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jueves, 11 de julio de 2019

Imagen del mes: Dolmen Tapada del Anta I, en Valencia de Alcántara


Siendo uno de los ejemplares más conocidos de los 41 dólmenes que componen la colección de monumentos megalíticos ubicados en el término municipal de Valencia de Alcántara, debido al fácil acceso al mismo así como a la restauración que le permitiese volver a coronarse con la cubierta original que antaño lo sellaba, Tapada del Anta I se ofrece al visitante rodeado aún por parte del túmulo térreo ovoidal que lo cubría, conservadas las paredes laterales del corredor de acceso al prehistórico mausoleo, circular estancia funeraria cercada nuevamente por los siete ortostatos de sujección de la tapa vertical que la componen, tras los trabajos de consolidación que sobre el inmueble se realizaron a finales del siglo XX por la Junta de Extremadura .
Valencia de Alcántara (Cáceres). Fechado entre los periodos Neolítico y Calcolítico (IV y III milenios a.C.).
El conjunto megalítico valenciano recibe la declaración de Bien de Interés Cultural por la Junta de Extremadura, con categoría de Zona Arqueológica (Decreto 51/1992 de 05 de mayo de 1.992).


Arriba y abajo: orientado como todos sus hermanos hacia el poniente, el largo corredor del dolmen de Tapada del Anta I, de 5,70 metros de longitud y dos tramos (arrriba), se abre desde el levante antecedido de un pequeño atrio (abajo) donde, a raíz de las excavaciones y estudios llevados a cabo sobre el bien en los años 90 del pasado siglo por el profesor Enríquez y Carrasco, pudieron rescatarse, expoliado por completo el interior de la cámara, diversos elementos arqueológicos tales como puntas de flecha, vestigios de ídolos placa o diversos fragmentos cerámicos, adivinándose así un continuado culto a los difuntos depositados en el panteón, agasajados con ofrendas por parte de sus familiares vivos desde este punto externo al túmulo de cubrimiento pero de acceso o comunicación con el mausoleo y mundo de los muertos, persiguiendo quizás el cuidado y amparo de los mismos.





Arriba y abajo: a pesar del aspecto que presenta en la actualidad, resultante de la restauración que sobre el yacimiento llevase a cabo la Junta de Extremadura a finales del pasado siglo, las piezas que componen  la cámara funeraria del dolmen valenciano de Tapada del Anta I se encontraban, si bien en su conjunto numérico completo de siete ortostatos y cubierta elaborados en granito, en completa ruina, habiéndose visto vencidas las piezas laterales hacia el interior a raíz de haber sido excavado por los expoliadores totalmente el suelo de la cámara, desenterrando de esta manera la base y sujección de los ortostatos provocando tanto la desestabilización de éstos como el desplome de la pieza de cobertura, debiendo ser los trozos en que ésta quedó partida grapados para poder ser recolocada en su destino original (arriba), igualmente selladas las fisuras de los ortostatos 1 (abajo), 2 y 6, recolocándose las piezas y recuperándose así la cámara poligonal de tendencia circular, de 4,28 metros de longitud en su eje Norte-Sur, 3,90 en la línea Este-Oeste, que alcanza en altitud los 3,80 metros de altura.








Abajo: siendo uno de los ejemplares dolménicos más cercanos al vecino país luso, con acceso al mismo desde la ruta que conduce al conocido como Molino de la Negra, añejo inmueble industrial sito junto al río Sever y línea divisoria entre sendos países ibéricos, el dolmen Tapada del Anta I, enclavado sobre una loma de 448 metros de altitud, se ofrece hoy a la vista tras la limpieza de los alrededores y, con ella, cierta recuperación de los restos de túmulo que originalmente cubrían el mausoleo, nuevamente hoy en pie tras haberse visto sus ortostatos resarcidos del desplome al que habían sido condenados, descubriendo una nueva etapa histórica como excelente bien arqueológico que, junto a sus hermanos de término, engrosan el dilatado listado de monumentos megalíticos con que cuenta la región extremeña, enriqueciendo el basto y amplio patrimonio histórico-artístico de Extremadura.






martes, 23 de abril de 2019

Colaboraciones de Extremadura, caminos de cultura: el periódico Hoy se hace eco del hallazgo del Dolmen de la Luz


La divulgación de la existencia del Dolmen de la Luz da un paso más. El pasado 22 de abril el periódico extremeño regional Hoy se hacía eco de la noticia de su descubrimiento. A través de un artículo elaborado por el periodista Evaristo Fernández de Vega, Hoy publicaba tanto en su edición en papel como a través de su web y edición digital un artículo dedicado en exclusividad al tema. Ha querido contar este periódico para ello con la colaboración de Extremadura: caminos de cultura. Gustosamente no sólo atendimos y charlamos en persona con Evaristo Fernández sobre el hallazgo, sino que inclusive se proporcionaron imágenes tomadas in situ del monumento megalítico, siendo publicada una fotografía realizada por Samuel Galán Álvarez pocos días después del hallazgo del yacimiento, en la que figura el autor del blog junto al dolmen arroyano en cuestión.

Inmensamente agradecidos con Hoy por haber querido contar con este espacio en la red para dar a conocer la noticia a un más amplio nivel, especialmente entre los lectores y el público extremeños, así como honrados una vez más ante la oportunidad de promoción y divulgación de este hasta hace escasas semanas desconocido bien, invitamos a los seguidores del blog a leer el artículo periodístico a través del enlace adjunto bajo estas líneas, cumplimentando inclusive la presente entrada con diversas tomas captadas de la edición digital de la noticia, deseando sirva para ilustrar sobre el inmueble descubierto y poner aún más en valor este monumento sito en la Dehesa boyal de Arroyo de la Luz (Cáceres), así como fomentar el conocimiento y el aprecio por el rico patrimonio histórico-artístico y vasta herencia cultural legados a nuestra región.







sábado, 9 de marzo de 2019

Colaboraciones de Extremadura, caminos de cultura: hallazgo del Dolmen de la Luz, en Arroyo de la Luz


La dehesa boyal de Arroyo de la Luz, más conocida como Dehesa de la Luz, presenta al visitante parajes de auténtica belleza, ofreciendo un cuidado paisaje de bosque mediterráneo adecuado a una centenaria explotación ganadera del lugar, surgiendo entre encinas y afloraciones graníticas enclaves donde puedes sentirte en auténtica comunión con la más característica de las estampas de naturaleza extremeña. Pero la dehesa pública arroyana da para mucho más. Atesora en su interior un ingente número de vestigios arqueológicos que nos hablan de un uso y una ocupación desde antiguo de la zona, destacando fundamentalmente la gran colección de tumbas presuntamente visigodas que, englobadas básicamente en tres secciones, complementan una de las necrópolis de sepulcros excavados en roca más numerosa y relevante de la región. Conocida es también por los arqueólogos la presencia de pétreas prensas olearias o vinícolas posiblemente vinculadas con una antigua villa tardorromana o visigótica, así como la existencia de un poblado de ocupación postpaleolítica. Sin embargo, desde el 7 de marzo podemos hablar de algo más: la ubicación de un monumento megalítico del que no se tenía constancia, y ante cuyo hallazgo Extremadura: caminos de cultura ha tenido el grandísimo honor de colaborar.

Sería la tarde del pasado 26 de febrero cuando, en pro de tomar nuevas imágenes de las tumbas excavadas en la roca que pueblan la dehesa con el fin de cumplimentar la entrada que sobre la necrópolis visigoda arroyana sería publicada en este blog el pasado 1 de marzo, nos dirigimos nuevamente a la dehesa de la Luz cámara en mano. Volviendo del conocido como Pozo de las Matanzas, donde aguardan dos tumbas rupestres exentas, y tras percatarnos de la presencia de nuevas sepulturas roqueñas junto al camino que, desde la ermita patronal, se dirige a la zona occidental de la finca pública, deambulamos por la zona examinando los abundantes berruecos que aparecen junto al bohío del que nos permitimos tomar la nomenclatura para poder designar esta sección de la supranecrópolis. Fue entonces cuando decidimos subir a lo alto de una suave loma coronada por lo que parecían ser unas afloraciones graníticas que surgían del terreno. Al llegar pudimos observar, sorpresivamente, que la disposición de las piedras no parecía aleatoria. Se presentaban en círculo, ligeramente inclinadas las piezas pétreas hacia el centro de la circunferencia que dibujaban éstas. Todo hacía pensar en la posible colocación premeditada de las mismas. Orientada hacia el levante la que parecía ser la entrada al recinto que dibujaban las piezas, podíamos estar presentes ante los restos de un dolmen.

Sin habernos encontrado en ningún momento con información que anunciase la presencia de un dolmen en la dehesa de la Luz, y tras volver a revisar publicaciones sobre el tema, no dimos con datos al respecto. Podríamos estar, por tanto, ante un dolmen completamente desconocido por investigadores y autoridades. Era nuestro deber ponerlo en conocimiento de las instituciones competentes. Tras consultar a Alejandro González Pizarro, colega bloguero y gran apasionado del arte rupestre, nos pusimos en contacto con Hipólito Collado, jefe de la Sección de Arqueología de la Junta de Extremadura. Igualmente, decidimos escribir a otros departamentos de la Consejería de Cultura de Igualdad. La primera respuesta la tuvimos por parte de José Javier Cano, desde el Centro de Conservación y Restauración de Bienes Culturales: era un dolmen. Le seguiría Hipólito Collado: se trataba seguramente de una estructura megalítica inédita. La visita de los arqueólogos se hacía necesaria para poder confirmarlo definitivamente. El día 7 el equipo de José Ramón Bello, dependiente de la Dirección General de Bibliotecas, Museos y Patrimonio Cultural, se dirigía a la dehesa boyal arroyana. El hallazgo de un nuevo dolmen quedaba confirmado.

Desde Extremadura: caminos de cultura, hemos propuesto denominar el monumento como Dolmen de la Luz, tomando este nombre no sólo por ser en la conocida como "La Luz" el lugar donde se encuentra y donde ha permanecido pacientemente en silencio el bien, esperando poder ser presentado algún día nuevamente en sociedad. La Luz haría mención además a una doble tradición histórica sobre el enclave. La más conocida por la población arroyana remite a una legendaria aparición mariana que, durante una supuesta batalla entre los poderes cristiano y musulmán poco antes de darse la definitiva reconquista de Cáceres en abril de 1.229, vendría acompañada de una potente fuente de luz que permitiría ante la llegada de la noche dar el triunfo a las tropas leonesas, de bastante similar manera a como supuestamente aconteciese durante la confrontación que tendría lugar en 1.248 en lo que hoy es Tentudía. De aquellos supuestos milagro y batalla provendrían ermita y patrona de la localidad. Talla de la Virgen que, sin embargo, se conocería hasta 1.500 como de la Lucena, acortando desde el inicio del siglo XVI tal nomenclatura en pro de acondicionarla a la leyenda y supuesto milagro que acompañaba el culto católico. Lucena sin embargo haría antaño referencia al lugar donde se ubicaba el templo patronal y hacienda de la que surgiría la actual dehesa boyal, llamada así durante los últimos siglos del medievo por ser considerado el paraje como los terrenos donde se asentaba la villa de un tal Lucio, hecho quizás conocido por la aparición de alguna estela o inscripción epigráfica que así lo indicase, explotación agropecuaria a la que pertenecerían posiblemente muchos de los restos arqueológicos conservados en la zona.

Desaparecido completamente el túmulo que cubriese el monumento, así como la tapa de la cámara funeraria que sellase superiormente la misma, se conservan algunos de los ortostatos que conformaban el panteón, desafortunadamente recortados posiblemente en pro de ser utilizada su materia prima en algún cercado cercano. A falta de intervención arqueológica más profunda, se desconoce la presencia o no de corredor a modo de pasillo de acceso al mausoleo que acogiese, seguramente entre los milenios IV y III a.C., los cuerpos de los miembros fallecidos del clan que habitase los contornos donde se halla el bien, emparentados culturamente con las poblaciones neolíticas o calcolíticas que ocupaban las comarcas extremeñas enclavadas entre los ríos Tajo y Guadiana en la mitad occidental de la región, a juzgar por el gran parecido dimensional y estructural del dolmen arroyano con aquéllos conservados en términos municipales de localidades como Valencia de Alcántara o San Vicente de Alcántara, sumándose el Dolmen de la Luz al vasto número de monumentos megalíticos con que cuenta nuestra región, que amplía además de esta manera el rico patrimonio histórico y cultural de Extremadura, comunidad repleta de arte de todas las edades, muchos de cuyos ejemplos están aún por descubrir. El Dolmen de la Luz, sin embargo, es ya una realidad.


Arriba y abajo: aspecto que presentaba el Dolmen de la Luz la tarde del 26 de febrero de 2.019, día de su hallazgo.


(Dedicado a todos aquéllos que creyeron en mi labor divulgativa e investigadora, y muy especialmente a Adrián Bermejo "el Ciacero", nacido en las mismas tierras que este monumento y bisabuelo al que no pude conocer en vida, pero del que todos dicen que heredé la pasión por el saber. Infinitamente, muchas gracias)

lunes, 5 de noviembre de 2018

Dolmen de Lácara: álbum fotográfico actualizado


A mediados de junio de 2.011 finalizaban los trabajos de restauración acometidos sobre el conocido como Dolmen de Lácara. Concretamente, el monumento megalítico se habría visto sometido a una limpieza del mismo y de su entorno más inmediato, así como a la consolidación de su estructura, fundamentalmente del resto de túmulo que aún se conserva, retirando aquellas piezas pétreas pertenecientes al monumento que quedaron destrozadas y esparcidas tras verse el bien sometido a diversas dinamitaciones y voladuras, en un pasado poco afable con el megalito.

Tras ser adquirido el monumento por la Junta de Extremadura en 2.009, no sería hasta 2.011 cuando, a cargo del proyecto Vía Plata II, dentro del programa Alba Plata, se llevasen a cabo las obras para la mejora del inmueble, la colocación de paneles y cartelería explicativa, así como la adecuación para la visita, adquirido junto al bien el camino de llegada al mismo, ofreciéndose inclusive un espacio para el estacionamiento de vehículos anexo al punto de acceso al dolmen desde la carretera autonómica EX-214, en el tramo en que esta vía une Aljucén con Nava de Santiago.

Extremadura: caminos de cultura tuvo la oportunidad de visitar el yacimiento en septiembre de 2.010, cuando el monumento aún no había sido intervenido. Tal cual se presentó a través del blog en enero de 2.011, en una de las entradas iniciales de este espacio en la red.


Hace pocos días pudimos volver al megalito. Llamaba la atención, recordando la visita años atrás, tanto la señalización y preparación del camino de acceso, como la ubicación de carteles informativos, destacando fundamentalmente el hallazgo del monumento completamente limpio y desbrozado de árboles y matorrales, siendo posible la observación del mismo de manera despejada, de la misma forma que, salvando el paso del tiempo y la actividad humana ejercida sobre el inmueble, pudiera haber sido contemplado en la antigüedad.

Desde Extremadura: caminos de cultura, a modo tanto de actualización como de complementación del artículo ya publicado, ofrecemos un nuevo álbum fotográfico actualizado del dolmen, a fin de presentar de manera más amplia el monumento, persiguiendo una mayor divulgación como ilustración sobre el mismo, en pro de un mayor conocimiento y con ello respeto y protección del yacimiento, considerado uno de los dólmenes de mayor envergadura de la Península Ibérica y auténtico tesoro histórico-artístico legado a Extremadura, y por ende a España, por los antiguos habitantes que hicieron de estas tierras su hogar.


- Atrio / Vestíbulo:


Arriba y abajo: Cerrado el paso por un gran ortostato colocado en el momento de clausura del monumento megalítico (abajo), tras haber sido utilizado como panteón durante aproximadamente mil años, un amplio espacio abierto en el punto más oriental de la construcción  y opuesto a la zona de enclave de la cámara funeraria, de 6,20 metros de longitud y custodiado por ortostatos laterales que sostendrían a su vez el peso del túmulo de cobertura (arriba), serviría de espacio sagrado donde poder llevar a cabo rituales funerarios y homenajes a los fallecidos allí depositados, antesala a la zona cubierta a modo de umbral de separación entre el mundo diario y el de los difuntos.


- Corredor:



Arriba y abajo: de 9, 15 metros de longitud, un largo pasillo daba acceso a la cámara funeraria, a modo de túnel de unión entre el mundo de los vivos y el de los fallecidos, galería que permite incluir el monumento megalítico cercano al arroyo Lácara dentro del conjunto de dólmenes conocidos como de corredor, dividido en este caso en dos espacios marcados cada uno por sendas pétreas jambas, imponentes las que dan la bienvenida al tramo inicial (arriba), habiendo perdido la primera sección del pasaje gran parte de los dinteles graníticos que lo cubría (abajo), ejerciendo a su vez como sustentación del túmulo exterior de cierre del monumento.



Arriba: aspecto del primero de los dos tramos en que quedaría seccionado el corredor de acceso al mausoleo, visto desde la entrada a la segunda de las divisiones de que consta el pasadizo.



Arriba y abajo: de entre los dinteles de cobertura conservados del primero de los tramos en que se divide el corredor del dolmen, destaca la pieza inicial (arriba), donde aún pueden apreciarse las muescas que posiblemente los canteros dejaron marcadas durante los procesos de extracción de la roca.




Arriba y abajo: marcada también su propia entrada por dos nuevas jambas graníticas (arriba), el segundo de los dos espacios en que queda dividido el corredor dolménico, de menor longitud que la sección previa pero similar baja altura (abajo), conserva los dos dinteles de cierre que lo salvarían del peso del túmulo (abajo, siguiente), apoyados sobre los dos ortostatos laterales que funcionan a modo de paredes del pasillo.




Arriba y abajo: un tercer juego de jambas, visto deste el interior del corredor (arriba), así como desde el corazón de la cámara funeraria (abajo), da paso al más sacro espacio funerario y habitáculo final del inmueble, auténtico sancta sanctorum del panteón del clan.


- Cámara:



Arriba y abajo: de planta octogonal (arriba), la cámara funeraria del Dolmen de Lácara presenta un diámetro de entre 4,50 y 5 metros de longitud, marcado su espacio por siete ortostatos de gran envergadura (abajo), alcanzando los 4 metros de altitud, fácil de comprobar gracias a la conservación de una pieza íntegra junto a la jamba meridional de acceso al recinto sacro, superviviente de los diversos avatares sufridos por el monumento a lo largo de su historia y una vez clausurado como lugar de enterramiento, entre los que destacaría por su virulencia la dinamitación a la que se vería sometido el bien entre finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX, cuando varios aldeanos de escasa cultura decidieron volarlo en busca de un legendario tesoro escondido en su interior, sin tener en cuenta que el auténtico tesoro era el propio inmueble en sí.



Abajo: vista detallada de los siete ortostatos que cercan la cámara funeraria del Dolmen de Lácara, ingentes piezas de granito de las cuales sólo la ubicada junto a la jamba de entrada meridional se conserva prácticamente en su integridad.






Abajo: llama la atención dentro del conjunto dolménico la alta mole del ortostato conservado prácticamente intacto de entre los siete que conforman la cámara funeraria, permitiendo hacerse una idea de la envergadura que llegaría a ofrecer el edificio en la antigüedad, tan sólo superado en dimensiones dentro de la Península Ibérica por el Anta Grande do Zambujeiro, emplazado en el término de la localidad portuguesa de Évora.


- Túmulo:



Arriba: asentado sobre la roca madre, un conjunto seriado de liezos de cantos de río y capas de tierra compactada se dispondrían en rededor de los habitáculos de los que disponía el dolmen, vestíbulo, corredor y cámara funeraria, creándose un montículo artificial que cubriría todo el monumento, a excepción del atrio y cúpula de la cámara, alcanzando en el caso emeritense presuntamente los 6 metros de altitud.


Arriba y abajo: ofreciendo en el plano una elipse de 35 metros en su eje mayor y 28 en el menor, el túmulo del conjunto dolménico de Lácara quedaría cercado por un anillo pétreo a modo de zócalo limítrofe del monumento, compuesto por una serie de piezas graníticas de las cuales aún varias permanecen in situ hoy en día, recuperadas gracias a las más recientes obras de limpieza y consolidación del inmueble.








Arriba y abajo: vistas generales del túmulo y monumento funerario en sí, tomadas desde su flanco septentrional (arriba) y cara posterior u occidental del mismo (abajo).


- Depósito de piezas:




Arriba y abajo: con la adecuación del monumento para las visitas, se habilitó a pocos metros del mismo y dentro de los terrenos adquiridos por la Junta de Extremadura a los propietarios de la finca donde se enclava el megalito, un depósito de piezas graníticas donde poder ubicar todas aquellos fragmentos de ortostatos, dinteles y restos de elementos pétreos pertenecientes al bien (arriba), desprendidos y desubicados rescatados del interior del mausoleo y alrededores, destacando los vestigios de lo que fuese tapa de la cámara funeraria (abajo), reconocible gracias a la serie de cazoletas talladas sobre su cara externa, manifestación artística para algunos autores que, para otros, podría hacer referencia a la ejecución de rituales en la cumbre del edificio.


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