jueves, 31 de julio de 2014

Colaboraciones de Extremadura, caminos de cultura: Convento de la Luz, en Alconchel, en la Lista Roja del Patrimonio


El arroyo de Friegamuñoz, pequeño afluente del río Guadiana, no sólo riega el valle que le proporciona lecho en su trascurrir por la Sierra de Moncarche, antes de unirse al gran cauce fluvial que marca la frontera hispanolusa. Además de servir como fuente a la propia vega que forma, este canal natural se mantiene como delimitación actual entre los términos municipales de las localidades de Alconchel y Villanueva del Fresno, en pleno corazón de La Raya pacense. Ambos municipios comparten, por tal motivo, la ubicación del antiguo Convento de la Luz, erigidas sus dependencias principales en la orilla derecha del arroyo, expandidos ciertos inmuebles secundarios al margen izquierdo del mismo. El nacimiento del monumento quedaría además unido al propio curso del riachuelo, enclavado en el mismo punto donde, según cuenta la leyenda, Nuestra Señora de la Luz obró milagrosamente frente al pastor Antonio Muñoz, acontecimiento recordado no sólo con la construcción del cenobio, sino también con el nombre con que por tal motivo se bautizó al arroyo.

Este Convento de la Luz, también conocido como de Moncarche o de Los Jarales, por ubicarse en homonimas serranía y dehesa, respectivamente, ha llegado a nuestros días en completo abandono y estado de ruina. Es por tal motivo que la asociación Hispania Nostra ha decidido incluir tal bien dentro de la conocida como Lista Roja del Patrimonio, para lo cual este blog ha tenido el honor de colaborar. Seguidamente encontraréis el enlace a la ficha que sobre el mismo figura dentro de mencionado listado, acompañado de una serie de imágenes y textos sobre la historia, descripción y ubicación del monumento que ayudarán a su mejor conocimiento y posible visita del mismo.




- Historia / descripción del bien:


Arriba y abajo: erigido sobre la pendiente de un cerro, el diseño del Convento de la Luz se adecúa a su ubicación geográfica asentándose sobre diversos bancales, siendo ocupado los centrales por el templo del monumento así como el antiguo acceso al mismo (arriba), lugar donde aún se abre no sólo la puerta de entrada al cenobio, sino también la de asomo al aljibe que ayudaba en su sustento al convento, cubierto con bóveda de cañón fabricada con ladrillo, embadurnadas sus paredes con impermeable mortero rojizo, que aún hoy en día persiste (abajo).


Cuenta la leyenda que a finales del último siglo del medievo, hallándose un pastor llamado Antonio Muñoz lavando los enseres con los que había comido en un arroyo cercano a Alconchel, oyó una voz que le decía "Friega Muñoz, friega". Pudo apreciar que la misma provenía, junto a una luz, del interior de una cueva cercana a la vega, y acercándose a la misma halló en su interior lo que creyó ser una muñeca, que guardó en su zurrón. Volviendo a su casa a pasar la noche, descubrío por la mañana que la muñeca no estaba, encontrándola de nuevo al día siguiente en la cueva de donde la tomó. Repetido el hecho en reiteradas ocasiones, observaron los clérigos del lugar, enterados del suceso, que la talla era en realidad una imagen mariana, considerando por tanto que la luz y la voz escuchadas y vistas por el pastor habían sido milagrosamente efectuadas por la Madre de Dios. El riachuelo pasó a denominarse, en recuerdo de tal hecho, como de Friegamuñoz, mientras que la talla mariana tomó como advocación la de la Luz. Igualmente, en el lugar del supuesto milagro se elevaría un eremitorio, convirtiéndose la cueva en capilla, gracias a la financiación y respaldo del II Señor de Alconchel, D. Juan de Sotomayor. Según Bula Papal de siete de septiembre de 1.499, este Convento de la Luz se agregaba, una vez construido y fundado, a la causa de fray Juan de Guadalupe, clérigo que persiguió la reforma descalza dentro de la rama de los observantes de la Orden de San Francisco, para lo cual llevó a cabo en Extremadura una serie de fundaciones monásticas. Mientras que el Convento de la Luz se agregaba a la reforma de fray Juan de Guadalupe en base al permiso papal de poder admitir conventos ya fundados, se unieron a la descalcez franciscana los conventos fundados por él mismo de Trujillo, Arroyo de Mérida (actual Arroyo de San Serván),Villanueva del Fresno o Salvaleón, cuyos hermanos, siendo destruidos estos cenobios durante las luchas internas entre la rama franciscana de observantes y los descalzos nacidos de entre ellos, se refugiaron en el Convento alconchelero en 1.507, donde, tras haberse extinguido la Custodia descalza del Santo Evangelio, se conoció la formación de la nueva Custodia descalza de Extremadura en 1.514, englobada en la rama conventual franciscana, así como la fundación en 1.519 de la Provincia descalza de San Gabriel.



Arriba y abajo: si bien el templo del Convento de la Luz delimitaba la estructura del mismo en su zona más occidental, sus límites orientales venían marcados por las dependencias monásticas arquitectónicamente más relevantes para la orden, entre las que se incluía el refectorio, dotado de bóveda de cañón y de planta rectangular, que cobijaba a los hermanos en sus horas de alimentación comunitaria en la zona más alejada de la iglesia, como es habitual en los monasterios católicos (abajo).


Abajo: coronada con una sencilla pero hermosa espadaña, la iglesia del Convento de la Luz quedó conformada, tras posteriores reformas, en un sencillo templo de escasas proporciones, con acceso principal al mismo desde el lado de la epístola, cuya portada principal daba al bancal sobre el que se erguía y sobre la cual se elevaban dos plantas más, hasta alcanzar la altura de los siguientes bancales, decorado su interior con esgrafiados y su exterior con simuladas dovelas y sillares que escondían la fábrica de mampostería y ladrillo del edificio, en cuyo corazón se custodiaba la imagen mariana de Nuestra Señora de la Luz, legendario origen del convento, así como el acceso a la cueva que sirvió antaño de ermita, convertida después en cripta y lugar de enterramiento de los frailes.






El inicial eremitorio, elevado en la orilla derecha del arroyo sobre la pendiente de un cerro, se amplió con los años, beneficiado no sólo por los señores de Alconchel y marqueses de Villanueva del Fresno y Cheles, sino principalmente por las rentas y donaciones adquiridas gracias a la fama de milagrosa de la talla de Nuestra Señora de la Luz allí venerada. Destacando las obras fechadas en 1.590, sufragadas por el adinerado ganadero Bartolomé Mejías y realizadas a base de mampostería pizarrosa y ladrillo, se transformó la sencilla capilla rodeada de seis humildes celdas símiles a chozas, en un convento enclavado sobre bancales, compuesto de refectorio con bóveda de cañón y celdas para los hermanos más ancianos, aljibe, huertas, hospedería e iglesia. Esta última se construiría sobre la cueva o capilla original, que ya había sido años antes ampliada, edificándose un modesto templo con altar en la zona oriental, y espadaña en la occidental, esgrafiado su interior y con acceso al abrigo natural, reconvertido en lugar de enterramiento de los frailes. Suprimido momentáneamente en sus funciones conventuales a raíz del estallido de la Guerra de Restauración portuguesa a mediados del siglo XVII, sus hermanos fueron repartidos por otros conventos cercanos hasta ser reunidos nuevamente en el Convento de San Antonio de Almendralejo en 1.654. Una vez terminada la contienda y vueltos los frailes a Moncarche, la Guerra de Sucesión provocó un nuevo abandono del convento por varios años. Tras el nuevo regreso, el cenobio conoció su época de mayor esplendor, sucediéndose nuevas reformas en el inmueble, entre las que destacaría especialmente la construcción de un acueducto, a comienzos del siglo XVIII, de cien metros de longitud y veinte arcos de fábrica, que trajese agua al convento desde una fuente ubicada en la orilla contraria, enclavado el viaducto sobre el trazado de un previo puente del siglo XVI que salvaba el curso del arroyo, de tres ojos y cincuenta metros de largo. El agua traída al complejo monástico serviría no sólo para riego de huertas y frutales, sino que también recibiría un uso fabril cuya finalidad se desconoce hoy en día. Alcanzado el siglo XIX, y a consecuencia de las medidas de exclaustración y desamortizadoras de Mendizábal, el convento fue abandonado, pasando a manos privadas. La talla de Nuestra Señora de la Luz, actual patrona de Alconchel y Cheles, ya había sido años antes, durante la Guerra de la Independencia, recogida en la alconchelera Iglesia Parroquial de los Remedios, donde actualmente se guarda y de donde regresa cada 19 de marzo a su enclave original, en peregrinación festejada por gentes devotas de los lugares cercanos.


Arriba y abajo: junto al Convento de la Luz, y formando parte del actual conjunto monástico, un puente de tres ojos y cincuenta metros de longitud permitía la unión entre ambas orillas del arroyo Friegamuñoz, convertido desde su creación en el siglo XVI en punto por el que atravesar el riachuelo en medio del trazado del camino que une los dos municipios que se reparten estas tierras, sujección además de una amplia porción del más tardío acueducto de cien metros de longitud y veinte arcos de sustento que, a partir del siglo XVIII, acercaría al cenobio las aguas de una fuente cercana, tanto para consumo de los frailes, como para su uso en las huertas del mismo así como en otras actividades fabriles, de las que se tiene constancia pero desconocimiento de la orientación de las mismas.



- Cómo llegar:


El municipio de Alconchel, ubicado en plena Raya pacense, se ubica al Sur de la capital provincial, alcanzando la localidad tras dejar atrás Olivenza, siguiendo el trazado de la carretera autonómica EX-107. Cercano a la frontera con Portugal, una vía también regional nos conduce, tras atravesar el casco urbano alconchelero, hasta el pueblo de Cheles. Esta carretera, denominada como EX-314, será la que deberemos tomar para, pocos kilómetros después de adentrarnos en la misma, alcanzar el camino natural que conduce a Villanueva del Fresno y, por ende, al propio Convento de la Luz, enclavado junto al mismo. Un cartel, plantado en el margen septentrional de la carretera y opuesto al camino, nos señala el principio del mismo.


Más de ocho kilómetros de distancia separan este punto del Convento de la Luz, unidos a través de mencionada senda pública, que habrá que seguir en un primer momento de manera recta. La misma cartelería que encontramos junto a la carretera será la que nos acompañe a lo largo de la ruta, y la que tendremos que tener presente cuando, en una bifurcación, debamos tomar el ramal izquierdo que, hacia el sur, nos acerca al antiguo cenobio a través del "Camino de los Jarales".



Alcanzadas las puertas de la finca Los Jarales, en cuyo interior se ubica el Convento de la Luz, podremos continuar nuestra ruta gracias a la servidumbre que pesa sobre el camino y que, una vez llegados a la orilla del arroyo Friegamuñoz, nos acercará finalmente al antiguo monasterio, en un paraje de gran belleza donde la historia y el arte se conjugan en perfecta armonía con la naturaleza.


El Convento de la Luz, ubicado mayoritariamente en el interior de una finca de titularidad particular, mantiene divididos sus inmuebles entre terreno público y privado, al erguirse templo y cenobio en la Dehesa de los Jarales, mientras que el puente y acueducto que complementan el complejo se elevan sobre la vega del arroyo Friegamuñoz, de titularidad pública. En caso de desear visitar el monumento, lanzamos desde este blog una serie de recomendaciones a tener en todo momento en cuenta:

1) Respetar en todo momento las propiedades de la finca, como vallados o cercas, intentando no salirse de los caminos marcados.
2) Respetar la vegetación y cultivos de la misma, sin realizar ningún tipo de fuego ni arrojar basura alguna.
3) Respetar al ganado que habitualmente hay pastando en la zona, y en caso de encontrarse con animales que lo protejan, no enfrentarse a los mismos.
4) Si observamos que se están practicando actividades cinegéticas (caza), abstenernos de entrar.
5) Si nos cruzamos con personal de la finca o nos encontramos con los propietarios de la misma, saludarles atentamente e indicarles nuestra intención de visitar el monumento, pidiendo permiso para ello. En caso de que no nos lo concediesen, aceptar la negativa y regresar.

miércoles, 30 de julio de 2014

Imagen del mes: Convento de San Antonio de Padua, en Garrovillas de Alconétar


Vista general de las ruinas del Convento franciscano de San Antonio de Padua, iluminado en su agonía por el sol del atardecer.
Garrovillas de Alconétar (Cáceres). Siglos XV-XVI; estilo renacentista.

sábado, 28 de junio de 2014

Colaboraciones de Extremadura, caminos de cultura: Convento franciscano de Santiago, en Lobón, en la Lista Roja del Patrimonio


Existen a las afueras del casco urbano de Lobón, junto a sus calles históricas más meridionales y enclavadas entre las huertas que pueblan el pequeño valle que, al Sur del pueblo, separa éste de las vías que conectan en la actualidad la capital del país con la vecina capital provincial, las ruinas de una iglesia que son a su vez los escasos vestigios de lo que antaño fuera un cenobio, conocido como Convento franciscano de Santiago. Del resto de dependencias monacales prácticamente no se conserva hoy en día resto alguno. Sin embargo, los pequeños retazos en pie de la iglesia o capilla que formaba parte del monumento sostienen, además de las viejas piedras y ladrillos de que están formados, el recuerdo del lugar y las líneas que escriben la historia del inmueble, así como las directrices artísticas que diseñaron este bien que enriquece el patrimonio lobonero, así como de la región. A pesar de ello, su abandono es tal que peligra la continuidad en el tiempo de las reliquias de este monumento, por lo que la asociación en pro de la protección y salvaguarda del patrimonio español, Hispania Nostra, ha visto conveniente la inclusión del mismo dentro de la Lista Roja del Patrimonio, para lo cual este blog ha tenido nuevamente el honor de poder colaborar.

Bajo estas líneas, os dejo el enlace a la ficha que sobre este monumento figura dentro de la Lista Roja del Patrimonio. Seguidamente, y acompañada de imágenes tomadas in situ del bien, disponéis también de una breve historia/descripción del inmueble, finalizando con los apuntes para poder llegar al mismo, en caso de querer visitarlo en persona.




- Historia / descripción del bien:

En una hondonada donde surtían aguas manantiales, en el flanco meridional del pueblo, opuesto al valle por donde circula el cercano río Guadiana, se erigía una antigua ermita bajo la advocación de Santiago, junto a uno de los dos hospitales con que contaba la villa alcanzada la Edad Moderna, fundado por la familia de los Alvarado, que pasará a la historia internacional por la contribución de algunos de sus miembros a la conquista y colonización americana. D. Diego Gómez de Alvarado y Mexía de Sandoval, caballero de Santiago y comendador del lugar, así como padre del conquistador Pedro de Alvarado, será quien funde el edificio hospitalario, mientras que uno de sus nietos, D. Diego de Alvarado, cederá en 1.562 los terrenos para la construcción de un convento, cumpliendo así con los deseos de Dña. Elvira de Figueroa la cual, I Condesa de Puebla del Maestre, descendiente de los Condes de Feria y viuda de D. Alonso de Cárdenas, último Maestre de la Orden de Santiago, con quien residía en la vecina Mérida, adquirirá la villa una vez reinante Felipe II, convirtiéndose así en la I Señora de Lobón, anhelando que en la misma se asentase un grupo de frailes de la rama observante o de San Miguel de la Orden franciscana. En 1.564, construido y acomodado el convento, llegarán los primeros hermanos al lugar, fundándose junto a la antigua ermita de Santiago el Convento franciscano homónimo al templo. Aunque la idea principal sería orientarlo a la Recolección, la escasez de limosnas hizo inviable mantener el cenobio como Casa Recoleta, por lo que apenas ocho años después de su fundación se orientó no sólo a la vida monacal, sino principalmente a la educación en el arte y la ciencia gracias al Colegio de Artes que allí se ubicó, propiciando el paso por el mismo de algunas de las figuras más ilustradas dentro de la rama de San Miguel de la franciscana orden. Contaba el cenonio no sólo con convento y escuela, sino también con huertas e iglesia, guardando en ésta una preciada imagen de la Inmaculada Concepción, dándose culto además a Nuestra Señora del Rosario, a San Francisco y al Cristo de los Desamparados. Las tropas francesas, a su paso por la población, atravesada antaño por el Camino Real de Madrid a Badajoz, destrozaron el inmueble durante la Guerra de la Independencia, de tal manera que una vez terminada la contienda dieron aviso los frailes de la imposibilidad de seguir impartiendo clases en la malograda Escuela y Colegio de Artes. Sin embargo, el abandono y ruina definitiva del monumento llegará de manos de la exclaustración forzosa y desamortización ideadas por Mendizábal, en 1.835, quedando en pie en la actualidad únicamente restos de su iglesia, concentrados en el muro de la epístola, posible lienzo de separación de naves, y el que está considerado ábside de la misma, coronado éste por cúpula de media naranja y sostenida por hasta tres series de lunetos, construida laboriosamente a base de ladrillo conjugado con mampostería, y estucada interiormente, con escasos restos de esgrafiado. El uso del ladrillo en estos arcos y cúpula, así como el mismo diseño de la misma podría vincularse con el arte mudéjar, cuyo máximo exponente en la localidad se encontraría en las portadas de la Iglesia Parroquial de la Asunción, construida a finales del siglo XV. Habría que añadir en apoyo a esta idea la aparición, tras los restos de estucado, posiblemente posteriores a la construcción del bien, del lineado de ladrillos y friso de figuras circulares realizadas con el mismo material que rodean el exterior del vano abierto en el trasfondo del ábside, coronado por lo que también pudieron ser arcos enladrillados. De ladrillo también se formarán los arcos que daban acceso al templo, o que servían de paso entre las naves del mismo, sobreviviendo dos de ellos en el muro oriental restante, así como el arranque de otros dos trasversales a las naves derecha y principal, respectivamente, este último frente al que supuestamente fue altar mayor.



- Cómo llegar:

La localidad pacense de Lobón, surgida junto a la vega del río Guadiana, se mantiene como término de paso entre las capitales autonómica y provincial, cercana a la autovía A-5, atravesada aún por los restos de la carretera nacional N-V en su intento de unión de Madrid con Badajoz, convertida ésta en la actual Avenida de Extremadura y flanco sur del municipio lobonero. Los restos del Convento franciscano de Santiago pueden observarse desde esta vía, enclavados en el valle que entre la antigua carretera y el casco urbano se abre en la zona suroriental de la localidad. A esta zona de huertas es fácil acceder a través de la calle Corredero Cuartel, trazada entre las calles Santiago y Alvarado, ubicadas todas en la parte meridional del centro histórico de Lobón. Si bien las ruinas conventuales se mantienen como propiedad privada dentro de un terreno particular, es fácil poder observarlas desde la propia vía urbana al enclavarse junto a un sendero que, en esta zona del pueblo, bordea las casas del mismo, dirigiéndose al pequeño Parque de la Fuente, o Fuente de la Reina María Cristina, incluida, como los restos conventuales, entre los bienes que alimentan el patrimonio histórico de Lobón.



sábado, 21 de junio de 2014

Imagen del mes: Torre de San Francisco, en Zafra


La Torre de San Francisco se alza luchando por conservar el recuerdo de lo que fuese el Convento de San Benito o de San Francisco, bajo la luz de una tarde de primavera.
Zafra (Badajoz). Siglos XV-XVI; estilo renacentista.

sábado, 14 de junio de 2014

Colaboraciones de Extremadura, caminos de cultura: Castillo de la Torrecilla de Lagartera, junto a Valdesalor, en la Lista Roja del Patrimonio


A pocos metros de la presa de Valdesalor, en las cercanías de la pedanía cacereña homónima, dentro del extenso término municipal de la capital provincial y al sur de la urbe, se yergue sobre una colina que domina tanto la vega del río Salor, bajo su ladera sur, como parte de los Llanos de Cáceres-Sierra de Fuentes, frente a la misma, un castillo medieval, hoy en ruina, recuerdo de otros tiempos en que, desde estas pétreas atalayas, se controlaban las haciendas y fincas en que se dividieron las dehesas cercanas a la reconquistada ciudad, repartidas principalmente entre la nobleza que hizo de esta su nueva tierra y hogar. El paso de los años, si bien no ha visto variar en gran medida la repartición de la tierra, sí que ha conllevado, por el contrario, el desuso y caída en ruina de muchos de estos monumentales inmuebles, entre los que el Castillo de la Torrecilla de Lagartera también se encuentra. Por este motivo, esta pequeña fortaleza cacereña ha sido incluida recientemente dentro de la Lista Roja del Patrimonio elaborada por la asociación Hispania Nostra, para lo cual este blog ha tenido, una vez más, el honor de contribuir.

A continuación, os dejo con el enlace que conduce a la ficha incluida dentro de la Lista Roja del Patrimonio donde podréis encontrar información e imágenes sobre el Castillo de la Torrecilla de Lagartera. Bajo estas líneas dispondréis también de una breve historia y descripción del bien, acompañada de imágenes y vídeos del monumento, así como los datos precisos para poder acercarse al mismo.




- Historia / descripción del bien:


Enclavada sobre una colina granítica, junto a la vega del río Salor, se erigió en el siglo XIV la conocida como Torrecilla de Lagartera, denominada así por alzarse en la Dehesa de Lagartera, sede a su vez del Señorío de similar nombre. Heredada por Dña. Inés Fernández de la Cámara y Sotomayor, Señora de Lagartera, quedará vinculada con la familia de los Aldana desde que, en 1.399, contrajese ésta matrimonio con el primer miembro de dicho linaje en llegar a Cáceres, una vez nombrado regidor de la otrora villa a finales del siglo XIV: D. Rodrigo Álvarez de Aldana. Será su hijo, D. Hernando de Aldana, quien fundará el Mayorazgo de Lagartera en el siglo XV, perteneciendo éste, así como la torre y finca, al apellido mencionado hasta que pasase a ser posterior propiedad de los Andrada, así como de los Cáceres, Señores de Espadero, de quienes derivará a los Marqueses de Castel-Moncayo, y de éstos a los Duques de Fernán Núñez, en quienes recae tal herencia en la actualidad. Se levantó inicialmente la torre medieval como puesto de vigilancia y atalaya defensiva del enclave, así como de la explotació agropecuaria allí llevada a cabo, de la misma manera que acontecía en otros muchos de los cotos, fincas y dehesas que las familias nobles asentadas en la urbe cacereña desde la reconquista cristiana definitiva de la comarca, se repartían al sur de la localidad. Una vez la torre bajo titularidad de los Aldana, ampliarán éstos el conjunto durante los siglos XV y XVI con dependencias que circundarían la atalaya original, a modo de simbiosis entre fortaleza y casa-fuerte, convirtiéndose de tal manera el que fue torreón exento en la torre del homenaje del denominado por tal como Castillo de la Torrecilla de Lagartera, englobado el mismo dentro del grupo de castillos y fortalezas dependientes de Cáceres ubicados en las cercanías de la vega del río Salor, junto al de Zamarrillas, el del Cachorro, o los de las Herguijuelas. Tras el cese de las hostilidades entre los linajes cacereños a partir del reinado de los Reyes Católicos, se levantará en las proximidades del Castillo de la Torrecilla de Lagartera, al Norte de la falda de la colina donde éste se asienta y zona mucho más llana, la conocida como Casa de Lagartera, ampliada con los siglos para acoger no sólo a la familia posesoria, sino también a trabajadores y jornaleros, engrandecida no sólo la vivienda principal, aún en uso, sino construyéndose además inmuebles vinculados a la explotación, de tal manera que llegará a denominarse al conjunto de edificaciones como Aldea de Lagartera. El progreso de la misma supondrá, sin embargo, el abandono del castillo y posterior ruina de este monumento, fabricado en consonancia con la geografía del lugar a base de sillarejo y mampostería graníticas, reforzada con sillares en esquinas, puertas, vanos y aspilleras. 


La torre, ubicada, en la zona central del flanco norte del castillo, almenada y con cuatro balcones repartidos entre los puntos medios superiores de cada uno de sus muros, posibles matacanes, permitiría el acceso a su interior, abovedado gracias a varios arcos escarzanos que sostendrían las plantas de que se compondría la atalaya, a través de dos puertas adinteladas abiertas en los lados sur y oriental. Rodeado el torreón primitivo por las dependencias de la casa-fuerte, a excepción del flanco norte, que permanecería formando parte de la portada del castillo, se entraría al conjunto a través de dos portadas, una a cada lado del torreón. La puerta oriental, a la izquierda de la torre y principal, presentaría un arco de medio punto sobre el que lucen siete ménsulas que sostendrían una balconada, a la que se podría acceder por un pequeño adarve cuyas escaleras aparecerían una vez traspasada la entrada y el segundo arco que conforma la misma, escarzano. En la sección oriental del castillo se mantendrían lo que posiblemente fueron dependencias residenciales, de doble planta e interior estucado, con vanos abiertos a los flancos este y norte, manteniéndose los asientos corredizos ubicados juntos a este último. En la esquina suroriental, una nueva estancia unida a las residenciales daría paso a un pequeño torreón de planta circular, que vigilaría el flanco sur del inmueble. En el lado occidental del castillo, dejando atrás las pequeñas dependencias que constituirían el lado sur del mismo, encontraríamos lo que posiblemente fueron cuadaras o almacenes de la fortaleza, de planta doblada y tejado inclinado, con puerta de arco escarzano como acceso a la misma, abierta a la derecha del torreón primitivo.



- Cómo llegar:

El Castillo de la Torrecilla de Lagartera se ubica a poca distancia de la presa del embalse de Valdesalor, que retiene, al Sur de Cáceres, las aguas del río Salor. Existen dos alternativas para poder llegar al pantano mencionado desde la capital provincial. Una partiría de la ciudad, rumbo a Torreorgaz, a través de la carretera autonómica EX-206. Una vez alcanzado el pueblo, y tras entrar en el mismo, tomaríamos en su zona meridional la conocida como "Carretera del Pantano" que lleva al embalse de Valdesalor, alcanzándolo en su cola y bordeándolo a través de toda su orilla derecha. Esta misma carretera continuaría junto a la vega del río, hasta dar con la pedanía de Valdesalor, ubicada a los pies de la carretera nacional N-630, así como junto a la Autovía de la Plata, o A-66 (segunda alternativa para alcanzar el embalse y su presa).


Si avanzamos desde la pedanía de Valdesalor, y tras conducir por la sinuosa carretera que nos lleva al pantano, poco antes de alcanzar la presa nos toparemos, a nuestra izquierda, con un acueducto bajo cuyos arcos se accede a las fincas que salpican esta zona de los Llanos de Cáceres-Sierra de Fuentes. Este sendero, que conduce entre otros puntos al antiguo arrabal de Zamarrillas, será también el que pase junto al Castillo de la Torrecilla de la Lagartera, pudiendo observar la portada y flanco norte del mismo. Sin embargo el acceso más fácil al mismo es desde su cara sur: junto a la presa de Valdesalor encontraremos una zona de aparcamientos, y junto a éstos un caseta eléctrica. Tras ella es fácil dar con un desdibujado camino que se acerca al castillo.


El Castillo de la Torrecilla de Lagartera, de titularidad particular, se ubica en el interior de una propiedad privada. En caso de desear visitar el monumento, lanzamos desde este blog una serie de recomendaciones a tener en todo momento en cuenta:

1) Respetar en todo momento las propiedades de la finca, como vallados o cercas, intentando no salirse de los caminos marcados.
2) Respetar la vegetación y cultivos de la misma, sin realizar ningún tipo de fuego ni arrojar basura alguna.
3) Respetar al ganado que habitualmente hay pastando en la zona, y en caso de encontrarse con animales que lo protejan, no enfrentarse a los mismos.
4) Si observamos que se están practicando actividades cinegéticas (caza), abstenernos de entrar.
5) Si nos cruzamos con personal de la finca o nos encontramos con los propietarios de la misma, saludarles atentamente e indicarles nuestra intención de visitar el monumento, pidiendo permiso para ello. En caso de que no nos lo concediesen, aceptar la negativa y regresar.
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