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miércoles, 30 de diciembre de 2020

Imagen del mes: Portada de la Casa del Patio, en Talarrubias

 

Destacando sobre el desnudo encalado que luce el resto de la fachada, una portada de factura barroca protagoniza el frontal de la conocida como Casa del Patio, abierta sobre la céntrica avenida de Extremadura dentro del corazón poblacional talarrubiano, hoy propiedad consistorial, antaño presunto convento franciscano cuyo emblema monástico centra el panel cerámico que corona el dintel de la puerta de entrada,  superpuesto sobre éste a su vez un pequeño retablo en azulejos protagonizado por la Virgen María en su acepción como Inmaculada Concepción, eje de una composición arquitectónico-ornamental donde la azulejería es protagonista, usada igualmente ésta en los dos escudos que cierran en sendas esquinas supremas el diseño, así como sobre la cornisa y dentro de los tímpanos del frontón bipartido que sobre pilastras istriadas enmarcan el portón, siguiendo un dibujo donde la simbiosis entre la riqueza compositiva, la evolución de las formas clásicas, el triunfo del catolicismo contrarreformista y la publicidad nobiliaria, junto al empleo de un material económico, recuerda el gusto y el desarrollo del arte Barroco en la España post-imperial.

Talarrubias (Badajoz). Siglo XVIII; arte barroco. 

 

Arriba y abajo: siguiendo modelos ofrecidos en otras muchas portadas edilicias religiosas de la época, la Casa del Patio talarrubiana, presuntamente primitivo convento franciscano inserto dentro del casco urbano de tal población siberiana, llamado popularmente bajo esta nomenclatura por dar acceso su fachada a un patio interior, posible antiguo claustro del monumento, retoma aquella idea arquitectónica que presenta el inmueble conventual enmarcado entre columnas (arriba), pilastras en realidad, bases de un fingido entablamento sobre el que quedaría supeditado un frontón partido, abierto en pos del alojamiento de un también simulado híbrido entre espadaña y hornacina, sede de un pequeño retablo cerámico mariano compuesto de piezas cuadrangulares de 14cms. por lado, coronado con arco escarzano sobre el que descansan sendos pináculos laterales y céntrica cruz latina, rezando bajo él la epigrafía que ilustra al espectador, viandante o visitante sobre la compañía que regenta el lugar, Hermandad General del Reverendo Padre San Francisco, cumplimentada con sendos escudos de la orden monástica franciscana, figurando dentro del mismo epígrafe el blasón de las cinco llagas o heridas sangrantes de Cristo, así como bajo él, inserto en un gran panel cuadrilobulado enmarcado entre molduras y volutas (abajo), la divisa donde el brazo del santo fundador se entrecruza con el de Cristo,  compartiendo estigmas frente a la cruz los considerados primer y segundo Jesucristos, coronado el distintivo y bordeado con cordón franciscano, ocupando un espacio rectangular bordeado a la par por una serie de angelotes así como representaciones florales, lirios y azucenas, donde, sin olvidar la simbología mariana que ofrecen éstos, los tonos amarillos, verdosos, azulados y ocres permiten resaltar la labor ceramista por su colorido frente al blanco inmaculado del frontal del vetusto cenobio.

Abajo: repitiéndose dentro del panel cerámico la misma arquitectura, a base de pilastras y arco depositado sobre ellas, que en el exterior encuadra la obra pictórica, aparece centrando la ornamentación que presenta la talarrubiana Casa del Patio una imagen de María como Inmaculada Concepción ascendiendo a los cielos supeditada por el Espíritu Santo en forma de paloma blanca, acompañada de una corte celestial conformada por angelores y querubines, ofreciéndose, tal y como se creyó era descrita en el versículo 1º del duodécimo capítulo del Apocalipsis de San Juan, con la luna bajo sus pies e investida con aureola de estrellas, vestida a su vez con los tonos azulado y blanco que harían referencia respectivamente a su pureza y eternidad, rodeada la que fuese tomada como patrona por la orden franciscana en 1.621, de diversos elementos y simbología o armas marianas, nacidos fundamentalmente de las letanías o rogativas a la Madre de Dios, tales como la palmera -pináculo izquierdo-, la ciudad -base de la cruz de coronamiento-, la nave del mar  -pináculo derecho-, sol y luna - bases de las pilastras-, dispersos otros muchos de éstos entre la serie cerámica del entablamento y los paneles de azulejería que cumplimentan los espacios internos del partido frontón (abajo, siguientes), adivinándose en el friso, a la izquierda de la epigrafía de presentación de la casa, la fuente, la luna, el lirio y la estrella, con el pozo, el árbol, el ciprés, la rosa, la escalera de Jacob y nuevamente el sol, la ciudad y la nave del mar en la porción de tímpano que supedita este enclave de la portada (abajo, imagen tercera), observándose en el espacio paralelo el espejo, nuevos pozo, fuente y luna, o sendos huertos o jardines cerrados que, junto a la torre y la puerta o puente figuran por duplicado (abajo, imágenes cuarta y quinta), claro ejemplo de la amplia publicidad y férrea defensa de la advocación concepcionista llevada a cabo por los seguidores de San Francisco de Asís a través de su prédica, ya fuese haciendo uso para ello, como en el caso de Talarrubias, del arte depositado sobre la portada de su propia casa.

 

 

Arriba y abajo: cumplimentando el diseño arquitectónico, siguiendo el paralelismo que a partir de la puerta de acceso se da en todo el frente de la obra, además de los elementos que constituyen la composición clásica, como el pareado de columnas o las volutas sobre régula y gotas que las superponen, o los vanos abiertos al espacio público ofrecidos también en dúo y práctica simetría, así en ojos de buey junto al frontón, ventanales rectangulares enrejados cercanos al pie de calle, destacan hermanados en sendas esquinas superiores dos marcos cuyos interiores albergan llamativos ejemplares heráldicos timbrados con cascos (arriba), nuevamente en coloridos paneles cerámicos atribuidos, como el resto de obra en azulejería, a algunos de los talleres que dedicados a esta industria artesana se enclavasen en la Sevilla barroca dentro del barrio de Triana, próximo según diversos autores al artista ceramista bautizado como Maestro de Palma Gallarda, bien proviniendo de su mismo alfar o de alguno relativo a su círculo creativo alrededor de los años 20 del siglo XVIII, fecha en que se eregiría la casa para la que la obra pictórica fuese destinada, bajo posible mecenazgo de las familias nobles allí mismo representadas, correspondiendo el blasón sito a la izquierda del espectador a la familia Arias Ribadeneira Zúñiga, asentada por tal fecha en la localidad talarrubiana, siendo D. Sebastián de Arias Ribadeneyra nombrado capellán del Duque de Béjar, señor éste, poseedor a su vez del título de Vizconde de Puebla de Alcocer, del lugar, dándose así una relación señorial entre ambas localidades que muy posiblemente también se ejerciese en lo religioso, levantado en el siglo XVI en la Puebla un convento franciscano bajo la advocación de Santa María de la Paz, más conocido como de San Francisco, dependiente de la Provincia de los Ángeles que fundase a fines del siglo XV Fray Juan de la Puebla, vinculada fundamentalmente con localidades del Norte de las provincias de Córdoba y Sevilla cercanas a Belalcázar, de donde el reformador llegase a poseer antes de su conversión monacal la propiedad del título condal, pudiendo depender el inmueble monacal talarrubiano del convento alcocereño, quizás abierto más el primero como casa-enfermería franciscana que como propio cenobio de la orden en sí, llamando la atención, además de la no constatación de fundación franciscana en el lugar, la respuesta remitida desde la localidad talarrubiana ante el Interrogatorio de la Real Audiencia de Extremadura de 1.791, negando la existencia de convento alguno en la población, confirmando sin embargo la presencia de un hospital, corriendo quizás finalmente la Casa del Patio la misma suerte que el convento de la Puebla, víctima del proceso desamortizador que acabaría en el siglo XIX con la práctica totalidad de inmuebles monacales a nivel tanto regional como nacional.

Abajo: si bien el uso de la azulejería en portadas y exteriores de edificios erigidos bajo las directrices del arte Barroco es ampliamente empleado, dentro de la Península Ibérica, en tierras portuguesas, despuntando en España en zonas como la andaluza, aunque no sea Extremadura una región que destaque en este respecto en el panorama nacional, ejemplares como el preservado en la Casa del Patio talarrubiana permiten poder saborear dentro de nuestra comunidad una extraordinaria pieza sin que el muestrario, sin embargo, se quede en Talarrubias, pudiéndose descubrir la utilización de azulejería y paneles cerámicos en diversas portadas barrocas instaladas a lo largo de nuestra geografía, vinculadas tanto a edificios civiles o palaciegos, como a otros de variado uso religioso, observándose en la misma comarca de La Siberia e inmediata localidad de Puebla de Alcocer el empleo del azulejo como ornamentación en dos obras edilicias fechadas entre los siglos XVII y XVIII, conocidas como casas de los Arévalo y de los Chacones (abajo, y siguiente), sitas en las calles San Francisco y Pedregosa respectivamente, repitiéndose el uso del frontón partido sobre entablamento y pilastras visto en el primitivo cenobio talarrubiano, también dado en la igualmente Casa de los Chacones, o popularmente del Conco, dentro del casco histórico de Herrera del Duque (abajo, imagen tercera), ubicada en la calle de San Juan y vinculada con la Encomienda de Alcántara, coronada su fachada con dos azulejos heráldicos, pertenecientes respectivamente a la Orden franciscana -simbiosis entre sus dos blasones- y al Santo Tribunal de la Inquisición -sobre cruz dominica-, custodiando éstos un retablo cerámico dedicado, tal y como se hace mención en el mismo, a la Virgen del Rosario -Regina Sacratissimi Rosari ora pronobis-, representada María como Theotokos acompañada de Santo Domingo de Guzmán y un orante -posible mecenas de la obra-, observándose no lejos de allí, en la herrereña calle Convento y portada abierta a los pies de la antigua iglesia del que fuese Convento franciscano de la Purísima Concepción, dos paneles de azulejería barroca más (abajo, imagen cuarta), centrados respectivamente cada uno por sendos emblemas representativos de la Orden fundada por el santo de Asís.



Abajo: permitiendo los modelos de Talarrubias, Puebla de Alcocer y Herrera del Duque situar La Siberia extremeña en cabeza a la hora de examinar el uso de la azulejería como ornamentación entre las portadas diseñadas o cumplimentadas bajo las directrices del arte Barroco de nuestra región, el resto de ejemplares, sin que falten muestras en la provincia de Cáceres, así en la ermita de San Antonio de la Quebrada, reformada a partir del siglo XVII e inscrita dentro del primitivo barrio judío intramuros de la capital provincial (abajo), florecen progresivamente según se acorta la distancia con la frontera andaluza, siendo posible contemplar en la calle Mesones de Azuaga, sin olvidar la estrella y el panel que en el nº 59 de igual vía luce blasón ocupado por la cruz de la Orden de Predicadores o dominica, una reseñable muestra del uso del azulejo barroco en la fachada numerada con el número 55 (abajo, siguiente), donde el arte de algún posible alfar trianero se exhibe no sólo en el zócalo a pie de calle o en aquél friso inscrito en la cenefa ubicada bajo la cornisa que corona el frontal, sino fundamentalmente en dos retablos cerámicos que culminan la puerta de acceso a la casona, ocupado con elaborada heráldica el izquierdo, mostrando el derecho nuevo escudo familiar junto a la representación de María entronizada, siendo Santo Domingo de Guzmán quien, también dentro de la Campiña Sur, portando libro, azucenas y báculo con estandarte, acompañado de perro con antorcha encendida en su boca, ocupe la hornacina que dentro de un frontón partido y bajo la espadaña del lugar, centre la portada barroca de acceso a la ermita dedicada a tal santo burgalés en la localidad de Berlanga (abajo, imagen tercera), si bien será en Jerez de los Caballeros, cuyo antiguo Hospital de enfermos pobres luce sobre su dintel un azulejo, atribuido como la obra talarrubiana al círculo del trianero Maestro de Palma Gallarda, dedicado a San Miguel Arcángel triunfante sobre el maligno (abajo, imagen cuarta), donde podamos apreciar el que es posiblemente mejor ejemplo de contribución del azulejo a la portada barroca en Extremadura, llamando la atención dentro del retablo que presenta el acceso a la parroquia de San Bartolomé (abajo, imágenes quinta a séptima), los cuatro grandes paneles cerámicos que, como en Sevilla pudiera verse en el frente de la iglesia del Hospital de la Caridad, destacan por su dibujo azulado sobre fondo blanquecino mostrando, de izquierda a derecha y arriba a abajo, a San Antonio Abad, San Diego de Alcalá, San Antonio de Padua y San Francisco de Asís, sin que falten otras representaciones religiosas cerámicas cumplimentando el diseño arquitectónico, advirtiéndose entre baldosines ocupados por aves, flores, astros, cabezas femeninas o escenas que recuerdan a aquéllas llamadas de género, dos estampas de San José con el Niño, así como de la Virgen de la Candelaria, figurando el corazón agustiniano sobre el pétreo angelote que, labrado en el dintel de entrada, saluda al feligrés que dirige sus pasos hacia el interior de uno de los principales templos de la localidad.

miércoles, 24 de octubre de 2018

"El misterio del catedrático de Historia Antigua"


"El misterio del catedrático de Historia Antigua" ya vio la luz. El pasado sábado, día 20 de octubre, tuvo lugar a las 19.00 horas la presentación de la obra en el Centro de Interpretación "Sierra de Santa Cruz", ubicado en la Plaza de España de la localidad de Santa Cruz de la Sierra (Cáceres). Dirigida por Miguel Urbina, autor del blog Rutas por Extremadura, y recibidos por la alcadesa del municipio, Dña. María Belén Corredera Miura, los presentes pudieron conocer un poco más sobre el monumento santacruceño más significativo, el Convento agustino o de San Joaquín, así como la realidad del rico patrimonio histórico-artístico extremeño olvidado, todo antes de la propia exposición del libro en sí, llevada a cabo por su autor: Jesús López Gómez.

Dirigida la fabulosa muestra sobre el patrimonio olvidado por mi colega bloguero y amigo personal Rubén Núñez, autor del blog Cáceres al detalle, sería encargado a Extremadura: caminos de cultura el acercamiento al público de la historia y edificio de lo que fuese el, hoy en día arruinado, convento agustino de Santa Cruz, sobre el cual ya se hablaría tiempo atrás a través del mismo blog en una entrada publicada en 2.011. Ambos temas serán abordados por mi también amigo personal y colega bloguero Jesús en su nueva publicación, una novela donde la arqueología, el patrimonio cultural, el crimen y el misterio se dan cita y de la que sólo os adelantaremos la que consideramos excelente dedicatoria.


Desde este espacio en la red, agradeciendo una vez más a Jesús el haber querido contar con Extremadura: caminos de cultura para la presentación de su segunda obra, le remitimos al autor nuestra más sincera enhorabuena y los mejores deseos para con la misma, esperando que sea el segundo título de una larga lista de trabajos publicados por este andaluz que ha hecho de Extremadura su hogar.


Significativamente, y a pesar de que la lluvia impidió finalizar la jornada con una visita cultural por el casco urbano de Santa Cruz de la Sierra, dirigidos por el investigador Agustín Melchor Terrón, se dio casualmente la ocasión de poder disfrutar de algunos elementos muebles vinculados con la historia y el patrimonio de lo que fuese el Convento agustino de San Joaquín. Así, en el propio Centro de Interpretación donde tuvo lugar la presentación se encuentra depositado el brocal del conocido como "pozo milagroso", tiempo atrás enclavado en el crucero de la iglesia conventual hasta que, a raíz de un intento de robo del mismo, fuese donado al municipio. Igualmente y a pesar de suspenderse el paseo cultural, pudo llevarse a cabo una visita a la Parroquia de la Vera Cruz, sita también en la santacruceña Plaza de España, en cuyo interior se albergan, desde que los agustinos convento e iglesia adyacente fuesen desamortizados en el siglo XIX, una serie de bienes inventariados antaño en mencionado templo, destacando entre ellos la escultura granítica de San Joaquín, que un día saludó a los creyentes que se acercaban a la capilla monacal desde la hornacina que ocupaba en la fachada principal del monumento. Un retablo pétreo, hogar de una imagen de San José, muestra labrado en un ornamental medallón superior el corazón asaeteado y ardiente, emblema de la orden agustina, que permite poder vincular este bien con la congregación que un día se asentó en el municipio. El Cristo del Perdón, hoy permutado por una imagen de nueva talla debido al mal estado de conservación del original, la Virgen de la Consolación o a la Inmaculada Concepción, se suman a la lista de bienes rescatados, entre los que sobresale por la devoción popular que alcanza la efigie de Santa Rita, patrona del lugar celebrada cada 22 de mayo.







martes, 29 de mayo de 2018

Imagen del mes: Retablos cerámicos de las capillas laterales del Monasterio de Tentudía


Eclipsadas por el retablo que engalana la capilla mayor, atribuido al artista italiano afincado en Sevilla Niculoso Pisano, cuentan las dos capillas laterales de la iglesia del Monasterio de Tentudía con sendas exquisitas obras cerámicas hermanas entre sí, tesoros de la azulejería sevillana que muestran a san Agustín en la capilla de los Maestres, así como a Santiago en su versión como Matamoros en el oratorio a la que el santo da nombre, atribuidos al maestro ceramista Cristóbal de Augusta de cuyo taller posiblemente procederían también los azulejos que recubren el sepulcro del maestre santiaguista Pelayo Pérez Correa al cual, según cuenta la leyenda, le serían escuchadas sus plegarias a la Virgen María, concediéndosele en pro de ayudarle a ganar la batalla que se estaba dando en las cercanías del lugar contra los sarracenos la detención del sol y prolongación de las horas diurnas del día.
Calera de León (Badajoz). Siglo XVI; estilo renacentista. 


Arriba y abajo: ubicada junto a la capilla mayor, culminando el lado del evangelio de la iglesia del monasterio de Tentudía, cierra la capilla de los Maestres, nombrada así por permanecer enterrados en ella diversos maestres de la Orden santiaguista, un retablo cerámico compuesto de altar y panel sobre él (arriba), centrando el compendio de azulejería la imagen de san Agustín de Hipona caracterizado con atuendo episcopal y acompañado de atributos propios de la iconografía de esta figura religiosa, tales como el báculo, la mitra, la pluma como Doctor y una iglesia en maqueta como Padre eclesiástico (abajo, siguiente), siendo la figura de santa Catalina de Alejandría la que centre a su vez el frontal del altar, coronada por su origen noble, portando palma de martirio y rodeada de la simbología intrínseca a su leyenda, como son la rueda dentada, la espada y la cabeza cortada del emperador Maximino Daya, quien la mandase ejecutar (abajo).



Abajo: de igual manera que en el lado del evangelio, el lado de la epístola se ve culminado con una capilla conectada al altar mayor, conocida como del comendador Juan Zapata o más popularmente como de Santiago por ser ésta la figura religiosa que protagoniza el panel de azulejos que centra el retablo cerámico que preside la sala, representado el Apóstol en su versión de Matamoros, basada en las crónicas medievales que lo situarían en la batalla de Clavijo, vestido como soldado montado a lomos de un blanco corcel que galopa sobre los restos inertes de los enemigos musulmanes, acompañado del emblema de la Orden Militar a la que da nombre y bajo cuya custodia se encontraba el monasterio, bélica visión contrapuesta a la serenidad de la Virgen con el Niño que centra el frontal de altar, de pie sobre la luna apocalíptica y embuelta en aura.






Abajo: mientras que la temática del panel de azulejos, así como el tema del medallón central del frontal del altar, difiere en cada uno de los retablos laterales, se repite entre ambos y sin embargo no sólo el diseño y constitución general de las obras cerámicas, sino inclusive el motivo que guardan las cenefas que bordean tanto los paneles principales (abajo, siguientes primera y segunda) como los frentes (abajo, tercera), así como los rellenos de los frontales (abajo, cuarta) y laterales de las aras (abajo, quinta y sexta), donde la ornamentación fundamentalmente de tipología vegetal se multiplica a modo de caleidoscopio, con decoración a vivos colores ejecutada bajo la técnica del azulejo pintado, también conocida como técnica pisana.







Abajo: basándonos tanto en la técnica cerámica como en el diseño tomado y motivos representados en sendas series de azulejos, podría decirse que tanto las cenefas que decoran los escalones de subida al retablo de Santiago (abajo, siguiente), como el recubrimiento azulejístico que sella la tumba del maestre Pelayo Pérez Correa en la capilla mayor, fueron realizados al igual que los retablos laterales por el maestro ceramista Cristóbal de Augusta, o bien creados en su taller sevillano, de donde saldrían los zócalos de los salones del Alcázar hispalense, considerados obras maestras de la azulejería renacentista española.




Abajo: vista exterior del Monasterio de Tentudía, declarado Monumento Histórico-Artístico, actualmente Bien de Interés Cultural, según decreto publicado en la Gaceta de Madrid nº 155, de 4 de junio de 1.931.

sábado, 31 de marzo de 2018

Imagen del mes: Capilla del Convento de Nuestra Señora de los Ángeles (Convento de Carmelitas), en Badajoz


Comenzada la construcción de la iglesia a comienzos del siglo XVIII bajo disposición del Teniente General D. Alonso de Escobar, ampliada y enriquecida artística y ornamentalmente gracias al patrocinio del obispo Amador Merino Malaguilla tras su llegada a la ciudad en 1.730, la capilla del Convento de Nuestra Señora de los Ángeles, más conocido como Convento de Carmelitas, ofrece dentro de sus menudas proporciones uno de los más llamativos y genuinos conjuntos decorativos barrocos de la región, auténtica puerta a un pasado donde lo militar, lo popular y lo religioso se entremezclaban en un bullicioso casco antiguo pacense que, entre murallas, veía correr el paso del tiempo y el devenir de la historia asomado al río Guadiana.
Badajoz. Siglo XVIII; estilo barroco.


Arriba y abajo: de una sola nave, separados del cuerpo central el cabecero por arco toral y los pies por sustentorio arco del coro alto, presenta la capilla del Convento de Carmelitas una decoración homogénea de claro gusto barroco donde, bajo una clara tendencia al horror vacui y a la proliferación de elementos ornamentales, destacan los retablos laterales que complementan la sacra labor del altar mayor, tres de ellos en el lado del evangelio custodiados por arcos de medio punto y pilastras centradas por espejos pintados, ofreciendo en sus respectivas hornacinas a san Juan Nepomuceno (arriba), la Piedad y Nuestra Señora del Carmen (abajo), el primero de ellos en capilla propia cubierta con bóveda de arista y rodeada de pinturas relativas a la vida del párroco checo, reservada a la Adoración Eucarística durante la celebración de la Semana Santa.




Arriba y abajo: una bóveda de cañón decorada con simulados casetones pintados une en el cuerpo central de la capilla sendos muros de evangelio (arriba) y epístola (abajo), de similar diseño arquitectónico y reiterado planteamiento decorativo dirigido a la exaltación del Carmelo, repitiéndose bajo la cornisa de la que nace la cobertura una seriada guirnalda labrada en madera entre la que quedan cosidos medallones con cabezas de santos relacionados con la Orden que asoman sobre la clave de los arcos, lienzos sobre la vida de Santa Teresa de Jesús sobre las pilastras centrales, rompiendo con el paralelismo la presencia de dos ventanales en el lado contiguo a la vía pública en porciones del muro destinados a ubicación de púlpito y confesionario respectivamente, colocándose como cierre decorativo del enclave inconexo lienzos con las imágenes de san José, Buen Pástor Niño o Inmaculada Concepción, mientras que bajo el arco más cercano al altar, de igual manera que en la pared enfrentada, un cortinaje en trampantojo engloba un retablo cuya hornacina queda dedicada a santa Teresita.



Arriba y abajo: bajo sencilla bóveda de crucería, el presbiterio o cabecero del templo, considerada porción del templo subsistente de la original obra encomendada por D. Alonso de Escobar una vez prolongado el edificio por orden del obispo Malaguilla, encierra entre sus muros, profusamente decorados con pintadas volutas y motivos vegetales entremezclados entre los que destaca, frente al vano abierto en el lado de la epístola (abajo), un lienzo dedicado al santo titular del obispo benefactor, donde los sarracenos someten a martirio al mozárabe san Amador (arriba), el retablo mayor de la iglesia, financiado por el Capitán General de la Provincia D. Feliciano Bracamonte, venerada en su hornacina principal la talla de Nuestra Señora de los Ángeles, original del siglo XVII y ya idolatrada en el beaterio del que surgiría el posterior convento, a la que se superpone en el cuerpo superior la imagen de San José, rodeados ambos por pareados santorales franciscano y carmelita, con san Francisco de Asís y san Antonio de Padua en el cuerpo superior, y santa Teresa de Ávila y san Juan de la Cruz en derredor de la escultura mariana.




Arriba y abajo: ubicada a los pies del templo y bajo el coro alto del conventual, la pila benditera de la capilla carmelita muestra sobre una simulada venera de amplias proporciones, labrada en mármol veteado de claras tonalidades (arriba), el escudo de la Orden del Carmelo enmarcado entre suaves relieves de lozanas flores, repetido éste junto al blasón del Obispo Malaguilla sobre la portada de acceso a tal recinto sacro (abajo), abierta la puerta bajo dintel y pareado de pináculos piramidales a la calle del Capitán General Felipe de Arco-Agüero, en pleno corazón del casco antiguo de Badajoz.



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