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miércoles, 28 de febrero de 2024

Imagen del mes: representaciones figurativas andalusíes de Extremadura

Considerado tradicionalmente el arte musulmán como de carácter anicónico, careciendo de figuras humanas o zoomorfas entre sus representaciones, pueden encontrarse, sin embargo, intercalados en sus ornamentaciones de índole mayoritariamente vegetal, geométrico y caligráfico dispuestas a lo largo de los siglos y a través de los enclaves que en alguna ocasión formaron parte del mundo islámico, diversos ejemplos creativos figurativos que vienen a desbaratar tal teoría, muchos de ellos procedentes de un arte andalusí que dejaría en tierras hoy extremeñas algunas de tales excepciones, con ejemplos cerámicos, metálicos y pétreos preservados entre sendos museos arqueológicos provinciales, observándose entre sus salas la cabeza de un ave pintada sobre un fragmento cerámico procedente de Medellín, dos cuadrúpedos usados como juguetes descubiertos entre los vestigios del que fuese el Badajoz musulmán, el soporte de un brasero con cabeza y pie de león hallado en Higuera de la Serena, destacando por su antigüedad un aplique de plata con cabeza de cérvido fechado en época emiral desenterrado en el yacimiento gordeño de Cañada de los Judíos, así como por su posible vinculación con la dinastía aftasí, los dos pies de banco con ornamentación leonina que mil años atrás pudieran haber servido como base del trono de los reyes islámico-pacenses.

Badajoz, Medellín, Higuera de la Serena y yacimiento de Cañada de los Judíos (El Gordo, Cáceres). Siglos VIII al XI; arte islámico.

Arriba y abajo: aunque el Corán no prohíbe las representaciones artísticas figurativas, el intento por evitar la idolatría encauzado a través de varios hadices o códigos donde se recogía la tradición oral originaria del Islam, conduciría hacia un abandono de las creaciones antropomorfas y zoomorfas en pro de la ornamentación vegetal, geométrica y caligráfica, si bien las producciones figurativas de aquellos seres a los que se consideraba portadores de alma, alejadas completamente de los contextos religiosos donde el culto y la veneración debe dirigirse tan sólo a Dios, tendría cabida en los ambientes domésticos y cortesanos, colándose a través de la cerámica, los juguetes, los ajuares hogareños, los muebles, la azulejería, las pilas, las yeserías o los capiteles, destacando aquéllas emanadas de un arte andalusí que en la Península Ibérica medieval bebiese tanto de las creaciones clásicas, en muchas ocasiones coleccionadas, como de un cristianismo con el que estableciese contacto y transmisión artística, surgiendo así piezas figurativas extraordinarias destinadas tanto a embellecer jardines y salas palaciegas como a servir a los hogares más humildes, sin que faltasen éstas entre las ciudades y poblaciones esparcidas en lo que hoy es territorio extremeño, destacando por su antigüedad la cabeza de un cérvido en plata datada en época emiral que fuera hallada en el yacimiento denominado Cañada de los Judíos -arriba-, sito en el término municipal de El Gordo, compartiendo naturaleza metálica con la pata de un brasero, en este caso de bronce, rescatada de la finca llamada El Santísimo ubicada en tierras de Higuera de la Serena, cuya decoración felina, con un pie de león rematando inferiormente el soporte y la cabeza de tal animal en el punto de unión de la pieza al desaparecido resto del mueble -arriba- recuerda el arte fatimí del siglo XI, barajándose la posibilidad de provenir este elemento del Egipto gobernado bajo tal dinastía en los albores del segundo milenio de nuestra Era.



Arriba y abajo: un ave, posiblemente una paloma -arriba-, sería el animal que sobre un recipiente cerámico hallado en Medellín, quizás un plato o ataifor, fuese pintado siguiendo la técnica del verde-manganeso, dibujando sobre el blanco de base con el verde del cobre y el negro-morado del manganeso los elementos decorativos escogidos, bastante similar a la fórmula empleada a la hora de rematar uno de los dos juguetes y/o botijos que, con forma de cuadrúpedo, se hallase en la ciudad de Badajoz -abajo-, con una ornamentación de pinceladas verdes ejecutadas sobre un fondo blanquecino muy distante al tosco acabado sin policromar de la vasija zoomórfica desenterrada junto a otras cerámicas islámicas en un solar de la calle Zurbarán -abajo, siguiente-, cuyo parecido, aun en su deterioro, al camello descubierto entre las cerámicas almohades rescatadas en 1.937 en la calle Savellà de Palma de Mallorca, hoy en el Museo del Diseño de Barcelona, permite imaginar el aspecto original de tal pieza de probable uso infantil, datada entre los siglos X y XI.




Arriba y abajo: descubiertos en el baluarte de San Roque, con casi un metro de longitud y rondando el medio metro de altura -96 cms. x 48 cms.-, los dos pies que sirvieran como soportes de aquel tablero central junto al que conformasen un banco o trono en algún jardín o edificio de la islámica ciudad de Badajoz, quizás al servicio de Sapur o de la posterior dinastía aftasí que gobernasen el reino taifa desde aquí capitaneado entre 1.013 y 1.094, muestran sobre el mármol blanco del que se nutren la parte anterior o prótomo de dos leones respectivamente, tumbados y contrapuestos, cuyo labrado se observa mejor, curiosamente, en la pieza donde uno de los animales ha sido descabezado -arriba y abajo-, más desdibujado el diseño de la anatomía felina en su hermana -abajo, siguientes-, apreciándose en todo caso entre sus patas, rabos, cabezas y fauces, unos rasgos tendentes a la esquematización propio del arte islámico e igualmente atisbado en otras piezas escultóricas andalusíes claves donde es el león el animal representado, así en el león de Monzón, en los granadinos leones del Maristán, o en los archiconocidos leones que dan nombre al patio donde se ubican, en el corazón del palacio de la Alhambra, colocándose así ambas piezas extremeñas entre las figuraciones zoomorfas más relevantes del arte islámico peninsular y, por ende, del arte sarraceno extremeño.



jueves, 22 de diciembre de 2022

Imagen del mes: busto masculino hallado en la villa romana de La Majona, en Don Benito


ANTE UN BUSTO MASCULINO

HALLADO EN LA VILLA ROMANA

DE LA MAJONA


Suponiéndote tan inerte,

¡qué sereno pareces,

aun conociendo la muerte

de tu tiempo y de tu piel!


De entre simientes despertado,

tu níveo busto al presente

le otorga un referente

de los ecos de un ayer.

Del que tú, aun callado hablas,

mientras diriges tu mirada,

entre perdida y extraña,

a un mundo que ya no ves.

A un mundo que licuaría

entre sombras de los días,

y aun creyendo de otra vida,

es éste, sin ser ya él.


Suponiéndote tan inerte,

¡qué sereno pareces!

Quiera el destino ofrecerte

nuevos siglos que entender.


(Un año de poesía; Samuel Rodríguez Carrero)

(Expuesto en la sala dedicada a Roma del Museo Arqueológico Provincial de Badajoz, un espléndido busto de acabado realista y tamaño natural, labrado en mármol procedente de las canteras lusas de Borba-Estremoz-Vila Viçosa y esculpido probablemente en un taller emeritense, muestra al que posiblemente fuese un joven miembro de la familia de la cual dependiese uno de los asentamientos rurales romanos más destacados del territorio metellinense, descubierto en 1.997 en el interior del estanque que centra el atrio de la villa conocida como de La Majona, en la vega del Guadiana y dentro del término municipal de Don Benito, portando éste una toga del tipo contabulata, permitiendo fechar la obra a mediados del siglo III d.C., mostrando a la par un cierto parecido con el emperador Alejandro Severo que ha permitido barajar la posibilidad de ser la escultura un retrato imperial, en todo caso una joya de la estatuaria hispana y extremeña que no viene sino a implementar el valor patrimonial de la villa de La Majona, recién declarada por la Junta de Extremadura Bien de Interés Cultural mediante Decreto 148/2022 de 14 de diciembre).

https://caminosdecultura.blogspot.com/2015/02/villa-romana-de-la-majona-en-don-benito.html

https://caminosdecultura.blogspot.com/2018/08/colaboraciones-de-extremadura-caminos.html

viernes, 31 de diciembre de 2021

Imagen del mes: Pinturas murales en la capilla del Espíritu Santo de la antigua iglesia de Santa María del Castillo, en Badajoz

 

Construida sobre lo que fuese mezquita de la alcazaba, empleada como primitiva catedral hasta la adecuación de aquélla erigida en el Campo de San Juan, de lo que fuese posterior parroquia de Santa María del Castillo, también llamada Santa María la Obispal, Santa María de la Seo, Santa María de la Sée, Santa María de la Sede o Santa María de las Bodegas, apenas resta tras su desacralización a fines del siglo XVIII y posterior derrumbe en pro de la construcción en su derredor del que fuese el decimonónico Hospital Militar de la ciudad, la torre del templo y, junto a su base, el ábside de la capilla que, en el lateral del evangelio, fuera dedicada al Espíritu Santo, descubriéndose tras la restauración y adecuación de la misma una serie pictográfica aún entre sus paredes, donde a pesar de la destrucción a la que los frescos fueran sometidos, pueden todavía admirarse volutas, jarrones, una Resurrección de Cristo, una estampa mariana y otras figuraciones religiosas donde brillan no sólo el colorido, sino el gusto clasicista que hacen de esta estancia un retorno a un pasado donde el arte y la historia se daban cita en la capital pacense.

Badajoz. Siglos XV-XVI; posible estilo renacentista.

Arriba y abajo: sobresaliendo entre las edificaciones de la alcazaba pacense, e integrada en lo que fuese el Hospital Militar de Badajoz, actual sede de la Biblioteca de Extremadura y de la Facultad de Ciencias de la Comunicación y de la Documentación de la UEX, la hoy conocida como Torre de Santa María (arriba) supone el único vestigio de lo que fuera la primera catedral de Badajoz, edificada nada más reconquistarse definitivamente la ciudad por las tropas de Alfonso IX de León en 1.230 sobre lo que fuese primitivamente la mezquita privada de Ibn Marwan, ejecutándose entonces unas obras de adecuación arquitectónica que se verían cumplimentadas dos siglos más tarde, entre los siglos XV y XVI, con ampliaciones edilicias destinadas al acondicionamiento del inmueble a los oficios litúrgicos que allí volviese a celebrar el obispado, tras haberse visto la parte baja de la urbe, y con ella la Catedral de San Juan Bautista, afectadas por los conflictos bélicos que llevarían a convertirla de nuevo en principal templo episcopal a fines del siglo XIV, recuperándose a fines del siglo XX y tras desmilitarizarse en 1.991 el edificio castrense que engullese la torre y destruyese para edificar en derredor suya la iglesia de Santa María del Castillo, vestigios del triple ábside que, siguiendo cánones cistercienses y en pro de la adecuación de la mezquita en seo, fuese añadido en el lateral oriental del templo musulmán para su cristianización, restando sólo los cimientos del meridional -dedicado presuntamente a San Andrés- y una tercera parte de la curva del central, preservado sin embargo el ábside del lado del evangelio que, bajo una bóveda semicircular apuntada sobre el altar, antecedida de una bóveda de crucería enmarcada entre arcos fajones apuntados (abajo), fuera dedicado al Espíritu Santo y tras el que, al parecer, fuera añadida en el siglo XV por mandato del obispo fray Juan de Morales la sacristía, con acceso desde la capilla mayor, superada por una torre-mirador que serviría como base de la actual atalaya.


 
Arriba y abajo: de planta semicircular, y elaborado en su base de mampostería ayudada en las zonas más altas por el ladrillo, el ábside de la capilla del Espíritu Santo se ofrece desprovisto totalmente de pinturas en la parte central de tal cabecero (arriba), muy posiblemente ocupado por un retablo que, tras la desacralización del bien en 1.769, fuese mudado de enclave, descubriéndose por el contrario a raíz de las intervenciones arqueológicas dirigidas por Fernando Valdés a partir de 1.998, rehabilitadas para su exposición pública mediante las obras ejecutadas en 2.017 bajo dirección de Carmen Cienfuegos,  una serie de pinturas al fresco que ornamentasen los muros restantes de la capilla, cuya datación, teniendo en cuenta la presencia de letras góticas junto a elementos clásicos recuperados durante el Renacimiento, como los medallones, los jarrones, los motivos vegetales y las volutas, podría encajarse en las obras de reforma llevadas a cabo en el templo entre los siglos XV y XVI, cuando los estilos gótico y renacentista comienzan a solaparse y coincidiendo con la ejecución de las pinturas mudéjares fechadas en el siglo XV que ornamentasen la puerta de similar estilo que uniese la capilla mayor con la sacristía, correspondiente así posiblemente todo a un programa iconográfico mandado elaborar por el obispo fray Juan de Morales en pro de ornamentar la nueva capilla central y, por añadidura, los ábsides laterales, preservados en peor estado los dibujos del muro septentrional (abajo) donde, bajo un medallón semiborrado (abajo, siguiente), el deplorable estado de conservación apenas permite vislumbrar la iconografía representada sobre esta sección edilicia (abajo, tercera imagen), adivinándose en lo que resta de un panel sobre el que quizás fuesen superpuestos posteriores añadidos, lo que pareciese ser una corona (abajo, imagen cuarta), posible emblema de uno de los Santos Reyes representados en alguna interpretación de la Epifanía del Señor.

 



Arriba y abajo: bajo la bóveda semiesférica, a izquierda del presunto retablo que centrase el ábside septentrional de la iglesia de Santa María del Castillo, un marco de tonos amarillentos y rojizos (arriba), coronado por una cartela cuya epigrafía ha llegado prácticamente ilegible a nuestros días (abajo), una imagen mariana trazada en líneas cobrizas y rodeada, al menos, de cuatro ángeles que parecen recibirla entre nubes (abajo, imágenes segunda y tercera), presenta al visitante una asunción de la Madre de Dios a los Cielos, donde Santa María, vestida con túnica de color bermellón y tocada con manto azulado que recoge con su brazo izquierdo, unidas sus manos en oración, ofrece las tradicionales tonalidades referentes a sus condiciones humana y divina respectivamente, enfrentada y cumplimentada con una paralela imagen de Cristo resucitado (abajo, imagen cuarta), sita a la diestra del presunto retablo central -donde, según estudio de Pedro Castellanos, pudo haber estado alojada la imagen de Nuestra Señora de las Lágrimas, entonces Soledad del Castillo, vinculada con la cofradía de Nuestra Señora de Gracia que, cada Viernes Santo, sacaba en procesión desde este templo de la alcazaba tal talla mariana, hasta su traslado en los inicios del siglo XVIII, posiblemente a raíz de la Guerra de Sucesión, a la cercana y hoy desaparecida ermita de Santiago-, figurando bajo cartela idéntica a la que supedita la pintura mariana (abajo, imagen quinta), y donde puede leerse "SIN PECADO ORIGINAL" -en clara alusión a Santa María, titular del templo, dedicadas quizás estas palabras a la talla de Nuestra Señora de la Soledad que allí presuntamente se recogiese, abriéndose la posibilidad de estar ante pinturas realizadas a comienzos del siglo XVII, bien de nueva obra o ampliando otras previas-, la figura de Cristo triunfante, como María, sobre la muerte, envuelto en nubes y rayos de luz, sobrevolando el sepulcro donde se depositara su cuerpo yacente (abajo, imagen sexta), ante la mirada de cuatro soldados que, custodiando el nicho tal y como se les mandase ejercer y según indicaría San Mateo en su evangelio -capítulo 28, versículo 4-, no dan crédito al acontecimiento milagroso ocurrido ante ellos (abajo, imagen séptima).







Arriba y abajo: horadado el muro meridional del ábside de la capilla del Espíritu Santo, muy posiblemente a raíz de la demolición del resto del templo y adecuación de los vestigios preservados con el resto del Hospital Militar, donde quedasen engullidos a partir de la cesión por parte del Ayuntamiento del edificio al Ejército en 1.858, una gran puerta que hoy da paso a un pequeño patio interior donde pueden observarse los restos de lo que fuese capilla mayor o ábside central de la iglesia de Santa María del Castillo (arriba), impide conocer la decoración pictórica que ocupase la parte baja de tal paredón, recortando inclusive la esquina inferior derecha del panel dedicado a la Resurreción de Cristo, salvaguardada sin embargo la serie pictórica que sobre ella se situase (abajo), representándose bajo un medallón ocupado por un ángel querubín y sustentado por volutas y florones (abajo, imágenes segunda a cuarta) -portadores éstos últimos de lo que pareciesen azucenas, símbolo mariano que, haciendo alusión a la virginidad de María, verificase la advocación del templo a la Madre de Dios- un tríptico dedicado, al parecer, a la representación de diversos sacros personajes de difícil identificación, dado el precario estado de conservación en que han llegado a nuestros días los murales, apreciándose en el primero de los tres espacios y más cercano al altar (abajo, imagen quinta), dos personajes de pie frente al espectador, vestido uno con manto rojizo mientras porta una espada -quizás alguna santa mujer, como Santa Catalina de Alejandría, cuya defensa de la fe cristiana le llevase a ser decapitada-, sito a su lado un personaje masculino que, con hábito blanquinegro, porta en su mano derecha una pluma -posible alusión a algún monje elevado a los altares, así San Benito de Nursia, representado habitualmente como fundador de la Orden del Císter, cuya vestimento recoge los colores aquí mostrados-, figurando en el panel central lo que pareciese el martirio de dos personajes yacentes y ya decapitados en el suelo (abajo, imagen sexta) -así los emeritenses Servando y Germán, los hermanos Cosme y Damián, o Justo y Pastor-, observándose en el panel final y más alejado del cabecero lo que pareciese un personaje semidesnudo, erguido y con las manos tras la espalda atado a un mástil, fuste o árbol, tal y como suele representarse a San Sebastián siendo asaeteado (abajo, imagen séptima), cerrando la figura del mártir originario de Narbona la serie pictográfica, cumplimentada con grafitis que, en la parte bajo del arco que da paso al tramo recto del ábside (abajo, imagen octava), registran no sólo diversos nombres o palabras, sino inclusive variadas caricaturas, posiblemente ejecutadas por los soldados que ocupasen el Hospital Militar durante sus años de funcionamiento como tal, ampliando si no el valor artístico de la capilla, sí el lado histórico de uno de los monumentos más relevantes del medievo pacense, y de las dilatadas crónicas de tan relevante enclave de nuestra región.
 







viernes, 27 de agosto de 2021

Joyas de las artes plásticas de Extremadura: Dama de Regina, o diosa Juno del yacimiento reginense, en el Museo Arqueológio Provincial de Badajoz

 

El 14 de julio de 2.010 tenía lugar, con presentación en directo a los medios de comunicación y autoridades competentes incluida, la extracción formal de una recién hallada escultura enterrada junto a los vestigios de lo que fueran los tres templos que en el foro de la ciudad romana de Regina sirvieran antaño al culto hacia la denominada Tríada Capitolina. Junto a la exposición de una también descubierta cabeza broncínea de un sacro bóvido, cuyos cortos cuernos plantea el estar ante la testa de un toro o ante la imagen de un buey,  la exhumación de la escultura marmórea supondría el broche de oro a las excavaciones que durante aquella campaña arqueológica veraniega prolongaban los trabajos científicos que en el yacimiento reginense, cercano a Casas de Reina, se llevaban dando de manera prácticamente continua desde que a comienzos de los pasados años setenta D. Mariano del Amo y de la Hera inaugurase las mismas, centrándose entonces en la zona teatral, prolongándose a partir de 1.978 hacia otros puntos de la antigua ciudad latina, dándose a conocer en 1.988 parte del área forense de la urbe, centrándose los estudios sobre ésta durante las campañas efectuadas entre 2.008 y 2.012. Poco a poco iba viendo la luz el municipio del que, ya en 1.789, haría mención el jesuita D. Juan Francisco de Masdéu en el tomo VI de su "Historia Crítica de España, y de la Cultura Española en todo género", ubicándolo en los terrenos que por entonces ocupaba la aldea pacense de San Pedro de Villacorza, dato respaldado por el ilustrado gijonés D. Juan Agustín Ceán Bermúdez en su "Sumario de las antigüedades romanas que hay en España, en especial las referentes a las Bellas Artes", publicado en 1.832 póstumamente a la muerte de su autor. 

Regina Turdulorum, ciudad de la Beturia Túrdula, inscrita en el Conventus Cordubensis de la provincia de la Baetica, sería fundada al parecer a comienzos de nuestra era adquiriendo el estatus de municipio durante el reinado de Vespasiano, en torno al año 74 d.C. Bajando la población, declarada la Pax Augusta, al llano desde lo alto del llamado cerro de las Nieves, donde hoy se levanta el castillo de Reina y antaño se erigiese un oppidum, tal concesión supondría la construcción de un foro propio para una urbe de tal categoría, sita ésta junto a una relevante vía de comunicación entre Emérita Augusta (Mérida) y Astigi (Écija), conectando la vega media del Guadiana con la cuenca media del Guadalquivir, cercana a zonas mineras e inserta en las fértiles tierras de lo que hoy es la extremeña Campiña Sur. Sus datos históricos, sin embargo, no son abundantes, no teniéndose más noticias de la ciudad desde que en el 619 se dirimiese un pleito entre ella y Celti (Peñaflor; Sevilla) en el II Sínodo Hispalense, donde se reunirían convocados por San Isidoro de Sevilla los obispos de la Bética en pleno dominio visigodo. Abandonada posiblemente a raíz de la llegada a la península de los musulmanes, sus edificios irían poco a poco cayendo en el olvido, devastados por el abandono y el paso del tiempo hasta que, reconquistada la comarca, se reaprovechasen las viejas estructuras del teatro romano para la edificación de la iglesia dedicada a San Pedro en la recién creada aldea homónima al primer Obispo de Roma, reutilizados muchos de sus materiales a lo largo de los siglos en la erección o complementación de edificios cercanos, figurando así sillares almohadillados en las bases de la alcazaba regina, capiteles o restos de fustes en los aledaños de la iglesia de San Sebastián y ermita del Ara, en Reina y Fuente del Arco respectivamente, o piezas marmóreas inscritas en las parroquias de Casas de Reina o de Valverde de Llerena, así una inscripción en el muro del evangelio de la iglesia de Santiago Apóstol casarreña, o una columna como peldaño en la portada abierta a los pies del templo valverdeño de la Purísima Concepción.

Arriba y abajo: partida en dos porciones, desconociéndose la fecha exacta de la fragmentación, la estatua designada a representar la diosa Juno y diseñada aun en bulto redondo para ser exhibida frontalmente desde probablemente el altar que centrase la cella del templo dedicado a la reina del Olimpo en el área forense de Regina, muestra al sacro personaje sentado, vestido con túnica sobre la que cae desde la cabeza un manto o palla que termina cubriendo las piernas de la deidad, otorgándole así un aire de solemnidad que el autor supo plasmar sobre mármol procedente de la zona lusa de Borba-Estremoz, ayudando este dato vinculado con su naturaleza, observándose igualmente similar técnica escultórica sumada a la comunión entre pose y proporciones anatómicas de la fémina representada, a la vinculación final de sendas porciones llegadas al Museo Arqueológico Provincial de Badajoz en dos momentos y por vías diferentes, preservada hasta 2.010 la pieza superior sepultada entre los vestigios forenses del yacimiento reginense (arriba), reutilizada su porción inferior presuntamente en el siglo XVII a fin de labrar sobre la cara posterior del mismo -perdiendo casi la totalidad del escaño sobre el que descansase la diosa- el que fuera escudo de D. Sancho de Paz el Viejo (abajo), destinado a todas luces al convento de San Buenaventura o San Francisco de la ciudad llerenense, fundado bajo el patronazgo de tal familia y donde el ilustre personaje planteara instalar el panteón familiar, posiblemente quedando en su capilla ubicado el blasón hasta el derribo de gran parte del inmueble monacal una vez desomortizado el mismo.

Adquirida a un anticuario cacereño por el Ministerio de Cultura en 1.987, pasaría el 19 de junio de 1.987 a formar parte de los fondos del Museo Arqueológico Provincial de Badajoz una pieza reutilizada en la Llerena del Siglo de Oro como material marmóreo donde labrar un escudo señorial, atribuido al que fuera Contador Mayor de Castilla durante el reinado de los Reyes Católicos y tesorero de la Casa de Contratación de Indias en época de Carlos V,  D. Sancho de Paz el Viejo. Procedería ésta presuntamente -y concordando con los datos citados en el contrato de compra, donde se indica la toma de la misma del derribo de un convento gótico llerenense, terminando en manos particulares locales hasta la transacción al negocio cacereño referido- del convento franciscano de San Buenaventura o de San Francisco, cuya sede definitiva fuera concluida en 1.540 bajo el patronazgo del ilustre personaje mencionado, que deseaba fundar allí su capilla-panteón familiar, suprimido el cenobio a raíz de la Real Orden de Exclaustración Eclesiástica de 25 de julio de 1.835, posteriormente desamortizado hasta devenir la desaparición de gran parte del edificio. Cincelados en un blasón cuartelado torreones en sus cuarteles primero y cuarto, tres rombos a sinistra en los dos restantes, el interés principal de la pieza, sin embargo, no recaería en la divisa heráldica expuesta, sino en la propia pieza marmórea en sí, esculpida la obra patronímica en la cara posterior de una antigua escultura, adivinándose por el flanco contrario al escudo lo que debieron ser las piernas de una representación humana sentada, vestida con túnica antepuesta por manto y correspondiente, a todas luces, a una figura femenina sedente, bien algún personaje relevante de la época de fabricación, fechada durante el dominio romano, o inclusive alguna deidad expuesta o adorada en la cercana ciudad de Regina, de donde se supuso que podría ser originaria la obra, sin disponer de detalles sobre su hallazgo pero conociéndose el expolio constante al que era sometido desde antaño el yacimiento latino. La supuesta respuesta a la incógnita, aunque con más de veinte años de tardanza, llegaría finalmente al desenterrarse la escultura que aguardase junto a los templos forenses de la antigua urbe. Alcanzando el metro de altitud, de un tamaño algo superior al natural, se basaba la misma en la representación de la mitad superior o torso de un personaje femenino velado cuya pose, dimensiones representativas antropomorfas, cincelado y naturaleza marmórea originaria de la zona Borba-Estremoz casarían con las características mostradas por la pieza llerenense. Bautizada inicialmente como Dama de Regina, su identificación con la diosa Juno terminaría no sólo planteándose sino, rápidamente, cobrando valor, siendo exhumada de entre los terrenos adyacentes a la parte trasera del templo más oriental de aquéllos identificados como sede de la veneración a la Tríada Capitolina, formada por Júpiter, Juno y Minerva, respaldada la devoción a la diosa del matrimonio en la ciudad bética por un altar dedicado a ésta descubierto en el mismo teatro del municipio. 

Arriba y abajo: excavada la zona forense de la ciudad de Regina a partir del año 1.988, los campañas centradas en ella, especialmente aquéllas ejecutadas entre 2.008 y 2.012, sacarían a la luz los vestigios de tres templos de planimetría prácticamente idéntica (arriba), con 14,20 metros de longitud y 7,10 metros de anchura cada uno, separados entre ellos por un pasillo de 0,60 metros de ancho que les llevaría a ser identificados como área sacra destinada a la veneración de la conocida como Tríada Capitolina, diseñado cada edículo como edificio tetrástilo, con cuatro columnas al frente sobre un bajo podio de mampostería donde descansan pronaos y cella, antecedidos por baja escalinata compuesta de entre cuatro y cinco escalones graníticos, cumplimentados por columnas marmóreas de orden corintio que sitas en las esquinas reforzadas por sillares de cada estancia hacen de cada monumento una simbiosis entre los diseños próstilo y períptero, siendo tras la naos del inmueble más septentrional (abajo) -derecha visto el conjunto desde su frente- donde se descubriese en el verano de 2.010 sepultado el torso de la que diera en llamarse Dama de Regina, hasta el momento la pieza mueble principal de entre las rescatadas en el yacimiento romano que brilla por su riqueza patrimonial en plena Campiña Sur.

Coronada con diadema, con el cabello rizado partido por la mitad y mostrando sus rizos recogidos caer tras los oídos, de ojos almendrados y vestida con lo que pareciese stola con mangas abotonadas y anudada bajo los senos sobre la que queda antepuesta una palla o manto que cae desde su velada cabeza, privada de antebrazos y diseñada según los cánones clásicos, la Dama o diosa Juno de Regina recuerda, cumplimentado el torso con las piernas desmembradas, la representación de otras deidades femeninas olímpicas, así la diosa Ceres que fuera hallada entre los restos del teatro romano emeritense, identificada sin embargo ésta últimamente según algunos autores con la emperatriz Livia, cuya tradicional imagen idealizada, aún tocada con velo como sacerdotisa augustal, refleja su carácter matriarcal, otorgado igualmente a la reina del Olimpo como matrona primordial de la cultura greco-latina. Simbiosis entre la idealización de lo sagrado, la humanización de los dioses y la vinculación de los más altos valores morales con los personajes, sacros o terrenales, más relevantes, que podemos contemplar en el ejemplar reginense, destacando entre los tesoros muebles descubiertos en el yacimiento primordial de la Campiña Sur, cuyo catálogo amplían por su relevancia histórica y artística los tres bustos rescatados del pozo inscrito en el área forense, dedicados al emperador Trajano, al posible genio velado del municipio, así como a un príncipe de la dinastia Claudia que algunos han querido identificar con un joven Claudio. Esperando éstos aún a ser expuestos, la Dama de Regina, sin embargo, cuenta desde el 22 de junio con su espacio propio en el patio mudéjar del palacio de los Condes de la Roca, sede el Museo Arqueológico Provincial de Badajoz, exhibiéndose no solamente el torso descubierto en 2.010, sino junto a éste la pieza adquirida en 1.987 que el público podía contemplar desde años atrás en la sala dedicada a Roma de la galería museística, asumida la pertenencia primitiva de ambas fracciones a una misma escultura, aceptada la teoría que respaldase con un detallado estudio el arqueologo Andrés Fernando Silva Cordero, relevándose como toda una joya del patrimonio arqueológico romano español así como de las artes plásticas heredadas por nuestra región.



Arriba y abajo: conocida desde antaño la riqueza arqueológica del yacimiento reginense a pesar de no ser hasta el siglo XVIII cuando el mismo fuera identificado con la ciudad de Regina Turdulorum, el expolio de sus vestigios sería una constante a lo largo de los siglos, reaprovechándose, como se hiciese con la parte inferior de la estatua forense de la diosa Juno, muchos de los tesoros muebles o elementos constructivos de los añejos inmuebles latinos en la erección o complementación de monumentos posteriores, tal y como aún hoy en día puede apreciarse en varias de las localidades de la Campiña Sur que circundan la zona ocupada antaño por la urbe romana, conocida como Torre de los sillares aquélla que, en el vértice más oriental de la alcazaba de Reina (arriba, primeras dos imágenes), exhibe en su base piezas graníticas que, por su almohadillado, puede suponerse el provenir de la ciudad que un día floreció a los pies del cerro donde se asienta la islámica fortaleza, restando en los aledaños de la iglesia dedicada a San Sebastián, en la también localidad regina (arriba, imagen tercera), un destacado capitel que bien pudiera haberse recuperado de los restos de algún edificio monumental que se irguiera en el antiguo municipio, conservado un ejemplar de más modestas dimensiones y estilo jónico, junto a otros restos marmóreos y posibles retazos de fustes, en el patio interior del complejo religioso-rural donde queda inscrita la ermita de Nuestra Señora del Ara, en las cercanías de Fuente del Arco (abajo, y siguiente), siendo un fuste marmóreo también el que aún hoy sirve de escalón de entrada en la portada renacentista abierta a los pies y bajo la torre-fachada gótico-mudéjar de la parroquia dedicada a la Purísima Concepción de Valverde de Llerena (abajo, imagen tercera), inscrita en el lado del evangelio de la también gótico-mudéjar parroquia de Santiago Apóstol, en Casas de Reina, la lápida dedicada a Calpurnius y al hijo de Varo (abajo, imagen cuarta), siendo un posible altar el expuesto junto a otros marmóreos restos de fustes en el lado de la epístola de la iglesia dedicada a Nuestra Señora de la Asunción de Valencia de las Torres (abajo, imagen quinta), pudiendo en este caso pensarse, dada una mayor lejanía con el yacimiento reginense, en una proveniencia más cercana al mismo, quizás alguna villa o santuario circundante a la antigua ciudad latina, como también se baraja en el caso de la ermita del Ara, o como seguramente sea el caso visto ante los retazos romanos reutilizados en la parroquia de la Purísima Concepción de Granja de Torrehermosa (abajo, imagen sexta), recogidos éstos quizás de la antigua Arsa o Municipium Lulium Ugultuniacum, enclavado en lo que hoy es la localidad de Azuaga.






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