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viernes, 25 de febrero de 2022

Colaboraciones de Extremadura, caminos de cultura: Las troneras de cruz y orbe en los escudos de Trujillo, en Extremos del Duero

 

Tiempo atrás, mi amigo y colega bloguero Jesús López, administrador del blog Extremos del Duero, compartió conmigo una imagen tomada en Trujillo de la portada de la que fuera dehesa de los caballos de la ciudad, en la que se podía apreciar el blasón municipal, observándose curiosamente una versión mariana en la cual la Madre de Dios parece figurar dándole el pecho al Niño. Iconografía, si bien no extraordinaria, sí poco común, que en Extremadura puede admirarse, por ejemplo, en la escultura ofrecida como patrona de la ciudad de Plasencia, bajo el título de Nuestra Señor del Puerto, o en el lienzo que representando a la Virgen de la Leche se conserva en el interior de la iglesia parroquial de la Consolación, en Arroyomolinos, tal y como ofrecimos en agosto de 2.012 desde este mismo blog.

Paseando recientemente por las calles trujillanas, caí en la cuenta del generoso número de escudos municipales que pueden apreciarse entre las vías y rincones de Trujillo, pareciéndose adivinar dentro de unos de estos blasones otro relieve mariano basado en el amamantamiento de Jesús sobre los muros de la iglesia de San Pedro, observación que quise compartir con mi colega. Verificada finalmente la inexistencia de tal expresión artística en mencionada obra,  aprovecharía la ocasión para compartir con él la pequeña colección fotográfica que pude formar basada en tales emblemas municipales, sumando ocho más a la serie iniciada por Jesús con el ejemplar de mencionada dehesa comunal, revelándose el casco urbano trujillano como uno de los enclaves municipales extremeños de los que entre sus rincones más ejemplares de escudos locales históricos pueden descubrirse.

Ojeando las imágenes, Jesús caería sin embargo en un detalle nuevo: la amplia figuración de troneras de cruz y orbe en muchos de los relieves donde, figuradamente, se representa la plaza fuerte trujillana supeditada por la Virgen que, legendariamente, apareciese milagrosamente sobre los contornos de la población en el momento de su reconquista definitiva en 1.233, a manera de auxilio hacia las tropas cristianas de Fernando III de Castilla. Bautizada así como Virgen de la Victoria, sería ésta el posterior germen de la advocación mariana tomada como patrona del lugar. Troneras de cruz y orbe de las que nos hablará Jesús a través de un reciente artículo que os invito a descubrir, mientras os dejo con la pequeña colección de escudos de la ciudad que pueden fácilmente atisbarse mientras se pasea por entre las calles y contornos de esta joya urbana extremeña, acertadamente declarada Conjunto Histórico-Artístico mediante decreto 2223/1962, de 5 de septiembre de mencionado año.

http://extremosdelduero.blogspot.com/2022/02/las-troneras-de-cruz-y-orbe-en-los.html

Arriba y abajo: ocurrido el milagroso suceso, al parecer, sobre la portada conocida hoy como del Triunfo (arriba), donde la legendaria intervención mariana ayudase a las tropas cristianas, como la nomenclatura indica, a tomar definitivamente la ciudad frente a los musulmanes el 25 de enero de 1.233, se conserva en la cara interna del posterior arco gótico de acceso una hornacina ocupada por una escultura labrada en la segunda mitad del siglo pasado de la que fuese bautizada como Virgen de la Victoria, advocación mariana que en Trujillo se forjase a raíz de tal presunto acontecimiento vinculado con este punto del entramado urbano trujillano, instalado primitivamente un lienzo que a partir del siglo XVI reflejase una iconografía ya dispersa por la ciudad a través del blasón que se diseñase como escudo de armas de la ciudad, conservado el más antiguo de entre los múltiples blasones municipales que campan entre las calles y recovecos de la población en la cara intramuros del denominado como arco de Santiago (abajo), por su conexión con la iglesia dedicada a tal apóstol, adivinándose en éste, fechado en el siglo XIV, una esquemática imagen mariana dentro de lo que fuese una estructura castrense, observándose por el contrario sobre la portada inscrita a los pies del templo de románicos inicios anexo, en el considerado segundo más antiguo escudo municipal, la ya característica simbiosis entre María y la ciudad fortificada (abajo, siguiente), con la Madre de Dios centrando el relieve, elevadada sobre un recinto amurallado y abrazada por dos altos torreones.


Abajo: fuera del recinto amurallado, en la neurálgica Plaza Mayor de la ciudad, puede observarse sobre la portada principal de la emblemática iglesia de San Martín el primero de los variados escudos municipales que podremos apreciar paseando entre las vías históricas de la ciudad extramuros, apareciendo enmarcada por un alfiz y sobre el escudo del obispo Pedro Ponce de León inscrito en la portada renacentista de los pies de mencionado templo, el blasón cuyo flanco inferior queda oculto bajo el remate circular que corona el frontón que supedita la puerta de mediodía del monumento (abajo), inscrito también dentro del alfiz que circunda la portada de entrada al templo dependiente del convento de San Pedro un nuevo ejemplar heráldico (abajo, siguiente), en el lateral de la epístola de tal capilla datada en el siglo XVI, dando por su parte a la cercana calleja de San Gregorio, en su apertura hacia la plazuela del Prior de Quiroga, un nuevo escudo municipal coronado con remate pétreo, inmerso en los muros del que fuese convento de Santa Clara, fundado en 1.533 y hoy Parador de Turismo, en la unión de éste con la que fuera iglesia del cenobio y templo de San Clemente (abajo, tercera imagen).


Abajo: dirigiéndonos hacia el Sur de la población, consta la portada de la iglesia adscrita al que fuera convento de San Francisco, abierta a los pies del templo, de una cuidada decoración de base renacentista donde destacan, enmarcados por un alfiz y en derredor de una hornacina ocupada por la escultura del santo titular, los escudos imperial y de la ciudad, siendo este segundo (abajo), posiblemente, el ejemplar más rico en cuanto a ornamentación de los conservados dentro de la localidad, destacando en derredor de las figuras de que se compone el mismo, un acompañamiento coronado por un querubín, sitos seres mitológicos propios del plateresco entre las esquinas, labrado un mascarón bajo las murallas de la ciudad, descubriéndose a no mucha distancia, sobre la portada de acceso al actual edificio consistorial trujillano, antigua alhóndiga del lugar, el escudo que a partir de 1.566 diera la bienvenida al pósito de la localidad (abajo, siguiente), desde 1.888 al palacio concejil, elaborado en un estilo renacentista mucho más sobrio que el expuesto en el ejemplar anterior.


Abajo: abandonando el centro histórico trujillano, inscritas en los derredores del mismo quedaban las conocidas como Dehesas de los Caballos y de las Yeguas, sita la primera junto a la carretera de Madrid, abierta la segunda en las inmediaciones de la carretera de Cáceres, dotadas ambas de portadas aún conservadas en cuyos frentes figurarían, en sendos casos, el escudo municipal junto al real del momento de edificación, imperial de Carlos I en el caso de la Dehesa de los Caballos, fechado en 1.535 y colocado entre los blasones del municipio y de los Vázquez de Cepeda (abajo), figurando en el edificio de la Dehesa de las Yeguas el escudo de Felipe II a la siniestra, el municipal a la diestra (abajo, siguiente), datados en 1.576 y formando parte de un excelente diseño renacentista que acoge el posiblemente más alejado de los ejemplares de armas del concejo trujillano que pueden atisbarse dentro del casco urbano de la localidad, si bien a varios kilómetros de distancia hacia el Noreste, sobre el río Almonte y actual límite fronterizo entre los términos municipales de Torrecillas de la Tiesa y Jaraicejo, sorprende sobre el conocido como Puente del Cardenal, en el templete erigido frente a la rampa destinada a uso ganadero y punto de unión entre las dos fases constructivas del bien (abajo, tercera imagen), un nuevo ejemplar de armas trujillano fechado en el siglo XV y cumplimentado con el real de Felipe IV en el siglo XVII sobre él, hablándonos de la vinculación del inmueble con el concejo trujillano, comprometido con su construcción mediante escrito fechado en 1.460, dependiendo del viaducto para su conexión con Castilla y Madrid, declarado recientemente, en 2.019, Bien de Interés Cultural mediante Decreto 172/2019, de 5 de noviembre.


domingo, 15 de mayo de 2016

Imagen del mes: Puente sobre el río Almonte, o del Cardenal, en Jaraicejo


Hacia su encuentro con el río Tajo fluyen las aguas del Almonte, corriendo bajo los sillares del puente que, para salvar este cauce, se construyó en el valle que lo alberga, al Sur de Jaraicejo, en pro de facilitar la comunicación entre Madrid y Toledo con Trujillo y otras localidades capitales centrales extremeñas. 
 
Límite municipal entre Jaraicejo y Torrecillas de la Tiesa (Cáceres). Siglos XV y XVII (ejecutada una primera obra, o lado norte, durante el obispado placentino del Cardenal D. Juan de Carvajal por el arquitecto Pedro González, finalizada en 1.462, ampliada con una segunda, o lado sur, en pleno reinado de Felipe IV); estilos gótico y barroco (lados septentrional y meridional respectivamente).

viernes, 7 de agosto de 2015

Tesoros del camino: escudo de la Inquisición, en Malpartida de Cáceres


El 15 de julio de 1.834, fecha de la que nos separan ya 181 años, se abolía definitivamente el Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición en España. Varios años antes, durante la Guerra de la Independencia, tal institución había sido abolida en 1.808 para la España ocupada por las tropas napoleónicas, y en 1.813 por las Cortes de Cádiz para el territorio no ocupado o liberado del dominio francés. Era la respuesta internacional y nacional ante un tribunal cuya labor, aplaudida en sus inicios por una mayoría de población exaltada y supersticiosa que veía a bien la persecución de falsos conversos y herejes en pro de la persecución del demonio y a favor de una supuesta unidad religiosa nacional, se cuestionaba cada vez más por un mundo donde la ilustración y la venida del progreso chocaba con una censura arcaizante, demagógica y despótica. 

La conocida como Inquisición española había estado en funcionamiento más de 350 años, desde que el 1 de noviembre de 1.478 fuera promulgada por bula del Papa Sixto IV su creación para el reino de Castilla, y en 1.483 para los territorios de la Corona de Aragón. Nombrándose al Inquisidor General no por la Santa Sede sino por el propio monarca, y con autoridad en todo el territorio y sobre todos los súbditos cristianos supeditados al rey hispano, el Tribunal del Santo Oficio se convertía en la única institución con pleno dominio sobre todo el terreno y todas las personas, poder tras el que, disfrazado de persecución religiosa, se escondían en muchas ocasiones intereses políticos que buscaban la destrucción de enemigos o la confiscación de bienes y fortunas que enriquecieran a Iglesia y Monarquía. Se perseguiría a judeoconversos y moriscos, protestantes y luteranos, supuestas brujas y detractores de la moral como lo eran los bígamos, así como a practicantes de aberraciones sexuales como la homosexualidad o el bestialismo. Pero también se juzgaba a los denominados herejes: grupo heterogéneo donde todo el que, ya fuese por simple opinión verbal, hubiera cuestionado cualquier aspecto de la doctrina católica, hubiera criticado cualquier labor del Santo Oficio, o hubiera hablado en contra de la Iglesia, sería interrogado, juzgado y, muy posiblemente, condenado. Como resultado, y aunque las cifras concretas bailan notablemente según unos estudios y otros, durante el periodo de actividad del tribunal serían varios cientos de miles las personas procesadas,  más de treinta mil de ellas, según las más altas estimaciones, ejecutadas. Pero la labor de la Inquisición fue a más. El miedo volaba sobre la población. Las denuncias anónimas provenientes más por una venganza que por una falta podrían terminar en arresto, condena, ejecución o castigo, humillación pública del reo y deshonra para toda una familia y herederos repudiados por el resto de población. La intolerancia hacia culturas que habían forjado las bases de la cultura española derivaban en odio social. La persecución de cualquier idea contraria a la regla más indiscutible y férrea convertía al pueblo en una amalgama de incultos y crédulos donde cualquiera que quisiera forjarse en el estudio y abrazar el librepensamiento podría ser condenado. El mayor logro de la Inquisición sería fomentar la aversión y la represión, hundir a España bajo el fanatismo religioso en un conservadurismo que forzó su atraso económico y cultural. En definitiva, anquilosar el país.


Arriba: tras el cabecero de la Parroquia de la Asunción, en pleno centro urbano de la que antaño fuera aldea cacereña, la Casona de la Inquisición de Malpartida de Cáceres se presenta como vivienda de tres plantas con características arquitectónicas propias de las casas solariegas de la Extremadura rural de la Edad Moderna, destacando en su fachada elementos propios de las construcciones comarcales, como lo son la gran chimenea o las poyatas que enmarcan uno de los ventanales, así como fundamentalmente el escudo inquisitorial que centra el frontal del inmueble y da nombre al edificio.


Para llevar a cabo su labor, el Santo Oficio comenzó asentándose en las poblaciones donde se requería su temporal presencia, existentes estas sedes durante ciertos periodos o para juzgar ciertas causas puntuales, entre las que se podría destacar el caso de la Inquisición Jerónima de Guadalupe, forjada en 1.486 de manera especial y bajo permiso especial de Isabel I para perseguir una supuesta comunidad de judeocriptos cuyos miembros brotaban de entre las filas de monjes residentes en el monasterio. Con el paso de los años, diversos tribunales fijos se crearían y repartirían a lo largo del territorio nacional. Sin contar con los tribunales fijados en la Nueva España, o en territorios que dejarían de pertenecer más tarde a la Corona española, serían trece las sedes inquisitoriales fijas en la España peninsular, a las que habría que añadir la mallorquina y la canaria. Según algunos autores uno de los primeros tribunales en crearse, en 1.485, concebido sin embargo por otros en 1.501 ó 1.508, sería el de Llerena, cuya demarcación llegaría a alcanzar en la segunda mitad del siglo XVI los 42.260 kilómetros cuadrados, incluyéndose bajo su supervisión las diócesis de Plasencia, Coria, Badajoz y Ciudad Rodrigo, en lo que sería la práctica totalidad de la actual región extremeña y aledaños a la misma, conocida entonces como Provincia de León de la Orden de Santiago. Sin conocerse con acierto los motivos que llevaron a la ubicación de tal tribunal en esta localidad, existiendo otras de mayor peso en la zona, se cree que pudo influir en ello el apoyo de un llerense de peso en la Corte de los Reyes Católicos, como lo era su consejero Luis de Zapata. Otros miran hacia el gran número de conversos que residirían en el sur extremeño, destacables en localidades como la propia Llerena o la no muy lejana Jerez de los Caballeros. Sí se sabe, por el contrario, que tal sede, a pesar de ser trasladada durante varias décadas a Plasencia, regresaría a la Campiña Sur hacia 1.570, estableciéndose en el Palacio de los Zapata, para juzgar los actos de la creciente secta de los alumbrados, perseguidos con afán por fray Alonso de la Fuente. Tras finalizar un proceso que aún hoy en día sigue envuelto en misterio y controversia, y una vez consumada la condena de los mismos, el Tribunal se mantendría en la localidad hasta la definitiva abolición de esta religiosa corte en tiempos de minoría de edad de Isabel II.

Aunque los denunciados por faltas graves solían ser trasladados a la misma Llerena, donde eran retenidos en las cárceles de que disponía el Santo Oficio, el tribunal religioso contaba a lo largo de su demarcación con una amplia red de casas y edificios donde podían llevarse a cabo sus investigaciones y actuaciones más inmediatas, ejecutadas por los denominados como "familiares del Santo Oficio". Eran éstos personajes relacionados con el tribunal los que, a modo de funcionarios inquisitoriales, recogían denuncias, interrogaban, investigaban o redactaban los informes que más tarde serían remitidos a Llerena. Sus propias viviendas serían en muchas ocasiones los inmuebles donde despacharían tales asuntos, siéndoles permitido colocar por tal motivo y de tal manera sobre sus portadas y en sus fachadas el escudo emblemático inquisitorial, demostrando así con la colocación de tal blasón que su dueño formaba parte de la jerarquía y esquema piramidal que conformaba la institución del Santo Oficio. Igualmente tal divisa podría fijarse en edificios nobiliarios o monumentos religiosos, bien de manera individualizada, emparejado con el de Órdenes militares o apellidos ilustres, o formando parte las armas inquisitivas de un blasón mayor que recogiera otros títulos con que querer identificar el inmueble. Respondía este hecho al apoyo brindado por el noble a la labor del religioso tribunal, o por la vinculación del templo o edificio monacal con la Santa Inquisición, que lo tomaría como base donde establecerse en caso de tener que acudir alguno de sus miembros a dicha localidad si la diligencia de algún proceso así lo requiriese.


Arriba: en una única pieza granítica, y enmarcado entre sencillos motivos vegetales, el blasón del Santo Oficio de Malpartida de Cáceres mostraría inicialmente la tríada de elementos simbólicos que componen el emblema genérico del religioso tribunal, centrado por la cruz de maderos junto al cual, en el lado izquierdo, la rama de olivo ofrecería reconciliación con los arrepentidos, habiendo sido borrado, curiosamente, la espada justiciera que castigaría a los herejes, desaparición que posiblemente habría que achacar a algún posterior casero del inmueble que querría de tal modo eliminar del presente el triunfo del fanatismo religioso que imperó en el país y la región durante cientos de años atrás.


Conocida es, a este respecto, la denominada como Casa de la Inquisición o Casa del Santo Oficio de Jaraicejo, cuyos titulares, al parecer, ejercían labores de investigación y despachaban el papeleo requerido por tal tribunal cuando desde Llerena así se lo reclamaban. Curioso es el escudo inquisitorial que, por otro lado, luce sobre uno de los encalados muros que conforman el laberíntico barrio gótico-judío de Valencia de Alcántara, donde las armas del tribunal religioso son coronadas con yelmo a modo de apellido, descubriéndose así las intenciones de un casero que, lejos de promocionar su nombre, quiso anunciar su vinculación con la jerarquía inquisitorial, formando parte de tan extensa familia. Vinculación que vendría a adivinarse al observar, como lo ha hecho Rubén Núñez (autor del blog Cáceres al detalle), el escudo que culmina la portada de la Iglesia de Santo Domingo de Cáceres, donde, sobre el emblema dominico y el rosario que le rodea, una rama de olivo y una espada propias del Santo Oficio cerrarían la marmórea obra. El convento adjunto se convertiría, al parecer, en la sede que los miembros de la religiosa corte tomarían como lugar de hospedaje en sus viajes a la otrora villa cacereña, desde donde partirían, a través de arcos y pasajes, hasta la Plaza Mayor, supuesto escenario escogido para la celebración de los posibles autos de fe llevados a cabo en la localidad.

Pocos datos se tienen sin embargo de la llamada Casona de la Inquisición de Malpartida de Cáceres. Este edificio, levantado al parecer en el siglo XVIII y ubicado tras el cabecero eclesiástico de la céntrica Parroquia de la Asunción de Nuestra Señora, en la Glorieta del Carmen, presenta en su fachada las características propias de una vivienda señorial de la Extremadura rural, de tres plantas, portada y vanos adintelados bajo fábrica granítica, a la que se añaden particularidades propias de la comarca, tales como la gran chimenea que cierra el inmueble en su flanco derecho, o las poyatas o ménsulas que culminan el alfeizar exterior de uno de los ventanales del piso primero. Es a la izquierda de esta ventana, centrando el frontal de la finca, donde figura un blasón con las armas del Santo Oficio. En una única pieza de granito, y bordeado con motivos vegetales entre los que destaca una flor en la zona inferior del blasón, un marco cuadrangular con cerramiento en arco en la línea suprema guarda la simbología tomada como suya propia por el religioso tribunal. Una cruz conformada por maderos, en la zona centro, se acompañaría de una rama de olivo a la izquierda de la composición, alegoría de la reconciliación hacia la doctrina católica dada por la corte a muchos de sus sentenciados arrepentidos. Carece significativamente sin embargo del tercer elemento que constituiría la tríada inquisitorial, basado en una espada símbolo de la justicia recaída sobre los herejes.


Arriba: en las cercanías de la majestuosa Parroquia de la Asunción, en plena calle Talavera, se conserva la denominada Casa de la Inquisición o Casa del Santo Oficio de Jaraicejo, sencillo edificio donde destaca en su exterior una humilde ventana en esquina que albergaría, al parecer, a una de las familias vinculadas con el religioso tribunal, encargados de llevar a cabo las directrices remitidas desde la sede de Llerena.

Abajo: entre las múltiples casas y edificios vinculados con el Tribunal de la Inquisición asentados a lo largo de toda la región, identificados por el escudo inquisitorial y su tríada simbólica, llama la atención el conservado en una de las viviendas del casco antiguo o barrio gótico-judío de Valencia de Alcántara donde, sobre el blasón, figura un yelmo propio de las divisas nobiliarias, mostrándose así el titular del inmueble como parte de la extensa familia inquisitorial y miembro de una institución que, durante la Edad Moderna española, fue sinónimo no sólo de persecución, sino también de amplio poder.


Desconocemos en principio si este edificio fue propiedad de algún alto cargo inquisitorial que quisiera marcar con el blasón del Santo Oficio esta pertenencia suya, o si más bien la posesión recaería en algún "familiar de la Inquisición" que, desde ella, vigilase y controlase bajo órdenes venidas desde Llerena el mismo pueblo, entonces aldea supeditada a la cercana Cáceres, o aquellos cercanos pertenecientes a lo que hoy sería la comarca de Tajo-Salor donde, en muchos de sus municipios, se incoaron expedientes inquisitoriales por diversas causas y motivos a muchos de sus ciudadanos, destacando por número las diligencias abierta en Brozas, Alcántara o Garrovillas de Alconétar. El investigador Fermín Mayorga se hará eco de estos procesos englobados en lo que sería la Raya cacereña, entre los que, vinculados con la localidad malpartideña, destacaría el abierto en el siglo XVIII, en abril de 1.726, contra el párroco de la localidad, D. Miguel Manzano, bajo el cargo de solicitante por denuncia de una joven soltera del pueblo, que delataría ante el Santo Oficio la solicitud o petición de cumplimiento de diversos favores sexuales que le emitió el cura durante el tiempo de confesión de la chica.

No se conocen igualmente los motivos que llevarían a borrar literalmente del blasón la espada que la Inquisición levantaría contra la herejía. Sin embargo, la llegada del Siglo de las Luces y la caída del Antiguo Régimen en pro de la asunción de los derechos civiles y el progreso de la civilización occidental, haría pensar en la supresión de la simbología inquisitorial más lejana al perdón y a la fraternidad y cercana a la represión, bajo los deseos de abolición de tan arcaica institución en miras hacia una nación desvinculada de una maquinaria censuradora que impidiera el avance del país hacia un futuro sin fanatismos religiosos que lo bloquearan. Recoge, por tanto, este sencillo escudo, un doble capítulo en la historia española, donde la existencia de un tribunal religioso quedaría constatada, pero también los deseos de liberación de un pueblo, no de su base cultural cristiana, pero sí del brazo justiciero de un organismo intolerante que habría cubierto bajo su terrorífica sombra la sociedad española por más de tres siglos. El escudo de la Inquisición de Malpartida de Cáceres se presenta así como todo un doble símbolo tanto de uno de los capítulos más oscuros de nuestras crónicas, como a la par de la anhelada asunción de las libertades civiles requerida dentro de la historia de nuestro país y de nuestra región. Es, por tanto, todo un tesoro en el camino.

Abajo: la Iglesia Mayor de Nuestra Señora de la Granada, monumento insigne de Llerena, presenta entre sus características arquitectónicas más llamativas no sólo la espectacular torre-fachada de fábrica gótico-mudéjar y culminación renacentista que ostenta la función de campanario, sino también la doble arcada o corrida balconada que centra la casi totalidad del muro del evangelio del templo, ventanales que a modo de escaños servirían a los miembros de la sede del Tribunal de la Inquisición asentado en la localidad durante las celebraciones de los diversos autos de fe ejecutados en la contigua Plaza de España.


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