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lunes, 5 de noviembre de 2018

Dolmen de Lácara: álbum fotográfico actualizado


A mediados de junio de 2.011 finalizaban los trabajos de restauración acometidos sobre el conocido como Dolmen de Lácara. Concretamente, el monumento megalítico se habría visto sometido a una limpieza del mismo y de su entorno más inmediato, así como a la consolidación de su estructura, fundamentalmente del resto de túmulo que aún se conserva, retirando aquellas piezas pétreas pertenecientes al monumento que quedaron destrozadas y esparcidas tras verse el bien sometido a diversas dinamitaciones y voladuras, en un pasado poco afable con el megalito.

Tras ser adquirido el monumento por la Junta de Extremadura en 2.009, no sería hasta 2.011 cuando, a cargo del proyecto Vía Plata II, dentro del programa Alba Plata, se llevasen a cabo las obras para la mejora del inmueble, la colocación de paneles y cartelería explicativa, así como la adecuación para la visita, adquirido junto al bien el camino de llegada al mismo, ofreciéndose inclusive un espacio para el estacionamiento de vehículos anexo al punto de acceso al dolmen desde la carretera autonómica EX-214, en el tramo en que esta vía une Aljucén con Nava de Santiago.

Extremadura: caminos de cultura tuvo la oportunidad de visitar el yacimiento en septiembre de 2.010, cuando el monumento aún no había sido intervenido. Tal cual se presentó a través del blog en enero de 2.011, en una de las entradas iniciales de este espacio en la red.


Hace pocos días pudimos volver al megalito. Llamaba la atención, recordando la visita años atrás, tanto la señalización y preparación del camino de acceso, como la ubicación de carteles informativos, destacando fundamentalmente el hallazgo del monumento completamente limpio y desbrozado de árboles y matorrales, siendo posible la observación del mismo de manera despejada, de la misma forma que, salvando el paso del tiempo y la actividad humana ejercida sobre el inmueble, pudiera haber sido contemplado en la antigüedad.

Desde Extremadura: caminos de cultura, a modo tanto de actualización como de complementación del artículo ya publicado, ofrecemos un nuevo álbum fotográfico actualizado del dolmen, a fin de presentar de manera más amplia el monumento, persiguiendo una mayor divulgación como ilustración sobre el mismo, en pro de un mayor conocimiento y con ello respeto y protección del yacimiento, considerado uno de los dólmenes de mayor envergadura de la Península Ibérica y auténtico tesoro histórico-artístico legado a Extremadura, y por ende a España, por los antiguos habitantes que hicieron de estas tierras su hogar.


- Atrio / Vestíbulo:


Arriba y abajo: Cerrado el paso por un gran ortostato colocado en el momento de clausura del monumento megalítico (abajo), tras haber sido utilizado como panteón durante aproximadamente mil años, un amplio espacio abierto en el punto más oriental de la construcción  y opuesto a la zona de enclave de la cámara funeraria, de 6,20 metros de longitud y custodiado por ortostatos laterales que sostendrían a su vez el peso del túmulo de cobertura (arriba), serviría de espacio sagrado donde poder llevar a cabo rituales funerarios y homenajes a los fallecidos allí depositados, antesala a la zona cubierta a modo de umbral de separación entre el mundo diario y el de los difuntos.


- Corredor:



Arriba y abajo: de 9, 15 metros de longitud, un largo pasillo daba acceso a la cámara funeraria, a modo de túnel de unión entre el mundo de los vivos y el de los fallecidos, galería que permite incluir el monumento megalítico cercano al arroyo Lácara dentro del conjunto de dólmenes conocidos como de corredor, dividido en este caso en dos espacios marcados cada uno por sendas pétreas jambas, imponentes las que dan la bienvenida al tramo inicial (arriba), habiendo perdido la primera sección del pasaje gran parte de los dinteles graníticos que lo cubría (abajo), ejerciendo a su vez como sustentación del túmulo exterior de cierre del monumento.



Arriba: aspecto del primero de los dos tramos en que quedaría seccionado el corredor de acceso al mausoleo, visto desde la entrada a la segunda de las divisiones de que consta el pasadizo.



Arriba y abajo: de entre los dinteles de cobertura conservados del primero de los tramos en que se divide el corredor del dolmen, destaca la pieza inicial (arriba), donde aún pueden apreciarse las muescas que posiblemente los canteros dejaron marcadas durante los procesos de extracción de la roca.




Arriba y abajo: marcada también su propia entrada por dos nuevas jambas graníticas (arriba), el segundo de los dos espacios en que queda dividido el corredor dolménico, de menor longitud que la sección previa pero similar baja altura (abajo), conserva los dos dinteles de cierre que lo salvarían del peso del túmulo (abajo, siguiente), apoyados sobre los dos ortostatos laterales que funcionan a modo de paredes del pasillo.




Arriba y abajo: un tercer juego de jambas, visto deste el interior del corredor (arriba), así como desde el corazón de la cámara funeraria (abajo), da paso al más sacro espacio funerario y habitáculo final del inmueble, auténtico sancta sanctorum del panteón del clan.


- Cámara:



Arriba y abajo: de planta octogonal (arriba), la cámara funeraria del Dolmen de Lácara presenta un diámetro de entre 4,50 y 5 metros de longitud, marcado su espacio por siete ortostatos de gran envergadura (abajo), alcanzando los 4 metros de altitud, fácil de comprobar gracias a la conservación de una pieza íntegra junto a la jamba meridional de acceso al recinto sacro, superviviente de los diversos avatares sufridos por el monumento a lo largo de su historia y una vez clausurado como lugar de enterramiento, entre los que destacaría por su virulencia la dinamitación a la que se vería sometido el bien entre finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX, cuando varios aldeanos de escasa cultura decidieron volarlo en busca de un legendario tesoro escondido en su interior, sin tener en cuenta que el auténtico tesoro era el propio inmueble en sí.



Abajo: vista detallada de los siete ortostatos que cercan la cámara funeraria del Dolmen de Lácara, ingentes piezas de granito de las cuales sólo la ubicada junto a la jamba de entrada meridional se conserva prácticamente en su integridad.






Abajo: llama la atención dentro del conjunto dolménico la alta mole del ortostato conservado prácticamente intacto de entre los siete que conforman la cámara funeraria, permitiendo hacerse una idea de la envergadura que llegaría a ofrecer el edificio en la antigüedad, tan sólo superado en dimensiones dentro de la Península Ibérica por el Anta Grande do Zambujeiro, emplazado en el término de la localidad portuguesa de Évora.


- Túmulo:



Arriba: asentado sobre la roca madre, un conjunto seriado de liezos de cantos de río y capas de tierra compactada se dispondrían en rededor de los habitáculos de los que disponía el dolmen, vestíbulo, corredor y cámara funeraria, creándose un montículo artificial que cubriría todo el monumento, a excepción del atrio y cúpula de la cámara, alcanzando en el caso emeritense presuntamente los 6 metros de altitud.


Arriba y abajo: ofreciendo en el plano una elipse de 35 metros en su eje mayor y 28 en el menor, el túmulo del conjunto dolménico de Lácara quedaría cercado por un anillo pétreo a modo de zócalo limítrofe del monumento, compuesto por una serie de piezas graníticas de las cuales aún varias permanecen in situ hoy en día, recuperadas gracias a las más recientes obras de limpieza y consolidación del inmueble.








Arriba y abajo: vistas generales del túmulo y monumento funerario en sí, tomadas desde su flanco septentrional (arriba) y cara posterior u occidental del mismo (abajo).


- Depósito de piezas:




Arriba y abajo: con la adecuación del monumento para las visitas, se habilitó a pocos metros del mismo y dentro de los terrenos adquiridos por la Junta de Extremadura a los propietarios de la finca donde se enclava el megalito, un depósito de piezas graníticas donde poder ubicar todas aquellos fragmentos de ortostatos, dinteles y restos de elementos pétreos pertenecientes al bien (arriba), desprendidos y desubicados rescatados del interior del mausoleo y alrededores, destacando los vestigios de lo que fuese tapa de la cámara funeraria (abajo), reconocible gracias a la serie de cazoletas talladas sobre su cara externa, manifestación artística para algunos autores que, para otros, podría hacer referencia a la ejecución de rituales en la cumbre del edificio.


martes, 11 de enero de 2011

Dolmen de Lácara


Uno de los más significativos ejemplos que demuestran que, ya desde antaño, las tierras de Extremadura eran queridas y admiradas por el ser humano, que deseaba hacer de ellas su hogar, es el gran número de dólmenes que, aún hoy en día, pueblan nuestra región, salpicando prácticamente, en mayor o menor medida, cada una de las comarcas que nos conforman.

El megalitismo, nombre dado al sistema de construcción a base de grandes losas y moles de piedra que se dio durante el Neolítico, expandiéndose a lo largo de varios siglos y etapas postpaleolíticas posteriores, tiene en Extremadura uno de sus más importantes enclaves. Originario, según algunos estudiosos, de la zona atlántica europea, de donde se fue expandiendo hacia la cuenca mediterránea, en las tierras extremeñas muestra también esa proliferación geográfica, ubicándose su mayor número de construcciones en la zona occidental, cercana al Atlántico, de donde van ramificándose hacia otras comarcas más interiores.

Uno de los más bellos ejemplos del megalitismo extremeño lo encontramos en la comarca de Lácara, zona central de Extremadura, limítrofe al norte con la provincia cacereña y cercana a la ciudad de Mérida. Allí, en medio de una rica dehesa, se levanta desde el Calcolítico el conocido como Dolmen de Lácara, adquirido en diciembre de 2.009 por la Junta de Extremadura, y considerado el mayor dolmen de nuestra región, y uno de los más importantes de la Península Ibérica.



Arriba: imagen del largo corredor cubierto con dinteles que daba acceso a la cámara, estupendamente conservado en el dolmen de Lácara.

Abajo: vista desde el corredor de la cámara mortuoria, peor conservada que el anterior, pero donde aún un ortostato de grandes dimensiones (losa vertical) se mantiene en su ubicación inicial y tamaño original, dando idea de la majestuosidad del monumento.



Tipológicamente, el dolmen de Lácara correspondería al de cámara con corredor, donde un largo pasillo, compuesto por dos filas paralelas de ortostatos de baja altura, cubiertos por losas en forma de dintel, daría acceso a una alta cámara funeraria, originariamente cubierta de una gran losa, a manera de cúpula pétrea, sujetada por otros tantos bloques. Exteriormente, el conjunto estaría a su vez cubierto de arena, tierra y piedras, formando un túmulo del que aún quedan vestigios, usado para fines religioso-funerarios por la comunidad, como demuestran los  restos de ajuares del Calcolítico y la Edad del Bronce hallados en su interior y conservados en el Museo Arqueológico Provincial de Badajoz.

Cómo llegar:

Para visitar el dolmen de Lácara debemos dirigirnos a la comarca de igual nombre, cercana a Mérida, y tomar la carretera EX-214, que une Aljucén con la Roca de la Sierra. En la mitad de este trayecto se encuentra La Nava de Santiago, y a su vez sobre la mitad del tramo que va desde Aljucén a la Nava de Santiago, a unos 10 kilómetros en cualquiera de los sentidos, hallaremos el acceso al dolmen, en el margen derecho de la carretera en dirección a Aljucén, y viceversa. Una señal de tráfico en dicho margen nos señala la entrada al monumento, debiendo parar en ese mismo punto (por lo que no es recomendable conducir a gran velocidad sobre esta altura), encontrando un moderado margen en tierra donde estacionar el vehículo. Allí, dos verjas nos darán la bienvenida, hallándose juntas pero dando entrada a dos fincas distintas. La de la izquierda, para viandantes, es por la que debemos adentrarnos, siguiendo a continuación un camino sin acondicionar que parte perpendicular a la carretera, y que se proyecta en todo momento junto al vallado de separación de fincas, que conservaremos siempre a nuestra derecha. Más adelante el camino, así como el vallado se curvarán hacia la izquierda, encontrando quizás algún cartel realizado por los alumnos de un colegio donde se nos avisa de la cercanía del dolmen. Pasaremos finalmente junto a unas casas en ruinas, que nos avisan de la llegada a nuestro destino y final de nuestro camino, principio de un regreso a nuestro pasado.



Arriba: vista general del dolmen de Lácara tomada desde los restos del túmulo que aún sobrevive en el exterior de este monumento, declarado Monumento Nacional en 1.913, actual Bien de Interés Histórico y Cultural con la categoría de Monumento entre los catalogados en la ciudad de Mérida.

Abajo: entre los ajuares encontrados dentro del dolmen de Lácara destaca una rica colección de puntas de flechas labradas en diversos materiales líticos de gran calidad, que se exponen entre las vitrinas de la Sala dedicada a la Prehistoria en el Museo Arqueológico Provincial de Badajoz, una visita recomendable y complementaria al dolmen para conocer más aspectos de esta etapa histórica de nuestra región.


-Álbum fotográfico actualizado (05-11-2018):


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