martes, 30 de abril de 2019

Imagen del mes: Portada gótico-plateresca de la Parroquia de San Bartolomé, en Feria


Centrada por un relieve protagonizado por el santo titular del templo, posiblemente rescatado de un sacro edificio anterior, se abre en el muro del evangelio de la parroquia corita una portada diseñada en comunión  entre el gótico más tardío con el plateresco precursor del Renacimiento hispano, donde entre pináculos y pilastras corona el arco escarzano de acceso un San Bartolomé ante el que se rinden variados seres fantásticos a camino entre la imaginería medieval y la mitología clásica, en clara alusión al triunfo de la palabra de Cristo sobre lo terrenal, del que el Apóstol patrón de Feria sería excepcional referencia.
Feria (Badajoz). Siglos XV-XVI; estilo gótico-plateresco.
 

Arriba y abajo: basada en un arco escarzano bordeado, junto a las jambas del portal, de una ancha cenefa labrada y limitada entre dos arquivoltas (abajo), corona la puerta de entrada del lado del evangelio del templo mayor de la pacense localidad de Feria una ventana de arco conopial y similar doble arquivolta en cuyo vano sería ubicada, convirtiéndola en una pseudo-hornacina, una pieza pétrea donde figura tallado el santo bajo cuya advocación se presenta el templo (arriba), de tosco labrado pero dotado de su simbología más tradicional, ataviado con su propia piel y portando en su mano derecha el cuchillo de su degollación y martirio, asido en su zurda el libro de las escrituras sagradas bajo las que predicaba, venciendo a una diablesa dragoniana que cae encadenada a sus pies, representación del derrotado demonio Astaroth según narraría la medieval Leyenda Dorada, sacra recopilación hagiográfica donde quedaría recogida la vida y obra del Apóstol por el obispo genovés Santiago de la Vorágine.



Arriba y abajo: protagonista de la clave del arco de entrada (arriba), un San Bartolomé, en torso y portando cuchillo y sacro libro, se erige como única figura religiosa de entre todas las que pueblan la banda ornamentada que bordea la portada gótico-plateresca, combinación pareada y paralela entre ambas mitades de la puerta de elementos (abajo), compuesta por figuras vegetales y seres de carne y hueso enlazados entre sí, donde a las aves le siguen los dragones, bajando de los cielos a lo terrenal representado por leones y centauros, rematando la serie una doble pareja de figuras humanizadas, quizás hombre y mujer, según algunos autores signos zodiacales o, adivinándose ciertas alas en el dúo derecho, seres alados o ángeles caídos de díficil interpretación dada su conservación erosionada, que en suma a sus previos compañeros podrían hacer referencia resumida a una creación poblada de seres tanto reales como imaginarios sometidos a la palabra de Cristo, doctrina que el propio Apóstol Natanael se dedicaría constantemente a predicar tras la Resurreción del Mesías al que siguió hasta su propio martirio.







Abajo: vista detallada de las flores ubicadas juntos a los también ornamentados capiteles de las arquivoltas, así como de la pareja de centauros que se descubren en el friso que circunda la portada parroquial, más erosionados éstos que las primeras al estar a más baja altura y cercanos al paso de los transeúntes, provisto el izquierdo de arco y flecha, con lanza y escudo su compañero a la diestra, guerreros por tanto rescatados de una mitología clásica retomada artísticamente en los inicios de la Edad Moderna, descubriéndose entre el ornamento de un plateresco prerrenacentista que casa sabiamente con un recargado gótico final, bien vista la aparición de tales elementos de raíz grecorromana no sólo como alusión al pasado del que se deriva, sino como cultura sometida a las directrices del Catolicismo reinante.





Abajo: frente a la plateresca cenefa que orla la puerta de acceso en sí, dos pilastras a modo de enmarcación del total granítico que a base de sillares componen la portada del evangelio, permanecen rematadas por pináculos al más puro estilo gótico, aún reinante en la época de inicio de construcción de la iglesia parroquial corita, entre finales del siglo XV y comienzos del siglo XVI.



Arriba y abajo: vista general del lado del evangelio de la Parroquia de San Bartolomé de Feria (arriba), donde se abre su ejemplar portada gótico-plateresca, monumento sobresaliente dentro del casco urbano de la localidad, declarada Conjunto Histórico por BOE de 12 de mayo de 1.970, tal y como se puede comprobar desde el Castillo de los Duques de Feria (abajo), corona de la población y edificio principal del municipio corita.


martes, 23 de abril de 2019

Colaboraciones de Extremadura, caminos de cultura: el periódico Hoy se hace eco del hallazgo del Dolmen de la Luz


La divulgación de la existencia del Dolmen de la Luz da un paso más. El pasado 22 de abril el periódico extremeño regional Hoy se hacía eco de la noticia de su descubrimiento. A través de un artículo elaborado por el periodista Evaristo Fernández de Vega, Hoy publicaba tanto en su edición en papel como a través de su web y edición digital un artículo dedicado en exclusividad al tema. Ha querido contar este periódico para ello con la colaboración de Extremadura: caminos de cultura. Gustosamente no sólo atendimos y charlamos en persona con Evaristo Fernández sobre el hallazgo, sino que inclusive se proporcionaron imágenes tomadas in situ del monumento megalítico, siendo publicada una fotografía realizada por Samuel Galán Álvarez pocos días después del hallazgo del yacimiento, en la que figura el autor del blog junto al dolmen arroyano en cuestión.

Inmensamente agradecidos con Hoy por haber querido contar con este espacio en la red para dar a conocer la noticia a un más amplio nivel, especialmente entre los lectores y el público extremeños, así como honrados una vez más ante la oportunidad de promoción y divulgación de este hasta hace escasas semanas desconocido bien, invitamos a los seguidores del blog a leer el artículo periodístico a través del enlace adjunto bajo estas líneas, cumplimentando inclusive la presente entrada con diversas tomas captadas de la edición digital de la noticia, deseando sirva para ilustrar sobre el inmueble descubierto y poner aún más en valor este monumento sito en la Dehesa boyal de Arroyo de la Luz (Cáceres), así como fomentar el conocimiento y el aprecio por el rico patrimonio histórico-artístico y vasta herencia cultural legados a nuestra región.







sábado, 13 de abril de 2019

Colaboraciones de Extremadura, caminos de cultura: Tumbas en piedra, de El Lince con Botas 3.0, para Canal Extremadura


"Destinadas al recuerdo, son pasto del olvido. Fosa y ataúd fundidos en el hueco de la piedra. Hace ya tantos siglos que hasta el recuerdo de los huesos se ha borrado. Muchas han desaparecido bajo obras y remociones del terreno, otras todavía no se han encontrado, pero cientos de ellas permanecen, como ojos abiertos, dispersas por toda nuestra geografía. Misteriosas y mudas.
Sin embargo, conectadas a tres de los fenómenos históricos más relevantes de nuestra antigüedad tardía. Por una parte, el declive del Imperio Romano y la crisis política y monetaria del siglo III, por otra, la extensión del cristianismo, y, finalmente, no sólo la llegada de otros pueblos, los llamados bárbaros, a partir del siglo V, sino la asimilación que estos hicieron de las estructuras eclesiásticas y de algunas costumbres previas de los hispano-romanos. Ahora bien, no todas las tumbas excavadas en roca diseminadas en nuestro paisaje provienen de la misma época. Algunas pueden remontarse a la edad del Bronce, otras proceder de momentos más tardíos de la edad media. Sin embargo, parece que el grueso de las encontradas, dentro de la falta de estudios y dataciones que caracteriza estos hallazgos, podría situarse entre los siglo IV y VIII de nuestra era. Samuel Rodríguez Carrero nos acompaña para enseñarnos a buscar.
Tumbas en piedra, en El lince con botas."

El pasado viernes, 12 de abril, emitía Canal Extremadura TV a las 23.30 horas un nuevo reportaje dentro del espacio conocido como El lince con botas 3.0. Encabezado el programa bajo la introducción anterior, el lince con botas se remontaba esta vez, temporalmente, a los siglos inscritos entre el final del Imperio Romano y el auge de la monarquía hispano-visigoda, acudiendo geográficamente por otro lado a sendas necrópolis visigodas enclavadas tanto en el interior de la Dehesa de la Luz, en Arroyo de la Luz, como a la ubicada en las proximidades de la localidad de Aliseda, donde una serie de tumbas excavadas en la roca servirían para introducirnos en un olvidado capítulo de la historia de las tierras que conforman hoy nuestra región, cuando el declive de la vida urbana da paso al apogeo de las villas y vicus rurales que, en forma de explotaciones agropecuarias vertebrarían la economía y organización poblacional de una inicial sociedad medieval previa a la llegada del Islam.

Para la realización de este reportaje, quiso contar nuevamente el equipo de Libre Producciones con la colaboración de este blog. Siempre honrados e inmensamente agradecidos ante su solicitud, Extremadura: caminos de cultura aceptaría gustosamente la propuesta de mostrar en pantalla unos yacimientos tan poco conocidos como valiosos en cuanto a su peso histórico, fieles a una incansable labor de divulgación y promoción del vasto patrimonio histórico-artístico que nutre nuestra comunidad.

Publicado a día de hoy el capítulo en la web de Canal Extremadura, añadimos el enlace al mismo a modo de apéndice de esta entrada, invitando a lectores, seguidores y visitantes a visualizar y disfrutar del mismo, deseando sea de su agrado, sin dejar de convertirse en una fuente ilustrativa que nos sirva para conocer mejor nuestro pasado, nuestra historia y la razón de ser de nosotros mismos.



domingo, 31 de marzo de 2019

Imagen del mes: Falo de la muralla romana de Mérida


Rescatado posiblemente de algún edificio donde se quiso ubicar como amuleto protector del lugar para el que fuese labrado, se conserva entre los sillares de refuerzo con que se forró la muralla original emeritense ante las invasiones bárbaras peninsulares un falo esculpido toscamente sobre la roca granítica, representación más cercana a lo apotropaico que al erotismo o la grosería que, pese a estar colocada boca abajo, no se ocultó de la visión pública, quizás como supervivencia de una superstición pagana que lo salvaría ante la explosión del cristianismo de la destrucción y el olvido, recobrándose en una función benefactora a escasos metros de una de las principales puertas del cerco, paso abierto encaminado hacia el Foro Provincial de la ciudad.
Mérida (Badajoz). Labrado posiblemente entre los siglos I a.C. y IV d.C., reutilizado en el reforzamiento ejecutado en el siglo V sobre la muralla augústea primitiva; estilo romano.


Arriba: esculpido habitualmente en horizontal, con ejemplos igualmente conocidos en diagonal con el glande apuntando hacia la zona superior del soporte sobre el que eran labrados, los falos protectores presentes en las urbes, casas y edificaciones romanas se representaban así en modo erecto, en clara alusión tanto a la varonil deidad de la fertilidad del que procedían, un siempre sexualmente excitado dios Príapo, como a la idea de fecundidad y prosperidad anexa de la que a su vez procedía el mito divino, conservados múltiples ejemplares a lo largo y ancho de lo que fuese el mundo romano sin que en Mérida faltasen éstos, observados tanto en el puente sobre el río Guadiana como en la arquería del acueducto de los Milagros, destacando en la muralla el que junto a la puerta que conducía al Foro Provincial desde la vega del Anas fuese allí colocado durante el reforzamiento del cercado de la ciudad, curiosamente mirando el glande hacia abajo, con los testículos marcados en su parte superior, dispuesto en una posición poco habitual seguramente por ser este sillar rescatado de alguna otra edificación previa donde luciría apaisadamente en su función apotropaica, hasta la tardía reutilización de la piedra que tomaría valor como pieza defensiva en sí, semiolvidado el valor mágico de la escultórica representación en relieve del pene protector que lucía la misma.


Arriba y abajo: ideado según algunos autores inicialmente más como símbolo de poder que bajo un fin defensivo en sí, el primitivo sistema amurallado emeritense, iniciado en época de Augusto nada más ser fundada la ciudad en el año 25 a.C. y coincidente con un periodo de paz que haría innecesario un cerco protector, constaba básicamente de un muro de sillarejo rematado en esquinas de torres y puertas con sillares graníticos, que ante la llegada en el siglo V de los pueblos bárbaros a la península Ibérica hubo de ser reforzado con una cortina de bloques pétreos que engrosasen el lienzo y multiplicasen el valor defensivo del sistema en sí, siendo a tal fin reutilizadas piezas rescatadas de edificaciones previas entre las que se encontraría el sillar base del falo protector, así como restos de fustes y otros elementos claramente diseñados en un principio para otro fin y destino urbano, redescubiertos en el tramo de muralla que cercaba el  flanco de poniente de la antigua colonia abierto sobre la ribera del Anas, actual yacimiento de Morería en el bautizado como Paseo de Roma de la capital extremeña.




Arriba y abajo: aunque no tan primordial ni monumental como las puertas abiertas en los extremos del Cardo y Decumanus Maximus de la colonia, una de las portadas principales de la ciudad (arriba) se abría desde el margen derecho del río Anas y a la izquerda de la conocida como Puerta del Puente en paralelo al decumano mayor hacia el segundo foro o Foro Provincial de la ciudad, defendida por un torreón que vigilaba el acceso a partir de la reforma del sistema amurallado ejecutado en el siglo IV, reforzado con una cortina de sillares un siglo después, engrosamiento que haría perder a la torre su adelantamiento respecto de la muralla original (abajo), claramente distinguible el cinturón primitivo del resultado final en base a la distinta fábrica de sendas obras, en sillarejo la inicial y a base de grandes sillares graníticos la más tardía (abajo, siguiente), donde quedaría incluida la pieza ornamentada con falo potector, que de tal manera pasaría a formar parte de la emeritense muralla romana.



 
Arriba y abajo: pese a un presumible más simbólico que práctico origen del sistema de amurallamiento de la colonia, no dejaría de contar la ciudad de Mérida desde su origen y hasta la definitiva reconquista en el siglo XIII de la localidad con un cinturón defensivo que, como el resto de la urbe, sufriría los constantes avatares históricos que se desarrollarían en el municipio, viéndose la misma afectada, en pro o en contra, por múltiples etapas cronológicas escritas sobre un inicial entramado levantado en edad augústea, reorganizado en el siglo IV durante el Bajo Imperio, así como fortalecido con un paño de sillares un siglo después, semidestruida parte de su estructura como castigo por su desacato ante el emir cordobés Abderramán II, reedificado el cerco por los andalusíes entre los siglos XI y XII, restando sin embargo y a diferencia de otras muchas poblaciones históricamente cercadas no muy cuantiosos metros de unas defensas que llegarían a rozar los 4 kilómetros de longitud, rescatados diversos tramos y retazos en base a los constantes descubrimientos y excavaciones que se dan continuamente por la ciudad, destacando por su antigüedad el flanco primitivo visitable en el Conjunto Arqueológico de Morerías (arriba), donde se recobraron algunos de los portillos que, mirando al río y de manera secundaria, permitían múltiples accesos a la urbe, facilitando el deambular sin necesidad de tener que dirigirse a las portadas principales de la ciudad, que quedarían así a salvo del colapso del tráfico (abajo), mientras que por su integridad se podría subrayar la torre albarrana musulmana y lienzo anexo que, entre las calles de Almendralejo y del Arzobispo Mausona, sobrevive en pie y prácticamente altura original desde el siglo XI, para cuya edificación se reutilizarían, como a lo largo de toda la historia emeritense, sillares romanos rescatados de infinidad de rincones de la ciudad (abajo, siguientes), creciendo así constantemente la ciudad tanto histórica como urbanísticamente sobre sí misma.





sábado, 9 de marzo de 2019

Colaboraciones de Extremadura, caminos de cultura: hallazgo del Dolmen de la Luz, en Arroyo de la Luz


La dehesa boyal de Arroyo de la Luz, más conocida como Dehesa de la Luz, presenta al visitante parajes de auténtica belleza, ofreciendo un cuidado paisaje de bosque mediterráneo adecuado a una centenaria explotación ganadera del lugar, surgiendo entre encinas y afloraciones graníticas enclaves donde puedes sentirte en auténtica comunión con la más característica de las estampas de naturaleza extremeña. Pero la dehesa pública arroyana da para mucho más. Atesora en su interior un ingente número de vestigios arqueológicos que nos hablan de un uso y una ocupación desde antiguo de la zona, destacando fundamentalmente la gran colección de tumbas presuntamente visigodas que, englobadas básicamente en tres secciones, complementan una de las necrópolis de sepulcros excavados en roca más numerosa y relevante de la región. Conocida es también por los arqueólogos la presencia de pétreas prensas olearias o vinícolas posiblemente vinculadas con una antigua villa tardorromana o visigótica, así como la existencia de un poblado de ocupación postpaleolítica. Sin embargo, desde el 7 de marzo podemos hablar de algo más: la ubicación de un monumento megalítico del que no se tenía constancia, y ante cuyo hallazgo Extremadura: caminos de cultura ha tenido el grandísimo honor de colaborar.

Sería la tarde del pasado 26 de febrero cuando, en pro de tomar nuevas imágenes de las tumbas excavadas en la roca que pueblan la dehesa con el fin de cumplimentar la entrada que sobre la necrópolis visigoda arroyana sería publicada en este blog el pasado 1 de marzo, nos dirigimos nuevamente a la dehesa de la Luz cámara en mano. Volviendo del conocido como Pozo de las Matanzas, donde aguardan dos tumbas rupestres exentas, y tras percatarnos de la presencia de nuevas sepulturas roqueñas junto al camino que, desde la ermita patronal, se dirige a la zona occidental de la finca pública, deambulamos por la zona examinando los abundantes berruecos que aparecen junto al bohío del que nos permitimos tomar la nomenclatura para poder designar esta sección de la supranecrópolis. Fue entonces cuando decidimos subir a lo alto de una suave loma coronada por lo que parecían ser unas afloraciones graníticas que surgían del terreno. Al llegar pudimos observar, sorpresivamente, que la disposición de las piedras no parecía aleatoria. Se presentaban en círculo, ligeramente inclinadas las piezas pétreas hacia el centro de la circunferencia que dibujaban éstas. Todo hacía pensar en la posible colocación premeditada de las mismas. Orientada hacia el levante la que parecía ser la entrada al recinto que dibujaban las piezas, podíamos estar presentes ante los restos de un dolmen.

Sin habernos encontrado en ningún momento con información que anunciase la presencia de un dolmen en la dehesa de la Luz, y tras volver a revisar publicaciones sobre el tema, no dimos con datos al respecto. Podríamos estar, por tanto, ante un dolmen completamente desconocido por investigadores y autoridades. Era nuestro deber ponerlo en conocimiento de las instituciones competentes. Tras consultar a Alejandro González Pizarro, colega bloguero y gran apasionado del arte rupestre, nos pusimos en contacto con Hipólito Collado, jefe de la Sección de Arqueología de la Junta de Extremadura. Igualmente, decidimos escribir a otros departamentos de la Consejería de Cultura de Igualdad. La primera respuesta la tuvimos por parte de José Javier Cano, desde el Centro de Conservación y Restauración de Bienes Culturales: era un dolmen. Le seguiría Hipólito Collado: se trataba seguramente de una estructura megalítica inédita. La visita de los arqueólogos se hacía necesaria para poder confirmarlo definitivamente. El día 7 el equipo de José Ramón Bello, dependiente de la Dirección General de Bibliotecas, Museos y Patrimonio Cultural, se dirigía a la dehesa boyal arroyana. El hallazgo de un nuevo dolmen quedaba confirmado.

Desde Extremadura: caminos de cultura, hemos propuesto denominar el monumento como Dolmen de la Luz, tomando este nombre no sólo por ser en la conocida como "La Luz" el lugar donde se encuentra y donde ha permanecido pacientemente en silencio el bien, esperando poder ser presentado algún día nuevamente en sociedad. La Luz haría mención además a una doble tradición histórica sobre el enclave. La más conocida por la población arroyana remite a una legendaria aparición mariana que, durante una supuesta batalla entre los poderes cristiano y musulmán poco antes de darse la definitiva reconquista de Cáceres en abril de 1.229, vendría acompañada de una potente fuente de luz que permitiría ante la llegada de la noche dar el triunfo a las tropas leonesas, de bastante similar manera a como supuestamente aconteciese durante la confrontación que tendría lugar en 1.248 en lo que hoy es Tentudía. De aquellos supuestos milagro y batalla provendrían ermita y patrona de la localidad. Talla de la Virgen que, sin embargo, se conocería hasta 1.500 como de la Lucena, acortando desde el inicio del siglo XVI tal nomenclatura en pro de acondicionarla a la leyenda y supuesto milagro que acompañaba el culto católico. Lucena sin embargo haría antaño referencia al lugar donde se ubicaba el templo patronal y hacienda de la que surgiría la actual dehesa boyal, llamada así durante los últimos siglos del medievo por ser considerado el paraje como los terrenos donde se asentaba la villa de un tal Lucio, hecho quizás conocido por la aparición de alguna estela o inscripción epigráfica que así lo indicase, explotación agropecuaria a la que pertenecerían posiblemente muchos de los restos arqueológicos conservados en la zona.

Desaparecido completamente el túmulo que cubriese el monumento, así como la tapa de la cámara funeraria que sellase superiormente la misma, se conservan algunos de los ortostatos que conformaban el panteón, desafortunadamente recortados posiblemente en pro de ser utilizada su materia prima en algún cercado cercano. A falta de intervención arqueológica más profunda, se desconoce la presencia o no de corredor a modo de pasillo de acceso al mausoleo que acogiese, seguramente entre los milenios IV y III a.C., los cuerpos de los miembros fallecidos del clan que habitase los contornos donde se halla el bien, emparentados culturamente con las poblaciones neolíticas o calcolíticas que ocupaban las comarcas extremeñas enclavadas entre los ríos Tajo y Guadiana en la mitad occidental de la región, a juzgar por el gran parecido dimensional y estructural del dolmen arroyano con aquéllos conservados en términos municipales de localidades como Valencia de Alcántara o San Vicente de Alcántara, sumándose el Dolmen de la Luz al vasto número de monumentos megalíticos con que cuenta nuestra región, que amplía además de esta manera el rico patrimonio histórico y cultural de Extremadura, comunidad repleta de arte de todas las edades, muchos de cuyos ejemplos están aún por descubrir. El Dolmen de la Luz, sin embargo, es ya una realidad.


Arriba y abajo: aspecto que presentaba el Dolmen de la Luz la tarde del 26 de febrero de 2.019, día de su hallazgo.


(Dedicado a todos aquéllos que creyeron en mi labor divulgativa e investigadora, y muy especialmente a Adrián Bermejo "el Ciacero", nacido en las mismas tierras que este monumento y bisabuelo al que no pude conocer en vida, pero del que todos dicen que heredé la pasión por el saber. Infinitamente, muchas gracias)
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