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miércoles, 30 de diciembre de 2020

Imagen del mes: Portada de la Casa del Patio, en Talarrubias

 

Destacando sobre el desnudo encalado que luce el resto de la fachada, una portada de factura barroca protagoniza el frontal de la conocida como Casa del Patio, abierta sobre la céntrica avenida de Extremadura dentro del corazón poblacional talarrubiano, hoy propiedad consistorial, antaño presunto convento franciscano cuyo emblema monástico centra el panel cerámico que corona el dintel de la puerta de entrada,  superpuesto sobre éste a su vez un pequeño retablo en azulejos protagonizado por la Virgen María en su acepción como Inmaculada Concepción, eje de una composición arquitectónico-ornamental donde la azulejería es protagonista, usada igualmente ésta en los dos escudos que cierran en sendas esquinas supremas el diseño, así como sobre la cornisa y dentro de los tímpanos del frontón bipartido que sobre pilastras istriadas enmarcan el portón, siguiendo un dibujo donde la simbiosis entre la riqueza compositiva, la evolución de las formas clásicas, el triunfo del catolicismo contrarreformista y la publicidad nobiliaria, junto al empleo de un material económico, recuerda el gusto y el desarrollo del arte Barroco en la España post-imperial.

Talarrubias (Badajoz). Siglo XVIII; arte barroco. 

 

Arriba y abajo: siguiendo modelos ofrecidos en otras muchas portadas edilicias religiosas de la época, la Casa del Patio talarrubiana, presuntamente primitivo convento franciscano inserto dentro del casco urbano de tal población siberiana, llamado popularmente bajo esta nomenclatura por dar acceso su fachada a un patio interior, posible antiguo claustro del monumento, retoma aquella idea arquitectónica que presenta el inmueble conventual enmarcado entre columnas (arriba), pilastras en realidad, bases de un fingido entablamento sobre el que quedaría supeditado un frontón partido, abierto en pos del alojamiento de un también simulado híbrido entre espadaña y hornacina, sede de un pequeño retablo cerámico mariano compuesto de piezas cuadrangulares de 14cms. por lado, coronado con arco escarzano sobre el que descansan sendos pináculos laterales y céntrica cruz latina, rezando bajo él la epigrafía que ilustra al espectador, viandante o visitante sobre la compañía que regenta el lugar, Hermandad General del Reverendo Padre San Francisco, cumplimentada con sendos escudos de la orden monástica franciscana, figurando dentro del mismo epígrafe el blasón de las cinco llagas o heridas sangrantes de Cristo, así como bajo él, inserto en un gran panel cuadrilobulado enmarcado entre molduras y volutas (abajo), la divisa donde el brazo del santo fundador se entrecruza con el de Cristo,  compartiendo estigmas frente a la cruz los considerados primer y segundo Jesucristos, coronado el distintivo y bordeado con cordón franciscano, ocupando un espacio rectangular bordeado a la par por una serie de angelotes así como representaciones florales, lirios y azucenas, donde, sin olvidar la simbología mariana que ofrecen éstos, los tonos amarillos, verdosos, azulados y ocres permiten resaltar la labor ceramista por su colorido frente al blanco inmaculado del frontal del vetusto cenobio.

Abajo: repitiéndose dentro del panel cerámico la misma arquitectura, a base de pilastras y arco depositado sobre ellas, que en el exterior encuadra la obra pictórica, aparece centrando la ornamentación que presenta la talarrubiana Casa del Patio una imagen de María como Inmaculada Concepción ascendiendo a los cielos supeditada por el Espíritu Santo en forma de paloma blanca, acompañada de una corte celestial conformada por angelores y querubines, ofreciéndose, tal y como se creyó era descrita en el versículo 1º del duodécimo capítulo del Apocalipsis de San Juan, con la luna bajo sus pies e investida con aureola de estrellas, vestida a su vez con los tonos azulado y blanco que harían referencia respectivamente a su pureza y eternidad, rodeada la que fuese tomada como patrona por la orden franciscana en 1.621, de diversos elementos y simbología o armas marianas, nacidos fundamentalmente de las letanías o rogativas a la Madre de Dios, tales como la palmera -pináculo izquierdo-, la ciudad -base de la cruz de coronamiento-, la nave del mar  -pináculo derecho-, sol y luna - bases de las pilastras-, dispersos otros muchos de éstos entre la serie cerámica del entablamento y los paneles de azulejería que cumplimentan los espacios internos del partido frontón (abajo, siguientes), adivinándose en el friso, a la izquierda de la epigrafía de presentación de la casa, la fuente, la luna, el lirio y la estrella, con el pozo, el árbol, el ciprés, la rosa, la escalera de Jacob y nuevamente el sol, la ciudad y la nave del mar en la porción de tímpano que supedita este enclave de la portada (abajo, imagen tercera), observándose en el espacio paralelo el espejo, nuevos pozo, fuente y luna, o sendos huertos o jardines cerrados que, junto a la torre y la puerta o puente figuran por duplicado (abajo, imágenes cuarta y quinta), claro ejemplo de la amplia publicidad y férrea defensa de la advocación concepcionista llevada a cabo por los seguidores de San Francisco de Asís a través de su prédica, ya fuese haciendo uso para ello, como en el caso de Talarrubias, del arte depositado sobre la portada de su propia casa.

 

 

Arriba y abajo: cumplimentando el diseño arquitectónico, siguiendo el paralelismo que a partir de la puerta de acceso se da en todo el frente de la obra, además de los elementos que constituyen la composición clásica, como el pareado de columnas o las volutas sobre régula y gotas que las superponen, o los vanos abiertos al espacio público ofrecidos también en dúo y práctica simetría, así en ojos de buey junto al frontón, ventanales rectangulares enrejados cercanos al pie de calle, destacan hermanados en sendas esquinas superiores dos marcos cuyos interiores albergan llamativos ejemplares heráldicos timbrados con cascos (arriba), nuevamente en coloridos paneles cerámicos atribuidos, como el resto de obra en azulejería, a algunos de los talleres que dedicados a esta industria artesana se enclavasen en la Sevilla barroca dentro del barrio de Triana, próximo según diversos autores al artista ceramista bautizado como Maestro de Palma Gallarda, bien proviniendo de su mismo alfar o de alguno relativo a su círculo creativo alrededor de los años 20 del siglo XVIII, fecha en que se eregiría la casa para la que la obra pictórica fuese destinada, bajo posible mecenazgo de las familias nobles allí mismo representadas, correspondiendo el blasón sito a la izquierda del espectador a la familia Arias Ribadeneira Zúñiga, asentada por tal fecha en la localidad talarrubiana, siendo D. Sebastián de Arias Ribadeneyra nombrado capellán del Duque de Béjar, señor éste, poseedor a su vez del título de Vizconde de Puebla de Alcocer, del lugar, dándose así una relación señorial entre ambas localidades que muy posiblemente también se ejerciese en lo religioso, levantado en el siglo XVI en la Puebla un convento franciscano bajo la advocación de Santa María de la Paz, más conocido como de San Francisco, dependiente de la Provincia de los Ángeles que fundase a fines del siglo XV Fray Juan de la Puebla, vinculada fundamentalmente con localidades del Norte de las provincias de Córdoba y Sevilla cercanas a Belalcázar, de donde el reformador llegase a poseer antes de su conversión monacal la propiedad del título condal, pudiendo depender el inmueble monacal talarrubiano del convento alcocereño, quizás abierto más el primero como casa-enfermería franciscana que como propio cenobio de la orden en sí, llamando la atención, además de la no constatación de fundación franciscana en el lugar, la respuesta remitida desde la localidad talarrubiana ante el Interrogatorio de la Real Audiencia de Extremadura de 1.791, negando la existencia de convento alguno en la población, confirmando sin embargo la presencia de un hospital, corriendo quizás finalmente la Casa del Patio la misma suerte que el convento de la Puebla, víctima del proceso desamortizador que acabaría en el siglo XIX con la práctica totalidad de inmuebles monacales a nivel tanto regional como nacional.

Abajo: si bien el uso de la azulejería en portadas y exteriores de edificios erigidos bajo las directrices del arte Barroco es ampliamente empleado, dentro de la Península Ibérica, en tierras portuguesas, despuntando en España en zonas como la andaluza, aunque no sea Extremadura una región que destaque en este respecto en el panorama nacional, ejemplares como el preservado en la Casa del Patio talarrubiana permiten poder saborear dentro de nuestra comunidad una extraordinaria pieza sin que el muestrario, sin embargo, se quede en Talarrubias, pudiéndose descubrir la utilización de azulejería y paneles cerámicos en diversas portadas barrocas instaladas a lo largo de nuestra geografía, vinculadas tanto a edificios civiles o palaciegos, como a otros de variado uso religioso, observándose en la misma comarca de La Siberia e inmediata localidad de Puebla de Alcocer el empleo del azulejo como ornamentación en dos obras edilicias fechadas entre los siglos XVII y XVIII, conocidas como casas de los Arévalo y de los Chacones (abajo, y siguiente), sitas en las calles San Francisco y Pedregosa respectivamente, repitiéndose el uso del frontón partido sobre entablamento y pilastras visto en el primitivo cenobio talarrubiano, también dado en la igualmente Casa de los Chacones, o popularmente del Conco, dentro del casco histórico de Herrera del Duque (abajo, imagen tercera), ubicada en la calle de San Juan y vinculada con la Encomienda de Alcántara, coronada su fachada con dos azulejos heráldicos, pertenecientes respectivamente a la Orden franciscana -simbiosis entre sus dos blasones- y al Santo Tribunal de la Inquisición -sobre cruz dominica-, custodiando éstos un retablo cerámico dedicado, tal y como se hace mención en el mismo, a la Virgen del Rosario -Regina Sacratissimi Rosari ora pronobis-, representada María como Theotokos acompañada de Santo Domingo de Guzmán y un orante -posible mecenas de la obra-, observándose no lejos de allí, en la herrereña calle Convento y portada abierta a los pies de la antigua iglesia del que fuese Convento franciscano de la Purísima Concepción, dos paneles de azulejería barroca más (abajo, imagen cuarta), centrados respectivamente cada uno por sendos emblemas representativos de la Orden fundada por el santo de Asís.



Abajo: permitiendo los modelos de Talarrubias, Puebla de Alcocer y Herrera del Duque situar La Siberia extremeña en cabeza a la hora de examinar el uso de la azulejería como ornamentación entre las portadas diseñadas o cumplimentadas bajo las directrices del arte Barroco de nuestra región, el resto de ejemplares, sin que falten muestras en la provincia de Cáceres, así en la ermita de San Antonio de la Quebrada, reformada a partir del siglo XVII e inscrita dentro del primitivo barrio judío intramuros de la capital provincial (abajo), florecen progresivamente según se acorta la distancia con la frontera andaluza, siendo posible contemplar en la calle Mesones de Azuaga, sin olvidar la estrella y el panel que en el nº 59 de igual vía luce blasón ocupado por la cruz de la Orden de Predicadores o dominica, una reseñable muestra del uso del azulejo barroco en la fachada numerada con el número 55 (abajo, siguiente), donde el arte de algún posible alfar trianero se exhibe no sólo en el zócalo a pie de calle o en aquél friso inscrito en la cenefa ubicada bajo la cornisa que corona el frontal, sino fundamentalmente en dos retablos cerámicos que culminan la puerta de acceso a la casona, ocupado con elaborada heráldica el izquierdo, mostrando el derecho nuevo escudo familiar junto a la representación de María entronizada, siendo Santo Domingo de Guzmán quien, también dentro de la Campiña Sur, portando libro, azucenas y báculo con estandarte, acompañado de perro con antorcha encendida en su boca, ocupe la hornacina que dentro de un frontón partido y bajo la espadaña del lugar, centre la portada barroca de acceso a la ermita dedicada a tal santo burgalés en la localidad de Berlanga (abajo, imagen tercera), si bien será en Jerez de los Caballeros, cuyo antiguo Hospital de enfermos pobres luce sobre su dintel un azulejo, atribuido como la obra talarrubiana al círculo del trianero Maestro de Palma Gallarda, dedicado a San Miguel Arcángel triunfante sobre el maligno (abajo, imagen cuarta), donde podamos apreciar el que es posiblemente mejor ejemplo de contribución del azulejo a la portada barroca en Extremadura, llamando la atención dentro del retablo que presenta el acceso a la parroquia de San Bartolomé (abajo, imágenes quinta a séptima), los cuatro grandes paneles cerámicos que, como en Sevilla pudiera verse en el frente de la iglesia del Hospital de la Caridad, destacan por su dibujo azulado sobre fondo blanquecino mostrando, de izquierda a derecha y arriba a abajo, a San Antonio Abad, San Diego de Alcalá, San Antonio de Padua y San Francisco de Asís, sin que falten otras representaciones religiosas cerámicas cumplimentando el diseño arquitectónico, advirtiéndose entre baldosines ocupados por aves, flores, astros, cabezas femeninas o escenas que recuerdan a aquéllas llamadas de género, dos estampas de San José con el Niño, así como de la Virgen de la Candelaria, figurando el corazón agustiniano sobre el pétreo angelote que, labrado en el dintel de entrada, saluda al feligrés que dirige sus pasos hacia el interior de uno de los principales templos de la localidad.

lunes, 7 de abril de 2014

Colaboraciones de Extremadura, caminos de cultura: Ciudad antigua de Lacimurga (términos municipales de Navalvillar de Pela y Puebla de Alcocer), en la Lista Roja del Patrimonio


El conocido Embalse de Orellana, además de ofrecer a los habitantes y visitantes de las tierras nororientales de la provincia pacense un entorno ideal donde poder disfrutar de la naturaleza, convertido en enclave por el que discurren rutas interminables junto a sus orillas, lugar donde ejercer actividades deportivas y pesqueras, o sencillamente un rincón en la región donde escapar del calor gracias a un gratificante baño en sus playas de interior, guarda a los pies del Cerro del Cogolludo, que surge sobre la laguna artificial en el margen derecho del Guadiana, otro tesoro para muchos aún desconocido: la Ciudad antigua de Lacimurga. Descubierto, al parecer, a mediados del siglo XIX, y excavado a comienzos de los años 90 del pasado siglo, este yacimiento arqueológico, cuyos vestigios abarcan desde la época prerromana hasta el medievo, con predominio de las construcciones datadas bajo la dominación romana de la Península Ibérica, está considerado como uno de los más destacados de la región, relevante para el conocimiento del pasado de Extremadura. Sin embargo, el mismo se encuentra en pleno abandono. Es por este motivo que la Ciudad antigua de Lacimurga ha sido recientemente incluida dentro de la Lista Roja del Patrimonio, elaborada por la asociación Hispania Nostra en defensa del patrimonio cultural, así como natural, de nuestro país. Para ello, Extremadura: caminos de cultura ha tenido nuevamente el honor de colaborar en tal actuación. Esperemos que esta labor sirva, desde su voz de alarma, para afianzar la protección y salvaguarda de este valor cultural, así como para el conocimiento y promoción de este bien que nutre el rico legado histórico-artístico de nuestra región.

A continuación, os dejo con el enlace que conduce a la ficha que sobre este yacimiento figura en la Lista Roja del Patrimonio, tras el que publico además una breve descripción del monumento, así como unas sencillas reseñas para poder llegar al mismo.




Arriba y abajo: si bien las excavaciones arqueológicas llevadas a cabo en Lacimurga pusieron a la luz diversos sectores que conformaban la antigua ciudad a lo largo de la falda y pies del Cerro del Cogolludo, datados éstos entre la época prerromana y el medievo peninsular, los vestigios más abundantes y relevantes correspondían a los siglos de dominación romana, destacando entre todos ellos una casa con baños, posiblemente termas públicas, entre cuyos vestigios aún pueden visitarse estancias tales como el caldarium, con pequeña bañera para el disfrute del agua caliente (imagen superior), el tepidarium o habitación templada, con banco corrido junto a sus muros, así como una gran piscina sellada con opus signinum en el frigidarium, destinada al baño con agua fría (imágenes inferiores).



- Historia/descripción de bien:

Existe controversia en cuanto a la identificación de las ruinas de la ciudad hallada en el Cerro del Cogolludo, dividido entre los términos municipales de las localidades pacenses de Navalvillar de Pela y Puebla de Alcocer, sobre la orilla derecha del río Guadiana. Mientras que algunos autores sitúan aquí la Lacimurga Constantia Iulia descrita por Plinio el Viejo y ubicada en la Bética, la mayoría de los estudios establecen en este yacimiento la Lacimurga o Lacinimurga de Ptolomeo, incluida dentro de la provincia lusitana. El oppidum prerromano, del que se han rescatado joyas orientalizantes datadas en los siglos VI-V a.C., daría paso a una ciudad romana convertida en municipio en época de Augusto, o según otros investigadores bajo la dinastía flavia. De esta manera se reaprovechaba un asentamiento desde el que se dominaba uno de los vados del Guadiana y zona de paso entre la Bética y la Lusitania, erigiéndose Lacimurga como la ciudad desde la cual controlar una extensa zona rural de desconocidos límites, cuyas villas y explotaciones se pudieron servir de las vegas del Guadiana y Zújar. 

Apareciendo restos arqueológicos desde mediados del siglo XIX, sería durante los años 90 cuando se ejecutaran las primeras labores de excavación, resultando de las mismas cuatro sectores diferenciados en la zona más meridional del cerro. El sector sur, dominando el desfiladero, correspondería con los vestigios romanos más antiguos, datados entre los siglos II-I a.C. y consistentes en un edificio de carácter monumental, posiblemente público, para cuya construcción se aprovechó una plataforma natural del terreno rodeándose de un fuerte amurallamiento. En el sector oriental, se conservan ruinas de viviendas y edificios de almacenaje, mientras que en el sector occidental se enclavan los restos más destacados del lugar, fechados entre los siglos I a.C. y I d. C., identificados con una vivienda con baños o bien un edificio de termas públicas, elevado sobre mampostería, sillares graníticos y ladrillo, y donde destacan el pequeño caldarium, con labra u honda bañera, el tepidarium rodeado de banco corrido, y el frigidarium o gran piscina para el agua fría lucida con opus signinum. El sector noroccidental estaría presidido por un gran depósito de agua, bajo el cual se conservan grandes sillares que indicarían la posible presencia de un edificio público, mientras que en las inmediaciones del propio risco multitud de bancales y muros de aterrazamiento de mampostería, aún por excavar, podrían señalar la presencia de viviendas y sistemas de defensa prerromanos en la parte más elevada del yacimiento.



Arriba y abajo: dominando el desfiladero, en la zona más meridional del Cerro del Cogolludo, se elevó durante los primeros siglos de dominación romana de la zona un posible edificio público de grandes dimensiones, aprovechando para ello una plataforma natural del terreno, rodeado de un fuerte amurallamiento y dotado de diversas estancias elaboradas con piezas graníticas, de las que aún quedan constancia (imágenes inferiores).



- Cómo llegar:

La Ciudad antigua de Lacimurga, enclavada a los pies del Cerro del Cogolludo, conforma una simbiosis con mencionado risco de tal manera que dar con él significa encontrar los restos de la antigua población. Este macizo rocoso, que domina, en la orilla derecha del Guadiana, la zona central del Embalse de Orellana, mantiene fácil acceso, tanto a pie como en vehículo, gracias a la conservación de la antigua vía que, antes de la construcción del pantano, unía la localidad de Puebla de Alcocer con las vecinas localidades ubicadas al norte del río, utilizándose para ello el conocido como Puente de Cogolludo convertido, hoy en día, en asiduo enclave pesquero.

La forma más fácil de alcanzar el Cerro del Cogolludo y, por ende, la Ciudad de Lacimurga, parte de la carretera autonómica bautizada como EX-115 que une, desde la carretera nacional N-430, la localidad de Navalvillar de Pela con Quintana de la Serena. Es entre el municipio peleño y el de Orellana de la Sierra, u Orellanita, donde encontraremos, a mano izquierda y en el kilómetro 9 de esta calzada, un desvío que nos conduce tanto al Cerro del Cogolludo como al Yacimiento de Lacimurga, ambos publicitados con cartelería. Esta antigua carretera, actual camino de tierra conocido como de Maribáñez, comunica esta vía autonómica con la EX-103, que nos conduce hasta Puebla de Alcocer, localidad que comparte titularidad con Navalvillar de Pela sobre las tierras sobre las que se asienta Lacimurga, y desde la cual, deshaciendo el camino, también es posible alcanzar el yacimiento.


Arriba: en la zona noroccidental del yacimiento fueron descubiertos, además de los restos de un gran depósito de agua, diversas hileras de grandes sillares graníticos que presuponen la antigua existencia en el lugar de un edificio destacado o de uso público.

Abajo: según nos alejamos de las zonas más llanas y cercanas al desfiladero, mientras subimos las laderas del cerro y nos aproximamoss al risco en sí, una infinidad de bancales nos acercan a los vestigios más antiguos de la ciudad de Lacimurga, posibles restos de los inmuebles y viviendas prerromanas que dieron origen al lugar, aún por excavar.


En caso de acercarnos al Embalse de Orellana desde las capitales autonómica o provincial pacense, es posible también alcanzar la carretera autonómica EX-115 sin necesidad de acudir hasta Navalvillar de Pela, tomando el desvío que, desde la carretera nacional N-430 nos conduce hasta Orellana la Vieja desviándonos a la altura de Acedera (BA-648). A la entrada del municipio que da nombre al embalse, sin necesidad de adentrarnos en el mismo, encontraremos el cruce que nos lleva hasta Navalvillar de Pela y Orellana de la Sierra. Alcanzada esta última localidad, el camino de Maribáñez partirá igualmente desde el kilómetro 9 de la vía, encontrándonos con el mismo esta vez a nuestra derecha. En caso de querer hacer la ruta a pie, un sendero trazado campo a través, contando con más de siete kilómetros de recorrido, parte poco después de sobrepasar Orellanita desde un tramo en desuso del antiguo trazado de la carretera autonómica, uniéndose al camino de Maribáñez tras más de dos kilómetros caminando por un bello paisaje de dehesas, riberas y campo extremeño.



Arriba: entre los cuatro sectores excavados de la antigua ciudad es fácil encontrar restos de inmuebles diseminados por los dominios del que fuese antiguo oppidum y municipio romano, hoy en día, y tras el abandono de las excavaciones arqueológicas, invadidos por la vegetación e indefensos ante la intemperie, el vandalismo y el expolio.


La Ciudad antigua de Lacimurga, cuyas excavaciones arqueológicas fueron polémicamente abandonadas sin que los vestigios hallados fueran nuevamente tapados y puestos a salvo para futuras intervenciones, se encuentra actualmente vallada por la Junta/Gobierno de Extremadura, que gestiona su prospección y salvaguarda. La visita libre al yacimiento no está permitida, si bien la alambrada no mantiene su integridad en diversas zonas de la misma. En caso de desear el acceso al interior del enclave arqueológico, se ruega el mayor respeto hacia el mismo, así como el mejor comportamiento y civismo ante los vestigios de semejante legado histórico, sin olvidar la obediencia ante los agentes de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado, cuyos miembros pueden estar vigilando los contornos y que nos solicitarán en caso de vernos el fin de nuestra presencia en el yacimiento.



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