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sábado, 13 de enero de 2024

Imagen del mes: estatua orante del obispo Ponce de León, en la catedral de Plasencia

Acogida por una gran hornacina a modo de capilla funeraria elaborada por Mateo Sánchez de Villaviciosa, junto al altar mayor de la catedral Nueva de Plasencia y en el presbiterio de la misma por su lado del evangelio, la estatua orante del obispo Pedro Ponce de León, labrada en piedra por el artista castellano Francisco Giralte, no sólo cubre la tumba de uno de los más reseñables dirigentes de la diócesis placentina, sino que se ofrece a la par como una de las más excelsas obras escultóricas del Renacimiento extremeño, así como, posiblemente, la mejor estatua de índole funerario con que cuenta nuestra región.

Plasencia (Cáceres). Siglo XVI (ejecutada entre 1.573, tras el fallecimiento del obispo, y 1.576, año de defunción del artista); arte renacentista.

Arriba: nacido en Córdoba en 1.510, y fallecido en la localidad cacereña de Jaraicejo el 17 de enero de 1.573 -tal y como reza en el epitafio extendido a través del friso que, bajo frontón semicircular y figura del Creador, corona la capilla funeraria episcopal elaborada por el artista granadino Mateo Sánchez de Villaviciosa a petición de los testamentarios de D. Pedro Ponce donde, bajo arco casetonado de medio punto enmarcado por dos pilastras corintias, se cobija la estatua y tumba del que fuera obispo placentino: "Aquí yace el ilustrísimo Señor Don Pero Ponce de León, obispo que fue de esta Santa Iglesia e Inquisidor General; falleció en la villa de Jaraicejo, a XVII días de enero de 1.573 años"-, D. Pedro Ponce de León tomaría posesión de la diócesis placentina el 26 de enero de 1.560, tras el fallecimiento un año antes de su predecesor en el cargo, D. Gutierre de Vargas Carvajal, personaje al que no sólo relevaría como sumo dirigente del obispado de Plasencia, sino también como gran mecenas renacentista de la diócesis, terminando muchas de las obras arquitectónicas y artísticas iniciadas durante el mandato de Vargas Carvajal y encargando o dejando dinero para otras que vinieran a enriquecer el obispado, así su propio mausoleo donde, siguiendo nuevamente la estela de D. Gutierre, se depositara en manos del afamado artista palentino Francisco Giralte la labra de la estatua orante que viniera a cubrir su féretro, pudiendo así Extremadura contar con una obra mortuoria del insigne escultor renacentista discípulo de Berruguete que ya elaborase los cenotafios tanto del obispo previo como de los padres de éste, ubicados éstos sin embargo en el panteón familiar con que los Vargas contasen en pleno corazón de la villa de Madrid, en lo que hoy se conoce como Capilla del Obispo, formalmente capilla de Nuestra Señora y San Juan de Letrán, adosada a la madrileña iglesia de San Andrés. 

Arriba y abajo: planteada como imagen de bulto redondo y elaborada en mármol blanco de origen italiano -según el erudito Vicente Paredes; en alabastro del país según la historiadora Rocío García Rodríguez-, la estatua orante que viniese a cubrir el sepulcro del obispo placentino D. Pedro Ponce de León seguiría el planteamiento ya observado en otras esculturas funerarias renacentistas, donde el personaje retratado, lejos de figurar yacente y sin vida, se presenta vivo, orando, con las manos juntas y de rodillas, dirigiendo su mirada hacia el altar en una demostración tanto de su fe en la religión católica como de su humillación ante su doctrina, sin que por ello se prescinda, sin embargo, de la representación de los más ostentosos elementos materiales con que el personaje contase en vida, quedando así inmortalizada a su vez la categoría social y económica que el mismo llegase a alcanzar durante su estancia en este mundo, pudiéndose de esta manera apreciar entre las trazas escultóricas de la presente obra mortuoria la riqueza de las vestiduras del obispo (arriba) -aflorando los bordados de la casulla entre los fabulosos pliegues logrados sobre la piedra por el artista-, la valía de los anillos que pueblan los dedos del clérigo, o la suntuosidad del reclinatorio que antecede a la figura (abajo), dotado de bajorrelieves por sus respectivas caras donde varios personajes angelicales portan diversos emblemas relacionados con el difunto o la muerte de éste -así una mitra, un incensario o una calavera-, cubierto a la par de un rico encaje sobre el que se deposita, sobre almohada, un libro litúrgico abierto por el Salmo 88 -observado por Rocío García Rodríguez y centrado en la oración y solicitud de la misericordia divina ante el sepulcro-, asomando tras el mencionado mueble tanto el báculo episcopal como la mitra del obispo, sostenida ésta sobre un pequeño pilar que viene a cerrar la composición y simbología del conjunto escultórico por su esquina trasera derecha. 

Abajo: arrodillada la figura del obispo sobre un cojín, sostenida a su vez sobre un estrado de dos gradas que, simulando el suelo o tarima que acoge al personaje, sirve en realidad como cierre superior del sepulcro episcopal, aparece el frontal de tal pavimento decorado con casetones rectangulares y ovales a los que antecede, sostenido por dos figuras juveniles andróginas, semirrecostadas y ataviadas con túnicas, el blasón del obispo, coronado por el capelo episcopal y centrado por las armas del mismo, dividido en cuatro cuarteles donde, en los lugares primero y cuarto, se observa el emblema de los Córdoba, apellido paterno donde tres franjas de gules o rojo cruzan un campo de oro, protagonizando las divisiones segunda y tercera el escudo de los Ponce de León, con un león rampante junto a las cuatro franjas verticales del apellido Aragón, quedando así atestiguada a perpetuidad la identidad del personaje aquí depositado, igualmente reflejada mediante similar escudo sobre el arco que centra la capilla funeraria, o en el epitafio que la corona, siendo un epígrafe en latín el que, por su parte -protegido por rejería y recogido por el insigne José Ramón Mélida-, vendría a firmar la cara exterior del zócalo o propio sepulcro en sí, hablándonos nuevamente de la personalidad allí custodiada y la obra legada por ésta: DOMINUN PETRUM PONTIUM A LEONE SANCTAE HUIUS PLACENTINAE PRAESULEM PIENTISSIMUM ET MERITISSIMUM OMNI VIRTUTE ET NOBILITATE GENERIS PRAECLARUM INQUISITOREM GENERALEM SANCTA FUNCTUM VITA POST INSTITUTA SIBI ANIVERSARIA ET CAPELLANIA ET EPICOPATUS PAUPERES TESTAMENTO HAEREDES RELICTOS ET VIRGINES ORPHANAS IN PERPETUM HONESTISIMA DOTE IUVATAS HAEC BREVIS CAPIT URNA VIXIT ANNOS 63 OBIT D.I IANVARII M.D.LXXIII. 

jueves, 30 de noviembre de 2023

Imagen del mes: portada renacentista de la iglesia de Santa María de la Asunción, en Baños de Montemayor

Diseñada en un limpio estilo renacentista donde se conjugan tanto el granito como el mármol blanco en una simbiosis entre las técnicas arquitectónicas clásicas y la laboriosidad más exquisita de la escultura y ornamentación platerescas, la portada del lado del evangelio de la iglesia de Santa María de la Asunción de Baños de Montemayor se ofrece como la más artística de las dos entradas con que cuenta el principal inmueble religioso del municipio, parroquia siglos atrás de la sección de la población que antaño, separada en dos mitades religioso-administrativas por el trazado de la Vía de la Plata, quedase a oriente de la misma, dentro del reino de León, en el señorío del Marqués de Montemayor y bajo el gobierno episcopal del obispo de Coria.

Baños de Montemayor (Cáceres). Siglo XVI; arte renacentista.

La parroquia de Santa María de la Asunción de Baños de Montemayor sería declarada Bien de Interés Cultural, con categoría de Monumento, mediante Decreto 59/2022, de 25 de mayo, por la Junta de Extremadura.


Arriba y abajo: levantada entre los siglos XVI y XVII, con posibles inicios a fines de un siglo XV del que heredaría la portada más antigua del templo, abierta a los pies del mismo bajo un arco apuntado que conservaría el gusto gótico prolongado a través de la robustez arquitectónica de la obra, la parroquia perteneciente a la sección religiosa dependiente antaño de la diócesis de Coria, hoy único templo parroquial del pueblo tras la unión en 1.833 de sus dos concejos -Baños de Montemayor, a oriente, y Baños de Béjar, a occidente- en uno solo bajo el primero de estos nombres, y la consolidación religiosa en 1.959 del municipio resultante bajo un único obispado, el placentino, se yergue sobre el caserío como un edificio de única nave (arriba), cubierta con actual bóveda de cañón, con crucero marcado antes de un presbiterio con testero plano y en cuyo exterior destaca, además de una alta torre de tres cuerpos y llamativos arcos aislados entrecruzados sobre el campanario final, la portada renacentista sita sobre el lado septentrional o del evangelio del templo (abajo), centrada por un arco de medio punto dibujado sobre tres arquivoltas, marcado el arranque de éstas por cada una de las líneas de impostas mediante motivos vegetales repetidos en la clave del arco, enmarcado éste a su vez por dos pilastras de fustes estriados y orden compuesto cuyos capiteles vienen a sostener un entablamento en cuyo friso puede leerse, en epigrafía latina, la sentencia "EXALTATAE ST DEI GENITRIX" -Alégrate, Santa Madre de Dios-, en referencia a Santa María y advocación a la que está dedicado el sacro inmueble cultual bañense.



Arriba y abajo: supeditados sendos capiteles laterales por casetones ocupados por putis, culminados éstos a su vez por florones donde se conjugan sus artísticas estrías con delicadas testas, argollas y guirnaldas (arriba), figura la cornisa superior del entablamento que corona la portada septentrional de la parroquia bañense rematada por nuevas figuras de índole clasicista recuperadas por el gusto renacentista donde casan las volutas de gusto vegetal con dos ángeles anunciadores que, con sus trompetas (abajo), vienen a enmarcar y proclamar a la par la Asunción de María, protagonista ésta, como advocación del templo, de la presente portada, descubriéndose en un gran óvalo sobre todo el conjunto arquitectónico-escultórico que supone la presente entrada del evangelio la representación de María en su ascensión hacia los cielos, acompañada y auxiliada  por diversos angelitos desnudos en su elevación hacia Dios Padre (abajo, siguiente), o quizás Cristo como Salvador, quien, en mármol blanco, plasmado con larga túnica y pobladas barbas, bendiciendo con la mano diestra el mundo mientras sostiene con la siniestra el orbe mundial, culmina en lo superior todo un compendio artístico encaminado hacia la representación de aquel capítulo de la vida de María al que está dedicado el templo principal de la localidad.




Arriba y abajo: además de la pieza marmórea que viene a representar a Dios Padre como Creador, o bien a Cristo como Salvador del mundo, tres relieves más elaborados en níveo mármol vienen a conjugar con la piedra granítica que conforma el grueso de la portada renacentista de la parroquia de Santa María de la Asunción de Baños de Montemayor, así dos medallones que, sitos en el lienzo inserto entre el arco, los capiteles y la cornisa baja del entablamento, presentan a los santos Pedro y Pablo (arriba) acompañados de sus correspondientes emblemas religiosos -las llaves del paraíso y la espada, respectivamente-, quedando el friso de la composición arquitectónica centrado por un espectacular blasón marmóreo sostenido por dos putis desnudos y marcada anatomía en cuyo interior viene a descubrirse el jarrón de azucenas que hace alusión a María, en una nueva mención a la santa figura a la que está dedicada la obra edilicia, habiéndose querido ser visto éste por algunos autores, junto al resto de relieves de mármol y en base fundamentalmente a su fábrica en diferente material, como un posible último añadido a la portada posterior a la fecha de 1.567 labrada bajo el florón occidental del compendio edilicio y tomada como datación formal de la obra, observándose especialmente en esta pieza una tendencia al manierismo del que quizás derive la contorsión de los infantes sustentadores, precursora de la teatralidad que vendría a triunfar con el inmediato movimiento barroco en que fuese culminada la fábrica del presente templo.

miércoles, 31 de agosto de 2022

Imagen del mes: la Fontanilla de Fregenal de la Sierra

 

A modo de simbiosis entre caño, pilar y hornacina, la fuente popularmente conocida como la Fontanilla mantiene desde su erección durante el reinado de Felipe II el gorgoteo de sus aguas, susurrando entre las viviendas que conforman la plazuela a la que ésta da nombre, inscrita en la esquina nororiental del casco histórico frexnense, esperando surtir al viandante que hasta ella se acerque, como siglos atrás aguardase al jornalero que junto a sus sillares deambulase encaminado hacia sus faenas, o al viajero que hacia tierras norteñas, entonces fronteras con Extremadura, se dirigiese, invocando la guarda y custodia de la Virgen de la Guía que aún centra la infraestructura monumental.

Fregenal de la Sierra (Badajoz). Siglo XVI (reinado de Felipe II); arte renacentista.


Arriba y abajo: adelantada por un alargado pilar rectangular (arriba) al que vierte sus aguas la pila principal del conjunto hidráulico (abajo), ambos abrazados por un compendio de sillares graníticos que, en el caso superior, se ve a su vez cumplimentado con sendas bancadas de similar naturaleza dibujadas a diestra y siniestra de la taza, permitiendo sentarse a los vecinos que aguardasen turno a la hora de recoger las aguas hasta aquí traídas, o tomar el fresco junto al caudal en las jornadas acaloradas, capitanea la llamada Fontanilla de Fregenal, en la que interviniesen el maestro cantero Antonio Bogallo y el alarife Francisco Hermoso, un frontal del que surgen, en su parte baja, tres caños metálicos que dan inicio al circuito acuático (abajo, imágenes segunda y tercera), brotando el central de un mascarón masculino en relieve, tallado siguiendo un diseño clasicista que casa con el gusto renacentista bajo el que fuese ejecutada la obra, fechada, según consta en la misma placa marmórea que centra el paredón, en 1.571, coincidiendo con una época de esplendor urbano, económico y cultural en la ciudad, por entonces villa dependiente del concejo sevillano, erigiéndose en similar década de los setenta de tal centuria decimosexta el afamado retablo mayor de la parroquia de Santa Ana, una de las joyas artísticas heredadas por el pueblo frexnense, así como obra cumbre en la retabilística renacentista extremeña.





Arriba y abajo: formado por tres piezas marmóreas, apergaminado y custodiado por las testas masculinas que vienen a representar bajo tintes mitológicos los cuatro vientos -con sus nombres, semiborrados, acompañándolos, igualmente vistos tales personajes en otras obras renacentistas de la Baja Extremadura, así probablemente en las portadas de la parroquia calamonteña de Nuestra Señora de la Asunción y en la de la epístola de la ermita emeritense de Nuestra Señora de la Antigua, o quizás como gárgolas en la torre de la iglesia de Esparragosa de La Serena-, el epígrafe que centra el frontal de la Fontanilla (arriba), cincelado a ambos lados de un prominente blasón real vinculado con el monarca Felipe II previo a su nombramiento como rey de Portugal, nos habla de la fecha y mecenazgo bajo el que se realizase la obra, dictaminada su erección por parte del cabildo local -"Esta obra mandaron hacer los señores del cabildo de esta villa, siendo alcalde de la Justicia en ella el muy magnífico señor doctor Pérez Manuel, y por su parecer acabose en el año de Nuestro Señor Jesucristo de 1.571"-, a modo de perpetuidad de datos, así como enriquecimiento en cuanto al ornato del bien inmueble, centrado éste, en lo arquitectónico, en el arco de cortina que, a modo de cornisa superior, corona la edificación, sostenido cada extremo final por una voluta -decorada sendas con relieves vegetales-, rematada en cada lateral por un cubo acasetonado en sus frentes -centrados los casetones con tondos y dibujos de tipología geométrica y vegetal (abajo, imagen tercera)-, inscrito sobre el vértice medio del diseño un pináculo apoyado sobre disco, rematado el primero por una cruz de forja que tilda con un toque religioso la creación edilicia (abajo, imagen segunda), si bien la auténtica proyección religiosa vertida sobre la fuente se promulga desde la hornacina horadada bajo el pináculo central y sobre la estela epigráfica, donde, bajo venera, aguarda al vecino y viandante una imagen de bulto redondo policromada dedicada a la Virgen María con el Niño Jesús  sobre su brazo izquierdo, en su advocación de Nuestra Señora de Guía (abajo), hoy sustituida la escultura original por una réplica, dañada la protección vítrea que la cubría, perdido igualmente el farol que iluminaba la talla, si bien ha quedado conservado el brazo metálico y la correspondiente polea que servía al mismo, haciendo de éste un lugar sacro inserto en un bien de uso público, siguiendo la tradición y el espíritu religioso católico que imperase en la España de la Edad Moderna, especialmente tras el cisma  protestante, igualmente visto en otras obras de ingeniería extremeñas, así en puentes como el llamado Nuevo de Plasencia, o en la Puentecilla de Tornavacas.




jueves, 30 de junio de 2022

Imagen del mes: portada renacentista del antiguo Palacio Prioral, hoy en la iglesia de San Esteban, en Puebla del Prior

 

Expuesta hoy como puerta de acceso por el lado de la epístola al templo parroquial dedicado a San Esteban de la localidad de Puebla del Prior, los vestigios de la antigua portada del inmediato Palacio Prioral, hoy prácticamente desaparecido, se ofrecen no sólo como un recuerdo de la vinculación histórica que mantuviese la villa porreta con la Orden de Santiago, sino fundamentalmente como una excelsa obra del renacimiento extremeño, cuyo llamativo compendio de veneras labradas entre sus piezas de naturaleza marmórea bien pudiera hacerla merecedora, simulando el caso salmantino, del título de "portada de las conchas" de la Baja Extremadura.

Puebla del Prior (Badajoz). Siglo XVI; arte renacentista.


Arriba y abajo: felizmente salvada de una total destrucción, venta o expolio, ante cuyos peligros ya denunciase la situación de desamparo en que se encontraba la antigua portada prioral D. Adelardo Covarsí, cuando supiera éste de la demolición provocada de tal obra durante los primeros años del último gobierno republicano, las restantes piezas pétreas preservadas de esta fábrica -cumplimentadas las faltantes por relieves marmóreos de nueva talla- conforman hoy en día la puerta de acceso por el lado de la epístola de la parroquia de San Esteban, edificada a fines del siglo XV siguiendo el mandato de García Ramírez Villaescusa, por entonces prior del Priorato de San Marcos de León, dimensión religiosa de la Provincia santiaguista de León a la que administrativamente Puebla del Prior perteneciese, dentro del Partido de Llerena, desde que la misma fuese fundada en 1.257 por el prior santiaguista Martín García bajo mandato del Maestre Pelayo Pérez Correa, determinando Garci-Ramírez la prolongación de la obras, erigiendo junto al templo un palacio prioral de aspecto castrense que, dilatada su ejecución a lo largo del siglo XVI, viniese a sustituir un primitivo caserón santiaguista en deficiente estado, sirviendo de novedosa sede a la Orden y aposento de los caballeros y priores santiaguistas durante las visitas de los mismos a la población, elaborado el monumento en un estilo renacentista hermanado con el ya visto en otras obras decretadas por tal personaje, así el Palacio Episcopal de Llerena, centrando el dintel de acceso constituido de dovelas el escudo del Priorato de San Marcos de León, ocupando el interior del blasón un león mirando hacia la izquierda, dibujada tras él la cruz santiaguista, coronado el mismo por un capelo y abrazado por sendos ramos de borlas, a seis por lateral, destinado habitualmente tales elementos de la heráldica episcopal a los obispos, demostrando así la categoría diocesana de que disfrutaba este priorato, exhibido tal blasón igualmente desde mencionado palacio prioral llerenense, así desde la misma portada de la que fuese sede prioral principal, sita en el conocido como Convento de San Marcos de León en la ciudad leonesa.

Arriba y abajo: abrazado el conjunto por dos pilastras, subdivididas éstas a su vez en dos secciones correspondientes a cada uno de los cuerpos de que se conforma la obra, quedan coronados ambos fustes con capiteles de corte renacentista donde se conjugan los elementos tomados de los órdenes arquitectónicos clásicos -así las volutas o las hojas de acanto en los capiteles compuestos de los pilares bajos; abajo-, rematados los superiores con sencillos pináculos tras superar la cornisa de coronamiento del cuerpo superior, repetida ésta por duplicado sobre el vano adintelado de acceso, enmarcando un friso que supone la separación entre ambas secciones arquitectónicas, ocupado el mismo por una serie de catorce veneras repetidas a lo largo y ancho de las jambas que conforman la puerta en sí, con cinco filas horizontales de tres conchas cada una -abajo, siguiente-, sumando así treinta veneras más que junto a las ocho del propio dintel y las seis que figuran en el cuerpo superior del conjunto edilicio -desaparecidas posiblemente dos de ellas en la cúspide de las bandas laterales donde se ubican-, hacen un total de cincuenta y ocho conchas vinculadas por el peregrinaje y el Apóstol Santiago, patrón de la Orden mecenas del monumento, llamando la atención no sólo la repetición sino fundamentalmente el alto número que de las mismas pueden contemplarse en el bien mueble, sin que por ello dejen de aparecer otros elementos ornamentales propiamente renacentistas tomados del clasicismo igualmente labrados sobre la obra, inscritos éstos en la sección central del cuerpo supremo, así dos grandes tondos cuyos motivos internos se han visto semiperdidos, superados a su vez por tres medallones ocupados por bustos masculinos cubiertos con cascos, siendo mascarones los que sustentan las finas columnas que sostienen el epígrafe que remata esta sección interna alcanzando la cornisa de cierre, semiborrada la inscripción original tanto por la erosión como por la destrucción de piezas primigenias, donde quizás se hablase de la fecha de ejecución y artífices de la misma, en todo caso imborrable el estar ante toda una joya del renacimiento de Extremadura.

lunes, 28 de febrero de 2022

Imagen del mes: portada renacentista de la iglesia de San Andrés Apóstol, en Almaraz

 

Destacando sobre la recia fábrica de mampostería reforzada con sillares de que consta la constitución fundamental de la iglesia parroquial almaraceña de San Andrés, se abre en su lado de la epístola la única portada de acceso al templo, diseñada bajo un gusto renacentista que rescata el clasicismo de las formas frente a la sobriedad que presentan los tintes góticos del resto de la construcción, ofreciendo al viajero que, siguiendo el Camino Real de Extremadura, llevara sus pasos a este pequeño caserío del noreste de la región, una obra de buen gusto en plena tierra extremeña, así como al pueblo donde se alza, un vínculo atemporal con uno de los personajes más relevantes del Renacimiento español: el obispo de Plasencia D. Gutierre de Vargas Carvajal.

Almaraz (Cáceres). Siglo XVI; arte renacentista.

Arriba y abajo: llamando la atención desde el exterior del monumento tanto la diferencia de altura entre nave y cabecero, como la inacabada prolongación de los muros del evangelio y epístola a los pies del templo (arriba), sendos rasgos constructivos nos hablan de una inconclusa historia arquitectónica del inmueble, iniciada en el siglo XVI por orden del que fuese entre 1.524 y 1.559 obispo de Plasencia, D. Gutierre de Vargas Carvajal, respondiendo esta obra, como otras muchas repartidas por la diócesis placentina -así las parroquias de Jaraicejo, Garciaz, Berzocana o Guareña-, a la inquietud cultural y artística del teólogo madrileño que decidiría levantar, quizás sobre algún templo anterior, una nueva parroquia donde el gusto gótico se conjugase con el renacentista, latente tal simbiosis en la única nave de que consta el monumento, mostrando este enclave primitivo de la parroquia -retocado el cabecero a fin de ampliar el edificio un siglo después-, una comunión entre el arte gótico, presente en la bóveda de crucería estrellada de su cubierta donde luce el escudo del mecenas, y el triunfante Renacimiento, ofrecido éste fundamentalmente en la portada del edificio (abajo), cuya realización se debe, al parecer, al arquitecto Juan Álvarez.

 

 
Arriba y abajo: nacido presuntamente en 1.544, diversas vicisitudes, principalmente el fallecimiento en 1.561 de su maestro Pedro Ezquerra de Rozas, llevarían a Juan Álvarez a hacerse cargo de varias de las obras que éste había dejado a su muerte inconclusas dentro de la diócesis placentina, así la iglesia de San Juan Bautista de Malpartida de Plasencia, o la de Santiago Apóstol de Miajadas, englobándose dentro de este listado, al parecer, la parroquia almaraceña donde el maestro cantero dejara su huella en la portada renacentista del templo, posiblemente siguiendo trazas previas aprobadas por el obispo D. Gutierre antes del óbito de éste, acaecido en Jaraicejo en 1.559, constando ésta, elaborada en su totalidad por piedra berroqueña y centrada por un arco de medio punto enmarcado en una cenefa que simula un rehundido, de dos pares de columnas acanaladas de orden jónico sobre basamento, semejantes a los vistos en la también renacentista portada de la cercana parroquia de San Ildefonso de Serrejón -igualmente edificada bajo similar mecenazgo episcopal-, sosteniendo las mismas (arriba) un entablamento con cornisa sobre taqueado que, superando la puerta de acceso, sirve como base de un ático en cuyas esquinas, coincidiendo con la vertical de tales pilares, dos pirámides rematadas en bola culminan la obra ornamental que iniciasen los primeros, mientras que sobre el propio arco es una hornacina (abajo), rematada en cruz, la que bajo venera acoge una imagen granítica y en bulto redondo del santo titular del templo, San Andrés, acompañado éste de la cruz aspada, emblema del apóstol y signo de su martirio, mientras el santo mira a la plaza que lleva su nombre en la zona noroccidental del pueblo y corazon del Almaraz histórico, cuyo caserío aún corona hoy en día, como siglos atrás, la silueta de la parroquia que un día quiso concederle uno de los más destacados mecenas del Renacimiento extremeño.

 

viernes, 25 de febrero de 2022

Colaboraciones de Extremadura, caminos de cultura: Las troneras de cruz y orbe en los escudos de Trujillo, en Extremos del Duero

 

Tiempo atrás, mi amigo y colega bloguero Jesús López, administrador del blog Extremos del Duero, compartió conmigo una imagen tomada en Trujillo de la portada de la que fuera dehesa de los caballos de la ciudad, en la que se podía apreciar el blasón municipal, observándose curiosamente una versión mariana en la cual la Madre de Dios parece figurar dándole el pecho al Niño. Iconografía, si bien no extraordinaria, sí poco común, que en Extremadura puede admirarse, por ejemplo, en la escultura ofrecida como patrona de la ciudad de Plasencia, bajo el título de Nuestra Señor del Puerto, o en el lienzo que representando a la Virgen de la Leche se conserva en el interior de la iglesia parroquial de la Consolación, en Arroyomolinos, tal y como ofrecimos en agosto de 2.012 desde este mismo blog.

Paseando recientemente por las calles trujillanas, caí en la cuenta del generoso número de escudos municipales que pueden apreciarse entre las vías y rincones de Trujillo, pareciéndose adivinar dentro de unos de estos blasones otro relieve mariano basado en el amamantamiento de Jesús sobre los muros de la iglesia de San Pedro, observación que quise compartir con mi colega. Verificada finalmente la inexistencia de tal expresión artística en mencionada obra,  aprovecharía la ocasión para compartir con él la pequeña colección fotográfica que pude formar basada en tales emblemas municipales, sumando ocho más a la serie iniciada por Jesús con el ejemplar de mencionada dehesa comunal, revelándose el casco urbano trujillano como uno de los enclaves municipales extremeños de los que entre sus rincones más ejemplares de escudos locales históricos pueden descubrirse.

Ojeando las imágenes, Jesús caería sin embargo en un detalle nuevo: la amplia figuración de troneras de cruz y orbe en muchos de los relieves donde, figuradamente, se representa la plaza fuerte trujillana supeditada por la Virgen que, legendariamente, apareciese milagrosamente sobre los contornos de la población en el momento de su reconquista definitiva en 1.233, a manera de auxilio hacia las tropas cristianas de Fernando III de Castilla. Bautizada así como Virgen de la Victoria, sería ésta el posterior germen de la advocación mariana tomada como patrona del lugar. Troneras de cruz y orbe de las que nos hablará Jesús a través de un reciente artículo que os invito a descubrir, mientras os dejo con la pequeña colección de escudos de la ciudad que pueden fácilmente atisbarse mientras se pasea por entre las calles y contornos de esta joya urbana extremeña, acertadamente declarada Conjunto Histórico-Artístico mediante decreto 2223/1962, de 5 de septiembre de mencionado año.

http://extremosdelduero.blogspot.com/2022/02/las-troneras-de-cruz-y-orbe-en-los.html

Arriba y abajo: ocurrido el milagroso suceso, al parecer, sobre la portada conocida hoy como del Triunfo (arriba), donde la legendaria intervención mariana ayudase a las tropas cristianas, como la nomenclatura indica, a tomar definitivamente la ciudad frente a los musulmanes el 25 de enero de 1.233, se conserva en la cara interna del posterior arco gótico de acceso una hornacina ocupada por una escultura labrada en la segunda mitad del siglo pasado de la que fuese bautizada como Virgen de la Victoria, advocación mariana que en Trujillo se forjase a raíz de tal presunto acontecimiento vinculado con este punto del entramado urbano trujillano, instalado primitivamente un lienzo que a partir del siglo XVI reflejase una iconografía ya dispersa por la ciudad a través del blasón que se diseñase como escudo de armas de la ciudad, conservado el más antiguo de entre los múltiples blasones municipales que campan entre las calles y recovecos de la población en la cara intramuros del denominado como arco de Santiago (abajo), por su conexión con la iglesia dedicada a tal apóstol, adivinándose en éste, fechado en el siglo XIV, una esquemática imagen mariana dentro de lo que fuese una estructura castrense, observándose por el contrario sobre la portada inscrita a los pies del templo de románicos inicios anexo, en el considerado segundo más antiguo escudo municipal, la ya característica simbiosis entre María y la ciudad fortificada (abajo, siguiente), con la Madre de Dios centrando el relieve, elevadada sobre un recinto amurallado y abrazada por dos altos torreones.


Abajo: fuera del recinto amurallado, en la neurálgica Plaza Mayor de la ciudad, puede observarse sobre la portada principal de la emblemática iglesia de San Martín el primero de los variados escudos municipales que podremos apreciar paseando entre las vías históricas de la ciudad extramuros, apareciendo enmarcada por un alfiz y sobre el escudo del obispo Pedro Ponce de León inscrito en la portada renacentista de los pies de mencionado templo, el blasón cuyo flanco inferior queda oculto bajo el remate circular que corona el frontón que supedita la puerta de mediodía del monumento (abajo), inscrito también dentro del alfiz que circunda la portada de entrada al templo dependiente del convento de San Pedro un nuevo ejemplar heráldico (abajo, siguiente), en el lateral de la epístola de tal capilla datada en el siglo XVI, dando por su parte a la cercana calleja de San Gregorio, en su apertura hacia la plazuela del Prior de Quiroga, un nuevo escudo municipal coronado con remate pétreo, inmerso en los muros del que fuese convento de Santa Clara, fundado en 1.533 y hoy Parador de Turismo, en la unión de éste con la que fuera iglesia del cenobio y templo de San Clemente (abajo, tercera imagen).


Abajo: dirigiéndonos hacia el Sur de la población, consta la portada de la iglesia adscrita al que fuera convento de San Francisco, abierta a los pies del templo, de una cuidada decoración de base renacentista donde destacan, enmarcados por un alfiz y en derredor de una hornacina ocupada por la escultura del santo titular, los escudos imperial y de la ciudad, siendo este segundo (abajo), posiblemente, el ejemplar más rico en cuanto a ornamentación de los conservados dentro de la localidad, destacando en derredor de las figuras de que se compone el mismo, un acompañamiento coronado por un querubín, sitos seres mitológicos propios del plateresco entre las esquinas, labrado un mascarón bajo las murallas de la ciudad, descubriéndose a no mucha distancia, sobre la portada de acceso al actual edificio consistorial trujillano, antigua alhóndiga del lugar, el escudo que a partir de 1.566 diera la bienvenida al pósito de la localidad (abajo, siguiente), desde 1.888 al palacio concejil, elaborado en un estilo renacentista mucho más sobrio que el expuesto en el ejemplar anterior.


Abajo: abandonando el centro histórico trujillano, inscritas en los derredores del mismo quedaban las conocidas como Dehesas de los Caballos y de las Yeguas, sita la primera junto a la carretera de Madrid, abierta la segunda en las inmediaciones de la carretera de Cáceres, dotadas ambas de portadas aún conservadas en cuyos frentes figurarían, en sendos casos, el escudo municipal junto al real del momento de edificación, imperial de Carlos I en el caso de la Dehesa de los Caballos, fechado en 1.535 y colocado entre los blasones del municipio y de los Vázquez de Cepeda (abajo), figurando en el edificio de la Dehesa de las Yeguas el escudo de Felipe II a la siniestra, el municipal a la diestra (abajo, siguiente), datados en 1.576 y formando parte de un excelente diseño renacentista que acoge el posiblemente más alejado de los ejemplares de armas del concejo trujillano que pueden atisbarse dentro del casco urbano de la localidad, si bien a varios kilómetros de distancia hacia el Noreste, sobre el río Almonte y actual límite fronterizo entre los términos municipales de Torrecillas de la Tiesa y Jaraicejo, sorprende sobre el conocido como Puente del Cardenal, en el templete erigido frente a la rampa destinada a uso ganadero y punto de unión entre las dos fases constructivas del bien (abajo, tercera imagen), un nuevo ejemplar de armas trujillano fechado en el siglo XV y cumplimentado con el real de Felipe IV en el siglo XVII sobre él, hablándonos de la vinculación del inmueble con el concejo trujillano, comprometido con su construcción mediante escrito fechado en 1.460, dependiendo del viaducto para su conexión con Castilla y Madrid, declarado recientemente, en 2.019, Bien de Interés Cultural mediante Decreto 172/2019, de 5 de noviembre.


lunes, 31 de enero de 2022

Imagen del mes: Ermita del Cristo de la Misericordia, en Torre de Don Miguel

 

Aun engullida por el crecimiento urbanístico y perdido el soportal que la antecedía, sigue mostrando la ermita del Cristo de la Misericordia a los pies de la calle de la Barrera y mirando hacia la cuesta que sube al corazón de la villa torreznera, el gusto renacentista que, plasmado fundamentalmente a través de su portada, hace de esta capilla de sencillas mole y planta un ejemplo a destacar entre similares templos de tradicional erección a las puertas de las localidades extremeñas norteñas, enriquecido su programa iconográfico con una serie de gárgolas que, además de cumplimentar la obra con un presunto mensaje moral, enlaza ésta con el movimiento gótico anterior, como es característico en las obras dirigidas por el maestro Pedro de Ibarra, príncipe entre los arquitectos del Renacimiento extremeño a quien se atribuye la autoría del sacro inmueble.

Torre de Don Miguel (Cáceres). Siglos XVI; estilo renacentista. 
 
 
Arriba y abajo: ejecutado su alzado íntegramente en sillares de granito sobre planta cuadrada, reforzado por contrafuertes esquineros y cubierto con tejado a cuatro aguas (arriba), la ermita popularmente conocida como del Cristo, oficialmente del Cristo de la Misericordia, mira hacia el centro histórico de Torre de Don Miguel, de donde los hermanos de la Cofradía de similar advocación, según consta en el Interrogatorio de la Real Audiencia de Extremadura fechado en 1.791, bajaban cada 25 de marzo para celebrar en ella misa, eligiéndose esa misma tarde el alcalde, los diputados y el capellán de la hermandad, fundada al parecer en 1.721 y que por aquel entonces contaría con 170 cofrades, desconociéndose si tal evento se llevaría a cabo en el interior del inmueble, o más bien bajo el soportal que antecedía primitivamente el mismo, desaparecido gran parte de éste tras sufrir el enclave un incidente a fines del siglo XX, enmarcando el espacio que ocupase éste sendos bancos corridos que, prolongando los lados de evangelio y epístola respectivamente, anteceden hoy al templo en sí (abajo), restando las bases pétreas sobre las que se apoyarían las vigas de madera que servirían de fustes de sustentación del tejadillo del soportal (abajo, siguiente), apoyado en su llegada al monumento sobre los dos salientes o ménsulas que en la fachada del mismo ahora pueden observarse sin impedimento visual alguno, como así la propia portada de la ermita en sí.
 
 
 
 
Arriba y abajo: si bien algunos autores abogan por una etapa constructiva inicial previa a la presunta intervención de Pedro de Ibarra a mediados del siglo XVI, de cuyas manos procederían al parecer las trazas que dibujan la portada que hoy vemos a los pies del inmueble (arriba), cerrándose un acceso primigenio que, bajo el arco de medio punto que aún enmarca tal flanco de presentación, separaba el exterior del espacio sacro auxiliado por un verjado, otros estudiosos defienden, por el contrario, la completa erección del inmueble bajo dirección del maestro de presunta nacencia salmantina, considerado hijo del también arquitecto Juan de Álava y declarado como figura clave en la arquitectura renacentista de Extremadura, donde recaería tras recibir por los condes de Alba de Liste el encargo de construir la capilla mayor del convento de San Antonio de Garrovillas de Alconétar, llegando a convertirse en maestro mayor tanto de la Orden de Alcántara como de la diócesis de Coria -con intervención, entre muchas, en la torre de Santa María la Mayor de Cáceres, en las parroquias de Nuestra Señora de la Asunción de Casar de Cáceres, Santa María la Mayor de la Asunción de Brozas y San Andrés Apóstol de Zarza la Mayor, así como muy posiblemente en la del Buen Varón de Hoyos-, encargado, al parecer a partir de 1.544, de las obras de remodelación de la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción de Torre de Don Miguel -recientemente declarada, por decreto 173/2019, de 5 de septiembre, bien de interés cultural con la categoría de monumento-, quedando así vinculado con la villa torreznera, barajándose esta etapa de relación del artista con el municipio la fecha en que datar la ejecución de la ermita del Cristo, a la que se dedicaría en paralelo a los trabajos llevados a cabo en el templo principal de la localidad, dotando a la ermita de una portada donde llama la atención, sobre el dintel que corona la puerta de acceso, un frontón triangular que recuerda su intervención en la Portada del Perdón de la Catedral de Coria (abajo), ocupado éste por una decoración mucho más humilde que el programa iconográfico de tintes platerescos preservado en la seo cauriense, con un medallón centrado por un blasón de armas o epigrafía erosionadas, y motivos vegetales en los espacios restantes entre el tondo y los ángulos del triángulo arquitectónico, vacíos los medallones que ocupan los tres pares de casetones inscritos en el friso que forma parte del entablamento que supone el dintel que, de lado a lado, supedita tanto la puerta central como sendos ventanales que la abrazan, cumplimentado con una cornisa y un arquitrabe labrado con arquillos ciegos, sustentado tanto por las jambas de la portada -donde destaca la rica labor en madera, a base de motivos vegetales y geométricos, que aún conservan las hojas de la puerta (abajo, siguiente)- como por el trío de balaústres que ocupa cada uno de los vanos abiertos a cada lado de ésta (abajo, imagen tercera) -sostenidos por paños donde el bajorrelieve que ofrece sendos pares de casetones rectangulares pareciese haber querido imitar los balaústres centrales que les anteceden-, permitiendo éstos tanto la ventilación e iluminación de un templo que no cuenta con más aberturas al exterior que éstas y los dos óculos elípticos inscritos a sendos lados del frontón de la portada, así como la contemplación antaño del interior de la capilla, sirviendo durante sus horas de cierre a las oraciones del lugareño o del viajero que llegase a la villa, o partiese de ésta, como aún hoy puede observarse y ejecutarse en capillas de similar arquitectura y fin, así en la ermita del Humilladero en la cercana localidad de Robledillo de Gata, piadosos autores éstos posiblemente de los grafitis de tinte religioso que pueden adivinarse cincelados sobre algunos de los sillares que circundan la portada (abajo, imagen cuarta), identificándose sobre la piedra monogramas del nombre de Jesucristo que verifican la devoción popular vivida por el lugar a lo largo de su centenaria historia. 




 
 
Arriba y abajo: supeditada la puerta de entrada al recinto sacro y las líneas clásicas que la componen por un arco de medio punto sobre el que hoy pueden observarse las ménsulas de sustentación del tejado que supondría el primitivo soportal de acceso y protección del viandante, viajero o feligrés, similar a los que actualmente pueden verse en los frentes de múltiples capillas de paralelas trazas edilicias enclavadas a lo largo del Norte de la región y Sur de la salmantina, así en la ermita del Santo Cristo del Humilladero de Valverde de la Vera, corona tanto el frontal (arriba) como los restantes muros del evangelio, epístola y cabecero -en paralelo a la moldura que circunda el edificio en su base- un entablamento iniciado con un cinturón inferior, a modo de arquitrabe compuesto de tres bandas horizontales, un friso ornamentado a base de cruces de tipología griega y arquillos ciegos en alternancia -considerada la firma edilicia de Pedro de Ibarra en sus obras y, así, verificación de su intervención en el inmueble-, seguido de la propia cornisa en sí (abajo) -decorada ésta con taqueado y supeditada en la esquina entre frente y muro del evangelio por una sencilla espadaña de arco de medio punto y remate en cruz, fechada según propia inscripción en 1.673, cuya campana, conocida como la chica, se conserva hoy en la parroquia del lugar-, marcado el punto medio de este entablamento en su frente, coincidiendo con el ángulo superior del frontón, por una voluta que recoge un saliente de la cornisa, ubicados igualmente en los puntos centrales de cada uno de los tres flancos restantes (abajo, siguiente: lados del evangelio y cabecero; imagen tercera: cabecero y lado de la epístola) una gárgola, mostrando éstas, en esculturas de bulto redondo de cuidado tallado cercano al visto tanto en los ejemplares de la parroquia de San Pedro de Gata como en aquéllos que asoman desde la propia iglesia parroquial torreznera, varios seres antropomorfos cuyos pecados les han conferido un aspecto ciertamente mostruoso, especialmente sobre sus rostros, portando la gárgola del muro del evangelio, presuntamente desnuda, un can en su mano izquierda, un copón o cáliz en la derecha (abajo, imagen cuarta), alusión quizás a los vicios a los que lleva la ingesta de alcohol, posible visión de algún clérigo desviado de la doctrina que impartía, con gesto torcido su compañero sito en el ábside del templo (abajo, imagen quinta), al que la erosión le he llevado a perder su mano izquierda y quizás algún otro elementos más que nos permitise barajar la idea bajo la que se labró, más clara la atisbada en la gárgola del lado de la epístola, donde un ser itifálico, mirando al frente y sosteniendo con fuerza lo que aparenta ser una bolsa monetaria -sin descartar que sea ésta una botella- haría referencia al pecado de la usura, siguiendo una tradición moralista que enlazaría con el gusto gótico, superviviente aún a mediados del siglo XVI en una población en la cual, a pesar el triunfo del clasicismo en las formas, aún mantenía una fuerte presencia de la religión y la moral impuesta por ésta, a las que el arte seguiría sirviendo.







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