ciudad se suple, sin embargo, por las evidencias arqueológicas enclavadas en los alrededores de la antigua colonia, engrosando un largo listado de tumbas antropomorfas y piezas vestigiales de desaparecidas iglesias que formarían parte de múltiples poblados rurales y vicus agropecuarios que prosperaron tras la caída del Imperio Romano bajo una cierta organización feudal, frente al eclipse de muchas urbes, entre las que podríamos englobar la cacereña. Muchas de estas aldeas y explotaciones rurales surgirían sobre antiguas villas romanas alzadas en las cercanías de un camino o vía de comunicación, con ejemplos de necrópolis visigodas asociadas a vicus en los Arenales, a las afueras de Cáceres, en los Barruecos y Aliseda, todas ellas junto al camino que unía Norba con la romana Valencia de Alcántara, así como en Arroyo de la Luz, junto a un ramal de esta vía orientado hacia Alcántara. Anexas a la Vía de la Plata se erigirían basílicas como la de Santa Lucía del Trampal, en Alcuéscar, o la de Alconétar, junto al río Tajo, engullida actualmente por las aguas del Embalse de Alcántara. Otros edificios se levantarían en núcleos de población de raíz romana, de menor categoría y más ruralizados que la colonia norbensis, como es el caso de Trujillo, con su abandonada basílica visigoda cercana a su Puerta de Coria, o la Ermita de Santa Olalla a una legua al suroeste de Cáceres, en el yacimiento de Pago Ponciano, erigida originalmente por canteros visigodos de Mérida sobre los restos de la casa de Liberio, padre de la virgen Eulalia, donde la niña fue escondida antes de su huida y posterior martirio en la capital lusitana.



Arriba y abajo: vista generales de la Ermita del Santo desde su lado sur (arriba), así como desde los pies del templo (abajo).



No lejos de este enclave dependiente de Norba y hogar legendario de Santa Eulalia, cercana igualmente a la Vía de la Plata y de su Puente Viejo de la Mocha sobre el río Salor, sobreviven los restos de una ermita de muy posible fábrica visigoda, ubicada en una finca particular conocida como El Santo. Desconociéndose la advocación de la misma, este antiguo templo ha pasado a llamarse, como su enclave, Ermita del Santo, presentando, a falta de estudio e intervención arqueológica, una única nave y reducidas dimensiones que coincidirían, por otro lado, con las características propias de otras basílicas, ermitas o iglesias visigodas conservadas en la región, como es el caso de la Iglesia de Santa María de Magasquilla, en Ibahernando, con la que compartiría volumen y estructura, o la de El Gatillo de Arriba, cerca de Santa Marta de Magasca, también de menudo plano original pero dotada posteriormente con mayor número de estancias que, en el caso de El Santo, son inexistentes o, hasta una prospección adecuada, desconocidas. Sí se conserva la plataforma sobre la que se levantaría su nave o aula, delimitada con sillares graníticos entre los que se descubre, en ambos muros de evangelio y epístola, supuestos accesos laterales al interior del recinto sacro, cubierto de vegetación pero perfectamente allanado, lo que sugiere la posible preservación bajo la arena de una original capa de mortero hidráulico que cubriese todo el interior del inmueble. El resto de los muros de la nave pudieron haber estado constituidos de mampostería, con cubierta de madera a dos aguas, al igual que otros templos contemporáneos a éste y a juzgar por la ausencia hoy en día de fábrica sobre los sillares, supuestamente por ello humilde.



Arriba y abajo: el ábside de la Ermita del Santo, cubierto con bóveda de cañón en cuya fábrica se conjuga el sillar granítico con la mampostería pizarrosa, presenta una planta rectangular que permitiría datar la construcción del inmueble en el siglo VII, al ser común el uso de este tipo de trazado en la erección de los templos visigodos levantados en tal centuria, con la cercana Ermita cacereña de Santa Olalla como ejemplo más cercano.




El ábside de la Ermita del Santo, completamente en pie y orientado como en otros muchos edificios visigodos y cristianos en general hacia el Este, nuevamente de manera similar al caso de Ibahernando se abre en un espacio rectangular más estrecho que la nave, diseño que compartiría también con el ábside original de la cercana Ermita de Santa Olalla. Estos cabeceros rectangulares, habituales en la región, permitirían datar la Ermita del Santo en el siglo VII, al ser común la construcción de este tipo de alzado a partir de mencionada centuria, frente a la planta absidiana o ábside en herradura. Los muros de este cabecero se compondrían a su vez de hiladas de sillares graníticos, hasta la altura de sus tres pequeños vanos, abiertos en la zona media de cada uno de sus laterales, respectivamente, alternando el granito en su zona superior con mampostería pizarrosa. También de granito sería el arco superior de cada ventana, labrado en una sola pieza, así como el arco que da acceso al interior del ábside, de medio punto y enlazado con la bóveda de cañón que cubre el espacio destinado a albergar el altar. En la misma línea de separación entre aula y ábside, en el suelo, una pieza granítica horadada en su extremo derecho podría haber servido como umbral de su cancel. 



Arriba y abajo: una amalgama de sillares graníticos circundan el allanado espacio que posiblemente sirvió como nave o aula del templo visigodo, antiguas bases arquitéctonicas que sirven hoy en día como cercado de los límites del edificio, y entre las que se adivinan supuestos accesos laterales que permitían entrar desde los muros del evangelio (abajo) y epístola al interior del recinto.



Abajo: una pieza granítica horadada en uno de sus extremos y ubicada en la línea de separación entre cabecero y resto del aula, podría haber servido antiguamente como umbral donde iría colocado el cancel o elemento de división entre sendos espacios arquitectónicos, muy característico en el arte hispanovisigodo.




Formando parte de los muros del presbiterio, se observan tres estelas presuntamente romanas, con restos de epigrafía en todas y el labrado de una luna en creciente en su extremo superior en aquélla cuya cara puede verse desde el exterior, en la esquina nororiental, dedicada a Paula Pontia, así como en la que, en el interior, se ubica en el muro derecho, elaborada para honrar al pacense Lucius Fabius Verecundus. También desde el interior observaríamos la tercera, de epigrafía semioculta, junto al vano izquierdo y al lado derecho del mismo. Datadas, según José Salas Martín y Juan Rosco Madruga, posiblemente a finales del siglo I y comienzos del siglo II d. C., el uso de estas estelas en la Ermita del Santo engarzaría con la tradicional reutilización visigoda de antiguas lápidas romanas como material constructivo, así como un posible y simbólico castigo cristiano del mundo pagano, sometido ahora a servir como base de los edificios levantados para honrar la fe en Cristo. También un sillar con relieve geométrico en varios de sus bordes se conserva en el muro izquierdo del cabecero, de tallado sencillo basado en una cenefa triangular de línea destacada que pudiera hacer referencia, de manera tosca, a ramas de vid y racimos de uvas entrelazados de presencia habitual en los templos visigodos, en clara alusión religiosa al vino como sangre de Cristo. Este mismo dibujo podemos verlo también, dentro de la Ermita del Santo, en los rededores internos de los vanos tanto izquierdo como derecho del ábside, desconociendo la existencia de otros ejemplos ornamentales a causa del enlucido que subsiste cubriendo el interior de los muros restantes del edificio.



Arriba y abajo: varias son las estelas de presunto origen romano reutilizadas y engarzadas entre la fábrica que compone el ábside de la Ermita del Santo, destacando entre ellas aquéllas en cuyo labrado se incluye el dibujo de una luna en creciente, tal y como puede aún verse, en la cara exterior del templo (arriba), en una lápida dedicada a Paula Pontia, y más visiblemente aún, en la cara interna del cabecero (abajo), en la estela del pacense Lucius Fabius Verecundus.



Abajo: semioculta por el estucado que cubre aún gran parte del interior del cabecero del antiguo templo visigodo, puede descubrirse en ciertos rincones del ábside restos de la original ornamentación con que contase el edificio, basada ésta en sencillos relieves decorativos cuyo tallado, similar a una cenefa triangular, pudiera ser, de manera tosca, una representación de la vid y sus racimos de uvas, en clara alusión a la Eucaristía celebrada en este sagrado recinto.




A falta de estudio arqueológico del templo y sus alrededores, desconocemos el motivo que llevó a la erección del mismo. La presencia en sus proximidades de diversos vestigios arquitectónicos de presunta traza romana pudieran corresponder con alguna villa que, a pocos metros de la Vía de la Plata y cercana al Pago Ponciano, se enclavase en las estribaciones sur de la colonia cacereña, convertida siglos después en vicus o centro de explotación agropecuaria a la cual perteneciese el recinto sagrado, de manera similar a otros enclaves visigodos de la región, como es el caso de La Cocosa, en las cercanías de Badajoz. Pudiera haber sido la Ermita del Santo el germen de una pequeña parroquia vinculada con la Diócesis emeritense, coincidiendo la posible datación de su cabecero rectangular, en el siglo VII, con la proliferación de parroquias en el ámbito rural de la antigua Lusitania, a modo de vertebración episcopal de su territorio. De igual manera, podría inclusive barajarse la posibilidad de haber sido la Ermita del Santo el templo sobre el que girase un menudo centro cultural cristiano, así como corazón de un recinto monacal levantado no lejos del antiguo hogar de Santa Eulalia, que también lo fuese de su criada Santa Julia y de su cristiano mentor San Donato, vinculado inclusive a una hipotética peregrinación a tan sagrada morada.



Arriba y abajo: tres pequeños vanos de reducidas dimensiones, permitirían antaño el acceso de luz al interior del ábside de la Ermita del Santo, abiertos los vanos uno en cada uno de los laterales del rectangular recinto, cuyo arco exterior quedaría coronado con una única pieza granítica (arriba), mientras que en su cara interna se presentarían circundados por una tallada cenefa triangular (abajo), de similar relieve a la vestigial ornamentación subsistente en otros rincones del lugar.





- Cómo llegar:



Arriba: el conocido como Puente Viejo de la Mocha, de origen romano retocado durante el medievo, puede servir hoy en día, tal y como lleva haciendo desde siglos atrás, no sólo para salvar al caminante que discurre por la Vía de la Plata de las aguas del río Salor, sino además como punto de partida desde el cual dirigirnos hacia la visigoda Ermita del Santo, una vez superada la cacereña pedanía de Valdesalor.

La Ermita del Santo, ubicada en una propiedad privada inscrita dentro del amplio término municipal de Cáceres, se yergue en los amplios llanos abiertos junto a la vega del río Salor, al suroeste de la pedanía de Valdesalor. El Puente Viejo de la Mocha, que salva al caminante de la Vía de la Plata de las aguas de mencionado cauce fluvial, puede servir como punto de partida desde el cual dirigirnos al antiguo templo visigodo, alcanzado el romano-medieval viaducto a través de un firme térreo que parte desde la carretera nacional N-630 una vez superada la pedanía cacereña, justo antes de alcanzar el afluente del Tajo.




Desde el Puente Viejo de la Mocha, y separado del trazado de la Vía de la Plata, un camino marcado por hitos de madera nos adentrará dentro del paisaje dirigiéndonos hacia el suroeste, permitiendo el acceso a diversas fincas y cotos que se abren junto a su trazado.



Siguiendo la ruta, alcanzaremos la vía férrea que sustenta la comunicación por tren entre Cáceres y Mérida. Una vez atravesados los raíles, nuestros pasos se orientarán, como el camino, hacia el sur, donde nos toparemos con la finca bautizada como El Santo. Es en su interior donde se encuentra el monumento reseñado.




La Ermita del Santo, de titularidad particular, se ubica en el interior de una propiedad privada. En caso de desear visitar el monumento, lanzamos desde este blog una serie de recomendaciones a tener en todo momento en cuenta:

1) Respetar en todo momento las propiedades de la finca, como vallados o cercas, intentando no salirse de los caminos marcados.
2) Respetar la vegetación y cultivos de la misma, sin realizar ningún tipo de fuego ni arrojar basura alguna.
3) Respetar al ganado que pudiese habitualmente estar pastando en la zona, y en caso de encontrarse con animales que lo protejan, no enfrentarse a los mismos.
4) Si observamos que se están practicando actividades cinegéticas (caza), abstenernos de entrar.
5) Si nos cruzamos con personal de la finca o nos encontramos con los propietarios de la misma, saludarles atentamente e indicarles nuestra intención de visitar el monumento, pidiendo permiso para ello. En caso de que no nos lo concediesen, aceptar la negativa y regresar.


lunes, 5 de enero de 2015

Colaboraciones de Extremadura, caminos de cultura: el Castillo de la Torrecilla de Lagartera, de Cáceres, en el Rincón de la Memoria de Canal Extremadura Radio


El pasado 18 de noviembre Extremadura: caminos de cultura tuvo una vez más el gran honor de poder colaborar con la periodista y locutora Charo López en la promoción y divulgación de un bien de nuestra región. En esta ocasión el programa radiofónico El Rincón de la Memoria, de Canal Extremadura Radio, se dedicó al Castillo de la Torrecilla de la Lagartera, ubicado en las cercanías de la pedanía cacereña de Valdesalor, y del que ya habíamos hablado en el blog con anterioridad. Un estupendo programa que pretende acercar al oyente a una de las múltiples fortalezas que siguen en pie en los rededores de la ciudad de Cáceres, formando parte de un entramado de construcciones militares medievales que enriquece el patrimonio y la historia de Extremadura. A continuación, os dejo con el enlace a la emisión:



sábado, 14 de junio de 2014

Colaboraciones de Extremadura, caminos de cultura: Castillo de la Torrecilla de Lagartera, junto a Valdesalor, en la Lista Roja del Patrimonio


A pocos metros de la presa de Valdesalor, en las cercanías de la pedanía cacereña homónima, dentro del extenso término municipal de la capital provincial y al sur de la urbe, se yergue sobre una colina que domina tanto la vega del río Salor, bajo su ladera sur, como parte de los Llanos de Cáceres-Sierra de Fuentes, frente a la misma, un castillo medieval, hoy en ruina, recuerdo de otros tiempos en que, desde estas pétreas atalayas, se controlaban las haciendas y fincas en que se dividieron las dehesas cercanas a la reconquistada ciudad, repartidas principalmente entre la nobleza que hizo de esta su nueva tierra y hogar. El paso de los años, si bien no ha visto variar en gran medida la repartición de la tierra, sí que ha conllevado, por el contrario, el desuso y caída en ruina de muchos de estos monumentales inmuebles, entre los que el Castillo de la Torrecilla de Lagartera también se encuentra. Por este motivo, esta pequeña fortaleza cacereña ha sido incluida recientemente dentro de la Lista Roja del Patrimonio elaborada por la asociación Hispania Nostra, para lo cual este blog ha tenido, una vez más, el honor de contribuir.

A continuación, os dejo con el enlace que conduce a la ficha incluida dentro de la Lista Roja del Patrimonio donde podréis encontrar información e imágenes sobre el Castillo de la Torrecilla de Lagartera. Bajo estas líneas dispondréis también de una breve historia y descripción del bien, acompañada de imágenes y vídeos del monumento, así como los datos precisos para poder acercarse al mismo.




- Historia / descripción del bien:


Enclavada sobre una colina granítica, junto a la vega del río Salor, se erigió en el siglo XIV la conocida como Torrecilla de Lagartera, denominada así por alzarse en la Dehesa de Lagartera, sede a su vez del Señorío de similar nombre. Heredada por Dña. Inés Fernández de la Cámara y Sotomayor, Señora de Lagartera, quedará vinculada con la familia de los Aldana desde que, en 1.399, contrajese ésta matrimonio con el primer miembro de dicho linaje en llegar a Cáceres, una vez nombrado regidor de la otrora villa a finales del siglo XIV: D. Rodrigo Álvarez de Aldana. Será su hijo, D. Hernando de Aldana, quien fundará el Mayorazgo de Lagartera en el siglo XV, perteneciendo éste, así como la torre y finca, al apellido mencionado hasta que pasase a ser posterior propiedad de los Andrada, así como de los Cáceres, Señores de Espadero, de quienes derivará a los Marqueses de Castel-Moncayo, y de éstos a los Duques de Fernán Núñez, en quienes recae tal herencia en la actualidad. Se levantó inicialmente la torre medieval como puesto de vigilancia y atalaya defensiva del enclave, así como de la explotació agropecuaria allí llevada a cabo, de la misma manera que acontecía en otros muchos de los cotos, fincas y dehesas que las familias nobles asentadas en la urbe cacereña desde la reconquista cristiana definitiva de la comarca, se repartían al sur de la localidad. Una vez la torre bajo titularidad de los Aldana, ampliarán éstos el conjunto durante los siglos XV y XVI con dependencias que circundarían la atalaya original, a modo de simbiosis entre fortaleza y casa-fuerte, convirtiéndose de tal manera el que fue torreón exento en la torre del homenaje del denominado por tal como Castillo de la Torrecilla de Lagartera, englobado el mismo dentro del grupo de castillos y fortalezas dependientes de Cáceres ubicados en las cercanías de la vega del río Salor, junto al de Zamarrillas, el del Cachorro, o los de las Herguijuelas. Tras el cese de las hostilidades entre los linajes cacereños a partir del reinado de los Reyes Católicos, se levantará en las proximidades del Castillo de la Torrecilla de Lagartera, al Norte de la falda de la colina donde éste se asienta y zona mucho más llana, la conocida como Casa de Lagartera, ampliada con los siglos para acoger no sólo a la familia posesoria, sino también a trabajadores y jornaleros, engrandecida no sólo la vivienda principal, aún en uso, sino construyéndose además inmuebles vinculados a la explotación, de tal manera que llegará a denominarse al conjunto de edificaciones como Aldea de Lagartera. El progreso de la misma supondrá, sin embargo, el abandono del castillo y posterior ruina de este monumento, fabricado en consonancia con la geografía del lugar a base de sillarejo y mampostería graníticas, reforzada con sillares en esquinas, puertas, vanos y aspilleras. 


La torre, ubicada, en la zona central del flanco norte del castillo, almenada y con cuatro balcones repartidos entre los puntos medios superiores de cada uno de sus muros, posibles matacanes, permitiría el acceso a su interior, abovedado gracias a varios arcos escarzanos que sostendrían las plantas de que se compondría la atalaya, a través de dos puertas adinteladas abiertas en los lados sur y oriental. Rodeado el torreón primitivo por las dependencias de la casa-fuerte, a excepción del flanco norte, que permanecería formando parte de la portada del castillo, se entraría al conjunto a través de dos portadas, una a cada lado del torreón. La puerta oriental, a la izquierda de la torre y principal, presentaría un arco de medio punto sobre el que lucen siete ménsulas que sostendrían una balconada, a la que se podría acceder por un pequeño adarve cuyas escaleras aparecerían una vez traspasada la entrada y el segundo arco que conforma la misma, escarzano. En la sección oriental del castillo se mantendrían lo que posiblemente fueron dependencias residenciales, de doble planta e interior estucado, con vanos abiertos a los flancos este y norte, manteniéndose los asientos corredizos ubicados juntos a este último. En la esquina suroriental, una nueva estancia unida a las residenciales daría paso a un pequeño torreón de planta circular, que vigilaría el flanco sur del inmueble. En el lado occidental del castillo, dejando atrás las pequeñas dependencias que constituirían el lado sur del mismo, encontraríamos lo que posiblemente fueron cuadaras o almacenes de la fortaleza, de planta doblada y tejado inclinado, con puerta de arco escarzano como acceso a la misma, abierta a la derecha del torreón primitivo.



- Cómo llegar:

El Castillo de la Torrecilla de Lagartera se ubica a poca distancia de la presa del embalse de Valdesalor, que retiene, al Sur de Cáceres, las aguas del río Salor. Existen dos alternativas para poder llegar al pantano mencionado desde la capital provincial. Una partiría de la ciudad, rumbo a Torreorgaz, a través de la carretera autonómica EX-206. Una vez alcanzado el pueblo, y tras entrar en el mismo, tomaríamos en su zona meridional la conocida como "Carretera del Pantano" que lleva al embalse de Valdesalor, alcanzándolo en su cola y bordeándolo a través de toda su orilla derecha. Esta misma carretera continuaría junto a la vega del río, hasta dar con la pedanía de Valdesalor, ubicada a los pies de la carretera nacional N-630, así como junto a la Autovía de la Plata, o A-66 (segunda alternativa para alcanzar el embalse y su presa).


Si avanzamos desde la pedanía de Valdesalor, y tras conducir por la sinuosa carretera que nos lleva al pantano, poco antes de alcanzar la presa nos toparemos, a nuestra izquierda, con un acueducto bajo cuyos arcos se accede a las fincas que salpican esta zona de los Llanos de Cáceres-Sierra de Fuentes. Este sendero, que conduce entre otros puntos al antiguo arrabal de Zamarrillas, será también el que pase junto al Castillo de la Torrecilla de la Lagartera, pudiendo observar la portada y flanco norte del mismo. Sin embargo el acceso más fácil al mismo es desde su cara sur: junto a la presa de Valdesalor encontraremos una zona de aparcamientos, y junto a éstos un caseta eléctrica. Tras ella es fácil dar con un desdibujado camino que se acerca al castillo.


El Castillo de la Torrecilla de Lagartera, de titularidad particular, se ubica en el interior de una propiedad privada. En caso de desear visitar el monumento, lanzamos desde este blog una serie de recomendaciones a tener en todo momento en cuenta:

1) Respetar en todo momento las propiedades de la finca, como vallados o cercas, intentando no salirse de los caminos marcados.
2) Respetar la vegetación y cultivos de la misma, sin realizar ningún tipo de fuego ni arrojar basura alguna.
3) Respetar al ganado que habitualmente hay pastando en la zona, y en caso de encontrarse con animales que lo protejan, no enfrentarse a los mismos.
4) Si observamos que se están practicando actividades cinegéticas (caza), abstenernos de entrar.
5) Si nos cruzamos con personal de la finca o nos encontramos con los propietarios de la misma, saludarles atentamente e indicarles nuestra intención de visitar el monumento, pidiendo permiso para ello. En caso de que no nos lo concediesen, aceptar la negativa y regresar.

domingo, 4 de mayo de 2014

Imagen del mes: Castillo de Zamarrillas, junto al embalse de Valdesalor


Castillo o Casa-fuerte de Zamarrillas, también conocido como Castillo de Salor o Casa-fuerte de los Duranes, coronado de cigüeñas a las puertas de la primavera, junto a la vega del río Salor.
Antiguo Arrabal de Zamarrillas (Cáceres). Siglos XIV-XV (con añadidos barrocos del siglo XVIII); estilo gótico.

domingo, 16 de septiembre de 2012

Joyas de las artes plásticas de Extremadura: Virgen de la Esclarecida de Zamarrillas, en Cáceres


Arriba: la conocida como Virgen de la Esclarecida, imagen titular de la que fuera parroquia del antiguo arrabal cacereño de Zamarrillas, se conserva actualmente y tras el abandono del núcleo urbano donde se custodiaba en la Iglesia de Santiago de los Caballeros de la capital provincial, presidiendo el retablo de las Benditas Ánimas del Purgatorio, junto a la entrada a la sacristía de mencionado templo.


Tras ser reconquistada en 1.229 la conocida por los musulmanes como Al-Kazris, Cáceres para los cristianos, y ser dotada la por entonces villa con un amplísimo término municipal, hoy en día el más vasto de España, se dispusieron sus terrenos, desde las vegas de los ríos Tamuja y Almonte al Norte, hasta las estribaciones de las Sierras de San Pedro al Sur, más para la ganadería que para la agricultura, salpicando las reses y cabezas de ganado de los nuevos habitantes, repobladores y colonos, así como nobles de Castilla que ocuparon esta comarca, los pastos y encinares propios del bosque mediterráneo que cubre la región y que bordeaban el núcleo urbano, adaptándolos en dehesas donde conjugar y combinar la explotación ganadera con la conservación del ecosistema, o eliminando por el contrario la presencia arbórea en terrenos más llanos en pro de la abundancia de fáciles pastos.

Ante la gran extensión del término municipal cacereño y la gran distancia que podía llegar a separar fincas y cotos con la propia urbe, se vio bien por el Concejo la fundación no sólo de aldeas en los alrededores pertenecientes a su jurisdicción pero con gobierno propio, sino también de arrabales y pedanías dependientes de la villa, así como cortijos y casas de campo que funcionaran como auténticos centros de aprovechamiento agroganadero, donde pudieran agruparse las viviendas de pastores, agricultores, braceros, jornaleros e incluso de terratenientes, todos ellos a manera de colonos a los que se les cedían porciones de terreno para su rendimiento, y así no sólo poblar, vivir y residir cerca de los centros de trabajo y lugares de explotación agroganadera, para comodidad suya y mejor administración de los mismos, sino además como eficaz medida de protección de las reses y los terrenos frente a futuras incursiones de los musulmanes del sur, cada vez menos probables pero posibles mientras Al-Ándalus siguiera existiendo, pero también de los campos frente a las ganaderías que, venidas desde tierras castellanas en su búsqueda anual de sustento, pudieran expoliar los pastos. Fundadas principalmente en la Baja Edad Media, permitía la existencia de estas aldeas y alquerías la presencia continua de población por los contornos, con especial intensidad en la zona meridional del término municipal y cercanía a las vías que comunicaban la villa con Medellín, Mérida y Badajoz, respectivamente. Mientras que algunos cortijos apenas se componían de una quinta señorial rodeada de las viviendas necesarias para sus empleados y servidores, más los inmuebles propios para la explotación ganadera y quehaceres diarios, las aldeas y algunos arrabales sin embargo llegaron a alcanzar los varios centenares de vecinos, contando entre sus calles e inmuebles destinados a viviendas y centros de trabajo también con parroquia y cementerio propio, complementándose la trama urbana y permitiendo una mayor independencia de la villa en sí.



Arriba: la imagen gótica de la Virgen de la Esclarecida, posiblemente la escultura mariana más antigua de las conservadas en Cáceres, de un metro de altura y tallada en madera, muestra a Santa María no sólo como Madre de Dios o representación artística como Teothokos, sino además en su versión como Hodegetria o aquélla que presenta al mundo el verdadero camino en la figura del Niño Jesús al que porta en brazos.



El trascurrir de los años y el devenir de los hechos históricos conllevó tras la aparición y auge de aldeas y arrabales la consolidación de la gran parte de las primeras, convertidas hoy en día en pueblos independizados de la ciudad con el paso de los años y aumento de la población, tales como Malpartida de Cáceres, Aliseda, Aldea del Cano, Torrequemada, Sierra de Fuentes o Casar de Cáceres. Sin embargo y contrariamente las alquerías, arrabales y pedanías, a excepción del Zángano, sufrieron la paulatina marcha de sus pobladores y desaparición de sus inmuebles y términos urbanos, contando actualmente la ciudad de Cáceres con sólo tres pedanías, Valdesalor, Rincón de Ballesteros y Estación de Arroyo-Malpartida, que no guardan relación histórica con las alquerías y arrabales bajomedievales que se dieron en su término municipal. Mientras que en la mayoría de las aldeas, con gobierno propio, se defendía el porvenir de sus pobladores a base de respetar el uso de las dehesas boyales y comunales y potenciar la posesión de terrenos y parcelas que los aldeanos pudieran explotar para beneficio suyo y de la aldea, no ocurría lo mismo en arrabales y alquerías donde, buscado por los nobles de la ciudad y permitido por el Concejo de la villa, se daba una desigual repartición de terrenos en mencionados enclaves y contiguos cambios en la titularidad de las tierras que provocaban en una España regida por el Antiguo Régimen que las mismas se fueran acumulando en manos de unos cuantos adinerados, que las dedicaban en pro de sus ganaderías con perjuicio para la abundante clase baja que habitaba tales núcleos poblacionales, decidiéndose por parte de muchas familias humildes que no disponían de parcelas propias o ante la dificultad de mantener sus propias reses o no poder contar con terrenos públicos dedicados a la labranza, su mudanza a la ciudad o a villas cercanas. Sí se mantienen en uso algunos de los cortijos y caserones que circundan la otrora villa, mientras que otro gran número de los mismos encontraba su fin a la par que muchas herencias nobiliarias eran disueltas o repartidas, la situación económica de muchos linajes venida a menos o, en el mejor de los casos, como consecuencia del abandono voluntario llevado a cabo por los dueños de las quintas, que no de las explotaciones, convencidos con el cambio de las modas y de los tiempos de vivir dentro de las grandes urbes en vez de ocuparse de las tierras y explotaciones personalmente como antaño hicieran sus antepasados.




Arriba: muestra la Virgen de la Esclarecida diversas mutilaciones, roturas y deterioro general con claro reflejo en el rostro de María y en la figura del Niño Jesús, sufridas posiblemente y en gran parte por el vandalismo causado por las tropas napoleónicas que supuestamente destruyeron la iglesia de la que era titular, así como por el paso de los años, el desgaste de su naturaleza de madera y el olvido y abandono que desde su mudanza a la ciudad ha venido padeciendo.



Tras desaparecer arrabales tales como Alpotreque, Puebla de Castellanos, Casas del Ciego, Malgarrida o Borriquillo, y convertirse el arrabal del Zángano en la actual Puebla de Obando, perteneciente hoy en día a la provincia de Badajoz , a día de hoy sólo se conservan en pie restos de la que fuese conocida como Heredad de Zamarrillas, o Zamarrilla, una de las más populosas y populares con las que contó la villa de Cáceres, enclavada en plena llanura trujillano-cacereña a los pies de ligeras colinas desde las que divisar, mirando hacia el Sur, el cercano río Salor, ubicada entre la antigua Vía de la Plata y el camino a Medellín, cerca de la localidad de Torreorgaz. Llegó a albergar tal arrabal en su momento álgido los más de doscientos habitantes, trabajando principalmente como jornaleros de los Ovando, linaje cacereño que logró hacerse con la mayor parte de los terrenos que componían la heredad y que contó con castillo y casa fuerte en el lugar. Sin existir ni conservarse apenas datos que nos hablen de la fundación e historia de este núcleo poblacional, ya existente en el siglo XV, se plantean dudas sobre las causas que propiciaron el abandono total y final de sus inmuebles, decantándose algunos estudiosos en señalar como causa propiciatoria del fin de Zamarrillas el paso de la Guerra de la Independencia por estos confines, siendo destruido lo que quedaba de ella por las tropas napoleónicas. Si bien no está plenamente documentado este final del arrabal cacereño, cabría señalar que, a juzgar por los datos que sobre la heredad se conservan del siglo XVIII, Zamarrillas estaba destinada a desaparecer de la misma manera que arrabales semejantes, conociéndose el paulatino abandono de sus habitantes y escasa actividad llevada a cabo por los vecinos que quedaban antes de la contienda hispano-francesa. El desigual repartimiento de las tierras, la desaparición de dehesas comunales y la falta de derechos de sus vecinos en tierras de señorío donde no podían depender de sus propias cosechas o explotaciones sino de un jornal no siempre asegurado, incitaron la despoblación de ésta como años y siglos antes ya habían propiciado la del resto de arrabales cacereños.




Arriba: como ocurriese de manera habitual en las esculturas medievales que representan a María como Madre de Dios, también el infante de esta talla porta un animal cargado de simbología, en este caso un presunto pájaro, símbolo de la vida, o bien una paloma, representación del Espíritu Santo o de la paz, en cualquiera de los tres casos en clara referencia a la vida, paz y Trinidad que encarna el Niño Dios.



Habiendo desaparecido la mayoría de los inmuebles más humildes del antiguo arrabal, quedan hoy en día en pie varias casas en manos privadas, deshabitadas y semiderruidas muchas pero reformadas y acondicionadas algunas otras como casas de aperos o cuadras donde guardar el ganado que aún campa y pasta por los rededores de la antigua heredad, perteneciente a los escasos propietarios que mantienen explotaciones ganaderas en la zona. Reducida a cuadra y almacén ha quedado también la iglesia parroquial con que antaño contó la población, conocida como Iglesia de la Esclarecida por acoger antiguamente entre sus muros la imagen mariana que responde a similar nombre, talla gótica datada en el siglo XIV custodiada hoy en día en el interior de la Parroquia cacereña de Santiago de los Caballeros, en pleno casco histórico de la ciudad, donde se puede venerar y apreciar la que posiblemente sea la escultura y representación de Santa María más antigua de las conservadas en la capital provincial. Unida al devenir del arrabal, también la parroquia de Zamarrillas fue abandonada sin conocerse, con en el caso del resto del núcleo poblacional, sus motivos exactos. Mientras que en el inventario que a comienzos del siglo XVIII, y tras la Guerra de Sucesión Española, realizó el obispo D. Luis de Salcedo y Azcona sobre los bienes artísticos de la Diócesis de Coria, figuraba aún el templo de la Heredad de Zamarrillas en pleno uso, describiéndose el interior del monumento y relacionando las obras de arte allí guardadas, entre las que figuraba la talla de Nuestra Señora de la Esclarecida ocupando uno de los altares laterales, no ocurre así en la descripción dada sobre el enclave en 1.909 por Alfredo Villegas, habiéndose por entonces, con mucha probabilidad, convertido ya el monumento en cuadra o cobertizo, posiblemente fruto de algunos de los decretos sobre desamortización que durante la primera mitad del siglo XIX sacó a la venta un grandísimo número de propiedades, terrenos y bienes eclesiásticos, tanto en uso como fuera de culto. Así es como llega a día de hoy, con transformación de su estructura inicial en pro de acoplar el edificio a sus labores y uso ganadero, pero conservando aún su ábside pentagonal realizado con fábrica de sillarejo regular que algunos han querido fijar bajo las directrices del Románico tardío, lo que conllevaría la datación del edificio, y con él la del lugar de Zamarrillas, en los años consiguientes a la reconquista de la zona, o principios del siglo XIV. Se conservan igualmente vestigios de su atrio, levantado a los pies del templo, contando con una arquería de cinco columnas y cuatro arcos escarzanos junto a los que se abre la portada que posiblemente comunicaba el templo con el camposanto del lugar.




Arriba: creada en pleno auge del estilo gótico, la talla de la Virgen de la Esclarecida fue diseñada rompiendo con el hieratismo románico y presentando el nuevo naturalismo que surge con los ideales de la Baja Edad Media, reflejado no sólo en la humanidad y ternura que exhala María, sino en otros diversos detalles tales como los pliegues de manto y túnica, o la presentación adelantada del pie derecho de la santa.



La imagen de Nuestra Señora de la Esclarecida, de un metro de altura y tallada en madera, muestra un severo mal estado de conservación, sufriendo no sólo los males propios de su naturaleza maderera, sino además diversas roturas y amputaciones que deslucen la imagen y anuncian una recomendable restauración que permita salvar para los tiempos venideros esta escultura, víctima no sólo del paso del tiempo o incluso posiblemente del vandalismo ejercido por las tropas napoleónicas a su paso por Zamarrillas, sino quizás también de un prolongado abandono y olvido de la misma, venido su culto a menos tras abandonar la misma la iglesia de la que era titular. Ubicada dentro del templo santiaguista cerca del altar mayor, antepuesta al retablo que, en el muro de la epístola y tras la rejería que separa la cabecera del resto de la nave del templo, figura junto a la puerta de entrada a la sacristía, alojando el lienzo que representa a las Benditas Ánimas del Purgatorio, la Virgen de la Esclarecida antiguamente ocupaba y ornamentaba uno de los panteones que, en el muro del evangelio, circundan el monumento, lugar donde aún lucían Madre e Hijo sendas coronas doradas, hoy en día retiradas de la imagen. De pie, con el Niño Jesús sostenido sobre su brazo izquierdo, María aparece representada como Madre de Dios dentro de su versión Hodegetria u Odighitria, presentándose no sólo como la mujer que dio a luz a lo divino, sino como aquélla que lo presenta al mundo mostrándole el auténtico camino, tal como se traduce de tal nomenclatura de origen griego y basándose en la cita registrada en el Evangelio según San Juan donde Jesús se autodefine como “el camino, la verdad y la vida” (San Juan, Capítulo 14, Versículo 6) . Respondiendo a este estilo artístico de representación mariana, la Santa señala al Niño mientras lo sostiene a su izquierda, tomando esta posición del texto del Primer Libro de Reyes donde se menciona que la madre del rey se sienta a la derecha del mismo (I Reyes, Capítulo 2, Versículo 19). Sujeta a su vez la figura de Jesús un pájaro en su mano izquierda, símbolo de la vida según las escrituras apócrifas, concretamente en base al milagro recogido en el Evangelio de la infancia de Santo Tomás y que ejercitó el Niño Jesús al moldear varios pájaros de barro y, tras dar una palmada sobre ellos, dotarles de vida. Otra lectura del animal figurado, si vemos en él una paloma, sería la de Jesús como el Hijo de Dios portador de la paz que habría de traer a los hombres, al ser este ave representación pacífica tras ubicarla el Génesis sobre el Arca de Noé una vez finalizado el diluvio. Una última versión simbólica cabría mencionar si vemos en la paloma el símbolo del Espíritu Santo, apareciendo ésta como tal y según el Evangelio de San Mateo sobre Jesús una vez bautizado el mismo por su primo San Juan Bautista en las aguas del río Jordán (San Mateo, Capítulo 3, Versículo 16).




Arriba y abajo: enclavado en las cercanías del río Salor, en plena llanura trujillano-cacereña, el antiguo arrabal de Zamarrillas, cercano a Torreorgaz y dependiente de Cáceres, fue destruido y deshabitado a comienzos del siglo XIX, quedando aún en pie vestigios de algunas de sus casas menos humildes, reconvertidas otras como cuadras o almacenes, como es el caso de la antigua parroquia del lugar (al fondo de la imagen superior), enclavada junto al camino que, partiendo por debajo del acueducto que surge de la presa de Valdesalor, llega a estas tierras (imagen inferior) .




Observa la Virgen al espectador con rostro suave, sonriente y amable propio de la escultura gótica que se adapta al nuevo ideal del naturalismo, realismo que también podemos observar, no sólo por la ruptura con el hieratismo románico en rostros y pose, sino también en la caída de pliegues de manto y vestido. Ataviada la Madre de Dios con estas prendas, se tiñen las mismas con los colores simbólicos que presentan a tal figura femenina como personaje de la realeza, según el color púrpura de su túnica, así como santidad y portadora de la verdad, por el tono azulado de su manto, decorado a su vez éste con una rica ornamentación vegetal en tonos dorados y áureos que también pudieran mostrarnos a María como santidad próxima a Dios, único ser del que pudiera provenir esta tonalidad y brillo. Es por tanto esta talla todo un compendio de los símbolos e ideales religiosos del catolicismo más popular, así como reflejo de las técnicas artísticas de toda una época, resumen del arte del Bajo Medievo y resultado del amor de un anónimo autor por su obra, escultura de la que pudieron disfrutar los habitantes de Zamarrillas y de la que ésta, en su cándida mudez, nos habla de un pasado y de la historia de una ciudad y de un pueblo. Obra de arte, patrimonio histórico, y recuerdo vivo de una etapa de nuestra historia y de un arrabal que desapareció, la Virgen de la Esclarecida es, sobre todo, una joya de las artes plásticas de Extremadura.




Arriba y abajo: tras el abandono de la Iglesia de la Virgen de la Esclarecida, parroquia de la Heredad de Zamarrillas, y su conversión en almacén y establo, el que fuera templo del lugar conserva hoy en día restos de la arquitectura religiosa primitiva, tales como la arquería de su frontal, por donde se accedía no sólo al templo sino también al camposanto del lugar (arriba), o el ábside pentagonal de sillares regulares y traza presuntamente románica que nos permitiría datar la construcción inicial del monumento en los primeros años tras la Reconquista de la zona (abajo).



(La parroquia cacereña de Santiago de los Caballeros, donde se conserva actualmente la imagen de la Virgen de la Esclarecida, se abre diariamente al público siguiendo su horario de culto y misas habituales, a excepción de los viernes por la tarde, franja durante la cual el templo permanece abierto durante varias horas seguidas, respondiendo al popular culto que la ciudad brinda a la imagen de Jesús Nazareno que allí se custodia, de gran fervor entre los cacereños.

Para acceder al antiguo arrabal de Zamarrillas se recomienda seguir el camino que surge bajo el acueducto que parte de la presa de Valdesalor, a comienzos de la carretera que desde ella lleva a la pedanía de igual nombre y que fuese pueblo de colonización. Tras dejar el castillo de Lagartera a mano derecha, el camino nos conducirá hasta un cruce desde el que se puede observar la antigua Heredad de Zamarrillas. Si giramos a derecha, y después a la izquierda, por los diversos ramales que en la zona comunican las explotaciones agroganaderas actuales, es fácil llegar al abandonado poblado. No es reomendable, sin embargo, acudir en turismo en épocas de lluvia debido al mal estado del camino).
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