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viernes, 2 de agosto de 2019

Colaboraciones de Extremadura, caminos de cultura: Los músicos de Trujillo, en Extremos del Duero


Es extremadamente gratificante poder cooperar cada vez que surge la oportunidad en pro de divulgar los conocimientos sobre el patrimonio histórico-artístico de nuestra región. Si además con quien colaboras es todo un colega bloguero y amigo personal, a la satisfacción se suma el honor. Honor como el que siempre he sentido compartiendo conocimientos con Jesús López, autor del blog Extremos del Duero: imprescindible espacio en la red para poder conocer un poco mejor nuestra región en múltiples facetas. Extremadura: caminos de cultura ha participado con él en múltiples ocasiones. Hoy os queremos presentar una más.

Largo tiempo atrás comenzaba entre Jesús y yo una conversación sobre los "músicos en piedra" que podían verse en diversos enclaves de la Comunidad: pétreos ejemplares labrados, cincelados o esculpidos que, en perenne pose musical, parecían querer tocar sus instrumentos por toda la eternidad. La mayor parte de ellos forman parte patrimonial de diversos monumentos eclesiásticos ubicados en múltiples puntos de la región, desde templos capitales como las catedrales de Coria o Plasencia, a parroquias de localidades como Arroyo de la Luz, sin dejar atrás espacios sacros sitos en Guadalupe y vinculados con la adoración de la imagen mariana más relevante de Extremadura y que allí precisamente se custodia. Su destino, dentro de los lugares sagrados, no sería otro que el de adorar a lo divino, simulando la corte celestial que, según la teología cristiana, toca eternamente en los Cielos ante Dios. Fuera de sagrado, en el exterior de capillas y templos, los instrumentos y los que hacen sonar los mismos parecen sin embargo compartir una naturaleza bien distinta a las de sus compañeros del interior, haciendo alusión a lo profano, a lo terrenal, a los pecados que todo creyente debe salvar si desea poder entrar bajo santa protección.

De entre todos los "músicos de piedra" que podemos encontrar por los rincones de Extremadura, quizás sean los más llamativos aquéllos que miran a la Plaza Mayor trujillana desde lo alto de la fachada del Palacio de la Conquista, mandado edificar por Hernando Pizarro tras regresar a su localidad natal una vez protagonizados, junto a su hermano Francisco y otros miembros del mismo clan familiar, algunos de los más destacados capítulos relacionados con la conquista española del Imperio Inca. Cinco músicos, presuntamente tres de cuerda y dos de viento, que parecen responder sin embargo más al gusto renacentista por el clasicismo y las escenas de género, que a una labor simbólica, moralizante o litúrgica, tal y cómo comentábamos con Jesús:

"Las esculturas que podemos ver coronando el palacio son consideradas por algunos autores como gárgolas, pero en realidad no lo son puesto que el agua no cae por ellos sino por caños ubicados bajo sus pies y que no forman parte de la fábrica de los mismos. Estas figuras lo que hacen es decorar la cornisa, colocándose sobre los desagües.

En total son doce esculturas, seis de ellas en el lado que da a la calle de Hernando Pizarro, y otras seis (una de ellas en el punto de unión entre ambas fachadas, sobre el gran escudo y balcón de esquina que caracteriza el monumento) en la fachada que da a la plaza. De estos seis últimos, cinco son músicos, sentados sobre bajos podios mientras portan sus instrumentos. Además del que está en la esquina mencionada, tocan instrumentos los dos siguientes y los dos últimos, apareciendo sin embargo la figura central de este flanco pensativa, como si estuviera escuchando la música que sus compañeros tocan o más bien permaneciera mirando al horizonte. Entre los instrumentos que tocan podemos encontrar el arpa, en el músico esquinero, dos instrumentos de cuerda tocados por los dos músicos siguientes (posiblemente un laúd y una guitarra), y dos instrumentos de viento al final de la serie (lo que pudiera ser un oboe, y una gaita). Más que una función simbólica, seguramente la presencia de estos músicos en un edificio civil responde sencillamente a un gusto ornamental."

Presentados los músicos de piedra de Trujillo, os invitamos a visitar el artículo que sobre el mismo ha publicado recientemente Jesús López en su ciberespacio Extremos del Duero, aprovechando la ocasión para felicitar a Jesús su trabajo, agradeciéndole una vez más su permanente disposición a compartir conocimientos y, con ello, ampliar y expandir el saber sobre el patrimonio y la cultura de nuestra tierra.



Arriba y abajo: tres instrumentos de cuerda, arpa, laúd y guitarra, son los que parecen tañer las tres pétreas figuras más orientales de las seis que coronan la cornisa que culmina la fachada del Palacio de la Conquista abierta hacia la Plaza Mayor de la localidad trujillana (arriba), seguidos de dos músicos maestros de instrumentos de viento, posiblemente oboe y gaita (abajo y siguiente), antecedidos por una pensativa figura (abajo) que parece mirar al horizonte mientras escucha las notas ejecutadas por sus artistas compañeros, formando parte de lo que parece toda una escena de género lejana a las habituales escenografías religiosas tan habituales entre el patrimonio artístico español, posiblemente influenciada por el Humanismo triunfante durante el mismo periodo renacentista en que estas figuras fueron creadas, comenzando el hombre occidental, tras el paréntesis medieval, a volver a plantearse el significado del paso del tiempo y el peso del ser humano en el devenir de la historia, cuestiones en las que el pensador trujillano parece seguir dilucidando desde siglos atrás.




Arriba y abajo: clasificado como uno de los mejores palacios de Trujillo, así como uno de los edificios civiles renacentistas capitales en la región, el Palacio de la Conquista llama la atención de todo aquél que visita la Plaza Mayor trujillana por sus dimensiones, con tres plantas sobre sus soportales cuajadas de balcones y ventanales culminadas por una amplia cornisa cuyos desagües son coronados con las doce figuras pétreas mencionadas, así como otra tanda de florones y bolas de similar naturaleza que despuntan, junto a monumentales chimeneas, en la cúspide del inmueble, destacando fundamentalmente en la totalidad del conjunto el balcón en esquina y el escudo y decoración plateresca que lo circundan, protagonizado por el blasón familiar rodeado por referencias la conquista del Perú sin que falten efigies de los miembros más destacados del clan, motivos artísticos más que suficientes para hacer lograr al edificio ser declarado Bien de Interés Cultural el 27 de noviembre de 1.987.


sábado, 25 de mayo de 2019

Imagen del mes: Puentes Nuevo y de San Lázaro, en Plasencia


Abrazada, regada y defendida por el río Jerte en su flanco meridional la ciudad que fuera construida "para agradar a Dios y a los hombres", se despedía Plasencia del medievo y Edad histórica que la vio nacer con tres puentes, hasta finales del siglo XX únicos en la localidad, que uniesen el centro urbano con el margen izquierdo de la urbe, constando supuestamente como más antiguo y bautizado como de Trujillo el que fuese sin embargo a lo largo de los siglos el más reformado, conservando sin embargo su sabor medieval los de San Lázaro y Nuevo, cuyas definitivas obras pétreas serían selladas bajo un estilo gótico que firmaría, en el segundo ejemplo, el polifacético artista centroeuropeo afincado en Castilla Rodrigo Alemán.
Plasencia (Cáceres). Siglos XIV-XVI (erigido el de San Lázaro en el siglo XIV, reconstruido en 1.538 tras la riada sufrida por la ciudad en 1.498; edificado el Nuevo entre 1.500 y 1.512); estilo gótico.


Arriba y abajo: vista aguas arriba (arriba) y aguas abajo (abajo) de los dos primeros de los siete arcos, más aliviadero, de que consta el puente Nuevo placentino, viaducto en doble pendiente o perfil alomado, sustentado sobre bóvedas de naturaleza rebajada, bajo cuyo primer par a contar desde la orilla derecha corren las aguas del Jerte que discurren por el canal que da ser al espacio conocido como la Isla, terreno que pudo haber dado nombre primitivo a la obra, bautizada sin embargo por los vecinos como Nueva por ser de fábrica novedosa y distinta a la del monumento al que sustituyó, nombrado como de Pascual clérigo al ser éste su mecenas, arruinado y sobre el que se arreglaría un paso de madera derribado durante la riada que asoló el enclave en 1.498.



Arriba y abajo: tras superar el tercer arco (arriba), a contar desde la orilla derecha del río Jerte, alcanzamos el cuarto ojo y bóveda de mayor envergadura de la obra (abajo), punto de inflexión de la doble vertiente que marca la calzada del inmueble, sustentada su contigua mitad por tres arcos más al que habría que sumar en el estribo izquierdo una última cuarta bóveda cercana al punto de llegada de la plataforma a la orilla, a camino entre el ojo y el aliviadero (abajo, siguientes).





Abajo: consta el Puente Nuevo placentino de tajamares tanto aguas arriba como corriente abajo, diseñados sobre planta triangular rematados en sombrerete de índole piramidal, ubicados junto al primero de los arcos, en el estribo derecho, así como en los consiguientes pilares hasta la pilastra sita entre las bóvedas quinta y sexta, carente de tajamar el pilar contiguo y sustentante de los arcos sexto y séptimo, así como el estribo izquierdo en ninguna de sus caras, entendible ante el menor caudal de paso por los arcos más cercanos a la orilla oriental, reforzados contrariamente los tajamares de los pilares tercero, cuarto y quinto en su base, siendo éstos los que mayor corriente han de soportar.



Arriba y abajo: convertido en elemento identificativo del monumento placentino, corona el Puente Nuevo de Plasencia, erigido sobre la clave del arco central y petril septentrional del inmueble, un templete fabricado, como el resto de la construcción de sillería, en piedra granítica, diseñado entre sendos estribos rematados por pináculos de gusto gótico (arriba), encerrado entre ambas piezas verticales epígrafe, escudo y hornacina, blasón de los Reyes Católicos sostenido por el Águila de San Juan sobre el que  se expone la talla pétrea y policromada de la Virgen de la Cabeza (abajo), esculpida al parecer por el mismo autor de la obra de ingeniería, Rodrigo Duque Alemán, escultor igualmente de la sillería del coro de la catedral, magna obra para la que al parecer, recomendado por Enrique Egas, fue llamado a la ciudad, donde se pierden los datos biográficos del maestro de presunto origen centroeuropeo.



Arriba: protegida por un artístico enrejado usado en la actualidad como sostén de los cerrojos de los enamorados placentinos, una menuda escultura de la Virgen de la Cabeza, honrada históricamente de continuo por la ciudadanía de Plasencia, en especial por sus vecinos de etnia gitana, se presenta como protectora de los viandantes desde una hornacina bordeada por arco gótico mixtilíneo, rematado por pináculo y cogollos vegetales, reubicada en 1.987 en su enclave original tras ser el templete del puente derribado por un camión cuando el mismo era utilizado como pasarela útil para el tráfico rodado, ya anteriormente restaurado en 1.89 y quedando constancia escrita de la rehabilitación en la misma construcción bajo doble escudo de la ciudad, costeada la restauración de tal elemento ornamental por el entonces chantre o maestro cantor de la catedral D. José Benavides Checa, primer hijo adoptivo de Plasencia por su contribución al estudio y cultura de la ciudad.


Arriba y abajo: ubicado en su enclave al parecer en 1.507, cuando las obras del puente superaban el cenit de su dilatada construcción, el templete del viaducto placentino terminó sirviendo no sólo como base tanto de blasón real como de hornacina mariana, sino inclusive como sostén de su misma lauda epigráfica (arriba), tallada en letras góticas que nos hablan brevemente de la historia de uno de los monumentos de edificación más polémica de la localidad, cuya  controversia nacería cuando el concejo, ante su falta de solvencia económica, pensase en la erección de un nuevo viaducto de recia fábrica derrivado el paso de madera bajo un costeo conjunto entre el Ayuntamiento de Plasencia, apoyado por los de las localidades contiguas así como por el Cabildo de la ciudad, aceptando los primeros y pagando la cantidad en maravedíes asignada a los dieciséis pueblos de la tierra placentina, hasta alcanzar entre Tornavacas, Garganta la Olla, Valverde de la Vera, Pasarón, Jarandilla, Belvís, Almaraz, Serrejón, Deleitosa, Jaraicejo, Torrejón, Grimaldo, Talaván, Monroy, Corchuelas y Torremenga un millón de maravedíes, mientras que el Cabildo, aún con la aprobación episcopal, se negase a hacerlo, abriéndose un pleito entre concejos y clero que llevaría a intervenir a los propios monarcas, siendo los Reyes Católicos los que lograsen el pago eclesiástico y con él tanto el final del conflicto, a través de real cédula de 1.505 firmada por D. Fernando, fallecida un año antes la católica monarca, como el remate de la obra en 1.512, siendo el escudo real ubicado nuevamente sobre el petril meridional (abajo), frente al templete que ya acogiese el mismo, mirando esta vez no a los viandantes sino las aguas que del río van corriendo tras pasar por la obra sellada con la inscripción "Esta noble cibdad de Plasencia mando hacer esta puente de la Ysla reynando el rey don Hernando e la reyna doña Ysabel ntos señores y comensose en el año del Señor de mil e quinientos e acabose nel de quinientos e dose e fue maestro della Maestre Rodrigo Aleman".



Arriba: si bien se considera el Puente de Trujillo como el más antiguo de la ciudad, construido en madera supuestamente sobre restos de una primitiva fábrica romana, sería levantado en piedra ya en el siglo XVI por Hernando de Trejo bajo directrices del afamado arquitecto Juan de Álava, sustituido por la edificación que conocemos en la actualidad en el siglo XIX, constante transformación que ha permitido ser reconocido el Puente de San Lázaro como el viaducto placentino de fábrica más añeja, último de los que baña el río Jerte a su paso por la localidad, edificado al parecer en el siglo XIV, constatado en 1.428 y rehabilitado en 1.538 tras ser víctima de la riada que asoló la zona en 1.498.


Arriba y abajo: edificado sobre sillares graníticos, sillarejo cercano a la mampostería, y lajas de pizarra que se asemejan a cocidos ladrillos de diseño mudéjar, son estas últimas las utilizadas en la construcción de las seis bóvedas subsistentes de los siete ojos rebajados de que constaría la obra original, engullido el más cercano al margen derecho de la ribera (arriba), consolidada la pasarela en doble vertiente (abajo) a la que alcanzan los tajamares de planta triangular que protegen la obra aguas arribas unidos a los cinco pilares a la vista, reforzados del segundo al cuarto aguas abajo con tajamares semicirculares que no se multiplican sin embargo hasta alcanzar la orilla occidental, donde espera al viandante, reconstruido el petril sobre el arco último y estribo donde antes hubo pasarela metálica pensada para un mejor acceso al tráfico rodado al monumento, la Ermita de San Lázaro y la barriada a la que el templo, como al puente, da nombre, enclave depauperado y conflictivo de Plasencia cuya denigración alcanza el monumento medieval, impidiendo el pleno disfrute de esta centenaria obra histórico-artística.


martes, 30 de abril de 2019

Imagen del mes: Portada gótico-plateresca de la Parroquia de San Bartolomé, en Feria


Centrada por un relieve protagonizado por el santo titular del templo, posiblemente rescatado de un sacro edificio anterior, se abre en el muro del evangelio de la parroquia corita una portada diseñada en comunión  entre el gótico más tardío con el plateresco precursor del Renacimiento hispano, donde entre pináculos y pilastras corona el arco escarzano de acceso un San Bartolomé ante el que se rinden variados seres fantásticos a camino entre la imaginería medieval y la mitología clásica, en clara alusión al triunfo de la palabra de Cristo sobre lo terrenal, del que el Apóstol patrón de Feria sería excepcional referencia.
Feria (Badajoz). Siglos XV-XVI; estilo gótico-plateresco.
 

Arriba y abajo: basada en un arco escarzano bordeado, junto a las jambas del portal, de una ancha cenefa labrada y limitada entre dos arquivoltas (abajo), corona la puerta de entrada del lado del evangelio del templo mayor de la pacense localidad de Feria una ventana de arco conopial y similar doble arquivolta en cuyo vano sería ubicada, convirtiéndola en una pseudo-hornacina, una pieza pétrea donde figura tallado el santo bajo cuya advocación se presenta el templo (arriba), de tosco labrado pero dotado de su simbología más tradicional, ataviado con su propia piel y portando en su mano derecha el cuchillo de su degollación y martirio, asido en su zurda el libro de las escrituras sagradas bajo las que predicaba, venciendo a una diablesa dragoniana que cae encadenada a sus pies, representación del derrotado demonio Astaroth según narraría la medieval Leyenda Dorada, sacra recopilación hagiográfica donde quedaría recogida la vida y obra del Apóstol por el obispo genovés Santiago de la Vorágine.



Arriba y abajo: protagonista de la clave del arco de entrada (arriba), un San Bartolomé, en torso y portando cuchillo y sacro libro, se erige como única figura religiosa de entre todas las que pueblan la banda ornamentada que bordea la portada gótico-plateresca, combinación pareada y paralela entre ambas mitades de la puerta de elementos (abajo), compuesta por figuras vegetales y seres de carne y hueso enlazados entre sí, donde a las aves le siguen los dragones, bajando de los cielos a lo terrenal representado por leones y centauros, rematando la serie una doble pareja de figuras humanizadas, quizás hombre y mujer, según algunos autores signos zodiacales o, adivinándose ciertas alas en el dúo derecho, seres alados o ángeles caídos de díficil interpretación dada su conservación erosionada, que en suma a sus previos compañeros podrían hacer referencia resumida a una creación poblada de seres tanto reales como imaginarios sometidos a la palabra de Cristo, doctrina que el propio Apóstol Natanael se dedicaría constantemente a predicar tras la Resurreción del Mesías al que siguió hasta su propio martirio.







Abajo: vista detallada de las flores ubicadas juntos a los también ornamentados capiteles de las arquivoltas, así como de la pareja de centauros que se descubren en el friso que circunda la portada parroquial, más erosionados éstos que las primeras al estar a más baja altura y cercanos al paso de los transeúntes, provisto el izquierdo de arco y flecha, con lanza y escudo su compañero a la diestra, guerreros por tanto rescatados de una mitología clásica retomada artísticamente en los inicios de la Edad Moderna, descubriéndose entre el ornamento de un plateresco prerrenacentista que casa sabiamente con un recargado gótico final, bien vista la aparición de tales elementos de raíz grecorromana no sólo como alusión al pasado del que se deriva, sino como cultura sometida a las directrices del Catolicismo reinante.





Abajo: frente a la plateresca cenefa que orla la puerta de acceso en sí, dos pilastras a modo de enmarcación del total granítico que a base de sillares componen la portada del evangelio, permanecen rematadas por pináculos al más puro estilo gótico, aún reinante en la época de inicio de construcción de la iglesia parroquial corita, entre finales del siglo XV y comienzos del siglo XVI.



Arriba y abajo: vista general del lado del evangelio de la Parroquia de San Bartolomé de Feria (arriba), donde se abre su ejemplar portada gótico-plateresca, monumento sobresaliente dentro del casco urbano de la localidad, declarada Conjunto Histórico por BOE de 12 de mayo de 1.970, tal y como se puede comprobar desde el Castillo de los Duques de Feria (abajo), corona de la población y edificio principal del municipio corita.


domingo, 31 de marzo de 2019

Imagen del mes: Falo de la muralla romana de Mérida


Rescatado posiblemente de algún edificio donde se quiso ubicar como amuleto protector del lugar para el que fuese labrado, se conserva entre los sillares de refuerzo con que se forró la muralla original emeritense ante las invasiones bárbaras peninsulares un falo esculpido toscamente sobre la roca granítica, representación más cercana a lo apotropaico que al erotismo o la grosería que, pese a estar colocada boca abajo, no se ocultó de la visión pública, quizás como supervivencia de una superstición pagana que lo salvaría ante la explosión del cristianismo de la destrucción y el olvido, recobrándose en una función benefactora a escasos metros de una de las principales puertas del cerco, paso abierto encaminado hacia el Foro Provincial de la ciudad.
Mérida (Badajoz). Labrado posiblemente entre los siglos I a.C. y IV d.C., reutilizado en el reforzamiento ejecutado en el siglo V sobre la muralla augústea primitiva; estilo romano.


Arriba: esculpido habitualmente en horizontal, con ejemplos igualmente conocidos en diagonal con el glande apuntando hacia la zona superior del soporte sobre el que eran labrados, los falos protectores presentes en las urbes, casas y edificaciones romanas se representaban así en modo erecto, en clara alusión tanto a la varonil deidad de la fertilidad del que procedían, un siempre sexualmente excitado dios Príapo, como a la idea de fecundidad y prosperidad anexa de la que a su vez procedía el mito divino, conservados múltiples ejemplares a lo largo y ancho de lo que fuese el mundo romano sin que en Mérida faltasen éstos, observados tanto en el puente sobre el río Guadiana como en la arquería del acueducto de los Milagros, destacando en la muralla el que junto a la puerta que conducía al Foro Provincial desde la vega del Anas fuese allí colocado durante el reforzamiento del cercado de la ciudad, curiosamente mirando el glande hacia abajo, con los testículos marcados en su parte superior, dispuesto en una posición poco habitual seguramente por ser este sillar rescatado de alguna otra edificación previa donde luciría apaisadamente en su función apotropaica, hasta la tardía reutilización de la piedra que tomaría valor como pieza defensiva en sí, semiolvidado el valor mágico de la escultórica representación en relieve del pene protector que lucía la misma.


Arriba y abajo: ideado según algunos autores inicialmente más como símbolo de poder que bajo un fin defensivo en sí, el primitivo sistema amurallado emeritense, iniciado en época de Augusto nada más ser fundada la ciudad en el año 25 a.C. y coincidente con un periodo de paz que haría innecesario un cerco protector, constaba básicamente de un muro de sillarejo rematado en esquinas de torres y puertas con sillares graníticos, que ante la llegada en el siglo V de los pueblos bárbaros a la península Ibérica hubo de ser reforzado con una cortina de bloques pétreos que engrosasen el lienzo y multiplicasen el valor defensivo del sistema en sí, siendo a tal fin reutilizadas piezas rescatadas de edificaciones previas entre las que se encontraría el sillar base del falo protector, así como restos de fustes y otros elementos claramente diseñados en un principio para otro fin y destino urbano, redescubiertos en el tramo de muralla que cercaba el  flanco de poniente de la antigua colonia abierto sobre la ribera del Anas, actual yacimiento de Morería en el bautizado como Paseo de Roma de la capital extremeña.




Arriba y abajo: aunque no tan primordial ni monumental como las puertas abiertas en los extremos del Cardo y Decumanus Maximus de la colonia, una de las portadas principales de la ciudad (arriba) se abría desde el margen derecho del río Anas y a la izquerda de la conocida como Puerta del Puente en paralelo al decumano mayor hacia el segundo foro o Foro Provincial de la ciudad, defendida por un torreón que vigilaba el acceso a partir de la reforma del sistema amurallado ejecutado en el siglo IV, reforzado con una cortina de sillares un siglo después, engrosamiento que haría perder a la torre su adelantamiento respecto de la muralla original (abajo), claramente distinguible el cinturón primitivo del resultado final en base a la distinta fábrica de sendas obras, en sillarejo la inicial y a base de grandes sillares graníticos la más tardía (abajo, siguiente), donde quedaría incluida la pieza ornamentada con falo potector, que de tal manera pasaría a formar parte de la emeritense muralla romana.



 
Arriba y abajo: pese a un presumible más simbólico que práctico origen del sistema de amurallamiento de la colonia, no dejaría de contar la ciudad de Mérida desde su origen y hasta la definitiva reconquista en el siglo XIII de la localidad con un cinturón defensivo que, como el resto de la urbe, sufriría los constantes avatares históricos que se desarrollarían en el municipio, viéndose la misma afectada, en pro o en contra, por múltiples etapas cronológicas escritas sobre un inicial entramado levantado en edad augústea, reorganizado en el siglo IV durante el Bajo Imperio, así como fortalecido con un paño de sillares un siglo después, semidestruida parte de su estructura como castigo por su desacato ante el emir cordobés Abderramán II, reedificado el cerco por los andalusíes entre los siglos XI y XII, restando sin embargo y a diferencia de otras muchas poblaciones históricamente cercadas no muy cuantiosos metros de unas defensas que llegarían a rozar los 4 kilómetros de longitud, rescatados diversos tramos y retazos en base a los constantes descubrimientos y excavaciones que se dan continuamente por la ciudad, destacando por su antigüedad el flanco primitivo visitable en el Conjunto Arqueológico de Morerías (arriba), donde se recobraron algunos de los portillos que, mirando al río y de manera secundaria, permitían múltiples accesos a la urbe, facilitando el deambular sin necesidad de tener que dirigirse a las portadas principales de la ciudad, que quedarían así a salvo del colapso del tráfico (abajo), mientras que por su integridad se podría subrayar la torre albarrana musulmana y lienzo anexo que, entre las calles de Almendralejo y del Arzobispo Mausona, sobrevive en pie y prácticamente altura original desde el siglo XI, para cuya edificación se reutilizarían, como a lo largo de toda la historia emeritense, sillares romanos rescatados de infinidad de rincones de la ciudad (abajo, siguientes), creciendo así constantemente la ciudad tanto histórica como urbanísticamente sobre sí misma.





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