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miércoles, 28 de febrero de 2024

Imagen del mes: representaciones figurativas andalusíes de Extremadura

Considerado tradicionalmente el arte musulmán como de carácter anicónico, careciendo de figuras humanas o zoomorfas entre sus representaciones, pueden encontrarse, sin embargo, intercalados en sus ornamentaciones de índole mayoritariamente vegetal, geométrico y caligráfico dispuestas a lo largo de los siglos y a través de los enclaves que en alguna ocasión formaron parte del mundo islámico, diversos ejemplos creativos figurativos que vienen a desbaratar tal teoría, muchos de ellos procedentes de un arte andalusí que dejaría en tierras hoy extremeñas algunas de tales excepciones, con ejemplos cerámicos, metálicos y pétreos preservados entre sendos museos arqueológicos provinciales, observándose entre sus salas la cabeza de un ave pintada sobre un fragmento cerámico procedente de Medellín, dos cuadrúpedos usados como juguetes descubiertos entre los vestigios del que fuese el Badajoz musulmán, el soporte de un brasero con cabeza y pie de león hallado en Higuera de la Serena, destacando por su antigüedad un aplique de plata con cabeza de cérvido fechado en época emiral desenterrado en el yacimiento gordeño de Cañada de los Judíos, así como por su posible vinculación con la dinastía aftasí, los dos pies de banco con ornamentación leonina que mil años atrás pudieran haber servido como base del trono de los reyes islámico-pacenses.

Badajoz, Medellín, Higuera de la Serena y yacimiento de Cañada de los Judíos (El Gordo, Cáceres). Siglos VIII al XI; arte islámico.

Arriba y abajo: aunque el Corán no prohíbe las representaciones artísticas figurativas, el intento por evitar la idolatría encauzado a través de varios hadices o códigos donde se recogía la tradición oral originaria del Islam, conduciría hacia un abandono de las creaciones antropomorfas y zoomorfas en pro de la ornamentación vegetal, geométrica y caligráfica, si bien las producciones figurativas de aquellos seres a los que se consideraba portadores de alma, alejadas completamente de los contextos religiosos donde el culto y la veneración debe dirigirse tan sólo a Dios, tendría cabida en los ambientes domésticos y cortesanos, colándose a través de la cerámica, los juguetes, los ajuares hogareños, los muebles, la azulejería, las pilas, las yeserías o los capiteles, destacando aquéllas emanadas de un arte andalusí que en la Península Ibérica medieval bebiese tanto de las creaciones clásicas, en muchas ocasiones coleccionadas, como de un cristianismo con el que estableciese contacto y transmisión artística, surgiendo así piezas figurativas extraordinarias destinadas tanto a embellecer jardines y salas palaciegas como a servir a los hogares más humildes, sin que faltasen éstas entre las ciudades y poblaciones esparcidas en lo que hoy es territorio extremeño, destacando por su antigüedad la cabeza de un cérvido en plata datada en época emiral que fuera hallada en el yacimiento denominado Cañada de los Judíos -arriba-, sito en el término municipal de El Gordo, compartiendo naturaleza metálica con la pata de un brasero, en este caso de bronce, rescatada de la finca llamada El Santísimo ubicada en tierras de Higuera de la Serena, cuya decoración felina, con un pie de león rematando inferiormente el soporte y la cabeza de tal animal en el punto de unión de la pieza al desaparecido resto del mueble -arriba- recuerda el arte fatimí del siglo XI, barajándose la posibilidad de provenir este elemento del Egipto gobernado bajo tal dinastía en los albores del segundo milenio de nuestra Era.



Arriba y abajo: un ave, posiblemente una paloma -arriba-, sería el animal que sobre un recipiente cerámico hallado en Medellín, quizás un plato o ataifor, fuese pintado siguiendo la técnica del verde-manganeso, dibujando sobre el blanco de base con el verde del cobre y el negro-morado del manganeso los elementos decorativos escogidos, bastante similar a la fórmula empleada a la hora de rematar uno de los dos juguetes y/o botijos que, con forma de cuadrúpedo, se hallase en la ciudad de Badajoz -abajo-, con una ornamentación de pinceladas verdes ejecutadas sobre un fondo blanquecino muy distante al tosco acabado sin policromar de la vasija zoomórfica desenterrada junto a otras cerámicas islámicas en un solar de la calle Zurbarán -abajo, siguiente-, cuyo parecido, aun en su deterioro, al camello descubierto entre las cerámicas almohades rescatadas en 1.937 en la calle Savellà de Palma de Mallorca, hoy en el Museo del Diseño de Barcelona, permite imaginar el aspecto original de tal pieza de probable uso infantil, datada entre los siglos X y XI.




Arriba y abajo: descubiertos en el baluarte de San Roque, con casi un metro de longitud y rondando el medio metro de altura -96 cms. x 48 cms.-, los dos pies que sirvieran como soportes de aquel tablero central junto al que conformasen un banco o trono en algún jardín o edificio de la islámica ciudad de Badajoz, quizás al servicio de Sapur o de la posterior dinastía aftasí que gobernasen el reino taifa desde aquí capitaneado entre 1.013 y 1.094, muestran sobre el mármol blanco del que se nutren la parte anterior o prótomo de dos leones respectivamente, tumbados y contrapuestos, cuyo labrado se observa mejor, curiosamente, en la pieza donde uno de los animales ha sido descabezado -arriba y abajo-, más desdibujado el diseño de la anatomía felina en su hermana -abajo, siguientes-, apreciándose en todo caso entre sus patas, rabos, cabezas y fauces, unos rasgos tendentes a la esquematización propio del arte islámico e igualmente atisbado en otras piezas escultóricas andalusíes claves donde es el león el animal representado, así en el león de Monzón, en los granadinos leones del Maristán, o en los archiconocidos leones que dan nombre al patio donde se ubican, en el corazón del palacio de la Alhambra, colocándose así ambas piezas extremeñas entre las figuraciones zoomorfas más relevantes del arte islámico peninsular y, por ende, del arte sarraceno extremeño.



sábado, 13 de enero de 2024

Imagen del mes: estatua orante del obispo Ponce de León, en la catedral de Plasencia

Acogida por una gran hornacina a modo de capilla funeraria elaborada por Mateo Sánchez de Villaviciosa, junto al altar mayor de la catedral Nueva de Plasencia y en el presbiterio de la misma por su lado del evangelio, la estatua orante del obispo Pedro Ponce de León, labrada en piedra por el artista castellano Francisco Giralte, no sólo cubre la tumba de uno de los más reseñables dirigentes de la diócesis placentina, sino que se ofrece a la par como una de las más excelsas obras escultóricas del Renacimiento extremeño, así como, posiblemente, la mejor estatua de índole funerario con que cuenta nuestra región.

Plasencia (Cáceres). Siglo XVI (ejecutada entre 1.573, tras el fallecimiento del obispo, y 1.576, año de defunción del artista); arte renacentista.

Arriba: nacido en Córdoba en 1.510, y fallecido en la localidad cacereña de Jaraicejo el 17 de enero de 1.573 -tal y como reza en el epitafio extendido a través del friso que, bajo frontón semicircular y figura del Creador, corona la capilla funeraria episcopal elaborada por el artista granadino Mateo Sánchez de Villaviciosa a petición de los testamentarios de D. Pedro Ponce donde, bajo arco casetonado de medio punto enmarcado por dos pilastras corintias, se cobija la estatua y tumba del que fuera obispo placentino: "Aquí yace el ilustrísimo Señor Don Pero Ponce de León, obispo que fue de esta Santa Iglesia e Inquisidor General; falleció en la villa de Jaraicejo, a XVII días de enero de 1.573 años"-, D. Pedro Ponce de León tomaría posesión de la diócesis placentina el 26 de enero de 1.560, tras el fallecimiento un año antes de su predecesor en el cargo, D. Gutierre de Vargas Carvajal, personaje al que no sólo relevaría como sumo dirigente del obispado de Plasencia, sino también como gran mecenas renacentista de la diócesis, terminando muchas de las obras arquitectónicas y artísticas iniciadas durante el mandato de Vargas Carvajal y encargando o dejando dinero para otras que vinieran a enriquecer el obispado, así su propio mausoleo donde, siguiendo nuevamente la estela de D. Gutierre, se depositara en manos del afamado artista palentino Francisco Giralte la labra de la estatua orante que viniera a cubrir su féretro, pudiendo así Extremadura contar con una obra mortuoria del insigne escultor renacentista discípulo de Berruguete que ya elaborase los cenotafios tanto del obispo previo como de los padres de éste, ubicados éstos sin embargo en el panteón familiar con que los Vargas contasen en pleno corazón de la villa de Madrid, en lo que hoy se conoce como Capilla del Obispo, formalmente capilla de Nuestra Señora y San Juan de Letrán, adosada a la madrileña iglesia de San Andrés. 

Arriba y abajo: planteada como imagen de bulto redondo y elaborada en mármol blanco de origen italiano -según el erudito Vicente Paredes; en alabastro del país según la historiadora Rocío García Rodríguez-, la estatua orante que viniese a cubrir el sepulcro del obispo placentino D. Pedro Ponce de León seguiría el planteamiento ya observado en otras esculturas funerarias renacentistas, donde el personaje retratado, lejos de figurar yacente y sin vida, se presenta vivo, orando, con las manos juntas y de rodillas, dirigiendo su mirada hacia el altar en una demostración tanto de su fe en la religión católica como de su humillación ante su doctrina, sin que por ello se prescinda, sin embargo, de la representación de los más ostentosos elementos materiales con que el personaje contase en vida, quedando así inmortalizada a su vez la categoría social y económica que el mismo llegase a alcanzar durante su estancia en este mundo, pudiéndose de esta manera apreciar entre las trazas escultóricas de la presente obra mortuoria la riqueza de las vestiduras del obispo (arriba) -aflorando los bordados de la casulla entre los fabulosos pliegues logrados sobre la piedra por el artista-, la valía de los anillos que pueblan los dedos del clérigo, o la suntuosidad del reclinatorio que antecede a la figura (abajo), dotado de bajorrelieves por sus respectivas caras donde varios personajes angelicales portan diversos emblemas relacionados con el difunto o la muerte de éste -así una mitra, un incensario o una calavera-, cubierto a la par de un rico encaje sobre el que se deposita, sobre almohada, un libro litúrgico abierto por el Salmo 88 -observado por Rocío García Rodríguez y centrado en la oración y solicitud de la misericordia divina ante el sepulcro-, asomando tras el mencionado mueble tanto el báculo episcopal como la mitra del obispo, sostenida ésta sobre un pequeño pilar que viene a cerrar la composición y simbología del conjunto escultórico por su esquina trasera derecha. 

Abajo: arrodillada la figura del obispo sobre un cojín, sostenida a su vez sobre un estrado de dos gradas que, simulando el suelo o tarima que acoge al personaje, sirve en realidad como cierre superior del sepulcro episcopal, aparece el frontal de tal pavimento decorado con casetones rectangulares y ovales a los que antecede, sostenido por dos figuras juveniles andróginas, semirrecostadas y ataviadas con túnicas, el blasón del obispo, coronado por el capelo episcopal y centrado por las armas del mismo, dividido en cuatro cuarteles donde, en los lugares primero y cuarto, se observa el emblema de los Córdoba, apellido paterno donde tres franjas de gules o rojo cruzan un campo de oro, protagonizando las divisiones segunda y tercera el escudo de los Ponce de León, con un león rampante junto a las cuatro franjas verticales del apellido Aragón, quedando así atestiguada a perpetuidad la identidad del personaje aquí depositado, igualmente reflejada mediante similar escudo sobre el arco que centra la capilla funeraria, o en el epitafio que la corona, siendo un epígrafe en latín el que, por su parte -protegido por rejería y recogido por el insigne José Ramón Mélida-, vendría a firmar la cara exterior del zócalo o propio sepulcro en sí, hablándonos nuevamente de la personalidad allí custodiada y la obra legada por ésta: DOMINUN PETRUM PONTIUM A LEONE SANCTAE HUIUS PLACENTINAE PRAESULEM PIENTISSIMUM ET MERITISSIMUM OMNI VIRTUTE ET NOBILITATE GENERIS PRAECLARUM INQUISITOREM GENERALEM SANCTA FUNCTUM VITA POST INSTITUTA SIBI ANIVERSARIA ET CAPELLANIA ET EPICOPATUS PAUPERES TESTAMENTO HAEREDES RELICTOS ET VIRGINES ORPHANAS IN PERPETUM HONESTISIMA DOTE IUVATAS HAEC BREVIS CAPIT URNA VIXIT ANNOS 63 OBIT D.I IANVARII M.D.LXXIII. 

jueves, 14 de diciembre de 2023

Imagen del mes: santuario prerromano del Castrejón de Capote, en Higuera la Real


Ubicado en pleno corazón del asentamiento que hoy recibe el nombre de Castrejón de Capote, un santuario datado en torno a los siglos V a IV a.C., y en uso hasta mediados del siglo II a.C., se ofrece como el inmueble clave del yacimiento, no sólo por su inusual inscripción entre el caserío céltico que dibujase el asentamiento celta conocido más meridional de Europa, sino también por el excepcional estado de conservación en que se descubrió, sellado el sacro recinto tras estarse celebrando en él un ingente sacrificio y banquete ritual, permaneciendo in situ los utensilios usados en la ceremonia hasta ser en la pasada década de los 80 finalmente hallados y desenterrados.
 
Castrejón de Capote (Higuera la Real). Siglos V-IV a II a.C.; estilo celta.


Arriba: constituido por un espacio trapezoidal de 4 metros cuadrados, elevado un metro sobre el nivel de la calle primigenia y carente original y presuntamente de techumbre, el santuario prerromano de Capote se abría por su flanco suroccidental al ramal septentrional de los dos en que se dividía, a modo de Y, la calle central que atravesaba longitudinalmente el castro de unas 3 hectáreas al que pertenecía, inscrito en la península que conforman los ríos Sillo y Álamo al confluir sus vegas -abajo-, ofreciéndose así su interior al público que se aglomerase frente a él, dotado de una mesa pétrea central rodeada de un estrecho pasillo enlosado y un banco corrido a través de las tres paredes que la abrazan -arriba-, donde se sentarían presuntamente los comensales, sacerdotes o druidas que, en un número máximo de entre 15 y 20, llevasen a cabo los rituales religiosos allí consumados, heredados de las poblaciones de origen celta que, desde el Norte peninsular y provenientes a su vez de la Europa atlántica, viniesen a colonizar en torno al siglo V a.C. esta sección de la región extremeña incluida en la conocida como Beturia bajo el nombre de pueblos célticos.


Abajo: descubierta en 1.982 por el profesor Aurelio Salguero Marín una estela de guerrero con inscripción tartésica como dintel de una zahúrda abandonada en la finca higuereña de Capote, la relevancia del hallazgo impulsaría la excavación a partir de 1.987 de la zona, exhumándose por Luis Berrocal Rangel una desconocida ciudad celta de ignorado nombre de la que irían desenterrándose de entre sus dos fases de ocupación -una primera datada entre los siglos V a II a.C., y una posterior fechada desde mediados del siglo II a.C. a mediados del siglo I a.C.- murallas, calles, casas, talleres y, fundamentalmente, el santuario central cuya ubicación poco habitual en el interior del castro permitiera pensar en la relevancia religiosa dada al enclave por sus pobladores y vecinos que, considerando la fortificación como centro de culto y reunidos frente a tal sanctasanctórum, asistirían a las liturgias allí celebradas, incluyendo posiblemente entre ellas el Samhain o Samonios, ejecutado a fines de octubre en pro de dar la bienvenida al nuevo año celta, siendo quizás éste el rito que se estuviera llevando a cabo cuando la ciudadela fuera asaltada por las huestes romanas de Marco Atilio recién tomada la cercana Nertóbriga -según otros autores Marco Claudio Marcelo- en el año 152 a.C., aprovechando los latinos el momento de realización de tal culto para atacar y hacerse con el poblado, enterrándose seguidamente el edículo profanado con todos los elementos que se estaban utilizando en tal ceremonial, desde las parrillas donde se asaba la carne de los animales sacrificados, hasta las vajillas donde se servía la misma, exhumándose hasta 54.000 fragmentos cerámicos pertenecientes a más de mil útiles que verificarían tanto la relevancia del banquete como el gran número de personas integrantes del mismo, destacando entre los elementos rescatados una copa calada (abajo, primera imagen) que, expuesta junto a un vaso ornamentado (abajo, segunda imagen) y un plato con doble orificio (abajo, imagen tercera) como exponentes del yacimiento de Capote entre las vitrinas de la sala dedicada a la Protohistoria del Museo Arqueológico Provincial de Badajoz, serviría posiblemente como incensario donde quemar los perfúmenes que sahumarían la escena religiosa y última vivida por el castro antes de pasar a formar parte, durante su segunda etapa ocupacional, del mundo romano.


jueves, 30 de noviembre de 2023

Imagen del mes: portada renacentista de la iglesia de Santa María de la Asunción, en Baños de Montemayor

Diseñada en un limpio estilo renacentista donde se conjugan tanto el granito como el mármol blanco en una simbiosis entre las técnicas arquitectónicas clásicas y la laboriosidad más exquisita de la escultura y ornamentación platerescas, la portada del lado del evangelio de la iglesia de Santa María de la Asunción de Baños de Montemayor se ofrece como la más artística de las dos entradas con que cuenta el principal inmueble religioso del municipio, parroquia siglos atrás de la sección de la población que antaño, separada en dos mitades religioso-administrativas por el trazado de la Vía de la Plata, quedase a oriente de la misma, dentro del reino de León, en el señorío del Marqués de Montemayor y bajo el gobierno episcopal del obispo de Coria.

Baños de Montemayor (Cáceres). Siglo XVI; arte renacentista.

La parroquia de Santa María de la Asunción de Baños de Montemayor sería declarada Bien de Interés Cultural, con categoría de Monumento, mediante Decreto 59/2022, de 25 de mayo, por la Junta de Extremadura.


Arriba y abajo: levantada entre los siglos XVI y XVII, con posibles inicios a fines de un siglo XV del que heredaría la portada más antigua del templo, abierta a los pies del mismo bajo un arco apuntado que conservaría el gusto gótico prolongado a través de la robustez arquitectónica de la obra, la parroquia perteneciente a la sección religiosa dependiente antaño de la diócesis de Coria, hoy único templo parroquial del pueblo tras la unión en 1.833 de sus dos concejos -Baños de Montemayor, a oriente, y Baños de Béjar, a occidente- en uno solo bajo el primero de estos nombres, y la consolidación religiosa en 1.959 del municipio resultante bajo un único obispado, el placentino, se yergue sobre el caserío como un edificio de única nave (arriba), cubierta con actual bóveda de cañón, con crucero marcado antes de un presbiterio con testero plano y en cuyo exterior destaca, además de una alta torre de tres cuerpos y llamativos arcos aislados entrecruzados sobre el campanario final, la portada renacentista sita sobre el lado septentrional o del evangelio del templo (abajo), centrada por un arco de medio punto dibujado sobre tres arquivoltas, marcado el arranque de éstas por cada una de las líneas de impostas mediante motivos vegetales repetidos en la clave del arco, enmarcado éste a su vez por dos pilastras de fustes estriados y orden compuesto cuyos capiteles vienen a sostener un entablamento en cuyo friso puede leerse, en epigrafía latina, la sentencia "EXALTATAE ST DEI GENITRIX" -Alégrate, Santa Madre de Dios-, en referencia a Santa María y advocación a la que está dedicado el sacro inmueble cultual bañense.



Arriba y abajo: supeditados sendos capiteles laterales por casetones ocupados por putis, culminados éstos a su vez por florones donde se conjugan sus artísticas estrías con delicadas testas, argollas y guirnaldas (arriba), figura la cornisa superior del entablamento que corona la portada septentrional de la parroquia bañense rematada por nuevas figuras de índole clasicista recuperadas por el gusto renacentista donde casan las volutas de gusto vegetal con dos ángeles anunciadores que, con sus trompetas (abajo), vienen a enmarcar y proclamar a la par la Asunción de María, protagonista ésta, como advocación del templo, de la presente portada, descubriéndose en un gran óvalo sobre todo el conjunto arquitectónico-escultórico que supone la presente entrada del evangelio la representación de María en su ascensión hacia los cielos, acompañada y auxiliada  por diversos angelitos desnudos en su elevación hacia Dios Padre (abajo, siguiente), o quizás Cristo como Salvador, quien, en mármol blanco, plasmado con larga túnica y pobladas barbas, bendiciendo con la mano diestra el mundo mientras sostiene con la siniestra el orbe mundial, culmina en lo superior todo un compendio artístico encaminado hacia la representación de aquel capítulo de la vida de María al que está dedicado el templo principal de la localidad.




Arriba y abajo: además de la pieza marmórea que viene a representar a Dios Padre como Creador, o bien a Cristo como Salvador del mundo, tres relieves más elaborados en níveo mármol vienen a conjugar con la piedra granítica que conforma el grueso de la portada renacentista de la parroquia de Santa María de la Asunción de Baños de Montemayor, así dos medallones que, sitos en el lienzo inserto entre el arco, los capiteles y la cornisa baja del entablamento, presentan a los santos Pedro y Pablo (arriba) acompañados de sus correspondientes emblemas religiosos -las llaves del paraíso y la espada, respectivamente-, quedando el friso de la composición arquitectónica centrado por un espectacular blasón marmóreo sostenido por dos putis desnudos y marcada anatomía en cuyo interior viene a descubrirse el jarrón de azucenas que hace alusión a María, en una nueva mención a la santa figura a la que está dedicada la obra edilicia, habiéndose querido ser visto éste por algunos autores, junto al resto de relieves de mármol y en base fundamentalmente a su fábrica en diferente material, como un posible último añadido a la portada posterior a la fecha de 1.567 labrada bajo el florón occidental del compendio edilicio y tomada como datación formal de la obra, observándose especialmente en esta pieza una tendencia al manierismo del que quizás derive la contorsión de los infantes sustentadores, precursora de la teatralidad que vendría a triunfar con el inmediato movimiento barroco en que fuese culminada la fábrica del presente templo.

lunes, 2 de octubre de 2023

Imagen del mes: estatua de Mercurio sedente, en el Museo Nacional de Arte Romano de Mérida

Descubierta en 1.913 durante las obras de cimentación de la actual plaza de toros emeritense, se exhumaría de los terrenos conocidos como Cerro de San Albín una escultura a tamaño natural representando al dios Mercurio, Hermes en la antigua Grecia, descansando mientras permanece sentado sobre una roca, acompañado de algunos de sus atributos personales más característicos, así las sandalias aladas o la lira de su invención, procedente posiblemente del Gran Mitreo con que contase Augusta Emérita y presentada hoy en día como una de las figuras más hermosas y de mejor calidad artística entre la colección estatuaria preservada en el Museo Nacional de Arte Romano de Mérida.

Mérida (Badajoz). Siglo II d.C. (fechada en el año 155); arte romano.




Arriba y abajo: elaborado en mármol blanco de las canteras del anticlinal portugués de Estremoz, con una altura de 1,54 metros y más de 600 kilos de peso, el Mercurio sedente emeritense ofrece una imagen completamente desnuda y juvenil del dios romano del comercio, sentado sobre una roca previamente cubierta con su clámide o capa corta -arriba-, presuntamente descansando de su vuelo mientras muestra sus talarias o sandalias aladas -abajo, y siguiente-, así como la lira de diez cuerdas que, de su invención, fabricase con el caparazón de una tortuga y los cuernos de un antílope -abajo, imagen tercera-, habiendo desaparecido sin embargo el posible caduceo o vara con dos serpientes que pudiera haber portado originalmente en su mano derecha -abajo, imagen cuarta, izquierda-, dañada ésta como lo están también otras partes de la figura, así su nariz, los dedos de la mano izquierda -abajo, imagen cuarta, derecha-, el pie zurdo o los genitales, desaparecida gran parte de su pierna siniestra aunque no la inscripción con que el ejecutor de la excelsa obra (firmada al parecer por el mismo Demetrios que labrase, como presunto autor de toda la serie, su nombre en otras esculturas de la colección mitraica emeritense) quisiera dejar constancia del pontífice que mandase elaborarla, labrada sobre la cara externa de la concha testudínea -abajo, siguiente- el epígrafe ANN. COL. CLXXX. INVICTO. DEO. MITHRAE. SACR. G. ACCIVS. HEDYCHRVS. PATER. A. L. P. (ANNO COLONIAE CLXXX INVICTO DEO MITHRAE SACRVM GAIVS ACCIVS HEDYCHRVS PATER ANIMO LIBENTE POSVIT; En el año 180 de la colonia, consagrado al Dios invicto Mitra, Gayo Accio Hedychro, Padre, de buen ánimo la puso), mencionado tal sacerdote a la par en otras piezas vinculadas con el que se cree fuese el Gran Mitreo que en Augusta Emérita relevase presuntamente en sus funciones religiosas al posible pequeño santuario dedicado al culto a Mitra hallado en la calle de Espronceda, y donde la escultura mercuriana quedara ligada con la primera etapa (el corax o cuervo) de los siete grados en que se dividían tanto la iniciación a tal liturgia, como el spelaeum o cueva en que ésta se desarrollaba.





AL MERCURIO SEDENTE EMERITENSE


                                                                                                                (Julio de 2.020)


Estando frente a ti,

tú sentado, yo de pie,

miro la obra a cincel

que del mármol te salvó,

y aun desnudo te dotó

-en flor tu cuerpo viril-,

de la robustez sutil

del vástago del rey dios.


Demetrios tu gran vigor

corpóreo no osó ocultar.

La clámide: simple sitial

de tu musical invención.

Dichoso el caparazón

que tus dedos tañerán,

parando, tras el volar,

en pro de la inspiración.


(Poemas extremeños, y otras poesías; Samuel Rodríguez Carrero)

martes, 31 de enero de 2023

Imagen del mes: mosaicos de la domus suburbana de El Pomar, en Jerez de los Caballeros

Descubierto en 1.956 a raíz de unas labores agrícolas efectuadas en el paraje conocido como El Pomar, en las entonces inmediaciones de la población jerezana por su vertiente suroriental, el yacimiento romano que tomase el nombre del lugar, basado en el área residencial o pars urbana de una villa o explotación agropecuaria, recientemente más aceptada la teoría que lo define como domus suburbana, teniendo en cuenta la aproximación del presunto núcleo urbano que constituyese la antigua Caeriana o Seria Fama Iulia inscrito posiblemente sobre la colina que hoy ocupa la alcazaba de Jerez, ofrece entre sus muros preservados no sólo la mayor parte de los trazos que dibujasen el plano de tal vivienda, desarrollada en torno a un gran peristilo y provista al parecer de dos plantas, sino a la par un relevante y abundante legado musivo, conservado sobre los pasillos que abrazasen tal patio central y entre varias de las habitaciones con que contase el inmueble, destacando la creación que sellase un recinto de planta absidal, posible tablinum de la casa, así como fundamentalmente el suelo del que se considera oecus o triclinium del hogar, apreciadas entre las representaciones dibujadas en éste varias figuras mitológicas relacionadas con los vientos, el mar o el mundo báquico, centrado todo por un auriga victorioso, quizás un retrato del dueño y mecenas de la obra.

Jerez de los Caballeros (Badajoz). Siglos III-IV d.C.. Arte romano. 

Declarada Bien de Interés Cultural por la Junta de Extremadura, mediante Decreto 4/2021, de 3 de febrero.

(En febrero de 2.019 se publicó en este blog una entrada dedicada a la Villa romana de El Pomar; puede visitarse a través del siguiente enlace; nótese que la orientación espacial tomada en aquel artículo corresponde a la ofrecida por Google Maps, mientras que para el presente trabajo se ha tomado la indicada en el estudio "Seria Fama Iulia y la domus suburbana de El Pomar", de José María Álvarez Martínez):

https://caminosdecultura.blogspot.com/2019/02/imagen-del-mes-villa-romana-de-el-pomar.html

Arriba y abajo: datada entre los siglos III y IV d.C., si bien se hallaron vestigios que indicarían una posible fundación del lugar en el siglo I d.C., posteriormente reestructurado, la villa romana o casa suburbana jerezana de El Pomar (arriba) presenta como característica fundamental su desarrollo edilicio en torno a un gran peristilo abierto por sus flancos occidental, oriental y septentrional, apreciándose por contra una carencia de atrio que podría responder a una tendencia arquitectónica propia impuesta en la nueva era, cuando atrio y peristilo se fusionan en un único patio porticado dotado, como es este caso, de un viridarium o jardín interior, si bien algunos arqueólogos han querido ubicar el acceso a la vivienda a través de un atriolum de reducidas dimensiones y sin estanque inscrito en la esquina nororiental del monumento, existiendo por el contrario una estancia en el flanco levantino (abajo) que, tomada como pasillo a otras dependencias perdidas y posteriormente reconvertida en habitación, podría haber sido también un corredor que comunicase un atrio primitivo con el peristilo del inmueble, abierto frente al habitáculo de planta absidial o posible tablinum al lado opuesto del peristilo, como era la tendencia habitual, en todo caso un enclave cubierto con uno de los primeros mosaicos que podemos encontrar en el yacimiento, elaborado en colores azules y blancos con gruesas teselas y sencillo dibujo geométrico a base de casetones, conectado con el pavimento musivo que rodea todo el patio del inmueble (abajo, imagen siguiente), destapada para el público en su totalidad la sección que cubre el pasillo norteño (abajo, imágenes tercera y cuarta), viéndose sobre la misma un también dibujo geométrico blanquiazul que la cumplimenta (abajo, imagen quinta).







Arriba y abajo:  inscrito en el flanco occidental de la vivienda una estancia de planta absidal tomada como exedra o tablinum, llama la atención no sólo el diseño de la misma, posteriormente reducido durante alguna reforma edilicia del lugar (arriba), sino también la riqueza de su pavimento musivo, donde el diseño geométrico que impera entre los corredores del peristilo se ve aquí enriquecido en cuanto a composición y colores, sumándole al dibujo geométrico central una serie de frisos radiales curvos ajustados al semicírculo de coronamiento de la habitación (abajo), apareciendo además de los tonos azul y blanco del claustro, teselas rojizas, si bien el punto álgido del patrimonio musivo conservado en El Pomar -tapados para su preservación los retazos de mosaicos descubiertos en derredor del atriolum y en la estancia septentrional del lado oriental-, no se halla en esta sala, sino en el gran habitáculo que, abierto en el sector septentrional alienado con el estanque que centra el viridarium, será tomado como oecus o triclinium -sala de recepción o de banquetes- de la casa (abajo, siguiente), centrado por una triple composición desarrollada a lo largo de la estancia, adelantada en su conexión con la doble puerta de entrada por varias franjas de diseño geométrico, así un damero (abajo, imágenes tercera y cuarta), enmarcadas sus secciones por cenefas de esvásticas enlazadas y abrazadas a su vez por dos flancos cubiertos con grandes flores cuadrilobuladas de interior azulado y pétalos amarillentos (abajo, imágenes quinta y sexta), despuntando artísticamente los dibujos que vendrían a ocupar cada una de las tres secciones internas de la sección capital del pavimento, iniciada con un mosaico dedicado a la pesca donde -lamentablemente perdido casi en su totalidad- varias especies piscícolas ocupaban los octógonos que dibujaban su interior (abajo, imagen séptima), algo mejor conservada la sección media (abajo, imagen octava), centrada por un medallón ocupado por la imagen de un cuadriga victorioso (abajo, imagen novena) rodeado de sus cuatro caballos -bajo el cual una frase latina haría mención al deportista y posible dueño del lugar, retirado a esta región del Imperio de la misma manera que Diocles, jubilado, se instalase tras amasar victorias y fortuna en la ciudad de Praenestre-, circundado por los vientos que supuestamente preñaban las yeguas lusitanas -coronados con alas y retratados ejecutando su soplido (abajo, imagen décima), así como por elementos vinculados con el mar, por ser su dios, Neptuno, inventor del caballo -así un tritón en su lado norteño (abajo, imagen undécima)-, siendo Baco, quizás por la vinculación de la estancia con los banquetes, quien inspirase la última de las secciones, tristemente cercenada en su vertiente septentrional (abajo, imágenes décimo tercera y décimo cuarta), desdibujado a la par el dibujo central, dedicado quizás al triunfo de tal deidad (abajo, imagen décimo quinta), semiborrados a la par varios de los espacios que lo rodeasen (abajo, imagen décimo sexta), conservados afortunadamente el dibujo de una ménade o bacante semidesnuda (abajo, imagen décimo séptima), de un fauno desnudo (abajo, imagen décimo octava), así como dos ejemplares de máscaras dedicadas a la comedia (abajo, imágenes décimo novena y vigésima), relacionadas con el dios del teatro y mostrando unos vivos colores cuyas teselas, obtenidas de piezas extraídas de canteras cercanas así como de las minas de la zona lusa de Estremoz, han permitido barajar la obra como procedente de algún taller emeritense, en todo caso una excelsa labor musiva que viene a enriquecer el patrimonio jerezano y el pasado romano heredado por la región extremeña.




















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