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viernes, 2 de agosto de 2019

Colaboraciones de Extremadura, caminos de cultura: Los músicos de Trujillo, en Extremos del Duero


Es extremadamente gratificante poder cooperar cada vez que surge la oportunidad en pro de divulgar los conocimientos sobre el patrimonio histórico-artístico de nuestra región. Si además con quien colaboras es todo un colega bloguero y amigo personal, a la satisfacción se suma el honor. Honor como el que siempre he sentido compartiendo conocimientos con Jesús López, autor del blog Extremos del Duero: imprescindible espacio en la red para poder conocer un poco mejor nuestra región en múltiples facetas. Extremadura: caminos de cultura ha participado con él en múltiples ocasiones. Hoy os queremos presentar una más.

Largo tiempo atrás comenzaba entre Jesús y yo una conversación sobre los "músicos en piedra" que podían verse en diversos enclaves de la Comunidad: pétreos ejemplares labrados, cincelados o esculpidos que, en perenne pose musical, parecían querer tocar sus instrumentos por toda la eternidad. La mayor parte de ellos forman parte patrimonial de diversos monumentos eclesiásticos ubicados en múltiples puntos de la región, desde templos capitales como las catedrales de Coria o Plasencia, a parroquias de localidades como Arroyo de la Luz, sin dejar atrás espacios sacros sitos en Guadalupe y vinculados con la adoración de la imagen mariana más relevante de Extremadura y que allí precisamente se custodia. Su destino, dentro de los lugares sagrados, no sería otro que el de adorar a lo divino, simulando la corte celestial que, según la teología cristiana, toca eternamente en los Cielos ante Dios. Fuera de sagrado, en el exterior de capillas y templos, los instrumentos y los que hacen sonar los mismos parecen sin embargo compartir una naturaleza bien distinta a las de sus compañeros del interior, haciendo alusión a lo profano, a lo terrenal, a los pecados que todo creyente debe salvar si desea poder entrar bajo santa protección.

De entre todos los "músicos de piedra" que podemos encontrar por los rincones de Extremadura, quizás sean los más llamativos aquéllos que miran a la Plaza Mayor trujillana desde lo alto de la fachada del Palacio de la Conquista, mandado edificar por Hernando Pizarro tras regresar a su localidad natal una vez protagonizados, junto a su hermano Francisco y otros miembros del mismo clan familiar, algunos de los más destacados capítulos relacionados con la conquista española del Imperio Inca. Cinco músicos, presuntamente tres de cuerda y dos de viento, que parecen responder sin embargo más al gusto renacentista por el clasicismo y las escenas de género, que a una labor simbólica, moralizante o litúrgica, tal y cómo comentábamos con Jesús:

"Las esculturas que podemos ver coronando el palacio son consideradas por algunos autores como gárgolas, pero en realidad no lo son puesto que el agua no cae por ellos sino por caños ubicados bajo sus pies y que no forman parte de la fábrica de los mismos. Estas figuras lo que hacen es decorar la cornisa, colocándose sobre los desagües.

En total son doce esculturas, seis de ellas en el lado que da a la calle de Hernando Pizarro, y otras seis (una de ellas en el punto de unión entre ambas fachadas, sobre el gran escudo y balcón de esquina que caracteriza el monumento) en la fachada que da a la plaza. De estos seis últimos, cinco son músicos, sentados sobre bajos podios mientras portan sus instrumentos. Además del que está en la esquina mencionada, tocan instrumentos los dos siguientes y los dos últimos, apareciendo sin embargo la figura central de este flanco pensativa, como si estuviera escuchando la música que sus compañeros tocan o más bien permaneciera mirando al horizonte. Entre los instrumentos que tocan podemos encontrar el arpa, en el músico esquinero, dos instrumentos de cuerda tocados por los dos músicos siguientes (posiblemente un laúd y una guitarra), y dos instrumentos de viento al final de la serie (lo que pudiera ser un oboe, y una gaita). Más que una función simbólica, seguramente la presencia de estos músicos en un edificio civil responde sencillamente a un gusto ornamental."

Presentados los músicos de piedra de Trujillo, os invitamos a visitar el artículo que sobre el mismo ha publicado recientemente Jesús López en su ciberespacio Extremos del Duero, aprovechando la ocasión para felicitar a Jesús su trabajo, agradeciéndole una vez más su permanente disposición a compartir conocimientos y, con ello, ampliar y expandir el saber sobre el patrimonio y la cultura de nuestra tierra.



Arriba y abajo: tres instrumentos de cuerda, arpa, laúd y guitarra, son los que parecen tañer las tres pétreas figuras más orientales de las seis que coronan la cornisa que culmina la fachada del Palacio de la Conquista abierta hacia la Plaza Mayor de la localidad trujillana (arriba), seguidos de dos músicos maestros de instrumentos de viento, posiblemente oboe y gaita (abajo y siguiente), antecedidos por una pensativa figura (abajo) que parece mirar al horizonte mientras escucha las notas ejecutadas por sus artistas compañeros, formando parte de lo que parece toda una escena de género lejana a las habituales escenografías religiosas tan habituales entre el patrimonio artístico español, posiblemente influenciada por el Humanismo triunfante durante el mismo periodo renacentista en que estas figuras fueron creadas, comenzando el hombre occidental, tras el paréntesis medieval, a volver a plantearse el significado del paso del tiempo y el peso del ser humano en el devenir de la historia, cuestiones en las que el pensador trujillano parece seguir dilucidando desde siglos atrás.




Arriba y abajo: clasificado como uno de los mejores palacios de Trujillo, así como uno de los edificios civiles renacentistas capitales en la región, el Palacio de la Conquista llama la atención de todo aquél que visita la Plaza Mayor trujillana por sus dimensiones, con tres plantas sobre sus soportales cuajadas de balcones y ventanales culminadas por una amplia cornisa cuyos desagües son coronados con las doce figuras pétreas mencionadas, así como otra tanda de florones y bolas de similar naturaleza que despuntan, junto a monumentales chimeneas, en la cúspide del inmueble, destacando fundamentalmente en la totalidad del conjunto el balcón en esquina y el escudo y decoración plateresca que lo circundan, protagonizado por el blasón familiar rodeado por referencias la conquista del Perú sin que falten efigies de los miembros más destacados del clan, motivos artísticos más que suficientes para hacer lograr al edificio ser declarado Bien de Interés Cultural el 27 de noviembre de 1.987.


sábado, 25 de mayo de 2019

Imagen del mes: Puentes Nuevo y de San Lázaro, en Plasencia


Abrazada, regada y defendida por el río Jerte en su flanco meridional la ciudad que fuera construida "para agradar a Dios y a los hombres", se despedía Plasencia del medievo y Edad histórica que la vio nacer con tres puentes, hasta finales del siglo XX únicos en la localidad, que uniesen el centro urbano con el margen izquierdo de la urbe, constando supuestamente como más antiguo y bautizado como de Trujillo el que fuese sin embargo a lo largo de los siglos el más reformado, conservando sin embargo su sabor medieval los de San Lázaro y Nuevo, cuyas definitivas obras pétreas serían selladas bajo un estilo gótico que firmaría, en el segundo ejemplo, el polifacético artista centroeuropeo afincado en Castilla Rodrigo Alemán.
Plasencia (Cáceres). Siglos XIV-XVI (erigido el de San Lázaro en el siglo XIV, reconstruido en 1.538 tras la riada sufrida por la ciudad en 1.498; edificado el Nuevo entre 1.500 y 1.512); estilo gótico.


Arriba y abajo: vista aguas arriba (arriba) y aguas abajo (abajo) de los dos primeros de los siete arcos, más aliviadero, de que consta el puente Nuevo placentino, viaducto en doble pendiente o perfil alomado, sustentado sobre bóvedas de naturaleza rebajada, bajo cuyo primer par a contar desde la orilla derecha corren las aguas del Jerte que discurren por el canal que da ser al espacio conocido como la Isla, terreno que pudo haber dado nombre primitivo a la obra, bautizada sin embargo por los vecinos como Nueva por ser de fábrica novedosa y distinta a la del monumento al que sustituyó, nombrado como de Pascual clérigo al ser éste su mecenas, arruinado y sobre el que se arreglaría un paso de madera derribado durante la riada que asoló el enclave en 1.498.



Arriba y abajo: tras superar el tercer arco (arriba), a contar desde la orilla derecha del río Jerte, alcanzamos el cuarto ojo y bóveda de mayor envergadura de la obra (abajo), punto de inflexión de la doble vertiente que marca la calzada del inmueble, sustentada su contigua mitad por tres arcos más al que habría que sumar en el estribo izquierdo una última cuarta bóveda cercana al punto de llegada de la plataforma a la orilla, a camino entre el ojo y el aliviadero (abajo, siguientes).





Abajo: consta el Puente Nuevo placentino de tajamares tanto aguas arriba como corriente abajo, diseñados sobre planta triangular rematados en sombrerete de índole piramidal, ubicados junto al primero de los arcos, en el estribo derecho, así como en los consiguientes pilares hasta la pilastra sita entre las bóvedas quinta y sexta, carente de tajamar el pilar contiguo y sustentante de los arcos sexto y séptimo, así como el estribo izquierdo en ninguna de sus caras, entendible ante el menor caudal de paso por los arcos más cercanos a la orilla oriental, reforzados contrariamente los tajamares de los pilares tercero, cuarto y quinto en su base, siendo éstos los que mayor corriente han de soportar.



Arriba y abajo: convertido en elemento identificativo del monumento placentino, corona el Puente Nuevo de Plasencia, erigido sobre la clave del arco central y petril septentrional del inmueble, un templete fabricado, como el resto de la construcción de sillería, en piedra granítica, diseñado entre sendos estribos rematados por pináculos de gusto gótico (arriba), encerrado entre ambas piezas verticales epígrafe, escudo y hornacina, blasón de los Reyes Católicos sostenido por el Águila de San Juan sobre el que  se expone la talla pétrea y policromada de la Virgen de la Cabeza (abajo), esculpida al parecer por el mismo autor de la obra de ingeniería, Rodrigo Duque Alemán, escultor igualmente de la sillería del coro de la catedral, magna obra para la que al parecer, recomendado por Enrique Egas, fue llamado a la ciudad, donde se pierden los datos biográficos del maestro de presunto origen centroeuropeo.



Arriba: protegida por un artístico enrejado usado en la actualidad como sostén de los cerrojos de los enamorados placentinos, una menuda escultura de la Virgen de la Cabeza, honrada históricamente de continuo por la ciudadanía de Plasencia, en especial por sus vecinos de etnia gitana, se presenta como protectora de los viandantes desde una hornacina bordeada por arco gótico mixtilíneo, rematado por pináculo y cogollos vegetales, reubicada en 1.987 en su enclave original tras ser el templete del puente derribado por un camión cuando el mismo era utilizado como pasarela útil para el tráfico rodado, ya anteriormente restaurado en 1.89 y quedando constancia escrita de la rehabilitación en la misma construcción bajo doble escudo de la ciudad, costeada la restauración de tal elemento ornamental por el entonces chantre o maestro cantor de la catedral D. José Benavides Checa, primer hijo adoptivo de Plasencia por su contribución al estudio y cultura de la ciudad.


Arriba y abajo: ubicado en su enclave al parecer en 1.507, cuando las obras del puente superaban el cenit de su dilatada construcción, el templete del viaducto placentino terminó sirviendo no sólo como base tanto de blasón real como de hornacina mariana, sino inclusive como sostén de su misma lauda epigráfica (arriba), tallada en letras góticas que nos hablan brevemente de la historia de uno de los monumentos de edificación más polémica de la localidad, cuya  controversia nacería cuando el concejo, ante su falta de solvencia económica, pensase en la erección de un nuevo viaducto de recia fábrica derrivado el paso de madera bajo un costeo conjunto entre el Ayuntamiento de Plasencia, apoyado por los de las localidades contiguas así como por el Cabildo de la ciudad, aceptando los primeros y pagando la cantidad en maravedíes asignada a los dieciséis pueblos de la tierra placentina, hasta alcanzar entre Tornavacas, Garganta la Olla, Valverde de la Vera, Pasarón, Jarandilla, Belvís, Almaraz, Serrejón, Deleitosa, Jaraicejo, Torrejón, Grimaldo, Talaván, Monroy, Corchuelas y Torremenga un millón de maravedíes, mientras que el Cabildo, aún con la aprobación episcopal, se negase a hacerlo, abriéndose un pleito entre concejos y clero que llevaría a intervenir a los propios monarcas, siendo los Reyes Católicos los que lograsen el pago eclesiástico y con él tanto el final del conflicto, a través de real cédula de 1.505 firmada por D. Fernando, fallecida un año antes la católica monarca, como el remate de la obra en 1.512, siendo el escudo real ubicado nuevamente sobre el petril meridional (abajo), frente al templete que ya acogiese el mismo, mirando esta vez no a los viandantes sino las aguas que del río van corriendo tras pasar por la obra sellada con la inscripción "Esta noble cibdad de Plasencia mando hacer esta puente de la Ysla reynando el rey don Hernando e la reyna doña Ysabel ntos señores y comensose en el año del Señor de mil e quinientos e acabose nel de quinientos e dose e fue maestro della Maestre Rodrigo Aleman".



Arriba: si bien se considera el Puente de Trujillo como el más antiguo de la ciudad, construido en madera supuestamente sobre restos de una primitiva fábrica romana, sería levantado en piedra ya en el siglo XVI por Hernando de Trejo bajo directrices del afamado arquitecto Juan de Álava, sustituido por la edificación que conocemos en la actualidad en el siglo XIX, constante transformación que ha permitido ser reconocido el Puente de San Lázaro como el viaducto placentino de fábrica más añeja, último de los que baña el río Jerte a su paso por la localidad, edificado al parecer en el siglo XIV, constatado en 1.428 y rehabilitado en 1.538 tras ser víctima de la riada que asoló la zona en 1.498.


Arriba y abajo: edificado sobre sillares graníticos, sillarejo cercano a la mampostería, y lajas de pizarra que se asemejan a cocidos ladrillos de diseño mudéjar, son estas últimas las utilizadas en la construcción de las seis bóvedas subsistentes de los siete ojos rebajados de que constaría la obra original, engullido el más cercano al margen derecho de la ribera (arriba), consolidada la pasarela en doble vertiente (abajo) a la que alcanzan los tajamares de planta triangular que protegen la obra aguas arribas unidos a los cinco pilares a la vista, reforzados del segundo al cuarto aguas abajo con tajamares semicirculares que no se multiplican sin embargo hasta alcanzar la orilla occidental, donde espera al viandante, reconstruido el petril sobre el arco último y estribo donde antes hubo pasarela metálica pensada para un mejor acceso al tráfico rodado al monumento, la Ermita de San Lázaro y la barriada a la que el templo, como al puente, da nombre, enclave depauperado y conflictivo de Plasencia cuya denigración alcanza el monumento medieval, impidiendo el pleno disfrute de esta centenaria obra histórico-artística.


domingo, 30 de septiembre de 2018

Imagen del mes: Ventanas geminadas del casco histórico de Cáceres


Inscrita en 1.986 por la UNESCO en la Lista del Patrimonio de la Humanidad la ciudad antigua de Cáceres, miembra fundadora la capital cacereña en 1.993 de la asociación Grupo de Ciudades Patrimonio de la Humanidad de España, el casco antiguo cacereño presenta entre su entramado urbano medieval una serie de palacios, edificios religiosos, murallas y defensas militares donde se reúnen infinidad de detalles artísticos correspondientes a todos los estilos que se han ejecutado a lo largo de la historia de la localidad, conformando auténticas colecciones de elementos como blasones o portadas, pero también de vanos y ventanas entre las que destacan las geminadas o ajimeces, características por su doble abertura, alcanzando en Cáceres la veintena de ejemplares, tapiadas algunas y reconstruidas otras, en su mayoría de estilo gótico sin que falten modelos de tintes renacentistas o mudéjares, en una amalgama cultural no siempre fácil de encontrar que permite al casco antiguo de la ciudad conseguir su característica personalidad.
Cáceres. Siglos XV-XVI; estilos gótico, plateresco y mudéjar.



Arriba y abajo: aunque la mayoría de los ejemplares de ajimeces cacereños se encuentran en la ciudad intramuros, es posible descubrir algunas ventanas geminadas en las también pertenecientes al casco histórico calles adyacentes, observándose tanto en fachadas de renombrados palacios como en rincones insospechados modelos diversos de vanos de doble abertura, siguiendo el diseño más  presente en la ciudad, de inspiración gótica y doble arco de herradura enmarcado por alfiz, firmado con escudo donde se adivinan los blasones de los Becerra y Espaderos en un ejemplar tapiado y en desuso enmarcado en los muros de lo que fuese torreón medieval inmerso en la antigua Hospedería de Santo Domingo, visible desde la calle Ríos Verdes (abajo), o junto a la portada de acceso al palacio de los Monroy, originario del siglo XIV y ubicado junto a la iglesia de San Juan y plaza del Doctor Durán (abajo, siguiente), destacando la creación que combinando ajimez con ventana esquinera presenta la torre de los Galarza (arriba), enclavada en la calle del General Ezponda y lateral de la plaza de la Concepción, resultado de la reforma sufrida por el palacio en el siglo XVI en un estilo renacentista que sabe combinar el arco de medio punto con un parteluz marmóreo de capitel clásico, firmado con decoración propia del plateresco como el labrado a candelieri o relieves de dragones.





Abajo: asomada a la plazuela del Socorro, a escasos metros del enclave donde un día se alzó la hoy desaparecida Puerta de Coria, una ventana geminada mira desde la imponente torre conocida como de Espaderos, construida posiblemente en el siglo XV y perteneciente a los Cáceres-Andrada, por encima de los restos de la muralla tal y como antaño seguramente vigilase el horizonte extramuros desde su privilegiada situación, presentada en un diseño común entre los ajimeces cacereños simbiosis entre el espíritu gótico y el estilismo mudéjar, tomando de éste el uso del arco de herradura así como el alfiz dibujado en derredor del conjunto.




Abajo: la mañana del 23 de julio de 1.937 la ciudad de Cáceres, en zona nacional, sufría un bombardeo por parte de la aviación soviética afín a la República, resultando afectado y semidestruido el palacio ubicado en la Plaza de Santa María, conocido como de Mayoralgo, cuya portada principal se vería derribada, arruinándose dos ventanas geminadas reconvertidas en balcones que centraban la fachada, reconstruidas durante la restauración que la Dirección General de Bellas Artes efectuaría sobre el edificio en 1.942, recuperando sendos ajimeces de tintes góticos coronados con arcos de medio punto angrelados, descubriéndose en el muro lateral abierto a la calle del Arco de la Estrella los vestigios de otro posible ajimez de influencia mudéjar.






Abajo: si bien sendas ventanas geminadas abiertas en la fachada del Palacio de Mayoralgo se presentan como ejemplos de ajimeces cacereños recuperados, se dan dos vanos de doble abertura que a pesar de haber logrado mimetizarse con el entorno, responden a una restauración efectuada sobre el edificio en el siglo XX donde se ubicaron, enclavado en la plazuela de San Pablo y bautizado como Palacio de las Cigüeñas, conocido por el torreón de tintes florentinos respetado durante el desmoche dictado por los Reyes Católicos, tomando como inspiración estilística el característico ajimez cacereño de influencia mudéjar ejecutado en piedra granítica.





Abajo: posiblemente una de las ventanas geminadas más conocidas de las enclavadas en el casco histórico cacereño, el ajimez del Palacio de los Golfines de Abajo se presenta como pieza clave dentro del programa ornamental que decora la fachada del monumento, donde el gótico flamígero se fusiona con el plateresco, coronado el duplicado vano de arco de medio punto angrelado y parteluz marmóreo con el escudo de los Reyes Católicos, honor cedido por los monarcas a la familia que en este edificio les alojaría durante sus visitas a la otrora villa, emparentados con los Golfines que en la parte alta de la ciudad intramuros comenzasen a erigir en el siglo XIV el Palacio de los Golfines de Arriba (abajo, siguientes), conservándose de su etapa constructiva medieval dos ajimeces abiertos hacia el adarve occidental en su tramo denominado del Padre Rosalío, enlazados estilísticamente con los otros muchos ejemplos de ventanas geminadas simbiosis entre el gótico y el mudéjar.







Abajo: cercadas por la poblada hiedra que coloniza los muros externos del Palacio de los Sande y  su contigua Torre homónima o de los Plata, anexionados a su vez desde el siglo XVIII a la Casa del Vizconde de Rodas, dos ventanas geminadas sorprenden entre la hojarasca en el flanco norte del monumento, separado hoy por un tapial de la calle de Orellana,  abierto el primero de los ajimeces en la propia y recia atalaya, presentada su hermana en la pared contigua, posible portada original del inmueble cuyos comienzos arquitectónicos se remontan al último siglo del medievo.





Abajo: aunque reformada en el siglo XVI bajo un estilo renacentista cuyo clasicismo puede observarse en la portada del edificio, la Casa de los Paredes-Saavedra no oculta desde su posición como número 3 de la calle Ancha el pasado medieval de la misma, adivinándose los restos de un torreón a la derecha de la fachada del monumento, enclave de ubicación de uno de los dos ajimeces con que cuenta el palacio, repitiendo el mismo estilo a caballo entre lo gótico y lo mudéjar reiterado en múltiples rincones del casco histórico de Cáceres, denominado así por algunos autores como cacereño, difiriendo el segundo vano geminado artísticamente de él, al mostrar arcos de medio punto angrelados sobre parteluz pizarroso coronado por capitel compuesto de escudo, pequeño blasón de fajas jaqueladas correspondiente al segundo apellido que da nombre al lugar.





Abajo: dando nombre a la Cuesta de Aldana, se abre hacia tal calle desde un altozano que a mitad de la misma y a modo de mirador permite otear los tejados de la parte baja de la ciudad intramuros, lo que fuese Casa de los Aldana, erigida inicialmente en el siglo XIV en un estilo medieval semidesaparecido tras las diversas reformas efectuadas sobre el bien, conservándose de la fábrica primitiva los restos de un ajimez en el flanco norteño del inmueble elaborado en lo que algunos llaman estilo cacereño, repetido en el edificio ubicado al otro lado de la estrecha calle y misma altura de la vía (abajo, siguientes), elemento constructivo de una vivienda hoy deshabitada vinculada con los Figueroa donde un segundo vano geminado aparece antes de la desembocadura en la cuesta de la calle de Orellana, característico ejemplar al ofrecer un alfiz lobulado y no rectilíneo bordeando los arcos apuntados de que se compone la ventana.







Abajo: clasificado dentro de la rama toledana del arte mudéjar, se descubre en el tramo último y más encumbrado de la Cuesta de Aldana una sencilla vivienda característica por el estilo arquitectónico en que está constituida, único ejemplo de mudéjar puro conocido o conservado en la ciudad, vistoso y misterioso entre la sobriedad de las construcciones medievales y renacentistas que lo circundan, llamando la atención dentro de la fachada de la que fuese casa natal del compañero de Orellana en su aventura amazónica, frey Cristóbal Enríquez, el ajimez enclavado sobre su portada fabricado salvo su pétreo mainel íntegramente en ladrillo, en un resultado exótico que lo convierte en uno de los vanos geminados más conocidos de la urbe.



Abajo: siguiendo el trazado de la Cuesta de Aldana, pareciese querer prolongarse ya en la calle de Olmos la colección de ventanas geminadas dadas en la vía anterior, abriéndose en la portada de la que se ha denominado como Casa de los Ulloa, perteneciente al parecer a una rama de la famosa familia asentada en los rededores de la plaza de San Mateo, dos vanos de doble abertura donde la línea en relieve que une alfiz y arcos, existentes en otros modelos similares, ha sido borrada, dándose por el contrario la presencia de blasones en los capiteles que coronan cada mainel, escudo de los Paredes en el ejemplar ubicado en la esquina superior izquierda del conjunto, el de los Ulloa en su hermano derecho.





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