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sábado, 16 de diciembre de 2023

Colaboraciones de Extremadura, caminos de cultura: La Campana acallada, de El lince con botas 3.0, ya en la web de Canal Extremadura

 

En la pasada noche del 15 de diciembre, Canal Extremadura TV estrenaría el último episodio de El lince con botas 3.0 con el que Extremadura, caminos de cultura ha tenido el honor de poder colaborar. La Campana acallada, dedicado a esa figura religioso-administrativa que en la zona de Albalat encontrase su implantación desde época de la Reconquista hasta las puertas del siglo XX, pudo verse en directo a partir de las 23.20. Unas horas más tarde, ya estaba colgado en su web. Ahí, a través del enlace que os dejamos tras estas líneas, podréis volver a disfrutar de él aquéllos que asististeis a su estreno, y descubrirlo todos los que no pudisteis verlo en ese momento. Desde este blog, aplaudimos ante el resultado final, no dejando nunca de agradecer a Libre Producciones la oportunidad brindada a fin de divulgar la cultura y el patrimonio de nuestra región, invitándoos a la par a visualizar el capítulo esperando que os guste y que sirva, como todo nuestro trabajo realizado, en pro de un mejor conocimiento y valoración de nuestra herencia histórica y artística.

https://www.canalextremadura.es/a-la-carta/el-lince-30/videos/el-lince-30-151223

jueves, 30 de noviembre de 2023

Imagen del mes: portada renacentista de la iglesia de Santa María de la Asunción, en Baños de Montemayor

Diseñada en un limpio estilo renacentista donde se conjugan tanto el granito como el mármol blanco en una simbiosis entre las técnicas arquitectónicas clásicas y la laboriosidad más exquisita de la escultura y ornamentación platerescas, la portada del lado del evangelio de la iglesia de Santa María de la Asunción de Baños de Montemayor se ofrece como la más artística de las dos entradas con que cuenta el principal inmueble religioso del municipio, parroquia siglos atrás de la sección de la población que antaño, separada en dos mitades religioso-administrativas por el trazado de la Vía de la Plata, quedase a oriente de la misma, dentro del reino de León, en el señorío del Marqués de Montemayor y bajo el gobierno episcopal del obispo de Coria.

Baños de Montemayor (Cáceres). Siglo XVI; arte renacentista.

La parroquia de Santa María de la Asunción de Baños de Montemayor sería declarada Bien de Interés Cultural, con categoría de Monumento, mediante Decreto 59/2022, de 25 de mayo, por la Junta de Extremadura.


Arriba y abajo: levantada entre los siglos XVI y XVII, con posibles inicios a fines de un siglo XV del que heredaría la portada más antigua del templo, abierta a los pies del mismo bajo un arco apuntado que conservaría el gusto gótico prolongado a través de la robustez arquitectónica de la obra, la parroquia perteneciente a la sección religiosa dependiente antaño de la diócesis de Coria, hoy único templo parroquial del pueblo tras la unión en 1.833 de sus dos concejos -Baños de Montemayor, a oriente, y Baños de Béjar, a occidente- en uno solo bajo el primero de estos nombres, y la consolidación religiosa en 1.959 del municipio resultante bajo un único obispado, el placentino, se yergue sobre el caserío como un edificio de única nave (arriba), cubierta con actual bóveda de cañón, con crucero marcado antes de un presbiterio con testero plano y en cuyo exterior destaca, además de una alta torre de tres cuerpos y llamativos arcos aislados entrecruzados sobre el campanario final, la portada renacentista sita sobre el lado septentrional o del evangelio del templo (abajo), centrada por un arco de medio punto dibujado sobre tres arquivoltas, marcado el arranque de éstas por cada una de las líneas de impostas mediante motivos vegetales repetidos en la clave del arco, enmarcado éste a su vez por dos pilastras de fustes estriados y orden compuesto cuyos capiteles vienen a sostener un entablamento en cuyo friso puede leerse, en epigrafía latina, la sentencia "EXALTATAE ST DEI GENITRIX" -Alégrate, Santa Madre de Dios-, en referencia a Santa María y advocación a la que está dedicado el sacro inmueble cultual bañense.



Arriba y abajo: supeditados sendos capiteles laterales por casetones ocupados por putis, culminados éstos a su vez por florones donde se conjugan sus artísticas estrías con delicadas testas, argollas y guirnaldas (arriba), figura la cornisa superior del entablamento que corona la portada septentrional de la parroquia bañense rematada por nuevas figuras de índole clasicista recuperadas por el gusto renacentista donde casan las volutas de gusto vegetal con dos ángeles anunciadores que, con sus trompetas (abajo), vienen a enmarcar y proclamar a la par la Asunción de María, protagonista ésta, como advocación del templo, de la presente portada, descubriéndose en un gran óvalo sobre todo el conjunto arquitectónico-escultórico que supone la presente entrada del evangelio la representación de María en su ascensión hacia los cielos, acompañada y auxiliada  por diversos angelitos desnudos en su elevación hacia Dios Padre (abajo, siguiente), o quizás Cristo como Salvador, quien, en mármol blanco, plasmado con larga túnica y pobladas barbas, bendiciendo con la mano diestra el mundo mientras sostiene con la siniestra el orbe mundial, culmina en lo superior todo un compendio artístico encaminado hacia la representación de aquel capítulo de la vida de María al que está dedicado el templo principal de la localidad.




Arriba y abajo: además de la pieza marmórea que viene a representar a Dios Padre como Creador, o bien a Cristo como Salvador del mundo, tres relieves más elaborados en níveo mármol vienen a conjugar con la piedra granítica que conforma el grueso de la portada renacentista de la parroquia de Santa María de la Asunción de Baños de Montemayor, así dos medallones que, sitos en el lienzo inserto entre el arco, los capiteles y la cornisa baja del entablamento, presentan a los santos Pedro y Pablo (arriba) acompañados de sus correspondientes emblemas religiosos -las llaves del paraíso y la espada, respectivamente-, quedando el friso de la composición arquitectónica centrado por un espectacular blasón marmóreo sostenido por dos putis desnudos y marcada anatomía en cuyo interior viene a descubrirse el jarrón de azucenas que hace alusión a María, en una nueva mención a la santa figura a la que está dedicada la obra edilicia, habiéndose querido ser visto éste por algunos autores, junto al resto de relieves de mármol y en base fundamentalmente a su fábrica en diferente material, como un posible último añadido a la portada posterior a la fecha de 1.567 labrada bajo el florón occidental del compendio edilicio y tomada como datación formal de la obra, observándose especialmente en esta pieza una tendencia al manierismo del que quizás derive la contorsión de los infantes sustentadores, precursora de la teatralidad que vendría a triunfar con el inmediato movimiento barroco en que fuese culminada la fábrica del presente templo.

jueves, 30 de junio de 2022

Imagen del mes: portada renacentista del antiguo Palacio Prioral, hoy en la iglesia de San Esteban, en Puebla del Prior

 

Expuesta hoy como puerta de acceso por el lado de la epístola al templo parroquial dedicado a San Esteban de la localidad de Puebla del Prior, los vestigios de la antigua portada del inmediato Palacio Prioral, hoy prácticamente desaparecido, se ofrecen no sólo como un recuerdo de la vinculación histórica que mantuviese la villa porreta con la Orden de Santiago, sino fundamentalmente como una excelsa obra del renacimiento extremeño, cuyo llamativo compendio de veneras labradas entre sus piezas de naturaleza marmórea bien pudiera hacerla merecedora, simulando el caso salmantino, del título de "portada de las conchas" de la Baja Extremadura.

Puebla del Prior (Badajoz). Siglo XVI; arte renacentista.


Arriba y abajo: felizmente salvada de una total destrucción, venta o expolio, ante cuyos peligros ya denunciase la situación de desamparo en que se encontraba la antigua portada prioral D. Adelardo Covarsí, cuando supiera éste de la demolición provocada de tal obra durante los primeros años del último gobierno republicano, las restantes piezas pétreas preservadas de esta fábrica -cumplimentadas las faltantes por relieves marmóreos de nueva talla- conforman hoy en día la puerta de acceso por el lado de la epístola de la parroquia de San Esteban, edificada a fines del siglo XV siguiendo el mandato de García Ramírez Villaescusa, por entonces prior del Priorato de San Marcos de León, dimensión religiosa de la Provincia santiaguista de León a la que administrativamente Puebla del Prior perteneciese, dentro del Partido de Llerena, desde que la misma fuese fundada en 1.257 por el prior santiaguista Martín García bajo mandato del Maestre Pelayo Pérez Correa, determinando Garci-Ramírez la prolongación de la obras, erigiendo junto al templo un palacio prioral de aspecto castrense que, dilatada su ejecución a lo largo del siglo XVI, viniese a sustituir un primitivo caserón santiaguista en deficiente estado, sirviendo de novedosa sede a la Orden y aposento de los caballeros y priores santiaguistas durante las visitas de los mismos a la población, elaborado el monumento en un estilo renacentista hermanado con el ya visto en otras obras decretadas por tal personaje, así el Palacio Episcopal de Llerena, centrando el dintel de acceso constituido de dovelas el escudo del Priorato de San Marcos de León, ocupando el interior del blasón un león mirando hacia la izquierda, dibujada tras él la cruz santiaguista, coronado el mismo por un capelo y abrazado por sendos ramos de borlas, a seis por lateral, destinado habitualmente tales elementos de la heráldica episcopal a los obispos, demostrando así la categoría diocesana de que disfrutaba este priorato, exhibido tal blasón igualmente desde mencionado palacio prioral llerenense, así desde la misma portada de la que fuese sede prioral principal, sita en el conocido como Convento de San Marcos de León en la ciudad leonesa.

Arriba y abajo: abrazado el conjunto por dos pilastras, subdivididas éstas a su vez en dos secciones correspondientes a cada uno de los cuerpos de que se conforma la obra, quedan coronados ambos fustes con capiteles de corte renacentista donde se conjugan los elementos tomados de los órdenes arquitectónicos clásicos -así las volutas o las hojas de acanto en los capiteles compuestos de los pilares bajos; abajo-, rematados los superiores con sencillos pináculos tras superar la cornisa de coronamiento del cuerpo superior, repetida ésta por duplicado sobre el vano adintelado de acceso, enmarcando un friso que supone la separación entre ambas secciones arquitectónicas, ocupado el mismo por una serie de catorce veneras repetidas a lo largo y ancho de las jambas que conforman la puerta en sí, con cinco filas horizontales de tres conchas cada una -abajo, siguiente-, sumando así treinta veneras más que junto a las ocho del propio dintel y las seis que figuran en el cuerpo superior del conjunto edilicio -desaparecidas posiblemente dos de ellas en la cúspide de las bandas laterales donde se ubican-, hacen un total de cincuenta y ocho conchas vinculadas por el peregrinaje y el Apóstol Santiago, patrón de la Orden mecenas del monumento, llamando la atención no sólo la repetición sino fundamentalmente el alto número que de las mismas pueden contemplarse en el bien mueble, sin que por ello dejen de aparecer otros elementos ornamentales propiamente renacentistas tomados del clasicismo igualmente labrados sobre la obra, inscritos éstos en la sección central del cuerpo supremo, así dos grandes tondos cuyos motivos internos se han visto semiperdidos, superados a su vez por tres medallones ocupados por bustos masculinos cubiertos con cascos, siendo mascarones los que sustentan las finas columnas que sostienen el epígrafe que remata esta sección interna alcanzando la cornisa de cierre, semiborrada la inscripción original tanto por la erosión como por la destrucción de piezas primigenias, donde quizás se hablase de la fecha de ejecución y artífices de la misma, en todo caso imborrable el estar ante toda una joya del renacimiento de Extremadura.

sábado, 14 de mayo de 2022

Imagen del mes: pinturas barrocas de la cúpula de la Ermita de la Paz, en Cáceres

 

Formando parte de la que es posiblemente la estampa más característica de Cáceres, la ermita de la Paz se alza desde mediados del siglo XVIII junto a la conocida como Torre de Bujaco en plena Plaza Mayor cacereña, atesorando primitivamente entre sus paredes una serie de elementos muebles y decorativos que hicieron del interior de la capilla todo un espacio barroco tendente al rococó, de cuya ornamentación primigenia apenas restan hoy seis pinturas ubicadas en la cúpula que corona el altar mayor del templo, preservadas en un precario estado de conservación que, a pesar de sus dolencias, recuerdan los días de gloria del monumento, cuando la celebración de la festividad de su imagen titular, Nuestra Señora de la Paz, la víspera del 24 de enero, nada envidiaba en la ciudad a otras aún hoy conservadas, como aquéllas dedicadas a los Santos Mártires, a la Virgen de las Candelas o a San Blas.

Cáceres. Siglo XVIII; estilo barroco.

Arriba y abajo: iniciado el culto en Cáceres a la Virgen de la Paz en 1.712, por iniciativa del mercader Lázaro Laso, quien obtuviese en tal año permiso concejil a fin de ubicar en el extremo del Portal Llano de la Plaza Mayor cacereña un lienzo dedicado a tal advocación mariana, con la idea de evitar, a través de la exposición de éste y el correspondiente alumbrado nocturno del mismo, los actos inmorales que al parecer se acometían en el lugar llegada la oscuridad, no tardaría mucho tal devoción en adquirir una  popularidad de tal índole que, en 1.720, serían aprobadas las ordenanzas de la Cofradía de Nuestra Señora de la Paz, encargada de regir tal veneración, la cual, ante las dificultades que presentaba el rincón urbano del que colgaba el cuadro a la hora de llevar a cabo los actos religiosos, iniciaría en 1.731 las gestiones para la elevación de su propia ermita, decantándose por la recuperación de la arruinada capilla que, junto a la torre Nueva o del Reloj, hoy de Bujaco, se dedicase antaño al culto de San Benito y San Juan Evangelista, ejecutándose las obras de rehabilitación entre 1.733 y 1.734, y llevándose en procesión la noche previa a su festividad, en 1.737, desde la iglesia de Santa María la imagen de Nuestra Señora de la Paz encargada ex profeso al artista vallisoletano Pedro Correa, inaugurándose una nueva era en la historia de tal culto mariano que, poco a poco, además de ver la construcción de un pórtico de acceso a la ermita con enrejado de 1.756, o la inserción de una casa para el ermitaño en el solar inscrito entre capilla y muralla, se traduciría en la ornamentación y cumplimentación del nuevo recinto sacro con el que quedase éste vinculado, adquiriéndose diversos elementos litúrgicos, instalando retablos para las imágenes de San Benito y San Juan Bautista -encargándose a José Procuza una nueva que relevase a la primera de ellas-, renovándose el retablo inicialmente traído para la Virgen desde el Convento de San Francisco por otro de nueva fábrica, así como solicitándose diversas obras de decoración que enriqueciesen las paredes y, fundamentalmente, arcos y coronamiento de las tres naves en que se dividiera el plano interno del inmueble, así, en 1.763, cuatro lienzos del pintor José Galván que representasen a los cuatro evangelistas, destinados a las pechinas de la cúpula hemiesférica central, en 1.764 otros nueve cuadros del artista alcantarino Juan Cordero junto a doce lunas de espejo, enmarcados los cuatro iniciales en cenefas de madera talladas por Vicente Barbadillo, al cual se le pediría nuevamente, en 1.770, el trabajo de yesería que cubriría la bóveda principal, resultando un compendio decorativo de gusto barroco tendente al rococó, similar al hoy aún visto en la techumbre del santuario de Nuestra Señora de la Montaña, que, sin embargo, no lograría llegar a nuestros días en su totalidad, restando de tal colección ornamental tan sólo la porción ubicada en el interior de la cúpula que cubre el altar mayor del templo (abajo), eliminadas de sus pechinas los retratos de los santos escritores, así como limpiados de obras artísticas y enlucido el resto de los techos del monumento, ofreciéndose en la actualidad un edificio austero desde que el mismo fuese sometido a diversas intervenciones restauradoras, bajo proyecto firmado por González Valcárcel y aprobado en 1.964, que si bien consolidaba el no derribo de la capilla en pro de la completa visión de las murallas, eliminándose sin embargo el edificio colindante a ésta y remodelando la techumbre exterior del templo a fin de hacerla concordar con el carácter castrense del enclave, no contemplaba salvaguardar la mayor parte de las obras barrocas que, para mediados del siglo XX, ya ofrecían un deterioro preocupante, como el que aún muestran los seis lienzos salvados de la purga, frente a la restauración completa del retablo que acoge la imagen mariana titular, apenas hoy venerada, o ni tan siquiera conocida, por gran parte del pueblo cacereño.

Abajo: afincado en la entonces villa de Cáceres, muchos de los trabajos realizados por Vicente Barbadillo recaerían en su propia localidad de vecindad, así las puertas de la parroquia de Santiago, el cierre de la cúpula de la capilla del Cristo de la Salud dentro del santuario de Nuestra Señora de la Montaña, el retablo dedicado a Santa Ana en similar templo mariano, o el gran retablo mayor de la iglesia de San Mateo, iniciándose su relación con la ermita de la Paz en 1.763, cuando se le ofreciese enmarcar las obras de José Galván para las pechinas de la cúpula central, así como diversos espejos adquiridos por la misma fecha, ampliado el encargo en 1.770 con las yeserías que irían destinadas al cubrimiento del interior de la cúpula hemiesférica que corona el altar mayor del templo, dividiéndose el diseño de ésta en seis gallones sobre cuyas trazas de separación serían incluidos diversos emblemas marianos tomados de las letanías, así la luna, la torre, el lirio o la azucena -perdidos hoy los dos restantes-, apoyada la vinculación artística del compendio decorativo con Santa María gracias a la media docena de lienzos, pintados al óleo e instalados sobre la fábrica latericia del inmueble, que ocupan la parte central de cada uno de estos gajos ornamentales, posiblemente seis de los nueve cuadros que ejecutase para la ermita el pintor alcantarino Juan Cordero en 1.764, a juzgar por los datos registrados por la cofradía y expuestos en 1.949 por D. Miguel Muñoz de San Pedro, a través de un excelente trabajo recopilatorio publicado entonces en la Revista de Estudios Extremeños, considerándose cumplimentada en 1.775 la labor ornamental del interior del inmueble y no mencionándose la adquisición de nuevos o  relevantes trabajos artísticos entre 1.764 y 1.770, tomados de esta colección seguramente por Barbadillo cuando éste se dedicase a la decoración de mencionada cúpula capital, advirtiéndose a través de los lienzos inscritos en la techumbre diversos episodios vinculados con la vida de María, siguiendo la tradición vista en techos y paredes de oratorios o camarines marianos contemporáneos a éste, así en el que antecede al trono de Nuestra Señora de Guadalupe en su puebla homónima, leyendo de derecha a izquierda, desde el retablo y rodeando la circunferencia del coronamiento edilicio, pasajes como los desposorios de María con José (abajo), la Anunciación a María (abajo, siguiente), María encontrando a Jesús enseñando en el templo (abajo, tercera imagen), la Presentación de Jesús en el templo (abajo, imagen cuarta), la Asunción de María (abajo, imagen quinta), y la Coronación de María por la Santísima Trinidad (abajo, imagen sexta), siguiendo un ritmo cronológico dentro del ciclo mariano, sólo permutado entre los lienzos tercero y cuarto, elaborado en un lenguaje sencillo y un estilo muy básico, donde queda reflejada la iconográfica más tradicional, los emblemas más populares y la simbología mariana más característica, llamando la atención el canje del rojo de la túnica mariana de Ésta en vida, por el blanco que luce una vez ascendida a los Cielos, digna de una pureza expuesta igualmente en la bandera nívea que porta la imagen titular del lugar, aún ondeada frente a los cacereños por Nuestra Señora de la Paz, como lleva haciendo tal representación de la Madre de Dios desde que a mediados del siglo XVIII fuese encaramada ésta a su propio podio, mirando a la ciudad con la que quedaría vinculada, desde el corazón del punto más neurálgico de la misma.






lunes, 28 de febrero de 2022

Imagen del mes: portada renacentista de la iglesia de San Andrés Apóstol, en Almaraz

 

Destacando sobre la recia fábrica de mampostería reforzada con sillares de que consta la constitución fundamental de la iglesia parroquial almaraceña de San Andrés, se abre en su lado de la epístola la única portada de acceso al templo, diseñada bajo un gusto renacentista que rescata el clasicismo de las formas frente a la sobriedad que presentan los tintes góticos del resto de la construcción, ofreciendo al viajero que, siguiendo el Camino Real de Extremadura, llevara sus pasos a este pequeño caserío del noreste de la región, una obra de buen gusto en plena tierra extremeña, así como al pueblo donde se alza, un vínculo atemporal con uno de los personajes más relevantes del Renacimiento español: el obispo de Plasencia D. Gutierre de Vargas Carvajal.

Almaraz (Cáceres). Siglo XVI; arte renacentista.

Arriba y abajo: llamando la atención desde el exterior del monumento tanto la diferencia de altura entre nave y cabecero, como la inacabada prolongación de los muros del evangelio y epístola a los pies del templo (arriba), sendos rasgos constructivos nos hablan de una inconclusa historia arquitectónica del inmueble, iniciada en el siglo XVI por orden del que fuese entre 1.524 y 1.559 obispo de Plasencia, D. Gutierre de Vargas Carvajal, respondiendo esta obra, como otras muchas repartidas por la diócesis placentina -así las parroquias de Jaraicejo, Garciaz, Berzocana o Guareña-, a la inquietud cultural y artística del teólogo madrileño que decidiría levantar, quizás sobre algún templo anterior, una nueva parroquia donde el gusto gótico se conjugase con el renacentista, latente tal simbiosis en la única nave de que consta el monumento, mostrando este enclave primitivo de la parroquia -retocado el cabecero a fin de ampliar el edificio un siglo después-, una comunión entre el arte gótico, presente en la bóveda de crucería estrellada de su cubierta donde luce el escudo del mecenas, y el triunfante Renacimiento, ofrecido éste fundamentalmente en la portada del edificio (abajo), cuya realización se debe, al parecer, al arquitecto Juan Álvarez.

 

 
Arriba y abajo: nacido presuntamente en 1.544, diversas vicisitudes, principalmente el fallecimiento en 1.561 de su maestro Pedro Ezquerra de Rozas, llevarían a Juan Álvarez a hacerse cargo de varias de las obras que éste había dejado a su muerte inconclusas dentro de la diócesis placentina, así la iglesia de San Juan Bautista de Malpartida de Plasencia, o la de Santiago Apóstol de Miajadas, englobándose dentro de este listado, al parecer, la parroquia almaraceña donde el maestro cantero dejara su huella en la portada renacentista del templo, posiblemente siguiendo trazas previas aprobadas por el obispo D. Gutierre antes del óbito de éste, acaecido en Jaraicejo en 1.559, constando ésta, elaborada en su totalidad por piedra berroqueña y centrada por un arco de medio punto enmarcado en una cenefa que simula un rehundido, de dos pares de columnas acanaladas de orden jónico sobre basamento, semejantes a los vistos en la también renacentista portada de la cercana parroquia de San Ildefonso de Serrejón -igualmente edificada bajo similar mecenazgo episcopal-, sosteniendo las mismas (arriba) un entablamento con cornisa sobre taqueado que, superando la puerta de acceso, sirve como base de un ático en cuyas esquinas, coincidiendo con la vertical de tales pilares, dos pirámides rematadas en bola culminan la obra ornamental que iniciasen los primeros, mientras que sobre el propio arco es una hornacina (abajo), rematada en cruz, la que bajo venera acoge una imagen granítica y en bulto redondo del santo titular del templo, San Andrés, acompañado éste de la cruz aspada, emblema del apóstol y signo de su martirio, mientras el santo mira a la plaza que lleva su nombre en la zona noroccidental del pueblo y corazon del Almaraz histórico, cuyo caserío aún corona hoy en día, como siglos atrás, la silueta de la parroquia que un día quiso concederle uno de los más destacados mecenas del Renacimiento extremeño.

 

viernes, 31 de diciembre de 2021

Imagen del mes: Pinturas murales en la capilla del Espíritu Santo de la antigua iglesia de Santa María del Castillo, en Badajoz

 

Construida sobre lo que fuese mezquita de la alcazaba, empleada como primitiva catedral hasta la adecuación de aquélla erigida en el Campo de San Juan, de lo que fuese posterior parroquia de Santa María del Castillo, también llamada Santa María la Obispal, Santa María de la Seo, Santa María de la Sée, Santa María de la Sede o Santa María de las Bodegas, apenas resta tras su desacralización a fines del siglo XVIII y posterior derrumbe en pro de la construcción en su derredor del que fuese el decimonónico Hospital Militar de la ciudad, la torre del templo y, junto a su base, el ábside de la capilla que, en el lateral del evangelio, fuera dedicada al Espíritu Santo, descubriéndose tras la restauración y adecuación de la misma una serie pictográfica aún entre sus paredes, donde a pesar de la destrucción a la que los frescos fueran sometidos, pueden todavía admirarse volutas, jarrones, una Resurrección de Cristo, una estampa mariana y otras figuraciones religiosas donde brillan no sólo el colorido, sino el gusto clasicista que hacen de esta estancia un retorno a un pasado donde el arte y la historia se daban cita en la capital pacense.

Badajoz. Siglos XV-XVI; posible estilo renacentista.

Arriba y abajo: sobresaliendo entre las edificaciones de la alcazaba pacense, e integrada en lo que fuese el Hospital Militar de Badajoz, actual sede de la Biblioteca de Extremadura y de la Facultad de Ciencias de la Comunicación y de la Documentación de la UEX, la hoy conocida como Torre de Santa María (arriba) supone el único vestigio de lo que fuera la primera catedral de Badajoz, edificada nada más reconquistarse definitivamente la ciudad por las tropas de Alfonso IX de León en 1.230 sobre lo que fuese primitivamente la mezquita privada de Ibn Marwan, ejecutándose entonces unas obras de adecuación arquitectónica que se verían cumplimentadas dos siglos más tarde, entre los siglos XV y XVI, con ampliaciones edilicias destinadas al acondicionamiento del inmueble a los oficios litúrgicos que allí volviese a celebrar el obispado, tras haberse visto la parte baja de la urbe, y con ella la Catedral de San Juan Bautista, afectadas por los conflictos bélicos que llevarían a convertirla de nuevo en principal templo episcopal a fines del siglo XIV, recuperándose a fines del siglo XX y tras desmilitarizarse en 1.991 el edificio castrense que engullese la torre y destruyese para edificar en derredor suya la iglesia de Santa María del Castillo, vestigios del triple ábside que, siguiendo cánones cistercienses y en pro de la adecuación de la mezquita en seo, fuese añadido en el lateral oriental del templo musulmán para su cristianización, restando sólo los cimientos del meridional -dedicado presuntamente a San Andrés- y una tercera parte de la curva del central, preservado sin embargo el ábside del lado del evangelio que, bajo una bóveda semicircular apuntada sobre el altar, antecedida de una bóveda de crucería enmarcada entre arcos fajones apuntados (abajo), fuera dedicado al Espíritu Santo y tras el que, al parecer, fuera añadida en el siglo XV por mandato del obispo fray Juan de Morales la sacristía, con acceso desde la capilla mayor, superada por una torre-mirador que serviría como base de la actual atalaya.


 
Arriba y abajo: de planta semicircular, y elaborado en su base de mampostería ayudada en las zonas más altas por el ladrillo, el ábside de la capilla del Espíritu Santo se ofrece desprovisto totalmente de pinturas en la parte central de tal cabecero (arriba), muy posiblemente ocupado por un retablo que, tras la desacralización del bien en 1.769, fuese mudado de enclave, descubriéndose por el contrario a raíz de las intervenciones arqueológicas dirigidas por Fernando Valdés a partir de 1.998, rehabilitadas para su exposición pública mediante las obras ejecutadas en 2.017 bajo dirección de Carmen Cienfuegos,  una serie de pinturas al fresco que ornamentasen los muros restantes de la capilla, cuya datación, teniendo en cuenta la presencia de letras góticas junto a elementos clásicos recuperados durante el Renacimiento, como los medallones, los jarrones, los motivos vegetales y las volutas, podría encajarse en las obras de reforma llevadas a cabo en el templo entre los siglos XV y XVI, cuando los estilos gótico y renacentista comienzan a solaparse y coincidiendo con la ejecución de las pinturas mudéjares fechadas en el siglo XV que ornamentasen la puerta de similar estilo que uniese la capilla mayor con la sacristía, correspondiente así posiblemente todo a un programa iconográfico mandado elaborar por el obispo fray Juan de Morales en pro de ornamentar la nueva capilla central y, por añadidura, los ábsides laterales, preservados en peor estado los dibujos del muro septentrional (abajo) donde, bajo un medallón semiborrado (abajo, siguiente), el deplorable estado de conservación apenas permite vislumbrar la iconografía representada sobre esta sección edilicia (abajo, tercera imagen), adivinándose en lo que resta de un panel sobre el que quizás fuesen superpuestos posteriores añadidos, lo que pareciese ser una corona (abajo, imagen cuarta), posible emblema de uno de los Santos Reyes representados en alguna interpretación de la Epifanía del Señor.

 



Arriba y abajo: bajo la bóveda semiesférica, a izquierda del presunto retablo que centrase el ábside septentrional de la iglesia de Santa María del Castillo, un marco de tonos amarillentos y rojizos (arriba), coronado por una cartela cuya epigrafía ha llegado prácticamente ilegible a nuestros días (abajo), una imagen mariana trazada en líneas cobrizas y rodeada, al menos, de cuatro ángeles que parecen recibirla entre nubes (abajo, imágenes segunda y tercera), presenta al visitante una asunción de la Madre de Dios a los Cielos, donde Santa María, vestida con túnica de color bermellón y tocada con manto azulado que recoge con su brazo izquierdo, unidas sus manos en oración, ofrece las tradicionales tonalidades referentes a sus condiciones humana y divina respectivamente, enfrentada y cumplimentada con una paralela imagen de Cristo resucitado (abajo, imagen cuarta), sita a la diestra del presunto retablo central -donde, según estudio de Pedro Castellanos, pudo haber estado alojada la imagen de Nuestra Señora de las Lágrimas, entonces Soledad del Castillo, vinculada con la cofradía de Nuestra Señora de Gracia que, cada Viernes Santo, sacaba en procesión desde este templo de la alcazaba tal talla mariana, hasta su traslado en los inicios del siglo XVIII, posiblemente a raíz de la Guerra de Sucesión, a la cercana y hoy desaparecida ermita de Santiago-, figurando bajo cartela idéntica a la que supedita la pintura mariana (abajo, imagen quinta), y donde puede leerse "SIN PECADO ORIGINAL" -en clara alusión a Santa María, titular del templo, dedicadas quizás estas palabras a la talla de Nuestra Señora de la Soledad que allí presuntamente se recogiese, abriéndose la posibilidad de estar ante pinturas realizadas a comienzos del siglo XVII, bien de nueva obra o ampliando otras previas-, la figura de Cristo triunfante, como María, sobre la muerte, envuelto en nubes y rayos de luz, sobrevolando el sepulcro donde se depositara su cuerpo yacente (abajo, imagen sexta), ante la mirada de cuatro soldados que, custodiando el nicho tal y como se les mandase ejercer y según indicaría San Mateo en su evangelio -capítulo 28, versículo 4-, no dan crédito al acontecimiento milagroso ocurrido ante ellos (abajo, imagen séptima).







Arriba y abajo: horadado el muro meridional del ábside de la capilla del Espíritu Santo, muy posiblemente a raíz de la demolición del resto del templo y adecuación de los vestigios preservados con el resto del Hospital Militar, donde quedasen engullidos a partir de la cesión por parte del Ayuntamiento del edificio al Ejército en 1.858, una gran puerta que hoy da paso a un pequeño patio interior donde pueden observarse los restos de lo que fuese capilla mayor o ábside central de la iglesia de Santa María del Castillo (arriba), impide conocer la decoración pictórica que ocupase la parte baja de tal paredón, recortando inclusive la esquina inferior derecha del panel dedicado a la Resurreción de Cristo, salvaguardada sin embargo la serie pictórica que sobre ella se situase (abajo), representándose bajo un medallón ocupado por un ángel querubín y sustentado por volutas y florones (abajo, imágenes segunda a cuarta) -portadores éstos últimos de lo que pareciesen azucenas, símbolo mariano que, haciendo alusión a la virginidad de María, verificase la advocación del templo a la Madre de Dios- un tríptico dedicado, al parecer, a la representación de diversos sacros personajes de difícil identificación, dado el precario estado de conservación en que han llegado a nuestros días los murales, apreciándose en el primero de los tres espacios y más cercano al altar (abajo, imagen quinta), dos personajes de pie frente al espectador, vestido uno con manto rojizo mientras porta una espada -quizás alguna santa mujer, como Santa Catalina de Alejandría, cuya defensa de la fe cristiana le llevase a ser decapitada-, sito a su lado un personaje masculino que, con hábito blanquinegro, porta en su mano derecha una pluma -posible alusión a algún monje elevado a los altares, así San Benito de Nursia, representado habitualmente como fundador de la Orden del Císter, cuya vestimento recoge los colores aquí mostrados-, figurando en el panel central lo que pareciese el martirio de dos personajes yacentes y ya decapitados en el suelo (abajo, imagen sexta) -así los emeritenses Servando y Germán, los hermanos Cosme y Damián, o Justo y Pastor-, observándose en el panel final y más alejado del cabecero lo que pareciese un personaje semidesnudo, erguido y con las manos tras la espalda atado a un mástil, fuste o árbol, tal y como suele representarse a San Sebastián siendo asaeteado (abajo, imagen séptima), cerrando la figura del mártir originario de Narbona la serie pictográfica, cumplimentada con grafitis que, en la parte bajo del arco que da paso al tramo recto del ábside (abajo, imagen octava), registran no sólo diversos nombres o palabras, sino inclusive variadas caricaturas, posiblemente ejecutadas por los soldados que ocupasen el Hospital Militar durante sus años de funcionamiento como tal, ampliando si no el valor artístico de la capilla, sí el lado histórico de uno de los monumentos más relevantes del medievo pacense, y de las dilatadas crónicas de tan relevante enclave de nuestra región.
 







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