lunes, 16 de febrero de 2015

Nebrissen: la primera novela de Jesús López Gómez


El próximo 27 de febrero mi colega bloguero y amigo Jesús López Gómez presenta su primera novela: Nebrissen. El autor del blog Extremos del Duero, espacio en la red dedicado a Extremadura y con el que Extremadura: caminos de cultura ha tenido el gran honor de colaborar en diversas ocasiones, ha forjado una fabulosa historia enfocada hacia la figura del gran humanista español Antonio de Nebrija, hacia los años que éste vivió en Extremadura, con la Extremadura y la comarca de La Serena del siglo XVI de trasfondo. Una novela que nos transportará a nuestro pasado, a nuestras raíces, a un capítulo poco conocido de nuestra historia y a personajes que dibujaron parte de los esquemas de nuestra cultura. La hora: las 20:30. El lugar: la Casa de la Cultura de Villanueva de la Serena. El autor de estas líneas allí estará. Os invito a todos a ir también. ¡Allí nos vemos!

Si deseáis conocer más sobre esta obra, no dejéis de visitar la entrada que sobre la misma publica su autor dentro de su propio blog, cuyo enlace tenéis a continuación:




lunes, 2 de febrero de 2015

Colaboraciones de Extremadura, caminos de cultura: El convento del pozo milagroso, en El lince con botas 3.0, de Canal Extremadura


El pasado día 1 de febrero terminaba la jornada en Canal Extremadura Televisión con un nuevo capítulo del programa El lince con botas 3.0. Producido el reportaje por la extremeña Libre Producciones, se estrenaba el documental titulado "El convento del pozo milagroso". De cincuenta minutos de duración, el capítulo haría viajar al espectador hasta Santa Cruz de la Sierra, municipio cacereño ubicado en las cercanías de Trujillo, donde se conservan los vestigios de un monumento en ruinas que, sin embargo, guarda entre sus piedras parte de la historia de la localidad, y del arte y cultura de nuestra región: el Convento de San Joaquín o de los Agustinos. 

Para la realización de este reportaje, quiso contar la productora con este blog. Gustosamente accedí y, tras acudir personalmente al lugar, grabamos in situ durante una espléndida mañana de verano en lo que fue una muy agradable experiencia. El magnífico resultado es el que se pudo ver en antena, y al que desde hoy se puede acceder via internet a través de la web de Canal Extremadura. Os dejo con el enlace al reportaje, así como a la entrada que tiempo atrás se publicó en este blog donde hablábamos de este monumento que esperemos pueda ser hoy, satisfactoriamente, más conocido por los extremeños.


(Actualizado en abril de 2.020)

https://vimeo.com/399853657


(Fotografías tomadas durante la grabación del reportaje por Mario Carnerero Pizarro)


viernes, 30 de enero de 2015

Imagen del mes: Plaza Mayor de Garrovillas de Alconétar


Tarde soleada en la Plaza Mayor de Garrovillas, cuyos arcos y soportales son testigos, desde su creación a finales del medievo, de la historia y devenir cotidiano del pueblo, marcados, incluso, por relevantes acontecimientos históricos, como es el caso del Terremoto de Lisboa de 1.755, responsable, según la tradición, de la inclinación de algunos de sus pilares.
Garrovillas de Alconétar (Cáceres). Siglos XV-XVI; estilo gótico.

domingo, 25 de enero de 2015

La Iglesia parroquial de la Asunción de Acedera y el terremoto de Lisboa de 1.755


Arriba: levantados con sencillo trazado y humilde fábrica de mampostería pizarrosa y ladrillo, los muros de la Iglesia parroquial de la Asunción, más conocida actualmente como de Nuestra Señora de la Jara, en Acedera, muestran actualmente sin embargo mejor que ningún otro monumento en Extremadura las huellas de una de las catástrofes naturales más impactantes y relevantes en la historia de Europa Occidental: el terremoto de Lisboa de 1.755.


Está plenamente registrado y descrito al detalle por las crónicas contemporáneas al suceso cómo, en la mañana del primer día de noviembre del año de 1.755, festividad de Todos los Santos en el mundo católico, los techos y fábricas que cubrían los templos lisboetas comenzaron a derrumbarse repentina, drástica y dramáticamente sobre los fieles que, a temprana hora de la mañana, acudían a oír misa en recuerdo de sus fieles difuntos. Eran aproximadamente las nueve y media de la mañana en la Portugal de José I, en una jornada festiva de un país colonialista y heredero de un gran imperio afianzado en sus viaje marítimos, descubrimientos y conquistas ejercidas desde finales del medievo a lo largo de las costas americanas, africanas y asiáticas, que se vería sacudido literal y metafóricamente en base a uno de los terremotos más violentos de los que se tiene constancia en la historia universal, llegando a alcanzar posiblemente, según estimaciones actuales en base al gran estudio que sobre la catástrofe natural se elaboró en pleno Siglo de las Luces, un noveno grado en la Escala de Richter.

Un supuesto movimiento en la falla de Azores-Gibraltar, no muy lejos del portugués Cabo de San Vicente, hizo que la tierra temblara bajo Lisboa de forma virulenta, abriéndose grietas de hasta cinco metros en las calles y provocando el desplome de un alto porcentaje de los edificios y monumentos más insignes de la ciudad. A la fuerza de la sacudida habría que sumar la gran duración del seísmo, entre tres y seis minutos. Pero el desastre no se ceñiría simplemente al terremoto y sus posteriores réplicas en sí. Lo peor quedaría aún por venir. Cuarenta minutos después, y tras haberse observado desde las zonas portuarias cómo el agua del estuario del Tajo retrocedía más que llamativamente hacia el océano, no uno sino tres tsunamis consecutivos, de entre seis y veinte metros de altitud, cubrirían gran parte de la capital, ahogando a los supervivientes del temblor que habían escapado de la urbe salvaguardándose a la orilla del río. Mientras, las zonas más altas comenzaron a arder en un incendio que perduró durante cinco días, provocado por velas y rescoldos de chimeneas desparramados entre las ruinas de los edificios desplomados. Las consecuencias inmediatas fueron más que trágicas. Aunque las estimaciones varían entre unos autores y otros, se cree que un 85 % de la capital lusa caería completamente destruida. Una tercera parte de su población fallecería, contabilizados en varias decenas de miles los habitantes aplastados, ahogados o carbonizados. Sin olvidar, además, la infinidad de elementos culturales, bienes muebles e inmuebles de incalculable valor histórico y artístico desaparecidos para siempre.



Arriba: edificada en el siglo XVI y englobada dentro del largo listado de obras potenciadas por el obispo D. Pedro Ponce de León durante los años de su ministerio en la Diócesis de Plasencia, en la cual queda integrada la localidad, la Iglesia parroquial de Acedera contaba con tres tramos de los cuales el central y el cabecero se vieron profundamente afectados por el gran terremoto de 1.755, manteniéndose aún a la vista la ruina del antiguo ábside del templo.

Pero el terremoto de Lisboa fue más allá y no entendió de fronteras políticas. Si bien el famoso seísmo fue bautizado con el nombre de la localidad más afectada de todas aquéllas a las que alcanzó, el terremoto de 1 de noviembre de 1.755 fue en realidad una catástrofe natural que se sintió en gran parte de Europa y África, y que afectó no sólo a la capital lusa y a todo Portugal, sino prácticamente a toda la Península Ibérica y una amplia franja de la costa africana cercana al Estrecho de Gibraltar. La violenta sacudida llegó a sentirse en territorios tan lejanos como la actual Finlandia, mientras que las olas derivadas del consiguiente maremoto alcanzaron no sólo la costa inglesa, sino incluso algunos puntos geográficos e islas del mar Caribe.

Además de la devastación lisboeta, el terremoto asoló en Portugal practicamente toda la costa del país, azotando e inundando especialmente el Algarve. Tragedia que se compartió con la costa atlántica andaluza, destruyéndose gran parte de los pueblos asentados junto la costa de Huelva y la Bahía de Cádiz, en el que está considerado el seísmo más funesto de todos los que han sacudido nuestra Península. El temblor, superando las fronteras lusas, fue percibido especialmente en ciudades y pueblos a lo largo y ancho de Andalucía, sendas Castillas y Extremadura. Incluso el propio monarca Fernando VI vivió el fenómeno natural mientras se alojaba en el Monasterio de San Lorenzo de El Escorial. Madrid sería alcanzado en un quinto grado, traducido en diversos desplomes arquitectónicos y dos niños fallecidos en la capital del reino. Afectado profundamente el monarca, vinculado con Portugal a través de su amada esposa Bárbara de Braganza, nacida en la capital lusa, y haciendo gala de un espíritu más modernista propio del Siglo de las Luces, quiso encargar pocos días después, consciente de la magnitud de la catástrofe natural, un elaborado informe científico sobre las consecuencias del seísmo en su reino, en base a una amplia encuesta remitida a un considerable número de ayuntamientos y concejos españoles diseminados por todo el territorio nacional, a través de la cual poder saber cómo se desarrolló el terremoto en cada rincón del país y cuáles fueron sus resultados.



Arriba: lo que fuese ábside de la parroquia acedereña es, hoy en día, la zona trasera del templo, espacio destinado a acoger  la sacristía del lugar, enmarcada por las paredes semiderruidas de este original tramo último de la iglesia.

Abajo: el tramo medio o segundo de los tres con que contó originalmente la Parroquia de Acedera sufrió, junto al cabecero, los efectos del terremoto lisboeta, pudiéndose aún observar, entre los ladrillos que enmarcan su vano del muro de la epístola, una gran grieta, posiblemente originada por el gran seísmo que azotó la Península Ibérica.



Gracias a esta amplia encuesta, efectuada igualmente en Portugal por iniciativa del Marqués de Pombal, nacida en un intento por comprender científicamente el cataclismo y darle una visión científica lejana al supersticioso castigo divino con que era visto cada seísmo anterior, pudieron conocerse detalladamente tanto el desarrollo del terremoto como las consecuencias y efectos del desastre. Sendos estudios, luso y español, son considerados así los tratados pioneros y precursores de la sismología moderna y actual.  Pero son, además, un legado histórico con el que poder conservar en la memoria no sólo el desarrollo de uno de los acontecimientos naturales más destacados de la historia europea y mundial, sino también sus resultados. Sabemos así, en el caso español, que el terremoto de Lisboa sesgó la vida de 1.275 personas, de las cuales 1.214 perecerían por efectos del maremoto, de gran virulencia, que alcanzaría Ayamonte, La Redondela, Lepe y Cádiz, entre otras poblaciones. En Sevilla, con alrededor de un siete por ciento de su entramado urbano completamente destruido, nueve personas perderían la vida, una más que en la capital onubense. Catedrales y grandes monumentos de todo el territorio nacional sufrirían destrozos, como en Salamanca o Astorga. Otros muchos se vieron dañados en su estructura, determinándose en muchos casos a lo largo del siglo XIX su final demolición. Según estimaciones actuales, tales daños materiales superarían los actuales 500 millones de euros.

Extremadura, ubicada junto a la frontera lusa, no sería tampoco ajena a la catástrofe. Justamente en nuestra región tendría lugar una de las más grandes tragedias vividas a nivel nacional, cobrándose la vida de veintiuna personas y dejando más de una decena de heridos graves. Los habitantes de Coria, como los lisboetas, también habían acudido a su templo más destacado a temprana hora para oír misa en la festividad de Todos los Santos. La Catedral de Nuestra Señora de la Asunción, enclavada junto a la vega del río Alagón, sobre un desnivel abierto al valle fluvial en su orilla derecha, en unos terrenos de débil consistencia que ya habían avisado de peligros de cimentación en el monumento y vivido acontecimientos naturales previos, como el desvío de las aguas del río en 1.590, dejando inservible su Puente Viejo, no soportó los embistes del terremoto. La sacudida del terreno provocó el derrumbe de su torre, aplastando y matando a trece feligreses que intentaban salir del monumento cuando la tierra comenzó a temblar bajo sus pies. Otros seis quedarían enterrados bajo los escombros de la Capilla del Sagrario, sepultada por los sillares y fábricas que del campanario caerían sobre su bóveda. La Capilla Mayor, su gran retablo, el crucero del edificio y otros bienes eclesiásticos resultarían gravemente dañados. Aún hoy en día destacadas grietas en su cabecero, así como el desplazamiento de muchos de sus sillares en cornisas y pináculos, pueden apreciarse a simple vista. La torre catedralicia, cuya cúpula de media naranja rematada con linterna giró sobre sí hasta venirse abajo, tuvo que ser reconstruida en su coronamiento con un bello resultado barroco que, triunfante sobre la tragedia, actualmente embellece y destaca sobre la silueta de Coria y su catedral.



Arriba y abajo: el interior del original templo acedereño, de una sola nave, permanecía dividio en tres tramos marcados por arcos diafragmáticos y cubiertos por bóvedas de arista, fabricados tanto unos como el arranque de las otras por graníticos sillares que perseguían la consolidación del monumento pero que, sin embargo, no pudieron hacer frente ante las fuertes sacudidas ejercidas por el terremoto lisboeta, clausurándose el tramo final tras el derrumbe de su cubierta con un nuevo lienzo de mampostería, tras el que pueden observarse los verstigios de la estructura inicial, así como las heridas sufridas por el edificio ante la catástrofe natural.






La encuesta encargada por Fernando VI al Gobernador del Real y Supremo Consejo de Castilla, el también Obispo de Cartagena D. Diego de Rojas y Contreras, fue contestada dentro del territorio extremeño, bien directamente o remitida a través de los gobernadores de sus partidos, por las localidades de Alange, Albalá, Alburquerque, Alcántara, Alcuéscar, Aljucén, Almoharín, Arroyo de la Luz, Arroyomolinos, Badajoz, Benquerencia, Botija, Cabeza la Vaca, Cáceres, Casas de Don Antonio, Cordobilla de Lácara, Coria, Don Benito, Eljas, Feria, Fuentes de León, Gata, Hornachos, Jerez de los Caballeros, Llerena, Mata de Alcántara, Medellín, Mérida, Mirandilla, Montánchez, Plasencia, Puebla de Alcocer, Santiago de Alcántara, Segura de León, Siruela, Torre de Don Miguel, Torre de Santa María, Torremegía, Torremocha, Trujillo, Valdefuentes, Valencia de Alcántara, Valverde de Mérida, Villa del Campo, Villagonzalo, Villanueva de la Serena, Villanueva del Fresno y Zafra. De otros se hablaría en informes de localidades cercanas, como es el caso de Alconchel, Trevejo o La Roca de la Sierra, mencionados en el informe de Badajoz, o La Codosera, en la respuesta de Alburquerque. Desde Talavera de la Reina se remitiría información de poblaciones como Alía, Carrascalejo, Castañar de Ibor, Castilblanco, Garvín, Higuera de Albalat, Navalvillar de Ibor, Peraleda de San Román, Valdelacasa de Tajo, o Villar del Pedroso. Otros municipios como Olivenza o Táliga, actualmente extremeños y entonces portugueses, serían ajenos a la encuenta fernandina, aunque no al estudio luso.

Entre las respuestas a la encuesta remitidas desde el territorio extremeño destacarían, por su detallismo a la hora de narrar los hechos o describir los efectos y consecuencias del cataclismo, localidades como Alcántara, Arroyo de la Luz (entonces Arroyo del Puerco), Badajoz, Montánchez, y especialmente Coria,  población esta última duramente golpeada desde la cual emitieron sendos informes tanto el entonces alcalde del municipio, D. Pablo José Salgado, como el obispo cauriense D. Juan José García Álvaro. Gracias a los escritos sabemos que otras dos personas fallecieron en Extremadura a consecuencia del seísmo. Una, en Don Benito, tras alcanzarle parte de la fábrica de la Iglesia de Santiago al intentar huir de su interior. La otra, en Arroyo de la Luz, golpeada no físicamente, sino psicológicamente, hasta fallecer diecisiete días después por lo que entonces se conocía como "sobrecogimiento". Otra fémina lograría sin embargo salvarse de sus heridas graves, ocasionadas tras haber sido arrollada por sus vecinos, al correr éstos en desvandada desde el interior de la parroquia montanchega.



Arriba y abajo: la actual Parroquia de la Asunción, más conocida como de Nuestra Señora de la Jara, sigue presentando como fachada lo que fueran los pies del recinto primitivo, cerramiento de un primer tramo del templo que sobrevivió al duro seísmo, donde destaca sobre su sencilla portada, como única decoración del monumento, el escudo del obispo de Plasencia D. Pedro Ponce de León, mecenas del monumento, fechado en 1.566, tal y como reza bajo el blasón eclesiástico (abajo).




La mayoría de los informes coinciden sobre diversos aspectos relacionados con este seísmo, que alcanzó estimatoriamente los niveles quinto y sexto en la región, describiendo cómo, antes de comenzar a temblar el suelo, un estruendo sobrecogió a los vecinos, que confundieron inicialmente el ruido con el de una rauda diligencia, o con tamborradas o cañonazos propios de los ejercicios bélicos. Coinciden también a la hora de describir las alteraciones sufridas sobre los terrenos, centradas fundamentalmente en diversos cambios en las aguas de los pozos y fuentes, aumentando o disminuyendo su caudal, cambiando su color o acrecentándose su herrumbre, así como brotando de manantiales entonces secos que, como en el caso de Botija, regarían repentinamente arroyos cercanos como el río Tamuja. Las aguas de los grandes ríos, como el Tajo y el Guadiana, saltarían y serían sometidas a un profundo vaivén, tal y como describen desde Alcántara, Badajoz o Medellín. Curiosa será también la coincidencia en referencia a múltiples comentarios que describen cómo, en la madrugada previa, un cometa de larga cola y fuerte brillo atravesaría los cielos sobre el horizonte levantino, pocas horas antes del seísmo, acontecimiento que los ilustrados sin embargo no relacionarían directamente con el cataclismo ya que, tal y como indica el Licenciado Juan Rodríguez de Valverde desde Segura de León, haciendo alarde de una conciencia cada vez más lógica y científica, "de esto no se puede hacer concepto porque aunque no son muy frecuentes tampoco dejan de verse en algunos tiempos".

En cuanto a las pérdidas materiales, el terremoto causó fundamentalmente daños sobre los edificios de mayor peso arquitectónico, tales como iglesias y conventos, castillos, torres y pósitos. Serían cuantiosos los deterioros en los monumentos de Jerez de los Caballeros y de Llerena. Bóvedas caídas, arcos abiertos, muros quebrados, sillares descolgados y un sinfín de grietas que conllevaron la reparación de inmuebles a lo largo y ancho de toda la región. Llamativos son los casos de Plasencia y Trujillo donde, en sendos y respectivos informes, se destaca haber sentido el fuerte terremoto "sin haber sucedido cosa grave alguna", como se indica desde la capital del Jerte. En Trujillo barajarían la milagrosa actuación de la Virgen de la Victoria, ya que "no se experimentó la menor desgracia de persona muerta ni herida, ni de quebranto de templo, casa ni edificio". Sin embargo y décadas después, sería en estas dos localidades donde se estudiaría la posibilidad de tener que demoler algunos de sus monumentos, ante la precaria situación en que se encontraban tras haber quedado sus estructuras dañadas por el terremoto. Así, en 1.920, una de las dos torres que flanqueaban el Palacio placentino de los Monroy, también conocido como Casa de las Dos Torres, desaparecería. Igual destino le esperaba a la conocida como Torre Julia trujillana, primitivo campanario de la Iglesia de Santa María la Mayor. Ya dañada previamente por el terremoto de Lisboa de 1.531, y destruida parte de su composición tras la toma de la ciudad en 1.809 por las tropas naoleónicas, su demolición parecía inminente en 1.861. Sin embargo, el retraso en la misma se convirtió contrariamente en una posterior y celebrada restauración, llevada a cabo en los años setenta del pasado siglo.



Arriba y abajo: sobre el caserío que conforma el menudo pueblo de Acedera, con apenas ochocientos habitantes registrados en la actualidad, menos de cien en los años del seísmo, destaca la figura de la Iglesia parroquial, coronada con campanario tras el que pueden observarse los vestigios del tercer tramo del templo, derrumbado presuntamente por efecto del terremoto de 1.755 y clausurado en la actualidad, cuyos restos de muros sirven, sin embargo, como base de numerosos nidos de cigüeña.




La falta de informes de otras muchas localidades impide conocer con detalle tanto la vivencia del terremoto, como sus consecuencias, en otros muchos rincones de Extremadura. Algo que supliría, en menor medida, la tradición oral, ante también la aparente falta de estudio de los libros y registros archivados en ayuntamientos y templos que nos hablasen de las reparaciones ejercidas en los principales monumentos años después y tras haberse visto dañados por el fuerte temblor. Se sabe de daños en los templos de localidades tales como Quintana de la Serena, Zalamea de la Serena o Lobón. Tradicional es también atribuir al terremoto de 1.755 la inclinación de algunos de los pilares que sostienen ciertos arcos de los muchos que rodean la Plaza Mayor de Garrovillas de Alconétar. Sin embargo, el monumento que más destacaría actualmente de entre todos aquéllos sobre los que no se habló al Consejo de Castilla, y del que no existen aparentemente constancias escritas sobre los hechos que motivaron sus lesiones, sería la Iglesia parroquial de la Asunción, también conocida como de Nuestra Señora de la Jara, en Acedera, por haber llegado a nuestros días, más que ningún otro bien de la región, con abundantes y plenas señales y marcas de herida provocadas supuestamente por el famoso cataclismo.

En los días del terremoto, en pleno siglo XVIII, la localidad de Acedera se contaba como una más de entre las conformantes de la Tierra de Trujillo, ciudad de la que ya dependía como pedanía de la misma en el siglo XVI, manteniéndose como tal hasta su desvinculación de la ciudad trujillana una vez aprobada la reforma geográfica ejercida tras la caída del Antiguo Régimen, en 1.833. Al igual que Trujillo, su antigua pedanía dependía eclesiásticamente de la Diócesis de Plasencia, a la que sigue respondiendo en la actualidad. Gracias a esta vinculación religiosa, Acedera pudo verse incluida entre las poblaciones a las que el obispo Don Pedro Ponce de León quiso dotar con una nueva parroquia erigida bajo las sencillas trazas de un gótico extremeño o rural, en simbiosis con las líneas renacentistas triunfantes en el primer siglo de la Edad Moderna. El erudito cordobés dejaría así su impronta en la diócesis sobre la que ejerció su episcopal ministerio, tras haber ocupado similar cátedra en Ciudad Rodrigo, y hasta su fallecimiento en Jaraicejo, acaecido en 1.573. Desde que fuese declarado obispo de Plasencia, en 1.560, el letrado sacerdote, instruido en Salamanca, quiso continuar la labor constructiva de su predecesor en el cargo, el obispo Don Gutierre de Vargas Carvajal. Con ambos ministerios, el gran amor por las artes de sendos personajes renacentistas, así como su incansable mecenazgo en pro del enriquecimiento artístico de su obispado, la Diócesis placentina vio incrementado notablemente su patrimonio artístico en especial base recaída sobre la reforma o novedosa construcción de nuevas iglesias, conventos y fundamentalmente templos parroquiales que ofreciesen a los feligreses de todas las localidades y municipios cuya devoción les estaba encargada, un lugar de culto donde poder recogerse espiritualmente y celebrar los más santos oficios. A las más de treinta parroquias impulsadas por Don Gutierre de Vargas Carvajal, tales como la de Jaraicejo o Garciaz, la Iglesia de Santiago de Don Benito, o la de San Andrés en Navalmoral de la Mata, sumó un también ingente número de construcciones religiosas Don Pedro Ponce de León. Terminando algunas ya comenzadas por su antecesor, como la de Saucedilla, el nuevo obispo promocionó el levantamiento de nuevos templos, como sería el caso de Acedera. Uno y otro obispos firmarían su mecenazgo con la inclusión de sus escudos heráldicos episcopales entre la fábrica de las capillas financiadas. Sobre la portada de los pies de la parroquia acedereña, erigida bajo la advocación de la Asunción de María, se colocaría el emblema de su protector, cuartelado y dividido entre los apellidos Córdoba y Ponce de León, coronado con capela de doble cordón colgante, y seis borlas en cada uno de sus ramales. Bajo él, una inscripción da fé de la época y fecha de construcción: 1.566.



Arriba y abajo: en las inmediaciones de la parroquia acedereña, sembrados sobre un parque municipal que rodea las pistas deportivas contiguas al colegio público municipal, se conserva una colección de sillares graníticos, algunos de ellos ornamentados, recuerdos tanto de la primitiva estructura con que antaño contó el principal monumento de la localidad, como de aquel devastador cataclismo que los arrancó de la armazón a la que daban forma y para los que fueron diseñados y destinados.




La Iglesia parroquial de Acedera, en reflejo de la humildad de la población, de escaso número de vecinos y poca relevancia económica, se erigió sobre mampostería de pizarra ayudada con ladrillo, ligeramente reforzada en esquinas con sillares graníticos, que bordearían además las portadas de entrada. En el interior del edificio se colocarían igualmente pétreos sillares de fuerte granito como sustento o arranque de los nervios que conformarían las bóvedas enladrilladas de arista que cubrirían los tres tramos en que se dividiría la iglesia, con un interior de una sola nave. Los arcos transversales de medio punto que ayudarían a sostener la techumbre, aptos además como arcos diafragmáticos o de separación entre trechos, serían dibujados con bloques casetonados y decorados. Sólida base que, sin embargo, no pudo soportar la embestida a la que sometió el recinto el terremoto que la mañana del primer día del noviembre de 1.755 sobresaltó a toda la Península Ibérica. Desconocemos cómo se sintío el seísmo en la población. Tampoco sabemos si los efectos causados sobre el templo, que no llegaba a su segundo siglo de antigüedad, fueron inmediatos. Sin embargo, es vox populi que la cobertura de sus segundo y tercer tramo, parte media y cabecero del templo respectivamente, terminaron viniéndose abajo tras la venida del seísmo, viéndose afectados además toda la estructura del ábside así como los muros que cerraban la iglesia en su parte final, conllevando la posterior clausura de este tercer recinto.

Desde un cercano parque, junto al Colegio Público municipal, más de una docena de sillares descansan y recuerdan al viajero mejores tiempos en que, lejos de permanecer esparcidos y descontextualizados, formaban parte del principal monumento del lugar, vertebrando su principal esqueleto pétreo del que, tras el inolvidable seísmo, se vieron arrancados. A lo lejos, la silueta de la parroquia acedereña se yergue sobre el menudo caserío, coronada con una recién restaurada torre-campanario que ondea sobre el primitivo y original primer tramo del templo. Su hermano contiguo, herido por el cataclismo lisboeta, comparte con el anterior nueva techumbre sin esconder ciertas grietas, como la que se observa en el vano de ladrillo que ilumina el interior del recinto sagrado desde el muro de la epístola, seguramente nacida a raíz de la catástrofe natural. Tras él, un nuevo muro, de similar mampostería pizarrosa a la utilizada para levantar la iglesia, cierra el templo bajo el arco diafragmático que sostenía parte de la tercera y última bóveda, una vez declarado inservible este trecho final tras la caída de su techo y parte de sus laterales. Se edificó, en aprovechamiento del terreno, la sacristía bajo los rescoldos de lo que fuese la fábrica auténtica e inicial del edificio. No se esconden, sobre las nuevas oficinas sacerdotales, las grandes cicatrices ocasionadas por la fatal catástrofe. Un recuerdo que rememora, actualmente y mejor que en ningún otro monumento de Extremadura, la tragedia ocasionada en pleno Siglo de las Luces y que, en una época de arranque científico y búsqueda de un entendimiento lógico de la naturaleza, sirvió, una vez superado el desastre, para comprender mejor nuestro universo. Heridas que marcaron un monumento y una localidad, pero que, lejos de ser sinónimo de óbito o perecer, sirven hoy en día como base de múltiples nidos de cigüeñas blancas, mientras que las oquedades de los heridos diques son ocupadas por cernícalos primillas. Vida que se abre sobre los escombros de un cataclismo que sacudió nuestro país y nuestra región pero que no impidió, a las puertas de la Edad Contemporánea,  seguir avanzando en el progresivo trascurrir de nuestra historia.



Arriba: la Catedral de Santa María de la Asunción de Coria, erigida sobre un desnivel que cierra la vega del río Alagón en su margen derecho, sufre desde siglos atrás la falta de consolidación de los terrenos sobre los que se asienta, hecho que ha preocupado constantemente a cabildo y arquitectos, y que motivó, la mañana del primer día del noviembre de 1.755, el derrumbe de su torre-campanario, aplastando y enterrando a diecinueve personas, incrementadas en dos más de entre los heridos graves, en una de las repercusiones más trágicas sufridas en España a raíz del terremoto lisboeta.



Arriba: sobre el cabecero de la catedral cauriense pueden aún observarse destacadas grietas y sillares desplazados en cornisas desarregladas, resultado de la cesión de los terrenos sobre los que se asienta el monumento, especialmente golpeados por la virulencia del terremoto que en 1.755 alcanzó la localidad en un supuesto VI grado de la escala de Richter.

Abajo: la primitiva torre de la catedral de Coria, compuesta de media naranja y linterna sobre ella, giró sobre sí misma tras el estallido del devastador seísmo, viniéndose su estructura abajo tanto sobre feligreses y eclesiásticos como sobre otros recintos del templo, que quedó momentaneamente clausurado en sus funciones hasta lograr su total arreglo, reparación que años más tardes permitió al recinto contar con un nuevo campanario, en bello estilo barroco cuyo diseño fue firmado por el conocido arquitecto Manuel de Larra y Churriguera.




- Cómo llegar:

La localidad de Acedera, antaño pedanía trujillana y actual municipio de Badajoz, se enclava en las cercanías de la vega del río Gargálicas, afluente del río Ruecas y, junto a éste, del también cercano Guadiana. La carretera nacional N-430, que une la capital provincial pacense con la valenciana Játiva, atravesando la vecina Ciudad Real, discurre a poca distancia de la población acedereña. Para entrar en ella, habrá que tomar el ramal menor BA-V-6348, en dirección a Orellana la Vieja. La Iglesia parroquial, de fácil observación sobre la pequeña entidad, queda circundada por la calle Constitución, en pleno corazón de este sencillo pueblo extremeño.



Arriba: es llamativo el hecho de que, en los informes remitidos desde Plasencia y Trujillo sobre el terremoto, se destaque por sus autores la carencia de daños sobre edificio alguno de sendas localidades, en dos de los municipios más monumentales de la región, circunstancia que se confronta además con el posterior desmonte o demolición de algunas de sus principales torres, supuestamente dañadas en su estructura por el famoso seísmo, como es el caso de la conocida como Torre Julia, primitivo campanario de la trujillana Iglesia de Santa María la Mayor, herido por los terremotos de Lisboa de 1.531 y 1.755, semidestruido por la ofensiva napoleónica durante la ocupación francesa de la ciudad, sentenciado a desaparición a mediados del siglo XIX, y finalmente desmontada, reconstruida y restaurada a lo largo de los años setenta del pasado siglo.

jueves, 15 de enero de 2015

Colaboraciones de Extremadura, caminos de cultura: antiguas fuentes públicas de abastecimiento de Cáceres, en Calle Mayor de Canal Extremadura Radio


Un día más hablamos de las antiguas fuentes públicas de abastecimiento. En esta ocasión, centrándonos exclusivamente en aquéllas ubicadas y pertenecientes a la capital cacereña. Un recorrido por ellas, por su historia y su valor cultural, etnográfico y artístico, ha sido incluido dentro del programa Calle Mayor, de Canal Extremadura Radio. La periodista Charo López quiso traer a los oyentes este legado que aún se mantiene entre las calles y rincones de Cáceres, y para ello quiso contar, una vez más, con este blog. El resultado ha sido un fabuloso reportaje radiofónico que pudo escucharse en antena el pasado día 13 del presente mes, y que puede volver a oírse por quien así lo desee desde la web de Canal Extremadura. Os dejo con el enlace a mencionado programa. El reportaje tiene una duración aproximada de diez minutos, y comienza en el minuto 26:30. Disfrutad del recorrido por estos bienes que enriquecen la ciudad y la región extremeña.


lunes, 5 de enero de 2015

Colaboraciones de Extremadura, caminos de cultura: el Castillo de la Torrecilla de Lagartera, de Cáceres, en el Rincón de la Memoria de Canal Extremadura Radio


El pasado 18 de noviembre Extremadura: caminos de cultura tuvo una vez más el gran honor de poder colaborar con la periodista y locutora Charo López en la promoción y divulgación de un bien de nuestra región. En esta ocasión el programa radiofónico El Rincón de la Memoria, de Canal Extremadura Radio, se dedicó al Castillo de la Torrecilla de la Lagartera, ubicado en las cercanías de la pedanía cacereña de Valdesalor, y del que ya habíamos hablado en el blog con anterioridad. Un estupendo programa que pretende acercar al oyente a una de las múltiples fortalezas que siguen en pie en los rededores de la ciudad de Cáceres, formando parte de un entramado de construcciones militares medievales que enriquece el patrimonio y la historia de Extremadura. A continuación, os dejo con el enlace a la emisión:



viernes, 2 de enero de 2015

Colaboraciones de Extremadura, caminos de cultura: Fuente de Cuadrejones y Fuente Caballeros, de Badajoz, en la Lista Roja del Patrimonio


En septiembre del pasado año hablábamos de ellas. Haciendo un recorrido por las antiguas fuentes públicas de abastecimiento de Cáceres y Badajoz, traíamos al blog las conocidas como Fuente de Cuadrejones, y Fuente Caballeros, ambas ubicadas dentro del término municipal pacense. Pocos datos se conservaban de las mismas, pero ambas habían logrado llegar en pie a nuestros días, tras haber ido desapareciendo paulatinamente la gran mayoría de fuentes públicas con que antaño contó la ciudad de Badajoz antes de la llegada del agua corriente a la urbe. Sin embargo, ambos bienes presentaban un lamentable estado de abandono, y corren grave peligro de daño y desaparición. Es por tal motivo que Hispania Nostra ha decidido incluirlas dentro de su conocida Lista Roja del Patrimonio, para lo cual este blog ha tenido nuevamente el gran honor de poder colaborar. Una ficha dedicada a cada una de estas antiguas fuentes nos permitirá conocer mejor los monumentos, así como parte de la historia popular de Badajoz, deseando que este grano de arena contribuya, especialmente, no sólo a la promoción de las mismas, sino fundamentalmente a su salvaguarda.

Si deseáis conocer más y disponer de más datos de sendos inmuebles, os dejo a continuación con el enlace a la entrada ya publicada en este blog donde se hablada de las mismas, así como a sendas fichas que, sobre cada una respectivamente, hay publicadas en la web de la Lista Roja del Patrimonio:





http://listarojapatrimonio.org/ficha/fuente-caballeros/



- Cómo llegar:

La Fuente de Cuadrejones, enclavada en el margen derecho del río Gévora, poco antes de la desembocadura del mismo en el río Guadiana, a las puertas de la ciudad de Badajoz, se ubica a poca distancia de las traseras de la Gasolinera Galp, domiciliada ésta en la carretera de Cáceres (EX-100). Un camino que une el Semillero de Empresas con el antiguo Molino de los Ayala, y que discurre tras los terrenos de la Facultad o Escuela de Ingenierías Agrarias, nos acerca al bien.

La Fuente Caballeros, ubicada junto a la barriada de Cerro de Reyes, en el margen izquierdo del Arroyo Rivillas, permanece semienterrada junto al camino que parte de la Calle Federico García Lorca, no muy lejos del puente que salva las aguas de mencionado río (Avenida Luis de Góngora), y que discurre en paralelo al afluente y bajo la falda del Cerro de las Mayas (Barrio Población de los Fresnos). Frente a ella, en el margen contrario, se elevan naves comerciales tales como la de Grupo Portero.



miércoles, 31 de diciembre de 2014

Feliz 2.015 desde Extremadura: caminos de cultura


En pocas horas terminará 2.014. Para Extremadura: caminos de cultura ha sido un año cargado de viajes, de colaboraciones, de encuentros y de sorpresas. Pero sobre todo, ha sido un año más con vosotros y entre vosotros: lectores, visitantes, seguidores y, ante todo, amigos. 

En pocas horas dará comienzo el año 2.015. Mi mayor deseo: poder continuar, desde Extremadura: caminos de cultura, mostrándoos el rico patrimonio histórico-artístico de nuestra región. Poder continuar, junto a vosotros, descubriendo el legado cultural extremeño.

Desde Extremadura: caminos de cultura, os envío mis mejores deseos para este nuevo año, un 2.015 que espero venga cargado de dicha y felicidad para todos.

¡Feliz 2.015! ¡Feliz Año Nuevo!

lunes, 29 de diciembre de 2014

Imagen del mes: Ruinas romanas de Regina, en Casas de Reina


Ruinas de la ciudad romana de Regina bañadas por el sol de diciembre, mientras se mantienen vigiladas por la musulmana alcazaba de Reina, erigida al Sur del antiguo municipio bético.
Casas de Reina (Badajoz). Siglos I-II d.C..

viernes, 28 de noviembre de 2014

Imagen del mes: Convento de La Coria, en Trujillo


Vestigios de la iglesia adjunta y perteneciente al Convento de San Francisco el Real, más conocido como Convento de la Coria, convertida en hermoso patio de entrada al restaurado cenobio, actual sede de la Fundación "Xavier de Salas".
Trujillo (Cáceres). Siglos XV-XVI; estilo gótico-renacentista.

domingo, 16 de noviembre de 2014

V Encuentro de Blogueros de Extremadura: "Castillos de Castellanos, Azagala y Mayorga: tres coronas en ruina de la Sierra de San Pedro"


Como os comentaba el pasado viernes, Extremadura: caminos de cultura ha tenido el gran honor de colaborar en la edición de un libro, financiado por la Dirección General de Turismo de Extremadura, repleto de artículos y fotografías elaborados por blogueros extremeños, basado en la simbiosis existente en nuestra región entre patrimonio natural y cultura, y cuya creación está vinculada al V Encuentro de Blogueros de Extremadura, donde además tendrá lugar la presentación del mismo. Un primer artículo con el que se ha colaborado desde este rincón de la red, dedicado a la Campiña de Valencia de Alcántara y su Ermita de Valbón, ya pudisteis leerlo tras su publicación en el blog dos días atrás. Hoy, os presento un segundo escrito, con el que se pretende haceros viajar al corazón de Extremadura, a su Sierra de San Pedro y a las tres fortalezas en ruina que la coronan: los castillos de Castellanos, Azagala y Mayorga (dentro de los términos municipales de Cáceres, Alburquerque y San Vicente de Alcántara, respectivamente). Espero que, como el dedicado a Valbón y a Valencia de Alcántara os guste, pues a todos los seguidores y lectores de este blog va dedicado. Para vosotros.




CASTILLOS DE CASTELLANOS, AZAGALA Y MAYORGA: TRES CORONAS EN RUINA DE LA SIERRA DE SAN PEDRO

Quién sabe si las frondosas encinas y los fornidos alcornoques que hoy en día se yerguen majestuosos a los pies del Pico de Estena llegaron a conocer, dignos de su vetusta longevidad, a aquel antiguo señor, mitad caballero y mitad monje, que, envuelto en su blanca capa solo rota con la cruz rojiza de su orden, desfilaba bajo sus perennes ramas al amparo de la fortaleza que adquiriría a título personal para su descanso, no demasiado lejos de la ciudad emeritense donde capitaneaba como Maestro santiaguista. Don Alonso de Cárdenas adquiriría en 1.477 el Castillo y Dehesa de Castellanos, logrando con ello, seguramente sin proponérselo, que todas y cada una de las fortalezas que se yerguen sobre las siluetas dibujadas por la Sierra de San Pedro lograsen, antes o después, estar relacionadas con una orden militar extremeña. Ya dos siglos antes, afianzada la reconquista de la zona, la Orden de Alcántara logró levantar, bien como precaución frente a una futura recuperación de las tropas andalusíes, o teniendo más aún en cuenta al cercano reino portugués con el que ya había entablado enemistad en más de una ocasión, las fortalezas de Mayorga y Piedrabuena, no lejos de Valencia de Alcántara y cercanas a la creada por entonces pedanía de tal municipio bajo la advocación de San Vicente. Sobre la serranía de Santiago, mirando la unión de los ríos Zapatón y Albarragena, surgiría igualmente el Castillo de Azagala, coronando éste victoriosamente los mismos terrenos que antaño, en 1.086, habían visto al ejército de Alfonso VI ser derrotado por sus adversarios almoravides venidos del continente africano. Entre unos y otro, el Castillo de Alburquerque se reedificaría posiblemente sobre alguna alcazaba andalusí, supuesto origen compartido con algunas de aquéllas atalayas anteriores que, erigidas en tierras norteñas, defenderían a la musulmana Badajoz o serían, por el contrario, plazas refugio de huidos dedicados a la rapiña o sedes capitaneadas por los oponentes a las vecinas fuerzas gobernantes islámicas.



Fortaleció Don Alonso de Cárdenas su cacereño castillo con un recinto rectangular amurallado que defendiese el torreón original en su vertiente sur, donde la naturaleza no ofrecía las defensas naturales que el alto desnivel del norte sí le daba. El edificio principal quedaría como zona residencial, perpetuando el mismo destino que siglos antes le habían dado los Valverde, cuyo antecesor, el capitán castellano D. Ruy González de Valverde, llegó a la región junto las tropas que, dirigidas por Alfonso IX de León reconquistaron la otrora villa de Cáceres, siéndole cedidos estos terrenos, así como el título de Señor de Castellanos, como recompensa real a su labor en semejante episodio bélico. El futuro traería nuevas y duras contiendas a la región, atravesando la zona sin que pudiesen ser sorteadas por los castillos nacidos y creados para tales lides. Mayorga caería mortalmente herido durante la Guerra de Restauración portuguesa, a mediados del siglo XVII, recordando en su agonía, desde sus esgrafiadas ventanas, los históricos capítulos en que era protagonista, cuando desde él se encomendaban hacia pueblos extremeños portuguesas y beltranejas razias, al poco de ascender al trono la católica Isabel I. Azagala, tras haber pasado por manos del indómito Clavero alcantarino D. Alonso de Monroy y siendo ya cabeza de Encomienda, sobreviviría a la contienda que, a comienzos del siglo XVIII, tendría lugar tras la ascensión de los Borbones al trono español. Comprada después por el marqués de Portago, entre sus torres de las Armas, del Homenaje, de Humos y la de Tres esquinas, entre sus murallas y a lo largo de los tres recintos que componen su alargada y rectangular fisonomía, se levantarían zonas residenciales, viviendas para trabajadores y edificios adecuados a las labores agrarias a las que quedaría vinculado el monumento. Su caída vendría, sin embargo, sentenciada tras el triunfo de lo urbano frente a lo rural en el mundo actual, permitiéndose que, abandonada por los humanos a las puertas del siglo XXI, nadie en su interior quisiera celebrar la venida del milenio actual.



Perderían su brillo Castellanos, Mayorga y Azagala. Se deteriorarían sus perlas de almenas y los pétreos torreones que fijaban estas tres coronas a los cerros rocosos de la Sierra de San Pedro que dominaban. Sin embargo, entre la agonía de sus esqueletos, no todo es ruina. Tras observar raudo el vuelo blanquiazulado de un rabilargo frente a nosotros, oímos, no muy lejos, el canto de una abubilla, difícil en ocasiones de distinguir del del cuco en el alegre silencio de la diurna dehesa. Alzamos la vista, y cruzamos la mirada con la de un águila real que entre encinas otea sus dominios en busca de la presa que le permita perpetuar su existencia. Más lejanas son las líneas que dibujan en su planeo buitres leonados y negros, esperando en vuelo la defunción de alguna cabeza bovina u ovina que haya que expurgar. Cae la tarde, y una tropa de grillos entona su canto parapetados entre pastos y jarales iluminados por un sol de estío que, antes de esconderse, oirá los primeros ululares del búho y la lechuza, que compartirán nocturno reino con jabalíes, zorros y tejones. Pocos meses después, todos callarán frente a su rey. El ciervo iniciará su berrea llamando no sólo a hembras y contrincantes, sino también a la naturaleza. Una naturaleza que nunca se fue, que nunca se olvidó de este rincón extremeño y que nunca abandonó Castellanos, Azagala ni Mayorga, reclamándolos para ella y convirtiéndolos en sus señoríos y casas-fuertes desde las que poder observar, no ya a belicosos vecinos ni enemigos de religión, sino infinitos encinares y alcornocales vivos que pueblan generosamente este paisaje dibujando el horizonte de nuestra Extremadura.



viernes, 14 de noviembre de 2014

V Encuentro de Blogueros de Extremadura: "De la Campiña valenciana al cielo: la Ermita de Valbón"


Ya queda menos para la celebración del V Encuentro de Blogueros de Extremadura. En apenas una semana, el trujillano Convento de la Coria acogerá esta quinta edición, dedicada tanto al patrimonio natural como al cultural extremeños, así como a la simbiosis que en nuestra región es habitual encontrar entre ambos. Además de acudir al mismo, Extremadura: caminos de cultura ha tenido la gran oportunidad de colaborar en la edición de un libro, financiado por la Dirección General de Turismo de Extremadura, repleto de artículos y fotografías elaborados por los blogueros extremeños, cuya presentación tendrá lugar en el mismo encuentro y a través del cual se quiere resaltar esa bella comunión existente entre naturaleza, arte e historia que tanto el paisano como el visitante puede disfrutar en este rincón de España. "De la Campiña valenciana al cielo: la Ermita de Valbón" es el nombre del primero de los dos artículos enviados desde este blog, a través del cual se quiere hacer un repaso por la Campiña de Valencia de Alcántara, centrándonos especialmente en el monumento que la corona y del que ya hemos hablado con anterioridad desde este espacio en la red. El segundo artículo llevará como título "Castillos de Castellanos, Azagala y Mayorga: tres coronas en ruina de la Sierra de San Pedro", pero de él os hablaré más adelante. Hoy, os dejo con Valencia de Alcántara y con Valbón, con sus berrocales y sus bosques de encinas y castaños, con sus numerosas riveras y sus vetustos dólmenes. Espero que lo disfrutéis. Os lo dedico.



DE LA CAMPIÑA VALENCIANA AL CIELO: LA ERMITA DE VALBON

Cuentan las antiguas crónicas romanas que, muerto Viriato, quiso Roma reconocer la valentía de sus hombres permitiéndoles residir conjuntamente en una ciudad que tomaría por tal y como nombre Valentia. Según algunos estudiosos, esta colonia de valientes sería el germen de la Valencia levantina. Otros autores, sin embargo, se inclinan a pensar que Valentia es el origen de la extremeña Valencia de Alcántara, enclavada en las mismas tierras que vieron nacer a aquellos aguerridos soldados lusitanos. Una tierra que, desde entonces y tras el paso de Roma por la comarca, se convirtió igualmente en residencia de musulmanes, cristianos y sefardíes, lugar de fusión de culturas medievales como más tarde lo sería, como punto fronterizo con la vecina Portugal, de combinación entre dos naciones hermanas forjada en un enclave donde la misma naturaleza parece querer participar de esa simbiosis de la que siempre ha disfrutado el lugar, presentándose la Campiña valenciana como hogar del bosque mediterráneo influenciado por las corrientes climáticas atlánticas, dando origen a una comarca única donde triunfa la comunión entre la dehesa de encinas y alcornoques, con el bosque caducifolio de rebollos y castaños, amigos de vetustos helechos, aromatizado con jarales, tomillo y cantueso, y embellecido con tojos, escobas y retamas, así como clavellinas lusitanas adaptadas a los abundantes roquedos que afloran por los contornos. Berrocales inmensos, nido de buitres leonados y negros, que salpican generosamente el paisaje y nutren las colinas batolíticas que caracterizan a la Campiña, estampa de flora y roca en que los canchales, generosamente también, se ofrecen a sus habitantes como materia prima con la que poder levantar murallas y palacios, iglesias y conventos, así como portadas en un barrio gótico-judio, o humildes casas rurales y pastoriles chozos en sus nueve caseríos. Hogares de granito de habitantes múltiples que al unísono quisieron proclamar como patrona de los contornos a aquella imagen cuyo templo presidía la comarca que los unía. Un templo que nacía como aquella tierra del granito, y que hirguiéndose unido al mismo se elevaba sobre un colina queriendo alcanzar el cielo que los cubría, alzándose como lugar de unión entre lo terrenal y lo divino.


Cuenta una antigua leyenda que un grupo de peregrinos, provenientes de la abadía francesa de Santa María, en la localidad de Valbonne, decidió fundar en el lugar un hogar para la Madre de Dios que les recordase a aquél del que regresaban. Otra explicación, mucho más histórica, apuntaría hacia las relaciones valencianas con la corona, consolidadas incluso con boda regia, para señalar un requerimiento de Felipe II como base para la creación del religioso monumento. Un templo donde se conjugarían arte e historia con naturaleza, y que al bautizarlo recordase al paisano y al viajero las bondades nativas de un lugar hermanado con el aledaño vecino luso. Valbón, o un castellano “valle bueno”, sería el nombre que tomaría la ermita encargada al artista mayor de aquel episcopado y en aquella época. Juan Bravo levantaría el santo recinto en sillar granítico regular, sobre planta rectangular y nave única de tres tramos. De piedra berroqueña serían también el púlpito, los contrafuertes y los caños, la cornisa y la espadaña, así como los pilares que sostendrían el cuadrangular atrio que, frente a una portada de medio punto, daría la bienvenida al que allí quisiera orar, refugiado bajo una bóveda de crucero de ladrillo nervada en granito, y envuelto en la frondosa vegetación que, pintada al fresco, decoraría las paredes del santuario. Valbón se bautizaría también a la Virgen allí custodiada, venerada como antigua patrona de la localidad, más tarde de toda la comarca, mirando hacia un horizonte desde el que poder contemplar la provincia y la región, incluso la vecina Portugal, atisbándose municipios como San Vicente de Alcántara, Alburquerque o Marvao, pero también Valencia de Alcántara y su herencia natural y patrimonial: arboledas y caseríos, berrocales y llanuras cultivadas, múltiples riveras y un pantano, entre los que, de vez en cuando, surte un pequeño capricho de cantería que no moldeó esta vez la naturaleza, sino los antiguos habitantes que hicieron de esta tierra su hogar, miles de años previos a la fundación de la ciudad. El Mellizo, el Cajirón, Data, Zafra o La Morera, son los nombres con que actualmente se conocen a algunos de los más de cuarenta monumentos megalíticos que, en conjunto, portan la declaración de Bien de Interés Cultural. Arquitecturas para las que también se usó el oriundo granito, y que también se elevaron para acercar a los familiares amados, una vez fallecidos, al cielo, a ese cielo iluminado por el día con un sol de vida, y por la noche con un manto de estrellas, que los neolíticos quisieron alcanzar desde su hogar en la Campiña valenciana, en los albores de la historia de la comarca y, por ende, de la historia de nuestra Extremadura.


jueves, 6 de noviembre de 2014

Colaboraciones de Extremadura, caminos de cultura: Ermita del Santo Cristo de Talaván, en El Viaje de Canal Extremadura TV


El pasado día 01 de noviembre, festividad de Todos los Santos y vísperas del Día de los Fieles Difuntos, quiso dedicar Canal Extremadura Televisión, dentro de sus informativos y engarzando con la tradicional visita a los camposantos, el espacio conocido como El Viaje a un cementerio muy particular del que ya hemos hablado en este blog: la Ermita del Santo Cristo de Talaván. Este antiguo templo erigido en el siglo XVII sería, ya en ruina, convertido en el cementerio municipal durante el siglo XIX, hasta su clausura en 1.928. Si bien no faltan las leyendas relacionadas con la necrópolis y el uso que se le dio al lugar como zona de enterramiento, lo realmente llamativo del enclave son sin duda sus barrocos esgrafiados, sorprendentes para muchos por su compleja simbología, pero de indudable valor histórico-artístico. 

Para la elaboración de este pequeño reportaje quiso Canal Extremadura contar con la colaboración de Extremadura: caminos de cultura. Honrado con tal petición, no dudé a la hora de prestar mi ayuda, en pro de la promoción del monumento talavaniego y divulgación de su programa iconográfico. Seguidamente os dejo con el enlace al espacio informativo emitido el día 01 de noviembre, a las 14.00, donde, a partir del minuto 09.30, podréis disfrutar del reportaje señalado, así como de este inmueble en ruinas que guarda en su interior uno de los más llamativos tesoros pictóricos de nuestra región (el reportaje se emitió nuevamente en el informativo de las 20.00 horas, del que igualmente os dejo el link).



Si deseáis saber más sobre la Ermita del Santo Cristo de Talaván, os invito a consultar la entrada que sobre la misma publiqué en este blog: 





sábado, 1 de noviembre de 2014

V Encuentro de Blogueros de Extremadura


El próximo día 22 de noviembre se celebrará en el Convento de la Coria de Trujillo, sede de la Fundación Xavier de Salas, el V Encuentro de Blogueros de Extremadura. En pasadas ediciones la temática ha rondado principalmente en torno al patrimonio natural de nuestra región. Este año, sin embargo, el encuentro englobará no sólo el rico patrimonio natural extremeño, sino también nuestra gran herencia cultural e histórico-artística. Desde este blog, invitado a esta especial edición, os alentamos a todos los blogueros extremeños, amantes de la naturaleza, la historia y el arte, a acudir a tan interesante cita que promete ser, ante todo, una ocasión única para conocernos y poder compartir amistosamente nuestros conocimientos y nuestras experiencias. Extremadura: caminos de cultura no faltará. ¡Allí nos vemos!

Para información e inscripción podéis escribir a la siguiente dirección electrónica:

extremadurablogs@gmail.com

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