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jueves, 30 de septiembre de 2021

Imagen del mes: Templo romano de la Cilla, en las ruinas de Talavera la Vieja

 

Sentenciado a permanecer la mayor parte del tiempo oculto bajo las aguas del pantano de Valdecañas, finalizada en 1.964 la presa bautizada como Salto de Valdecañas entre los términos municipales de Belvís de Monroy y Valdecañas del Tajo, la bajada puntual del caudal embalsado permite, cuando desciende del 35% de su total capacidad hidráulica la laguna artificial, volver a descubrir lo que fueran las calles, plazas y rincones del pueblo de Talavera la Vieja, popularmente conocido como Talaverilla, asomando entre los vestigios y ruinas de sus vetustas viviendas e inmuebles el único monumento aún en pie in situ de la población, respetado por su condición de monumento nacional y conocido como Templo de la Cilla, perteneciente al que fuese foro municipal de la antigua población romana de Augustóbriga sobre cuyos restos se erigiera en el siglo XV la posterior población talaverina.
 
  Ruinas de Talavera la Vieja, hoy inmersas en el término municipal de Bohonal de Ibor (Cáceres). Siglo II d.C.; declarado, junto al resto de ruinas romanas de Talavera la Vieja, como Bien de Interés Cultural (antiguo monumento histórico-artístico; Gaceta de Madrid nº 155, de 04 de junio de 1.931). 
 
 
Arriba y abajo: ubicado originalmente frente al conocido como Templo de los Mármoles, hoy en día considerado éste como pórtico de la curia desde que tal teoría fuera defendida por el arqueólogo y erudito José Ramón Mélida y Alinari, el llamado Templo de la Cilla formaría junto al anterior y, presuntamente, otro ejemplar edilicio religioso sito a levante del presente, el compendio arquitectónico forense de que constaría el área pública principal de la población romana de Augustóbriga, fechados tales bienes en el siglo II d. C. y erigidos, posiblemente, a raíz de la declaración de la urbe como municipio durante el gobierno, a fines del siglo I d.C., de Vespasiano, circundado tal espacio central a poniente, a levante y a mediodía por una columnata de delimitación y cierre dentro de la cual, entre los dieciocho ejemplares que constituyesen tal flanco sureño, se inscribirían las columnas presentadas en el frente del presente edículo (arriba), ofreciendo primitivamente éste una escalinata de subida al sacro inmueble que desembocaría en el cuarteto original de columnas que hacían de este templo un ejemplar de tipología tetrástila y próstila -con cuatro columnas en su portada y ausencia de éstas en el resto de flancos del edificio-, alineadas sobre la linde septentrional del podio de sustentación, posteriormente engullidas entre los muros que, aprovechando las ruinas del edificio, convirtieran el vetusto bien en el siglo XVI en silo de los Condes de Miranda, señores de la población, adivinándose aún los huecos que las tres conservadas por entonces ocuparon en la posterior obra (abajo, y par siguiente) tras ser éstas extraídas a fin de ser salvaguardadas de la inminente inundación a la que aún hoy se ve sometido el monumento, apreciándose igualmente el corazón de la escalera elaborado a base de opus caementicum cercano al opus incertum (abajo, cuarta imagen), desaparecidos los presuntos escalones graníticos de subida al templo, resultando del robo de materiales y desgaste de la fábrica edilicia una bóveda abierta conocida popularmente por los talaverinos como la leonera (abajo, quinta imagen), por ser de creencia popular que fuera éste el enclave donde los romanos encerrasen aquellos leones que fueran a ser usados porteriormente en los espectáculos circenses, tal y como siglos más tarde guardase el ganado ovino de los vecinos, también afamada entre los propios del lugar aquella leyenda que aseguraba ser en éste punto -o en los bajos del templo- donde fueran aprisionados los niños Vicente, Sabina y Cristeta durante la persecución religiosa ejecutada por el emperador Diocleciano antes de su huida a la sierra y posterior ejecución en Ávila, basándose en la consideración de la primigenia ciudad romana como la Ebura de la que eran originarios los santos infantes -hoy identificada con Talavera de la Reina-, sin que falten incluso voces que afirman ser los fragmentos de fuste liso preservado dentro de la naos del templo aquella columna a la que fueran éstos atados durante tal cautiverio (abajo, imagen sexta), posiblemente trasladado desde algún otro punto de la localidad, sabiéndose de fustes estriados -quizás primigeniamente estucados- y compuestos de tambores de 0,80 mts. de diámetro las columnas pertenecientes al templo, de orden corintio según Mélida en base al diseño de sus basas, expuestas a raíz de la desmantelación de la población en 1.963 junto al puente que supera las aguas del pantano de Valdecañas (abajo, imagen séptima), en su orilla izquierda y anexas a la carretera EX-118 -entre Peraleda de la Mata y Bohonal de Ibor-, donde hoy en día pueden visitarse, a fin de poder apreciar este retazo arquitectónico en todo momento, rememorando el templo del que derivan y que habitualmente permanece sepultado bajo el caudal del inmediato embalse.



 
 
 
 
 
 
Arriba y abajo: preservados entre los vestigios de la escalinata de subida al templo los sillares que, inscritos en el arranque de la obra sobre la línea del terreno donde se asienta -avidinándose gracias a la pérdida de material el dibujo a base de opus caementicium que supusiera los cimientos del edificio-, sirvieran de moldura delimitatoria, así como, gracias a su labrado, al desagüe de las aguas de lluvia (arriba), tal y como puede observarse en otros templos romanos de la región, así en el emeritense de Diana o en el frente del llamado de Piedras Labradas, en el término de Jarilla, puede observarse igualmente el uso de moles graníticas en las esquinas del podio del inmueble (abajo), a modo de refuerzo arquitectónico dispuesto a soga y tizón, diseñado tal basamento en planta rectangular, con 8,86 metros de anchura y 23,31 metros de longitud si incluimos la semidesaparecida escalinata de subida (abajo, siguiente), salvando ésta los 2,35 metros de alzado elaborados a base de sillarejo y mampostería, semejante a la observada en el podium de otros edículos similares, así en el templo romano de la lusa Évora, ejecutándose sobre éstos y una vez perdida la fábrica edilicia que supusiera las paredes de constitución de la naos del templo, los muros de sillarejo (abajo, tercera imagen) que, alcanzada la Edad Moderna, complementarían la obra a fin de reconvertir la misma en el pósito del lugar, apreciándose en el flanco de poniente las aspilleras que permitieran ventilar el interior del hórreo en que quedase convertido el vetusto inmueble (abajo, imagen cuarta) -posible intento de labrada saetera en el flanco sureño, sustituido por una abertura entre piezas graníticas en tal muro (abajo, imagen quinta)-, descubriéndose en el flanco levantino y punto más cercano del antiguo edículo a la iglesia parroquial de San Andrés (abajo, imagen sexta) una cruz labrada entre una de las piezas que conformasen la prolongación edilicia de la construcción (abajo, imagen séptima), viniendo ésta seguramente a verificar la cristianización del que fuera antaño enclave de adoración pagana, reconvertido tras su empleo como depósito cerealístico en calabozo municipal, prisión de detenidos durante la última contienda civil vivida en España.









Arriba y abajo: observándose en el muro central conservado en el interior de lo que fuera templo romano la misma fábrica edilicia a base de mampostería que compone la cara interna de los bajos y presunto arranque original de las paredes que suponen los flancos del inmueble (arriba), podría suponerse ser éste también un vestigio arquitectónico original del primitivo monumento, a modo de separación (abajo) entre el espacio que supusiera la pronaos del templo (abajo, siguiente), y la naos o cella del mismo (abajo, imágenes tercera y cuarta) destinada a acoger la imagen de la deidad aquí adorada, Júpiter Óptimo Máximo en este caso y según teoría aportada por el prestigioso arqueólogo y epigrafista alemán Emil Hübner, basándose en una inscripción hallada en las cercanías del santuario dedicada al rey del Olimpo, posiblemente colmatados en sus inicios los espacios internos de sendas porciones del podio con material térreo hasta la altura máxima del mismo, así visto en otros templos donde la carencia de sillares o capas de opus caementicum fueran suplidas por una agalmana de tierra y cantos -caso del templo dedicado a las divinidades acuáticas inscrito en el yacimiento de Contributa Iulia, junto a Medina de las Torres-, esparcidos hoy en día en su interior vestigios pétreos resultantes del abandono y semiperenne inundación que sufre el bien, provinientes de la prolongación que de los muros se dispuso en el siglo XVI, entre cuyo diseño -sabiéndose por lo apreciado desde el exterior como línea de partida de los mismos la franja en que se ubican las saeteras o ventanales abocinados (abajo, imagen quinta) incluidos en el edificio-, puede atisbarse una bandeja en todos los laterales del basamento, así como oquedades en éstos e inclusive el murete central de separación (abajo, imágenes sexta y séptima), diseñadas probablemente a fin de sujetar un entramado maderero que sirviera de separación entre el sótano del silo y la zona de almacenaje donde preservar el grano aquí depositado, alejándolo de la humedad del terreno y permitiendo, gracias a las aspilleras, la ventilación de tal habitáculo inferior.







 
Abajo: elevándose como único edificio, a pesar de su abandono y ruina, aún en pie entre los inmuebles que antaño conformasen el entramado urbano de que constase la población de Talavera la Vieja (abajo), la declaración en 1.931 como monumento nacional del que fuera templo de la Cilla, junto al resto de vestigios romanos conocidos hasta entonces del que fuese municipio romano de Augustóbriga, suponía un reconocimiento a la valía de la herencia latina preservada en este enclave anexo al río Tajo, ya puesta en valor en el siglo XVI a través de una ordenanza municipal, sita entre las pioneras de tal orden a nivel nacional, que perseguía la conservación de tales monumentos, conocido además del área forense un destacado tramo de muralla primitiva rehecha posteriormente por los musulmanes, así como restos de alguna vivienda en las cercanías del área forense, apenas investigado tal legado arqueológico mediante métodos científicos poco antes de la inundación del lugar, sabiendo sin embargo con creces la población talaverina la abundancia y valor de éste, reutilizados en no pocos casos muchos de los elementos preservados en la construcción de las viviendas que, reaprovechando inclusive buena parte del entramado ortogonal original de la ciudad romana, posiblemente inclusive su sistema de alcantarillado o cloacas (abajo, siguiente), se distribuyeran a lo largo de las nuevas calles de la población cristiana, adivinándose entre los cascotes de lo que fuesen inmuebles de la extinta localidad cacereña sillares de tintes latinos, antiguas aras (abajo, imágenes tercera y cuarta), o tambores horadados a fin de reconvertirlos en pequeños abrevaderos o pesebres (abajo, imagen quinta) -como tuve el placer de observar in situ junto a mi amigo y colega bloguero Jesús López, que describiría fabulosamente nuestra visita a las ruinas talaverinas en un estupendo artículo publicado en su blog "Extremos del Duero": http://extremosdelduero.blogspot.com/2021/09/talaverilla-el-afan-de-vivir.html-, destacando entre todos los elementos augustobrigenses conservados a día de hoy el que durante siglos fuera considerado templo de los Mármoles (abajo, imagen sexta), expuesto junto a los pilares preservados del templo de la Cilla  y llamado así por considerar los lugareños de tal material lo que en realidad eran columnas graníticas rebozadas de un estuco brillante ante la acción solar, así como algunos elementos muebles mostrados en la primera de las dos salas dedicadas a Roma del Museo de Cáceres, donde, junto a tres retratos marmóreos descubiertos en 1.952 y fechados en el siglo I d.C. (abajo, imagen séptima), uno femenino y dos varoniles, luce una inscripción donde se hace mención al pueblo de Augustóbriga (abajo, imagen octava), permitiendo ésta verificar la identificación del yacimiento talaverino con tal municipio romano, inscrito en plena vía de unión de Emérita Augusta -Mérida- con Caesaragusta -Zaragoza-, a través de Tolletum -Toledo-, llamada oficialmente Iter ab Emerita Caesaragustam o vía Viginti Quinque Hispanica, trazada en época augustea y considerada una de las más relevantes de la Hispania romana.









Abajo: repartidos hoy los terrenos que supusieran antaño el término municipal de Talavera la Vieja entre las localidades cacereñas de Bohonal de Ibor y Peraleda de San Román, es justamente en la vía de unión existente entre ambas localidades, denominada EX-387, donde encontramos el camino que permite acercarnos a las ruinas urbanas de la antigua población talaverina, tomando para ello la vereda que nace a las puertas de la finca Los Ángeles (abajo), sita en la vertiente septentrional de tal carretera, debiendo discurrir en todo momento hacia el Norte y valle del río Tajo, ocupado en este punto por las aguas del embalse de Valdecañas, no tardando la vista en atisbar, cuando las aguas así lo permiten, los retazos edilicios del pueblo una vez alcanzado el terreno carente de vegetación (abajo, siguiente), esperando en sus momentos de emersión al visitante que desee recorrer una vez más sus calles y perderse entre sus rincones, susurrándole entre sus despojos hebras de una historia pasada, de la que se niega a desprenderse, como se niega, en su semiperenne ahogamiento, a morir.


lunes, 6 de septiembre de 2021

El periódico HOY se hace eco de la publicación del libro "Templos romanos de Extremadura: álbum fotográfico"

 

El pasado día 4 de septiembre era incluida en la edición en papel del extremeño periódico HOY una noticia a través de la cual se hablaba de la reciente publicación del libro "Templos romanos de Extremadura: álbum fotográfico". Formando parte desde unas horas antes, a fines del día 3, en la versión digital, gracias a la entrevista ofrecida al periodista Evaristo Fernández de Vega se divulgaba la creación y existencia de esta obra, vinculada desde sus orígenes con el presente blog. Extremadamente satisfechos con el reconocimiento de este trabajo, así como con la divulgación que, una vez más, logramos ejercer sobre el patrimonio menos conocido de la región, queremos compartir con vosotros no sólo el hecho en sí, sino inclusive el artículo que el diario ofreciese a sus lectores, honrados con poder salir entre las páginas del mismo, así como enormemente agradecidos tanto a Evaristo Fernández como a HOY por haber puesto su mirada en este álbum, destinado a promocionar nuestra herencia romana y excelsa valía patrimonial de Extremadura. Esperamos que os guste.

https://www.hoy.es/extremadura/templos-romanos-region-20210903201655-nt.html

"Un extremeño medio raramente tendrá dificultad para recordar el nombre de un templo romano. Tener en la ciudad de Mérida el popular Templo de Diana facilita bastante las cosas. Pero no resultará tan sencillo si en lugar de un templo, hablamos de dos, tres o cuatro.

Samuel Rodríguez Carrero no se considera una excepción. Durante muchos años apenas supo de la existencia del Templo de Diana, pero su curiosidad por la historia y el arte –es autor del blog 'Extremadura: Caminos de cultura', colabora con el programa de televisión 'El Lince con Botas' y en 2019 descubrió un dolmen en la Dehesa Boyal de Arroyo de la Luz– le ha permitido sacar a la luz una obra en la que muestra los templos romanos que salpican la geografía extremeña.

Tanto las fotografías como los textos son obra suya y permiten acercarse a una realidad que en ocasiones resulta desconocida. «Los dioses clásicos una vez vivieron en Extremadura. Júpiter, Marte o Minerva fueron idolatrados en las tierras que hoy conforman nuestra región, rezados e invocados por los que fueran habitantes de estos lares», asegura.

A ese lejano mundo se acercó con curiosidad hace tiempo y después de estudiar a fondo esa realidad cree que los extremeños debieran sentirse orgullosos de los templos romanos que conservan.

Rodríguez Carrero, que estudió Turismo por la UEx y es funcionario en la Fiscalía de Badajoz, reconoce que en la ciudad en la que vive y trabaja no existen ejemplos de este tipo. «Aquí tenemos el yacimiento de La Cocosa, cerca de Valverde de Leganés, y la villa de Las Tomas, que está junto a las naves de Hierros Díaz, en la carretera de Madrid. Pero se trataba de villas, que eran como los cortijos de hoy, situados junto a las explotaciones agrarias o ganaderas de aquella época».

En 'Templos romanos en Extremadura', publicado por Editamás, habla de 15 enclaves que han sobrevivido al tiempo . El Templo de Diana, afirma, es el que mayor cantidad de turistas atrae, si bien aclara que fue sometido a un importante proceso de reconstrucción. «De algunos templos no tenía ni idea, como el de Fuentidueñas, que está a las afueras de Plasencia, o el Nertóbriga, en Fregenal de la Sierra. Realmente cuando pensamos en los dioses grecolatinos nos resulta algo ajeno y exótico, pero realmente fueron idolatrados aquí», añade.

Ahora que los conoce, Samuel destaca el valor del Templo de Alcántara. «Es el mejor conservado de todos, una joya que se levantó cuando se teminó la obra de ingeniería, pero queda eclipsado junto a un puente tan importante».

Acercarse a esos 15 templos le ha permitido extraer algunas conclusiones. «Me encantaría poder mirar por un agujerito para asomarme a aquella época. Pero realmente no me gustaría vivir allí, en el mundo romano existía la esclavitud». También encuentra diferencias importantes entre la religión actual y la que se practicaba entonces. «Los romanos hacían una especie de contrato con los dioses. Realizaban ofrendas en el templo y a cambio esperaban recibir favores. Es distinto a la religiosidad cristiana, en la que se reza a Dios pero la base está en que uno debe ser buena persona»."

martes, 23 de marzo de 2021

Templos romanos de Extremadura: ya a la venta

 

Estimados seguidores y visitantes del blog: el libro "Templos romanos de Extremadura: álbum fotográfico" ya está a la venta. Varios días atrás os anunciábamos la inminente publicación de esta obra, fruto de la incansable labor ejercida desde este blog en pro del conocimiento y divulgación del patrimonio histórico-artístico extremeño. Desde hoy, puede adquirirse a través de la web de Editamás, la editora regional que se ha encargado tanto de la maquetación como de la preparación en papel del proyecto. 

Desde Extremadura: caminos de cultura, profundamente honrados por haber podido dar un paso más en la promoción del legado cultural menos conocido de nuestra región, deseamos que la labor de investigación y elaboración ejercidas cumplan su objetivo, trayendo al lector una sección tan poco conocida como rica de nuestra herencia patrimonial. Esperamos de todo corazón que sea de vuestro agrado y satisfacción. Muchísimas gracias.

https://www.editamas.com/product-page/templos-romanos-de-extremadura

sábado, 6 de marzo de 2021

Templos romanos de Extremadura: próximamente a la venta

 

Estimados seguidores y visitantes del blog: Extremadura, caminos de cultura, tiene una gran noticia que compartir con todos vosotros. Continuando con la incansable labor divulgadora del patrimonio cultural de nuestra región, a los 10 años de fundación de este espacio en la red, el blog da un paso más para saltar a los estantes y librerías a través de una obra en papel. Su título: "Templos romanos de Extremadura: álbum fotográfico". Un trabajo llevado a cabo durante meses de investigación que intenta acercar y mostrar al lector y público en general un apartado no demasiado conocido de nuestra herencia histórica y artística: los templos preservados en nuestra comunidad de la época de dominación romana. A través de casi 200 páginas y cerca de 250 imágenes, este estudio intentará mostrar con detalle los más de quince templos romanos conservados en Extremadura. Obras edilicias esparcidas a lo largo y ancho de la región que la convierten en un enclave ideal para saber más sobre este capítulo de la historia de nuestro país. Editamas, a la que estamos intensamente agradecidos, será la editora encargada de ofreceros el libro, que deseamos sea de amplio interés, valía y, sobre todo, profundo agrado. Todo, en unos días. Habrá que aguardar un poco aún, pero creemos que la espera va a merecer la pena. 

"Los dioses clásicos una vez vivieron en Extremadura. Júpiter, Marte o Minerva, entre otros muchos, fueron idolatrados en las tierras que hoy conforman la región extremeña, rezados e invocados por los que fueran habitantes de estos lares dos mil años atrás. Bajo el gobierno de una Roma que a este rincón peninsular trajo no sólo la espada, sino también su cultura, se expandirían unas costumbres religiosas capitaneadas en lo arquitectónico por el surgimiento de nuevos templos, donde pudieran ser honrados por la comunidad tanto las deidades propias del panteón greco-latino, como aquellas otras de carácter autóctono o localizado, sin que faltasen aquellos sacros edificios destinados a la idolatración del emperador, a modo de sometimiento y cohesión de los territorios conquistados. Siglos después, muchos de estos templos han sobrevivido en mayor o menor grado de conservación. Desde Cáparra y Jarilla, a Fregenal de la Sierra y Regina, son más de quince los templos romanos preservados a lo largo y ancho de Extremadura. Algunos ejemplares, como el emeritense de Diana, son ampliamente conocidos. Otros, como el de Fuentidueñas en las cercanías de Plasencia, están abandonados. Entre ellos se ubica el considerado templo romano mejor conservado de toda España, anexo al puente de Alcántara. Esta obra, nacida como álbum fotográfico comentado, intentará al lector mostrárselos y descubrírselos, para mayor ilustración y divulgación de este tan rico como poco conocido legado patrimonial que Extremadura ha recibido".

sábado, 10 de diciembre de 2011

Restos del Templo de Marte en el Hornito de Santa Eulalia de Mérida


Arriba: levantada junto a la Basílica de Santa Eulalia sobre el lugar donde, según la tradición, padeció martirio y muerte la joven virgen emeritense, esta capilla conocida como Hornito de Santa Eulalia conserva en su atrio diversos restos del Templo de Marte reutilizados en su construcción, clara muestra del sometimiento que la historia aguardaba a las religiones paganas frente a la nueva religión cristiana.

Cuenta el poeta hispanolatino Prudencio en su himno dedicado a la mártir Eulalia de Mérida, publicado poco antes de la muerte del erudito a comienzos del siglo V junto con otras obras poéticas basadas en la religión cristiana, que el día 10 de diciembre del año 304 una joven de nombre Eulalia nacida doce años antes en la que por entonces aún se denominaba Emérita Augusta, se presentó ante el gobernador de la ciudad, de nombre Daciano, para protestar frente al decreto que el emperador Diocleciano había dictado prohibiendo el culto a Jesucristo y la liturgia cristiana. Ante las palabras de la joven Daciano decidió conseguir su retractación ofreciéndole diversos regalos e invitándola a adorar a los dioses paganos. Eulalia no sólo no accedió, sino que tiró por los suelos los presentes y ofrendas, escupiendo a la cara del dirigente. Mandó entonces el pretor que la apresaran y torturaran hasta la muerte, azotándola y abriéndole la carne con garfios, introduciendo teas encendidas en las heridas y quemándole finalmente los miembros y los cabellos. Envuelta en llamas, la joven falleció, surgiendo milagrosamente y según diversos testigos de su boca una blanca paloma que se elevó a los cielos, del que después cayó una copiosa nevada que cubriría el cuerpo desnudo y calcinado de la mártir.



Arriba: vista general del pórtico de la Capilla de Santa Eulalia, erigido en el siglo XVII durante la reforma de la ermita, y para la cual se reaprovecharon diversos vestigios hallados en aquella época y pertenecientes al antiguo Templo de Marte, adquiridos por el Ayuntamiento de la ciudad para honrar con esta obra a su Patrona y Perpetua Alcaldesa.



Arriba y abajo: de mármol rosáceo veteado y coronados por blancos capiteles de orden corintio, los dos fustes de origen romano y 1,80 metros de altitud que actualmente sustentan sendas esquinas del atrio del Hornito emeritense bien pudieron ser partes conjuntas de la misma columna, partida para mejor reutilización en esta capilla.



Al relato de Prudencio añade la tradición oral cristiana varios martirios más, hasta un total de trece tormentos recogidos por Bernabé Moreno de Vargas en su Historia de la ciudad de Mérida. Será de todos ellos el más popular aquél que cuenta cómo Eulalia fue introducida dentro de un horno de cal con la idea de abrasarla viva. La leyenda de su martirio indica que no sufrió quemadura alguna dentro de él, decidiendo entonces las autoridades sacarla para, conduciéndola despojada de ropas por las calles de la capital lusitana, llevarla a la plaza donde habitualmente se ejercían las ejecuciones públicas y continuar con los tormentos hasta alcanzar su muerte final allí. Un supuesto primer milagro se produjo entonces al elevarse una densa niebla desde el río que ocultaba el cuerpo desnudo de la joven mientras caminaba por la ciudad, librándola de la humillación que tal acto conllevaba. Una vez llegados al lugar de los ajusticiamientos y tras continuar con diversos castigos,  Eulalia fue quemada con antorchas hasta lograr su defunción. El horno donde inicialmente fue martirizada pasaría posteriormente a convertirse en símbolo de la santa, mientras que en el lugar donde falleció se elevó, durante el reinado de los Reyes Católicos, una capilla denominada Hornito de la Santa para honrar a la mártir, enclavada junto al lugar donde los cristianos vecinos y contemporáneos de la santa la sepultaron y sobre el que se erigió la Basílica de Santa Eulalia.



Arriba: presidiendo el atrio del Hornito, como posiblemente así lo hiciese en el pórtico del templo del que procedía, el friso del dintel central presenta la más destacada de las cuatro inscripciones que podemos encontrar en este pórtico religioso, con cuatro palabras latinas que permiten barajar datos diversos sobre este desaparecido monumento religioso romano.


Arriba y abajo: escritas en castellano y datadas durante la rehabilitación de la capilla a comienzos del siglo XVII, dos inscripciones hacen referencia a dicha remodelación aportando diversos datos que perpetúan dichas obras facilitando además el estudio de la misma, colocadas sobre el arquitrabe central, y a la izquierda del mismo, respectivamente.




La Capilla de Santa Eulalia u Hornito de la Santa fue erigida inicialmente en 1.498 en estilo gótico donde el pueblo había querido ver las huellas de un antiguo horno de planta redonda, asimilándolo con aquél donde la santa fuera antaño martirizada y coincidiendo con ser el lugar donde se ubicaba el antiguo solar de ejecuciones. Se construyó en tal enclave una primera capilla de menudas dimensiones y humilde fábrica, con muros de mampostería y arco de cantería, guardando en su interior una imagen de madera policromada sobre Santa Eulalia, reformándose profundamente siglos después, durante el siglo XVII, bajo un ideal barroco que condujo al resultado y fisonomía final que actualmente conserva, intentando emular en todo momento el horno donde la santa fue martirizada. Fue esta segunda obra acabada en 1.612, según consta en el mismo monumento, atribuyéndose las actuaciones al maestro Hernando de Contreras, contando como más destacada reforma del edificio el añadido de un atrio de planta rectangular frente a la portada del monumento, para cuya construcción se utilizaron diversos elementos descubiertos por la época en la ciudad , restos atribuidos al pórtico de un antiguo templo que los romanos dedicaron al dios Marte.



Arriba: una serie de medallones aparecen esculpidos a lo largo de los dinteles del pórtico, tallados en su mayoría por los antiguos trabajadores romanos, alternándose florones y cabezas femeninas que algunos han querido identificar con Medusa, mientras que otros estudiosos se decantan más por la representación de la Victoria.



Arriba: mientras que las cabezas femeninas que ilustran los medallones presentan grandes similitudes entre ellas, los florones se subdividen a su vez en dos tipos, con hojas de acanto en unos y palmetas en el resto.
Abajo: detalle de algunos de los medallones que podemos encontrar en el dintel central del atrio emeritense, pertenecientes a una de las porciones de arquitrabe partido que se rescató del antiguo Templo de Marte.


Abajo: mientras que los dinteles central e izquierdo conservan los medallones de factura original romana, el friso de la derecha presenta sus relieves retallados durante la reconstrucción de la ermita, apreciándose en los mismos un estilo claramente distante de los primitivos.



Ubicado según la tradición en el solar donde después se trazó la antigua Plaza de Santiago, perteneciente al conjunto que conformaba el Foro municipal, o según otras voces a las afueras del recinto amurallado de la primitiva ciudad y cerca de la vega del río Albarregas, del antiguo Templo de Marte se pudieron rescatar para su uso en la reforma del Hornito cuatro arquitrabes completos, con friso y cornisa, así como restos de otros dos, más dos columnas con capitel y una basa original, marmóreas piezas esculpidas siguiendo el orden corintio. Se desconocen más datos sobre este edificio religioso emeritense, así como su datación, dimensiones u otras noticias sobre su historia y uso. Sin embargo y a raíz de una inscripción conservada en uno de los frisos rescatados, está clara la consagración del pasado templo al dios de la guerra, de gran devoción en un belicoso mundo romano y posiblemente muy valorado en una ciudad fundada para alojar a eméritos legionarios que conocieron las durezas de las guerras y las atrocidades de las batallas en sus propias carnes. La aparición en dicha inscripción del nombre de la mecenas, llamada Vettilla, esposa de Paculo, ofrece además una posibilidad gracias a la cual poder barajar una posible fecha de construcción de este desaparecido monumento religioso, al conocerse la existencia de una dama de alta posición y gran solvencia económica, de nombre Domitia Vettilla, casada con Roscius Paculus, gobernador de la Lusitania durante la época Antonina, en la segunda mitad del siglo II d.C. El estilo de los relieves conservados parece apoyar esta teoría cronológica que propone el último cuarto del siglo II como fecha de aparición del templo pagano.



Arriba: vista general del dintel izquierdo del atrio del Hornito eulaliense, donde se aprecian el arquitrabe y friso romanos, careciendo de cornisa latina que sí se conserva fragmentada y por el contrario al frente, con rica  decoración corintia a base, entre otros motivos, de acasetonados.
Abajo: sofito del arquitrabe izquierdo cuyo relieve presenta las mismas directrices compositivas que el resto de los conservados, introduciendo al espectador en el mundo bélico contemporánea a su época de fabricación.


Abajo: a la izquierda del medallón central del sofito mencionado anteriormente, una coraza donde dos tritones se desafían sostiene un clípeo decorado con una legionaria águila capturando una serpiente.




Arriba: el medallón central izquierdo presenta una escena de triunfo y botín, con dos cautivos sometidos bajo una armazón que sostiene la coraza, yelmo y escudos de los vencedores.
Abajo: rodeado de elementos militares y armaduras relacionadas con el mundo de los gladiadores, la coraza de la derecha sujeta un escudo donde un caballo alado, posiblemente Pegaso, pace con sus alas elevadas.



Tallada en letras de gran tamaño de las que se conservan las cavidades, posiblemente rellenas en su inicio con caracteres de bronce, la inscripción latina que preside el friso reutilizado como dintel central del nuevo pórtico cristiano permite leer la sentencia latina MARTI. SACRVM / VETTILLA. PACVLI, traducida al castellano como "Consagrado a Marte por Vettilia, esposa de Paculo". También en latín aparece una segunda inscripción, ubicada bajo la anterior pero de clara datación posterior y posible redacción contemporánea a la reforma barroca, en la que se puede leer IAM. NON. MARTI. SED IESVCHRISTO D. OP. M. / EIVSQE. SPONSAE EULAL. VR. MR. DENVO CONSECRATVM. ("Iam non Marti, sed Iesu Christo D.O.M. eiusque sponsae Eulaliae Vir. Mart. denuo consecratum"), entendido en castellano como "Ya no a Marte, sino a Jesucristo y a su esposa Eulalia se consagró de nuevo". Otras dos inscripciones más completan la epigrafía que decora, data e historia el atrio oratorio. Escritas en castellano y fechadas como la anterior durante la reconstrucción que sufrió la capilla en el siglo XVII, sus sentencias no hacen referencia esta vez a la consagración del templo inicial ni a la del edificio religioso actual, sino a la reconstrucción del mismo finalizada en 1.612 y a la reutilización para este acometido de diversos mármoles romanos encontrados entre las ruinas de la ciudad. Así, a la izquierda del friso central podemos leer "Estas piedras de mármol / se hallaron labradas / de las ruinas de esta ciudad", coronando por otro lado la epigrafía romana capitular una estela donde se resumen las obras ejecutadas durante el Siglo de Oro: "Año de Cristo de 1612, la ciudad de Mérida con sus limosnas y de su jurisdicción reedificó este Hornito, que es el propio sitio donde fue martirizada la Virgen santa Olalla, Patrona, y natural de ella, siendo Gobernador D. Luis Manrique de Lara, Caballero del Hábito de Santiago".



Arriba: aspecto general que presenta el arquitrabe central de los preservados en la capilla, tallado en su frente durante el siglo XVII con una sentencia latina que hace referencia a la nueva consagración de estos mármoles, y cuyo sofito muestra posiblemente el mejor conservado de los relieves mantenidos.


Arriba: apoyado sobre una coraza con la cabeza de Medusa en su pecho labrada, un escudo con decoración vegetal y no figurativa se exhibe a la izquierda del relieve del arquitrabe central.
Abajo: entre los elementos que complementan el total del espacio destinado en este sofito central al relieve alegórico, tres animales campan entre armaduras y armamento, visualizándose al jabalí, un gallo y una cabeza de lobo, símbolos de la deidad a la que iba consagrada la obra.




Arriba: el medallón central del dintel que posiblemente ocupó el frente del pórtico del antiguo templo nos presenta a la diosa Victoria semidesnuda y alada, portando en su mano derecha un instrumento usado para la escritura, mientras que con la izquierda sostiene un escudo colocado sobre un tronco de palmera, emulando la misma composición que en muchas monedas y medallas contemporáneas a esta obra rememoraba triunfos obtenidos por el Imperio.



Arriba: un sinfín de elementos bélicos rellena la totalidad de los relieves de la cara inferior de los arquitrabes, horror vacui muy utilizado durante el siglo II d. C. y que apoya la teoría que presenta la datación de esta obra durante tal época de reinados antoninos.
Abajo: a diferencia del escudo contrario, el clípeo de la derecha del arquitrabe central encierra en su interior un grifo alado con su garra derecha apoyada en un arbusto, animal mitológico de gran fortaleza y bravura muy utilizado por los romanos en sus decoraciones.




Un total de veintiséis medallones y restos de otros tantos circundan el pórtico esculpidos en suave bajorrelieve en la cara exterior de los tres frisos completos utilizados como dinteles del mismo, figurando también en una de las dos porciones de arquitrabe partido conservadas. Con once en el friso izquierdo, nueve en el derecho y seis en el frente, éstos se subdividen a su vez según el motivo representado en el mismo, alternándose equitativamente los rostros mitológicos con otros motivos vegetales, contándose hasta catorce cabezas y doce florones con palmetas y hojas de acanto alternativas. Mientras que los medallones del frente así como los del lado izquierdo no presentan diferencias en su fábrica, aquéllos tallados en el friso derecho muestran signos de haber sido retallados durante la remodelación de la capilla. Sin embargo la temática no varía de unos a otros, adivinándose las cabezas como de género femenino, con el pelo suelto y compuesto por libres rizos, coronadas por alas, queriendo ver algunos estudiosos en ellas a Medusa, mientras que otros se decantan por la representación de la Victoria, alegoría plenamente relacionada con el dios de la guerra al que iban destinadas estas labores artísticas y piezas arquitectónicas.



Arriba: visión general de uno de los dos fragmentos de arquitrabe partido rescatados de las ruinas del antiguo templo de Marte, alojado actualmente a la izquierda del arquitrabe central y formando parte junto a éste del dintel frontal del pórtico, conservando como las demás piezas arqueológicas sus cimacios exterior e interior.
Abajo: detalle del relieve inferior conservado en mencionado arquitrabe, donde un escudo con decoración vegetal sobrevive cerca del capitel romano igualmente preservado en este monumento.



Arriba y abajo: los restos de la segunda porción de arquitrabe fragmentado se ubica, al igual que el primero, en el dintel central del pórtico eulaliense, en su extremo derecho, conservando de manera bastante similar a su hermano opuesto un escudo con decoración no figurativa en su sofito, apoyado sobre una coraza.



Si bien los medallones esculpidos en los frisos latinos decoran gustosamente los laterales del atrio de la capilla emeritense, no son éstos posiblemente los que presentan la que podríamos considerar como mejor labor decorativa de aquéllas que se conservan del antiguo Templo de Marte. En los sofitos o lados inferiores de los arquitrabes preservados aparecen relieves de estructura y composición bastante similar entre sí cuya labor de excelsa calidad y bello acabado, así como su buen estado de conservación, sorprenden gratamente como posiblemente ya lo hiciesen antaño, colocados en el pórtico del desaparecido templo como decoración intercolumnia del mismo. Contamos hoy en día con tres relieves completos a los que habría que añadir dos porciones más, pertenecientes a las dos fracciones de arquitrabe partido que se conservan. Mientras que en cada lateral se ubica un arquitrabe completo, con su relieve correspondiente, el lado central del atrio aparece con una pieza entera colocada en el punto medio, estando las dos porciones fragmentadas depositadas a cada uno de los lados de la misma, respectivamente.

La estructura que presentan los relieves ideados para ser esculpidos en los sofitos de estas piezas marmóreas voladizas se repite de manera general en cada uno de ellos. Un medallón central preside la composición, mientras que en cada extremo del dibujo figuran corazas militares sobre las que se apoya un escudo o clípeo, armas defensivas que presentan a su vez una decoración interior acorde con la temática de toda la serie. El resto del espacio rectangular que emplea el relieve en sí figura ocupado por un sinfín de elementos igualmente relacionados con el mundo bélico así como con el de los gladiadores, toda una colección de armas y armaduras contemporáneas a la época del tallado, lanzas y flechas, espadas y hachas, yelmos, cascos, escudos, arietes, trompetas y ruedas, entre los que campean símbolos que aluden al dios de la guerra, como el gallo, el lobo y el jabalí, o incluso el buitre, generando como resultado una composición donde el horror vacui aparece presente y donde todos los elementos aluden a la lucha y al mundo guerrero-militar para satisfacer a la deidad a la que iba ofrecida este trabajo artístico.



Arriba: aspecto general que presenta el arquitrabe reutilizado como dintel derecho en la ermita emeritense, de similares características a su compañero izquierdo y que, como aquél, no conserva la cornisa original.
Abajo: el sofito del arquitrabe derecho presenta un relieve decorativo no sólo de similares patrones a los demás, sino además de gran similitud al izquierdo, repitiéndose los motivos que decoran los clípeos y medallones centrales.



Arriba: apoyado sobre una coraza sin decoración en su pecho, un clípeo ocupado por un águila cazando una sierpe y colocado en el extremo izquierdo del arquitrabe presenta un motivo similar al presentado en el relieve del dintel opuesto, diferente sin embargo en sus formas y postura.
Abajo: semejante al medallón central del dintel izquierdo, dos cautivos permanecen atados y arrodillados bajo una coraza romana en esta medalla, representación de los triunfos de Roma frente a los pueblos bárbaros.



Abajo: nuevamente un caballo alado o Pegaso figura en el escudo de la derecha del arquitrabe oriental, diferenciándose del localizado en el dintel opuesto por su postura galopante, adivinándose junto al clípeo y asomando por detrás de la coraza sustentante la cabeza de un buitre, animal que simbolizada al dios de la guerra.



Un armazón cruciforme o el tronco de un árbol de cuyas ramas cuelgan diversos trofeos, entre los que figuran una coraza, un yelmo y varios escudos, y bajo el que están atados dos cautivos, es el emblema que aparece esculpido en el medallón central que preside el relieve conservado en el arquitrabe ubicado a la izquierda del pórtico del Hornito. A su extremo izquierdo, una coraza sostiene un escudo donde puede apreciarse un águila pisando una serpiente. La coraza sobre la que se asienta aparece decorada con dos tritones en actitud desafiante el uno frente al otro. Al lado contrario, un caballo alado, bien el mismo Pegaso, eleva sus alas dentro del escudo que lo encierra, apoyado sobre una coraza donde el mal estado del relieve impide verificar con claridad el motivo representado en su pecho, pudiendo adivinarse una pequeña figura en el costado izquierdo de la armadura. Algunos estudiosos han querido ver en ella a dos soldados acompañados del águila legionaria. Otras voces apuntan a la diosa Victoria alada acompañada de un niño o personaje mitológico infantil. El arquitrabe de la derecha exhibe los mismos motivos en su medallón central y escudos laterales que el anterior, aunque difieren los bajorrelieves de las corazas, sin labor alguna en el pecho de aquélla ubicada a la izquierda del medallón, y exhibiendo la colocada a su derecha una cabeza alegórica de la Victoria, o de Medusa, al estilo de las figuradas en los medallones de los frisos del templo. 

El arquitrabe colocado como dintel del lado central y en cuyo friso reza la inscripción que señala la consagración del templo al dios de la guerra, presenta posiblemente la mejor y más completa labor escultórica si cabe de todas las conservadas y presentes en el atrio de la capilla. Es su medallón central ligeramente de mayores medidas que los alojados en los relieves laterales, clara muestra de la importancia que esta pieza arquitectónica tuvo en el antiguo templo, apareciendo en el interior de esta medalla la diosa Victoria alada y semidesnuda, con el torso al descubierto y portando en su mano derecha un instrumento de escritura, mientras que con la izquierda sostiene un escudo apoyado sobre un tronco de palmera. A su izquierda encontramos una coraza nuevamente decorada con una cabeza de mujer alada, sosteniendo un escudo con decoración no figurativa. A la derecha, por el contrario, el escudo encierra a un grifo alado que apoya su garra derecha sobre un arbusto. La coraza que lo sustenta presenta un águila en el pecho, símbolo del ejército romano que debía a Marte tantas victorias.



Arriba: un cuarto arquitrabe completo se rescató de entre los vestigios del Templo de Marte emeritense, colocado como escalón de acceso al Hornito al frente del mismo hasta 1.942, año en el que se sustrajo del monumento para mejor conservación de este elemento arquitectónico, actualmente expuesto en el Museo Nacional de Arte Romano de Mérida.


Los relieves subsistentes en las dos porciones de arquitrabe fragmentadas conservan un escudo en uno de ellos, así como otra de estas armas defensivas, con la coraza correspondiente que lo sostiene, en el siguiente. Ambos clípeos presentan una decoración no figurativa, al igual que la coraza preservada y perteneciente al fragmento de arquitrabe colocado a la derecha del central. El cuarto arquitrabe completo que se recuperó del antiguo templo y que hasta bien entrado el siglo XX sirvió con escalón de acceso a la capilla, presenta en su medallón central un águila sosteniendo entre sus garras una liebre, e intentando capturar con el pico una serpiente. El mal estado en que se encontraba esta pieza arquitectónica y el peligro que suponía su ubicación como escalón para la conservación de la misma llevó a retirarla del lugar en 1.942, exhibiéndose actualmente en el Museo Nacional de Arte Romano de Mérida.

Los restos del Templo de Marte conservados en el Hornito de Santa Eulalia de Mérida fueron declarados Monumento Nacional en 1.913, actual Bien de Interés Histórico Cultural con la categoría de Monumento (Gaceta de Madrid nº 57, de 26/02/1.913).

Cómo llegar:

Aunque antiguamente tanto la Basílica como el Hornito de Santa Eulalia se encontraban a las afueras de la Muy Noble, Antigua, Grande y Leal Ciudad de Mérida, el crecimiento de la urbe ha conllevado la inclusión de ambos monumentos dentro del casco urbano, próximos al casco antiguo emeritense. Enclavado en la denominada como Avenida de Extremadura, al noreste de la localidad, llegar al Hornito es sencillo si partimos desde la Plaza de España y continuamos por la comercial calle de Santa Eulalia, siguiendo después en línea recta por la Rambla del mismo nombre. Aparecerá ante nosotros esta capilla de gran devoción popular donde los restos del Templo de Marte sirven hoy en día como sustento a la memoria de la mártir que las propias autoridades romanas ajusticiaron, clara muestra del caprichoso devenir de la historia que dictaminó la desaparición de las religiones paganas frente a un cristianismo que habían seriamente perseguido y condenado, y que escribía ahora un nuevo rumbo en la vida de la ciudad, de la región y del mundo occidental.
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