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sábado, 8 de octubre de 2022

Colaboraciones de Extremadura, caminos de cultura: El Convento de Moncarche, de El lince con botas 3.0, ya en la web de Canal Extremadura


El pasado viernes 7 de octubre emitió Canal Extremadura TV por primera vez el capítulo de la serie El lince con botas 3.0, dedicado al Convento de Moncarche. Editado ya el mismo a través de la web de tal canal televisivo regional, os invitamos a volver a visualizarlo, o a descubrirlo por primera vez, contentos con el resultado de esta nueva colaboración de blog con Libre Producciones, por la que nos sentimos, una vez más, extremadamente honrados. Esperamos que os guste el episodio, deseando que el mismo sirva, como siempre ha sido nuestro cometido, a la divulgación y conocimiento de nuestro tan vasto y rico como desconocido patrimonio.

http://www.canalextremadura.es/a-la-carta/el-lince-30/videos/el-lince-30-071022


ANTE LOS AVIONES QUE PUEBLAN

EL CONVENTO DE MONCARCHE


De gris se visten.

De gris.

De blanco gris, y azabache.

Y labrando, raudos, el aire,

laboran por tus bancales

entre ruinas, que en otros siglos,

otros hermanos conoció.


Ya no suena tu campana.

Quedó muda la espadaña

que a oraciones reclamase.

Cantan ellas. ¡Canten, canten!,

animando las estancias

que el humano abandonó,

a su suerte, por la vega

que aún desea desposarte.

¡Ansía la adelfa besarte

vestida de su pasión!


De gris se visten.

De gris.

De blanco gris, y azabache.

Y sin temer el estiaje,

sellan con barro su enlace

con las pizarras de tu traje,

vertido, así sangrando,

por faldas de tu bastión.


Ya no llegan los caudales

de esa fuente, que cantares

por tu arquería entonara.

Cantan ellas. ¡Cantan, cantan!

¡Se les suma, jade y ámbar

un plumaje bajo el sol!

El abejaruco expone,

recitando, sus ideas.

¡Van flotando hasta tu cueva,

donde se soñó con Dios!


De gris se visten.

De gris.

De blanco gris, y azabache.

¡Que por cielos de Moncarche

no calle nunca su voz!


(Un año de poesía; Samuel Rodríguez Carrero)


miércoles, 5 de octubre de 2022

Colaboraciones de Extremadura, caminos de cultura: El convento de Moncarche, en el Lince con Botas 3.0

 

El pasado 1 de julio, "Extremadura: caminos de cultura" tuvo de nuevo el honor de poder colaborar con Libre Producciones a la hora de elaborar un episodio más de su serie "El lince con botas 3.0". En esta ocasión, dirigiéndonos junto a la rivera del arroyo Friegamuñoz, entre los términos municipales de Alconchel y Villanueva del Fresno, visitamos las ruinas del conocido como convento de Moncarche, o de Nuestra Señora de la Luz.

Este próximo viernes, día 7 de octubre, tendrá lugar el estreno del capítulo resultante. Retransmitido a través de Canal Extremadura TV, la emisión dará comienzo a las 23.20 horas. Desde "Extremadura: caminos de cultura", siempre sin dejar de dar las gracias a Libre Producciones por su apuesta por este blog, queremos invitaros a su visualización, deseando que os guste, pero sobre todo que sirva para daros a conocer no sólo un monumento único en nuestra región, sino también el contexto histórico que le rodea y que, en su momento, sirvió para tejer la crónica de nuestra tierra, y, por tanto, de nosotros mismos.

"El siglo XVI, puerta de la Edad Moderna, claridad frente a la oscuridad de la Edad Media. Simplificación a todas luces que cuesta entender, y más en estas tierras de aquel tiempo, cuando se persiguen y expulsan judíos y moriscos, se bautizan los imperios coloniales y triunfa el comercio de esclavos. Se consolida la religión católica como esqueleto del reino. El papado ambiciona un poder terrenal que provoca la crisis de la Iglesia, la Reforma protestante y la división de la cristiandad. Mientras tanto, en las sierras más inhóspitas se levantan conventos de la Orden franciscana. Frailes mendicantes, austeros y solitarios, en el marco de la Iglesia católica y según el ideario de san Francisco de Asís. Hermandad cuya trayectoria está marcada por sus continuas renovaciones y conflictos en el intento de aproximarse al ideal evangélico dictado por su fundador. Y llegamos a la accidentada rivera del Friegamuñoz, río de aguas temporales sometido a la fiereza del estío, donde un convento montaraz aguarda aún el trance final mientras pueden leerse en sus ruinas algunos de los acontecimientos más trascendentes relacionados con la religiosidad entre los siglos XVI y XIX..."

jueves, 19 de agosto de 2021

Imagen del mes: Ermita de San Pedro de Alcántara, en las cercanías de Deleitosa

 

Enclavados a poca distancia del flanco sureño del conocido como convento de San Juan de la Viciosa, también llamado San Juan de los Habaneros o, más formalmente, San Juan Bautista o San Juan de la Penitencia -en honor a su primer protector, D. Juan Álvarez de Toledo y Monroy, IV conde de Oropesa y III Conde de Deleitosa-, aparecen también en el valle de la Viciosa - o Vicioso-, entre los arroyos de los Frailes y de Rocastaño, los restos de lo que al parecer fuera ermita vinculada con el cenobio llamada popularmente como de San Pedro de Alcántara, de menudas dimensiones y fábrica pizarrosa que pudiera corresponder con la capilla que, según el Interrogatorio de la Real Audiencia de Extremadura de 1.791, sobreviese por entonces en las cercanías del monasterio construida y habitada por el mismísimo santo patrono de la región, cuya labor fundadora le llevara en torno a 1.561 a establecer el primigenio conventual, poco antes de enfermar en él y, tras partir de éste y ser acogido en el Palacio de Oropesa o Castillo de los Álvarez de Toledo, fallecer en la localidad abulense de Arenas, desde entonces Arenas de San Pedro, camino del también erigido por el santo alcantarino convento anexo a la ermita de San Andrés del Monte, donde sería posteriormente enterrado.

Deleitosa (Cáceres). Siglos XVI-XVII; estilo renacentista/barroco.

Arriba: partiendo desde el flanco occidental de la localidad de Deleitosa, tomando la calle Miguel de Unamuno frente al Matadero de Eduardo Nieto Larra, el sendero que discurre primero hacia poniente, poco después hacia el Nororeste camino de la fuente de La Retuerta, nos acercará hasta el arroyo de los Frailes, enclavándose a poca distancia de la desembocadura en él del arroyo de Rocastaño, inmediato al camino de acceso al antiguo convento de la Viciosa, los vestigios de lo que al parecer fuera ermita de San Pedro de Alcántara, única aún en pie, a pesar de su ruina, de entre aquellas varias que circundarían el viejo cenobio, contabilizado en el siglo XVII un total de siete capillas, seis de ellas construidas una vez entregado el convento a  los Agustinos Recoletos en 1.606, consagradas éstas -tal y como informa el abate René Tiron en su obra decimonónica orientada a la historia y trajes de las Órdenes religiosas- a San Agustín -edificada a expensas del licenciado Nuño de Camiñas-, a Santa Mónica -edificada a expensas de la duquesa de Nájera-, a la Encarnación -construida a expensas del licenciado Baltasar Velázquez-, a San José -donada por un escribano de la provincia de Madrid-, la de San Nicolás de Tolentino -erigida a expensas de Catalina de Orellana y Mendoza-, y a Santa María Magdalena -financiada por Diego de los Cobos, marqués de Camarasa-, siendo la de San Pedro de Alcántara obra del mismo fraile franciscano, donde instalase una Natividad a imitación de San Francisco de Asís, ofrendada inicialmente por él a la Virgen de Belén, tal y como indicaría fray Alonso de San Bernardo en su obra dedicada en 1.783 al santo reformador.

Arriba: fundado el primigenio convento franciscano bajo las austeras directrices marcadas dentro de la Custodia de San José, siguiendo la extrema reforma llevada a cabo por su custodio San Pedro de Alcántara, también llamada reforma alcantarina, imitando en humildad el recién instaurado por él cenobio de Pedroso de Acím, conocido como convento de la Purísima Concepción de El Palancar, se presentaba este edificio monacal en la zona baja del valle, construido de manera sencilla en terrenos cedidos por el III conde de Oropesa y su esposa, II condesa de Deleitosa -D. Fernando Álvarez de Toledo y Figueroa, y Doña Beatriz de Monroy y Ayala-, con fábrica pobre y escasas dimensiones acopladas a una casa de campo que tales nobles allí disponían para las jornadas cinegéticas, abandonado por los franciscanos -de la provincia de San Gabriel desde 1.593- en 1.603 y reasignado a los Agustinos Recoletos apenas un año después, incendiado al poco de tomar éstos posesión del enclave hacia 1.606 -dirigiéndose tras el incidente los hermanos hacia una zona más elevada de la misma cuenca geográfica a fin de construir un nuevo inmueble, más amplio y cómodo para la vida monástica, fundado por fray Diego de Jesús-, cayendo la vetusta obra alcantarina en abandono y desuso, considerada por algunos autores lo que se conoce como ermita de San Pedro de Alcántara los vestigios de tal vivienda clerical, si bien los restos arquitectónicos preservados se acercan a las directrices que, según el abate Tiron, ofrecían ediliciamente cada una de las ermitas que acabaron rodeando el nuevo convento agustino y a las que pudiera haberse visto acoplada la primigenia capilla franciscana, diseñadas para el retiro espiritual de los monjes y dotadas por ello de oratorio, celda para el descanso, cocina, aposento para el trabajo, jardín y campanario.

Arriba y abajo: figurando en ruina la mitad oriental del supuesto añejo sacro eremitorio, la fábrica aún en pie, constituida de materiales humildes, fundamentalmente esquistos, cuarcitas y ladrillo, ofrece en el flanco occidental del edificio la que pareciera portada principal (arriba), quizás primigeniamente única, de acceso al interior del bien, cumplimentada con un ventanal a su diestra exterior, dando paso a una pequeña estancia cuyo muro norteño aparece horadado (abajo), abierta otra puerta frente a la inicial, hoy tapiada (abajo, siguiente), así como una tercera entrada, ésta de paso al habitáculo contiguo sito en la zona meridional (abajo, imagen tercera), cubierto el primer espacio por bóveda de arista latericia (abajo, imágenes cuarta y quinta), el segundo con bóveda de cañón de naturaleza similar (abajo, imágenes sexta y séptima), siendo este segundo modelo el también visto coronando un tercer enclave de escasas dimensiones abierto al anterior (abajo, imagen octava), resultando difícil precisar la función que inicialmente se le diera a estos espacios, quizás destinados a las labores diarias y descanso del fraile allí retirado -sin olvidar la posibilidad de estar ante los retazos del primitivo cenobio alcantarino-, pudiendo destinarse a oratorio o iglesia el enclave al que, desde la portada de la estancia noroccidental, se diera paso a la zona hoy caída, entre cuyos muros pueden adivinarse las que fueran pechinas septentrionales de una bóveda de arista o pequeña cúpula (abajo, imágenes novena y décima), desaparecida en este monumento al igual que el resto de la construcción que cumplimentase el alargado espacio que completase tal sector levantino del edificio (abajo, imágenes undécimo y duodécima), ocupado hoy por los caídos retazos arquitectónicos de la obra (abajo, imágenes décimo tercera a décima quinta), devastada quizás, como así lo fuera el cenobio, por las tropas napoleónicas que al inicio de la contienda decimonónica hispano-francesa pasaran por el lugar.












Arriba y abajo: apreciándose desde la supuesta ermita de San Pedro de Alcántara la silueta de algunos de los paredones preservados en pie del que fuera segundo convento, o convento agustino de San Juan Bautista de la Viciosa (arriba), lleva el sendero que discurre junto a la orilla izquierda del arroyo de Rocastaño hacia el antiguo cenobio (abajo), accediéndose a éste tras superar el mencionado cauce fluvial por un sencillo puente de único ojo y humilde fábrica pizarrosa (abajo, siguiente), alcanzándose por la cuesta de subida los primeros muros pertenecientes a la esquina suroriental del vetusto edificio (abajo, imagen tercera), llegando poco después a la actual portada de acceso (abajo, imagen cuarta), a través de la cual se pasa a la esquina Sureste del gran espacio centrado hoy por el amplio claustro del lugar -perdidos gran parte de los muros de división internos entre estancias y sus respectivas bóvedas-, observándose a la izquierda del portalón el ala meridional del monasterio (abajo, imagen quinta), de frente su hermana levantina y posible espacio ocupado antaño por la iglesia del lugar -donde una venerada imagen de Santa Rita de Casia recordase la vinculación de la orden agustina con la patrona de las causas imposibles- (abajo, imagen sexta), restando del patio conventual apenas las paredes que separasen éste de sus flancos externos, sucumbida la obra edilicia que circundase el claustro en su interior (abajo, imágenes séptima y octava), apreciándose entre las dependencias conservadas en la esquina nororiental del monumento la altitud de las dos plantas de que constase la casa (abajo, imagen novena), punto de acceso al espacio arquitectónico cuyo plano se prolonga desde tal rincón monacal hacia el Noreste (abajo, imágenes décima a duodécima), observándose desde lo que fueran exteriores septentrionales del convento la planta de tal ramal -posible enfermería- asociado al ala más norteña del conventual (abajo, imagen décimo tercera), dando ésta (abajo, imágenes décimo cuarta y décimo quinta), al ala más occidental (abajo, imágenes décimo sexta y décimo séptima), hoy abierta a los ricos campos que siempre rodearon la casa desde sus orígenes y hasta su definitivo abandonado a raíz de las órdenes de desamortización de 1.836, cuando el cenobio ya sólo era ocupado, según Pascual Madoz en su Diccionario geográfico-estadístico-histórico de 1.848, por tres hermanos, tras regresar y restaurar los frailes parte del monumento que las tropas francesas saqueasen y destruyesen en 1.808.


















miércoles, 30 de diciembre de 2020

Imagen del mes: Portada de la Casa del Patio, en Talarrubias

 

Destacando sobre el desnudo encalado que luce el resto de la fachada, una portada de factura barroca protagoniza el frontal de la conocida como Casa del Patio, abierta sobre la céntrica avenida de Extremadura dentro del corazón poblacional talarrubiano, hoy propiedad consistorial, antaño presunto convento franciscano cuyo emblema monástico centra el panel cerámico que corona el dintel de la puerta de entrada,  superpuesto sobre éste a su vez un pequeño retablo en azulejos protagonizado por la Virgen María en su acepción como Inmaculada Concepción, eje de una composición arquitectónico-ornamental donde la azulejería es protagonista, usada igualmente ésta en los dos escudos que cierran en sendas esquinas supremas el diseño, así como sobre la cornisa y dentro de los tímpanos del frontón bipartido que sobre pilastras istriadas enmarcan el portón, siguiendo un dibujo donde la simbiosis entre la riqueza compositiva, la evolución de las formas clásicas, el triunfo del catolicismo contrarreformista y la publicidad nobiliaria, junto al empleo de un material económico, recuerda el gusto y el desarrollo del arte Barroco en la España post-imperial.

Talarrubias (Badajoz). Siglo XVIII; arte barroco. 

 

Arriba y abajo: siguiendo modelos ofrecidos en otras muchas portadas edilicias religiosas de la época, la Casa del Patio talarrubiana, presuntamente primitivo convento franciscano inserto dentro del casco urbano de tal población siberiana, llamado popularmente bajo esta nomenclatura por dar acceso su fachada a un patio interior, posible antiguo claustro del monumento, retoma aquella idea arquitectónica que presenta el inmueble conventual enmarcado entre columnas (arriba), pilastras en realidad, bases de un fingido entablamento sobre el que quedaría supeditado un frontón partido, abierto en pos del alojamiento de un también simulado híbrido entre espadaña y hornacina, sede de un pequeño retablo cerámico mariano compuesto de piezas cuadrangulares de 14cms. por lado, coronado con arco escarzano sobre el que descansan sendos pináculos laterales y céntrica cruz latina, rezando bajo él la epigrafía que ilustra al espectador, viandante o visitante sobre la compañía que regenta el lugar, Hermandad General del Reverendo Padre San Francisco, cumplimentada con sendos escudos de la orden monástica franciscana, figurando dentro del mismo epígrafe el blasón de las cinco llagas o heridas sangrantes de Cristo, así como bajo él, inserto en un gran panel cuadrilobulado enmarcado entre molduras y volutas (abajo), la divisa donde el brazo del santo fundador se entrecruza con el de Cristo,  compartiendo estigmas frente a la cruz los considerados primer y segundo Jesucristos, coronado el distintivo y bordeado con cordón franciscano, ocupando un espacio rectangular bordeado a la par por una serie de angelotes así como representaciones florales, lirios y azucenas, donde, sin olvidar la simbología mariana que ofrecen éstos, los tonos amarillos, verdosos, azulados y ocres permiten resaltar la labor ceramista por su colorido frente al blanco inmaculado del frontal del vetusto cenobio.

Abajo: repitiéndose dentro del panel cerámico la misma arquitectura, a base de pilastras y arco depositado sobre ellas, que en el exterior encuadra la obra pictórica, aparece centrando la ornamentación que presenta la talarrubiana Casa del Patio una imagen de María como Inmaculada Concepción ascendiendo a los cielos supeditada por el Espíritu Santo en forma de paloma blanca, acompañada de una corte celestial conformada por angelores y querubines, ofreciéndose, tal y como se creyó era descrita en el versículo 1º del duodécimo capítulo del Apocalipsis de San Juan, con la luna bajo sus pies e investida con aureola de estrellas, vestida a su vez con los tonos azulado y blanco que harían referencia respectivamente a su pureza y eternidad, rodeada la que fuese tomada como patrona por la orden franciscana en 1.621, de diversos elementos y simbología o armas marianas, nacidos fundamentalmente de las letanías o rogativas a la Madre de Dios, tales como la palmera -pináculo izquierdo-, la ciudad -base de la cruz de coronamiento-, la nave del mar  -pináculo derecho-, sol y luna - bases de las pilastras-, dispersos otros muchos de éstos entre la serie cerámica del entablamento y los paneles de azulejería que cumplimentan los espacios internos del partido frontón (abajo, siguientes), adivinándose en el friso, a la izquierda de la epigrafía de presentación de la casa, la fuente, la luna, el lirio y la estrella, con el pozo, el árbol, el ciprés, la rosa, la escalera de Jacob y nuevamente el sol, la ciudad y la nave del mar en la porción de tímpano que supedita este enclave de la portada (abajo, imagen tercera), observándose en el espacio paralelo el espejo, nuevos pozo, fuente y luna, o sendos huertos o jardines cerrados que, junto a la torre y la puerta o puente figuran por duplicado (abajo, imágenes cuarta y quinta), claro ejemplo de la amplia publicidad y férrea defensa de la advocación concepcionista llevada a cabo por los seguidores de San Francisco de Asís a través de su prédica, ya fuese haciendo uso para ello, como en el caso de Talarrubias, del arte depositado sobre la portada de su propia casa.

 

 

Arriba y abajo: cumplimentando el diseño arquitectónico, siguiendo el paralelismo que a partir de la puerta de acceso se da en todo el frente de la obra, además de los elementos que constituyen la composición clásica, como el pareado de columnas o las volutas sobre régula y gotas que las superponen, o los vanos abiertos al espacio público ofrecidos también en dúo y práctica simetría, así en ojos de buey junto al frontón, ventanales rectangulares enrejados cercanos al pie de calle, destacan hermanados en sendas esquinas superiores dos marcos cuyos interiores albergan llamativos ejemplares heráldicos timbrados con cascos (arriba), nuevamente en coloridos paneles cerámicos atribuidos, como el resto de obra en azulejería, a algunos de los talleres que dedicados a esta industria artesana se enclavasen en la Sevilla barroca dentro del barrio de Triana, próximo según diversos autores al artista ceramista bautizado como Maestro de Palma Gallarda, bien proviniendo de su mismo alfar o de alguno relativo a su círculo creativo alrededor de los años 20 del siglo XVIII, fecha en que se eregiría la casa para la que la obra pictórica fuese destinada, bajo posible mecenazgo de las familias nobles allí mismo representadas, correspondiendo el blasón sito a la izquierda del espectador a la familia Arias Ribadeneira Zúñiga, asentada por tal fecha en la localidad talarrubiana, siendo D. Sebastián de Arias Ribadeneyra nombrado capellán del Duque de Béjar, señor éste, poseedor a su vez del título de Vizconde de Puebla de Alcocer, del lugar, dándose así una relación señorial entre ambas localidades que muy posiblemente también se ejerciese en lo religioso, levantado en el siglo XVI en la Puebla un convento franciscano bajo la advocación de Santa María de la Paz, más conocido como de San Francisco, dependiente de la Provincia de los Ángeles que fundase a fines del siglo XV Fray Juan de la Puebla, vinculada fundamentalmente con localidades del Norte de las provincias de Córdoba y Sevilla cercanas a Belalcázar, de donde el reformador llegase a poseer antes de su conversión monacal la propiedad del título condal, pudiendo depender el inmueble monacal talarrubiano del convento alcocereño, quizás abierto más el primero como casa-enfermería franciscana que como propio cenobio de la orden en sí, llamando la atención, además de la no constatación de fundación franciscana en el lugar, la respuesta remitida desde la localidad talarrubiana ante el Interrogatorio de la Real Audiencia de Extremadura de 1.791, negando la existencia de convento alguno en la población, confirmando sin embargo la presencia de un hospital, corriendo quizás finalmente la Casa del Patio la misma suerte que el convento de la Puebla, víctima del proceso desamortizador que acabaría en el siglo XIX con la práctica totalidad de inmuebles monacales a nivel tanto regional como nacional.

Abajo: si bien el uso de la azulejería en portadas y exteriores de edificios erigidos bajo las directrices del arte Barroco es ampliamente empleado, dentro de la Península Ibérica, en tierras portuguesas, despuntando en España en zonas como la andaluza, aunque no sea Extremadura una región que destaque en este respecto en el panorama nacional, ejemplares como el preservado en la Casa del Patio talarrubiana permiten poder saborear dentro de nuestra comunidad una extraordinaria pieza sin que el muestrario, sin embargo, se quede en Talarrubias, pudiéndose descubrir la utilización de azulejería y paneles cerámicos en diversas portadas barrocas instaladas a lo largo de nuestra geografía, vinculadas tanto a edificios civiles o palaciegos, como a otros de variado uso religioso, observándose en la misma comarca de La Siberia e inmediata localidad de Puebla de Alcocer el empleo del azulejo como ornamentación en dos obras edilicias fechadas entre los siglos XVII y XVIII, conocidas como casas de los Arévalo y de los Chacones (abajo, y siguiente), sitas en las calles San Francisco y Pedregosa respectivamente, repitiéndose el uso del frontón partido sobre entablamento y pilastras visto en el primitivo cenobio talarrubiano, también dado en la igualmente Casa de los Chacones, o popularmente del Conco, dentro del casco histórico de Herrera del Duque (abajo, imagen tercera), ubicada en la calle de San Juan y vinculada con la Encomienda de Alcántara, coronada su fachada con dos azulejos heráldicos, pertenecientes respectivamente a la Orden franciscana -simbiosis entre sus dos blasones- y al Santo Tribunal de la Inquisición -sobre cruz dominica-, custodiando éstos un retablo cerámico dedicado, tal y como se hace mención en el mismo, a la Virgen del Rosario -Regina Sacratissimi Rosari ora pronobis-, representada María como Theotokos acompañada de Santo Domingo de Guzmán y un orante -posible mecenas de la obra-, observándose no lejos de allí, en la herrereña calle Convento y portada abierta a los pies de la antigua iglesia del que fuese Convento franciscano de la Purísima Concepción, dos paneles de azulejería barroca más (abajo, imagen cuarta), centrados respectivamente cada uno por sendos emblemas representativos de la Orden fundada por el santo de Asís.



Abajo: permitiendo los modelos de Talarrubias, Puebla de Alcocer y Herrera del Duque situar La Siberia extremeña en cabeza a la hora de examinar el uso de la azulejería como ornamentación entre las portadas diseñadas o cumplimentadas bajo las directrices del arte Barroco de nuestra región, el resto de ejemplares, sin que falten muestras en la provincia de Cáceres, así en la ermita de San Antonio de la Quebrada, reformada a partir del siglo XVII e inscrita dentro del primitivo barrio judío intramuros de la capital provincial (abajo), florecen progresivamente según se acorta la distancia con la frontera andaluza, siendo posible contemplar en la calle Mesones de Azuaga, sin olvidar la estrella y el panel que en el nº 59 de igual vía luce blasón ocupado por la cruz de la Orden de Predicadores o dominica, una reseñable muestra del uso del azulejo barroco en la fachada numerada con el número 55 (abajo, siguiente), donde el arte de algún posible alfar trianero se exhibe no sólo en el zócalo a pie de calle o en aquél friso inscrito en la cenefa ubicada bajo la cornisa que corona el frontal, sino fundamentalmente en dos retablos cerámicos que culminan la puerta de acceso a la casona, ocupado con elaborada heráldica el izquierdo, mostrando el derecho nuevo escudo familiar junto a la representación de María entronizada, siendo Santo Domingo de Guzmán quien, también dentro de la Campiña Sur, portando libro, azucenas y báculo con estandarte, acompañado de perro con antorcha encendida en su boca, ocupe la hornacina que dentro de un frontón partido y bajo la espadaña del lugar, centre la portada barroca de acceso a la ermita dedicada a tal santo burgalés en la localidad de Berlanga (abajo, imagen tercera), si bien será en Jerez de los Caballeros, cuyo antiguo Hospital de enfermos pobres luce sobre su dintel un azulejo, atribuido como la obra talarrubiana al círculo del trianero Maestro de Palma Gallarda, dedicado a San Miguel Arcángel triunfante sobre el maligno (abajo, imagen cuarta), donde podamos apreciar el que es posiblemente mejor ejemplo de contribución del azulejo a la portada barroca en Extremadura, llamando la atención dentro del retablo que presenta el acceso a la parroquia de San Bartolomé (abajo, imágenes quinta a séptima), los cuatro grandes paneles cerámicos que, como en Sevilla pudiera verse en el frente de la iglesia del Hospital de la Caridad, destacan por su dibujo azulado sobre fondo blanquecino mostrando, de izquierda a derecha y arriba a abajo, a San Antonio Abad, San Diego de Alcalá, San Antonio de Padua y San Francisco de Asís, sin que falten otras representaciones religiosas cerámicas cumplimentando el diseño arquitectónico, advirtiéndose entre baldosines ocupados por aves, flores, astros, cabezas femeninas o escenas que recuerdan a aquéllas llamadas de género, dos estampas de San José con el Niño, así como de la Virgen de la Candelaria, figurando el corazón agustiniano sobre el pétreo angelote que, labrado en el dintel de entrada, saluda al feligrés que dirige sus pasos hacia el interior de uno de los principales templos de la localidad.

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