sábado, 1 de agosto de 2020

Imagen del mes: Dolmen del Alcornocón, o Juan Durán I, en San Vicente de Alcántara


Eclipsados por la relevante colección dolménica inscrita dentro del vecino término municipal de Valencia de Alcántara, los nueve dólmenes sanvicenteños se suman en realidad al mismo movimiento cultural que, llevado a cabo por los primeros grupos agrarios asentados en el lugar, ejecutase el vasto número de pétreos mausoleos que, entre las hoy fronterizas tierras que actualmente gestionan las provincias de Cáceres y Badajoz junto al colindante país luso en este rincón peninsular, se ofrece como una de las aglomeraciones megalíticas más cuantiosas y destacadas tanto a nivel ibérico como europeo, sobresaliendo entre los ejemplares de lo que antaño fuera aldea valenciana el dolmen conocido como de Alcornocón, o Juan Durán I, cercano, como Juan Durán II, a la fuente bautizada con tal nombre que aún mana a los pies del camino a La Codosera, restando del prehistórico monumento tres ortostatos íntegros en pie de lo que fuese la cámara funeraria en sí, de dimensiones y características paralelas a las mostradas por la mayoría de sus hermanos norteños, demostrando la relación artística y arquitectónica entre inmuebles en una época en que las lindes actuales eran inexistentes.
San Vicente de Alcántara (Badajoz). Fechado entre los periodos Neolítico y Calcolítico (IV y III milenios a.C.).


Arriba y abajo: carente quizás de corredor de entrada, al igual que varios de los ejemplares valencianos y a juzgar por la inexistencia de piezas que constituyesen tal pasillo, la puesta del sol junto al dolmen sanvicenteño de Alcornocón demuestra la orientación de la cámara mortuoria del mismo hacia poniente (arriba), abierto su acceso hacia el levante (abajo) en el punto del mausoleo que no presenta vestigios de ortostatos clavados sobre el terreno donde se asienta, siguiendo la tendencia mantenida a la hora de ejecutar todo inmueble dolménico bajo ideales funerarios interrelacionados con el movimiento solar, descubriéndose a los pies del mismo retazos graníticos de algunas de las piezas que constituyesen primigeniamente el edificio fúnebre (abajo, siguiente), restando in situ, aunque cercenados, restos de algunos de los elementos de sustentación (abajo, imágenes tercera y cuarta), conservados frente al partido otros tres ortostatos básicamente íntegros que cerrarían  el lado septentrional de la obra (abajo, imagen quinta).







Arriba y abajo: de tendencia circular y con 2,50 metros aproximados de diámetro, la cámara funeraria del dolmen del Alcornocón (arriba) quedaría posiblemente enmarcada primitivamente entre de seis a siete ortostatos cuya altura alcanzaría, conservadas prácticamente íntegras las tres piezas que conforman el flanco norteño (abajo), los 2,10 metros de longitud, con una media de 1,20 metros de anchura, desaparecida la tapa del monumento, figurando retazos pétros que pudieron pertenecer a  éste o formar parte de su entramado de sujección junto al paredón conservado del megalito (abajo, imágenes cuarta y quinta), adivinándose a poca distancia y entre el pastizaje alguna otra pieza granítica que, por presentar sus contornos recortados y aplanados (abajo, imagen sexta), pudieran haber formado primigeniamente parte del compendio arquitectónico de que se constituía el bien inmueble, deshecho el túmulo que originariamente lo sellase inscrito, siguiendo nuevamente directrices edilicias marcadas y vistas en este tipo de obra prehistórica, sobre una elevación natural desde la que poder ser atisbado y otear los contornas a la par (abajo, imágenes séptima y octava), persiguiendo posibles fines demarcativos, situacionales o sencillamente rituales y litúrgicos, entregando el cuerpo de los seres difuntos allí depositados a las fuerzas de la naturaleza y el más allá.









Abajo: bautizadas, como el prehistórico dolmen, con el nombre de la finca donde se asientan, son varias las tumbas antropomorfas que componen lo que podría denominarse Necrópolis de Alcornocón, labradas sobre las afloraciones graníticas que salpican el enclave, horadada la piedra a fin  de ofrecer tal espacio obtenido como féretro perenne donde preservar los restos humanos allí depositados, cincelado un reborde en derredor del pétreo túmulo donde poder inscribir la tapa que cerrase la sepultura, siguiendo la tendencia vista en similares sepulturas sitas en múltiples puntos y rincones de la geografía extremeña, permitiéndonos datar tales bienes históricos, tomando como base la cronología acertada de algunos ejemplares similares de los que pudieron rescatarse ciertos ajuares, entre el periodo tardorromano y la etapa visigoda, expoliadas y carentes de enlosado las sepulturas sanvicenteñas, advirtiendo la presencia de dos sepulcros en la parte baja de la colina sobre la que se asienta el dolmen del lugar, verificándose, a través de la presencia tanto del mausoleo prehistórico como de la necrópolis altomedieval, un continuado uso fúnebre que a lo largo de varios periodos cronológicos se le ha dado al enclave, ofreciendo una continuidad funcional presente en otros muchos parajes y monumentos, advirtiéndose el valor que los postreros pueblos dieron al patrimonio preliminar, enlazando, casual o premeditamente, culturalmente con éstos.



Abajo: partiendo de la propia localidad de San Vicente de Alcántara hacia la vecina población de La Codosera, a través de la carretera BA-132, antes de alcanzar el kilómetro 2 se halla en el margen derecho de la vía la conocida como Fuente de Juan Durán, apareciendo frente a ella, en el margen izquierdo de la calzada, una senda térrea que deberemos seguir en caso de desear visitar el dolmen de Alcornocón, girando al final de ésta hacia nuestra diestra, alejándonos del caserío sanvicenteño, volviendo a tomar el ramal derecho en la posterior bifurcación, punto donde es recomendable dejar estacionado el vehículo en caso de habernos acercado a la zona haciendo uso del mismo, descubriendo pocos metros más adelante, junto a la entrada a la finca particular por donde nos tendremos que adentrar, un cartel indicando la presencia en tal enclave del monumento megalítico y sus adyacentes tumbas antropomorfas, sitas en el tercer terreno que, partiendo en línea recta desde tal cancela, alcanzaremos tras sobrepasar los dos cercados que delimitan sendas fincas previas a la de Alcornocón, descubriendo el dolmen homónimo a dicha hacienda no lejos de la casa en ruinas allí inscrita, cercano al muro de cierre de poniente, capitaneando la suave colina cuya falda se inicia a los pies de éste.


(Dolmen localizado gracias a las indicaciones ofrecidas por el blog conjuntomegaliticodeextremadura.blogspot.com)

viernes, 17 de julio de 2020

Imagen del mes: Menhir del Cabezo, en las cercanías de Alcántara


El 10 de julio de 1.985, la pasión por el arte y la arqueología llevaba a D. Fernando Tostado Granado a descubrir en las proximidades de su localidad de residencia uno de los escasos menhires con que cuenta la región extremeña y el Oeste peninsular, derrumbado por entonces y al parecer a raíz de los trabajos de desmonte a que fuese sometida la zona durante los años 40 del pasado siglo, volviendo a ser erguido, ligeramente desplazado de su punto de incisión original, en noviembre de 2.015 por el equipo del prestigioso arqueólogo D. Miguel Ángel López Marcos bajo programa de la Junta de Extremadura, luciendo hoy erecto un monumento, fálico según algunos autores, considerado según otras teorías con mayor respaldo una figura antropomorfa que marcaría primitivamente el enclave, delimitándolo o identificándolo, presentándose en todo caso como una de las presuntas representaciones escultóricas más antiguas de Extremadura.
Alcántara (Cáceres). Fechado entre los periodos Neolítico y Calcolítico, alrededor del V milenio a.C..


Arriba y abajo: con 4,65 metros de longitud, 1,20 metros de diámetro máximo, y 12.100 kilos de peso, del menhir alcantarino del Cabezo lucen fuera de superficie, tras nuevo levantamiento (ampliamente documentado por Libre Producciones a través de un capítulo dedicado al mismo dentro de su serie El Lince con Botas, para Canal Extremadura TV), 3,80 metros de la pieza granítica de que consta el bien histórico-artístico, estudiado en 2.008 por los eruditos en prehistoria Dña. Primitiva Bueno Ramírez y D. Rodrigo de Balbín Behrmann, orientándose hacia el Sur lo que se ha interpretado como rostro de la presunta figura antropomorfa con que se ha identificado la obra (arriba: visto desde el Suroeste; abajo: visto desde el Sureste; abajo, siguiente: visto desde el Sur), asegurándose en su nueva posición, mudado ligeramente de su punto de anclaje original a fin de preservar la fosa de fundación como bien arqueológico en sí, mediante cuñas pétreas que refuerzan su elevación fijada principalmente en base al propio peso de la pieza en sí, considerado uno de los menhires más voluminosos de la Península Ibérica, así como posiblemente el más relevante de entre aquéllos conservados dentro de la región extremeña, sabiéndose de otros ejemplares, relacionados posiblemente como éste con las culturas megalíticas que creasen contemporáneamente y a su vez tanto la amplia colección de dólmenes que salpican esta porción peninsular como los cuantiosos paneles pictóricos de traza esquemática que abundan por todo el territorio autonómico, en las localidades de Barcarrota (La Pitera), Valverde de Leganés (El Gamonal), La Cardenchosa (dentro del casco urbano de esta pedanía dependiente de Azuaga), así como fundamentalmente el conjunto inscrito en la cuenca del río Ardila, entre los términos de Fregenal de la Sierra y Valencia del Ventoso, declarados recientemente Bien de Interés Cultural con la categoría de Zona Arqueológica mediante Decreto 16/2020 de 11 de marzo, quedando insertos en tal valle fluvial los ejemplares frexnenses de Palanca de Moro, Tres Términos y Pepina, reutilizado el primero en un cercado, tumbado el segundo y con llamativa forma fálica el tercero de ellos, así como los valencianos de la Fuente de Abajo, usado como pilón en tal obra pública, el del Lagarto, de majestuosas dimensiones, o el del Rábano, rodeado de piezas pétreas con las que pudo conformar antaño un crómlech, de porte y características voluminosas y artísticas éste parecidas a las ofrecidas por el ejemplar alcantarino, cuya curvatura en sendos aparece igualmente presente en otros menhires geográficamente relacionados, como el de Outeiro en la lusa localidad alentejana de Reguengos de Monsaraz.




Arriba y abajo: decorado a base de cazoletas, algunas de considerable tamaño, tales como las horadadas en sendos extremos del menhir inscritas en la cara del mismo hoy enclavada hacia el Noroeste (arriba), más menudas y dispersas a lo largo del enlomado del ortostato de que se compone el monumento otras muchas (abajo), se adivinan junto a éstas ciertas incisiones (abajo, siguiente), así como grabados contemporáneos (abajo, imagen tercera) resultantes, una vez tumbada la pieza, de diversos actos vandálicos que dejaron como resultado la figuración del nombre Emilio y las siglas LPR sobre el bien, descubriéndose tras levantarse nuevamente el menhir y poder así ser estudiado el megalito con mayor profundidad lo que se ha considerado por algunos autores como rostro (abajo, imagen cuarta) de la presunta figura antropomorfa en que se basaría el ejemplar alcantarino, artísticamente abstraída del mismo modo que los ídolos oculados contemporáneos a éste, quizás pétreo guerrero o vigía que avisase a viajeros y clanes vecinos de la particular propiedad de los contornos, sito en un cabezo o punto alzado sobre el paisaje desde el cual poder tanto atisbar como ser observados desde la lejanía, ideal enclave según otras teorías para el estudio solar o astronómico, sirviendo el menhir a tales fines científicos primigenios, si bien la alargada forma del mismo, peculiar en este tipo de fabricación ejecutada a lo largo de múltiples puntos dispersos tanto por Europa como por el planeta, hace pensar en una representación fálica que, bajo fines mágicos y apotropaicos ya apreciados en otras muchas representaciones artísticas prehistóricas, persiguiese la fertilidad de los campos de los que dependiesen las primeras comunidades humanas agrarias asentadas en la región, hincado el simulado erecto pene dentro de la madre tierra, o surgiendo de ésta a fin de fecundar los campos adyacentes, hito funerario, sin embargo, en una última suposición, sirviendo quizás como memoria de algún personaje relevante de la tribu, marcando de otra mano un punto relacionado con los ritos fúnebres colectivos, en todo caso un elemento que ha servido con las centurias para apreciar el trascurrir de la vida y el paso inexorable del tiempo, testigo mudo de los siete mil años que han desfilado a sus pies desde que se diese su original confección.






Abajo: son varias las opciones o caminos diseñados a fin de poder conocer in situ el alcantarino menhir del Cabezo, ubicado en la orilla derecha del río Tajo y proximidades de la carretera EX-117, vía de unión entre Alcántara y Zarza la Mayor, a poco de dejar atrás el archiconocido puente romano que da nombre a la localidad en cuyo término se ubica el monumento megalítico, territorio donde a la par se inscribe la pedanía de Estorninos, alquería desde la cual este blog recomienda el modo de ejecutar la visita al bien, recorriendo para ello los 2,8 kms. de distancia que separan la entrada oriental de tal caserío con la presunta escultura prehistórica, naciendo la ruta a seguir del camino asfaltado que, desde la carretera CC-111, se dirige al cementerio estorninero, continuando a poco de dejar atrás la ruinosa Ermita del Humilladero por la senda orientada hacia el Noreste de los contornos, con un único cercado a traspasar (abajo, imagen superior derecha), marcada y señalizada ampliamente en pro de la visita y disfrute de uno de los más relevantes bienes de la localidad, auténtico tesoro megalítico de la Península y joya cultural de nuestra región.


jueves, 18 de junio de 2020

Imagen del mes: Ermita de Santa María de Brovales, en las cercanías de Jerez de los Caballeros


Sobre una de las jerezanas colinas entre cuyos pies discurren encajonadas las aguas del arroyo Brovales, se erige en plenas estribaciones noroccidentales de Sierra Morena la silueta de la ermita de Santa María de Brovales, ruinosa simbiosis arquitectónica donde se funde el añejo espacio sacro con las viviendas que, una vez desacralizado el recinto, ocuparon su interior y aledaños, capitaneando aún sobre la portada de la capilla, abierta a los pies de la misma y centrada por un arco gótico apuntado resultante de su presunta fábrica original, una generosa espadaña de tonos barrocos que despunta tanto por su fábrica  y ubicación, como por su conservación y majestuosidad ante la menudencia edilicia del templo, levantado, según algunos autores, cuando aún los templarios dirigían el gobierno del que antaño fuese llamado Xerez de Badajoz.
Jerez de los Caballeros (Badajoz). Siglos XV-XVIII; estilos gótico y barroco.


Arriba y abajo: manteniendo la tradicional orientación del sacro cabecero hacia levante, mira hacia poniente la portada que, abierta a los pies de la ermita de Santa María de Brovales, daba acceso al interior del primitivo templo (arriba), testimonio aún hoy en día inconfundible, pese a la ruina y la arquitectónica corrupción del enclave, del pasado religioso del edificio, gracias fundamentalmente a la majestuosa espadaña que sigue coronando este punto del inmueble (abajo), llamando ésta la atención en la lejanía por sus dimensiones, sostenida sobre recio plinto donde aún se conserva la decoración pictórica que, entre tonos blanquecinos y rojizos, simularía la disposición a soga y tizón de sillares (abajo, siguiente), destacando ante una observación más cercana de la misma (abajo, imagen tercera) la serie de cornisas, pilastras y remate del arco de medio punto de coronación del campanile por tríada de pináculos sustentados por volutas, igualmente vistos en el culmen de la torre de San Miguel, propios de un gusto barroco muy popular en la población jerezana, recordándonos una preservada representación lunar vista en el costado septentrional de la obra entre la mantenida ornamentación blanquirroja que cumplimenta tal estructura, las referencias a los astros presentes en las barrocas torre y portada-retablo de la Parroquia de San Bartolomé, en especial la imagen lunar que en el dintel de tal templo, opuesta a la figura del sol y hermanadas a un querubín que entre sus alas custodia una estrella, saluda al feligrés que dirige sus pasos hacia la casa del Señor del firmamento, permitiéndonos tales similitudes barajar la contemporaneidad entre la erección de la espadaña de Brovales y la elevación de las dos torres más conocidas de Jerez, terminada la de San Miguel en 1.756, la de San Bartolomé en 1.759, año éste justamente fijado en una pieza expuesta en un edificio anexo al ábside de la ermita mariana (abajo, imagen cuarta), alusión posible a la fecha de conclusión de alguna obra de reparación del edificio que, como la parroquia patronal jerezana, pudo haberse visto afectado por el terremoto llamado de Lisboa, acontecido el 1 de noviembre de 1.755, toda vez que es conocido el cambio de campana en Nuestra Señora de Brovales el 3 de marzo de 1.763, figurando labrado en el ejemplar retirado la fecha de 1.614, adivinándose ya la existencia de una espadaña a comienzos del siglo XVII, quizás ésta o más posiblemente aquélla con que se quiso coronar primitivamente la entrada al medieval templo.






Arriba y abajo: compuesta por tres arcos apuntados, presentados contigua y abocinadamente a modo de arquivoltas, la puerta de entrada a la ermita de Santa María de Brovales ofrece un marcado sabor gótico propio de la Baja Edad Media que nos conduce a pensar, tomando en cuenta la mención que ya del templo figurase en los escritos de visitas que la Orden de Santiago elaborase entre finales del siglo XV y comienzos del siglo XVI a modo de inspección sobre la población jerezana, bajo su gobierno desde que en 1.370 le fuese entregada a su jurisdicción por el rey Enrique II de Castilla, en la erección primitiva del templo durante los últimos siglos del medievo, defendida por algunos autores inclusive su creación como capilla por la Orden del Temple cuando ésta rigiese Jerez entre la reconquista del lugar, en 1.230, y la disolución de tal orden religioso-militar en 1.312, observándose entre los sillares graníticos que conforman la estructura (arriba), así dovelas como refuerzos esquineros, la aparición de alguna pieza marmórea en el arco más interno (abajo), en la línea de impostas o bajo los quicios donde quedasen encajadas las originales hojas de cierre del portón -labrado con elementos circulares el aún preservado junto al quicio de la epístola (abajo, siguientes)-, invitándonos a barajar la reutilización de las piezas originarias de alguna obra anterior, conocida la presencia de elementos de factura romana por los alrededores, vestigios quizás de algún desaparecido inmueble construido a comienzos de nuestra era de donde pudieran proceder algunos de los grandes sillares sitos en la ermita y aledaños -alguno marcado inclusive con la característica horadación presente entre las piezas movidas por los constructores romanos haciendo uso de las ferroi forfices o tenazas de trasporte (abajo, imagen cuarta)-, llamativas sus dimensiones en una obra de menudas proporciones como la sita en Brovales, constitutivas quizás de algún desmontado monumento de Caeriana o Seria Fama Iulia, conservada dentro del casco urbano jerezano la villa romana de El Pomar, procediendo de ésta o de cualquier otra vivienda señorial lo que parecen ser porciones de columnas marmóreas apreciadas sobre la portada de Nuestra Señora de Brovales a modo de salientes de vigas de sujección (abajo, imagen quinta), similares por su tallado a aquellos esbeltos pilares vistos en peristilos romanos y ciertas obras de manufactura visigoda, así en la villa romana de Los Términos de Monroy las primeras o reutilizadas las segundas entre la alcazaba y la Plaza Alta del casco antiguo de Badajoz.







Arriba y abajo: embutida la obra original entre las viviendas que, una vez desacralizado el inmueble, ocupasen tanto el interior como los aledaños del mismo (arriba), ocurrido su abandono como templo presuntamente en las primeras décadas del siglo XIX, mencionado aún en uso entre las ermitas nombradas ante el Interrogatorio de la Real Audiencia de Extremadura de 1.791, sin aparecer por el contrario en la descripción que de la ciudad jerezana ofrece el Diccionario de Pascual Madoz de 1.850, la primitiva capilla de Nuestra Señora de Brovales contaría de una inequívoca nave dividida en tres tramos más ábside, conservados los arcos apuntados que, como fajones y ejecutados a base de piezas graníticas, separasen tales espacios intermedios marcando a su vez la entrada al cabecero del sacro lugar (abajo y siguientes), reconvertida la construcción primigenia en morada de trabajadores para lo cual, además de añadir una segunda planta, se acondicionase la obra edilicia primitiva hasta el punto de ser difícil reconocer entre las ruinas del inmueble las trazas pertenecientes a la obra religiosa y aquéllas derivadas de su posterior metamorfosis (abajo, imagen quinta), llegando a plantearnos la posible existencia de probables naves laterales donde quizás estemos simplemente ante habitáculos añadidos a sendos laterales del templo (abajo, imágenes sexta y séptima), de nueva construcción una vez prescito el uso litúrgico de la ermita, o reaprovechando alguna posible vivienda anexa habitada por algún ermitaño o guardés que cuidase del sacro recinto, señalado como el más alejado del casco urbano de entre aquéllos con que antaño contase la población de Jerez.









Arriba y abajo: reconvertido, al igual que el resto del espacio religioso, el ábside de la ermita de Brovales en parte de una vivienda labriega (arriba), quedando incluida en la misma lo que pudo ser sacristía -bajo bóveda de cañón y lado de la epístola- del lugar (abajo), se aprecia en la cara externa de la misma la constitución del muro del cabecero a base de sillares graníticos sobre los que se levantaría un tapiado de mampostería coronando la techumbre del mismo un pináculo de sabor barroco ornamentado con similares tonos blanquirrojizos presentes en la espadaña del templo (abajo, siguiente), fabricados posiblemente ambos elementos arquitectónicos contemporáneamente correspondientes a una intervención remodelativa o reedificativa del monumento, sito el remate del cabecero, alcanzado en época posterior por las obras que configurarían la planta superior que se añadiese al primitivo inmueble, sobre el arco apuntado que diese paso desde el interior de la nave al ábside de la capilla (abajo, imagen tercera), sustentado, como el resto de arcos de sabor gótico de la construcción, por recias columnas constituidas por sillares graníticos, posteriormente ornamentados con sencillo esgrafiado que simulase una arquitectura a soga y tizón (abajo, imagen cuarta), descansando sobre el arco a su vez la bóveda  de cuarto de esfera (abajo, imagen quinta) que corona el recinto sacro destinado a acoger, sobre planta semicircular, el altar de la ermita, posteriormente encaladas sus paredes, visibles sin embargo gracias a la pérdida de ciertas capas del blanco enlucido postrero vestigios de las pinturas polícromas al falso fresco que decorarían antaño el sancta santórum del enclave (abajo, imágenes sexta a octava), apreciándose, entre cenefas y decoración geométrica, la representación de un personaje monástico, portador éste de báculo y libro, posible alusión a San Benito de Nursia quien, a su vez, contaría por su parte con su propia ermita, a las afueras y zona suroriental de la ciudad.









Abajo: sita hoy en día en una finca de propiedad particular, es posible vislumbrar en persona la silueta de la Ermita de Santa María de Brovales si dirigimos nuestros pasos desde la pedanía jerezana de Brovales, enclavada junto a la carretera EX-112 en su tramo de unión entre la ciudad jerezana y la cercana localidad de Burguillos del Cerro, hacia el embalse homónimo a la alquería y arroyo del que se nutre, tomando para ello el camino asfaltado que desde la calle más oriental del enclave, nombrada como Ronda de Saliente, se encamina hacia el mismo, discurriendo en todo momento por tal pista hasta que, bordeado el pantano por su cola y alcanzada la vía férrea y la abandonada caseta de uso ferroviario aún en pie junto a la misma, tomemos el camino que, tras este edificio y dejando a la izquierda la continuación del trayecto hacia las casas aisladas de Brovales, se bifurca hacia la derecha, escogiendo seguidamente la vereda izquierda en el siguiente cruce de sendas, alejándonos de la vía del ferrocarril y siguiendo el margen derecho del arroyo, cuyo cauce llegaremos a cruzar más adelante, tomando previamente el camino diestro cuando alcancemos un punto en el cual el que seguíamos se divide en tres ramales, prorrogando nuestra ruta por el margen izquierdo del mismo cauce fluvial, hasta alcanzar la cancela de acceso al lugar de Santa María de Brovales, aguardándonos junto a la prolongación del camino y ascendiendo por el terreno el antiguo templo mariano.

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