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miércoles, 28 de febrero de 2024

Imagen del mes: representaciones figurativas andalusíes de Extremadura

Considerado tradicionalmente el arte musulmán como de carácter anicónico, careciendo de figuras humanas o zoomorfas entre sus representaciones, pueden encontrarse, sin embargo, intercalados en sus ornamentaciones de índole mayoritariamente vegetal, geométrico y caligráfico dispuestas a lo largo de los siglos y a través de los enclaves que en alguna ocasión formaron parte del mundo islámico, diversos ejemplos creativos figurativos que vienen a desbaratar tal teoría, muchos de ellos procedentes de un arte andalusí que dejaría en tierras hoy extremeñas algunas de tales excepciones, con ejemplos cerámicos, metálicos y pétreos preservados entre sendos museos arqueológicos provinciales, observándose entre sus salas la cabeza de un ave pintada sobre un fragmento cerámico procedente de Medellín, dos cuadrúpedos usados como juguetes descubiertos entre los vestigios del que fuese el Badajoz musulmán, el soporte de un brasero con cabeza y pie de león hallado en Higuera de la Serena, destacando por su antigüedad un aplique de plata con cabeza de cérvido fechado en época emiral desenterrado en el yacimiento gordeño de Cañada de los Judíos, así como por su posible vinculación con la dinastía aftasí, los dos pies de banco con ornamentación leonina que mil años atrás pudieran haber servido como base del trono de los reyes islámico-pacenses.

Badajoz, Medellín, Higuera de la Serena y yacimiento de Cañada de los Judíos (El Gordo, Cáceres). Siglos VIII al XI; arte islámico.

Arriba y abajo: aunque el Corán no prohíbe las representaciones artísticas figurativas, el intento por evitar la idolatría encauzado a través de varios hadices o códigos donde se recogía la tradición oral originaria del Islam, conduciría hacia un abandono de las creaciones antropomorfas y zoomorfas en pro de la ornamentación vegetal, geométrica y caligráfica, si bien las producciones figurativas de aquellos seres a los que se consideraba portadores de alma, alejadas completamente de los contextos religiosos donde el culto y la veneración debe dirigirse tan sólo a Dios, tendría cabida en los ambientes domésticos y cortesanos, colándose a través de la cerámica, los juguetes, los ajuares hogareños, los muebles, la azulejería, las pilas, las yeserías o los capiteles, destacando aquéllas emanadas de un arte andalusí que en la Península Ibérica medieval bebiese tanto de las creaciones clásicas, en muchas ocasiones coleccionadas, como de un cristianismo con el que estableciese contacto y transmisión artística, surgiendo así piezas figurativas extraordinarias destinadas tanto a embellecer jardines y salas palaciegas como a servir a los hogares más humildes, sin que faltasen éstas entre las ciudades y poblaciones esparcidas en lo que hoy es territorio extremeño, destacando por su antigüedad la cabeza de un cérvido en plata datada en época emiral que fuera hallada en el yacimiento denominado Cañada de los Judíos -arriba-, sito en el término municipal de El Gordo, compartiendo naturaleza metálica con la pata de un brasero, en este caso de bronce, rescatada de la finca llamada El Santísimo ubicada en tierras de Higuera de la Serena, cuya decoración felina, con un pie de león rematando inferiormente el soporte y la cabeza de tal animal en el punto de unión de la pieza al desaparecido resto del mueble -arriba- recuerda el arte fatimí del siglo XI, barajándose la posibilidad de provenir este elemento del Egipto gobernado bajo tal dinastía en los albores del segundo milenio de nuestra Era.



Arriba y abajo: un ave, posiblemente una paloma -arriba-, sería el animal que sobre un recipiente cerámico hallado en Medellín, quizás un plato o ataifor, fuese pintado siguiendo la técnica del verde-manganeso, dibujando sobre el blanco de base con el verde del cobre y el negro-morado del manganeso los elementos decorativos escogidos, bastante similar a la fórmula empleada a la hora de rematar uno de los dos juguetes y/o botijos que, con forma de cuadrúpedo, se hallase en la ciudad de Badajoz -abajo-, con una ornamentación de pinceladas verdes ejecutadas sobre un fondo blanquecino muy distante al tosco acabado sin policromar de la vasija zoomórfica desenterrada junto a otras cerámicas islámicas en un solar de la calle Zurbarán -abajo, siguiente-, cuyo parecido, aun en su deterioro, al camello descubierto entre las cerámicas almohades rescatadas en 1.937 en la calle Savellà de Palma de Mallorca, hoy en el Museo del Diseño de Barcelona, permite imaginar el aspecto original de tal pieza de probable uso infantil, datada entre los siglos X y XI.




Arriba y abajo: descubiertos en el baluarte de San Roque, con casi un metro de longitud y rondando el medio metro de altura -96 cms. x 48 cms.-, los dos pies que sirvieran como soportes de aquel tablero central junto al que conformasen un banco o trono en algún jardín o edificio de la islámica ciudad de Badajoz, quizás al servicio de Sapur o de la posterior dinastía aftasí que gobernasen el reino taifa desde aquí capitaneado entre 1.013 y 1.094, muestran sobre el mármol blanco del que se nutren la parte anterior o prótomo de dos leones respectivamente, tumbados y contrapuestos, cuyo labrado se observa mejor, curiosamente, en la pieza donde uno de los animales ha sido descabezado -arriba y abajo-, más desdibujado el diseño de la anatomía felina en su hermana -abajo, siguientes-, apreciándose en todo caso entre sus patas, rabos, cabezas y fauces, unos rasgos tendentes a la esquematización propio del arte islámico e igualmente atisbado en otras piezas escultóricas andalusíes claves donde es el león el animal representado, así en el león de Monzón, en los granadinos leones del Maristán, o en los archiconocidos leones que dan nombre al patio donde se ubican, en el corazón del palacio de la Alhambra, colocándose así ambas piezas extremeñas entre las figuraciones zoomorfas más relevantes del arte islámico peninsular y, por ende, del arte sarraceno extremeño.



lunes, 31 de enero de 2022

Colaboraciones de Extremadura, caminos de cultura: Nuestros castillos, de Informe Extremadura, en Canal Extremadura TV

 

El pasado día 29 de enero, a las 22.15 horas, se emitía dentro del espacio Informe Extremadura, en Canal Extremadura TV, el reportaje Nuestros castillos. Un programa dedicado a las fortalezas extremeñas, centrado en monumentos tales como el castillo de Alburquerque, la alcazaba de Trujillo, la residencia cacereña de las Seguras o el castillo de Montánchez, a los que se sumarían los inmuebles castrenses en ruinas de Alange y Hornachos, para cuya visita se quiso contar con la colaboración de este blog. 

Solicitada nuestra intervención a mediados del presente mes, gustosamente acompañamos al equipo de Informe Extremadura la mañana del día 12 hasta sendos castillos mencionados, recorriendo los enclaves donde se asientan, vislumbrando sus vestigios, charlando sobre su historia y comentando sus características principales, disfrutando del viaje y la visita siempre en pro del conocimiento y divulgación del patrimonio extremeño.

Tras mencionada emisión, ya se encuentra publicado el reportaje en cuestión en la web de Canal Extremadura. Extremadamente satisfechos con el resultado, desde Extremadura: caminos de cultura queremos invitar a los visitantes del blog a su visualización, esperando que sea del agrado de los seguidores, deseando igualmente que permita la ilustración sobre tal acervo, no sin dejar de agradecer a Informe Extremadura el haber querido contar con este rincón cibernáutico en la realización de tal trabajo, ansiando que esta aportación sirva, una vez más, a la instrucción sobre nuestra herencia patrimonial y nuestra cultura, base de nuestra razón de ser como pueblo, y de nosotros mismos.

 https://www.canalextremadura.es/a-la-carta/informe-extremadura/videos/informe-extremadura-290122


Arriba:  erigido sobre el cerro de la Culebra (arriba, imagen superior), del que toma un nombre que haría referencia a un pasado romano del enclave, el de Castrum Colubri, posiblemente la fortaleza de Alange se erigiese, ya en la Edad Media, sobre los vestigios de una atalaya latina que vigilase los contornos de Emérita Augusta, así como el trascurrir de la prolongación meridional de la Vía de la Plata en su devenir hacia tierras de la Bética, edificándose ya por los musulmanes una obra castrense cuyas primeras noticias se remontan al siglo IX, mencionándose Hisn al-Hanash poco antes de que la misma, en torno al 875, fuera tomada por Ibn Marwan en su levantamiento contra el emir cordobés Muhamad I, canjeada tras su asedio por la entonces aldea de Badajoz, cayendo nuevamente, esta vez en manos cristianas, en 1.234 bajo reinado de Fernando III, quien la cediese a la Orden de Santiago, encargada de su custodia y responsable de la reconstrucción de la misma, resultando de tal intervención el aspecto que hoy podemos apreciar entre sus ruinas (arriba, imagen inferior), dotado el complejo de una zona defendida de aljibes en la parte baja, una primer recinto amurallado del que resta la Puerta del Sol, y una fortaleza superior antecedida por un corralejo donde, entre las torres Solana y Redonda, resta junto a una desolada torre de la Campana e inserta en ella capilla de Santiago, la esbelta torre del homenaje, punto neurálgico de un monumento cuyo abandono se produciría cuando, en 1.550, fuese fundada la Casa de la Encomienda dentro de la propia población alangeña, restando sólo en uso, a lo largo del resto de la Edad Moderna, el templo santiaguista del lugar, derrumbado, por abandono y socavación de sus cimientos, a lo largo del pasado siglo XX.

Abajo: desconociéndose con exactitud el momento de su primitiva erección, y sabiéndose de él como punto fronterizo entre los reinos taifas de Badajoz y Toledo en el siglo XI, posiblemente el castillo de Hornachos fuera levantado a lo largo del siglo X, reaprovechando quizás vestigios de algún sistema defensivo previo, fabricándose en tapial una fortaleza dotada de amplia albacara y a cuyos pies se desarrollase el resto de la población islámica, cayendo el enclave en manos cristianas dirigidas por el maestre Pedro González Mengo en 1.234, donada por Fernando III a la Orden de Santiago un año después, actuando ésta sobre el inmueble a base de reforzamientos de los muros preexistentes, forrándolos con mampostería y añadiéndole estancias nuevas, siendo su capilla dedicada al apóstol matamoros el único templo católico de la localidad a fines del siglo XV, poblada ésta casi en su totalidad por mudéjares, posteriormente moriscos, levantados en 1.526 contras las ordenanzas de Carlos I exigiendo la cristianización de sus costumbres, decretando éste, tras el sometimiento de los moriscos de Hornachos y a fin de prevenir nuevos motines, la destrucción de la alcazaba y las calles del pueblo anexas a la misma, decisión que conllevaría el definitivo abandono de un castillo que, si bien no llegase a ver ejecutada su demolición, sí se vería ya, a mediados de tal centuria, sometido a una ruina que ha acompañado al inmueble hasta los actuales días.

lunes, 23 de noviembre de 2020

Colaboraciones de Extremadura, caminos de cultura: Alcazaba, del Proyecto Audiovisual Extrema Dorii

 

Algún tiempo atrás, Jesús López Gómez (amigo personal y colega bloguero, autor del imprescindible espacio en la red Extremos del Duero), deseoso de impulsar el Proyecto Audiovisual Abierto Extrema Dorii, propuso la creación de una obra poética que cantase al pasado musulmán de Badajoz. De aquel planteamiento surgiría por parte de Samuel Rodríguez Carrero el poema "Badajoz musulmana", que podréis leer íntegramente bajo estas líneas. A fin de acoplarlo a una apropiada creación musical, la poesía sería adaptada dando como resultado el texto de "Alcazaba", voz de la obra que hoy se enorgullece en presentar Extrema Dorii, ampliando con ella la labor ejercida por este movimiento cultural, especialmente en pro del conocimiento y divulgación del patrimonio histórico-artístico extremeño. En este caso, el nuevo fruto se centraría en el principal monumento heredado por la ciudad de Badajoz, catalogado por Decreto como Monumento Histórico-Artístico en 1.931 (Gaceta de Madrid nº 155, de 04 de junio de 1.931; hoy Bien de Interés Cultural): la alcazaba pacense.

Desde Extremadura: caminos de cultura, queremos ofreceros el resultado final, esperando que os guste este trabajo en colaboración, con fabulosa labor musical de Jesús López Gómez y Francisco Javier Patricio Bordomás, espectaculares imágenes de Maribel Paredes Dávila intercaladas con otras de Jesús López, cumplimentado con texto de Antonio Reveriego Pocostales, con el que podréis conocer un poco más este magnífico tesoro que Extremadura ha tenido el honor de poder preservar.

 

La luna ya por levante

va mostrando su blancura.

Añora, en Extremadura,

aquel bastión donde fue

la insignia de sus banderas,

la cumbre de sus dovelas.

Entre cañas y palmeras

un oasis aftasí.


Rememora al mirarse

sobre las aguas del río,

pasadas noches de estío

escuchando el resurgir

de las fuentes de mil patios,

cuyos susurros callaban

cuando al pueblo pregonaba

la oración el almuecín.

 

Entre los juncos percibe

la imagen de añeja dama.

Tapiales de la alcazaba

que resisten el deambular

de los tiempos, que quisieron,

- su nobleza conociendo -,

respetar obra tan magna,

fiel monarca del Islam.

 

Sobre los pétreos adarves

va paseando la luna.

Aquella historia moruna

le gusta de recordar,

cuando enseñas dibujaba

sobre recias atalayas,

sobre en recodo portadas,

camino de Portugal.

jueves, 13 de junio de 2019

Imagen del mes: Pilastras visigodas reutilizadas en el aljibe de la Alcazaba de Mérida


Considerada inicialmente obra premusulmana, verificada después su construcción en época emiral como la primera mezquita conocida en suelo hispano, fue concebido el edificio central de la alcazaba emeritense como simbiosis entre enclave religioso, torre de comunicación y aljibe, en pro de servir a las huestes militares asentadas en mencionada fortaleza tanto en lo castrense como en lo piadoso, sumándole una función de abastecimiento hidráulico adecuada en caso de asedios, acertada cisterna abastecida de las aguas surgidas a modo de venero del cercano río Guadiana cuya construcción sería la única sección del monumento en mantenerse en uso y pie, inclusive tras ser reconvertido el inmueble de la fe islámica a la cristiana, conservándose la estructura del pozo así como los materiales utilizados en su constitución, destacando entre sillares y piezas de cronología romana el uso, principalmente como jambas y dinteles, de pilastras visigodas de delicada ornamentación que, aún removidas de su primitivo destino arquitectónico, mantienen su función decorativa y edificativa dentro de una urbe donde unas etapas históricas se solapan a otras, generando un patrimonio cultural único en el panorama peninsular.
Mérida (Badajoz). Siglos VI-IX; pilastras de estilo visigodo, reutilizadas en una construcción de estilo musulmán, realizada durante el Emirato de Córdoba con fecha fundacional en el 835 bajo el mandato de Abderramán II, tomando como referencia edificaciones islámicas del Norte de África.


Arriba y abajo: recuperada la ciudad tras tres periodos de revueltas, alzados en el 828 y tercera etapa de rebelión contra el emir el bereber Mahmud ibn Abd al-Yabbar y el muladí Sulayman ibn Martín, decidiría Abderramán II, una vez expulsados los cabecillas, edificar una alcazaba fechada en 835 y considerada por tal como la más antigua de las peninsulares, donde poder alojar una guarnición posiblemente permanante que vigilase el devenir de la vida emeritense, elevándose en el interior y centro de la misma un inmueble de múltiple uso cuya base sirviese de acceso a una cisterna (arriba), considerado aljibe como depósito de agua pero no siendo ésta traída ni almacenada de lluvia sino realmente una emanación constante del Guadiana  surtida bajo las arenas y el dique romano a modo de venero, ideando un doble sistema de extracción, con una abertura superior al manantío a modo de pozo de donde poder extraer el fluido rápidamente, destacando sin embargo la solución adoptada a fin de bajar hasta la misma fuente con animales a los que poder cargar con cuantiosos enseres de almacenaje hidráulico, estableciendo para un mejor discurrir un vestíbulo con puertas enfrentadas de entrada y salida al mismo, del que naciesen dos escaleras, de bajada  y subida respectivamente conectadas con la cisterna, dando como resultado una original construcción para cuya elevación se reutilizarían infinidad de sillares y piezas de la ciudad romana, así como seguramente una decena de pilastras de factura visigoda, conservadas cuatro en el interior y otras cuatro como jambas de las puertas externas, respetándose tanto el valor arquitectónico como decorativo de las piezas, vistos dos de sus ornamentados flancos en el dúo de ejemplares que cercan la portada noroccidental del monumento (abajo), considerada por muchos la de entrada al mismo.



Arriba y abajo: tomadas, según algunos autores, de algún posible edificio hospitalario que, como en el caso del Xenodoquio, acogiese a enfermos y necesitados durante el periodo histórico visigótico de la ciudad,  las conservadas ocho pilastras visigodas reutilizadas en el aljibe de la alcazaba emeritense comparten su fábrica marmórea, material posiblemente extraído de canteras de la lusa zona de Estremoz, así como su estilo decorativo hispano-visigodo, resultado de la esquematización de la labra clásica conjugada con elementos ornamentales sacados de la liturgia de la religión cristiana, figurando así en la cara más externa de las pilastras usadas como jambas de la portada noroccidental (arriba), racimos de uvas en pareados enmarcados dentro de roleos vegetales (abajo), referencia a la Eucaristía que ocuparía todo el lateral, salvo el extremo inferior, simulando una basa, así como la zona superior, interpretando un simbolizado capitel corintio (abajo, siguientes), convertidas así las piezas en una imitación a bajorrelieve de la columna clásica, con fuste, capitel y basa conjugadas en un único bloque, apareciendo curiosamente esculpida a su vez una íntegra columna en los laterales contiguos a éstos, ocultos por el contrario los flancos posterior e izquierdo en la pilastra de la izquierda de la portada, derecho y trasero en los de su hermana, impidiéndonos saber si la pilastra fue ideada primitivamente como pieza exenta, o adosada a un muro de la construcción a la que fuese destinada.





Arriba y abajo: opuesta a la entrada noroccidental y orientada, como sostén que lo es del mihrab, hacia el Sureste, la portada suroriental del aljibe emeritense sobresale del resto de la edificación por sustentar sobre ella la sacra habitación que indica la orientación hacia La Meca (arriba), sostén particular que pudiera originar el desgaste extra que sufriesen sendas pilastras visigodas usadas como jambas de este segundo acceso a la cisterna (abajo), motivo que conduciría al desmonte de mencionada estructura una vez dado el desuso litúrgico absoluto del edificio, rehabilitada después con el estudio arqueológico y la restauración presentada en el año 2.005 que incluiría la disminución de peso sobre las piezas visigóticas para una mejor conservación de las mismas, pareados ejemplares que ofrecen no sólo un paralelo labrado entre sí, sino idéntico al expuesto por sus hermanas sitas en la otra puerta del inmueble, ornamentación conocida dentro del arte hispano-visigodo y apreciable en obras conservadas tanto en la Colección de Arte Visigodo de Mérida como en la sala de arquitectura visigoda del Museo Arqueológico Provincial de Badajoz, rescatadas del recinto de la Alcazaba pacense, repetidas curiosamente en las pilastras de este flanco inmobiliario los roleos sede de los racimos de uva en dúo, figurando en la cara frontal de la misma las columnillas simuladas dentro de la esquematización de las tres partes de la columna clásica en la totalidad de la pieza marmórea, vistos tres lados, y no sólo dos como en el caso noroccidental, de los ejemplares reutilizados.








Arriba: sirve el vestíbulo del aljibe como antesala al pareado de galerías que permiten la bajada al manantío hidráulico, figurando nuevamente sendas portadas al dúo de escaleras enmarcadas por pilastras visigodas que, a diferencia de lo apreciado en las entradas exteriores al inmueble, se descubren no sólo como jambas sino inclusive convertidas en dinteles, conservado el par de piezas que cumplen esta segunda misión, no así los ejemplares que se ubicasen como jamba media y derecha del conjunto de doble vano, conocida la sustracción de la central y suponiéndose la de la contigua a diestra de la misma, disminuyendo así de diez presuntas piezas a ocho las aún expuestas hoy en día en el total del monumento.


Arriba y abajo: permanece la pilastra usada como dintel de la escalera de bajada vista como derecha desde el vestíbulo recostada sobre su lateral izquierdo, conocida la falta de labra del flanco contrario al frontal de acceso (abajo), suponiéndose así el uso primitivo de la pieza como elemento adosado a una pared, siendo por tanto su ornamentación frontal la que también se ofreciese como tal en su ubicación original, repitiéndose tanto la esquematización de las tres partes de la columna clásica en un único ejemplar marmóreo, como la proliferación sobre esta cara de los pareados de racimos de uva enmarcados en roleos (arriba), decoración de referencia litúrgica pero indudable índole vegetal compartido con el diseño ornamental de la cara contigua, hoy inferior (abajo, siguientes), no figurando las columnillas que decoran las pilastras sitas en las portadas de entrada al recinto sino cintas vegetales donde el fruto de la vid alterna con la hoja de dicha planta en exquisito bajorrelieve.





Arriba y abajo: tumbada sobre su lateral derecho (arriba), la pilastra usada como dintel de la galería vista a la izquierda desde el vestíbulo ofrece la visión de sus flancos frontal, derecho y posterior, adivinándose como en su hermana contigua el uso de la pieza adosada primitivamente a una pared en base a la carencia de ornamentación del lateral tardío (abajo), repitiéndose una vez más el diseño ornamental en base al pareado de racimos vinícolas entre roleos como decoración del presunto fuste de una columna esquematizada, figurando igualmente decoración vegetal en el corazón del lateral diestro (abajo, siguientes), nueva cenefa donde los racimos de uvas, de menor calibre y mayor simplificación artística que los labrado en la cara principal, figuran junto a las hojas de parra que los alternan.






Arriba: detalle del bajorrelieve cincelado sobre la cara frontal de la pilastra empleada como dintel de la rampa izquierda de bajada, protagonizado por una serie de racimos de uvas asociados en pareja y enmarcados en medallones conformados por vegetales roleos, ofrecido en un diseño más complejo que el expuesto en las pilastras utilizadas como jambas en las puertas de entrada desde el exterior al monumento, al completarse las medallas con hojas de parra que igualmente en dúo rellenan cada uno de los cinco discos que consuman el supuesto fuste de la pieza.

Abajo: uno confrontado al otro, los simulados capiteles pertenecientes a las pilastras usadas como dinteles de las galerías de acceso a la cisterna se presentan en una esquematización absoluta del diseño corintio en el que se inspiran, evolución artística de la paulatina simplificación del arte clásico conducido hacia el estilo paleocristiano, que derivaría a su vez a un sintetizado arte románico.


Abajo: figurando como jamba izquierda de la portada de acceso a sendas escaleras de comunicación desde el vestíbulo con la cisterna acuática, una pilastra visigoda dañada en su parte inferior presenta la ornamentación de su frontal y cara anexas, posiblemente sin labrar la posterior y oculta tanto primitivamente como desde su reubicación dentro del aljibe emiral, curiosamente en base a la esquematización de una columna clásica en el costado primordial, sin que la simulación de un capitel corintio se repita en los flancos contiguos, figurando contrariamente en sendos laterales la labra de una columnilla que ocupa todo el espacio, coronada por una serie de roleos en rama de clara inspiración vegetal presente igualmente en la ornamentación con que se quiso dotar el frente de tal ejemplar, centrado por una cenefa donde han de destacar una serie de flores de cuatro o cinco pétalos cada una.






Abajo: curiosamente es de todas las pilastras visigodas reutilizadas en el aljibe emiral emeritense la ubicada en el punto más interior del monumento el ejemplar más relevante de la colección, tanto por sus dimensiones como por la ornamentación presentada por la misma, siguiendo esta pieza sita al final del muro de separación de sendas escaleras de bajada su artístico labrado la idea decorativa vista en la pilastra usada como jamba en la portada de acceso a dichas galerías de acceso al manantial, descubriéndose los tres elementos compositivos de la columna clásica esquematizados en el frontal, no así en los flancos laterales, centrados éstos por columnillas que se prolongan en lo vertical a base de ramaje, circundadas sendas representaciones zurda y diestra por cenefas vinícolas donde los racimos de uvas alternan con las hojas que pueblan tal planta asociada a la liturgia, repetida banda como cuadrante y del mismo modo en la cara principal, cuyo grueso central se descubre surtido de una banda de flores inmersas en un roledo vegetal que las envuelve.








Arriba y abajo: destacando tanto por su naturaleza marmórea frente a la casi totalidad de piezas graníticas, así como por la ornamentación con que se quiso dotar a las mismas, llaman la atención en el aljibe emeritense las pilastras visigodas reutlizadas para su elevación, reaprovechamiento arquitectónico visto por algunos autores como sometimiento simbólico de la cultura previa a los nuevos gobernantes que no es único dentro del monumento, edificado a base de piezas de cronología romana tanto decorativas, como la venera repuesta en 2.005 por los arqueólogos Santiago Feijoo y Miguel Alba usada antaño como elemento indicativo hacia el lugar al que dirigir la oración, formando parte del mihrab que mira hacia La Meca (arriba), como pragmáticas, percibiéndose de origen romano la práctica totalidad de sillares empleados en la erección y cierre de las galerías de bajada a la cisterna (abajo), descubriéndose inclusive como dintel en la escalera de bajada derecha lo que parece ser la mensa ponderaria con la que siglos atrás pudieran los habitantes de la colonia verificar pesos y medidas (abajo, siguiente), así como un marmóreo sarcófago cercano a la pilastra que como dintel da paso a la galería paralela, destacando fundamentalmente el capitel corintio que, sobre la gran pilastra visigoda final, sostiene la última cornisa que cierra el muro de separación de sendas semirrampas, abriéndose frente a él el manantial en sí bajo unas bóvedas de tal calidad constructiva que no pocos autores consideraron previa a la llegada de los musulmanes al lugar.





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