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jueves, 1 de agosto de 2019

Imagen del mes: Mosaicos de la villa romana de El Hinojal o de Las Tiendas, en las cercanías de Mérida


Aunque conocida de antaño la abundancia de restos arqueológicos por la zona, no sería hasta la década de los años 70 del pasado siglo cuando, a raíz de la aparición de un mosaico durante las labores de labrado de la tierra, se verificase la presencia de una villa de época bajoimperial inmediata a uno de los ramales de la vía de unión de Emérita Augusta con Olisipo dentro de la finca de Las Tiendas, descubriéndose diversas dependencias de lo que fuese la casa señorial de la explotación agropecuaria cuyos vestigios demostraban la rica ornamentación con que se dotaría la misma, despuntando la colección de obras musivas supervivientes al paso de los tiempos y centrando aún muchas de las estancias y rincones del antiguo inmueble en un total de siete ejemplares, destrozado por el arado el primero en conocerse, sorprendiendo por su calidad artística sus hermanos de vivienda y taller de origen emeritense del que salieron, salvados del yacimiento y expuestos cinco de ellos tras su restauración en el Museo Nacional de Arte Romano de Mérida, colgado un sexto ejemplar de los muros del Museo Arqueológico Provincial de Badajoz, donde las escenas cinegéticas se combinan con las mitológicas, sin que falten juegos geométricos de delicada y fabulosa composición.
Mérida (Badajoz); enclavada la villa sobre el cerro de El Hinojal, en el lugar de Las Tiendas y proximidades del río Lácara, hoy incluida en la zona de influencia del embalse de Los Canchales, edificado sobre tal cauce fluvial en 1.991 entre los términos de Mérida y Montijo. Siglo IV d.C.; estilo romano.


Arriba y abajo: llamando la atención entre los tesoros custodiados y expuestos en el Museo Nacional de Arte Romano de Mérida por sus grandes dimensiones (arriba), destacaría entre los mosaicos decubiertos en la villa de Las Tiendas el que fuese bautizado como de "La caza del jabalí", por ser esta temática venatoria la que centre la composición pictórica, si bien la obra musiva, de 10,80 metros de longitud y 8,50 metros de anchura, se compone básicamente de un elaborado tapiz donde se entremezclan magistralmente múltiples figuras geométricas, divididas en dos secciones que a su vez diferenciarían los dos espacios en que se articularía la dependencia de la casa para la que fuese la obra destinada, posible tablinum opuesto al vestíbulo de la villa respaldado tanto por la extensión de la sala como por el lujo ornamental con que se dotó, figurando en el tercio superior y más alejado de lo que fuese la entrada una sección rectangular donde el entramado geométrico presenta paralelas alineaciones horizontales y verticales donde se alternan rombos con cuadrados (abajo), rellenos éstos a su vez de diseños variados (abajo, siguiente).




Arriba y abajo: de 3,26 metros de longitud y 3,14 metros de anchura, el cuadro central del "Mosaico de la  caza del jabalí" difiere compositivamente por completo del resto de la obra musiva, de marcado carácter geométrico, ofreciendo mencionado espacio pictórico una escena cinegética interior circundada por una amplia cenefa donde estre roleos y ornamentación vegetal aparecen representadas las cuatro estaciones (arriba), visualizadas éstas como alegorías femeninas dibujadas en torso y tocadas con los atributos característicos de cada temporada, acompañadas del nombre latino que hace referencia a cada una de ellas (abajo): VIRANVS, primavera tocada con flores, HESTAS, verano tocada con espigas, AVTUMNVS, otoño tocada con racimos de uvas, e HIBERNVS, invierno tocada con hojas.






Arriba: apreciándose una añeja restauración que ya intentase reparar la obra musiva cuando aún la misma estaba en uso, quedando desvirtuados tanto el tronco como el brazo izquierdo y mentón de la figura del cazador que protagoniza la escena cinegética, el sabor venatorio del cuadro central del mosaico que cubriese el espacio del tablinum, representada la cacería de un jabalí, enlazaría seguramente con la pasión por la caza del domus o señor de la explotación, teoría apoyada por la presencia de una nueva representación cinegética en otra de las habitaciones de la casa, dibujada en ésta una montería acaecida en medio de una zona paisajística sintetizada en base a unas hierbas y matojos que crecen en primer plano, así como un erguido árbol tras fiera y cazador, donde un jabalí es alcanzado por la lanza del montero cayendo la sangre de la bestia herida de muerte en su pecho y sobre las elevadas patas delanteras, alzadas con la intención de embestir contra el contrario generando dinamismo a la escena.

Abajo: enmarcados por el mismo trenzado que circunda tanto el total de la composición como el rectángulo superior inscrito en la misma, así como el cuadro central protagonizado por la escena cinegética y su correspondiente cenefa en derredor, son nuevamente múltiples rombos y los correspondientes cuadrados nacidos de cada uno de los laterales de éstos los que llenan el espacio musivo restante, en una amalgama geométrica a primera vista desordenada pero verdaderamente calculada y organizada, donde además de la sabiduría creadora derrochada a la hora de rellenar la extensión, destacada la imaginación y conocimientos dispuestos en pro de completar el interior de las figuras dispuestas.




Abajo: ubicado en el ala oriental y dispuesto como pavimento de un posible vestíbulo que diese acceso a uno de los dos presuntos espacios termales con que contase la vivienda señorial, un mosaico de 4,65 metros de longitud y 2,42 metros de anchura, perdido el extremo derecho de la composición, ofrece nuevamente una escena venatoria de índole más exótico que la protagonizada por la montería de un jabalí, al representarse la caza a caballo de una pantera, alcanzando el cazador la pieza con una lanza mientras se mantiene protegido por un escudo de la ferocidad del animal, inscritos ambos en un paisaje sintetizado una vez más en base a un par de árboles ubicados en sendos laterales de la representación, así como unas hierbas que crecen en el primer plano de la composición, enmarcado el conjunto por una cenefa donde queda inscrita una sencilla y esquematizada decoración vegetal a base de hiedra, bordeada a su vez de un trenzado que enmarca igualmente el dibujo musivo desarrollado a la derecha de la cinegética pintura, composición geométrica donde enlazan dos círculos a través de un cuadrado, adivinándose diversos motivos vegetales, así como jarrones del tipo kántharo y veneras, en los espacios resultantes entre las líneas de marcaje.




Abajo: con acceso desde el habitáculo pavimentado con el mosaico protagonizado por la caza de una pantera, una nueva creación ejecutada bajo esta técnica se suma a la colección de arte musivo descubierta en la villa romana de Las Tiendas cubriendo una de las estancias que conforman el supuesto espacio termal inscrito en el ángulo nororiental de la residencia señorial de la explotación, de 3,70 metros de longitud y 3,25 metros de anchura, destacando entre los malogrados vestigios del mismo, perdida más de la mitad del trabajo y sometido a una añeja pero desafortunada restauración parte de la obra conservada, la figura de una semidesnuda nereida cabalgando sobre el lomo de un hipocampo, apreciándose partes de la cabeza equina del híbrido monstruo mitológico, así como su cola de pez, en clara referencia al carácter termal del habitáculo respaldado por la aparición de sendos pares de sandalias dibujadas en el umbral del enclave, siguiendo la costumbre de marcar el uso de calzado en la sala ante la alta temperatura cogida por el suelo calentado por el hipocausto que bajo él se ubicaba, completada la composición pictórica con una serie de trenzados, cenefas y composiciones geométricas entre las que destacaría la orla que delimita el total, alimentada por cruces de Malta y esvásticas o gamadas.




Abajo: descubierta la vivienda residencial de la villa a través del resurgir de uno de sus mosaicos durante las tareas de arado a la que era sometida la zona, se verificaría la clásica distribución de los habitáculos del inmueble en torno a un patio central que vertebraría la casa dando luz y ventilación a la misma, bordeados sus laterales por un pasillo a modo de claustro que permitiese el deambular y la comunicación entre espacios cuyos suelos figurarían pavimentados parcialmente por  una nueva obra musiva, cubiertas las restantes porciones por simple opus signinum posiblemente como económica solución ejecutada durante antiguas obras de rehabilitación del lugar, mostrándose sobre los muros del Museo Nacional de Arte Romano de Mérida una de las dos secciones conservadas del ejemplar musivo inscrito en el corredor, de 5,20 metros de longitud y 3,20 metros de anchura rescatado del ala occidental del que fuese abierto enclave de la casa donde, enmarcados como en el resto de ejemplares los cuadros por un trenzado, son cuatro rectángulos centrados por jarrones de tipo crátera los que aparecen en pareados en la zona izquierda del panel, contiguos a un cuadrante donde queda inscrito un círculo que, a su vez, aloja nuevamente cráteras tanto en su corazón como en las porciones restantes entre círculo y cuadrado, apareciendo en la sección musiva del ala sur del patio un nuevo jarrón de tal estilo antecedido por todo un tapiz de escamas, actualmente fuera de la pública exposición.









Abajo: inscritas en el flanco oriental de la casa, dos habitaciones conjuntas, presuntamente conectadas entre sí originariamente, hacen plantear a los estudiosos el uso para el que fueron destinadas, posible vestíbulo la más cercana al patio de su habitáculo hermano, dormitorio de la vivienda, pavimentadas ambas por sendas obras musivas de marcado carácter geométrico y muy similares proporciones, expuesto el que cubría la estancia primera o precedente, de 3,15 metros de longitud y 2,70 metros de anchura, en el Museo Nacional de Arte Romano de Mérida (arriba, y previa), colgado el mosaico compañero, de 3,32 metros de longitud y 2,64 metros de anchura en la sala dedicada a la época tardorromana del Museo Arqueológico Provincial de Badajoz (abajo, y siguiente), centrados ambos por rosetas, inscrita la primera y de ocho pétalos dentro de una estrella de cuatro puntas que, a su vez, figura dentro de un círculo que ocupa el cuadro central de la composición, rodeado de ajedrezado, mientras que la flor central del mosaico contiguo, de cuatro pétalos, quedaría inserta dentro de un octógono encerrado en el interior de una estrella de ocho puntas, creada a partir de la unión de dos cuadrados, custodiado el total por un trenzado que, a la par y junto a sendas líneas dentadas y un ajedrezada en los laterales latitudinales, permanece guarecido por una amplia cenefa de olas donde se conjugan, como en el damero del mosaico previo, los tonos blancos y azulados, colores abundantes en la totalidad de la colección musiva de Las Tiendas que, junto a amarillos y rojos, conformarían la paleta de los artistas que elaborasen las obras que saliesen muy probablemente del mismo taller emeritense.





Arriba: sobre el plano general de las excavaciones llevadas a cabo por José María Álvarez Martínez en la Villa romana del cerro de El Hinojal, en la dehesa de Las Tiendas, cuya memoria sería publicada en 1.976 dentro del Noticiario Arqueológico Hispánico, bajo la Dirección General del Patrimonio Artístico y Cultural, se pueden apreciar con mayor sombreado los siete espacios donde se descubrió pavimentación a base de trabajo musivo, colocando sobre cada estancia imágenes de los mosaicos hallados en cada una y hoy expuestos al público en los museos arqueológicos más destacados de Mérida y Badajoz, para una mayor ilustración y comprensión de la estructura del inmueble y aspecto que presentaría la señorial residencia cercana a la antigua capital lusitana.

Abajo: aunque entre los vestigios recuperados de la villa romana de Las Tiendas capitanease la colección de obras musivas que aún pavimentaban siete de los múltiples espacios en que se distribuía la misma, otros restos arqueológicos fueron sacados a la luz tales como un capitel, una cornisa de estuco, una fíbula de plata, múltiples monedas y variados restos cerámicos, expuesta al público en el Museo Nacional de Arte Romano de Mérida una exquisita lastra de mármol ornamentada con relieves vegetales, así como las composiciones pictóricas que aún lucían algunas de las paredes de la casa, añadiendo la conocida como "estela de Cruseros", lápida granítica dedicada a un tal Cruseros, pudiéndose aún leer el nombre del mismo acompañado de la fórmula H.S.E S.T.T.L (Hic Situs Est Sit Tibi Terra Levis; Aquí yace, que la tierra te sea ligera), procedente del área funeraria localizada en las cercanías de la residencia y vinculada con la explotación agropecuaria, demostración del carácter prácticamente autónomo de la misma que se presentaría en su totalidad a modo de aldea, salpicando junto a muchos otros ejemplos, tales como Torreáguila o Pesquero, las proximidades de la vía de unión de Emérita con Olisipo, a escasa distancia del cauce del Anas.





sábado, 16 de febrero de 2019

Imagen del mes: Villa romana de El Pomar, en Jerez de los Caballeros


Si bien el origen inmediato de la actual ciudad se remontaría al parecer a la dominación musulmana de la zona, bautizada la localidad con el nombre de Xerixa o Xeris, queda confirmada sin embargo en base a los ricos vestigios arqueológicos preservados la ocupación del enclave donde posteriormente se ubicase la Villa de Seres ya en época premedieval, capitaneando de entre los elementos heredados de época romana el yacimiento conocido como El Pomar, restos de la vivienda señorial de una relevante villa erigida en las tierras de lo que por entonces se nombraría como Caeriana o Seria Fama Iulia, explotación agropecuaria sita entre los confines de la provincia lusitana y la bética Nertóbriga, joya de los monumentos romanos conservados en nuestra región.
Jerez de los Caballeros (Badajoz). Siglos III-IV d.C. (erigida en el siglo I d.C., conocería su época de mayor apogeo entre los siglos III y IV, ocupada hasta el siglo VI); estilo romano.


Arriba: incomprensiblemente cerrada al público, a pesar de su excavación, intervención arqueológica, estudio y adecuación para las visitas, la villa romana de El Pomar forma parte del rico patrimonio histórico-artístico de la ciudad de Jerez de los Caballeros, conservada la vivienda señorial, estructurada en torno a un generoso peristilo o patio porticado de planta rectangular al que se abren el resto de los habitáculos de la casa, dotada originalmente de dos plantas a juzgar por la aparición de ciertos peldaños que conducirían a un nivel superior.


Arriba y abajo: descubierta en 1.969 a raíz del inicio de obra de diversas viviendas, la villa romana jerezana sería excavada durante varias campañas en las siguientes décadas, sin que la relevancia de los restos arqueológicos frenase la construcción de ciertos edificios en sus aledaños, entre los que destacaría el Pabellón Municipal de Deportes Francisco José Rivera Montero junto al  flanco occidental del yacimiento (arriba), lateral residencial en cuyo punto media se abre una amplia estancia recubierta de un rico pavimento musivo (abajo), identificada con el oecus o sala de ceremonias de la familia titular de la hacienda.



Arriba y abajo: conservado en el ala septentrional de la casa parte del muro que cerraría el jardín o viridiarium que centrase la vivienda, rodeado éste a su vez de una arquitectónica cenefa dotada de regulares hornacinas donde se enclavaban las columnas marmóreas que sostendrían la techumbre de los corredores (arriba), ornamentados con mosaicos y losas de mármol, sería posiblemente en este punto de la vivienda donde se encontrase el zaguán o vestíbulo de acceso a la misma, musivamente pavimentado y estructurado en torno a cuatro columnas de fábrica de ladrillo (abajo), junto al que destacan el resto de habitaciones o cubículos delimitados con muros de mampostería.



Arriba: mientras que las habitaciones o cubículos con que contaba el edificio se enclavaban fundamentalmente en los flancos norte, occidental y sureño de la vivienda, el lado oriental ofrece un muro de contención de los terrenos en pendiente sobre los que se asentaba la residencia, sita sobre una suave loma allanada para la ubicación en ella de la mansión.

Abajo: siguiendo el esquema residencial impuesto a partir del siglo I d.C., cuando atrio y peristilo se fusionan en un único patio porticado, dotado en un gran número de casos de jardín interior, la villa romana de El Pomar se articula en torno a un viridarium donde entre plantas ornamentales y cuidada vegetación se descubriría un alargado estanque frente al oecus residencial, reconvertido al parecer con posterioridad en monumental fuente de remate semicircular, persiguiendo la creación de un espacio íntimo donde conjugar vegetación y juegos acuáticos, ya conocido en otras villas romanas de la región, como puede descubrirse en la Villa romana de La Majona, dentro del término municipal de Don Benito.



Arriba y abajo: enclavadas en el extremo sureste de la vivienda, una serie de estancias abiertas al pasillo oriental de la casa se quisieron identificar con el balneario o zona termal residencial, profundamente modificado con posterioridad perdiéndose así el hipocausto, manteniéndose sin embargo un canal por donde pudiese haber circulado antaño el aire caliente en un sala curiosamente de planta absidial, plano en ábside que se repite en el mismo flanco del edificio, abierto al pasillo sureño lo que pudiera haber sido el triclinium o comedor de la vivienda, cubierto como estancia primordial nuevamente con vistoso pavimento musivo.



Arriba y abajo: cuenta la villa romana de El Pomar con una destacada colección musiva conservada in situ, descubriéndose en diversas estancias, tales como las consideradas entrada, oecus y triclinium, así como en ciertas porciones de los pasillos que circundan el peristilo, representaciones geométricas de las que surgen en algunos casos figuraciones y personajes variados, no siendo ésta solución artística la única tomada en pro de la ornamentación de la vivienda, cubiertos sus muros internos con pinturas sobre estuco donde, al igual que en otras residencias y villas conservadas en la región, como en la cercana a Mérida de las Tiendas, se simulan zócalos marmóreos en un estilo cercano al ilusionista, preservados y expuestos tales vestigios en el emeritense Museo Nacional de Arte Romano.



martes, 29 de mayo de 2018

Imagen del mes: Retablos cerámicos de las capillas laterales del Monasterio de Tentudía


Eclipsadas por el retablo que engalana la capilla mayor, atribuido al artista italiano afincado en Sevilla Niculoso Pisano, cuentan las dos capillas laterales de la iglesia del Monasterio de Tentudía con sendas exquisitas obras cerámicas hermanas entre sí, tesoros de la azulejería sevillana que muestran a san Agustín en la capilla de los Maestres, así como a Santiago en su versión como Matamoros en el oratorio a la que el santo da nombre, atribuidos al maestro ceramista Cristóbal de Augusta de cuyo taller posiblemente procederían también los azulejos que recubren el sepulcro del maestre santiaguista Pelayo Pérez Correa al cual, según cuenta la leyenda, le serían escuchadas sus plegarias a la Virgen María, concediéndosele en pro de ayudarle a ganar la batalla que se estaba dando en las cercanías del lugar contra los sarracenos la detención del sol y prolongación de las horas diurnas del día.
Calera de León (Badajoz). Siglo XVI; estilo renacentista. 


Arriba y abajo: ubicada junto a la capilla mayor, culminando el lado del evangelio de la iglesia del monasterio de Tentudía, cierra la capilla de los Maestres, nombrada así por permanecer enterrados en ella diversos maestres de la Orden santiaguista, un retablo cerámico compuesto de altar y panel sobre él (arriba), centrando el compendio de azulejería la imagen de san Agustín de Hipona caracterizado con atuendo episcopal y acompañado de atributos propios de la iconografía de esta figura religiosa, tales como el báculo, la mitra, la pluma como Doctor y una iglesia en maqueta como Padre eclesiástico (abajo, siguiente), siendo la figura de santa Catalina de Alejandría la que centre a su vez el frontal del altar, coronada por su origen noble, portando palma de martirio y rodeada de la simbología intrínseca a su leyenda, como son la rueda dentada, la espada y la cabeza cortada del emperador Maximino Daya, quien la mandase ejecutar (abajo).



Abajo: de igual manera que en el lado del evangelio, el lado de la epístola se ve culminado con una capilla conectada al altar mayor, conocida como del comendador Juan Zapata o más popularmente como de Santiago por ser ésta la figura religiosa que protagoniza el panel de azulejos que centra el retablo cerámico que preside la sala, representado el Apóstol en su versión de Matamoros, basada en las crónicas medievales que lo situarían en la batalla de Clavijo, vestido como soldado montado a lomos de un blanco corcel que galopa sobre los restos inertes de los enemigos musulmanes, acompañado del emblema de la Orden Militar a la que da nombre y bajo cuya custodia se encontraba el monasterio, bélica visión contrapuesta a la serenidad de la Virgen con el Niño que centra el frontal de altar, de pie sobre la luna apocalíptica y embuelta en aura.






Abajo: mientras que la temática del panel de azulejos, así como el tema del medallón central del frontal del altar, difiere en cada uno de los retablos laterales, se repite entre ambos y sin embargo no sólo el diseño y constitución general de las obras cerámicas, sino inclusive el motivo que guardan las cenefas que bordean tanto los paneles principales (abajo, siguientes primera y segunda) como los frentes (abajo, tercera), así como los rellenos de los frontales (abajo, cuarta) y laterales de las aras (abajo, quinta y sexta), donde la ornamentación fundamentalmente de tipología vegetal se multiplica a modo de caleidoscopio, con decoración a vivos colores ejecutada bajo la técnica del azulejo pintado, también conocida como técnica pisana.







Abajo: basándonos tanto en la técnica cerámica como en el diseño tomado y motivos representados en sendas series de azulejos, podría decirse que tanto las cenefas que decoran los escalones de subida al retablo de Santiago (abajo, siguiente), como el recubrimiento azulejístico que sella la tumba del maestre Pelayo Pérez Correa en la capilla mayor, fueron realizados al igual que los retablos laterales por el maestro ceramista Cristóbal de Augusta, o bien creados en su taller sevillano, de donde saldrían los zócalos de los salones del Alcázar hispalense, considerados obras maestras de la azulejería renacentista española.




Abajo: vista exterior del Monasterio de Tentudía, declarado Monumento Histórico-Artístico, actualmente Bien de Interés Cultural, según decreto publicado en la Gaceta de Madrid nº 155, de 4 de junio de 1.931.

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