jueves, 30 de junio de 2022

Imagen del mes: portada renacentista del antiguo Palacio Prioral, hoy en la iglesia de San Esteban, en Puebla del Prior

 

Expuesta hoy como puerta de acceso por el lado de la epístola al templo parroquial dedicado a San Esteban de la localidad de Puebla del Prior, los vestigios de la antigua portada del inmediato Palacio Prioral, hoy prácticamente desaparecido, se ofrecen no sólo como un recuerdo de la vinculación histórica que mantuviese la villa porreta con la Orden de Santiago, sino fundamentalmente como una excelsa obra del renacimiento extremeño, cuyo llamativo compendio de veneras labradas entre sus piezas de naturaleza marmórea bien pudiera hacerla merecedora, simulando el caso salmantino, del título de "portada de las conchas" de la Baja Extremadura.

Puebla del Prior (Badajoz). Siglo XVI; arte renacentista.


Arriba y abajo: felizmente salvada de una total destrucción, venta o expolio, ante cuyos peligros ya denunciase la situación de desamparo en que se encontraba la antigua portada prioral D. Adelardo Covarsí, cuando supiera éste de la demolición provocada de tal obra durante los primeros años del último gobierno republicano, las restantes piezas pétreas preservadas de esta fábrica -cumplimentadas las faltantes por relieves marmóreos de nueva talla- conforman hoy en día la puerta de acceso por el lado de la epístola de la parroquia de San Esteban, edificada a fines del siglo XV siguiendo el mandato de García Ramírez Villaescusa, por entonces prior del Priorato de San Marcos de León, dimensión religiosa de la Provincia santiaguista de León a la que administrativamente Puebla del Prior perteneciese, dentro del Partido de Llerena, desde que la misma fuese fundada en 1.257 por el prior santiaguista Martín García bajo mandato del Maestre Pelayo Pérez Correa, determinando Garci-Ramírez la prolongación de la obras, erigiendo junto al templo un palacio prioral de aspecto castrense que, dilatada su ejecución a lo largo del siglo XVI, viniese a sustituir un primitivo caserón santiaguista en deficiente estado, sirviendo de novedosa sede a la Orden y aposento de los caballeros y priores santiaguistas durante las visitas de los mismos a la población, elaborado el monumento en un estilo renacentista hermanado con el ya visto en otras obras decretadas por tal personaje, así el Palacio Episcopal de Llerena, centrando el dintel de acceso constituido de dovelas el escudo del Priorato de San Marcos de León, ocupando el interior del blasón un león mirando hacia la izquierda, dibujada tras él la cruz santiaguista, coronado el mismo por un capelo y abrazado por sendos ramos de borlas, a seis por lateral, destinado habitualmente tales elementos de la heráldica episcopal a los obispos, demostrando así la categoría diocesana de que disfrutaba este priorato, exhibido tal blasón igualmente desde mencionado palacio prioral llerenense, así desde la misma portada de la que fuese sede prioral principal, sita en el conocido como Convento de San Marcos de León en la ciudad leonesa.

Arriba y abajo: abrazado el conjunto por dos pilastras, subdivididas éstas a su vez en dos secciones correspondientes a cada uno de los cuerpos de que se conforma la obra, quedan coronados ambos fustes con capiteles de corte renacentista donde se conjugan los elementos tomados de los órdenes arquitectónicos clásicos -así las volutas o las hojas de acanto en los capiteles compuestos de los pilares bajos; abajo-, rematados los superiores con sencillos pináculos tras superar la cornisa de coronamiento del cuerpo superior, repetida ésta por duplicado sobre el vano adintelado de acceso, enmarcando un friso que supone la separación entre ambas secciones arquitectónicas, ocupado el mismo por una serie de catorce veneras repetidas a lo largo y ancho de las jambas que conforman la puerta en sí, con cinco filas horizontales de tres conchas cada una -abajo, siguiente-, sumando así treinta veneras más que junto a las ocho del propio dintel y las seis que figuran en el cuerpo superior del conjunto edilicio -desaparecidas posiblemente dos de ellas en la cúspide de las bandas laterales donde se ubican-, hacen un total de cincuenta y ocho conchas vinculadas por el peregrinaje y el Apóstol Santiago, patrón de la Orden mecenas del monumento, llamando la atención no sólo la repetición sino fundamentalmente el alto número que de las mismas pueden contemplarse en el bien mueble, sin que por ello dejen de aparecer otros elementos ornamentales propiamente renacentistas tomados del clasicismo igualmente labrados sobre la obra, inscritos éstos en la sección central del cuerpo supremo, así dos grandes tondos cuyos motivos internos se han visto semiperdidos, superados a su vez por tres medallones ocupados por bustos masculinos cubiertos con cascos, siendo mascarones los que sustentan las finas columnas que sostienen el epígrafe que remata esta sección interna alcanzando la cornisa de cierre, semiborrada la inscripción original tanto por la erosión como por la destrucción de piezas primigenias, donde quizás se hablase de la fecha de ejecución y artífices de la misma, en todo caso imborrable el estar ante toda una joya del renacimiento de Extremadura.

sábado, 14 de mayo de 2022

Imagen del mes: pinturas barrocas de la cúpula de la Ermita de la Paz, en Cáceres

 

Formando parte de la que es posiblemente la estampa más característica de Cáceres, la ermita de la Paz se alza desde mediados del siglo XVIII junto a la conocida como Torre de Bujaco en plena Plaza Mayor cacereña, atesorando primitivamente entre sus paredes una serie de elementos muebles y decorativos que hicieron del interior de la capilla todo un espacio barroco tendente al rococó, de cuya ornamentación primigenia apenas restan hoy seis pinturas ubicadas en la cúpula que corona el altar mayor del templo, preservadas en un precario estado de conservación que, a pesar de sus dolencias, recuerdan los días de gloria del monumento, cuando la celebración de la festividad de su imagen titular, Nuestra Señora de la Paz, la víspera del 24 de enero, nada envidiaba en la ciudad a otras aún hoy conservadas, como aquéllas dedicadas a los Santos Mártires, a la Virgen de las Candelas o a San Blas.

Cáceres. Siglo XVIII; estilo barroco.

Arriba y abajo: iniciado el culto en Cáceres a la Virgen de la Paz en 1.712, por iniciativa del mercader Lázaro Laso, quien obtuviese en tal año permiso concejil a fin de ubicar en el extremo del Portal Llano de la Plaza Mayor cacereña un lienzo dedicado a tal advocación mariana, con la idea de evitar, a través de la exposición de éste y el correspondiente alumbrado nocturno del mismo, los actos inmorales que al parecer se acometían en el lugar llegada la oscuridad, no tardaría mucho tal devoción en adquirir una  popularidad de tal índole que, en 1.720, serían aprobadas las ordenanzas de la Cofradía de Nuestra Señora de la Paz, encargada de regir tal veneración, la cual, ante las dificultades que presentaba el rincón urbano del que colgaba el cuadro a la hora de llevar a cabo los actos religiosos, iniciaría en 1.731 las gestiones para la elevación de su propia ermita, decantándose por la recuperación de la arruinada capilla que, junto a la torre Nueva o del Reloj, hoy de Bujaco, se dedicase antaño al culto de San Benito y San Juan Evangelista, ejecutándose las obras de rehabilitación entre 1.733 y 1.734, y llevándose en procesión la noche previa a su festividad, en 1.737, desde la iglesia de Santa María la imagen de Nuestra Señora de la Paz encargada ex profeso al artista vallisoletano Pedro Correa, inaugurándose una nueva era en la historia de tal culto mariano que, poco a poco, además de ver la construcción de un pórtico de acceso a la ermita con enrejado de 1.756, o la inserción de una casa para el ermitaño en el solar inscrito entre capilla y muralla, se traduciría en la ornamentación y cumplimentación del nuevo recinto sacro con el que quedase éste vinculado, adquiriéndose diversos elementos litúrgicos, instalando retablos para las imágenes de San Benito y San Juan Bautista -encargándose a José Procuza una nueva que relevase a la primera de ellas-, renovándose el retablo inicialmente traído para la Virgen desde el Convento de San Francisco por otro de nueva fábrica, así como solicitándose diversas obras de decoración que enriqueciesen las paredes y, fundamentalmente, arcos y coronamiento de las tres naves en que se dividiera el plano interno del inmueble, así, en 1.763, cuatro lienzos del pintor José Galván que representasen a los cuatro evangelistas, destinados a las pechinas de la cúpula hemiesférica central, en 1.764 otros nueve cuadros del artista alcantarino Juan Cordero junto a doce lunas de espejo, enmarcados los cuatro iniciales en cenefas de madera talladas por Vicente Barbadillo, al cual se le pediría nuevamente, en 1.770, el trabajo de yesería que cubriría la bóveda principal, resultando un compendio decorativo de gusto barroco tendente al rococó, similar al hoy aún visto en la techumbre del santuario de Nuestra Señora de la Montaña, que, sin embargo, no lograría llegar a nuestros días en su totalidad, restando de tal colección ornamental tan sólo la porción ubicada en el interior de la cúpula que cubre el altar mayor del templo (abajo), eliminadas de sus pechinas los retratos de los santos escritores, así como limpiados de obras artísticas y enlucido el resto de los techos del monumento, ofreciéndose en la actualidad un edificio austero desde que el mismo fuese sometido a diversas intervenciones restauradoras, bajo proyecto firmado por González Valcárcel y aprobado en 1.964, que si bien consolidaba el no derribo de la capilla en pro de la completa visión de las murallas, eliminándose sin embargo el edificio colindante a ésta y remodelando la techumbre exterior del templo a fin de hacerla concordar con el carácter castrense del enclave, no contemplaba salvaguardar la mayor parte de las obras barrocas que, para mediados del siglo XX, ya ofrecían un deterioro preocupante, como el que aún muestran los seis lienzos salvados de la purga, frente a la restauración completa del retablo que acoge la imagen mariana titular, apenas hoy venerada, o ni tan siquiera conocida, por gran parte del pueblo cacereño.

Abajo: afincado en la entonces villa de Cáceres, muchos de los trabajos realizados por Vicente Barbadillo recaerían en su propia localidad de vecindad, así las puertas de la parroquia de Santiago, el cierre de la cúpula de la capilla del Cristo de la Salud dentro del santuario de Nuestra Señora de la Montaña, el retablo dedicado a Santa Ana en similar templo mariano, o el gran retablo mayor de la iglesia de San Mateo, iniciándose su relación con la ermita de la Paz en 1.763, cuando se le ofreciese enmarcar las obras de José Galván para las pechinas de la cúpula central, así como diversos espejos adquiridos por la misma fecha, ampliado el encargo en 1.770 con las yeserías que irían destinadas al cubrimiento del interior de la cúpula hemiesférica que corona el altar mayor del templo, dividiéndose el diseño de ésta en seis gallones sobre cuyas trazas de separación serían incluidos diversos emblemas marianos tomados de las letanías, así la luna, la torre, el lirio o la azucena -perdidos hoy los dos restantes-, apoyada la vinculación artística del compendio decorativo con Santa María gracias a la media docena de lienzos, pintados al óleo e instalados sobre la fábrica latericia del inmueble, que ocupan la parte central de cada uno de estos gajos ornamentales, posiblemente seis de los nueve cuadros que ejecutase para la ermita el pintor alcantarino Juan Cordero en 1.764, a juzgar por los datos registrados por la cofradía y expuestos en 1.949 por D. Miguel Muñoz de San Pedro, a través de un excelente trabajo recopilatorio publicado entonces en la Revista de Estudios Extremeños, considerándose cumplimentada en 1.775 la labor ornamental del interior del inmueble y no mencionándose la adquisición de nuevos o  relevantes trabajos artísticos entre 1.764 y 1.770, tomados de esta colección seguramente por Barbadillo cuando éste se dedicase a la decoración de mencionada cúpula capital, advirtiéndose a través de los lienzos inscritos en la techumbre diversos episodios vinculados con la vida de María, siguiendo la tradición vista en techos y paredes de oratorios o camarines marianos contemporáneos a éste, así en el que antecede al trono de Nuestra Señora de Guadalupe en su puebla homónima, leyendo de derecha a izquierda, desde el retablo y rodeando la circunferencia del coronamiento edilicio, pasajes como los desposorios de María con José (abajo), la Anunciación a María (abajo, siguiente), María encontrando a Jesús enseñando en el templo (abajo, tercera imagen), la Presentación de Jesús en el templo (abajo, imagen cuarta), la Asunción de María (abajo, imagen quinta), y la Coronación de María por la Santísima Trinidad (abajo, imagen sexta), siguiendo un ritmo cronológico dentro del ciclo mariano, sólo permutado entre los lienzos tercero y cuarto, elaborado en un lenguaje sencillo y un estilo muy básico, donde queda reflejada la iconográfica más tradicional, los emblemas más populares y la simbología mariana más característica, llamando la atención el canje del rojo de la túnica mariana de Ésta en vida, por el blanco que luce una vez ascendida a los Cielos, digna de una pureza expuesta igualmente en la bandera nívea que porta la imagen titular del lugar, aún ondeada frente a los cacereños por Nuestra Señora de la Paz, como lleva haciendo tal representación de la Madre de Dios desde que a mediados del siglo XVIII fuese encaramada ésta a su propio podio, mirando a la ciudad con la que quedaría vinculada, desde el corazón del punto más neurálgico de la misma.






miércoles, 11 de mayo de 2022

"Poemas extremeños, y otras poesías", en la XLI Feria del Libro de Badajoz

El próximo día 20 de mayo dará comienzo la XLI Feria del Libro de Badajoz. Hasta el domingo 29, el popular Paseo de San Francisco de la capital pacense acogerá, una vez más, a libreros, editores, instituciones y escritores que, junto a todos aquellos amantes de la lectura, amigos de la cultura y público interesado en general, indagarán en el panorama actual de la lectura a través de los libros ofertados y las nuevas publicaciones.

El pasado año, "Extremadura: caminos de cultura" tuvo el inmenso honor de poder participar en la XL edición de tal evento. Gracias a la obra "Templos romanos de Extremadura: álbum fotográfico", pudimos ofrecer a través de las páginas de tal libro, así como durante la presentación del mismo, la visión sobre una pequeña y concreta porción del amplio patrimonio histórico-artístico extremeño, cumpliendo con el cometido del blog. Este año, repetimos. En esta ocasión, de la mano de la obra "Poemas extremeños, y otras poesías". El primer poemario de Samuel Rodríguez Carrero que, como su propio título indica, se centra fundamentalmente en la región extremeña.

Editado por Editamás en abril de 2.022, y recientemente puesto a la venta, podrá adquirirse la obra a través de la caseta que tal empresa atenderá en la feria, habiendo sido concedida nuevamente la carpa de presentaciones para dar a conocer este trabajo ante el público que quiera acercarse a la misma. La fecha y hora asignadas son el lunes 23, a las 19 horas.

Agradecidos con la cesión, y honrados por la presencia, una vez más, de este blog y la obra de su autor en tal evento cultural capital en la región, os invitamos a uniros. Será todo un placer poder encontrarnos y disfrutar juntos de tal fiesta del conocimiento donde, nuevamente, intentaremos que Extremadura sea protagonista. ¡Muchas gracias!

sábado, 30 de abril de 2022

Imagen del mes: la Puentecilla de Tornavacas

 

Superando desde inicios del siglo XVIII el cauce de la garganta del Cubo, a su paso por la localidad tornavaqueña y antes de desembocar éste en el próximo río Jerte, un puente de único ojo inscrito en plena calle Real de Abajo, permite la continuidad del trazo de tal vía nacida en la plaza Mayor y esquina de la casa consistorial, de igual datación dieciochesca, llamando la atención sobre él un templete que, junto al pretil septentrional del viaducto, ofreciese antaño cobijo a la imagen de la Virgen de la Consolación, hoy vacía su hornacina sin que el tiempo haya hecho mella, sin embargo, en la belleza de un inmueble que sorprende a aquel viajero que decide recorrer este rincón de la zona más alta del valle jerteño.

Tornavacas (Cáceres). Siglo XVIII (fechado en 1.731); estilo barroco. 
 

Arriba y abajo: restaurada recientemente por la Consejería de Movilidad, Transporte y Vivienda de la Junta de Extremadura, junto al puente Cimero -inscrito sobre la vega del Jerte- y la picota y/o rollo jurisdiccional local -conocido popularmente como las Marirrollas-, la Puentecilla tornavaqueña muestra un aspecto remozado en el que, además de limpieza, relleno de fisuras y sustitución de la pieza que delimita el petril norteño en su lado oriental, se ha incluido tras éste una ampliación de la plataforma del viaducto (arriba), sustentada sobre vigas y rasillas contemporáneas, opuestas a la fábrica a base de sillares graníticos que conforma la constitución del único ojo de medio punto de que se compone la obra de ingeniería (abajo), prolongados sus estribos por sendas orillas en la cara meridional del edificio, abierta desde antaño una puerta en su lado levantino, denominada popularmente como boquerón de la Puentecilla (abajo, siguiente), a fin de permitir la bajada desde la calle Real de Abajo a la vega de la garganta del Cubo, desde la cual puede observarse la moldura que marca el inicio del pretil sureño, de sencilla composición opuesta a la de su hermano, centrado por un llamativo templete barroco. 

 

Arriba y abajo: siguiendo la tradición constructiva vista en otros muchos puentes renacentistas y barrocos de la región, así en el puente Nuevo de Plasencia o entre los denominados puentes de Don Francisco, junto a la desembocadura del río Tamuja en el cauce del río Almonte, la Puentecilla de Tornavacas presenta formando parte de su petril norteño un templete (arriba), llamativo tanto por su belleza, como por figurar como elemento arquitectónico en un viaducto de escasas dimensiones, posible reflejo no sólo de la religiosidad imperante en la España contemporánea a la obra, sino inclusive de la inclinación religiosa de un pueblo, el tornavaqueño, que a día de hoy conserva tradiciones religiosas ya perdidas, como el toque de la Esquila por la salvación de la ánimas del Purgatorio cada anochecer, destinada la capilla del puente sobre la garganta del Cubo a la Virgen de la Consolación, tal y como reza inscrito sobre la hornacina que centra la obra -de arco de medio punto y avenerada en su interior-, bajo una cornisa coronada con una pequeña moldura donde, entre volutas, aparece la cruz y el monograma de Cristo, enmarcada la verticalidad del edículo por sendas pilastras en cuyo extremo superior recogen la fecha del monumento -AÑO 1731-, conservándose bajo la cornisa que separa la hornacina de la parte baja del templete una leyenda epigráfica bastante erosionada que, muy posiblemente, hiciese alusión a los promotores de la obra o dirigentes gobernantes en el momento de erección de la misma, mucho mejor conservada, por su parte, la benditera que, a siniestra de la capilla, figura labrada sobre el mismo petril (abajo, segunda imagen), cumplimentando la obra religiosa que centra el viaducto, así como, quizás, el viacrucis que desde la localidad parte hacia la antigua ermita de Santa María Magdalena, descubriendo oquedades en los pasos que conforman el mismo, así junto a la picota local, bien para alojar el agua bendita o incrustar cruces momentáneas o desaparecidas.




miércoles, 23 de marzo de 2022

Imagen del mes: Fuente de los Caños, en San Vicente de Alcántara

 

Centrando la sanvicenteña plaza Rincón de los Caños, la fuente que da nombre al lugar, en sus inicios bautizada como Fuente Nueva, sigue trayendo hoy a la localidad el agua de los contornos como desde su finalización, en 1.861, lleva ejecutando a cabo, considerado hoy no potable un caudal antaño tomado para el consumo humano e, inclusive, para la manutención de las bestias, ejercitada ésta en su pilar inmediato donde, a la par, algunas vecinas aprovechasen para lavar la ropa, convertido así el enclave en fuente, abrevadero y lavadero, hoy monumento que recuerda épocas pasadas y citas populares cuando el agua no llegaba a cada hogar, en derredor de la bancada que circundaba primitivamente el sitio.

San Vicente de Alcántara (Badajoz). Siglo XIX (fechada en 1.852).

Arriba y abajo: alimentándose y sirviéndose la localidad desde su fundación de múltiples fuentes que surten por los contornos de San Vicente de Alcántara, existentes aún hoy en día en los derredores del municipio las de Juan Durán, de la Plata, del Real, de Balancho o el pozo del Paraguas, éste dentro del casco urbano y llamado primitivamente como del Zangallón, se decidiría en 1.851, coincidiendo con los inicios de la industrialización del corcho en Extremadura y poco después del asentamiento en 1.845 de la primera industria corchera sanvicenteña -de la mano del británico Tomas Reynolds, al que le seguiría Pedro Moreno González con la primera fábrica de corcho del pueblo, en 1.858-, el encauzamiento y traída de las aguas desde el huerto posterior al enclave donde iban a situarse los surtidores, en la zona occidental del caserío, recogiéndose -según estudio realizado por Ángel Reyes Manso- el 22 de septiembre de tal año el acuerdo entre varios vecinos y terratenientes en pos de aprovechar las hierbas de la dehesa boyal conocida como Sierra del Lugar en la composición de una nueva fuente, cuya construcción finalmente se financiaría con los beneficios obtenidos mediante una novillada popular, anotados sus ingresos, ascendiendo a los 400 reales, el 23 de agosto de 1.852, fecha  que quedaría reflejada en la propia obra en sí, levantada a base de sillares graníticos (arriba), con su frontal mirando hacia el Norte, coronado con un arco conopial que recuerda las pretéritas obras góticas, y contemporáneas a ésta obras neogóticas, sellado su vértice con un remate a modo de pináculo (abajo), sobre una cornisa que cae por las líneas superiores del arco en su flanco septentrional hasta encontrarse con aquélla que teje la línea superior del paredón rectangular del que nacen los surtidores  (abajo, siguiente), colocada bajo la escotadura una placa de similar naturaleza pétrea a la constitución del bien donde aún puede leerse "ESTA OBRA SE HIZO EN EL AÑO DE 1852" (abajo, tercera imagen).


Abajo: fechada la inicialmente bautizada como Fuente Nueva en 1.852, la finalización definitiva de la obra hidráulica no se alcanzaría hasta el año 1.861, finiquitándose por orden de 30 de septiembre de tal año la labor ejercida por el maestro de obras Francisco Redondo, ascendiendo los gastos restantes hasta los 200 reales, dotado el bien de dos caños metálicos en su frontal (abajo), razón del cambio de nomenclatura al monumento, cayendo las aguas sobre una pila ubicada en la parte baja del paredón principal, abriéndose frente a ella una pequeña plazoleta circundada por un banco pétreo corrido, donde la gente podía esperar sentada turno a la hora de coger agua de los surtidores, hoy colmado y rellenado a fin de poner a la misma altura del resto de la plaza el antiguo espacio que quedase inmortalizado en una fotografía que, datada en el primer cuarto del siglo XX y conservada en el archivo de M. Tomeno Pacheco, mostrase el día a día en un enclave al que acudía la población sanvicenteña hasta la traída de agua corriente desde el manantío de Aguas Claras, posteriormente del embalse de Alpotrel, conservado a diestra del frontal el ramal que permitía el vaciado del caudal restante (abajo, siguiente), primitivamente tapado con una losa granítica, cayendo éste en la zona inmediata al pilar que, funcionando como abrevadero para el ganado e, inclusive, pilón para el lavado de ropa, aún se preserva a los pies del monumento (abajo, imagen tercera), hoy, como la plazoleta fontanera, a ras de suelo, subsistiendo en pro del mantenimiento de la memoria de un tiempo pasado que, aún lejano, es germen de los días que hoy podemos vivir.

 

lunes, 28 de febrero de 2022

Imagen del mes: portada renacentista de la iglesia de San Andrés Apóstol, en Almaraz

 

Destacando sobre la recia fábrica de mampostería reforzada con sillares de que consta la constitución fundamental de la iglesia parroquial almaraceña de San Andrés, se abre en su lado de la epístola la única portada de acceso al templo, diseñada bajo un gusto renacentista que rescata el clasicismo de las formas frente a la sobriedad que presentan los tintes góticos del resto de la construcción, ofreciendo al viajero que, siguiendo el Camino Real de Extremadura, llevara sus pasos a este pequeño caserío del noreste de la región, una obra de buen gusto en plena tierra extremeña, así como al pueblo donde se alza, un vínculo atemporal con uno de los personajes más relevantes del Renacimiento español: el obispo de Plasencia D. Gutierre de Vargas Carvajal.

Almaraz (Cáceres). Siglo XVI; arte renacentista.

Arriba y abajo: llamando la atención desde el exterior del monumento tanto la diferencia de altura entre nave y cabecero, como la inacabada prolongación de los muros del evangelio y epístola a los pies del templo (arriba), sendos rasgos constructivos nos hablan de una inconclusa historia arquitectónica del inmueble, iniciada en el siglo XVI por orden del que fuese entre 1.524 y 1.559 obispo de Plasencia, D. Gutierre de Vargas Carvajal, respondiendo esta obra, como otras muchas repartidas por la diócesis placentina -así las parroquias de Jaraicejo, Garciaz, Berzocana o Guareña-, a la inquietud cultural y artística del teólogo madrileño que decidiría levantar, quizás sobre algún templo anterior, una nueva parroquia donde el gusto gótico se conjugase con el renacentista, latente tal simbiosis en la única nave de que consta el monumento, mostrando este enclave primitivo de la parroquia -retocado el cabecero a fin de ampliar el edificio un siglo después-, una comunión entre el arte gótico, presente en la bóveda de crucería estrellada de su cubierta donde luce el escudo del mecenas, y el triunfante Renacimiento, ofrecido éste fundamentalmente en la portada del edificio (abajo), cuya realización se debe, al parecer, al arquitecto Juan Álvarez.

 

 
Arriba y abajo: nacido presuntamente en 1.544, diversas vicisitudes, principalmente el fallecimiento en 1.561 de su maestro Pedro Ezquerra de Rozas, llevarían a Juan Álvarez a hacerse cargo de varias de las obras que éste había dejado a su muerte inconclusas dentro de la diócesis placentina, así la iglesia de San Juan Bautista de Malpartida de Plasencia, o la de Santiago Apóstol de Miajadas, englobándose dentro de este listado, al parecer, la parroquia almaraceña donde el maestro cantero dejara su huella en la portada renacentista del templo, posiblemente siguiendo trazas previas aprobadas por el obispo D. Gutierre antes del óbito de éste, acaecido en Jaraicejo en 1.559, constando ésta, elaborada en su totalidad por piedra berroqueña y centrada por un arco de medio punto enmarcado en una cenefa que simula un rehundido, de dos pares de columnas acanaladas de orden jónico sobre basamento, semejantes a los vistos en la también renacentista portada de la cercana parroquia de San Ildefonso de Serrejón -igualmente edificada bajo similar mecenazgo episcopal-, sosteniendo las mismas (arriba) un entablamento con cornisa sobre taqueado que, superando la puerta de acceso, sirve como base de un ático en cuyas esquinas, coincidiendo con la vertical de tales pilares, dos pirámides rematadas en bola culminan la obra ornamental que iniciasen los primeros, mientras que sobre el propio arco es una hornacina (abajo), rematada en cruz, la que bajo venera acoge una imagen granítica y en bulto redondo del santo titular del templo, San Andrés, acompañado éste de la cruz aspada, emblema del apóstol y signo de su martirio, mientras el santo mira a la plaza que lleva su nombre en la zona noroccidental del pueblo y corazon del Almaraz histórico, cuyo caserío aún corona hoy en día, como siglos atrás, la silueta de la parroquia que un día quiso concederle uno de los más destacados mecenas del Renacimiento extremeño.

 

viernes, 25 de febrero de 2022

Colaboraciones de Extremadura, caminos de cultura: Las troneras de cruz y orbe en los escudos de Trujillo, en Extremos del Duero

 

Tiempo atrás, mi amigo y colega bloguero Jesús López, administrador del blog Extremos del Duero, compartió conmigo una imagen tomada en Trujillo de la portada de la que fuera dehesa de los caballos de la ciudad, en la que se podía apreciar el blasón municipal, observándose curiosamente una versión mariana en la cual la Madre de Dios parece figurar dándole el pecho al Niño. Iconografía, si bien no extraordinaria, sí poco común, que en Extremadura puede admirarse, por ejemplo, en la escultura ofrecida como patrona de la ciudad de Plasencia, bajo el título de Nuestra Señor del Puerto, o en el lienzo que representando a la Virgen de la Leche se conserva en el interior de la iglesia parroquial de la Consolación, en Arroyomolinos, tal y como ofrecimos en agosto de 2.012 desde este mismo blog.

Paseando recientemente por las calles trujillanas, caí en la cuenta del generoso número de escudos municipales que pueden apreciarse entre las vías y rincones de Trujillo, pareciéndose adivinar dentro de unos de estos blasones otro relieve mariano basado en el amamantamiento de Jesús sobre los muros de la iglesia de San Pedro, observación que quise compartir con mi colega. Verificada finalmente la inexistencia de tal expresión artística en mencionada obra,  aprovecharía la ocasión para compartir con él la pequeña colección fotográfica que pude formar basada en tales emblemas municipales, sumando ocho más a la serie iniciada por Jesús con el ejemplar de mencionada dehesa comunal, revelándose el casco urbano trujillano como uno de los enclaves municipales extremeños de los que entre sus rincones más ejemplares de escudos locales históricos pueden descubrirse.

Ojeando las imágenes, Jesús caería sin embargo en un detalle nuevo: la amplia figuración de troneras de cruz y orbe en muchos de los relieves donde, figuradamente, se representa la plaza fuerte trujillana supeditada por la Virgen que, legendariamente, apareciese milagrosamente sobre los contornos de la población en el momento de su reconquista definitiva en 1.233, a manera de auxilio hacia las tropas cristianas de Fernando III de Castilla. Bautizada así como Virgen de la Victoria, sería ésta el posterior germen de la advocación mariana tomada como patrona del lugar. Troneras de cruz y orbe de las que nos hablará Jesús a través de un reciente artículo que os invito a descubrir, mientras os dejo con la pequeña colección de escudos de la ciudad que pueden fácilmente atisbarse mientras se pasea por entre las calles y contornos de esta joya urbana extremeña, acertadamente declarada Conjunto Histórico-Artístico mediante decreto 2223/1962, de 5 de septiembre de mencionado año.

http://extremosdelduero.blogspot.com/2022/02/las-troneras-de-cruz-y-orbe-en-los.html

Arriba y abajo: ocurrido el milagroso suceso, al parecer, sobre la portada conocida hoy como del Triunfo (arriba), donde la legendaria intervención mariana ayudase a las tropas cristianas, como la nomenclatura indica, a tomar definitivamente la ciudad frente a los musulmanes el 25 de enero de 1.233, se conserva en la cara interna del posterior arco gótico de acceso una hornacina ocupada por una escultura labrada en la segunda mitad del siglo pasado de la que fuese bautizada como Virgen de la Victoria, advocación mariana que en Trujillo se forjase a raíz de tal presunto acontecimiento vinculado con este punto del entramado urbano trujillano, instalado primitivamente un lienzo que a partir del siglo XVI reflejase una iconografía ya dispersa por la ciudad a través del blasón que se diseñase como escudo de armas de la ciudad, conservado el más antiguo de entre los múltiples blasones municipales que campan entre las calles y recovecos de la población en la cara intramuros del denominado como arco de Santiago (abajo), por su conexión con la iglesia dedicada a tal apóstol, adivinándose en éste, fechado en el siglo XIV, una esquemática imagen mariana dentro de lo que fuese una estructura castrense, observándose por el contrario sobre la portada inscrita a los pies del templo de románicos inicios anexo, en el considerado segundo más antiguo escudo municipal, la ya característica simbiosis entre María y la ciudad fortificada (abajo, siguiente), con la Madre de Dios centrando el relieve, elevadada sobre un recinto amurallado y abrazada por dos altos torreones.


Abajo: fuera del recinto amurallado, en la neurálgica Plaza Mayor de la ciudad, puede observarse sobre la portada principal de la emblemática iglesia de San Martín el primero de los variados escudos municipales que podremos apreciar paseando entre las vías históricas de la ciudad extramuros, apareciendo enmarcada por un alfiz y sobre el escudo del obispo Pedro Ponce de León inscrito en la portada renacentista de los pies de mencionado templo, el blasón cuyo flanco inferior queda oculto bajo el remate circular que corona el frontón que supedita la puerta de mediodía del monumento (abajo), inscrito también dentro del alfiz que circunda la portada de entrada al templo dependiente del convento de San Pedro un nuevo ejemplar heráldico (abajo, siguiente), en el lateral de la epístola de tal capilla datada en el siglo XVI, dando por su parte a la cercana calleja de San Gregorio, en su apertura hacia la plazuela del Prior de Quiroga, un nuevo escudo municipal coronado con remate pétreo, inmerso en los muros del que fuese convento de Santa Clara, fundado en 1.533 y hoy Parador de Turismo, en la unión de éste con la que fuera iglesia del cenobio y templo de San Clemente (abajo, tercera imagen).


Abajo: dirigiéndonos hacia el Sur de la población, consta la portada de la iglesia adscrita al que fuera convento de San Francisco, abierta a los pies del templo, de una cuidada decoración de base renacentista donde destacan, enmarcados por un alfiz y en derredor de una hornacina ocupada por la escultura del santo titular, los escudos imperial y de la ciudad, siendo este segundo (abajo), posiblemente, el ejemplar más rico en cuanto a ornamentación de los conservados dentro de la localidad, destacando en derredor de las figuras de que se compone el mismo, un acompañamiento coronado por un querubín, sitos seres mitológicos propios del plateresco entre las esquinas, labrado un mascarón bajo las murallas de la ciudad, descubriéndose a no mucha distancia, sobre la portada de acceso al actual edificio consistorial trujillano, antigua alhóndiga del lugar, el escudo que a partir de 1.566 diera la bienvenida al pósito de la localidad (abajo, siguiente), desde 1.888 al palacio concejil, elaborado en un estilo renacentista mucho más sobrio que el expuesto en el ejemplar anterior.


Abajo: abandonando el centro histórico trujillano, inscritas en los derredores del mismo quedaban las conocidas como Dehesas de los Caballos y de las Yeguas, sita la primera junto a la carretera de Madrid, abierta la segunda en las inmediaciones de la carretera de Cáceres, dotadas ambas de portadas aún conservadas en cuyos frentes figurarían, en sendos casos, el escudo municipal junto al real del momento de edificación, imperial de Carlos I en el caso de la Dehesa de los Caballos, fechado en 1.535 y colocado entre los blasones del municipio y de los Vázquez de Cepeda (abajo), figurando en el edificio de la Dehesa de las Yeguas el escudo de Felipe II a la siniestra, el municipal a la diestra (abajo, siguiente), datados en 1.576 y formando parte de un excelente diseño renacentista que acoge el posiblemente más alejado de los ejemplares de armas del concejo trujillano que pueden atisbarse dentro del casco urbano de la localidad, si bien a varios kilómetros de distancia hacia el Noreste, sobre el río Almonte y actual límite fronterizo entre los términos municipales de Torrecillas de la Tiesa y Jaraicejo, sorprende sobre el conocido como Puente del Cardenal, en el templete erigido frente a la rampa destinada a uso ganadero y punto de unión entre las dos fases constructivas del bien (abajo, tercera imagen), un nuevo ejemplar de armas trujillano fechado en el siglo XV y cumplimentado con el real de Felipe IV en el siglo XVII sobre él, hablándonos de la vinculación del inmueble con el concejo trujillano, comprometido con su construcción mediante escrito fechado en 1.460, dependiendo del viaducto para su conexión con Castilla y Madrid, declarado recientemente, en 2.019, Bien de Interés Cultural mediante Decreto 172/2019, de 5 de noviembre.


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