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sábado, 11 de mayo de 2024

Colaboraciones de Extremadura, caminos de cultura: Elogios de las termas, de El lince con botas 3.0, ya en la web de Canal Extremadura


En la pasada noche pudimos asistir a través de Canal Extremadura al estreno televisivo de un nuevo capítulo de la serie El lince con botas 3.0, creada y dirigida por Libre Producciones. Bajo el título "Elogio de las termas", se ofreció un detallado análisis de este edificio tan particular de la civilización romana, así como un esquema de su presencia en la región extremeña, paseando, además, junto a algunos de los yacimientos termales más relevantes de la comunidad, como serían las emeritenses termas de San Lázaro, de la calle Reyes Huertas, de la Casa del Mitreo, o las termas vinculadas al yacimiento de Mayoralgo en el corazón del casco histórico cacereño. Un episodio en el que Extremadura: caminos de cultura tuvo el honor de poder participar. Agradecidos con Libre Producciones por haber querido contar con en este blog para la realización de tan magnífica obra, no podemos dejar de darle a la productora la enhorabuena por semejante labor divulgadora, invitando a los lectores a visualizar el programa, ahora presente en la web de Canal Extremadura, facilitando para ello bajo estas líneas el enlace correspondiente. Esperamos que os guste y que sirva, una vez más, para conocer mejor la valía y riqueza del patrimonio de Extremadura. ¡Que lo disfrutéis!

https://www.canalextremadura.es/a-la-carta/el-lince-30/videos/el-lince-30-100524

miércoles, 28 de febrero de 2024

Imagen del mes: representaciones figurativas andalusíes de Extremadura

Considerado tradicionalmente el arte musulmán como de carácter anicónico, careciendo de figuras humanas o zoomorfas entre sus representaciones, pueden encontrarse, sin embargo, intercalados en sus ornamentaciones de índole mayoritariamente vegetal, geométrico y caligráfico dispuestas a lo largo de los siglos y a través de los enclaves que en alguna ocasión formaron parte del mundo islámico, diversos ejemplos creativos figurativos que vienen a desbaratar tal teoría, muchos de ellos procedentes de un arte andalusí que dejaría en tierras hoy extremeñas algunas de tales excepciones, con ejemplos cerámicos, metálicos y pétreos preservados entre sendos museos arqueológicos provinciales, observándose entre sus salas la cabeza de un ave pintada sobre un fragmento cerámico procedente de Medellín, dos cuadrúpedos usados como juguetes descubiertos entre los vestigios del que fuese el Badajoz musulmán, el soporte de un brasero con cabeza y pie de león hallado en Higuera de la Serena, destacando por su antigüedad un aplique de plata con cabeza de cérvido fechado en época emiral desenterrado en el yacimiento gordeño de Cañada de los Judíos, así como por su posible vinculación con la dinastía aftasí, los dos pies de banco con ornamentación leonina que mil años atrás pudieran haber servido como base del trono de los reyes islámico-pacenses.

Badajoz, Medellín, Higuera de la Serena y yacimiento de Cañada de los Judíos (El Gordo, Cáceres). Siglos VIII al XI; arte islámico.

Arriba y abajo: aunque el Corán no prohíbe las representaciones artísticas figurativas, el intento por evitar la idolatría encauzado a través de varios hadices o códigos donde se recogía la tradición oral originaria del Islam, conduciría hacia un abandono de las creaciones antropomorfas y zoomorfas en pro de la ornamentación vegetal, geométrica y caligráfica, si bien las producciones figurativas de aquellos seres a los que se consideraba portadores de alma, alejadas completamente de los contextos religiosos donde el culto y la veneración debe dirigirse tan sólo a Dios, tendría cabida en los ambientes domésticos y cortesanos, colándose a través de la cerámica, los juguetes, los ajuares hogareños, los muebles, la azulejería, las pilas, las yeserías o los capiteles, destacando aquéllas emanadas de un arte andalusí que en la Península Ibérica medieval bebiese tanto de las creaciones clásicas, en muchas ocasiones coleccionadas, como de un cristianismo con el que estableciese contacto y transmisión artística, surgiendo así piezas figurativas extraordinarias destinadas tanto a embellecer jardines y salas palaciegas como a servir a los hogares más humildes, sin que faltasen éstas entre las ciudades y poblaciones esparcidas en lo que hoy es territorio extremeño, destacando por su antigüedad la cabeza de un cérvido en plata datada en época emiral que fuera hallada en el yacimiento denominado Cañada de los Judíos -arriba-, sito en el término municipal de El Gordo, compartiendo naturaleza metálica con la pata de un brasero, en este caso de bronce, rescatada de la finca llamada El Santísimo ubicada en tierras de Higuera de la Serena, cuya decoración felina, con un pie de león rematando inferiormente el soporte y la cabeza de tal animal en el punto de unión de la pieza al desaparecido resto del mueble -arriba- recuerda el arte fatimí del siglo XI, barajándose la posibilidad de provenir este elemento del Egipto gobernado bajo tal dinastía en los albores del segundo milenio de nuestra Era.



Arriba y abajo: un ave, posiblemente una paloma -arriba-, sería el animal que sobre un recipiente cerámico hallado en Medellín, quizás un plato o ataifor, fuese pintado siguiendo la técnica del verde-manganeso, dibujando sobre el blanco de base con el verde del cobre y el negro-morado del manganeso los elementos decorativos escogidos, bastante similar a la fórmula empleada a la hora de rematar uno de los dos juguetes y/o botijos que, con forma de cuadrúpedo, se hallase en la ciudad de Badajoz -abajo-, con una ornamentación de pinceladas verdes ejecutadas sobre un fondo blanquecino muy distante al tosco acabado sin policromar de la vasija zoomórfica desenterrada junto a otras cerámicas islámicas en un solar de la calle Zurbarán -abajo, siguiente-, cuyo parecido, aun en su deterioro, al camello descubierto entre las cerámicas almohades rescatadas en 1.937 en la calle Savellà de Palma de Mallorca, hoy en el Museo del Diseño de Barcelona, permite imaginar el aspecto original de tal pieza de probable uso infantil, datada entre los siglos X y XI.




Arriba y abajo: descubiertos en el baluarte de San Roque, con casi un metro de longitud y rondando el medio metro de altura -96 cms. x 48 cms.-, los dos pies que sirvieran como soportes de aquel tablero central junto al que conformasen un banco o trono en algún jardín o edificio de la islámica ciudad de Badajoz, quizás al servicio de Sapur o de la posterior dinastía aftasí que gobernasen el reino taifa desde aquí capitaneado entre 1.013 y 1.094, muestran sobre el mármol blanco del que se nutren la parte anterior o prótomo de dos leones respectivamente, tumbados y contrapuestos, cuyo labrado se observa mejor, curiosamente, en la pieza donde uno de los animales ha sido descabezado -arriba y abajo-, más desdibujado el diseño de la anatomía felina en su hermana -abajo, siguientes-, apreciándose en todo caso entre sus patas, rabos, cabezas y fauces, unos rasgos tendentes a la esquematización propio del arte islámico e igualmente atisbado en otras piezas escultóricas andalusíes claves donde es el león el animal representado, así en el león de Monzón, en los granadinos leones del Maristán, o en los archiconocidos leones que dan nombre al patio donde se ubican, en el corazón del palacio de la Alhambra, colocándose así ambas piezas extremeñas entre las figuraciones zoomorfas más relevantes del arte islámico peninsular y, por ende, del arte sarraceno extremeño.



sábado, 5 de noviembre de 2022

Colaboraciones de Extremadura, caminos de cultura: Ruta por la Ribera del Marco (Segunda parte), en el canal de YouTube de Antonio Muriel

Tiempo atrás se puso en contacto con este blog Antonio Muriel, youtuber y creador de una compilación de vídeos encaminados a la promoción y divulgación de monumentos y enclaves vinculados con su día a día, entre ellos la ciudad de Cáceres. Dentro de su serie "Paseos mañaneros", ha querido dedicarle una tanda a las fuentes históricas cacereñas, para lo cual solicitaría la colaboración de este espacio, a fin de poder usar la información incluida en la entrada que bajo el título "Antiguas fuentes públicas de abastecimiento de Cáceres y Badajoz" (http://caminosdecultura.blogspot.com/2014/09/antiguas-fuentes-de-abastecimiento-de.html) se centrase en estos elementos del patrimonio urbano de sendas poblaciones extremeñas. Encantados con la idea y honrados con el ofrecimiento, no se dudó en consentir ante tal petición. El trabajo resultante puede disfrutarse a través del enlace que incluimos a continuación. Os invitamos a descubrirlo, no sin antes dejar de agradecer a Antonio Muriel haber querido contar con este blog y la obra depositada en él, felicitándole por su iniciativa y deseándole un excelente futuro en esta rama creativa.

https://www.youtube.com/watch?v=1JEBb6GXhhU&t=3s


sábado, 14 de mayo de 2022

Imagen del mes: pinturas barrocas de la cúpula de la Ermita de la Paz, en Cáceres

 

Formando parte de la que es posiblemente la estampa más característica de Cáceres, la ermita de la Paz se alza desde mediados del siglo XVIII junto a la conocida como Torre de Bujaco en plena Plaza Mayor cacereña, atesorando primitivamente entre sus paredes una serie de elementos muebles y decorativos que hicieron del interior de la capilla todo un espacio barroco tendente al rococó, de cuya ornamentación primigenia apenas restan hoy seis pinturas ubicadas en la cúpula que corona el altar mayor del templo, preservadas en un precario estado de conservación que, a pesar de sus dolencias, recuerdan los días de gloria del monumento, cuando la celebración de la festividad de su imagen titular, Nuestra Señora de la Paz, la víspera del 24 de enero, nada envidiaba en la ciudad a otras aún hoy conservadas, como aquéllas dedicadas a los Santos Mártires, a la Virgen de las Candelas o a San Blas.

Cáceres. Siglo XVIII; estilo barroco.

Arriba y abajo: iniciado el culto en Cáceres a la Virgen de la Paz en 1.712, por iniciativa del mercader Lázaro Laso, quien obtuviese en tal año permiso concejil a fin de ubicar en el extremo del Portal Llano de la Plaza Mayor cacereña un lienzo dedicado a tal advocación mariana, con la idea de evitar, a través de la exposición de éste y el correspondiente alumbrado nocturno del mismo, los actos inmorales que al parecer se acometían en el lugar llegada la oscuridad, no tardaría mucho tal devoción en adquirir una  popularidad de tal índole que, en 1.720, serían aprobadas las ordenanzas de la Cofradía de Nuestra Señora de la Paz, encargada de regir tal veneración, la cual, ante las dificultades que presentaba el rincón urbano del que colgaba el cuadro a la hora de llevar a cabo los actos religiosos, iniciaría en 1.731 las gestiones para la elevación de su propia ermita, decantándose por la recuperación de la arruinada capilla que, junto a la torre Nueva o del Reloj, hoy de Bujaco, se dedicase antaño al culto de San Benito y San Juan Evangelista, ejecutándose las obras de rehabilitación entre 1.733 y 1.734, y llevándose en procesión la noche previa a su festividad, en 1.737, desde la iglesia de Santa María la imagen de Nuestra Señora de la Paz encargada ex profeso al artista vallisoletano Pedro Correa, inaugurándose una nueva era en la historia de tal culto mariano que, poco a poco, además de ver la construcción de un pórtico de acceso a la ermita con enrejado de 1.756, o la inserción de una casa para el ermitaño en el solar inscrito entre capilla y muralla, se traduciría en la ornamentación y cumplimentación del nuevo recinto sacro con el que quedase éste vinculado, adquiriéndose diversos elementos litúrgicos, instalando retablos para las imágenes de San Benito y San Juan Bautista -encargándose a José Procuza una nueva que relevase a la primera de ellas-, renovándose el retablo inicialmente traído para la Virgen desde el Convento de San Francisco por otro de nueva fábrica, así como solicitándose diversas obras de decoración que enriqueciesen las paredes y, fundamentalmente, arcos y coronamiento de las tres naves en que se dividiera el plano interno del inmueble, así, en 1.763, cuatro lienzos del pintor José Galván que representasen a los cuatro evangelistas, destinados a las pechinas de la cúpula hemiesférica central, en 1.764 otros nueve cuadros del artista alcantarino Juan Cordero junto a doce lunas de espejo, enmarcados los cuatro iniciales en cenefas de madera talladas por Vicente Barbadillo, al cual se le pediría nuevamente, en 1.770, el trabajo de yesería que cubriría la bóveda principal, resultando un compendio decorativo de gusto barroco tendente al rococó, similar al hoy aún visto en la techumbre del santuario de Nuestra Señora de la Montaña, que, sin embargo, no lograría llegar a nuestros días en su totalidad, restando de tal colección ornamental tan sólo la porción ubicada en el interior de la cúpula que cubre el altar mayor del templo (abajo), eliminadas de sus pechinas los retratos de los santos escritores, así como limpiados de obras artísticas y enlucido el resto de los techos del monumento, ofreciéndose en la actualidad un edificio austero desde que el mismo fuese sometido a diversas intervenciones restauradoras, bajo proyecto firmado por González Valcárcel y aprobado en 1.964, que si bien consolidaba el no derribo de la capilla en pro de la completa visión de las murallas, eliminándose sin embargo el edificio colindante a ésta y remodelando la techumbre exterior del templo a fin de hacerla concordar con el carácter castrense del enclave, no contemplaba salvaguardar la mayor parte de las obras barrocas que, para mediados del siglo XX, ya ofrecían un deterioro preocupante, como el que aún muestran los seis lienzos salvados de la purga, frente a la restauración completa del retablo que acoge la imagen mariana titular, apenas hoy venerada, o ni tan siquiera conocida, por gran parte del pueblo cacereño.

Abajo: afincado en la entonces villa de Cáceres, muchos de los trabajos realizados por Vicente Barbadillo recaerían en su propia localidad de vecindad, así las puertas de la parroquia de Santiago, el cierre de la cúpula de la capilla del Cristo de la Salud dentro del santuario de Nuestra Señora de la Montaña, el retablo dedicado a Santa Ana en similar templo mariano, o el gran retablo mayor de la iglesia de San Mateo, iniciándose su relación con la ermita de la Paz en 1.763, cuando se le ofreciese enmarcar las obras de José Galván para las pechinas de la cúpula central, así como diversos espejos adquiridos por la misma fecha, ampliado el encargo en 1.770 con las yeserías que irían destinadas al cubrimiento del interior de la cúpula hemiesférica que corona el altar mayor del templo, dividiéndose el diseño de ésta en seis gallones sobre cuyas trazas de separación serían incluidos diversos emblemas marianos tomados de las letanías, así la luna, la torre, el lirio o la azucena -perdidos hoy los dos restantes-, apoyada la vinculación artística del compendio decorativo con Santa María gracias a la media docena de lienzos, pintados al óleo e instalados sobre la fábrica latericia del inmueble, que ocupan la parte central de cada uno de estos gajos ornamentales, posiblemente seis de los nueve cuadros que ejecutase para la ermita el pintor alcantarino Juan Cordero en 1.764, a juzgar por los datos registrados por la cofradía y expuestos en 1.949 por D. Miguel Muñoz de San Pedro, a través de un excelente trabajo recopilatorio publicado entonces en la Revista de Estudios Extremeños, considerándose cumplimentada en 1.775 la labor ornamental del interior del inmueble y no mencionándose la adquisición de nuevos o  relevantes trabajos artísticos entre 1.764 y 1.770, tomados de esta colección seguramente por Barbadillo cuando éste se dedicase a la decoración de mencionada cúpula capital, advirtiéndose a través de los lienzos inscritos en la techumbre diversos episodios vinculados con la vida de María, siguiendo la tradición vista en techos y paredes de oratorios o camarines marianos contemporáneos a éste, así en el que antecede al trono de Nuestra Señora de Guadalupe en su puebla homónima, leyendo de derecha a izquierda, desde el retablo y rodeando la circunferencia del coronamiento edilicio, pasajes como los desposorios de María con José (abajo), la Anunciación a María (abajo, siguiente), María encontrando a Jesús enseñando en el templo (abajo, tercera imagen), la Presentación de Jesús en el templo (abajo, imagen cuarta), la Asunción de María (abajo, imagen quinta), y la Coronación de María por la Santísima Trinidad (abajo, imagen sexta), siguiendo un ritmo cronológico dentro del ciclo mariano, sólo permutado entre los lienzos tercero y cuarto, elaborado en un lenguaje sencillo y un estilo muy básico, donde queda reflejada la iconográfica más tradicional, los emblemas más populares y la simbología mariana más característica, llamando la atención el canje del rojo de la túnica mariana de Ésta en vida, por el blanco que luce una vez ascendida a los Cielos, digna de una pureza expuesta igualmente en la bandera nívea que porta la imagen titular del lugar, aún ondeada frente a los cacereños por Nuestra Señora de la Paz, como lleva haciendo tal representación de la Madre de Dios desde que a mediados del siglo XVIII fuese encaramada ésta a su propio podio, mirando a la ciudad con la que quedaría vinculada, desde el corazón del punto más neurálgico de la misma.






jueves, 30 de septiembre de 2021

Imagen del mes: Templo romano de la Cilla, en las ruinas de Talavera la Vieja

 

Sentenciado a permanecer la mayor parte del tiempo oculto bajo las aguas del pantano de Valdecañas, finalizada en 1.964 la presa bautizada como Salto de Valdecañas entre los términos municipales de Belvís de Monroy y Valdecañas del Tajo, la bajada puntual del caudal embalsado permite, cuando desciende del 35% de su total capacidad hidráulica la laguna artificial, volver a descubrir lo que fueran las calles, plazas y rincones del pueblo de Talavera la Vieja, popularmente conocido como Talaverilla, asomando entre los vestigios y ruinas de sus vetustas viviendas e inmuebles el único monumento aún en pie in situ de la población, respetado por su condición de monumento nacional y conocido como Templo de la Cilla, perteneciente al que fuese foro municipal de la antigua población romana de Augustóbriga sobre cuyos restos se erigiera en el siglo XV la posterior población talaverina.
 
  Ruinas de Talavera la Vieja, hoy inmersas en el término municipal de Bohonal de Ibor (Cáceres). Siglo II d.C.; declarado, junto al resto de ruinas romanas de Talavera la Vieja, como Bien de Interés Cultural (antiguo monumento histórico-artístico; Gaceta de Madrid nº 155, de 04 de junio de 1.931). 
 
 
Arriba y abajo: ubicado originalmente frente al conocido como Templo de los Mármoles, hoy en día considerado éste como pórtico de la curia desde que tal teoría fuera defendida por el arqueólogo y erudito José Ramón Mélida y Alinari, el llamado Templo de la Cilla formaría junto al anterior y, presuntamente, otro ejemplar edilicio religioso sito a levante del presente, el compendio arquitectónico forense de que constaría el área pública principal de la población romana de Augustóbriga, fechados tales bienes en el siglo II d. C. y erigidos, posiblemente, a raíz de la declaración de la urbe como municipio durante el gobierno, a fines del siglo I d.C., de Vespasiano, circundado tal espacio central a poniente, a levante y a mediodía por una columnata de delimitación y cierre dentro de la cual, entre los dieciocho ejemplares que constituyesen tal flanco sureño, se inscribirían las columnas presentadas en el frente del presente edículo (arriba), ofreciendo primitivamente éste una escalinata de subida al sacro inmueble que desembocaría en el cuarteto original de columnas que hacían de este templo un ejemplar de tipología tetrástila y próstila -con cuatro columnas en su portada y ausencia de éstas en el resto de flancos del edificio-, alineadas sobre la linde septentrional del podio de sustentación, posteriormente engullidas entre los muros que, aprovechando las ruinas del edificio, convirtieran el vetusto bien en el siglo XVI en silo de los Condes de Miranda, señores de la población, adivinándose aún los huecos que las tres conservadas por entonces ocuparon en la posterior obra (abajo, y par siguiente) tras ser éstas extraídas a fin de ser salvaguardadas de la inminente inundación a la que aún hoy se ve sometido el monumento, apreciándose igualmente el corazón de la escalera elaborado a base de opus caementicum cercano al opus incertum (abajo, cuarta imagen), desaparecidos los presuntos escalones graníticos de subida al templo, resultando del robo de materiales y desgaste de la fábrica edilicia una bóveda abierta conocida popularmente por los talaverinos como la leonera (abajo, quinta imagen), por ser de creencia popular que fuera éste el enclave donde los romanos encerrasen aquellos leones que fueran a ser usados porteriormente en los espectáculos circenses, tal y como siglos más tarde guardase el ganado ovino de los vecinos, también afamada entre los propios del lugar aquella leyenda que aseguraba ser en éste punto -o en los bajos del templo- donde fueran aprisionados los niños Vicente, Sabina y Cristeta durante la persecución religiosa ejecutada por el emperador Diocleciano antes de su huida a la sierra y posterior ejecución en Ávila, basándose en la consideración de la primigenia ciudad romana como la Ebura de la que eran originarios los santos infantes -hoy identificada con Talavera de la Reina-, sin que falten incluso voces que afirman ser los fragmentos de fuste liso preservado dentro de la naos del templo aquella columna a la que fueran éstos atados durante tal cautiverio (abajo, imagen sexta), posiblemente trasladado desde algún otro punto de la localidad, sabiéndose de fustes estriados -quizás primigeniamente estucados- y compuestos de tambores de 0,80 mts. de diámetro las columnas pertenecientes al templo, de orden corintio según Mélida en base al diseño de sus basas, expuestas a raíz de la desmantelación de la población en 1.963 junto al puente que supera las aguas del pantano de Valdecañas (abajo, imagen séptima), en su orilla izquierda y anexas a la carretera EX-118 -entre Peraleda de la Mata y Bohonal de Ibor-, donde hoy en día pueden visitarse, a fin de poder apreciar este retazo arquitectónico en todo momento, rememorando el templo del que derivan y que habitualmente permanece sepultado bajo el caudal del inmediato embalse.



 
 
 
 
 
 
Arriba y abajo: preservados entre los vestigios de la escalinata de subida al templo los sillares que, inscritos en el arranque de la obra sobre la línea del terreno donde se asienta -avidinándose gracias a la pérdida de material el dibujo a base de opus caementicium que supusiera los cimientos del edificio-, sirvieran de moldura delimitatoria, así como, gracias a su labrado, al desagüe de las aguas de lluvia (arriba), tal y como puede observarse en otros templos romanos de la región, así en el emeritense de Diana o en el frente del llamado de Piedras Labradas, en el término de Jarilla, puede observarse igualmente el uso de moles graníticas en las esquinas del podio del inmueble (abajo), a modo de refuerzo arquitectónico dispuesto a soga y tizón, diseñado tal basamento en planta rectangular, con 8,86 metros de anchura y 23,31 metros de longitud si incluimos la semidesaparecida escalinata de subida (abajo, siguiente), salvando ésta los 2,35 metros de alzado elaborados a base de sillarejo y mampostería, semejante a la observada en el podium de otros edículos similares, así en el templo romano de la lusa Évora, ejecutándose sobre éstos y una vez perdida la fábrica edilicia que supusiera las paredes de constitución de la naos del templo, los muros de sillarejo (abajo, tercera imagen) que, alcanzada la Edad Moderna, complementarían la obra a fin de reconvertir la misma en el pósito del lugar, apreciándose en el flanco de poniente las aspilleras que permitieran ventilar el interior del hórreo en que quedase convertido el vetusto inmueble (abajo, imagen cuarta) -posible intento de labrada saetera en el flanco sureño, sustituido por una abertura entre piezas graníticas en tal muro (abajo, imagen quinta)-, descubriéndose en el flanco levantino y punto más cercano del antiguo edículo a la iglesia parroquial de San Andrés (abajo, imagen sexta) una cruz labrada entre una de las piezas que conformasen la prolongación edilicia de la construcción (abajo, imagen séptima), viniendo ésta seguramente a verificar la cristianización del que fuera antaño enclave de adoración pagana, reconvertido tras su empleo como depósito cerealístico en calabozo municipal, prisión de detenidos durante la última contienda civil vivida en España.









Arriba y abajo: observándose en el muro central conservado en el interior de lo que fuera templo romano la misma fábrica edilicia a base de mampostería que compone la cara interna de los bajos y presunto arranque original de las paredes que suponen los flancos del inmueble (arriba), podría suponerse ser éste también un vestigio arquitectónico original del primitivo monumento, a modo de separación (abajo) entre el espacio que supusiera la pronaos del templo (abajo, siguiente), y la naos o cella del mismo (abajo, imágenes tercera y cuarta) destinada a acoger la imagen de la deidad aquí adorada, Júpiter Óptimo Máximo en este caso y según teoría aportada por el prestigioso arqueólogo y epigrafista alemán Emil Hübner, basándose en una inscripción hallada en las cercanías del santuario dedicada al rey del Olimpo, posiblemente colmatados en sus inicios los espacios internos de sendas porciones del podio con material térreo hasta la altura máxima del mismo, así visto en otros templos donde la carencia de sillares o capas de opus caementicum fueran suplidas por una agalmana de tierra y cantos -caso del templo dedicado a las divinidades acuáticas inscrito en el yacimiento de Contributa Iulia, junto a Medina de las Torres-, esparcidos hoy en día en su interior vestigios pétreos resultantes del abandono y semiperenne inundación que sufre el bien, provinientes de la prolongación que de los muros se dispuso en el siglo XVI, entre cuyo diseño -sabiéndose por lo apreciado desde el exterior como línea de partida de los mismos la franja en que se ubican las saeteras o ventanales abocinados (abajo, imagen quinta) incluidos en el edificio-, puede atisbarse una bandeja en todos los laterales del basamento, así como oquedades en éstos e inclusive el murete central de separación (abajo, imágenes sexta y séptima), diseñadas probablemente a fin de sujetar un entramado maderero que sirviera de separación entre el sótano del silo y la zona de almacenaje donde preservar el grano aquí depositado, alejándolo de la humedad del terreno y permitiendo, gracias a las aspilleras, la ventilación de tal habitáculo inferior.







 
Abajo: elevándose como único edificio, a pesar de su abandono y ruina, aún en pie entre los inmuebles que antaño conformasen el entramado urbano de que constase la población de Talavera la Vieja (abajo), la declaración en 1.931 como monumento nacional del que fuera templo de la Cilla, junto al resto de vestigios romanos conocidos hasta entonces del que fuese municipio romano de Augustóbriga, suponía un reconocimiento a la valía de la herencia latina preservada en este enclave anexo al río Tajo, ya puesta en valor en el siglo XVI a través de una ordenanza municipal, sita entre las pioneras de tal orden a nivel nacional, que perseguía la conservación de tales monumentos, conocido además del área forense un destacado tramo de muralla primitiva rehecha posteriormente por los musulmanes, así como restos de alguna vivienda en las cercanías del área forense, apenas investigado tal legado arqueológico mediante métodos científicos poco antes de la inundación del lugar, sabiendo sin embargo con creces la población talaverina la abundancia y valor de éste, reutilizados en no pocos casos muchos de los elementos preservados en la construcción de las viviendas que, reaprovechando inclusive buena parte del entramado ortogonal original de la ciudad romana, posiblemente inclusive su sistema de alcantarillado o cloacas (abajo, siguiente), se distribuyeran a lo largo de las nuevas calles de la población cristiana, adivinándose entre los cascotes de lo que fuesen inmuebles de la extinta localidad cacereña sillares de tintes latinos, antiguas aras (abajo, imágenes tercera y cuarta), o tambores horadados a fin de reconvertirlos en pequeños abrevaderos o pesebres (abajo, imagen quinta) -como tuve el placer de observar in situ junto a mi amigo y colega bloguero Jesús López, que describiría fabulosamente nuestra visita a las ruinas talaverinas en un estupendo artículo publicado en su blog "Extremos del Duero": http://extremosdelduero.blogspot.com/2021/09/talaverilla-el-afan-de-vivir.html-, destacando entre todos los elementos augustobrigenses conservados a día de hoy el que durante siglos fuera considerado templo de los Mármoles (abajo, imagen sexta), expuesto junto a los pilares preservados del templo de la Cilla  y llamado así por considerar los lugareños de tal material lo que en realidad eran columnas graníticas rebozadas de un estuco brillante ante la acción solar, así como algunos elementos muebles mostrados en la primera de las dos salas dedicadas a Roma del Museo de Cáceres, donde, junto a tres retratos marmóreos descubiertos en 1.952 y fechados en el siglo I d.C. (abajo, imagen séptima), uno femenino y dos varoniles, luce una inscripción donde se hace mención al pueblo de Augustóbriga (abajo, imagen octava), permitiendo ésta verificar la identificación del yacimiento talaverino con tal municipio romano, inscrito en plena vía de unión de Emérita Augusta -Mérida- con Caesaragusta -Zaragoza-, a través de Tolletum -Toledo-, llamada oficialmente Iter ab Emerita Caesaragustam o vía Viginti Quinque Hispanica, trazada en época augustea y considerada una de las más relevantes de la Hispania romana.









Abajo: repartidos hoy los terrenos que supusieran antaño el término municipal de Talavera la Vieja entre las localidades cacereñas de Bohonal de Ibor y Peraleda de San Román, es justamente en la vía de unión existente entre ambas localidades, denominada EX-387, donde encontramos el camino que permite acercarnos a las ruinas urbanas de la antigua población talaverina, tomando para ello la vereda que nace a las puertas de la finca Los Ángeles (abajo), sita en la vertiente septentrional de tal carretera, debiendo discurrir en todo momento hacia el Norte y valle del río Tajo, ocupado en este punto por las aguas del embalse de Valdecañas, no tardando la vista en atisbar, cuando las aguas así lo permiten, los retazos edilicios del pueblo una vez alcanzado el terreno carente de vegetación (abajo, siguiente), esperando en sus momentos de emersión al visitante que desee recorrer una vez más sus calles y perderse entre sus rincones, susurrándole entre sus despojos hebras de una historia pasada, de la que se niega a desprenderse, como se niega, en su semiperenne ahogamiento, a morir.


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