jueves, 1 de septiembre de 2022

Imagen del mes: Puente romano sobre el río Cáparra

 

Visualmente en paralelo a los montes de la Trasierra, y perpendicular a la rivera del río al que da nombre y cruza, el puente de Cáparra parece prolongar el plano ortogonal que dibujase la antigua ciudad caparense a la que servía como ramal de la calzada Iter ab Emerita Asturicam, origen del asentamiento y posterior Vía de la Plata, de igual manera que hoy sigue uniendo esta ruta que vertebra Extremadura con las tierras de Granadilla, convertido en tramo de la carretera CC-11.2.

Río Ambroz, denominado en esta zona como río Cáparra, dentro del término municipal de Guijo de Granadilla (Cáceres).  Erigido posiblemente a inicios del siglo II d.C. (gobierno de Trajano), modificado posteriormente y  ampliado/restaurado a mediados del siglo XX (1.956); estilo romano inicial.


Arriba y abajo: dotado aparentemente de cuatro ojos, el arco ubicado en el extremo del viaducto y orilla izquierda de la vega es considerado por diversos autores, así Jesús Acero Pérez en su estudio "Puentes de origen romano en torno a la ciudad de Capera", más un aliviadero que ojo en sí (abajo), presuntamente primigenios los dos centrales, de casi 9 metros de diámetro cada uno, posiblemente un posterior añadido su hermano inscrito sobre el margen derecho, de menor tamaño que los anteriores -5,70 metros de diámetro (abajo, siguiente)-, ayudados los ojos medios en su función fluvial aguas arriba por un tajamar de planta triangular que, unido al pilar que los separa, es considerado posterior a la obra latina que predomina en éstos (arriba), quizás igualmente tardío el espolón inscrito junto al estribo que cierra tal dúo en su unión con el margen septentrional de la rivera, de base trapezoidal y erigido posiblemente en un momento de reconstrucción o restauración del puente en años del Bajo Imperio o adentrados en época medieval (abajo, tercera imagen), de cuya intervención pudo provenir el ligero alomamiento de su calzada, tal y como llegase al siglo pasado, allanado a raíz de las intervenciones que a partir de 1.956 viviese el monumento, época en la que, a fin de poder trascurrir por él los vehículos que interviniesen en la ejecución del pantano de Gabriel y Galán, se ampliaría su ancho más de dos metros, desplazando su cara de aguas abajo, pasando de los cinco a los 7,3, añadiéndose la cornisa y los pretiles actuales.





Arriba y abajo: son sillares de granito, abundante en la región, los que conforman la fábrica primitiva que constituye el puente caparense, posiblemente levantado una vez dotada la población del título de municipio a través del Edicto de Latinidad de Vespasiano fechado en el año 74 d.C., coincidiendo entre fines del siglo I d.C. y los inicios de la centuria siguiente con la erección de los principales edificios públicos de la ciudad, que de esta manera hacía frente a su nuevo estatus político-social, apreciándose como punto de arranque de las bóvedas de cañón que conforman los ojos centrales, presuntamente los primigenios (arriba: arco central cercano a la orilla izquierda; abajo: arco central cercano a la orilla derecha), cuyas dovelas presentan un almohadillado más tosco que erosionado, un saledizo que, usado durante su construcción como apoyo de la cimbra, marca el nacimiento de sendos arcos (abajo, siguiente), tal y como puede observarse en otros viaductos y obras de ingeniería romanas de la Lusitania, así los saledizos también trapezoidales del puente romano de Salamanca o del conocido como puente de Vila Formosa, en el término municipal portugués de Alter do Chao, igualmente en la arquería sobre el río Albarregas del emeritense acueducto de los Milagros, verificándose así la vinculación de este viaducto caparense con el mundo de las infraestructuras hispano-lusitanas, declarado junto a las ruinas urbanas y el arco de la ciudad de Cáparra monumento Histórico-Artístico, hoy Bien de Interés Cultural, por el Gobierno de España mediante decreto publicado en la Gaceta de Madrid nº 155, de 4 de junio de 1.931.



miércoles, 31 de agosto de 2022

Imagen del mes: la Fontanilla de Fregenal de la Sierra

 

A modo de simbiosis entre caño, pilar y hornacina, la fuente popularmente conocida como la Fontanilla mantiene desde su erección durante el reinado de Felipe II el gorgoteo de sus aguas, susurrando entre las viviendas que conforman la plazuela a la que ésta da nombre, inscrita en la esquina nororiental del casco histórico frexnense, esperando surtir al viandante que hasta ella se acerque, como siglos atrás aguardase al jornalero que junto a sus sillares deambulase encaminado hacia sus faenas, o al viajero que hacia tierras norteñas, entonces fronteras con Extremadura, se dirigiese, invocando la guarda y custodia de la Virgen de la Guía que aún centra la infraestructura monumental.

Fregenal de la Sierra (Badajoz). Siglo XVI (reinado de Felipe II); arte renacentista.


Arriba y abajo: adelantada por un alargado pilar rectangular (arriba) al que vierte sus aguas la pila principal del conjunto hidráulico (abajo), ambos abrazados por un compendio de sillares graníticos que, en el caso superior, se ve a su vez cumplimentado con sendas bancadas de similar naturaleza dibujadas a diestra y siniestra de la taza, permitiendo sentarse a los vecinos que aguardasen turno a la hora de recoger las aguas hasta aquí traídas, o tomar el fresco junto al caudal en las jornadas acaloradas, capitanea la llamada Fontanilla de Fregenal, en la que interviniesen el maestro cantero Antonio Bogallo y el alarife Francisco Hermoso, un frontal del que surgen, en su parte baja, tres caños metálicos que dan inicio al circuito acuático (abajo, imágenes segunda y tercera), brotando el central de un mascarón masculino en relieve, tallado siguiendo un diseño clasicista que casa con el gusto renacentista bajo el que fuese ejecutada la obra, fechada, según consta en la misma placa marmórea que centra el paredón, en 1.571, coincidiendo con una época de esplendor urbano, económico y cultural en la ciudad, por entonces villa dependiente del concejo sevillano, erigiéndose en similar década de los setenta de tal centuria decimosexta el afamado retablo mayor de la parroquia de Santa Ana, una de las joyas artísticas heredadas por el pueblo frexnense, así como obra cumbre en la retabilística renacentista extremeña.





Arriba y abajo: formado por tres piezas marmóreas, apergaminado y custodiado por las testas masculinas que vienen a representar bajo tintes mitológicos los cuatro vientos -con sus nombres, semiborrados, acompañándolos, igualmente vistos tales personajes en otras obras renacentistas de la Baja Extremadura, así probablemente en las portadas de la parroquia calamonteña de Nuestra Señora de la Asunción y en la de la epístola de la ermita emeritense de Nuestra Señora de la Antigua, o quizás como gárgolas en la torre de la iglesia de Esparragosa de La Serena-, el epígrafe que centra el frontal de la Fontanilla (arriba), cincelado a ambos lados de un prominente blasón real vinculado con el monarca Felipe II previo a su nombramiento como rey de Portugal, nos habla de la fecha y mecenazgo bajo el que se realizase la obra, dictaminada su erección por parte del cabildo local -"Esta obra mandaron hacer los señores del cabildo de esta villa, siendo alcalde de la Justicia en ella el muy magnífico señor doctor Pérez Manuel, y por su parecer acabose en el año de Nuestro Señor Jesucristo de 1.571"-, a modo de perpetuidad de datos, así como enriquecimiento en cuanto al ornato del bien inmueble, centrado éste, en lo arquitectónico, en el arco de cortina que, a modo de cornisa superior, corona la edificación, sostenido cada extremo final por una voluta -decorada sendas con relieves vegetales-, rematada en cada lateral por un cubo acasetonado en sus frentes -centrados los casetones con tondos y dibujos de tipología geométrica y vegetal (abajo, imagen tercera)-, inscrito sobre el vértice medio del diseño un pináculo apoyado sobre disco, rematado el primero por una cruz de forja que tilda con un toque religioso la creación edilicia (abajo, imagen segunda), si bien la auténtica proyección religiosa vertida sobre la fuente se promulga desde la hornacina horadada bajo el pináculo central y sobre la estela epigráfica, donde, bajo venera, aguarda al vecino y viandante una imagen de bulto redondo policromada dedicada a la Virgen María con el Niño Jesús  sobre su brazo izquierdo, en su advocación de Nuestra Señora de Guía (abajo), hoy sustituida la escultura original por una réplica, dañada la protección vítrea que la cubría, perdido igualmente el farol que iluminaba la talla, si bien ha quedado conservado el brazo metálico y la correspondiente polea que servía al mismo, haciendo de éste un lugar sacro inserto en un bien de uso público, siguiendo la tradición y el espíritu religioso católico que imperase en la España de la Edad Moderna, especialmente tras el cisma  protestante, igualmente visto en otras obras de ingeniería extremeñas, así en puentes como el llamado Nuevo de Plasencia, o en la Puentecilla de Tornavacas.




domingo, 31 de julio de 2022

Imagen del mes: bóvido grabado en el dolmen de Sierra Gorda, en Valle de la Serena

Apenas dibujado su encorvado lomo, su prolongada testa y dos sencillos cuernos tras ésta, la figura de lo que pareciese ser un bóvido orientado hacia la derecha puede apreciarse a simple vista cincelada en la cara interior de uno de los ortostatos que conforman la cámara del dolmen conocido como de Sierra Gorda, a las puertas de La Serena desde la Sierra Grande de Hornachos, formando parte de un compendio de grabados esquematizados descubiertos entre las losas que conforman tal mausoleo, así como de la gran colección pictórica esquemática rupestre que datada en torno al Calcolítico puebla los contornos extremeños, principalmente ubicadas sus series en abrigos naturales, realizada ésta, sin embargo, dentro de una obra arquitectónica como ya se viera en el dolmen de Magacela, recordando a la par por su labor a base de incisiones los grabados realizados sobre rocas en diversas vegas fluviales de la cuenca occidental ibérica, así los hoy desaparecidos bajo el caudal del embalse de Alqueva, en la cuenca del Guadiana, llamados del Molino Manzánez, o los declarados como Patrimonio de la Humanidad de Valle del Coa y Siega Verde, en Portugal y Salamanca respectivamente.

Valle de la Serena (Badajoz). Fechado entre los periodos Neolítico y Calcolítico (IV y III milenios a.C.).

Arriba y abajo: ubicado sobre una gran loma desde la cual pueden atisbarse perfectamente los contornos, así como a la par poder ser visto el monumento desde la distancia cuando éste estuviera primigeniamente cubierto con hoy un desaparecido túmulo protector, el dolmen de Sierra Gorda mantiene las características propias de este tipo de construcción megalítica englobado dentro del subtipo de dolmen de cámara y corredor, orientado su acceso hacia el levante, con su cámara dirigida hacia poniente, antecedido su corredor de un atrio o vestíbulo (arriba) destinado a la recepción del público, iniciándose con él el pasillo que da paso al interior del inmueble y zona sacra, conformado por dos hileras de lajas u ortostatos inscrustados en el terreno (abajo), franqueado el punto de separación entre el mundo de los vivos y el de los muertos por dos piezas pétreas o jambas -hoy conservada parte de la septentrional (abajo, segunda imagen)- custodiando el paso en la zona media del corredor, marcando a su vez el enclave de separación entre el atrio y la antecámara (abajo, tercera imagen), así como la zona cubierta del mausoleo, desaparecidos actualmente los dinteles y planchas que sirvieran ediliciamente a tal cometido, preservados sin embargo en mayor o menor medida trece de los ortostatos que conforman la línea sureña del corredor (abajo, imágenes cuarta a séptima), nueve en su flanco norteño (abajo, imágenes octava a décima), con una longitud que supera los cinco metros y medio.







Arriba y abajo: con cuatro metros y medio de diámetro, la cámara sepulcral circular de que consta el dolmen de Sierra Gorda quedaría cercada primigeniamente por veintitrés ortostatos unidos entre sí, desaparecida la tapa o cúpula que sirviera de coronamiento, compartiendo con las lajas del corredor una naturaleza pizarrosa que, mucho más frágil que la ofrecida por otros materiales pétreos como el granito, utilizado en zonas ricas en él como en los contornos de Valencia de Alcántara, ha conllevado el deslajado y partición de muchas de las piezas conservadas, como ocurriese en otros dólmenes edificados con este material, así en los conocidos como de Lagunita en las inmediaciones de Santiago de Alcántara, habiéndose conservado sin embargo, a pesar de su exposición ante las inclemencias del tiempo, diversos dibujos centrados en antropomorfos, ramiformes o punteados elaborados sobre la cara interna de algunos de los ortostatos, descubiertos éstos en las piezas segunda y sexta a contar por su flanco septentrional desde la entrada a la cámara (abajo, imágenes cuarta y octava), hoy difíciles de observar a simple vista a excepción del bóvido preservado a los pies de la laja número seis, ejecutado posiblemente por motivos religiosos o como medio de ofrenda ante los difuntos depositados en el mausoleo, en todo caso difiriendo quizás de las razones posiblemente territoriales que llevaran a los hombres de tal cultura a la elaboración de paneles pictóricos a las puertas de los abrigos naturales, visitables y expuestos a la luz del día, a diferencia de estos grabados insertos dentro del sepulcro comunitario, destinados a la oscuridad y, de esta manera quizás, a acompañar al fallecido en una eternidad sobre la cual ya el ser humano meditaba ante el hecho natural de la muerte.
























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