Superando desde inicios del siglo XVIII el cauce de la garganta del Cubo, a su paso por la localidad tornavaqueña y antes de desembocar éste en el próximo río Jerte, un puente de único ojo inscrito en plena calle Real de Abajo, permite la continuidad del trazo de tal vía nacida en la plaza Mayor y esquina de la casa consistorial, de igual datación dieciochesca, llamando la atención sobre él un templete que, junto al pretil septentrional del viaducto, ofreciese antaño cobijo a la imagen de la Virgen de la Consolación, hoy vacía su hornacina sin que el tiempo haya hecho mella, sin embargo, en la belleza de un inmueble que sorprende a aquel viajero que decide recorrer este rincón de la zona más alta del valle jerteño.
sábado, 30 de abril de 2022
Imagen del mes: la Puentecilla de Tornavacas
miércoles, 23 de marzo de 2022
Imagen del mes: Fuente de los Caños, en San Vicente de Alcántara
Centrando la sanvicenteña plaza Rincón de los Caños, la fuente que da nombre al lugar, en sus inicios bautizada como Fuente Nueva, sigue trayendo hoy a la localidad el agua de los contornos como desde su finalización, en 1.861, lleva ejecutando a cabo, considerado hoy no potable un caudal antaño tomado para el consumo humano e, inclusive, para la manutención de las bestias, ejercitada ésta en su pilar inmediato donde, a la par, algunas vecinas aprovechasen para lavar la ropa, convertido así el enclave en fuente, abrevadero y lavadero, hoy monumento que recuerda épocas pasadas y citas populares cuando el agua no llegaba a cada hogar, en derredor de la bancada que circundaba primitivamente el sitio.
San Vicente de Alcántara (Badajoz). Siglo XIX (fechada en 1.852).
Arriba y abajo: alimentándose y sirviéndose la localidad desde su fundación de múltiples fuentes que surten por los contornos de San Vicente de Alcántara, existentes aún hoy en día en los derredores del municipio las de Juan Durán, de la Plata, del Real, de Balancho o el pozo del Paraguas, éste dentro del casco urbano y llamado primitivamente como del Zangallón, se decidiría en 1.851, coincidiendo con los inicios de la industrialización del corcho en Extremadura y poco después del asentamiento en 1.845 de la primera industria corchera sanvicenteña -de la mano del británico Tomas Reynolds, al que le seguiría Pedro Moreno González con la primera fábrica de corcho del pueblo, en 1.858-, el encauzamiento y traída de las aguas desde el huerto posterior al enclave donde iban a situarse los surtidores, en la zona occidental del caserío, recogiéndose -según estudio realizado por Ángel Reyes Manso- el 22 de septiembre de tal año el acuerdo entre varios vecinos y terratenientes en pos de aprovechar las hierbas de la dehesa boyal conocida como Sierra del Lugar en la composición de una nueva fuente, cuya construcción finalmente se financiaría con los beneficios obtenidos mediante una novillada popular, anotados sus ingresos, ascendiendo a los 400 reales, el 23 de agosto de 1.852, fecha que quedaría reflejada en la propia obra en sí, levantada a base de sillares graníticos (arriba), con su frontal mirando hacia el Norte, coronado con un arco conopial que recuerda las pretéritas obras góticas, y contemporáneas a ésta obras neogóticas, sellado su vértice con un remate a modo de pináculo (abajo), sobre una cornisa que cae por las líneas superiores del arco en su flanco septentrional hasta encontrarse con aquélla que teje la línea superior del paredón rectangular del que nacen los surtidores (abajo, siguiente), colocada bajo la escotadura una placa de similar naturaleza pétrea a la constitución del bien donde aún puede leerse "ESTA OBRA SE HIZO EN EL AÑO DE 1852" (abajo, tercera imagen).
Abajo: fechada la inicialmente bautizada como Fuente Nueva en 1.852, la finalización definitiva de la obra hidráulica no se alcanzaría hasta el año 1.861, finiquitándose por orden de 30 de septiembre de tal año la labor ejercida por el maestro de obras Francisco Redondo, ascendiendo los gastos restantes hasta los 200 reales, dotado el bien de dos caños metálicos en su frontal (abajo), razón del cambio de nomenclatura al monumento, cayendo las aguas sobre una pila ubicada en la parte baja del paredón principal, abriéndose frente a ella una pequeña plazoleta circundada por un banco pétreo corrido, donde la gente podía esperar sentada turno a la hora de coger agua de los surtidores, hoy colmado y rellenado a fin de poner a la misma altura del resto de la plaza el antiguo espacio que quedase inmortalizado en una fotografía que, datada en el primer cuarto del siglo XX y conservada en el archivo de M. Tomeno Pacheco, mostrase el día a día en un enclave al que acudía la población sanvicenteña hasta la traída de agua corriente desde el manantío de Aguas Claras, posteriormente del embalse de Alpotrel, conservado a diestra del frontal el ramal que permitía el vaciado del caudal restante (abajo, siguiente), primitivamente tapado con una losa granítica, cayendo éste en la zona inmediata al pilar que, funcionando como abrevadero para el ganado e, inclusive, pilón para el lavado de ropa, aún se preserva a los pies del monumento (abajo, imagen tercera), hoy, como la plazoleta fontanera, a ras de suelo, subsistiendo en pro del mantenimiento de la memoria de un tiempo pasado que, aún lejano, es germen de los días que hoy podemos vivir.
lunes, 28 de febrero de 2022
Imagen del mes: portada renacentista de la iglesia de San Andrés Apóstol, en Almaraz
Destacando
sobre la recia fábrica de mampostería reforzada con sillares de que consta la constitución fundamental de la iglesia parroquial almaraceña de San Andrés, se abre en su lado de la epístola la única portada de acceso al templo, diseñada bajo un gusto renacentista que rescata el clasicismo de las formas frente a la sobriedad que presentan los tintes góticos del resto de la construcción, ofreciendo al viajero que, siguiendo el Camino Real de Extremadura, llevara sus pasos a este pequeño caserío del noreste de la región, una obra de buen gusto en plena tierra extremeña, así como al pueblo donde se alza, un vínculo atemporal con uno de los personajes más relevantes del Renacimiento español: el obispo de Plasencia D. Gutierre de Vargas Carvajal.
Almaraz (Cáceres). Siglo XVI; arte renacentista.
Arriba y abajo: llamando la atención desde el exterior del monumento tanto la diferencia de altura entre nave y cabecero, como la inacabada prolongación de los muros del evangelio y epístola a los pies del templo (arriba), sendos rasgos constructivos nos hablan de una inconclusa historia arquitectónica del inmueble, iniciada en el siglo XVI por orden del que fuese entre 1.524 y 1.559 obispo de Plasencia, D. Gutierre de Vargas Carvajal, respondiendo esta obra, como otras muchas repartidas por la diócesis placentina -así las parroquias de Jaraicejo, Garciaz, Berzocana o Guareña-, a la inquietud cultural y artística del teólogo madrileño que decidiría levantar, quizás sobre algún templo anterior, una nueva parroquia donde el gusto gótico se conjugase con el renacentista, latente tal simbiosis en la única nave de que consta el monumento, mostrando este enclave primitivo de la parroquia -retocado el cabecero a fin de ampliar el edificio un siglo después-, una comunión entre el arte gótico, presente en la bóveda de crucería estrellada de su cubierta donde luce el escudo del mecenas, y el triunfante Renacimiento, ofrecido éste fundamentalmente en la portada del edificio (abajo), cuya realización se debe, al parecer, al arquitecto Juan Álvarez.
viernes, 25 de febrero de 2022
Colaboraciones de Extremadura, caminos de cultura: Las troneras de cruz y orbe en los escudos de Trujillo, en Extremos del Duero
Tiempo atrás, mi amigo y colega bloguero Jesús López, administrador del blog Extremos del Duero, compartió conmigo una imagen tomada en Trujillo de la portada de la que fuera dehesa de los caballos de la ciudad, en la que se podía apreciar el blasón municipal, observándose curiosamente una versión mariana en la cual la Madre de Dios parece figurar dándole el pecho al Niño. Iconografía, si bien no extraordinaria, sí poco común, que en Extremadura puede admirarse, por ejemplo, en la escultura ofrecida como patrona de la ciudad de Plasencia, bajo el título de Nuestra Señor del Puerto, o en el lienzo que representando a la Virgen de la Leche se conserva en el interior de la iglesia parroquial de la Consolación, en Arroyomolinos, tal y como ofrecimos en agosto de 2.012 desde este mismo blog.
Paseando recientemente por las calles trujillanas, caí en la cuenta del generoso número de escudos municipales que pueden apreciarse entre las vías y rincones de Trujillo, pareciéndose adivinar dentro de unos de estos blasones otro relieve mariano basado en el amamantamiento de Jesús sobre los muros de la iglesia de San Pedro, observación que quise compartir con mi colega. Verificada finalmente la inexistencia de tal expresión artística en mencionada obra, aprovecharía la ocasión para compartir con él la pequeña colección fotográfica que pude formar basada en tales emblemas municipales, sumando ocho más a la serie iniciada por Jesús con el ejemplar de mencionada dehesa comunal, revelándose el casco urbano trujillano como uno de los enclaves municipales extremeños de los que entre sus rincones más ejemplares de escudos locales históricos pueden descubrirse.
Ojeando las imágenes, Jesús caería sin embargo en un detalle nuevo: la amplia figuración de troneras de cruz y orbe en muchos de los relieves donde, figuradamente, se representa la plaza fuerte trujillana supeditada por la Virgen que, legendariamente, apareciese milagrosamente sobre los contornos de la población en el momento de su reconquista definitiva en 1.233, a manera de auxilio hacia las tropas cristianas de Fernando III de Castilla. Bautizada así como Virgen de la Victoria, sería ésta el posterior germen de la advocación mariana tomada como patrona del lugar. Troneras de cruz y orbe de las que nos hablará Jesús a través de un reciente artículo que os invito a descubrir, mientras os dejo con la pequeña colección de escudos de la ciudad que pueden fácilmente atisbarse mientras se pasea por entre las calles y contornos de esta joya urbana extremeña, acertadamente declarada Conjunto Histórico-Artístico mediante decreto 2223/1962, de 5 de septiembre de mencionado año.
http://extremosdelduero.blogspot.com/2022/02/las-troneras-de-cruz-y-orbe-en-los.html
Arriba y abajo: ocurrido el milagroso suceso, al parecer, sobre la portada conocida hoy como del Triunfo (arriba), donde la legendaria intervención mariana ayudase a las tropas cristianas, como la nomenclatura indica, a tomar definitivamente la ciudad frente a los musulmanes el 25 de enero de 1.233, se conserva en la cara interna del posterior arco gótico de acceso una hornacina ocupada por una escultura labrada en la segunda mitad del siglo pasado de la que fuese bautizada como Virgen de la Victoria, advocación mariana que en Trujillo se forjase a raíz de tal presunto acontecimiento vinculado con este punto del entramado urbano trujillano, instalado primitivamente un lienzo que a partir del siglo XVI reflejase una iconografía ya dispersa por la ciudad a través del blasón que se diseñase como escudo de armas de la ciudad, conservado el más antiguo de entre los múltiples blasones municipales que campan entre las calles y recovecos de la población en la cara intramuros del denominado como arco de Santiago (abajo), por su conexión con la iglesia dedicada a tal apóstol, adivinándose en éste, fechado en el siglo XIV, una esquemática imagen mariana dentro de lo que fuese una estructura castrense, observándose por el contrario sobre la portada inscrita a los pies del templo de románicos inicios anexo, en el considerado segundo más antiguo escudo municipal, la ya característica simbiosis entre María y la ciudad fortificada (abajo, siguiente), con la Madre de Dios centrando el relieve, elevadada sobre un recinto amurallado y abrazada por dos altos torreones.
Abajo: fuera del recinto amurallado, en la neurálgica Plaza Mayor de la ciudad, puede observarse sobre la portada principal de la emblemática iglesia de San Martín el primero de los variados escudos municipales que podremos apreciar paseando entre las vías históricas de la ciudad extramuros, apareciendo enmarcada por un alfiz y sobre el escudo del obispo Pedro Ponce de León inscrito en la portada renacentista de los pies de mencionado templo, el blasón cuyo flanco inferior queda oculto bajo el remate circular que corona el frontón que supedita la puerta de mediodía del monumento (abajo), inscrito también dentro del alfiz que circunda la portada de entrada al templo dependiente del convento de San Pedro un nuevo ejemplar heráldico (abajo, siguiente), en el lateral de la epístola de tal capilla datada en el siglo XVI, dando por su parte a la cercana calleja de San Gregorio, en su apertura hacia la plazuela del Prior de Quiroga, un nuevo escudo municipal coronado con remate pétreo, inmerso en los muros del que fuese convento de Santa Clara, fundado en 1.533 y hoy Parador de Turismo, en la unión de éste con la que fuera iglesia del cenobio y templo de San Clemente (abajo, tercera imagen).
Abajo: dirigiéndonos hacia el Sur de la población, consta la portada de la iglesia adscrita al que fuera convento de San Francisco, abierta a los pies del templo, de una cuidada decoración de base renacentista donde destacan, enmarcados por un alfiz y en derredor de una hornacina ocupada por la escultura del santo titular, los escudos imperial y de la ciudad, siendo este segundo (abajo), posiblemente, el ejemplar más rico en cuanto a ornamentación de los conservados dentro de la localidad, destacando en derredor de las figuras de que se compone el mismo, un acompañamiento coronado por un querubín, sitos seres mitológicos propios del plateresco entre las esquinas, labrado un mascarón bajo las murallas de la ciudad, descubriéndose a no mucha distancia, sobre la portada de acceso al actual edificio consistorial trujillano, antigua alhóndiga del lugar, el escudo que a partir de 1.566 diera la bienvenida al pósito de la localidad (abajo, siguiente), desde 1.888 al palacio concejil, elaborado en un estilo renacentista mucho más sobrio que el expuesto en el ejemplar anterior.
Abajo: abandonando el centro histórico trujillano, inscritas en los derredores del mismo quedaban las conocidas como Dehesas de los Caballos y de las Yeguas, sita la primera junto a la carretera de Madrid, abierta la segunda en las inmediaciones de la carretera de Cáceres, dotadas ambas de portadas aún conservadas en cuyos frentes figurarían, en sendos casos, el escudo municipal junto al real del momento de edificación, imperial de Carlos I en el caso de la Dehesa de los Caballos, fechado en 1.535 y colocado entre los blasones del municipio y de los Vázquez de Cepeda (abajo), figurando en el edificio de la Dehesa de las Yeguas el escudo de Felipe II a la siniestra, el municipal a la diestra (abajo, siguiente), datados en 1.576 y formando parte de un excelente diseño renacentista que acoge el posiblemente más alejado de los ejemplares de armas del concejo trujillano que pueden atisbarse dentro del casco urbano de la localidad, si bien a varios kilómetros de distancia hacia el Noreste, sobre el río Almonte y actual límite fronterizo entre los términos municipales de Torrecillas de la Tiesa y Jaraicejo, sorprende sobre el conocido como Puente del Cardenal, en el templete erigido frente a la rampa destinada a uso ganadero y punto de unión entre las dos fases constructivas del bien (abajo, tercera imagen), un nuevo ejemplar de armas trujillano fechado en el siglo XV y cumplimentado con el real de Felipe IV en el siglo XVII sobre él, hablándonos de la vinculación del inmueble con el concejo trujillano, comprometido con su construcción mediante escrito fechado en 1.460, dependiendo del viaducto para su conexión con Castilla y Madrid, declarado recientemente, en 2.019, Bien de Interés Cultural mediante Decreto 172/2019, de 5 de noviembre.
lunes, 31 de enero de 2022
Colaboraciones de Extremadura, caminos de cultura: Nuestros castillos, de Informe Extremadura, en Canal Extremadura TV
El pasado día 29 de enero, a las 22.15 horas, se emitía dentro del espacio Informe Extremadura, en Canal Extremadura TV, el reportaje Nuestros castillos. Un programa dedicado a las fortalezas extremeñas, centrado en monumentos tales como el castillo de Alburquerque, la alcazaba de Trujillo, la residencia cacereña de las Seguras o el castillo de Montánchez, a los que se sumarían los inmuebles castrenses en ruinas de Alange y Hornachos, para cuya visita se quiso contar con la colaboración de este blog.
Solicitada nuestra intervención a mediados del presente mes, gustosamente acompañamos al equipo de Informe Extremadura la mañana del día 12 hasta sendos castillos mencionados, recorriendo los enclaves donde se asientan, vislumbrando sus vestigios, charlando sobre su historia y comentando sus características principales, disfrutando del viaje y la visita siempre en pro del conocimiento y divulgación del patrimonio extremeño.
Tras mencionada emisión, ya se encuentra publicado el reportaje en cuestión en la web de Canal Extremadura. Extremadamente satisfechos con el resultado, desde Extremadura: caminos de cultura queremos invitar a los visitantes del blog a su visualización, esperando que sea del agrado de los seguidores, deseando igualmente que permita la ilustración sobre tal acervo, no sin dejar de agradecer a Informe Extremadura el haber querido contar con este rincón cibernáutico en la realización de tal trabajo, ansiando que esta aportación sirva, una vez más, a la instrucción sobre nuestra herencia patrimonial y nuestra cultura, base de nuestra razón de ser como pueblo, y de nosotros mismos.
https://www.canalextremadura.es/a-la-carta/informe-extremadura/videos/informe-extremadura-290122
Arriba: erigido sobre el cerro de la Culebra (arriba, imagen superior), del que toma un nombre que haría referencia a un pasado romano del enclave, el de Castrum Colubri, posiblemente la fortaleza de Alange se erigiese, ya en la Edad Media, sobre los vestigios de una atalaya latina que vigilase los contornos de Emérita Augusta, así como el trascurrir de la prolongación meridional de la Vía de la Plata en su devenir hacia tierras de la Bética, edificándose ya por los musulmanes una obra castrense cuyas primeras noticias se remontan al siglo IX, mencionándose Hisn al-Hanash poco antes de que la misma, en torno al 875, fuera tomada por Ibn Marwan en su levantamiento contra el emir cordobés Muhamad I, canjeada tras su asedio por la entonces aldea de Badajoz, cayendo nuevamente, esta vez en manos cristianas, en 1.234 bajo reinado de Fernando III, quien la cediese a la Orden de Santiago, encargada de su custodia y responsable de la reconstrucción de la misma, resultando de tal intervención el aspecto que hoy podemos apreciar entre sus ruinas (arriba, imagen inferior), dotado el complejo de una zona defendida de aljibes en la parte baja, una primer recinto amurallado del que resta la Puerta del Sol, y una fortaleza superior antecedida por un corralejo donde, entre las torres Solana y Redonda, resta junto a una desolada torre de la Campana e inserta en ella capilla de Santiago, la esbelta torre del homenaje, punto neurálgico de un monumento cuyo abandono se produciría cuando, en 1.550, fuese fundada la Casa de la Encomienda dentro de la propia población alangeña, restando sólo en uso, a lo largo del resto de la Edad Moderna, el templo santiaguista del lugar, derrumbado, por abandono y socavación de sus cimientos, a lo largo del pasado siglo XX.
Abajo: desconociéndose con exactitud el momento de su primitiva erección, y sabiéndose de él como punto fronterizo entre los reinos taifas de Badajoz y Toledo en el siglo XI, posiblemente el castillo de Hornachos fuera levantado a lo largo del siglo X, reaprovechando quizás vestigios de algún sistema defensivo previo, fabricándose en tapial una fortaleza dotada de amplia albacara y a cuyos pies se desarrollase el resto de la población islámica, cayendo el enclave en manos cristianas dirigidas por el maestre Pedro González Mengo en 1.234, donada por Fernando III a la Orden de Santiago un año después, actuando ésta sobre el inmueble a base de reforzamientos de los muros preexistentes, forrándolos con mampostería y añadiéndole estancias nuevas, siendo su capilla dedicada al apóstol matamoros el único templo católico de la localidad a fines del siglo XV, poblada ésta casi en su totalidad por mudéjares, posteriormente moriscos, levantados en 1.526 contras las ordenanzas de Carlos I exigiendo la cristianización de sus costumbres, decretando éste, tras el sometimiento de los moriscos de Hornachos y a fin de prevenir nuevos motines, la destrucción de la alcazaba y las calles del pueblo anexas a la misma, decisión que conllevaría el definitivo abandono de un castillo que, si bien no llegase a ver ejecutada su demolición, sí se vería ya, a mediados de tal centuria, sometido a una ruina que ha acompañado al inmueble hasta los actuales días.
Imagen del mes: Ermita del Cristo de la Misericordia, en Torre de Don Miguel
Aun engullida por el crecimiento urbanístico y perdido el soportal que la antecedía, sigue mostrando la ermita del Cristo de la Misericordia a los pies de la calle de la Barrera y mirando hacia la cuesta que sube al corazón de la villa torreznera, el gusto renacentista que, plasmado fundamentalmente a través de su portada, hace de esta capilla de sencillas mole y planta un ejemplo a destacar entre similares templos de tradicional erección a las puertas de las localidades extremeñas norteñas, enriquecido su programa iconográfico con una serie de gárgolas que, además de cumplimentar la obra con un presunto mensaje moral, enlaza ésta con el movimiento gótico anterior, como es característico en las obras dirigidas por el maestro Pedro de Ibarra, príncipe entre los arquitectos del Renacimiento extremeño a quien se atribuye la autoría del sacro inmueble.






