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miércoles, 28 de febrero de 2024

Imagen del mes: representaciones figurativas andalusíes de Extremadura

Considerado tradicionalmente el arte musulmán como de carácter anicónico, careciendo de figuras humanas o zoomorfas entre sus representaciones, pueden encontrarse, sin embargo, intercalados en sus ornamentaciones de índole mayoritariamente vegetal, geométrico y caligráfico dispuestas a lo largo de los siglos y a través de los enclaves que en alguna ocasión formaron parte del mundo islámico, diversos ejemplos creativos figurativos que vienen a desbaratar tal teoría, muchos de ellos procedentes de un arte andalusí que dejaría en tierras hoy extremeñas algunas de tales excepciones, con ejemplos cerámicos, metálicos y pétreos preservados entre sendos museos arqueológicos provinciales, observándose entre sus salas la cabeza de un ave pintada sobre un fragmento cerámico procedente de Medellín, dos cuadrúpedos usados como juguetes descubiertos entre los vestigios del que fuese el Badajoz musulmán, el soporte de un brasero con cabeza y pie de león hallado en Higuera de la Serena, destacando por su antigüedad un aplique de plata con cabeza de cérvido fechado en época emiral desenterrado en el yacimiento gordeño de Cañada de los Judíos, así como por su posible vinculación con la dinastía aftasí, los dos pies de banco con ornamentación leonina que mil años atrás pudieran haber servido como base del trono de los reyes islámico-pacenses.

Badajoz, Medellín, Higuera de la Serena y yacimiento de Cañada de los Judíos (El Gordo, Cáceres). Siglos VIII al XI; arte islámico.

Arriba y abajo: aunque el Corán no prohíbe las representaciones artísticas figurativas, el intento por evitar la idolatría encauzado a través de varios hadices o códigos donde se recogía la tradición oral originaria del Islam, conduciría hacia un abandono de las creaciones antropomorfas y zoomorfas en pro de la ornamentación vegetal, geométrica y caligráfica, si bien las producciones figurativas de aquellos seres a los que se consideraba portadores de alma, alejadas completamente de los contextos religiosos donde el culto y la veneración debe dirigirse tan sólo a Dios, tendría cabida en los ambientes domésticos y cortesanos, colándose a través de la cerámica, los juguetes, los ajuares hogareños, los muebles, la azulejería, las pilas, las yeserías o los capiteles, destacando aquéllas emanadas de un arte andalusí que en la Península Ibérica medieval bebiese tanto de las creaciones clásicas, en muchas ocasiones coleccionadas, como de un cristianismo con el que estableciese contacto y transmisión artística, surgiendo así piezas figurativas extraordinarias destinadas tanto a embellecer jardines y salas palaciegas como a servir a los hogares más humildes, sin que faltasen éstas entre las ciudades y poblaciones esparcidas en lo que hoy es territorio extremeño, destacando por su antigüedad la cabeza de un cérvido en plata datada en época emiral que fuera hallada en el yacimiento denominado Cañada de los Judíos -arriba-, sito en el término municipal de El Gordo, compartiendo naturaleza metálica con la pata de un brasero, en este caso de bronce, rescatada de la finca llamada El Santísimo ubicada en tierras de Higuera de la Serena, cuya decoración felina, con un pie de león rematando inferiormente el soporte y la cabeza de tal animal en el punto de unión de la pieza al desaparecido resto del mueble -arriba- recuerda el arte fatimí del siglo XI, barajándose la posibilidad de provenir este elemento del Egipto gobernado bajo tal dinastía en los albores del segundo milenio de nuestra Era.



Arriba y abajo: un ave, posiblemente una paloma -arriba-, sería el animal que sobre un recipiente cerámico hallado en Medellín, quizás un plato o ataifor, fuese pintado siguiendo la técnica del verde-manganeso, dibujando sobre el blanco de base con el verde del cobre y el negro-morado del manganeso los elementos decorativos escogidos, bastante similar a la fórmula empleada a la hora de rematar uno de los dos juguetes y/o botijos que, con forma de cuadrúpedo, se hallase en la ciudad de Badajoz -abajo-, con una ornamentación de pinceladas verdes ejecutadas sobre un fondo blanquecino muy distante al tosco acabado sin policromar de la vasija zoomórfica desenterrada junto a otras cerámicas islámicas en un solar de la calle Zurbarán -abajo, siguiente-, cuyo parecido, aun en su deterioro, al camello descubierto entre las cerámicas almohades rescatadas en 1.937 en la calle Savellà de Palma de Mallorca, hoy en el Museo del Diseño de Barcelona, permite imaginar el aspecto original de tal pieza de probable uso infantil, datada entre los siglos X y XI.




Arriba y abajo: descubiertos en el baluarte de San Roque, con casi un metro de longitud y rondando el medio metro de altura -96 cms. x 48 cms.-, los dos pies que sirvieran como soportes de aquel tablero central junto al que conformasen un banco o trono en algún jardín o edificio de la islámica ciudad de Badajoz, quizás al servicio de Sapur o de la posterior dinastía aftasí que gobernasen el reino taifa desde aquí capitaneado entre 1.013 y 1.094, muestran sobre el mármol blanco del que se nutren la parte anterior o prótomo de dos leones respectivamente, tumbados y contrapuestos, cuyo labrado se observa mejor, curiosamente, en la pieza donde uno de los animales ha sido descabezado -arriba y abajo-, más desdibujado el diseño de la anatomía felina en su hermana -abajo, siguientes-, apreciándose en todo caso entre sus patas, rabos, cabezas y fauces, unos rasgos tendentes a la esquematización propio del arte islámico e igualmente atisbado en otras piezas escultóricas andalusíes claves donde es el león el animal representado, así en el león de Monzón, en los granadinos leones del Maristán, o en los archiconocidos leones que dan nombre al patio donde se ubican, en el corazón del palacio de la Alhambra, colocándose así ambas piezas extremeñas entre las figuraciones zoomorfas más relevantes del arte islámico peninsular y, por ende, del arte sarraceno extremeño.



sábado, 13 de enero de 2024

Imagen del mes: estatua orante del obispo Ponce de León, en la catedral de Plasencia

Acogida por una gran hornacina a modo de capilla funeraria elaborada por Mateo Sánchez de Villaviciosa, junto al altar mayor de la catedral Nueva de Plasencia y en el presbiterio de la misma por su lado del evangelio, la estatua orante del obispo Pedro Ponce de León, labrada en piedra por el artista castellano Francisco Giralte, no sólo cubre la tumba de uno de los más reseñables dirigentes de la diócesis placentina, sino que se ofrece a la par como una de las más excelsas obras escultóricas del Renacimiento extremeño, así como, posiblemente, la mejor estatua de índole funerario con que cuenta nuestra región.

Plasencia (Cáceres). Siglo XVI (ejecutada entre 1.573, tras el fallecimiento del obispo, y 1.576, año de defunción del artista); arte renacentista.

Arriba: nacido en Córdoba en 1.510, y fallecido en la localidad cacereña de Jaraicejo el 17 de enero de 1.573 -tal y como reza en el epitafio extendido a través del friso que, bajo frontón semicircular y figura del Creador, corona la capilla funeraria episcopal elaborada por el artista granadino Mateo Sánchez de Villaviciosa a petición de los testamentarios de D. Pedro Ponce donde, bajo arco casetonado de medio punto enmarcado por dos pilastras corintias, se cobija la estatua y tumba del que fuera obispo placentino: "Aquí yace el ilustrísimo Señor Don Pero Ponce de León, obispo que fue de esta Santa Iglesia e Inquisidor General; falleció en la villa de Jaraicejo, a XVII días de enero de 1.573 años"-, D. Pedro Ponce de León tomaría posesión de la diócesis placentina el 26 de enero de 1.560, tras el fallecimiento un año antes de su predecesor en el cargo, D. Gutierre de Vargas Carvajal, personaje al que no sólo relevaría como sumo dirigente del obispado de Plasencia, sino también como gran mecenas renacentista de la diócesis, terminando muchas de las obras arquitectónicas y artísticas iniciadas durante el mandato de Vargas Carvajal y encargando o dejando dinero para otras que vinieran a enriquecer el obispado, así su propio mausoleo donde, siguiendo nuevamente la estela de D. Gutierre, se depositara en manos del afamado artista palentino Francisco Giralte la labra de la estatua orante que viniera a cubrir su féretro, pudiendo así Extremadura contar con una obra mortuoria del insigne escultor renacentista discípulo de Berruguete que ya elaborase los cenotafios tanto del obispo previo como de los padres de éste, ubicados éstos sin embargo en el panteón familiar con que los Vargas contasen en pleno corazón de la villa de Madrid, en lo que hoy se conoce como Capilla del Obispo, formalmente capilla de Nuestra Señora y San Juan de Letrán, adosada a la madrileña iglesia de San Andrés. 

Arriba y abajo: planteada como imagen de bulto redondo y elaborada en mármol blanco de origen italiano -según el erudito Vicente Paredes; en alabastro del país según la historiadora Rocío García Rodríguez-, la estatua orante que viniese a cubrir el sepulcro del obispo placentino D. Pedro Ponce de León seguiría el planteamiento ya observado en otras esculturas funerarias renacentistas, donde el personaje retratado, lejos de figurar yacente y sin vida, se presenta vivo, orando, con las manos juntas y de rodillas, dirigiendo su mirada hacia el altar en una demostración tanto de su fe en la religión católica como de su humillación ante su doctrina, sin que por ello se prescinda, sin embargo, de la representación de los más ostentosos elementos materiales con que el personaje contase en vida, quedando así inmortalizada a su vez la categoría social y económica que el mismo llegase a alcanzar durante su estancia en este mundo, pudiéndose de esta manera apreciar entre las trazas escultóricas de la presente obra mortuoria la riqueza de las vestiduras del obispo (arriba) -aflorando los bordados de la casulla entre los fabulosos pliegues logrados sobre la piedra por el artista-, la valía de los anillos que pueblan los dedos del clérigo, o la suntuosidad del reclinatorio que antecede a la figura (abajo), dotado de bajorrelieves por sus respectivas caras donde varios personajes angelicales portan diversos emblemas relacionados con el difunto o la muerte de éste -así una mitra, un incensario o una calavera-, cubierto a la par de un rico encaje sobre el que se deposita, sobre almohada, un libro litúrgico abierto por el Salmo 88 -observado por Rocío García Rodríguez y centrado en la oración y solicitud de la misericordia divina ante el sepulcro-, asomando tras el mencionado mueble tanto el báculo episcopal como la mitra del obispo, sostenida ésta sobre un pequeño pilar que viene a cerrar la composición y simbología del conjunto escultórico por su esquina trasera derecha. 

Abajo: arrodillada la figura del obispo sobre un cojín, sostenida a su vez sobre un estrado de dos gradas que, simulando el suelo o tarima que acoge al personaje, sirve en realidad como cierre superior del sepulcro episcopal, aparece el frontal de tal pavimento decorado con casetones rectangulares y ovales a los que antecede, sostenido por dos figuras juveniles andróginas, semirrecostadas y ataviadas con túnicas, el blasón del obispo, coronado por el capelo episcopal y centrado por las armas del mismo, dividido en cuatro cuarteles donde, en los lugares primero y cuarto, se observa el emblema de los Córdoba, apellido paterno donde tres franjas de gules o rojo cruzan un campo de oro, protagonizando las divisiones segunda y tercera el escudo de los Ponce de León, con un león rampante junto a las cuatro franjas verticales del apellido Aragón, quedando así atestiguada a perpetuidad la identidad del personaje aquí depositado, igualmente reflejada mediante similar escudo sobre el arco que centra la capilla funeraria, o en el epitafio que la corona, siendo un epígrafe en latín el que, por su parte -protegido por rejería y recogido por el insigne José Ramón Mélida-, vendría a firmar la cara exterior del zócalo o propio sepulcro en sí, hablándonos nuevamente de la personalidad allí custodiada y la obra legada por ésta: DOMINUN PETRUM PONTIUM A LEONE SANCTAE HUIUS PLACENTINAE PRAESULEM PIENTISSIMUM ET MERITISSIMUM OMNI VIRTUTE ET NOBILITATE GENERIS PRAECLARUM INQUISITOREM GENERALEM SANCTA FUNCTUM VITA POST INSTITUTA SIBI ANIVERSARIA ET CAPELLANIA ET EPICOPATUS PAUPERES TESTAMENTO HAEREDES RELICTOS ET VIRGINES ORPHANAS IN PERPETUM HONESTISIMA DOTE IUVATAS HAEC BREVIS CAPIT URNA VIXIT ANNOS 63 OBIT D.I IANVARII M.D.LXXIII. 

lunes, 2 de octubre de 2023

Imagen del mes: estatua de Mercurio sedente, en el Museo Nacional de Arte Romano de Mérida

Descubierta en 1.913 durante las obras de cimentación de la actual plaza de toros emeritense, se exhumaría de los terrenos conocidos como Cerro de San Albín una escultura a tamaño natural representando al dios Mercurio, Hermes en la antigua Grecia, descansando mientras permanece sentado sobre una roca, acompañado de algunos de sus atributos personales más característicos, así las sandalias aladas o la lira de su invención, procedente posiblemente del Gran Mitreo con que contase Augusta Emérita y presentada hoy en día como una de las figuras más hermosas y de mejor calidad artística entre la colección estatuaria preservada en el Museo Nacional de Arte Romano de Mérida.

Mérida (Badajoz). Siglo II d.C. (fechada en el año 155); arte romano.




Arriba y abajo: elaborado en mármol blanco de las canteras del anticlinal portugués de Estremoz, con una altura de 1,54 metros y más de 600 kilos de peso, el Mercurio sedente emeritense ofrece una imagen completamente desnuda y juvenil del dios romano del comercio, sentado sobre una roca previamente cubierta con su clámide o capa corta -arriba-, presuntamente descansando de su vuelo mientras muestra sus talarias o sandalias aladas -abajo, y siguiente-, así como la lira de diez cuerdas que, de su invención, fabricase con el caparazón de una tortuga y los cuernos de un antílope -abajo, imagen tercera-, habiendo desaparecido sin embargo el posible caduceo o vara con dos serpientes que pudiera haber portado originalmente en su mano derecha -abajo, imagen cuarta, izquierda-, dañada ésta como lo están también otras partes de la figura, así su nariz, los dedos de la mano izquierda -abajo, imagen cuarta, derecha-, el pie zurdo o los genitales, desaparecida gran parte de su pierna siniestra aunque no la inscripción con que el ejecutor de la excelsa obra (firmada al parecer por el mismo Demetrios que labrase, como presunto autor de toda la serie, su nombre en otras esculturas de la colección mitraica emeritense) quisiera dejar constancia del pontífice que mandase elaborarla, labrada sobre la cara externa de la concha testudínea -abajo, siguiente- el epígrafe ANN. COL. CLXXX. INVICTO. DEO. MITHRAE. SACR. G. ACCIVS. HEDYCHRVS. PATER. A. L. P. (ANNO COLONIAE CLXXX INVICTO DEO MITHRAE SACRVM GAIVS ACCIVS HEDYCHRVS PATER ANIMO LIBENTE POSVIT; En el año 180 de la colonia, consagrado al Dios invicto Mitra, Gayo Accio Hedychro, Padre, de buen ánimo la puso), mencionado tal sacerdote a la par en otras piezas vinculadas con el que se cree fuese el Gran Mitreo que en Augusta Emérita relevase presuntamente en sus funciones religiosas al posible pequeño santuario dedicado al culto a Mitra hallado en la calle de Espronceda, y donde la escultura mercuriana quedara ligada con la primera etapa (el corax o cuervo) de los siete grados en que se dividían tanto la iniciación a tal liturgia, como el spelaeum o cueva en que ésta se desarrollaba.





AL MERCURIO SEDENTE EMERITENSE


                                                                                                                (Julio de 2.020)


Estando frente a ti,

tú sentado, yo de pie,

miro la obra a cincel

que del mármol te salvó,

y aun desnudo te dotó

-en flor tu cuerpo viril-,

de la robustez sutil

del vástago del rey dios.


Demetrios tu gran vigor

corpóreo no osó ocultar.

La clámide: simple sitial

de tu musical invención.

Dichoso el caparazón

que tus dedos tañerán,

parando, tras el volar,

en pro de la inspiración.


(Poemas extremeños, y otras poesías; Samuel Rodríguez Carrero)

jueves, 22 de diciembre de 2022

Imagen del mes: busto masculino hallado en la villa romana de La Majona, en Don Benito


ANTE UN BUSTO MASCULINO

HALLADO EN LA VILLA ROMANA

DE LA MAJONA


Suponiéndote tan inerte,

¡qué sereno pareces,

aun conociendo la muerte

de tu tiempo y de tu piel!


De entre simientes despertado,

tu níveo busto al presente

le otorga un referente

de los ecos de un ayer.

Del que tú, aun callado hablas,

mientras diriges tu mirada,

entre perdida y extraña,

a un mundo que ya no ves.

A un mundo que licuaría

entre sombras de los días,

y aun creyendo de otra vida,

es éste, sin ser ya él.


Suponiéndote tan inerte,

¡qué sereno pareces!

Quiera el destino ofrecerte

nuevos siglos que entender.


(Un año de poesía; Samuel Rodríguez Carrero)

(Expuesto en la sala dedicada a Roma del Museo Arqueológico Provincial de Badajoz, un espléndido busto de acabado realista y tamaño natural, labrado en mármol procedente de las canteras lusas de Borba-Estremoz-Vila Viçosa y esculpido probablemente en un taller emeritense, muestra al que posiblemente fuese un joven miembro de la familia de la cual dependiese uno de los asentamientos rurales romanos más destacados del territorio metellinense, descubierto en 1.997 en el interior del estanque que centra el atrio de la villa conocida como de La Majona, en la vega del Guadiana y dentro del término municipal de Don Benito, portando éste una toga del tipo contabulata, permitiendo fechar la obra a mediados del siglo III d.C., mostrando a la par un cierto parecido con el emperador Alejandro Severo que ha permitido barajar la posibilidad de ser la escultura un retrato imperial, en todo caso una joya de la estatuaria hispana y extremeña que no viene sino a implementar el valor patrimonial de la villa de La Majona, recién declarada por la Junta de Extremadura Bien de Interés Cultural mediante Decreto 148/2022 de 14 de diciembre).

https://caminosdecultura.blogspot.com/2015/02/villa-romana-de-la-majona-en-don-benito.html

https://caminosdecultura.blogspot.com/2018/08/colaboraciones-de-extremadura-caminos.html

miércoles, 31 de agosto de 2022

Imagen del mes: la Fontanilla de Fregenal de la Sierra

 

A modo de simbiosis entre caño, pilar y hornacina, la fuente popularmente conocida como la Fontanilla mantiene desde su erección durante el reinado de Felipe II el gorgoteo de sus aguas, susurrando entre las viviendas que conforman la plazuela a la que ésta da nombre, inscrita en la esquina nororiental del casco histórico frexnense, esperando surtir al viandante que hasta ella se acerque, como siglos atrás aguardase al jornalero que junto a sus sillares deambulase encaminado hacia sus faenas, o al viajero que hacia tierras norteñas, entonces fronteras con Extremadura, se dirigiese, invocando la guarda y custodia de la Virgen de la Guía que aún centra la infraestructura monumental.

Fregenal de la Sierra (Badajoz). Siglo XVI (reinado de Felipe II); arte renacentista.


Arriba y abajo: adelantada por un alargado pilar rectangular (arriba) al que vierte sus aguas la pila principal del conjunto hidráulico (abajo), ambos abrazados por un compendio de sillares graníticos que, en el caso superior, se ve a su vez cumplimentado con sendas bancadas de similar naturaleza dibujadas a diestra y siniestra de la taza, permitiendo sentarse a los vecinos que aguardasen turno a la hora de recoger las aguas hasta aquí traídas, o tomar el fresco junto al caudal en las jornadas acaloradas, capitanea la llamada Fontanilla de Fregenal, en la que interviniesen el maestro cantero Antonio Bogallo y el alarife Francisco Hermoso, un frontal del que surgen, en su parte baja, tres caños metálicos que dan inicio al circuito acuático (abajo, imágenes segunda y tercera), brotando el central de un mascarón masculino en relieve, tallado siguiendo un diseño clasicista que casa con el gusto renacentista bajo el que fuese ejecutada la obra, fechada, según consta en la misma placa marmórea que centra el paredón, en 1.571, coincidiendo con una época de esplendor urbano, económico y cultural en la ciudad, por entonces villa dependiente del concejo sevillano, erigiéndose en similar década de los setenta de tal centuria decimosexta el afamado retablo mayor de la parroquia de Santa Ana, una de las joyas artísticas heredadas por el pueblo frexnense, así como obra cumbre en la retabilística renacentista extremeña.





Arriba y abajo: formado por tres piezas marmóreas, apergaminado y custodiado por las testas masculinas que vienen a representar bajo tintes mitológicos los cuatro vientos -con sus nombres, semiborrados, acompañándolos, igualmente vistos tales personajes en otras obras renacentistas de la Baja Extremadura, así probablemente en las portadas de la parroquia calamonteña de Nuestra Señora de la Asunción y en la de la epístola de la ermita emeritense de Nuestra Señora de la Antigua, o quizás como gárgolas en la torre de la iglesia de Esparragosa de La Serena-, el epígrafe que centra el frontal de la Fontanilla (arriba), cincelado a ambos lados de un prominente blasón real vinculado con el monarca Felipe II previo a su nombramiento como rey de Portugal, nos habla de la fecha y mecenazgo bajo el que se realizase la obra, dictaminada su erección por parte del cabildo local -"Esta obra mandaron hacer los señores del cabildo de esta villa, siendo alcalde de la Justicia en ella el muy magnífico señor doctor Pérez Manuel, y por su parecer acabose en el año de Nuestro Señor Jesucristo de 1.571"-, a modo de perpetuidad de datos, así como enriquecimiento en cuanto al ornato del bien inmueble, centrado éste, en lo arquitectónico, en el arco de cortina que, a modo de cornisa superior, corona la edificación, sostenido cada extremo final por una voluta -decorada sendas con relieves vegetales-, rematada en cada lateral por un cubo acasetonado en sus frentes -centrados los casetones con tondos y dibujos de tipología geométrica y vegetal (abajo, imagen tercera)-, inscrito sobre el vértice medio del diseño un pináculo apoyado sobre disco, rematado el primero por una cruz de forja que tilda con un toque religioso la creación edilicia (abajo, imagen segunda), si bien la auténtica proyección religiosa vertida sobre la fuente se promulga desde la hornacina horadada bajo el pináculo central y sobre la estela epigráfica, donde, bajo venera, aguarda al vecino y viandante una imagen de bulto redondo policromada dedicada a la Virgen María con el Niño Jesús  sobre su brazo izquierdo, en su advocación de Nuestra Señora de Guía (abajo), hoy sustituida la escultura original por una réplica, dañada la protección vítrea que la cubría, perdido igualmente el farol que iluminaba la talla, si bien ha quedado conservado el brazo metálico y la correspondiente polea que servía al mismo, haciendo de éste un lugar sacro inserto en un bien de uso público, siguiendo la tradición y el espíritu religioso católico que imperase en la España de la Edad Moderna, especialmente tras el cisma  protestante, igualmente visto en otras obras de ingeniería extremeñas, así en puentes como el llamado Nuevo de Plasencia, o en la Puentecilla de Tornavacas.




jueves, 30 de junio de 2022

Imagen del mes: portada renacentista del antiguo Palacio Prioral, hoy en la iglesia de San Esteban, en Puebla del Prior

 

Expuesta hoy como puerta de acceso por el lado de la epístola al templo parroquial dedicado a San Esteban de la localidad de Puebla del Prior, los vestigios de la antigua portada del inmediato Palacio Prioral, hoy prácticamente desaparecido, se ofrecen no sólo como un recuerdo de la vinculación histórica que mantuviese la villa porreta con la Orden de Santiago, sino fundamentalmente como una excelsa obra del renacimiento extremeño, cuyo llamativo compendio de veneras labradas entre sus piezas de naturaleza marmórea bien pudiera hacerla merecedora, simulando el caso salmantino, del título de "portada de las conchas" de la Baja Extremadura.

Puebla del Prior (Badajoz). Siglo XVI; arte renacentista.


Arriba y abajo: felizmente salvada de una total destrucción, venta o expolio, ante cuyos peligros ya denunciase la situación de desamparo en que se encontraba la antigua portada prioral D. Adelardo Covarsí, cuando supiera éste de la demolición provocada de tal obra durante los primeros años del último gobierno republicano, las restantes piezas pétreas preservadas de esta fábrica -cumplimentadas las faltantes por relieves marmóreos de nueva talla- conforman hoy en día la puerta de acceso por el lado de la epístola de la parroquia de San Esteban, edificada a fines del siglo XV siguiendo el mandato de García Ramírez Villaescusa, por entonces prior del Priorato de San Marcos de León, dimensión religiosa de la Provincia santiaguista de León a la que administrativamente Puebla del Prior perteneciese, dentro del Partido de Llerena, desde que la misma fuese fundada en 1.257 por el prior santiaguista Martín García bajo mandato del Maestre Pelayo Pérez Correa, determinando Garci-Ramírez la prolongación de la obras, erigiendo junto al templo un palacio prioral de aspecto castrense que, dilatada su ejecución a lo largo del siglo XVI, viniese a sustituir un primitivo caserón santiaguista en deficiente estado, sirviendo de novedosa sede a la Orden y aposento de los caballeros y priores santiaguistas durante las visitas de los mismos a la población, elaborado el monumento en un estilo renacentista hermanado con el ya visto en otras obras decretadas por tal personaje, así el Palacio Episcopal de Llerena, centrando el dintel de acceso constituido de dovelas el escudo del Priorato de San Marcos de León, ocupando el interior del blasón un león mirando hacia la izquierda, dibujada tras él la cruz santiaguista, coronado el mismo por un capelo y abrazado por sendos ramos de borlas, a seis por lateral, destinado habitualmente tales elementos de la heráldica episcopal a los obispos, demostrando así la categoría diocesana de que disfrutaba este priorato, exhibido tal blasón igualmente desde mencionado palacio prioral llerenense, así desde la misma portada de la que fuese sede prioral principal, sita en el conocido como Convento de San Marcos de León en la ciudad leonesa.

Arriba y abajo: abrazado el conjunto por dos pilastras, subdivididas éstas a su vez en dos secciones correspondientes a cada uno de los cuerpos de que se conforma la obra, quedan coronados ambos fustes con capiteles de corte renacentista donde se conjugan los elementos tomados de los órdenes arquitectónicos clásicos -así las volutas o las hojas de acanto en los capiteles compuestos de los pilares bajos; abajo-, rematados los superiores con sencillos pináculos tras superar la cornisa de coronamiento del cuerpo superior, repetida ésta por duplicado sobre el vano adintelado de acceso, enmarcando un friso que supone la separación entre ambas secciones arquitectónicas, ocupado el mismo por una serie de catorce veneras repetidas a lo largo y ancho de las jambas que conforman la puerta en sí, con cinco filas horizontales de tres conchas cada una -abajo, siguiente-, sumando así treinta veneras más que junto a las ocho del propio dintel y las seis que figuran en el cuerpo superior del conjunto edilicio -desaparecidas posiblemente dos de ellas en la cúspide de las bandas laterales donde se ubican-, hacen un total de cincuenta y ocho conchas vinculadas por el peregrinaje y el Apóstol Santiago, patrón de la Orden mecenas del monumento, llamando la atención no sólo la repetición sino fundamentalmente el alto número que de las mismas pueden contemplarse en el bien mueble, sin que por ello dejen de aparecer otros elementos ornamentales propiamente renacentistas tomados del clasicismo igualmente labrados sobre la obra, inscritos éstos en la sección central del cuerpo supremo, así dos grandes tondos cuyos motivos internos se han visto semiperdidos, superados a su vez por tres medallones ocupados por bustos masculinos cubiertos con cascos, siendo mascarones los que sustentan las finas columnas que sostienen el epígrafe que remata esta sección interna alcanzando la cornisa de cierre, semiborrada la inscripción original tanto por la erosión como por la destrucción de piezas primigenias, donde quizás se hablase de la fecha de ejecución y artífices de la misma, en todo caso imborrable el estar ante toda una joya del renacimiento de Extremadura.

lunes, 28 de febrero de 2022

Imagen del mes: portada renacentista de la iglesia de San Andrés Apóstol, en Almaraz

 

Destacando sobre la recia fábrica de mampostería reforzada con sillares de que consta la constitución fundamental de la iglesia parroquial almaraceña de San Andrés, se abre en su lado de la epístola la única portada de acceso al templo, diseñada bajo un gusto renacentista que rescata el clasicismo de las formas frente a la sobriedad que presentan los tintes góticos del resto de la construcción, ofreciendo al viajero que, siguiendo el Camino Real de Extremadura, llevara sus pasos a este pequeño caserío del noreste de la región, una obra de buen gusto en plena tierra extremeña, así como al pueblo donde se alza, un vínculo atemporal con uno de los personajes más relevantes del Renacimiento español: el obispo de Plasencia D. Gutierre de Vargas Carvajal.

Almaraz (Cáceres). Siglo XVI; arte renacentista.

Arriba y abajo: llamando la atención desde el exterior del monumento tanto la diferencia de altura entre nave y cabecero, como la inacabada prolongación de los muros del evangelio y epístola a los pies del templo (arriba), sendos rasgos constructivos nos hablan de una inconclusa historia arquitectónica del inmueble, iniciada en el siglo XVI por orden del que fuese entre 1.524 y 1.559 obispo de Plasencia, D. Gutierre de Vargas Carvajal, respondiendo esta obra, como otras muchas repartidas por la diócesis placentina -así las parroquias de Jaraicejo, Garciaz, Berzocana o Guareña-, a la inquietud cultural y artística del teólogo madrileño que decidiría levantar, quizás sobre algún templo anterior, una nueva parroquia donde el gusto gótico se conjugase con el renacentista, latente tal simbiosis en la única nave de que consta el monumento, mostrando este enclave primitivo de la parroquia -retocado el cabecero a fin de ampliar el edificio un siglo después-, una comunión entre el arte gótico, presente en la bóveda de crucería estrellada de su cubierta donde luce el escudo del mecenas, y el triunfante Renacimiento, ofrecido éste fundamentalmente en la portada del edificio (abajo), cuya realización se debe, al parecer, al arquitecto Juan Álvarez.

 

 
Arriba y abajo: nacido presuntamente en 1.544, diversas vicisitudes, principalmente el fallecimiento en 1.561 de su maestro Pedro Ezquerra de Rozas, llevarían a Juan Álvarez a hacerse cargo de varias de las obras que éste había dejado a su muerte inconclusas dentro de la diócesis placentina, así la iglesia de San Juan Bautista de Malpartida de Plasencia, o la de Santiago Apóstol de Miajadas, englobándose dentro de este listado, al parecer, la parroquia almaraceña donde el maestro cantero dejara su huella en la portada renacentista del templo, posiblemente siguiendo trazas previas aprobadas por el obispo D. Gutierre antes del óbito de éste, acaecido en Jaraicejo en 1.559, constando ésta, elaborada en su totalidad por piedra berroqueña y centrada por un arco de medio punto enmarcado en una cenefa que simula un rehundido, de dos pares de columnas acanaladas de orden jónico sobre basamento, semejantes a los vistos en la también renacentista portada de la cercana parroquia de San Ildefonso de Serrejón -igualmente edificada bajo similar mecenazgo episcopal-, sosteniendo las mismas (arriba) un entablamento con cornisa sobre taqueado que, superando la puerta de acceso, sirve como base de un ático en cuyas esquinas, coincidiendo con la vertical de tales pilares, dos pirámides rematadas en bola culminan la obra ornamental que iniciasen los primeros, mientras que sobre el propio arco es una hornacina (abajo), rematada en cruz, la que bajo venera acoge una imagen granítica y en bulto redondo del santo titular del templo, San Andrés, acompañado éste de la cruz aspada, emblema del apóstol y signo de su martirio, mientras el santo mira a la plaza que lleva su nombre en la zona noroccidental del pueblo y corazon del Almaraz histórico, cuyo caserío aún corona hoy en día, como siglos atrás, la silueta de la parroquia que un día quiso concederle uno de los más destacados mecenas del Renacimiento extremeño.

 

domingo, 31 de octubre de 2021

Noche de difuntos

 


NOCHE DE DIFUNTOS


Dicen que es en esta noche

cuando los fenecidos enfilan

la vereda hacia el presente

que la muerte les sesgó,

abriendo Hades la puerta

de su mismísimo reino,

acercando los infiernos

a la actual dimensión.


Dudo yo que del infierno

quieran volver los perdidos,

si más maldad que entre vivos

no puede hallar la razón.

Deambulando por la tierra

las penas que se escaparon,

tras destaparse el sagrario

del humano corazón.

 

 (Detalles escultórico-arquitectónicos de los cementerios de Nuestra Señora de la Montaña -Cáceres-, y San Juan -Badajoz-).

sábado, 30 de octubre de 2021

Imagen del mes: Mausoleos romanos de Mérida

 

 Prohibido por las leyes romanas el depósito de difuntos en el interior de las poblaciones, a excepción de los recién nacidos fallecidos o de los miembros fenecidos pertenecientes a la familia imperial, en los derredores extramuros de las localidades se localizaban, entre casas del extrarradio y enclaves industriales, las fosas, tumbas y puntos de incineración, depósito de cenizas o inhumación de los cadáveres, llegando a darse, en el caso de Emérita Augusta, un auténtico cinturón o corona funeraria circundando la muralla de la urbe, contabilizándose desde los inicios de la arqueología emeritense en la Edad Moderna cientos de vestigios fúnebres, muchos de ellos desgraciadamente expoliados, destrozados o desaparecidos con el paso de los años, excavados y estudiados en progresión según se ha ido valorando y afianzando el cuidado del patrimonio heredado por la ciudad, destacando por su carácter arquitectónico los llamados edificios funerarios o mausoleos, pudiendo hoy en día contemplarse elementos de más de una docena de tales inmuebles entre las calles, yacimientos y aledaños del actual casco urbano, así en la avenida de Portugal, en las cercanías del puente de Alcantarilla, en la carretera de Don Álvaro, en la cripta del MNAR y junto a la llamada Casa del Anfiteatro, en las inmediaciones de la calle Pontezuelas o en el yacimiento conocido popularmente como Los columbarios, donde se exponen, además de dos "bodegones", los mausoleos de los Julios y los Voconios, considerados los ejemplares de tal categoría mejor conservados de Mérida.

Mérida (Badajoz). Siglos I-IV d.C.; estilo romano.

Arriba y abajo: inscritas inicialmente las necrópolis de la ciudad a la salida de las cuatro puertas básicas del municipio, junto a las calzadas de comunicación que unían principalmente Emérita Augusta con Norba Caesarina (Cáceres), Caesaraugusta (Zaragoza) por Toletum (Toledo), Corduba (Córdoba) o Hispalis (Sevilla), el progresivo aumento de población y la dilatación en el tiempo de la ocupación conllevaría una expansión y multiplicación de las áreas funerarias, sin limitaciones territoriales como sí mantienen hoy los camposantos, entremezcladas con casas, enclaves industriales y barrios del extrarradio, conllevando el advenimiento de un anillo fúnebre en derredor de la ciudad, especialmente en sus zonas norteña y oriental, inscribiéndose los enterramientos y depositos funerarios junto a otros caminos y vías secundarios de la urbe, conservada junto al trazado de la prolongación meridional de la primitiva Vía de la Plata, en su devenir desde la puerta Noreste del decumano máximo hacia Itálica e Hispalis -Iter ab Hispalis Emeritam- la que se daría en llamar necrópolis del puente por enclavarse a la salida de éste y orilla izquierda del río Guadiana, descubierta en 1.911 y excavada a inicios de los años 60 del pasado siglo, datándose presuntamente entre los siglos I y III d. C., localizándose hasta catorce mausoleos de los que hoy sólo se conserva, a pie de calle y en la que es la avenida de Portugal en su llegada al llamado Cerro del Lorito (arriba), el más meridional de todos ellos, rescatándose restos de incineración y retazos de dos lápidas datados en época flavia -fines del siglo I d.C.- de entre sus vestigios, basados éstos en la cimentación del inmueble de planta cuadrada a base de opus caementicium, observándose, circundada por dos pasillos en sus flancos sureños (abajo), una cámara interior o subterránea de depósito, antaño punto de descanso de las cenizas del difunto, o difuntos, hoy colmada de arena para prevenir el cúmulo de basura en su interior (abajo, siguiente).


Arriba y abajo: partiendo de la puerta noroccidental, como prolongación septentrional del cardo máximo, la vía conocida como Iter ab Emerita Asturicam -popularmente llamada con posterioridad Vía de la Plata-, derivaría desde tal calzada hacia Norba Caesarina (hoy Cáceres) una vez superada la vega del Albarregas el camino a Olisipo (Lisboa), entonces principal puerto marítimo de la provincia lusitana, denominado Iter ab Olissipone Emeritam y dibujado en sus inicios en paralelo al río Guadiana en su orilla derecha, hoy conservado como camino viejo a Montijo y Cañada Real de Santa María de Araya, distribuyéndose en sus aledaños nuevas tumbas y mausoleos, ya conocido el uso funerario de la zona desde antaño, de los cuales se localizarían a raíz de las obras dedicadas a la inmediata vía férrea -unión por ferrocarril entre Mérida y Badajoz-, en las cercanías del denominado puente de la Alcantarilla y una vez superado el mismo en su devenir hacia poniente, dos edificios funerarios datados en época altoimperial de los cuales el más occidental, a levante del actual trazado del puente de la autovía A-5, ha quedado mimetizado con el paisaje tras ser engullido por la vegetación, pudiendo sin embargo observarse aún previo a él, entre la maleza, los restos de un mausoleo rectangular (arriba) que, como en el caso visto en la avenida de Portugal, mantiene tanto una cimentación elaborada a base de opus caementicium como abierto un espacio en su interior que sirviera como cámara subterránea para acoger los restos inertes, seguramente cenizas, del difunto o difuntos a los que se dedicase la obra arquitectónica (abajo, y siguiente), adivinándose otros vestigios del edificio junto al flanco occidental de la sala de depósito (abajo, tercera imagen), así como inmediatos a su lado más cercano al río y paralelo a éste (abajo, cuarta imagen), quizás nueva bodega de posibles dimensiones inferiores a la principal, destinada a acoger a otros miembros de la familia poseedora del bien, sin descartar la opción de proceder de algún edificio funerario anexo.


Arriba y abajo: conservado al Norte de la conocida como Casa del Mitreo, junto al edificio termal de tal mansión del extrarradio inscrita a los pies del cerro de San Albín, puede hoy en día observarse un tramo de la prolongación meridional del cardo máximo, tras superar la desaparecida puerta que por este flanco de la muralla daba paso a la ciudad, convertido en una de las principales calzadas de comunicación de la antigua urbe que, en su devenir hacia las tierras del Sureste -según algunos autores, encaminada directamente hacia Corduba como alternativa al camino que partiendo hacia la capital bética se dirigiese por Metellinum, hoy Medellín-, coincidiría en mayor o menor medida con el actual trazado de la carretera de Don Álvaro, descubriéndose en su derredor, además de la llamada necrópolis del Agua en el interior del recinto del actual Centro Universitario de Mérida -a la espera de su puesta en valor-, un dúo de mausoleos frente a la puerta de acceso a tal enclave estudiantil y calle de Santa Teresa Jornet (arriba), englobados en lo que se ha dado en llamar "necrópolis sur" de la ciudad, datada entre la época altoimperial y tardorromana, dotados éstos dos ejemplares, como en los casos ya vistos de la necrópolis del Puente y de Alcantarilla, de cimentación a base de opus caementicium, observándose del más meridional restos de los muros delimitatorios (abajo), conservado del más norteño, de planta rectangular (abajo, siguiente), la práctica totalidad de la cámara sepulcral con fosa excavada en la roca, frente a la cual, en el conocido como Parque de los restos romanos, permanece sobre el césped una porción de opus caementicium probablemente originaria de uno de estos edificios funerarios (abajo, tercera imagen), a los que podríamos sumar vinculado con esta vía de comunicación el edificio conocido como Siete colchones (abajo, imagen cuarta), a los pies de la carretera BA-058, en su vertiente septentrional en dirección a Don Álvaro, superada la barriada de San Andrés y a la altura de la empresa Desguaces Caballero, preservados de la estructura primitiva de este inmueble -para unos autores mausoleo y según otros enclave industrial-, la larga cimentación del flanco sureño a base de opus caementicium (abajo, imagen quinta), adivinándose un edificio funerario de grandes dimensiones que concordase en tamaño a otros ya estudiados cerca de la ciudad -superando los 28 metros de longitud un mausoleo inscrito en la necrópilis del Albarregas-, si bien destacan fundamentalmente los restos de un muro de unos tres metros de altitud, cuya fábrica a base de tongadas de similar composición edilicia es la que llevaría a serle bautizado con un nombre tan peculiar (abajo, imagen sexta), a la espera de un completo estudio y adecuada intervención arqueológica que permita no sólo salvaguardar el bien, sino además poder arrojar más luz sobre la naturaleza de este edificio de indudable manufactura romana, posiblemente altoimperial.




Arriba y abajo: si bien se conoce propiamente como necrópolis oriental la conformada por la áreas funerarias bautizadas como del Sitio del Disco y de la Antigua Campsa, al Sur del circo romano, no pocos autores engloban también dentro de este espacio fúnebre la totalidad de vestigios funerarios enclavados entre el cerro de San Albín y la puerta suroriental de la antigua ciudad -hoy punto donde se levanta la plaza de toros-, hasta las cercanías orientales de la que fuera portada noreste, en el sitio actualmente denominado Puerta de la Villa, circunscribiéndose, por tanto, no sólo las áreas mencionadas, sino también otras inmediatas como la de la Parroquia de San José, la del desaparecido Cuartel de Artillería Hernán Cortés, la necrópolis del Albarregas, los enclaves funerarios insertos junto a la Casa del Anfiteatro y en el solar donde se levanta el MNAR, e inclusive las zonas popularmente llamadas de Los Columbarios y Los Bodegones, formando parte estas últimas del yacimiento bautizado como la primera de ellas, hoy visitable con entrada conjunta a la Casa del Mitreo, ubicada al Sur de los mismos, nombre éste, el de Columbarios, tomado a raíz de la interpretación como tal por José Ramón Mélida de dos mausoleos inmediatos que tal arqueólogo descubriese, junto a Maximiliano Macías, en agosto de 1.927 (arriba), fechados en la segunda mital del siglo I d.C. y edificados a base de mampostería revestida de cal con refuerzo de sillares esquineros, sin techar y rematados por merlones, enfrentado el sureño, de planta rectangular y propiedad de los Voconios (abajo, e imágenes segunda y tercera), al de los Julios (abajo, imágenes cuarta a sexta), trapezoidal y junto al que se une, constituido por sillares graníticos, una construcción triangular que, al proporcionar una esquina al anterior, fue tomado como delimitación urbana de un espacio extrarradio urbanizado, barajándose igualmente la posibilidad de hallarnos frente a un ustrinum, o punto de cremación de cadáveres, o bien constituir un propio mausoleo en sí, descubiertos los restos de un enterramiento por incineración en su interior, así como la preservación de epigrafía en uno de sus sillares (abajo, imagen séptima), de igual manera que fueran rescatadas las placas marmóreas identificativas (abajo, imágenes octava y novena) de los edificios funerarios contiguos -hoy custodiadas las piezas originales en el MNAR-, preservados también, en el interior del mausoleo de los Voconios, pinturas al fresco en hornacinas abiertas en la parte central de cada uno de los tres muros que circundan la portada, representando a los cuatro miembros del linaje -Cayo Voconio, Cecilia Auni, Voconia María y Cayo Voconio Próculo- cuyas urnas de incineración fueran convenientemente depositadas a los pies de cada retrato -un varón portando pergamino a siniestra de la puerta, una dama a la diestra, y una pareja, hombre y mujer, en la pared sur (abajo, imagen décima)-, siendo doce enterramientos, por el contrario, los descubiertos en el mausoleo de los Julios -seis mediante incineración y otros seis infantiles por inhumación-, depositadas varias de las urnas con cenizas bajo un arcosolio (abajo, imagen undécima) apoyado sobre el posible ustrinum a poniente que complementa el enclave funerario, considerado tal como el mejor preservado hasta la fecha en Mérida, a la espera de poder poner en valor los dos mausoleos descubiertos entre 2.006 y 2.007 en el llamado Corralón de los Blanes, en la céntrica calle de Almendralejo, de tanta calidad y tan buena conservación como estos ejemplares orientales.


 





Arriba y abajo: antecedidos por los vestigios rescatados y aquí depositados de un mausoleo de planta cuadrangular fabricado en opus caementicium (arriba), la visita al yacimiento de Los Columbarios se complementa, tras poder admirar los edificios funerarios de los Julios, los Voconios, y el posible ustrinum o tercer recinto funerario anexo, con el acercamiento a los dos únicos "bodegones" (abajo) conservados de la más de una veintena que ya en el siglo XVII Bernabé Moreno de Vargas contabilizase en la zona extrarradio oriental de la ciudad, siendo éstos los conocidos como Bodegón o Cueva del Latero -por ser vivienda, hasta los años setenta del pasado siglo, de una popular familia de hojalateros emeritenses-, puestos en valor a partir de 2.003 tras haber sido rellenados con tierra para evitar su degradación, datados en época bajoimperial y basados, como el resto de construcciones similares y desgraciadamente perdidas, en edificios funerarios semisubterráneos de planta rectangular, fabricados en opus caementicium y revestidos en su interior por cal sobre los muros y opus signinum en el suelo, cubiertos con bóvedas de cañón de hasta tres metros de altitud a contar desde la base del edificio, con vano esféríco o de ojo de buey en la pared oriental, opuesto a la puerta de entrada bajo posible dintel que permitiría el acceso al interior del bien, bajando para ello una presunta escalinata a fin de poder depositar nuevos cadáveres, limpiar o mantener el interior del edificio, así como presentar ofrendas a los allí depositados por inhumación a lo largo de todo el año -principalmente el día del cumpleaños del difunto y durante las Parentalia, celebradas entre los días 13 y 21 de febrero-, sepultados en sarcófagos, quizás marmóreos, inscritos bajo los arcosolios que, en dúo por lateral norteño y meridional respectivamente, fueran ofrecidos como nichos mortuorios de las familias propietarias de tales inmuebles.









Arriba y abajo: siendo en la zona oriental donde un mayor número de sepulturas se haya localizado, hecho debido posiblemente a ser este área la primera en recibir depósitos fúnebres una vez fundada la ciudad, multiplicándose su uso en el tiempo y sin obviar una altitud del terreno que la hiciese aconsejable frente a otros enclaves más bajos y propensos a la humedad o inundación, pueden observarse vestigios de algunos de los edificios funerarios que aquí se ubicasen en el pequeño parque que, inserto entre las calles de Plauto y de Safo, cerca de la calle Pontezuelas, preserva dos espacios rectangulares e inmediatos (arriba), de mayores dimensiones el occidental (abajo), restando de éste la cimentación a base de opus caementicium y guijarros que cercase el monumento (abajo, siguiente), opus incertum en su hermano oriental (abajo, imagen tercera), adivinándose entre la vegetación que cubre el parque canino abierto tras el silo de la ciudad, con acceso desde la calle Pontezuelas, los vestigios de una posible construcción funeraria inscrita en la denominada necrópolis del Sitio del Disco, de la que restan varios sillares graníticos, quizás esquineros (abajo, imagen cuarta), que sirvieran de refuerzo edilicio a la misma, o bien como basa para las columnas o esculturas decorativas que circundasen el bien, cumplimentando ornamentalmente el mismo, decoración habitual entre los inmuebles funerarios, rescatada por Mélida de la calle Constantino una escultura femenina en mármol de Vilaviçosa destinada, al parecer, a ornamentar la fachada de un mausoleo inscrito en la zona de los Columbarios (abajo, imagen quinta), destacando del conocido como mausoleo del Dintel de los Ríos la pieza marmórea que da nombre a tal edificio funerario (abajo, imagen sexta), expuesta, como la escultura mencionada anteriormente, entre las salas del MNAR, llamativa por figurar en relieve y ambos lados de la epigrafía funeraria que centra la obra, sendas representaciones de los ríos Guadiana y Albarregas, ubicada originalmente sobre la puerta de entrada de este edificio funerario excavado a mitad de los años 90 del pasado siglo, enclavado en las inmediaciones meridionales de la llamada Casa del Anfiteatro y englobado dentro de la necrópolis oriental (abajo, imagen séptima), erigido a finales del siglo II d.C. y reformado a lo largo del siglo III, de planta rectangular y dotado de contrafuertes en sus flancos norteño y meridional (abajo, imagen octava) a fin de contrarrestar el peso de la bóveda que cubriese su interior, encontrándose en él hasta ocho sepulcros destinados a la inhumación de los difuntos allí depositados, dando lugar a una cámara semisubterránea a la que se accedería mediante una escalinata desde la entrada inscrita en el lado oriental (abajo, imagen novena), desenterrándose al Norte de la misma, entre este inmueble y la propia Casa del Anfiteatro en sí, un nuevo edificio funerario igualmente excavado en los pasados años 90 y cuya estructura, sin duda fúnebre, ha generado por el contrario dudas en cuanto a la planta final de tal monumento, centrado por una construcción rectangular en cuyo derredor se establecerían cinco sepulturas (abajo, imagen décima), generando un posible espacio tumular de planta ovalada que podría ser identificado como una mensa funeraria o túmulo donde el espacio de enterramiento queda supeditado por un cierre edilicio que lo sella -sobre el cual se celebrarían las exequias y depositarían las ofrendas a los allí inhumados-, de igual manera que se acometiese sobre el túmulo descubierto en los años setenta en lo que sería el solar sobre el que se levantaría el MNAR, posteriormente incluido en el recorrido museístico dentro de su cripta, del cual se retiraría su capa de opus signinum para exponer los seis sepulcros que componían el mismo (abajo, imagen undécima), a caballo entre el mausoleo y el resto de monumentos funerarios no consistentes en edificios propiamente dichos, cuyo gran listado de variedades, incluyendo todo tipo de sepulturas individuales, podría iniciarse con el llamado monumento escalonado, rescatándose dos ejemplares en el también barrio periurbano donde se englobase la Casa del Anfiteatro, uno en la cripta museística mencionada, más llamativo el que, dedicado a Zósimo, fuera hallado en 1.979 en las inmediaciones de tal mansión en sí, basado en una estructura piramidal granítica dotada de cuatro peldaños sobre los que descansa un remate en forma de cipo (abajo, imagen duodécima), punto en el que quedaría inserta la lápida marmórea que conmemorase al difunto tras él sepultado, hoy expuesto en el MNAR de Mérida.













Arriba y abajo: expuesta en la actualidad junto al monumento escalonado de Zósimo, los vestigios escultóricos de una esfinge marmórea (arriba), datada en el siglo I d.C. y hallada a comienzos del siglo XX en la Rambla de Santa Eulalia, parecen provenir de un desaparecido mausoleo que formase parte de la necrópolis extendida al Norte y Noroeste de la ciudad, entre la portada nororiental, hoy Puerta de la Villa, y las proximidades del puente sobre el río Albarregas, enclave donde destacase, entre otros mausoleos desaparecidos, un edificio funerario descubierto en 1.908 a raíz de la ampliación de la estación de ferrocarril, dotado de cámara subterránea hexagonal a la que se accedía por pasillo tras bajar por una escalinata de doce peldaños, si bien la creída ausencia a las puertas del siglo XX de vestigios de inmuebles funerarios que poder visitar o, al menos, observar in situ en la zona donde siglos más tarde el mausoleo de la mártir Santa Eulalia diera paso a las bases de la actual basílica dedicada a tal virgen y una amplia necrópolis cristiana, quedaría anulada gracias al descubrimiento entre 2.006 y 2.007 de dos mausoleos prácticamente intactos en el conocido como Corralón de los Blanes, datado uno de ellos -de fábrica similar a la vista en las tumbas de los Julios y Voconios, y propiedad de la liberta Publia Haline-, en el siglo I d.C., elaborado su compañero, de más de 4 metros de altitud, a base de sillares, ambos a la espera de ser puestos en valor en un futuro próximo, ampliando así el conocimiento del mundo funerario de la antigua Emérita Augusta cuyos ricos vestigios han podido hablarnos, tanto a través de las sepulturas como de los ajuares y elementos vinculados con ellas rescatados de entre las mismas -estelas, lápidas, aras, sarcófagos, cupae, cipos, hermes, retratos, lucernas, urnas, etc- de la vida cotidiana de aquel entonces, conformando una colección única en España de la cual sus elementos más destacados pueden disfrutarse entre las salas del MNAR, si bien un paseo por las calles de la capital extremeña nos invita a descubrir diversos elementos fúnebres, además de los edificios funerios descritos, que permanecen inscritos entre los rincones de la ciudad, con una pequeña muestra de aras, estelas y cupae simulando una necrópolis romana en el yacimiento de Los Columbarios (abajo), contabilizándose, según algunos autores, hasta más de trescientas piezas funerarias -fundamentalmente cupae y alguna estela- incrustadas en los muros de la alcazaba islámica emeritense (abajo, imágenes segunda a cuarta), adivinándose alguna cupa más junto a las bases orientales y falo protector del puente romano sobre el río Guadiana (abajo, imagen quinta), o entre las piezas que constituirían el refuerzo que frente a la llegada de los pueblos bárbaros se ejecutase en el siglo V sobre la muralla fundacional de la ciudad (abajo, imagen sexta), demostrando, una vez más, la reutilización de materiales y la solapación de unas etapas históricas sobre otras en una de las urbes más ricas en historia y patrimonio de Extremadura, y de España.



- Bibliografía recomendada:

- Historiografía de los aspectos funerarios de Augusta Emerita (siglo I-IV) (José María Murciano Calles).

- La necrópolis del puente. Revisión cronológica de un área funeraria poco conocida (José María Murciano Calles).

- El área funeraria oriental de Augusta Emerita: los solares de la "antigua Campsa" y "el Sitio del Disco" (Ana Mª Bejarano Osorio).

- El área funeraria del MNAR. Urbanismo, monumentalización y secuencia evolutiva (José María Murciano Calles y Rafael Sabio González).

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