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domingo, 4 de septiembre de 2011

Tesoros del camino: figura antropomorfa de Los Barruecos


Arriba: conjugada con el entorno, en una simbiosis entre el arte que nos brinda la naturaleza y el arte creado por el hombre, una figura antropomorfa destaca entre una serie de grabados rupestres creados por los primeros habitantes que hicieron de Los Barruecos su hogar, y que quisieron dejar constancia inmortal de su presencia con una figura entre berrocales, similar a la que fuera su presencia en este bello paraje.

Que la evolución del ser humano sigue en proceso continuo e imparable, es algo incuestionable, anejo a la naturaleza de nuestra especie cuyos orígenes, lentamente y hace más de seis millones de años, comenzaron una carrera evolutiva con los primeros homínidos hasta la llegada del actual Homo sapiens sapiens, especie a la que pertenecemos. Una carrera donde la genética, el entorno natural y la lucha por la supervivencia, entre los motivos fundamentales, supieron sabiamente combinarse dando lugar al único animal plenamente inteligente que ha sobrevivido hasta nuestros días. Un animal que, a diferencia del resto de seres vivos que pueblan el planeta Tierra, ha logrado visualizar su entorno de manera global, ha intentado entenderlo y comprenderlo buscando respuestas a las preguntas que sobre el mismo le surgían, siendo consciente de su presencia como ser sumergido en medio de la naturaleza de la que procedía, y de las posibilidades que tenía de poder surtirse de ella, beneficiarse, e incluso adueñarse de la misma hasta límites casi insospechables.

En su evolución natural, y en el desarrollo de su mentalidad y aprendizaje continuo, el ser humano moderno u Homo sapiens sapiens logra alcanzar hace unos 40.000 años y en la fase final del Paleolítico, o Paleolítico Superior, una de las mayores cumbres de su hominización. Si ya el lenguaje le había convertido en un ser sumamente especial, comenzaba ahora a desarrollar otra característica que acentuaba ese camino en solitario sobre el que partía dejando atrás al resto de especies del reino animal, y con la que mostraba no sólo su capacidad de visión del mundo que le rodea, sino también la visión de sí mismo en el entorno, e incluso una visión superior a la realidad a través de sus sueños e inquietudes. Comienzan las representaciones artísticas o, sencillamente, el arte.


Arriba: detalle del conocido como Antropomorfo de Los Barruecos, sencillo grabado rupestre esquemático que parte de la unión de diversas cazoletas unidas con acertados surcos, dando forma y vida a una de las más antiguas representaciones del ser humano en Extremadura.

El paraje natural de Los Barruecos, actualmente en el término municipal de Malpartida de Cáceres,  manifiesta una riqueza natural que le ha permitido ser declarado Monumento Natural y espacio protegido por la Junta de Extremadura desde 1.996. Riqueza natural que ya supieron apreciar los primeros pobladores de estas tierras, haciendo así de ellas su hogar durante varios siglos y diversas etapas históricas. Una continua presencia acuífera, suelos fértiles e innumerables cobijos naturales permitieron al hombre del Neolítico decantarse por terminar con su nomadismo sedentándose en estas tierras, cuyos frutos le permitieron prolongar sus estirpes durante el Calcolítico y la Edad de Bronce.

El ser humano ya comenzaba a adiestrar su entorno, lograba cambiar el paisaje con sus cosechas, y convertía a los animales bajo la domesticación. Empezaba a conocer las propiedades de cada elemento que encontraba en su camino, y conseguía incluso mezclarlos para dar lugar a otros que le sirvieran de mayor ayuda en su día a día. En definitiva, domesticaba la naturaleza de la que había surgido y era consciente de ello, consciente de su fortaleza y de su inteligencia, pero también de su fragilidad ante las adversidades del entorno y fundamentalmente ante el paso del tiempo. Por eso, el habitante de Los Barruecos decide quedar su presencia pasajera marcada en el entorno que le vio nacer. Con apenas unas cazoletas o concavidades talladas en la roca, y unos surcos que las unieran, crea el conocido como Antropomorfo de Los Barruecos, una figura esquemática englobada en esta corriente de arte rupestre que por la misma época dejaba ejemplos pictóricos en la Cueva del Castillo (Monfragüe), o en el Abrigo del Risco de San Blas (Alburquerque). Una primera muestra artística de la figura humana en nuestra tierra, creada por un ser humano que quiso dejar su huella en la misma como muestra de su paso por esta vida, y dando como resultado un pequeño tesoro histórico-artístico para nuestro patrimonio, pero también, y para aquel viajero que pasee de nuevo por los bellos parajes de Los Barruecos, todo un tesoro en su camino.


Arriba: junto a la archiconocida como Peña de la Seta, berrueco enclavado relativamente cerca de los aparcamientos occidentales del Barrueco de Abajo, el hombre calcolítico quiso dejar su impronta artística al lado del monumento que la naturaleza allí mismo había creado, grabando diversas cazoletas de las que surgió el Antropomorfo de Los Barruecos, en la cavidad natural que junto a la piedra seta aparece y que podemos ver en el sombreado izquierdo de la imagen, aguardando al lector y al caminante.

jueves, 10 de febrero de 2011

Dolmen de Magacela


Levantado sobre una llanura que arranca a los pies de la falda oriental de la sierra de Magacela, el dolmen del mismo nombre se yergue en calma, haciendo honor a la comarca donde se asienta. La población, al abrigo de su castillo, observa desde lo alto el monumento, mientras que éste, a una prudente distancia, mira al pueblo al que pertenece, aun siendo mayor que él y haber conocido su nacimiento y expansión desde tiempos remotos.

El dolmen de Magacela responde a los cánones del megalitismo, sistema de construcción a base de grandes piedras o megalitos que se dio básicamente en la época neolítica, alargándose en el tiempo hacia otras etapas postpaleolíticas posteriores. Originario de las culturas de la  Europa atlántica, su expansión física se fue orientando hacia el Mediterráneo, expansión que se refleja en nuestra región. Así, el oeste de Extremadura nos aguarda con grandes concentraciones de dólmenes, en lo que hoy se denomina la Raya. Según nos dirigimos hacia el Este, el número de estas edificaciones va disminuyendo, aunque no así su calidad y grandeza, como nos muestra el edifico que aún se conserva en plena tierra de la Serena.


Arriba: vista posterior del domen de Magacela, de espaldas a la población.

Las construcciones englobadas dentro del megalitismo europeo atlántico se dividen básicamente entre menhires y dólmenes, pudiendo subdividirse a su vez estos últimos en dos grupos, según si cuentan o no con corredor de entrada al mismo. El dolmen, edificado a base de grandes ortostatos que forman sus paredes, contaría con una gran losa sujetada por los mismos y que cerraría su cúpula interior. El corredor o pasillo contaría a su vez con una estructura parecida, pero habitualmente de altura más baja que la de la cámara a la que daba acceso. En el caso del dolmen de Magacela, tanto la losa como la masa de tierra y piedras que arropaban la construcción han desaparecido, corriendo la misma suerte el corredor de más de nueve metros de longitud que le precedía. Se conservan por el contrario e íntegramente once de los doce ortostatos graníticos que cerraban los cinco metros de diámetro de la cámara mortuoria, con restos quebrados del duodécimo, opuesto a la entrada.



Arriba: aspecto del interior del dolmen, visto desde la puerta de entrada al mismo.

La altura media de los ortostatos supera el 1,75 metros de altura, siendo los dos monolitos que forman la entrada de mayores dimensiones, alcanzando éstos los 2 metros. Con una ligera inclinación hacia el interior, las moles de piedra  presentan en su cara interna o anverso una superficie trabajada, más irregular sin embargo en la cara exterior. Pero lo más característico que podemos encontrar en el interior de la cámara son, sin duda, los grabados rupestres que hay registrados en la cara interna de cinco de estos ortostatos, siendo los más llamativos y de más clara visión los labrados en el monolito número cinco, orden dado si contamos los mismos desde la entrada y continuando hacia nuestra izquierda. Compuesto el grabado por diversas figuras asimiladas a un sol, una figura ramiforme, y varias cazoletas, la función que se ha creído ver en el mismo engarzaría con la que se presupone básica del monumento: enlace con el mundo de ultratumba. A su vez, la orientación de la entrada de la construcción hacia el Este, y la aparición de simbología planetaria, nos acerca hacia una ideología astral. Gracias al mismo podemos conseguir dos objetivos importantes. El primero sería datar el sepulcro en la época calcolítica, en torno al III ó II milenio a.C. El segundo, disfrutar del arte que nos legaron aquéllos que tuvieron el privilegio de disfrutar de nuestra región siglos atrás, como muestra del que fue su presente y recuerdo de nuestro pasado y nuestros orígenes más remotos.



Arriba: cara interna del ortostato que registra el grabado más relevante de los hallados en el dolmen de Magacela.

Cómo llegar:

El pueblo de Magacela, enclave histórico de la comarca pacense de la Serena, se comunica a través de la carretera EX-348 con la localidad de La Coronada, que a su vez está conectada a través de la vía EX-140 con Villanueva de la Serena. Entrando en la población desde este enlace, dejando a nuestra derecha el castillo y el centro histórico de Magacela, y antes de llegar a la barriada del Berrocal,  veremos a nuestra izquierda el dolmen sobre la llanura conocida como "los Tejares", muy cercano al cruce de esta carretera con la que lleva al viajero a la ermita de la Virgen de los Remedios. Si nos adentramos por mencionado camino izquierdo, podremos aparcar muy fácilmente más adelante, junto a un merendero ubicado frente al monumento, bien visible y señalizado.



Arriba y abajo: detalles del relieve labrado sobre el ortostado mostrado en la imagen anterior a ésta, donde se aprecia, en el primero y a la derecha del mismo, una figura ramiforme, con varias cazoletas bajo ella, mientras que en la segunda imagen observamos un sol, con varios rayos de luz saliendo del mismo.


martes, 4 de enero de 2011

Grabados rupestres de Los Barruecos


A apenas 14 kilómetros de la ciudad de Cáceres, y dentro del término municipal de Malpartida de Cáceres, se encuentra el que en 1996 fue declarado por la Junta de Extremadura Monumento Natural de Los Barruecos, un amplio paraje natural donde el agua, la geología, la flora e incluso la fauna se combinan, dando como resultado un paisaje inigualable donde descubrir, junto al frescor de sus charcas, un conjunto único de bolos graníticos, entremezclados sabiamente por la naturaleza en un laberinto donde perderse libremente para disfrutar de lo natural.
Si bien el visitante actual se sorprende y maravilla al llegar al lugar, no es de extrañar que el hombre de antaño, y desde tiempos remotos, decidiese hacer del mismo su hogar, dejándonos su huella arqueológica para enriquecer aún más esta joya. Así, entre berrocales, encontramos vestigios que van desde épocas postpaleolíticas, hasta fábricas contemporáneas, incluida una destacada colección de tumbas antropomorfas tardorromanas, que comentaremos en su momento.
Uno de los vestigios más antiguos, y que conformarían junto a diversas pinturas rupestres uno de los núcleos de arte rupestre postpaleolítico más importantes de Extremadura, son los grabados  rupestres, también conocidos como "cazoletas". Datados entre el Calcolítico y la Edad del Bronce, se trata principalmente de incisiones en la roca granítica, habitualmente a los pies de un bolo granítico, bien comprendidas por cavidades cóncavas sueltas (cazoletas), o bien unidas entre sí por surcos. Al parecer, según diversas opiniones y a la vista de hallarse restos ferruginosos en el interior de algunos de los huecos, podría tratarse de concavidades utilizadas para la metalurgia.


Arriba y abajo: imágenes generales de una de las rocas graníticas que mayor número de grabados guarda.


Aunque los grabados están ubicados a lo largo de todo el Monumento Natural, muchos de ellos son de difícil localización y visualización. Sin embargo existe una excepción, que es la que desde aquí quiero recomendar al lector y caminante, mostrada en estas imágenes. Concretamente se puede hallar con facilidad una roca granítica abundantemente grabada cerca del Barrueco de Abajo, en un conjunto berrocal separado del principal (Peñas del Tesoro), pero unido a una zona de aparcamientos habilitada para el visitante.


Arriba: detalle del panel mostrado en las imágenes superiores, donde se observan las cazoletas, los surcos, y los restos ferruginosos en una de las concavidades.

Cómo llegar:
Para llegar a esta zona debe seguirse el camino principal de acceso al Monumento desde el pueblo. Una vez llegados al cruce donde se localizan el Museo Vostell y el Centro de Interpretación, seguiremos adelante sin tomar ninguno de los dos desvíos, cuidándonos en adelante del ganado que puede pastar suelto junto a la vía. El mismo camino se curva hacia la izquierda, bordeando el Monumento, descubriendo no muy lejos una entrada a nuestra izquierda, preparada para poder acceder con el vehículo. Aquí, un camino nos lleva en línea recta y mirando hacia la charca, hasta un aparcamiento ubicado a la derecha y final del mismo. Justo en una esquina de éste, veremos un conjunto granítico, con varios bolos que la erosión ha decorado a base de taffoni (imagen inferior). Allí, en la roca granítica que sustenta una de estas gran moles de piedra, nos aguardan los grabados, cantándonos en su silencio la aventura de sus numerosos siglos de historia.



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