sábado, 23 de febrero de 2019

La Torre de Toma de la Presa de Cornalvo: álbum fotográfico actualizado


Que las aguas de un río, pantano o embalse bajen de nivel drásticamente, no suele ser motivo de alegría. A la visible escasez del bien acuático, y con ello la aparición del riesgo de desabastecimiento a la hora de poder regar, llevar a cabo labores diarias y de limpieza, e inclusive poder surtir a la población para el consumo humano, se suma la sequía de los campos y cultivos, consecuencia de la falta de lluvias que ha permitido la pérdida del caudal fluvial y acuífero acumulado.

Sin embargo, para los amantes del patrimonio una carencia en el nivel acuático puede traer de la mano agradables y extraordinarias sorpresas, fundamentalmente la asunción de yacimientos sepultados bajo el agua estancada, la afloración de bienes inmuebles yacentes bajo lechos acuosos, e inclusive poder apreciar en su total integridad, o en la mayor parte de la misma, elementos habitualmente sólo visibles en parte de su todo, bien así como resultado de alguna intencionada inundación, o porque de esta manera fuese previsto desde la propia erección del bien. Un magnífico ejemplo de este último caso podemos encontrarlo en la presa romana del embalse de Cornalvo.

La continua carencia de lluvias prevalente durante la actual estación invernal ha conducido a una bajada más que llamativa de las aguas estacionadas en el conocido como embalse de Cornalvo, dentro del Parque Natural homónimo, enclavado a unos 16 kms. al Norte de la ciudad de Mérida y cuyos terrenos quedan repartidos entre los términos municipales emeritense, de Mirandilla, San Pedro de Mérida, Guareña y Aljucén. La dismunición de los niveles acuáticos, si bien conlleva la semidesaparición del caudal que habitualmente inunda el "cuerno blanco", especialmente en su zona más norteña, última del pantano o cola del mismo, permite por otro lado hoy en día la posibilidad de ver casi en su totalidad la conocida como Torre de Toma, punto de captación de las aguas embalsadas para, desde allí y tras recorrer el túnel que atraviesa la propia presa, desembocar en el actual canal de conducción de aguas presa abajo, sustituto del acueducto que antaño acercaría las aguas hasta la romana Emérita Augusta, bautizado como Aqua Augusta y del que apenas quedan restos de sus porciones superficiales, mejor preservados los tramos subterráneos.

Si bien el agua aún oculta el actual sistema de toma de agua, cercano a sus cimientos y zona más inmediata a la roca madre sobre la que se asienta el bien, sí es posible poder contemplar del añejo edificio romano la integridad de la fábrica original no oculta por posteriores reformas y añadidos, destacando en esta obra de 20 metros de altura, con 5,50 metros en sus laterales perpendiculares al dique y 6,50 en los paralelos al mismo, la antigua ventana abierta durante el siglo XVIII como medida tomada tras la adquisición del monumento por Campomanes en pro de variar el sistema de captación de aguas, cegada posteriormente durante la reforma y restauración a la que sería sometido el monumento a mediados de la primera mitad del siglo XX, captada aún en su existencia por González en una imagen tomada en 1.910. Mencionada fotografía nos presenta un torreón semidesvencijado cuya imagen dista de la ofrecida tras finalizar su restauración en 1.926, intervención a través de la cual se dotaría al edificio de un refuerzo en rededor de su base en pro de fijación y protección, a modo de encofrado que abraza la primitiva obra latina, restando como resultado una victoriosa torre que emerge de entre su última aportación, hoy perfectamente visible al paseante, turista, amante del patrimonio o simple curioso que se acerque por la zona.

Desde Extremadura: caminos de cultura sugerimos al lector acercarse al embalse de Cornalvo para poder disfrutar, mientras la bajada del nivel de aguas así lo permita, de una visión íntegra de la original fábrica romana respetada entre los añadidos posteriores que conforma la Torre de Toma del sistema hidráulico, en una visita a través de la cual podrá pasear por la presa en activo más antigua de Europa, inmersa en un paraje declarado Parque Natural que permite al senderista la completa comunión con el más característico medio natural de la región, disponiendo, si desea obtener más información sobre este monumento casí bimilenario, de una entrada dedicada al mismo en el presente blog, cuyo enlace al artículo se ofrece a continuación:




Arriba y abajo: si bien desde su origen y a lo largo de las centurias sería el primitivo y original torreón romano la obra contemplada como sistema de captación de aguas, formando parte indispensable del monumento de ingeniería hidráulica, enclavada frente a la propia presa aguas arriba del triple paredón que conforma la misma, hoy en día la visión de la torre corresponde no sólo al edificio inicial, sino al resultado híbrido del mismo abrazado en su base por un refuerzo que, tras la última restauración del bien en los años 20 del pasado siglo, figuraría bordeando la base del edificio, permitiendo la bajada del nivel de aguas en invierno de 2.018/2.019 la posibilidad de apreciar la totalidad del cuerpo romano emergiendo tanto de la masa acuática como del encofrado que lo protege.



Arriba y abajo: perfectamente visible en la fotografía tomada por González en 1.910 (abajo), captada antes de la restauración y acometida que sobre la obra de ingeniería se ejecutase a mediados de la primera mitad del siglo XX, la actual bajada de aguas del embalse de Cornalvo permite poder observar la hoy cegada ventana que, en pro de variar el sistema original de toma de aguas, se abriría sobre la parte baja del muro oriental de la torre en el siglo XVIII, vestigio de las diversas actuaciones que sobre el inmueble se han acometido a lo largo de su dilatada historia, iniciada para la mayor parte de los estudiosos entre finales del siglo I d.C. y primeras décadas del siglo II de nuestra era, fijada sin embargo durante el gobierno visigodo o primeros siglos de la dominación musulmana por los arqueólogos Santiago Feijóo y Diego Gaspar en base al descubrimiento de canales de conducción acuática romanos previos y por debajo del propio embalse presentados a la opinión pública en 2.017, señal, para tales autores, de la captación desde las propias fuentes y no del propio pantano del agua que nutriría el acueducto de Aqua Augusta, y por ende a la ciudad de Mérida.



Arriba: tal es el bajo nivel de las aguas embalsadas en el pantano de Cornalvo que desde el propio faldón que recubre aguas arribas la misma presa es posible alcanzar la torre de toma o captación, surgiendo de entre la masa acuífera el terreno que dista entre el sillarejo del dique y el encofrado que abraza la base del torreón, apreciándose la colección de originales sillares graníticos almohadillados que conforman la fábrica primitiva, muchos de ellos dotados con las características horadaciones latinas ejecutadas en pro de poder ser manejados con las ferrei forfices o tenazas de transporte de la época, visibles tanto en la propia torre con en el pilar anexo restante del añejo sistema de acceso a la misma, compuesto de arco de unión que comunicaba torreón con un paredón saliente de la propia presa, restando retazos del mismo antes de la última intervención sobre el monumento, tal y como puede apreciarse en la imagen de González de 1.910. 

Abajo: si el nivel de las aguas estancadas sigue bajando en los próximos meses, seguramente será posible poder observar prácticamente en su integridad la obra de ingeniería hidráulica que conforma la presa de Cornalvo, oportunidad única para saborear el monumento que, sin embargo, vendría de la mano de una alarmante carencia de bien acuático que pondría en peligro nuestros campos, nuestras cosechas e inclusive el propio consumo de agua humano que esperemos no tengamos que llegar a conocer.


sábado, 16 de febrero de 2019

Imagen del mes: Villa romana de El Pomar, en Jerez de los Caballeros


Si bien el origen inmediato de la actual ciudad se remontaría al parecer a la dominación musulmana de la zona, bautizada la localidad con el nombre de Xerixa o Xeris, queda confirmada sin embargo en base a los ricos vestigios arqueológicos preservados la ocupación del enclave donde posteriormente se ubicase la Villa de Seres ya en época premedieval, capitaneando de entre los elementos heredados de época romana el yacimiento conocido como El Pomar, restos de la vivienda señorial de una relevante villa erigida en las tierras de lo que por entonces se nombraría como Caeriana o Seria Fama Iulia, explotación agropecuaria sita entre los confines de la provincia lusitana y la bética Nertóbriga, joya de los monumentos romanos conservados en nuestra región.
Jerez de los Caballeros (Badajoz). Siglos III-IV d.C. (erigida en el siglo I d.C., conocería su época de mayor apogeo entre los siglos III y IV, ocupada hasta el siglo VI); estilo romano.


Arriba: incomprensiblemente cerrada al público, a pesar de su excavación, intervención arqueológica, estudio y adecuación para las visitas, la villa romana de El Pomar forma parte del rico patrimonio histórico-artístico de la ciudad de Jerez de los Caballeros, conservada la vivienda señorial, estructurada en torno a un generoso peristilo o patio porticado de planta rectangular al que se abren el resto de los habitáculos de la casa, dotada originalmente de dos plantas a juzgar por la aparición de ciertos peldaños que conducirían a un nivel superior.


Arriba y abajo: descubierta en 1.969 a raíz del inicio de obra de diversas viviendas, la villa romana jerezana sería excavada durante varias campañas en las siguientes décadas, sin que la relevancia de los restos arqueológicos frenase la construcción de ciertos edificios en sus aledaños, entre los que destacaría el Pabellón Municipal de Deportes Francisco José Rivera Montero junto al  flanco occidental del yacimiento (arriba), lateral residencial en cuyo punto media se abre una amplia estancia recubierta de un rico pavimento musivo (abajo), identificada con el oecus o sala de ceremonias de la familia titular de la hacienda.



Arriba y abajo: conservado en el ala septentrional de la casa parte del muro que cerraría el jardín o viridiarium que centrase la vivienda, rodeado éste a su vez de una arquitectónica cenefa dotada de regulares hornacinas donde se enclavaban las columnas marmóreas que sostendrían la techumbre de los corredores (arriba), ornamentados con mosaicos y losas de mármol, sería posiblemente en este punto de la vivienda donde se encontrase el zaguán o vestíbulo de acceso a la misma, musivamente pavimentado y estructurado en torno a cuatro columnas de fábrica de ladrillo (abajo), junto al que destacan el resto de habitaciones o cubículos delimitados con muros de mampostería.



Arriba: mientras que las habitaciones o cubículos con que contaba el edificio se enclavaban fundamentalmente en los flancos norte, occidental y sureño de la vivienda, el lado oriental ofrece un muro de contención de los terrenos en pendiente sobre los que se asentaba la residencia, sita sobre una suave loma allanada para la ubicación en ella de la mansión.

Abajo: siguiendo el esquema residencial impuesto a partir del siglo I d.C., cuando atrio y peristilo se fusionan en un único patio porticado, dotado en un gran número de casos de jardín interior, la villa romana de El Pomar se articula en torno a un viridarium donde entre plantas ornamentales y cuidada vegetación se descubriría un alargado estanque frente al oecus residencial, reconvertido al parecer con posterioridad en monumental fuente de remate semicircular, persiguiendo la creación de un espacio íntimo donde conjugar vegetación y juegos acuáticos, ya conocido en otras villas romanas de la región, como puede descubrirse en la Villa romana de La Majona, dentro del término municipal de Don Benito.



Arriba y abajo: enclavadas en el extremo sureste de la vivienda, una serie de estancias abiertas al pasillo oriental de la casa se quisieron identificar con el balneario o zona termal residencial, profundamente modificado con posterioridad perdiéndose así el hipocausto, manteniéndose sin embargo un canal por donde pudiese haber circulado antaño el aire caliente en un sala curiosamente de planta absidial, plano en ábside que se repite en el mismo flanco del edificio, abierto al pasillo sureño lo que pudiera haber sido el triclinium o comedor de la vivienda, cubierto como estancia primordial nuevamente con vistoso pavimento musivo.



Arriba y abajo: cuenta la villa romana de El Pomar con una destacada colección musiva conservada in situ, descubriéndose en diversas estancias, tales como las consideradas entrada, oecus y triclinium, así como en ciertas porciones de los pasillos que circundan el peristilo, representaciones geométricas de las que surgen en algunos casos figuraciones y personajes variados, no siendo ésta solución artística la única tomada en pro de la ornamentación de la vivienda, cubiertos sus muros internos con pinturas sobre estuco donde, al igual que en otras residencias y villas conservadas en la región, como en la cercana a Mérida de las Tiendas, se simulan zócalos marmóreos en un estilo cercano al ilusionista, preservados y expuestos tales vestigios en el emeritense Museo Nacional de Arte Romano.



domingo, 27 de enero de 2019

Imagen del mes: Tumbas visigodas de Peñaflor, en Berrocalejo


Formando parte de los abundantes restos arqueológicos que circundan las proximidades del roquedo de Peñaflor, natural atalaya que sobre el río Tajo fuese escogida por celtas, romanos, visigodos y musulmanes como lugar de asentamiento y almenara defensiva sobre el margen derecho del cauce fluvial, se descubre una pequeña colección de enterramientos basados en sepulcros excavados sobre la berroqueña piedra, de debatida datación entre cuyas teorías triunfa la que las sitúa en época de dominación visigoda, destacando la menuda necrópolis entre otras del mismo estilo y época de la región por conservarse junto a las tumbas retazos de las tapas graníticas que sellarían los enterramientos, habitualmente desaparecidas.
Berrocalejo (Cáceres). Siglos VI-VII d.C.; estilo visigodo.


Arriba y abajo: semiescondidos al visitante por la hierba y el pastizal que impera en el enclave, pueden localizarse a simple vista cinco sepulcros en las cercanías de la atalaya de Peñaflor, ubicados cercanos los unos a los otros, tallados todos sobre la roca granítica madre en pareado grupo de dos aumentado con otra tumba aislada, ésta sobre un berrueco quedando los primeros a ras del suelo, figurando junto a sendos dúos restos de las tapas que los cerraban y guarnecían su interior (arriba), tiempo atrás expoliados (abajo).



Arriba y abajo: con diseño trapezoidal dispuesto a acoger al difunto en posición de decúbito supino (arriba), se halla a pocos metros de dos grandes bolos graníticos una de las dos parejas de sepulcros que restan en el lugar, yaciendo junto a los enterramientos porciones de las cubiertas que los guarnecían, de similar fábrica berroqueña que las tumbas (abajo), tan abundante en la zona.



Abajo: labradas también en dúo pero no en paralelo sino contigua verticalmente la una a la otra, dos tumbas más afloran horadadas en la roca madre a nivel terrenal, ofreciendo como en el caso de sus hermanas vestigios de las losas que las cerraban, raramente presentes junto a este tipo de enterramientos, destruidas o reutilizadas tras el saqueo del interior de las fosas.






Abajo: sobre un berrueco de mayor envergadura se quiso cincelar una aislada quinta tumba de tipología rectangular tendente sin embargo al antropomorfismo, al poder apreciarse en el interior de la misma un ligero horadamiento extra en el lateral junto al que se depositaría la cabeza del difunto, preciso para poder colocar con mayor comodidad el inerte cuerpo fallecido.



  
Arriba y abajo: dirigiendo nuestros pasos hacia el roquedo de Peñaflor es fácil toparse entre arbustos y maleza restos constructivos procedentes de variadas construcciones y distintas épocas, tales como sillares de labra romana (arriba), así como vestigios de los muros de la atalaya andalusí que las fuerzas islámicas levantaron junto al grupo de berruecos que componen el peñascal (abajo), para el que reutilizaron restos hispano-romanos anteriores tales como un miliario tomado de la cercana vía Iter ab Emerita Caesaraugustam, unión entre las latinas Mérida y Zaragoza que junto a este enclave superaban el curso del antaño río Tagus.


Abajo: la localidad de Berrocalejo, ubicada en la zona más oriental de la provincia cacereña, arrinconada entre el embalse de Valdecañas y la provincia de Toledo, con acceso desde la autovía A-5 tras dejar atrás Navalmoral de la Mata en dirección a Madrid y desviarnos por la carretera CC-33.2, atravesando el municipio de El Gordo, dista del roquedo de Peñaflor unos tres kilómetros, enclavado el peñascal al Sur del pueblo. Una senda que parte del pilón donde hoy en día se recogen las aguas que dieron origen a la población, como descansadero para los rebaños de la Mesta, se dirige hacia el histórico enclave tras abandonar el casco urbano a la altura de un pequeño parque descubierto a mano derecha del caminante. La senda, entre encinares y campos de labranza, alcanzará un vallado junto al cual se presenta una bifurcación de caminos, siendo la ruta diestra la que dirige los pasos hacia nuestro destino, visible la cuenca del Tajo alcanzado un punto geodésico a partir del cual comenzaremos a descender, acercándonos poco a poco hacia la otrora tierra por diversas culturas habitada.








lunes, 31 de diciembre de 2018

Imagen del mes: Puente romano de Segura, sobre el río Erjas


No podría darse mejor ejemplo como demostración del pasado romano conjunto entre España y Portugal que el puente levantado sobre el río Erjas, cauce fluvial presentado como actual límite fronterizo entre sendos países ibéricos, donde el viaducto erigido en época contemporánea al de Alcántara, presumiblemente hermano pequeño de aquél e igualmente firmado por Cayo Julio Lacer, erigido para servir antaño a la calzada de unión entre Norba Caesarina (Cáceres) y Egitania (Idanha-a-Velha; Portugal), es hoy puesto fronterizo cuya titularidad comparten las dos naciones que ocupan lo que tiempo atrás fuese la Lusitania.
Río Erjas, a su paso entre los límites territoriales de Alcántara (Cáceres) y Segura (Idanha-a-Nova; Portugal). Siglo II d.C. (restaurado en 1.571 e intervenido a finales del siglo XIX); estilo romano inicial, con posterior influencia moderna bajo trazas diseñadas por los maestros Pedro Villegas, Diego de Castañeda y Sebastián de Aguirre. 



Arriba y abajo: de los cinco ojos con que cuenta el puente romano de Segura, sobreviven de la obra primitiva los arcos anexos a sendas orillas, apreciándose en aquél unido a la vega española (arriba) la línea que a base de sillares labrados bajo moldura de talón, golpeados al parecer durante la intervención ejecutada en el siglo XIX, posiblemente marcaba ornamentalmente la separación entre ojos y calzada, perdida ésta sin embargo junto a la ribera portuguesa (abajo).



Arriba y abajo: asentado sobre la roca madre pizarrosa, se aprecia en los sillares que conforman el ojo más próximo a la orilla lusa los pequeños orificios horadados sobre las piezas de granito rosa que constituyen la obra de ingeniería, así en la cornisa de la que parte el arco (arriba) como en su tajamar contiguo (abajo), característico en las construcciones de época romana cuando, para levantar los bloques, eran utilizadas las ferrei forfices o tenazas de transporte encajadas sobre estos puntos.



Arriba y abajo: al igual que los arcos laterales, se conservan de la fábrica romana los tajamares contiguos a sendos ojos de los cuatro que el puente ofrece río arriba, de planta triangular coronados durante la remodelación efectuada en época moderna con sombreretes piramidales, apreciándose bajo ellos la última intervención ejecutada sobre la construcción, fechada en 2.007, decidiéndose entonces y tras la aparición de una grieta consolidar el monumento llevándose a cabo entre otras medidas el rellenar con cemento las juntas inicialmente en seco entre sillares, así como reforzar pilares y tajamares en su base con hormigón armado, actuación que derivaría en una gran polémica y amplio debate sobre las restauraciones arqueológicas, considerada por no pocos autores como un grave atentado contra el patrimonio.



Arriba y abajo: ya intervenido durante el dominio romano tras apreciarse deficiencias hidráulicas, el aspecto actual presentado por el puente romano de Segura deriva fundamentalmente de la restauración a la que el monumento se vería sometido tras ser víctima de una riada, acontecida en 1.565, que destruyese sus tres arcos centrales, reedificándose en el siglo XVI tales ojos en arcos de medio punto ligeramente peraltados apoyados sobre los retazos de la obra inicial, irguiéndose nuevamente los dos pilares centrales, reutilizándose material original e incorporando piezas nuevas donde se intentó repetir la ornamentación en almohadillado, entre la que se colaría algún elemento simbólico contemporáneo a la nueva intervención, como es el león rampante que se presenta labrado río arriba sobre una de las dovelas del segundo puente más cercano a Portugal, cuarto desde la línea española (abajo).



Arriba y abajo: detalle de los arcos centrales del viaducto internacional, donde puede apreciarse la combinación entre elementos originales y piezas reincorporadas, más gastados los primeros y de pátina menos dorada los sillares más modernos, resaltando la aparición de la pizarra en el levantamiento del resto de muros del puente, ampliados a finales del siglo XIX con el fin de devolver al monumento una calzada plenamente horizontal, perdida tras la reedificación del siglo XVI cuando se decidió dotar a la construcción de doble vertiente, alzando por tal motivo y sobre el resto de sus hermanos el arco central.



Arriba: sobre el nuevo petril aportado durante las intervenciones decimonónicas ejecutadas sobre el monumento internacional, adaptándolo al tráfico rodado hasta ser presentado hoy en día como base de una contemporánea carretera, una doble placa, repetida en cada lienzo de protección, marca el punto central de la obra de ingeniería y la soberanía bajo la que queda custodiada cada una de las mitades de la construcción, dos naciones hermanadas cuyas raíces históricas se entrelazan hasta entroncarse en un único origen común.

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