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jueves, 18 de junio de 2020

Imagen del mes: Ermita de Santa María de Brovales, en las cercanías de Jerez de los Caballeros


Sobre una de las jerezanas colinas entre cuyos pies discurren encajonadas las aguas del arroyo Brovales, se erige en plenas estribaciones noroccidentales de Sierra Morena la silueta de la ermita de Santa María de Brovales, ruinosa simbiosis arquitectónica donde se funde el añejo espacio sacro con las viviendas que, una vez desacralizado el recinto, ocuparon su interior y aledaños, capitaneando aún sobre la portada de la capilla, abierta a los pies de la misma y centrada por un arco gótico apuntado resultante de su presunta fábrica original, una generosa espadaña de tonos barrocos que despunta tanto por su fábrica  y ubicación, como por su conservación y majestuosidad ante la menudencia edilicia del templo, levantado, según algunos autores, cuando aún los templarios dirigían el gobierno del que antaño fuese llamado Xerez de Badajoz.
Jerez de los Caballeros (Badajoz). Siglos XV-XVIII; estilos gótico y barroco.


Arriba y abajo: manteniendo la tradicional orientación del sacro cabecero hacia levante, mira hacia poniente la portada que, abierta a los pies de la ermita de Santa María de Brovales, daba acceso al interior del primitivo templo (arriba), testimonio aún hoy en día inconfundible, pese a la ruina y la arquitectónica corrupción del enclave, del pasado religioso del edificio, gracias fundamentalmente a la majestuosa espadaña que sigue coronando este punto del inmueble (abajo), llamando ésta la atención en la lejanía por sus dimensiones, sostenida sobre recio plinto donde aún se conserva la decoración pictórica que, entre tonos blanquecinos y rojizos, simularía la disposición a soga y tizón de sillares (abajo, siguiente), destacando ante una observación más cercana de la misma (abajo, imagen tercera) la serie de cornisas, pilastras y remate del arco de medio punto de coronación del campanile por tríada de pináculos sustentados por volutas, igualmente vistos en el culmen de la torre de San Miguel, propios de un gusto barroco muy popular en la población jerezana, recordándonos una preservada representación lunar vista en el costado septentrional de la obra entre la mantenida ornamentación blanquirroja que cumplimenta tal estructura, las referencias a los astros presentes en las barrocas torre y portada-retablo de la Parroquia de San Bartolomé, en especial la imagen lunar que en el dintel de tal templo, opuesta a la figura del sol y hermanadas a un querubín que entre sus alas custodia una estrella, saluda al feligrés que dirige sus pasos hacia la casa del Señor del firmamento, permitiéndonos tales similitudes barajar la contemporaneidad entre la erección de la espadaña de Brovales y la elevación de las dos torres más conocidas de Jerez, terminada la de San Miguel en 1.756, la de San Bartolomé en 1.759, año éste justamente fijado en una pieza expuesta en un edificio anexo al ábside de la ermita mariana (abajo, imagen cuarta), alusión posible a la fecha de conclusión de alguna obra de reparación del edificio que, como la parroquia patronal jerezana, pudo haberse visto afectado por el terremoto llamado de Lisboa, acontecido el 1 de noviembre de 1.755, toda vez que es conocido el cambio de campana en Nuestra Señora de Brovales el 3 de marzo de 1.763, figurando labrado en el ejemplar retirado la fecha de 1.614, adivinándose ya la existencia de una espadaña a comienzos del siglo XVII, quizás ésta o más posiblemente aquélla con que se quiso coronar primitivamente la entrada al medieval templo.






Arriba y abajo: compuesta por tres arcos apuntados, presentados contigua y abocinadamente a modo de arquivoltas, la puerta de entrada a la ermita de Santa María de Brovales ofrece un marcado sabor gótico propio de la Baja Edad Media que nos conduce a pensar, tomando en cuenta la mención que ya del templo figurase en los escritos de visitas que la Orden de Santiago elaborase entre finales del siglo XV y comienzos del siglo XVI a modo de inspección sobre la población jerezana, bajo su gobierno desde que en 1.370 le fuese entregada a su jurisdicción por el rey Enrique II de Castilla, en la erección primitiva del templo durante los últimos siglos del medievo, defendida por algunos autores inclusive su creación como capilla por la Orden del Temple cuando ésta rigiese Jerez entre la reconquista del lugar, en 1.230, y la disolución de tal orden religioso-militar en 1.312, observándose entre los sillares graníticos que conforman la estructura (arriba), así dovelas como refuerzos esquineros, la aparición de alguna pieza marmórea en el arco más interno (abajo), en la línea de impostas o bajo los quicios donde quedasen encajadas las originales hojas de cierre del portón -labrado con elementos circulares el aún preservado junto al quicio de la epístola (abajo, siguientes)-, invitándonos a barajar la reutilización de las piezas originarias de alguna obra anterior, conocida la presencia de elementos de factura romana por los alrededores, vestigios quizás de algún desaparecido inmueble construido a comienzos de nuestra era de donde pudieran proceder algunos de los grandes sillares sitos en la ermita y aledaños -alguno marcado inclusive con la característica horadación presente entre las piezas movidas por los constructores romanos haciendo uso de las ferroi forfices o tenazas de trasporte (abajo, imagen cuarta)-, llamativas sus dimensiones en una obra de menudas proporciones como la sita en Brovales, constitutivas quizás de algún desmontado monumento de Caeriana o Seria Fama Iulia, conservada dentro del casco urbano jerezano la villa romana de El Pomar, procediendo de ésta o de cualquier otra vivienda señorial lo que parecen ser porciones de columnas marmóreas apreciadas sobre la portada de Nuestra Señora de Brovales a modo de salientes de vigas de sujección (abajo, imagen quinta), similares por su tallado a aquellos esbeltos pilares vistos en peristilos romanos y ciertas obras de manufactura visigoda, así en la villa romana de Los Términos de Monroy las primeras o reutilizadas las segundas entre la alcazaba y la Plaza Alta del casco antiguo de Badajoz.







Arriba y abajo: embutida la obra original entre las viviendas que, una vez desacralizado el inmueble, ocupasen tanto el interior como los aledaños del mismo (arriba), ocurrido su abandono como templo presuntamente en las primeras décadas del siglo XIX, mencionado aún en uso entre las ermitas nombradas ante el Interrogatorio de la Real Audiencia de Extremadura de 1.791, sin aparecer por el contrario en la descripción que de la ciudad jerezana ofrece el Diccionario de Pascual Madoz de 1.850, la primitiva capilla de Nuestra Señora de Brovales contaría de una inequívoca nave dividida en tres tramos más ábside, conservados los arcos apuntados que, como fajones y ejecutados a base de piezas graníticas, separasen tales espacios intermedios marcando a su vez la entrada al cabecero del sacro lugar (abajo y siguientes), reconvertida la construcción primigenia en morada de trabajadores para lo cual, además de añadir una segunda planta, se acondicionase la obra edilicia primitiva hasta el punto de ser difícil reconocer entre las ruinas del inmueble las trazas pertenecientes a la obra religiosa y aquéllas derivadas de su posterior metamorfosis (abajo, imagen quinta), llegando a plantearnos la posible existencia de probables naves laterales donde quizás estemos simplemente ante habitáculos añadidos a sendos laterales del templo (abajo, imágenes sexta y séptima), de nueva construcción una vez prescito el uso litúrgico de la ermita, o reaprovechando alguna posible vivienda anexa habitada por algún ermitaño o guardés que cuidase del sacro recinto, señalado como el más alejado del casco urbano de entre aquéllos con que antaño contase la población de Jerez.









Arriba y abajo: reconvertido, al igual que el resto del espacio religioso, el ábside de la ermita de Brovales en parte de una vivienda labriega (arriba), quedando incluida en la misma lo que pudo ser sacristía -bajo bóveda de cañón y lado de la epístola- del lugar (abajo), se aprecia en la cara externa de la misma la constitución del muro del cabecero a base de sillares graníticos sobre los que se levantaría un tapiado de mampostería coronando la techumbre del mismo un pináculo de sabor barroco ornamentado con similares tonos blanquirrojizos presentes en la espadaña del templo (abajo, siguiente), fabricados posiblemente ambos elementos arquitectónicos contemporáneamente correspondientes a una intervención remodelativa o reedificativa del monumento, sito el remate del cabecero, alcanzado en época posterior por las obras que configurarían la planta superior que se añadiese al primitivo inmueble, sobre el arco apuntado que diese paso desde el interior de la nave al ábside de la capilla (abajo, imagen tercera), sustentado, como el resto de arcos de sabor gótico de la construcción, por recias columnas constituidas por sillares graníticos, posteriormente ornamentados con sencillo esgrafiado que simulase una arquitectura a soga y tizón (abajo, imagen cuarta), descansando sobre el arco a su vez la bóveda  de cuarto de esfera (abajo, imagen quinta) que corona el recinto sacro destinado a acoger, sobre planta semicircular, el altar de la ermita, posteriormente encaladas sus paredes, visibles sin embargo gracias a la pérdida de ciertas capas del blanco enlucido postrero vestigios de las pinturas polícromas al falso fresco que decorarían antaño el sancta santórum del enclave (abajo, imágenes sexta a octava), apreciándose, entre cenefas y decoración geométrica, la representación de un personaje monástico, portador éste de báculo y libro, posible alusión a San Benito de Nursia quien, a su vez, contaría por su parte con su propia ermita, a las afueras y zona suroriental de la ciudad.









Abajo: sita hoy en día en una finca de propiedad particular, es posible vislumbrar en persona la silueta de la Ermita de Santa María de Brovales si dirigimos nuestros pasos desde la pedanía jerezana de Brovales, enclavada junto a la carretera EX-112 en su tramo de unión entre la ciudad jerezana y la cercana localidad de Burguillos del Cerro, hacia el embalse homónimo a la alquería y arroyo del que se nutre, tomando para ello el camino asfaltado que desde la calle más oriental del enclave, nombrada como Ronda de Saliente, se encamina hacia el mismo, discurriendo en todo momento por tal pista hasta que, bordeado el pantano por su cola y alcanzada la vía férrea y la abandonada caseta de uso ferroviario aún en pie junto a la misma, tomemos el camino que, tras este edificio y dejando a la izquierda la continuación del trayecto hacia las casas aisladas de Brovales, se bifurca hacia la derecha, escogiendo seguidamente la vereda izquierda en el siguiente cruce de sendas, alejándonos de la vía del ferrocarril y siguiendo el margen derecho del arroyo, cuyo cauce llegaremos a cruzar más adelante, tomando previamente el camino diestro cuando alcancemos un punto en el cual el que seguíamos se divide en tres ramales, prorrogando nuestra ruta por el margen izquierdo del mismo cauce fluvial, hasta alcanzar la cancela de acceso al lugar de Santa María de Brovales, aguardándonos junto a la prolongación del camino y ascendiendo por el terreno el antiguo templo mariano.

jueves, 31 de octubre de 2019

Imagen del mes: Humilladero de Estorninos


Enclavada a las afueras de la actualmente pedanía alcantarina de Estorninos, cercano a la antigua senda que unía la antaño localidad con el municipio al que hoy pertenece, un humilladero de planta cuadrada y menudas proporciones, de muros pizarrosos, graníticas esquinas y cúpula latericia bajo la que los cuatro evangelistas reflejados en las aristas de la construcción custodiaban una posible cruz de camino, saludaba al viajero que sus pasos dirigía hacia poniente permitiéndole, como capilla y siguiendo añejas costumbres en los puntos de llegada y partida de rutas y veredas, dar gracias o rogar por el buen trascurrir del trayecto.
Estorninos (pedanía perteneciente a Alcántara; Cáceres). Siglos XVI-XVII; estilo renacentista/barroco.


Abajo: actualmente en estado ruinoso, el Humilladero de Estorninos se adivina junto al actual camino de acceso al cementerio de la pedanía, conectado con la carretera CC-111 a poca distancia de los límites orientales del caserío, en pie pese a su dejadez mostrando, además de su fortaleza y fábrica, erigido a base de mampostería de pizarra, cuarcita y granito, reforzada en las esquinas con sillares de éste último, las heridas que en su estructura  va marcando el paso del tiempo y el olvido de los hombres, tal y como puede apreciarse en los cuatro costados de su constitución vistos desde el Norte, Sur, poniente y levante respectivamente, apreciéndose desde grietas en la cara septentrional, a destacable pérdida de material en las portadas de acceso al monumento, abiertas en las paredes oriental y occidental del mismo.





Abajo: diseñada la capilla sobre sencilla planta cuadrangular de muros pétreos coronada con cúpula latericia, recuerda su construcción la del eremitorio conservado que, junto a las huertas del antiguo Convento de San Bartolomé de Alcántara y actual Hospedería alcantarina, servía a los monjes franciscanos de retiro espiritual, siguiendo una simple estructura ya vista en otros inmuebles religiosos sitos en diversos puntos de la región, como es el caso de la ermita de San Blas en Alburquerque, permitiendo poder fechar el monumento estorninero contemporáneamente a éstos entre los siglos XVI y XVII, sufriendo quizás su destrozo, como el del total caserío, a raíz del paso de las tropas portuguesas por la zona durante la Guerra de Sucesión, encajando así con las palabras que, en respuesta al Interrogatorio de la Real Audiencia de Extremadura de 1.791 fuesen aportadas tanto por el Alcalde, regidor y procurador general por entonces de la localidad, como por D. Diego Santano de Cazeres, presbítero y cura ecónomo de la Iglesia parroquial estorninera, indicando el primero que “no hai santuarios ni hermitas, pues las guerras las arruinaron”, y el segundo que “(Estorninos) tiene dos hermitas, la una caida y la otra que no sirve para decir misa en ella”, coincidiendo ambos en la carencia de capilla a fines del siglo XVIII en el lugar apta para el culto, estragos por tanto prácticamente a todas luces bélicos que además de apreciarse en las portadas afecta a la cúpula semiesférica de cerramiento superior del habitáculo, perdida parte de la estructura que unía tal solución arquitectónica a la portada de poniente, conservándose sin embargo bajo ella el pareado de ménsulas pétreas que posiblemente sostuviesen un tejadillo o atrio que, levantado con maderas, permitiera guarecerse al viajero que junto al humilladero parase o en él se hubiera detenido a orar.



Abajo: estucada en su interior, aún hoy en día se conserva el primitivo recubrimiento de la cara interna de la cúpula del Humilladero de Estorninos, erigida sobre pechinas y originalmente ornamentada con pinturas al falso fresco que, aún de manera humilde, otorgaría una decoración que embellecería el menudo inmueble religioso en cuyo interior se alzase muy posiblemente, como en otros casos conocidos e inclusive conservados, así en Guadalupe o Llerena, una cruz enteriza o depositada sobre columna o poste, sin que haya quedado vestigio alguno de lo custodiado en el caso estorninero.



Abajo: es en el interior del lateral norteño, aplicable a las pechinas que descansan sobre el mismo, donde se han logrado preservar mejor dentro de su precario estado de conservación las pinturas que sobre el estuco de recubrimiento ornamentarían el interior de la capilla, adivinándose en los soportes de la cúpula lo que parecen ser personajes masculinos que bien pudiesen corresponder a los santos evangelistas, a juzgar por el libro que parece portar la figura inscrita en la pechina nororiental, apreciándose una decoración sin embargo mucho más geométrica, en tonos rojizos y ocres, sobre la propia pared en sí, restando un friso con roleos vegetales insertos.





Abajo: apenas conservados unos mínimos retazos del estuco y correspondientes pinturas plasmadas sobre el mismo en el interior del muro meridional, desdibujadas y casi ilegibles las obras plasmadas en las pechinas depositadas sobre dicho flanco sureño, llama la atención en este punto del inmueble la existencia de un vano abierto en la parte superior de la pared, abocinado e igualmente estucado primitivamente.





Abajo: se conserva en el costado oriental del bien el arco que coronaría en lo vertical la portada abierta en este lateral de la capilla, curiosamente diseñado en carpanel y fabricado, como la cúpula, en ladrillo, estucado y posiblemente decorado su intradós bajo el cual, mirando hacia poniente, puede observarse la silueta del caserío y la iglesia estorninera dedicada a Santiago Apóstol, erigida entre los siglos XVI y XVII, cuando la hoy pedanía alcantarina viviría su mejor etapa histórica y poblacional, y único edificio religioso del lugar junto al actualmente semiolvidado Humilladero.




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