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lunes, 28 de febrero de 2022

Imagen del mes: portada renacentista de la iglesia de San Andrés Apóstol, en Almaraz

 

Destacando sobre la recia fábrica de mampostería reforzada con sillares de que consta la constitución fundamental de la iglesia parroquial almaraceña de San Andrés, se abre en su lado de la epístola la única portada de acceso al templo, diseñada bajo un gusto renacentista que rescata el clasicismo de las formas frente a la sobriedad que presentan los tintes góticos del resto de la construcción, ofreciendo al viajero que, siguiendo el Camino Real de Extremadura, llevara sus pasos a este pequeño caserío del noreste de la región, una obra de buen gusto en plena tierra extremeña, así como al pueblo donde se alza, un vínculo atemporal con uno de los personajes más relevantes del Renacimiento español: el obispo de Plasencia D. Gutierre de Vargas Carvajal.

Almaraz (Cáceres). Siglo XVI; arte renacentista.

Arriba y abajo: llamando la atención desde el exterior del monumento tanto la diferencia de altura entre nave y cabecero, como la inacabada prolongación de los muros del evangelio y epístola a los pies del templo (arriba), sendos rasgos constructivos nos hablan de una inconclusa historia arquitectónica del inmueble, iniciada en el siglo XVI por orden del que fuese entre 1.524 y 1.559 obispo de Plasencia, D. Gutierre de Vargas Carvajal, respondiendo esta obra, como otras muchas repartidas por la diócesis placentina -así las parroquias de Jaraicejo, Garciaz, Berzocana o Guareña-, a la inquietud cultural y artística del teólogo madrileño que decidiría levantar, quizás sobre algún templo anterior, una nueva parroquia donde el gusto gótico se conjugase con el renacentista, latente tal simbiosis en la única nave de que consta el monumento, mostrando este enclave primitivo de la parroquia -retocado el cabecero a fin de ampliar el edificio un siglo después-, una comunión entre el arte gótico, presente en la bóveda de crucería estrellada de su cubierta donde luce el escudo del mecenas, y el triunfante Renacimiento, ofrecido éste fundamentalmente en la portada del edificio (abajo), cuya realización se debe, al parecer, al arquitecto Juan Álvarez.

 

 
Arriba y abajo: nacido presuntamente en 1.544, diversas vicisitudes, principalmente el fallecimiento en 1.561 de su maestro Pedro Ezquerra de Rozas, llevarían a Juan Álvarez a hacerse cargo de varias de las obras que éste había dejado a su muerte inconclusas dentro de la diócesis placentina, así la iglesia de San Juan Bautista de Malpartida de Plasencia, o la de Santiago Apóstol de Miajadas, englobándose dentro de este listado, al parecer, la parroquia almaraceña donde el maestro cantero dejara su huella en la portada renacentista del templo, posiblemente siguiendo trazas previas aprobadas por el obispo D. Gutierre antes del óbito de éste, acaecido en Jaraicejo en 1.559, constando ésta, elaborada en su totalidad por piedra berroqueña y centrada por un arco de medio punto enmarcado en una cenefa que simula un rehundido, de dos pares de columnas acanaladas de orden jónico sobre basamento, semejantes a los vistos en la también renacentista portada de la cercana parroquia de San Ildefonso de Serrejón -igualmente edificada bajo similar mecenazgo episcopal-, sosteniendo las mismas (arriba) un entablamento con cornisa sobre taqueado que, superando la puerta de acceso, sirve como base de un ático en cuyas esquinas, coincidiendo con la vertical de tales pilares, dos pirámides rematadas en bola culminan la obra ornamental que iniciasen los primeros, mientras que sobre el propio arco es una hornacina (abajo), rematada en cruz, la que bajo venera acoge una imagen granítica y en bulto redondo del santo titular del templo, San Andrés, acompañado éste de la cruz aspada, emblema del apóstol y signo de su martirio, mientras el santo mira a la plaza que lleva su nombre en la zona noroccidental del pueblo y corazon del Almaraz histórico, cuyo caserío aún corona hoy en día, como siglos atrás, la silueta de la parroquia que un día quiso concederle uno de los más destacados mecenas del Renacimiento extremeño.

 

jueves, 30 de septiembre de 2021

Imagen del mes: Templo romano de la Cilla, en las ruinas de Talavera la Vieja

 

Sentenciado a permanecer la mayor parte del tiempo oculto bajo las aguas del pantano de Valdecañas, finalizada en 1.964 la presa bautizada como Salto de Valdecañas entre los términos municipales de Belvís de Monroy y Valdecañas del Tajo, la bajada puntual del caudal embalsado permite, cuando desciende del 35% de su total capacidad hidráulica la laguna artificial, volver a descubrir lo que fueran las calles, plazas y rincones del pueblo de Talavera la Vieja, popularmente conocido como Talaverilla, asomando entre los vestigios y ruinas de sus vetustas viviendas e inmuebles el único monumento aún en pie in situ de la población, respetado por su condición de monumento nacional y conocido como Templo de la Cilla, perteneciente al que fuese foro municipal de la antigua población romana de Augustóbriga sobre cuyos restos se erigiera en el siglo XV la posterior población talaverina.
 
  Ruinas de Talavera la Vieja, hoy inmersas en el término municipal de Bohonal de Ibor (Cáceres). Siglo II d.C.; declarado, junto al resto de ruinas romanas de Talavera la Vieja, como Bien de Interés Cultural (antiguo monumento histórico-artístico; Gaceta de Madrid nº 155, de 04 de junio de 1.931). 
 
 
Arriba y abajo: ubicado originalmente frente al conocido como Templo de los Mármoles, hoy en día considerado éste como pórtico de la curia desde que tal teoría fuera defendida por el arqueólogo y erudito José Ramón Mélida y Alinari, el llamado Templo de la Cilla formaría junto al anterior y, presuntamente, otro ejemplar edilicio religioso sito a levante del presente, el compendio arquitectónico forense de que constaría el área pública principal de la población romana de Augustóbriga, fechados tales bienes en el siglo II d. C. y erigidos, posiblemente, a raíz de la declaración de la urbe como municipio durante el gobierno, a fines del siglo I d.C., de Vespasiano, circundado tal espacio central a poniente, a levante y a mediodía por una columnata de delimitación y cierre dentro de la cual, entre los dieciocho ejemplares que constituyesen tal flanco sureño, se inscribirían las columnas presentadas en el frente del presente edículo (arriba), ofreciendo primitivamente éste una escalinata de subida al sacro inmueble que desembocaría en el cuarteto original de columnas que hacían de este templo un ejemplar de tipología tetrástila y próstila -con cuatro columnas en su portada y ausencia de éstas en el resto de flancos del edificio-, alineadas sobre la linde septentrional del podio de sustentación, posteriormente engullidas entre los muros que, aprovechando las ruinas del edificio, convirtieran el vetusto bien en el siglo XVI en silo de los Condes de Miranda, señores de la población, adivinándose aún los huecos que las tres conservadas por entonces ocuparon en la posterior obra (abajo, y par siguiente) tras ser éstas extraídas a fin de ser salvaguardadas de la inminente inundación a la que aún hoy se ve sometido el monumento, apreciándose igualmente el corazón de la escalera elaborado a base de opus caementicum cercano al opus incertum (abajo, cuarta imagen), desaparecidos los presuntos escalones graníticos de subida al templo, resultando del robo de materiales y desgaste de la fábrica edilicia una bóveda abierta conocida popularmente por los talaverinos como la leonera (abajo, quinta imagen), por ser de creencia popular que fuera éste el enclave donde los romanos encerrasen aquellos leones que fueran a ser usados porteriormente en los espectáculos circenses, tal y como siglos más tarde guardase el ganado ovino de los vecinos, también afamada entre los propios del lugar aquella leyenda que aseguraba ser en éste punto -o en los bajos del templo- donde fueran aprisionados los niños Vicente, Sabina y Cristeta durante la persecución religiosa ejecutada por el emperador Diocleciano antes de su huida a la sierra y posterior ejecución en Ávila, basándose en la consideración de la primigenia ciudad romana como la Ebura de la que eran originarios los santos infantes -hoy identificada con Talavera de la Reina-, sin que falten incluso voces que afirman ser los fragmentos de fuste liso preservado dentro de la naos del templo aquella columna a la que fueran éstos atados durante tal cautiverio (abajo, imagen sexta), posiblemente trasladado desde algún otro punto de la localidad, sabiéndose de fustes estriados -quizás primigeniamente estucados- y compuestos de tambores de 0,80 mts. de diámetro las columnas pertenecientes al templo, de orden corintio según Mélida en base al diseño de sus basas, expuestas a raíz de la desmantelación de la población en 1.963 junto al puente que supera las aguas del pantano de Valdecañas (abajo, imagen séptima), en su orilla izquierda y anexas a la carretera EX-118 -entre Peraleda de la Mata y Bohonal de Ibor-, donde hoy en día pueden visitarse, a fin de poder apreciar este retazo arquitectónico en todo momento, rememorando el templo del que derivan y que habitualmente permanece sepultado bajo el caudal del inmediato embalse.



 
 
 
 
 
 
Arriba y abajo: preservados entre los vestigios de la escalinata de subida al templo los sillares que, inscritos en el arranque de la obra sobre la línea del terreno donde se asienta -avidinándose gracias a la pérdida de material el dibujo a base de opus caementicium que supusiera los cimientos del edificio-, sirvieran de moldura delimitatoria, así como, gracias a su labrado, al desagüe de las aguas de lluvia (arriba), tal y como puede observarse en otros templos romanos de la región, así en el emeritense de Diana o en el frente del llamado de Piedras Labradas, en el término de Jarilla, puede observarse igualmente el uso de moles graníticas en las esquinas del podio del inmueble (abajo), a modo de refuerzo arquitectónico dispuesto a soga y tizón, diseñado tal basamento en planta rectangular, con 8,86 metros de anchura y 23,31 metros de longitud si incluimos la semidesaparecida escalinata de subida (abajo, siguiente), salvando ésta los 2,35 metros de alzado elaborados a base de sillarejo y mampostería, semejante a la observada en el podium de otros edículos similares, así en el templo romano de la lusa Évora, ejecutándose sobre éstos y una vez perdida la fábrica edilicia que supusiera las paredes de constitución de la naos del templo, los muros de sillarejo (abajo, tercera imagen) que, alcanzada la Edad Moderna, complementarían la obra a fin de reconvertir la misma en el pósito del lugar, apreciándose en el flanco de poniente las aspilleras que permitieran ventilar el interior del hórreo en que quedase convertido el vetusto inmueble (abajo, imagen cuarta) -posible intento de labrada saetera en el flanco sureño, sustituido por una abertura entre piezas graníticas en tal muro (abajo, imagen quinta)-, descubriéndose en el flanco levantino y punto más cercano del antiguo edículo a la iglesia parroquial de San Andrés (abajo, imagen sexta) una cruz labrada entre una de las piezas que conformasen la prolongación edilicia de la construcción (abajo, imagen séptima), viniendo ésta seguramente a verificar la cristianización del que fuera antaño enclave de adoración pagana, reconvertido tras su empleo como depósito cerealístico en calabozo municipal, prisión de detenidos durante la última contienda civil vivida en España.









Arriba y abajo: observándose en el muro central conservado en el interior de lo que fuera templo romano la misma fábrica edilicia a base de mampostería que compone la cara interna de los bajos y presunto arranque original de las paredes que suponen los flancos del inmueble (arriba), podría suponerse ser éste también un vestigio arquitectónico original del primitivo monumento, a modo de separación (abajo) entre el espacio que supusiera la pronaos del templo (abajo, siguiente), y la naos o cella del mismo (abajo, imágenes tercera y cuarta) destinada a acoger la imagen de la deidad aquí adorada, Júpiter Óptimo Máximo en este caso y según teoría aportada por el prestigioso arqueólogo y epigrafista alemán Emil Hübner, basándose en una inscripción hallada en las cercanías del santuario dedicada al rey del Olimpo, posiblemente colmatados en sus inicios los espacios internos de sendas porciones del podio con material térreo hasta la altura máxima del mismo, así visto en otros templos donde la carencia de sillares o capas de opus caementicum fueran suplidas por una agalmana de tierra y cantos -caso del templo dedicado a las divinidades acuáticas inscrito en el yacimiento de Contributa Iulia, junto a Medina de las Torres-, esparcidos hoy en día en su interior vestigios pétreos resultantes del abandono y semiperenne inundación que sufre el bien, provinientes de la prolongación que de los muros se dispuso en el siglo XVI, entre cuyo diseño -sabiéndose por lo apreciado desde el exterior como línea de partida de los mismos la franja en que se ubican las saeteras o ventanales abocinados (abajo, imagen quinta) incluidos en el edificio-, puede atisbarse una bandeja en todos los laterales del basamento, así como oquedades en éstos e inclusive el murete central de separación (abajo, imágenes sexta y séptima), diseñadas probablemente a fin de sujetar un entramado maderero que sirviera de separación entre el sótano del silo y la zona de almacenaje donde preservar el grano aquí depositado, alejándolo de la humedad del terreno y permitiendo, gracias a las aspilleras, la ventilación de tal habitáculo inferior.







 
Abajo: elevándose como único edificio, a pesar de su abandono y ruina, aún en pie entre los inmuebles que antaño conformasen el entramado urbano de que constase la población de Talavera la Vieja (abajo), la declaración en 1.931 como monumento nacional del que fuera templo de la Cilla, junto al resto de vestigios romanos conocidos hasta entonces del que fuese municipio romano de Augustóbriga, suponía un reconocimiento a la valía de la herencia latina preservada en este enclave anexo al río Tajo, ya puesta en valor en el siglo XVI a través de una ordenanza municipal, sita entre las pioneras de tal orden a nivel nacional, que perseguía la conservación de tales monumentos, conocido además del área forense un destacado tramo de muralla primitiva rehecha posteriormente por los musulmanes, así como restos de alguna vivienda en las cercanías del área forense, apenas investigado tal legado arqueológico mediante métodos científicos poco antes de la inundación del lugar, sabiendo sin embargo con creces la población talaverina la abundancia y valor de éste, reutilizados en no pocos casos muchos de los elementos preservados en la construcción de las viviendas que, reaprovechando inclusive buena parte del entramado ortogonal original de la ciudad romana, posiblemente inclusive su sistema de alcantarillado o cloacas (abajo, siguiente), se distribuyeran a lo largo de las nuevas calles de la población cristiana, adivinándose entre los cascotes de lo que fuesen inmuebles de la extinta localidad cacereña sillares de tintes latinos, antiguas aras (abajo, imágenes tercera y cuarta), o tambores horadados a fin de reconvertirlos en pequeños abrevaderos o pesebres (abajo, imagen quinta) -como tuve el placer de observar in situ junto a mi amigo y colega bloguero Jesús López, que describiría fabulosamente nuestra visita a las ruinas talaverinas en un estupendo artículo publicado en su blog "Extremos del Duero": http://extremosdelduero.blogspot.com/2021/09/talaverilla-el-afan-de-vivir.html-, destacando entre todos los elementos augustobrigenses conservados a día de hoy el que durante siglos fuera considerado templo de los Mármoles (abajo, imagen sexta), expuesto junto a los pilares preservados del templo de la Cilla  y llamado así por considerar los lugareños de tal material lo que en realidad eran columnas graníticas rebozadas de un estuco brillante ante la acción solar, así como algunos elementos muebles mostrados en la primera de las dos salas dedicadas a Roma del Museo de Cáceres, donde, junto a tres retratos marmóreos descubiertos en 1.952 y fechados en el siglo I d.C. (abajo, imagen séptima), uno femenino y dos varoniles, luce una inscripción donde se hace mención al pueblo de Augustóbriga (abajo, imagen octava), permitiendo ésta verificar la identificación del yacimiento talaverino con tal municipio romano, inscrito en plena vía de unión de Emérita Augusta -Mérida- con Caesaragusta -Zaragoza-, a través de Tolletum -Toledo-, llamada oficialmente Iter ab Emerita Caesaragustam o vía Viginti Quinque Hispanica, trazada en época augustea y considerada una de las más relevantes de la Hispania romana.









Abajo: repartidos hoy los terrenos que supusieran antaño el término municipal de Talavera la Vieja entre las localidades cacereñas de Bohonal de Ibor y Peraleda de San Román, es justamente en la vía de unión existente entre ambas localidades, denominada EX-387, donde encontramos el camino que permite acercarnos a las ruinas urbanas de la antigua población talaverina, tomando para ello la vereda que nace a las puertas de la finca Los Ángeles (abajo), sita en la vertiente septentrional de tal carretera, debiendo discurrir en todo momento hacia el Norte y valle del río Tajo, ocupado en este punto por las aguas del embalse de Valdecañas, no tardando la vista en atisbar, cuando las aguas así lo permiten, los retazos edilicios del pueblo una vez alcanzado el terreno carente de vegetación (abajo, siguiente), esperando en sus momentos de emersión al visitante que desee recorrer una vez más sus calles y perderse entre sus rincones, susurrándole entre sus despojos hebras de una historia pasada, de la que se niega a desprenderse, como se niega, en su semiperenne ahogamiento, a morir.


viernes, 27 de agosto de 2021

Joyas de las artes plásticas de Extremadura: Dama de Regina, o diosa Juno del yacimiento reginense, en el Museo Arqueológio Provincial de Badajoz

 

El 14 de julio de 2.010 tenía lugar, con presentación en directo a los medios de comunicación y autoridades competentes incluida, la extracción formal de una recién hallada escultura enterrada junto a los vestigios de lo que fueran los tres templos que en el foro de la ciudad romana de Regina sirvieran antaño al culto hacia la denominada Tríada Capitolina. Junto a la exposición de una también descubierta cabeza broncínea de un sacro bóvido, cuyos cortos cuernos plantea el estar ante la testa de un toro o ante la imagen de un buey,  la exhumación de la escultura marmórea supondría el broche de oro a las excavaciones que durante aquella campaña arqueológica veraniega prolongaban los trabajos científicos que en el yacimiento reginense, cercano a Casas de Reina, se llevaban dando de manera prácticamente continua desde que a comienzos de los pasados años setenta D. Mariano del Amo y de la Hera inaugurase las mismas, centrándose entonces en la zona teatral, prolongándose a partir de 1.978 hacia otros puntos de la antigua ciudad latina, dándose a conocer en 1.988 parte del área forense de la urbe, centrándose los estudios sobre ésta durante las campañas efectuadas entre 2.008 y 2.012. Poco a poco iba viendo la luz el municipio del que, ya en 1.789, haría mención el jesuita D. Juan Francisco de Masdéu en el tomo VI de su "Historia Crítica de España, y de la Cultura Española en todo género", ubicándolo en los terrenos que por entonces ocupaba la aldea pacense de San Pedro de Villacorza, dato respaldado por el ilustrado gijonés D. Juan Agustín Ceán Bermúdez en su "Sumario de las antigüedades romanas que hay en España, en especial las referentes a las Bellas Artes", publicado en 1.832 póstumamente a la muerte de su autor. 

Regina Turdulorum, ciudad de la Beturia Túrdula, inscrita en el Conventus Cordubensis de la provincia de la Baetica, sería fundada al parecer a comienzos de nuestra era adquiriendo el estatus de municipio durante el reinado de Vespasiano, en torno al año 74 d.C. Bajando la población, declarada la Pax Augusta, al llano desde lo alto del llamado cerro de las Nieves, donde hoy se levanta el castillo de Reina y antaño se erigiese un oppidum, tal concesión supondría la construcción de un foro propio para una urbe de tal categoría, sita ésta junto a una relevante vía de comunicación entre Emérita Augusta (Mérida) y Astigi (Écija), conectando la vega media del Guadiana con la cuenca media del Guadalquivir, cercana a zonas mineras e inserta en las fértiles tierras de lo que hoy es la extremeña Campiña Sur. Sus datos históricos, sin embargo, no son abundantes, no teniéndose más noticias de la ciudad desde que en el 619 se dirimiese un pleito entre ella y Celti (Peñaflor; Sevilla) en el II Sínodo Hispalense, donde se reunirían convocados por San Isidoro de Sevilla los obispos de la Bética en pleno dominio visigodo. Abandonada posiblemente a raíz de la llegada a la península de los musulmanes, sus edificios irían poco a poco cayendo en el olvido, devastados por el abandono y el paso del tiempo hasta que, reconquistada la comarca, se reaprovechasen las viejas estructuras del teatro romano para la edificación de la iglesia dedicada a San Pedro en la recién creada aldea homónima al primer Obispo de Roma, reutilizados muchos de sus materiales a lo largo de los siglos en la erección o complementación de edificios cercanos, figurando así sillares almohadillados en las bases de la alcazaba regina, capiteles o restos de fustes en los aledaños de la iglesia de San Sebastián y ermita del Ara, en Reina y Fuente del Arco respectivamente, o piezas marmóreas inscritas en las parroquias de Casas de Reina o de Valverde de Llerena, así una inscripción en el muro del evangelio de la iglesia de Santiago Apóstol casarreña, o una columna como peldaño en la portada abierta a los pies del templo valverdeño de la Purísima Concepción.

Arriba y abajo: partida en dos porciones, desconociéndose la fecha exacta de la fragmentación, la estatua designada a representar la diosa Juno y diseñada aun en bulto redondo para ser exhibida frontalmente desde probablemente el altar que centrase la cella del templo dedicado a la reina del Olimpo en el área forense de Regina, muestra al sacro personaje sentado, vestido con túnica sobre la que cae desde la cabeza un manto o palla que termina cubriendo las piernas de la deidad, otorgándole así un aire de solemnidad que el autor supo plasmar sobre mármol procedente de la zona lusa de Borba-Estremoz, ayudando este dato vinculado con su naturaleza, observándose igualmente similar técnica escultórica sumada a la comunión entre pose y proporciones anatómicas de la fémina representada, a la vinculación final de sendas porciones llegadas al Museo Arqueológico Provincial de Badajoz en dos momentos y por vías diferentes, preservada hasta 2.010 la pieza superior sepultada entre los vestigios forenses del yacimiento reginense (arriba), reutilizada su porción inferior presuntamente en el siglo XVII a fin de labrar sobre la cara posterior del mismo -perdiendo casi la totalidad del escaño sobre el que descansase la diosa- el que fuera escudo de D. Sancho de Paz el Viejo (abajo), destinado a todas luces al convento de San Buenaventura o San Francisco de la ciudad llerenense, fundado bajo el patronazgo de tal familia y donde el ilustre personaje planteara instalar el panteón familiar, posiblemente quedando en su capilla ubicado el blasón hasta el derribo de gran parte del inmueble monacal una vez desomortizado el mismo.

Adquirida a un anticuario cacereño por el Ministerio de Cultura en 1.987, pasaría el 19 de junio de 1.987 a formar parte de los fondos del Museo Arqueológico Provincial de Badajoz una pieza reutilizada en la Llerena del Siglo de Oro como material marmóreo donde labrar un escudo señorial, atribuido al que fuera Contador Mayor de Castilla durante el reinado de los Reyes Católicos y tesorero de la Casa de Contratación de Indias en época de Carlos V,  D. Sancho de Paz el Viejo. Procedería ésta presuntamente -y concordando con los datos citados en el contrato de compra, donde se indica la toma de la misma del derribo de un convento gótico llerenense, terminando en manos particulares locales hasta la transacción al negocio cacereño referido- del convento franciscano de San Buenaventura o de San Francisco, cuya sede definitiva fuera concluida en 1.540 bajo el patronazgo del ilustre personaje mencionado, que deseaba fundar allí su capilla-panteón familiar, suprimido el cenobio a raíz de la Real Orden de Exclaustración Eclesiástica de 25 de julio de 1.835, posteriormente desamortizado hasta devenir la desaparición de gran parte del edificio. Cincelados en un blasón cuartelado torreones en sus cuarteles primero y cuarto, tres rombos a sinistra en los dos restantes, el interés principal de la pieza, sin embargo, no recaería en la divisa heráldica expuesta, sino en la propia pieza marmórea en sí, esculpida la obra patronímica en la cara posterior de una antigua escultura, adivinándose por el flanco contrario al escudo lo que debieron ser las piernas de una representación humana sentada, vestida con túnica antepuesta por manto y correspondiente, a todas luces, a una figura femenina sedente, bien algún personaje relevante de la época de fabricación, fechada durante el dominio romano, o inclusive alguna deidad expuesta o adorada en la cercana ciudad de Regina, de donde se supuso que podría ser originaria la obra, sin disponer de detalles sobre su hallazgo pero conociéndose el expolio constante al que era sometido desde antaño el yacimiento latino. La supuesta respuesta a la incógnita, aunque con más de veinte años de tardanza, llegaría finalmente al desenterrarse la escultura que aguardase junto a los templos forenses de la antigua urbe. Alcanzando el metro de altitud, de un tamaño algo superior al natural, se basaba la misma en la representación de la mitad superior o torso de un personaje femenino velado cuya pose, dimensiones representativas antropomorfas, cincelado y naturaleza marmórea originaria de la zona Borba-Estremoz casarían con las características mostradas por la pieza llerenense. Bautizada inicialmente como Dama de Regina, su identificación con la diosa Juno terminaría no sólo planteándose sino, rápidamente, cobrando valor, siendo exhumada de entre los terrenos adyacentes a la parte trasera del templo más oriental de aquéllos identificados como sede de la veneración a la Tríada Capitolina, formada por Júpiter, Juno y Minerva, respaldada la devoción a la diosa del matrimonio en la ciudad bética por un altar dedicado a ésta descubierto en el mismo teatro del municipio. 

Arriba y abajo: excavada la zona forense de la ciudad de Regina a partir del año 1.988, los campañas centradas en ella, especialmente aquéllas ejecutadas entre 2.008 y 2.012, sacarían a la luz los vestigios de tres templos de planimetría prácticamente idéntica (arriba), con 14,20 metros de longitud y 7,10 metros de anchura cada uno, separados entre ellos por un pasillo de 0,60 metros de ancho que les llevaría a ser identificados como área sacra destinada a la veneración de la conocida como Tríada Capitolina, diseñado cada edículo como edificio tetrástilo, con cuatro columnas al frente sobre un bajo podio de mampostería donde descansan pronaos y cella, antecedidos por baja escalinata compuesta de entre cuatro y cinco escalones graníticos, cumplimentados por columnas marmóreas de orden corintio que sitas en las esquinas reforzadas por sillares de cada estancia hacen de cada monumento una simbiosis entre los diseños próstilo y períptero, siendo tras la naos del inmueble más septentrional (abajo) -derecha visto el conjunto desde su frente- donde se descubriese en el verano de 2.010 sepultado el torso de la que diera en llamarse Dama de Regina, hasta el momento la pieza mueble principal de entre las rescatadas en el yacimiento romano que brilla por su riqueza patrimonial en plena Campiña Sur.

Coronada con diadema, con el cabello rizado partido por la mitad y mostrando sus rizos recogidos caer tras los oídos, de ojos almendrados y vestida con lo que pareciese stola con mangas abotonadas y anudada bajo los senos sobre la que queda antepuesta una palla o manto que cae desde su velada cabeza, privada de antebrazos y diseñada según los cánones clásicos, la Dama o diosa Juno de Regina recuerda, cumplimentado el torso con las piernas desmembradas, la representación de otras deidades femeninas olímpicas, así la diosa Ceres que fuera hallada entre los restos del teatro romano emeritense, identificada sin embargo ésta últimamente según algunos autores con la emperatriz Livia, cuya tradicional imagen idealizada, aún tocada con velo como sacerdotisa augustal, refleja su carácter matriarcal, otorgado igualmente a la reina del Olimpo como matrona primordial de la cultura greco-latina. Simbiosis entre la idealización de lo sagrado, la humanización de los dioses y la vinculación de los más altos valores morales con los personajes, sacros o terrenales, más relevantes, que podemos contemplar en el ejemplar reginense, destacando entre los tesoros muebles descubiertos en el yacimiento primordial de la Campiña Sur, cuyo catálogo amplían por su relevancia histórica y artística los tres bustos rescatados del pozo inscrito en el área forense, dedicados al emperador Trajano, al posible genio velado del municipio, así como a un príncipe de la dinastia Claudia que algunos han querido identificar con un joven Claudio. Esperando éstos aún a ser expuestos, la Dama de Regina, sin embargo, cuenta desde el 22 de junio con su espacio propio en el patio mudéjar del palacio de los Condes de la Roca, sede el Museo Arqueológico Provincial de Badajoz, exhibiéndose no solamente el torso descubierto en 2.010, sino junto a éste la pieza adquirida en 1.987 que el público podía contemplar desde años atrás en la sala dedicada a Roma de la galería museística, asumida la pertenencia primitiva de ambas fracciones a una misma escultura, aceptada la teoría que respaldase con un detallado estudio el arqueologo Andrés Fernando Silva Cordero, relevándose como toda una joya del patrimonio arqueológico romano español así como de las artes plásticas heredadas por nuestra región.



Arriba y abajo: conocida desde antaño la riqueza arqueológica del yacimiento reginense a pesar de no ser hasta el siglo XVIII cuando el mismo fuera identificado con la ciudad de Regina Turdulorum, el expolio de sus vestigios sería una constante a lo largo de los siglos, reaprovechándose, como se hiciese con la parte inferior de la estatua forense de la diosa Juno, muchos de los tesoros muebles o elementos constructivos de los añejos inmuebles latinos en la erección o complementación de monumentos posteriores, tal y como aún hoy en día puede apreciarse en varias de las localidades de la Campiña Sur que circundan la zona ocupada antaño por la urbe romana, conocida como Torre de los sillares aquélla que, en el vértice más oriental de la alcazaba de Reina (arriba, primeras dos imágenes), exhibe en su base piezas graníticas que, por su almohadillado, puede suponerse el provenir de la ciudad que un día floreció a los pies del cerro donde se asienta la islámica fortaleza, restando en los aledaños de la iglesia dedicada a San Sebastián, en la también localidad regina (arriba, imagen tercera), un destacado capitel que bien pudiera haberse recuperado de los restos de algún edificio monumental que se irguiera en el antiguo municipio, conservado un ejemplar de más modestas dimensiones y estilo jónico, junto a otros restos marmóreos y posibles retazos de fustes, en el patio interior del complejo religioso-rural donde queda inscrita la ermita de Nuestra Señora del Ara, en las cercanías de Fuente del Arco (abajo, y siguiente), siendo un fuste marmóreo también el que aún hoy sirve de escalón de entrada en la portada renacentista abierta a los pies y bajo la torre-fachada gótico-mudéjar de la parroquia dedicada a la Purísima Concepción de Valverde de Llerena (abajo, imagen tercera), inscrita en el lado del evangelio de la también gótico-mudéjar parroquia de Santiago Apóstol, en Casas de Reina, la lápida dedicada a Calpurnius y al hijo de Varo (abajo, imagen cuarta), siendo un posible altar el expuesto junto a otros marmóreos restos de fustes en el lado de la epístola de la iglesia dedicada a Nuestra Señora de la Asunción de Valencia de las Torres (abajo, imagen quinta), pudiendo en este caso pensarse, dada una mayor lejanía con el yacimiento reginense, en una proveniencia más cercana al mismo, quizás alguna villa o santuario circundante a la antigua ciudad latina, como también se baraja en el caso de la ermita del Ara, o como seguramente sea el caso visto ante los retazos romanos reutilizados en la parroquia de la Purísima Concepción de Granja de Torrehermosa (abajo, imagen sexta), recogidos éstos quizás de la antigua Arsa o Municipium Lulium Ugultuniacum, enclavado en lo que hoy es la localidad de Azuaga.






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