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miércoles, 28 de febrero de 2024

Imagen del mes: representaciones figurativas andalusíes de Extremadura

Considerado tradicionalmente el arte musulmán como de carácter anicónico, careciendo de figuras humanas o zoomorfas entre sus representaciones, pueden encontrarse, sin embargo, intercalados en sus ornamentaciones de índole mayoritariamente vegetal, geométrico y caligráfico dispuestas a lo largo de los siglos y a través de los enclaves que en alguna ocasión formaron parte del mundo islámico, diversos ejemplos creativos figurativos que vienen a desbaratar tal teoría, muchos de ellos procedentes de un arte andalusí que dejaría en tierras hoy extremeñas algunas de tales excepciones, con ejemplos cerámicos, metálicos y pétreos preservados entre sendos museos arqueológicos provinciales, observándose entre sus salas la cabeza de un ave pintada sobre un fragmento cerámico procedente de Medellín, dos cuadrúpedos usados como juguetes descubiertos entre los vestigios del que fuese el Badajoz musulmán, el soporte de un brasero con cabeza y pie de león hallado en Higuera de la Serena, destacando por su antigüedad un aplique de plata con cabeza de cérvido fechado en época emiral desenterrado en el yacimiento gordeño de Cañada de los Judíos, así como por su posible vinculación con la dinastía aftasí, los dos pies de banco con ornamentación leonina que mil años atrás pudieran haber servido como base del trono de los reyes islámico-pacenses.

Badajoz, Medellín, Higuera de la Serena y yacimiento de Cañada de los Judíos (El Gordo, Cáceres). Siglos VIII al XI; arte islámico.

Arriba y abajo: aunque el Corán no prohíbe las representaciones artísticas figurativas, el intento por evitar la idolatría encauzado a través de varios hadices o códigos donde se recogía la tradición oral originaria del Islam, conduciría hacia un abandono de las creaciones antropomorfas y zoomorfas en pro de la ornamentación vegetal, geométrica y caligráfica, si bien las producciones figurativas de aquellos seres a los que se consideraba portadores de alma, alejadas completamente de los contextos religiosos donde el culto y la veneración debe dirigirse tan sólo a Dios, tendría cabida en los ambientes domésticos y cortesanos, colándose a través de la cerámica, los juguetes, los ajuares hogareños, los muebles, la azulejería, las pilas, las yeserías o los capiteles, destacando aquéllas emanadas de un arte andalusí que en la Península Ibérica medieval bebiese tanto de las creaciones clásicas, en muchas ocasiones coleccionadas, como de un cristianismo con el que estableciese contacto y transmisión artística, surgiendo así piezas figurativas extraordinarias destinadas tanto a embellecer jardines y salas palaciegas como a servir a los hogares más humildes, sin que faltasen éstas entre las ciudades y poblaciones esparcidas en lo que hoy es territorio extremeño, destacando por su antigüedad la cabeza de un cérvido en plata datada en época emiral que fuera hallada en el yacimiento denominado Cañada de los Judíos -arriba-, sito en el término municipal de El Gordo, compartiendo naturaleza metálica con la pata de un brasero, en este caso de bronce, rescatada de la finca llamada El Santísimo ubicada en tierras de Higuera de la Serena, cuya decoración felina, con un pie de león rematando inferiormente el soporte y la cabeza de tal animal en el punto de unión de la pieza al desaparecido resto del mueble -arriba- recuerda el arte fatimí del siglo XI, barajándose la posibilidad de provenir este elemento del Egipto gobernado bajo tal dinastía en los albores del segundo milenio de nuestra Era.



Arriba y abajo: un ave, posiblemente una paloma -arriba-, sería el animal que sobre un recipiente cerámico hallado en Medellín, quizás un plato o ataifor, fuese pintado siguiendo la técnica del verde-manganeso, dibujando sobre el blanco de base con el verde del cobre y el negro-morado del manganeso los elementos decorativos escogidos, bastante similar a la fórmula empleada a la hora de rematar uno de los dos juguetes y/o botijos que, con forma de cuadrúpedo, se hallase en la ciudad de Badajoz -abajo-, con una ornamentación de pinceladas verdes ejecutadas sobre un fondo blanquecino muy distante al tosco acabado sin policromar de la vasija zoomórfica desenterrada junto a otras cerámicas islámicas en un solar de la calle Zurbarán -abajo, siguiente-, cuyo parecido, aun en su deterioro, al camello descubierto entre las cerámicas almohades rescatadas en 1.937 en la calle Savellà de Palma de Mallorca, hoy en el Museo del Diseño de Barcelona, permite imaginar el aspecto original de tal pieza de probable uso infantil, datada entre los siglos X y XI.




Arriba y abajo: descubiertos en el baluarte de San Roque, con casi un metro de longitud y rondando el medio metro de altura -96 cms. x 48 cms.-, los dos pies que sirvieran como soportes de aquel tablero central junto al que conformasen un banco o trono en algún jardín o edificio de la islámica ciudad de Badajoz, quizás al servicio de Sapur o de la posterior dinastía aftasí que gobernasen el reino taifa desde aquí capitaneado entre 1.013 y 1.094, muestran sobre el mármol blanco del que se nutren la parte anterior o prótomo de dos leones respectivamente, tumbados y contrapuestos, cuyo labrado se observa mejor, curiosamente, en la pieza donde uno de los animales ha sido descabezado -arriba y abajo-, más desdibujado el diseño de la anatomía felina en su hermana -abajo, siguientes-, apreciándose en todo caso entre sus patas, rabos, cabezas y fauces, unos rasgos tendentes a la esquematización propio del arte islámico e igualmente atisbado en otras piezas escultóricas andalusíes claves donde es el león el animal representado, así en el león de Monzón, en los granadinos leones del Maristán, o en los archiconocidos leones que dan nombre al patio donde se ubican, en el corazón del palacio de la Alhambra, colocándose así ambas piezas extremeñas entre las figuraciones zoomorfas más relevantes del arte islámico peninsular y, por ende, del arte sarraceno extremeño.



sábado, 13 de enero de 2024

Imagen del mes: estatua orante del obispo Ponce de León, en la catedral de Plasencia

Acogida por una gran hornacina a modo de capilla funeraria elaborada por Mateo Sánchez de Villaviciosa, junto al altar mayor de la catedral Nueva de Plasencia y en el presbiterio de la misma por su lado del evangelio, la estatua orante del obispo Pedro Ponce de León, labrada en piedra por el artista castellano Francisco Giralte, no sólo cubre la tumba de uno de los más reseñables dirigentes de la diócesis placentina, sino que se ofrece a la par como una de las más excelsas obras escultóricas del Renacimiento extremeño, así como, posiblemente, la mejor estatua de índole funerario con que cuenta nuestra región.

Plasencia (Cáceres). Siglo XVI (ejecutada entre 1.573, tras el fallecimiento del obispo, y 1.576, año de defunción del artista); arte renacentista.

Arriba: nacido en Córdoba en 1.510, y fallecido en la localidad cacereña de Jaraicejo el 17 de enero de 1.573 -tal y como reza en el epitafio extendido a través del friso que, bajo frontón semicircular y figura del Creador, corona la capilla funeraria episcopal elaborada por el artista granadino Mateo Sánchez de Villaviciosa a petición de los testamentarios de D. Pedro Ponce donde, bajo arco casetonado de medio punto enmarcado por dos pilastras corintias, se cobija la estatua y tumba del que fuera obispo placentino: "Aquí yace el ilustrísimo Señor Don Pero Ponce de León, obispo que fue de esta Santa Iglesia e Inquisidor General; falleció en la villa de Jaraicejo, a XVII días de enero de 1.573 años"-, D. Pedro Ponce de León tomaría posesión de la diócesis placentina el 26 de enero de 1.560, tras el fallecimiento un año antes de su predecesor en el cargo, D. Gutierre de Vargas Carvajal, personaje al que no sólo relevaría como sumo dirigente del obispado de Plasencia, sino también como gran mecenas renacentista de la diócesis, terminando muchas de las obras arquitectónicas y artísticas iniciadas durante el mandato de Vargas Carvajal y encargando o dejando dinero para otras que vinieran a enriquecer el obispado, así su propio mausoleo donde, siguiendo nuevamente la estela de D. Gutierre, se depositara en manos del afamado artista palentino Francisco Giralte la labra de la estatua orante que viniera a cubrir su féretro, pudiendo así Extremadura contar con una obra mortuoria del insigne escultor renacentista discípulo de Berruguete que ya elaborase los cenotafios tanto del obispo previo como de los padres de éste, ubicados éstos sin embargo en el panteón familiar con que los Vargas contasen en pleno corazón de la villa de Madrid, en lo que hoy se conoce como Capilla del Obispo, formalmente capilla de Nuestra Señora y San Juan de Letrán, adosada a la madrileña iglesia de San Andrés. 

Arriba y abajo: planteada como imagen de bulto redondo y elaborada en mármol blanco de origen italiano -según el erudito Vicente Paredes; en alabastro del país según la historiadora Rocío García Rodríguez-, la estatua orante que viniese a cubrir el sepulcro del obispo placentino D. Pedro Ponce de León seguiría el planteamiento ya observado en otras esculturas funerarias renacentistas, donde el personaje retratado, lejos de figurar yacente y sin vida, se presenta vivo, orando, con las manos juntas y de rodillas, dirigiendo su mirada hacia el altar en una demostración tanto de su fe en la religión católica como de su humillación ante su doctrina, sin que por ello se prescinda, sin embargo, de la representación de los más ostentosos elementos materiales con que el personaje contase en vida, quedando así inmortalizada a su vez la categoría social y económica que el mismo llegase a alcanzar durante su estancia en este mundo, pudiéndose de esta manera apreciar entre las trazas escultóricas de la presente obra mortuoria la riqueza de las vestiduras del obispo (arriba) -aflorando los bordados de la casulla entre los fabulosos pliegues logrados sobre la piedra por el artista-, la valía de los anillos que pueblan los dedos del clérigo, o la suntuosidad del reclinatorio que antecede a la figura (abajo), dotado de bajorrelieves por sus respectivas caras donde varios personajes angelicales portan diversos emblemas relacionados con el difunto o la muerte de éste -así una mitra, un incensario o una calavera-, cubierto a la par de un rico encaje sobre el que se deposita, sobre almohada, un libro litúrgico abierto por el Salmo 88 -observado por Rocío García Rodríguez y centrado en la oración y solicitud de la misericordia divina ante el sepulcro-, asomando tras el mencionado mueble tanto el báculo episcopal como la mitra del obispo, sostenida ésta sobre un pequeño pilar que viene a cerrar la composición y simbología del conjunto escultórico por su esquina trasera derecha. 

Abajo: arrodillada la figura del obispo sobre un cojín, sostenida a su vez sobre un estrado de dos gradas que, simulando el suelo o tarima que acoge al personaje, sirve en realidad como cierre superior del sepulcro episcopal, aparece el frontal de tal pavimento decorado con casetones rectangulares y ovales a los que antecede, sostenido por dos figuras juveniles andróginas, semirrecostadas y ataviadas con túnicas, el blasón del obispo, coronado por el capelo episcopal y centrado por las armas del mismo, dividido en cuatro cuarteles donde, en los lugares primero y cuarto, se observa el emblema de los Córdoba, apellido paterno donde tres franjas de gules o rojo cruzan un campo de oro, protagonizando las divisiones segunda y tercera el escudo de los Ponce de León, con un león rampante junto a las cuatro franjas verticales del apellido Aragón, quedando así atestiguada a perpetuidad la identidad del personaje aquí depositado, igualmente reflejada mediante similar escudo sobre el arco que centra la capilla funeraria, o en el epitafio que la corona, siendo un epígrafe en latín el que, por su parte -protegido por rejería y recogido por el insigne José Ramón Mélida-, vendría a firmar la cara exterior del zócalo o propio sepulcro en sí, hablándonos nuevamente de la personalidad allí custodiada y la obra legada por ésta: DOMINUN PETRUM PONTIUM A LEONE SANCTAE HUIUS PLACENTINAE PRAESULEM PIENTISSIMUM ET MERITISSIMUM OMNI VIRTUTE ET NOBILITATE GENERIS PRAECLARUM INQUISITOREM GENERALEM SANCTA FUNCTUM VITA POST INSTITUTA SIBI ANIVERSARIA ET CAPELLANIA ET EPICOPATUS PAUPERES TESTAMENTO HAEREDES RELICTOS ET VIRGINES ORPHANAS IN PERPETUM HONESTISIMA DOTE IUVATAS HAEC BREVIS CAPIT URNA VIXIT ANNOS 63 OBIT D.I IANVARII M.D.LXXIII. 

jueves, 30 de noviembre de 2023

Imagen del mes: portada renacentista de la iglesia de Santa María de la Asunción, en Baños de Montemayor

Diseñada en un limpio estilo renacentista donde se conjugan tanto el granito como el mármol blanco en una simbiosis entre las técnicas arquitectónicas clásicas y la laboriosidad más exquisita de la escultura y ornamentación platerescas, la portada del lado del evangelio de la iglesia de Santa María de la Asunción de Baños de Montemayor se ofrece como la más artística de las dos entradas con que cuenta el principal inmueble religioso del municipio, parroquia siglos atrás de la sección de la población que antaño, separada en dos mitades religioso-administrativas por el trazado de la Vía de la Plata, quedase a oriente de la misma, dentro del reino de León, en el señorío del Marqués de Montemayor y bajo el gobierno episcopal del obispo de Coria.

Baños de Montemayor (Cáceres). Siglo XVI; arte renacentista.

La parroquia de Santa María de la Asunción de Baños de Montemayor sería declarada Bien de Interés Cultural, con categoría de Monumento, mediante Decreto 59/2022, de 25 de mayo, por la Junta de Extremadura.


Arriba y abajo: levantada entre los siglos XVI y XVII, con posibles inicios a fines de un siglo XV del que heredaría la portada más antigua del templo, abierta a los pies del mismo bajo un arco apuntado que conservaría el gusto gótico prolongado a través de la robustez arquitectónica de la obra, la parroquia perteneciente a la sección religiosa dependiente antaño de la diócesis de Coria, hoy único templo parroquial del pueblo tras la unión en 1.833 de sus dos concejos -Baños de Montemayor, a oriente, y Baños de Béjar, a occidente- en uno solo bajo el primero de estos nombres, y la consolidación religiosa en 1.959 del municipio resultante bajo un único obispado, el placentino, se yergue sobre el caserío como un edificio de única nave (arriba), cubierta con actual bóveda de cañón, con crucero marcado antes de un presbiterio con testero plano y en cuyo exterior destaca, además de una alta torre de tres cuerpos y llamativos arcos aislados entrecruzados sobre el campanario final, la portada renacentista sita sobre el lado septentrional o del evangelio del templo (abajo), centrada por un arco de medio punto dibujado sobre tres arquivoltas, marcado el arranque de éstas por cada una de las líneas de impostas mediante motivos vegetales repetidos en la clave del arco, enmarcado éste a su vez por dos pilastras de fustes estriados y orden compuesto cuyos capiteles vienen a sostener un entablamento en cuyo friso puede leerse, en epigrafía latina, la sentencia "EXALTATAE ST DEI GENITRIX" -Alégrate, Santa Madre de Dios-, en referencia a Santa María y advocación a la que está dedicado el sacro inmueble cultual bañense.



Arriba y abajo: supeditados sendos capiteles laterales por casetones ocupados por putis, culminados éstos a su vez por florones donde se conjugan sus artísticas estrías con delicadas testas, argollas y guirnaldas (arriba), figura la cornisa superior del entablamento que corona la portada septentrional de la parroquia bañense rematada por nuevas figuras de índole clasicista recuperadas por el gusto renacentista donde casan las volutas de gusto vegetal con dos ángeles anunciadores que, con sus trompetas (abajo), vienen a enmarcar y proclamar a la par la Asunción de María, protagonista ésta, como advocación del templo, de la presente portada, descubriéndose en un gran óvalo sobre todo el conjunto arquitectónico-escultórico que supone la presente entrada del evangelio la representación de María en su ascensión hacia los cielos, acompañada y auxiliada  por diversos angelitos desnudos en su elevación hacia Dios Padre (abajo, siguiente), o quizás Cristo como Salvador, quien, en mármol blanco, plasmado con larga túnica y pobladas barbas, bendiciendo con la mano diestra el mundo mientras sostiene con la siniestra el orbe mundial, culmina en lo superior todo un compendio artístico encaminado hacia la representación de aquel capítulo de la vida de María al que está dedicado el templo principal de la localidad.




Arriba y abajo: además de la pieza marmórea que viene a representar a Dios Padre como Creador, o bien a Cristo como Salvador del mundo, tres relieves más elaborados en níveo mármol vienen a conjugar con la piedra granítica que conforma el grueso de la portada renacentista de la parroquia de Santa María de la Asunción de Baños de Montemayor, así dos medallones que, sitos en el lienzo inserto entre el arco, los capiteles y la cornisa baja del entablamento, presentan a los santos Pedro y Pablo (arriba) acompañados de sus correspondientes emblemas religiosos -las llaves del paraíso y la espada, respectivamente-, quedando el friso de la composición arquitectónica centrado por un espectacular blasón marmóreo sostenido por dos putis desnudos y marcada anatomía en cuyo interior viene a descubrirse el jarrón de azucenas que hace alusión a María, en una nueva mención a la santa figura a la que está dedicada la obra edilicia, habiéndose querido ser visto éste por algunos autores, junto al resto de relieves de mármol y en base fundamentalmente a su fábrica en diferente material, como un posible último añadido a la portada posterior a la fecha de 1.567 labrada bajo el florón occidental del compendio edilicio y tomada como datación formal de la obra, observándose especialmente en esta pieza una tendencia al manierismo del que quizás derive la contorsión de los infantes sustentadores, precursora de la teatralidad que vendría a triunfar con el inmediato movimiento barroco en que fuese culminada la fábrica del presente templo.

jueves, 30 de junio de 2022

Imagen del mes: portada renacentista del antiguo Palacio Prioral, hoy en la iglesia de San Esteban, en Puebla del Prior

 

Expuesta hoy como puerta de acceso por el lado de la epístola al templo parroquial dedicado a San Esteban de la localidad de Puebla del Prior, los vestigios de la antigua portada del inmediato Palacio Prioral, hoy prácticamente desaparecido, se ofrecen no sólo como un recuerdo de la vinculación histórica que mantuviese la villa porreta con la Orden de Santiago, sino fundamentalmente como una excelsa obra del renacimiento extremeño, cuyo llamativo compendio de veneras labradas entre sus piezas de naturaleza marmórea bien pudiera hacerla merecedora, simulando el caso salmantino, del título de "portada de las conchas" de la Baja Extremadura.

Puebla del Prior (Badajoz). Siglo XVI; arte renacentista.


Arriba y abajo: felizmente salvada de una total destrucción, venta o expolio, ante cuyos peligros ya denunciase la situación de desamparo en que se encontraba la antigua portada prioral D. Adelardo Covarsí, cuando supiera éste de la demolición provocada de tal obra durante los primeros años del último gobierno republicano, las restantes piezas pétreas preservadas de esta fábrica -cumplimentadas las faltantes por relieves marmóreos de nueva talla- conforman hoy en día la puerta de acceso por el lado de la epístola de la parroquia de San Esteban, edificada a fines del siglo XV siguiendo el mandato de García Ramírez Villaescusa, por entonces prior del Priorato de San Marcos de León, dimensión religiosa de la Provincia santiaguista de León a la que administrativamente Puebla del Prior perteneciese, dentro del Partido de Llerena, desde que la misma fuese fundada en 1.257 por el prior santiaguista Martín García bajo mandato del Maestre Pelayo Pérez Correa, determinando Garci-Ramírez la prolongación de la obras, erigiendo junto al templo un palacio prioral de aspecto castrense que, dilatada su ejecución a lo largo del siglo XVI, viniese a sustituir un primitivo caserón santiaguista en deficiente estado, sirviendo de novedosa sede a la Orden y aposento de los caballeros y priores santiaguistas durante las visitas de los mismos a la población, elaborado el monumento en un estilo renacentista hermanado con el ya visto en otras obras decretadas por tal personaje, así el Palacio Episcopal de Llerena, centrando el dintel de acceso constituido de dovelas el escudo del Priorato de San Marcos de León, ocupando el interior del blasón un león mirando hacia la izquierda, dibujada tras él la cruz santiaguista, coronado el mismo por un capelo y abrazado por sendos ramos de borlas, a seis por lateral, destinado habitualmente tales elementos de la heráldica episcopal a los obispos, demostrando así la categoría diocesana de que disfrutaba este priorato, exhibido tal blasón igualmente desde mencionado palacio prioral llerenense, así desde la misma portada de la que fuese sede prioral principal, sita en el conocido como Convento de San Marcos de León en la ciudad leonesa.

Arriba y abajo: abrazado el conjunto por dos pilastras, subdivididas éstas a su vez en dos secciones correspondientes a cada uno de los cuerpos de que se conforma la obra, quedan coronados ambos fustes con capiteles de corte renacentista donde se conjugan los elementos tomados de los órdenes arquitectónicos clásicos -así las volutas o las hojas de acanto en los capiteles compuestos de los pilares bajos; abajo-, rematados los superiores con sencillos pináculos tras superar la cornisa de coronamiento del cuerpo superior, repetida ésta por duplicado sobre el vano adintelado de acceso, enmarcando un friso que supone la separación entre ambas secciones arquitectónicas, ocupado el mismo por una serie de catorce veneras repetidas a lo largo y ancho de las jambas que conforman la puerta en sí, con cinco filas horizontales de tres conchas cada una -abajo, siguiente-, sumando así treinta veneras más que junto a las ocho del propio dintel y las seis que figuran en el cuerpo superior del conjunto edilicio -desaparecidas posiblemente dos de ellas en la cúspide de las bandas laterales donde se ubican-, hacen un total de cincuenta y ocho conchas vinculadas por el peregrinaje y el Apóstol Santiago, patrón de la Orden mecenas del monumento, llamando la atención no sólo la repetición sino fundamentalmente el alto número que de las mismas pueden contemplarse en el bien mueble, sin que por ello dejen de aparecer otros elementos ornamentales propiamente renacentistas tomados del clasicismo igualmente labrados sobre la obra, inscritos éstos en la sección central del cuerpo supremo, así dos grandes tondos cuyos motivos internos se han visto semiperdidos, superados a su vez por tres medallones ocupados por bustos masculinos cubiertos con cascos, siendo mascarones los que sustentan las finas columnas que sostienen el epígrafe que remata esta sección interna alcanzando la cornisa de cierre, semiborrada la inscripción original tanto por la erosión como por la destrucción de piezas primigenias, donde quizás se hablase de la fecha de ejecución y artífices de la misma, en todo caso imborrable el estar ante toda una joya del renacimiento de Extremadura.

viernes, 25 de febrero de 2022

Colaboraciones de Extremadura, caminos de cultura: Las troneras de cruz y orbe en los escudos de Trujillo, en Extremos del Duero

 

Tiempo atrás, mi amigo y colega bloguero Jesús López, administrador del blog Extremos del Duero, compartió conmigo una imagen tomada en Trujillo de la portada de la que fuera dehesa de los caballos de la ciudad, en la que se podía apreciar el blasón municipal, observándose curiosamente una versión mariana en la cual la Madre de Dios parece figurar dándole el pecho al Niño. Iconografía, si bien no extraordinaria, sí poco común, que en Extremadura puede admirarse, por ejemplo, en la escultura ofrecida como patrona de la ciudad de Plasencia, bajo el título de Nuestra Señor del Puerto, o en el lienzo que representando a la Virgen de la Leche se conserva en el interior de la iglesia parroquial de la Consolación, en Arroyomolinos, tal y como ofrecimos en agosto de 2.012 desde este mismo blog.

Paseando recientemente por las calles trujillanas, caí en la cuenta del generoso número de escudos municipales que pueden apreciarse entre las vías y rincones de Trujillo, pareciéndose adivinar dentro de unos de estos blasones otro relieve mariano basado en el amamantamiento de Jesús sobre los muros de la iglesia de San Pedro, observación que quise compartir con mi colega. Verificada finalmente la inexistencia de tal expresión artística en mencionada obra,  aprovecharía la ocasión para compartir con él la pequeña colección fotográfica que pude formar basada en tales emblemas municipales, sumando ocho más a la serie iniciada por Jesús con el ejemplar de mencionada dehesa comunal, revelándose el casco urbano trujillano como uno de los enclaves municipales extremeños de los que entre sus rincones más ejemplares de escudos locales históricos pueden descubrirse.

Ojeando las imágenes, Jesús caería sin embargo en un detalle nuevo: la amplia figuración de troneras de cruz y orbe en muchos de los relieves donde, figuradamente, se representa la plaza fuerte trujillana supeditada por la Virgen que, legendariamente, apareciese milagrosamente sobre los contornos de la población en el momento de su reconquista definitiva en 1.233, a manera de auxilio hacia las tropas cristianas de Fernando III de Castilla. Bautizada así como Virgen de la Victoria, sería ésta el posterior germen de la advocación mariana tomada como patrona del lugar. Troneras de cruz y orbe de las que nos hablará Jesús a través de un reciente artículo que os invito a descubrir, mientras os dejo con la pequeña colección de escudos de la ciudad que pueden fácilmente atisbarse mientras se pasea por entre las calles y contornos de esta joya urbana extremeña, acertadamente declarada Conjunto Histórico-Artístico mediante decreto 2223/1962, de 5 de septiembre de mencionado año.

http://extremosdelduero.blogspot.com/2022/02/las-troneras-de-cruz-y-orbe-en-los.html

Arriba y abajo: ocurrido el milagroso suceso, al parecer, sobre la portada conocida hoy como del Triunfo (arriba), donde la legendaria intervención mariana ayudase a las tropas cristianas, como la nomenclatura indica, a tomar definitivamente la ciudad frente a los musulmanes el 25 de enero de 1.233, se conserva en la cara interna del posterior arco gótico de acceso una hornacina ocupada por una escultura labrada en la segunda mitad del siglo pasado de la que fuese bautizada como Virgen de la Victoria, advocación mariana que en Trujillo se forjase a raíz de tal presunto acontecimiento vinculado con este punto del entramado urbano trujillano, instalado primitivamente un lienzo que a partir del siglo XVI reflejase una iconografía ya dispersa por la ciudad a través del blasón que se diseñase como escudo de armas de la ciudad, conservado el más antiguo de entre los múltiples blasones municipales que campan entre las calles y recovecos de la población en la cara intramuros del denominado como arco de Santiago (abajo), por su conexión con la iglesia dedicada a tal apóstol, adivinándose en éste, fechado en el siglo XIV, una esquemática imagen mariana dentro de lo que fuese una estructura castrense, observándose por el contrario sobre la portada inscrita a los pies del templo de románicos inicios anexo, en el considerado segundo más antiguo escudo municipal, la ya característica simbiosis entre María y la ciudad fortificada (abajo, siguiente), con la Madre de Dios centrando el relieve, elevadada sobre un recinto amurallado y abrazada por dos altos torreones.


Abajo: fuera del recinto amurallado, en la neurálgica Plaza Mayor de la ciudad, puede observarse sobre la portada principal de la emblemática iglesia de San Martín el primero de los variados escudos municipales que podremos apreciar paseando entre las vías históricas de la ciudad extramuros, apareciendo enmarcada por un alfiz y sobre el escudo del obispo Pedro Ponce de León inscrito en la portada renacentista de los pies de mencionado templo, el blasón cuyo flanco inferior queda oculto bajo el remate circular que corona el frontón que supedita la puerta de mediodía del monumento (abajo), inscrito también dentro del alfiz que circunda la portada de entrada al templo dependiente del convento de San Pedro un nuevo ejemplar heráldico (abajo, siguiente), en el lateral de la epístola de tal capilla datada en el siglo XVI, dando por su parte a la cercana calleja de San Gregorio, en su apertura hacia la plazuela del Prior de Quiroga, un nuevo escudo municipal coronado con remate pétreo, inmerso en los muros del que fuese convento de Santa Clara, fundado en 1.533 y hoy Parador de Turismo, en la unión de éste con la que fuera iglesia del cenobio y templo de San Clemente (abajo, tercera imagen).


Abajo: dirigiéndonos hacia el Sur de la población, consta la portada de la iglesia adscrita al que fuera convento de San Francisco, abierta a los pies del templo, de una cuidada decoración de base renacentista donde destacan, enmarcados por un alfiz y en derredor de una hornacina ocupada por la escultura del santo titular, los escudos imperial y de la ciudad, siendo este segundo (abajo), posiblemente, el ejemplar más rico en cuanto a ornamentación de los conservados dentro de la localidad, destacando en derredor de las figuras de que se compone el mismo, un acompañamiento coronado por un querubín, sitos seres mitológicos propios del plateresco entre las esquinas, labrado un mascarón bajo las murallas de la ciudad, descubriéndose a no mucha distancia, sobre la portada de acceso al actual edificio consistorial trujillano, antigua alhóndiga del lugar, el escudo que a partir de 1.566 diera la bienvenida al pósito de la localidad (abajo, siguiente), desde 1.888 al palacio concejil, elaborado en un estilo renacentista mucho más sobrio que el expuesto en el ejemplar anterior.


Abajo: abandonando el centro histórico trujillano, inscritas en los derredores del mismo quedaban las conocidas como Dehesas de los Caballos y de las Yeguas, sita la primera junto a la carretera de Madrid, abierta la segunda en las inmediaciones de la carretera de Cáceres, dotadas ambas de portadas aún conservadas en cuyos frentes figurarían, en sendos casos, el escudo municipal junto al real del momento de edificación, imperial de Carlos I en el caso de la Dehesa de los Caballos, fechado en 1.535 y colocado entre los blasones del municipio y de los Vázquez de Cepeda (abajo), figurando en el edificio de la Dehesa de las Yeguas el escudo de Felipe II a la siniestra, el municipal a la diestra (abajo, siguiente), datados en 1.576 y formando parte de un excelente diseño renacentista que acoge el posiblemente más alejado de los ejemplares de armas del concejo trujillano que pueden atisbarse dentro del casco urbano de la localidad, si bien a varios kilómetros de distancia hacia el Noreste, sobre el río Almonte y actual límite fronterizo entre los términos municipales de Torrecillas de la Tiesa y Jaraicejo, sorprende sobre el conocido como Puente del Cardenal, en el templete erigido frente a la rampa destinada a uso ganadero y punto de unión entre las dos fases constructivas del bien (abajo, tercera imagen), un nuevo ejemplar de armas trujillano fechado en el siglo XV y cumplimentado con el real de Felipe IV en el siglo XVII sobre él, hablándonos de la vinculación del inmueble con el concejo trujillano, comprometido con su construcción mediante escrito fechado en 1.460, dependiendo del viaducto para su conexión con Castilla y Madrid, declarado recientemente, en 2.019, Bien de Interés Cultural mediante Decreto 172/2019, de 5 de noviembre.


jueves, 18 de marzo de 2021

Colaboraciones de Extremadura, caminos de cultura: ¿Símbolos masónicos? El Carrascalejo, en Extremos del Duero

 

Varios días atrás, Jesús López Gómez, amigo personal y autor del excelente blog Extremos del Duero, nos escribía para consultarnos sobre la posible vinculación masónica que pudiera existir entre tal institución y unos relieves existentes en la portada inscrita a los pies de la iglesia de Nuestra Señora de la Consolación: parroquia de la localidad pacense de El Carrascalejo. Entre la labra elaborada en el siglo XVI a caballo entre el por entonces cada vez más extinto gótico tardío y un floreciente estilo renacentista, podían apreciarse lo que pareciesen un martillo, una escalera y un compás, elementos usados habitualmente entre la simbología y liturgia de la Francmasonería. Desde Extremadura: caminos de cultura, gustosos de colaborar siempre con tal blog amigo, se observó detenidamente el conjunto escultórico, llegando a la determinación de estar en realidad ante una muestra de las conocidas como Arma Christi: elementos relacionados con la Pasión y Muerte de Jesús, ampliamente utilizados por el arte al servicio de la fe católica. En el compendio visto en El Carrascalejo, centrado por una omnipresente cruz, podemos distinguir a la izquierda de ésta lo que parece ser la columna donde Cristo sufrió la flagelación, sobre la que se exhibe el gallo que cantaría tras ser el Mesías negado tres veces por Pedro. De la columna parte un ramal del que cuelga la bolsa donde se guardarían las treinta monedas de plata que recibiese Judas Iscariote por vender a su Señor. Tras el pilar, la caña con esponja que, untada en hiel y vinagre le fuese ofrecida a Jesús crucificado, seguida de la lanza del centurión romano Longinos, con  la cual éste atravesaría el cuerpo sentenciado del Redentor. Figurando dos flagelos bajo las aspas de la cruz, a la derecha de la misma tendríamos las escaleras con que se recuperase el cuerpo inerte de Cristo, el martillo con que se le clavaran los clavos, y las tenazas con que fueran extraídos éstos, supeditado todo por lo que pareciese ser un orbe, posible alusión al eclipse que al parecer se produjo en el momento de la expiración del Hijo de Dios.

No es la portada parroquial de El Carrascalejo el único enclave extremeño donde puede admirarse una representación de las Arma Christi. Ubicadas éstas en el interior de diversos templos, así entre las manifestaciones artísticas que ornamentan la obra edilicia -como aún se adivina entre los esgrafiados de la Ermita del Santo Cristo de Talaván-, o bien figurando formando parte de las obras muebles que cumplimentan el sacro recinto -representados en retablos tales como aquél que acoge la talla barroca del Cristo del Amparo, en la popular ermita homónima inscrita en la cacereña Sierra de la Mosca, junto al camino de subida al santuario de Nuestra Señora de la Montaña-, cuenta nuestra región con más portadas eclesiásticas donde las Arma Christi pesan entre el ornato que da forma a las mismas, destacando entre ellas aquéllas que, realizadas bajo el estilo gótico de tendencia flamígera, podemos saborear a los pies de las parroquias de Santa María la Mayor de la Asunción, en Brozas, y de Nuestra Señora del Valle, en Villafranca de los Barros. Desde Extremadura, caminos de cultura, queremos invitar al lector a visitar el blog Extremos del Duero, a fin de poder conocer mejor la portada parroquial de El Carrascalejo, aprovechando la oportunidad para mostrar junto a estas líneas los ejemplares de Arma Christi brocense y villafranqués, en pro de un mayor conocimiento del patrimonio de nuestra Comunidad, no sin antes dejar de agradecer a Jesús López, una vez más, el haber depositado en este blog su confianza, ante la que nos sentimos profundamente honrados y ampliamente gratificados.

http://extremosdelduero.blogspot.com/2021/03/simbolos-masonicos-el-carrascalejo.html

Arriba: conocida también como iglesia de Nuestra Señora del Camino, por acoger en su interior la talla mariana bautizada bajo tal advocación, la parroquia de Nuestra Señora de la Consolación de El Carrascalejo se alza sobre el menudo caserío que se erige a los pies de la Vía de la Plata, a poca distancia del río y población de Aljucén, destacando por unas generosas proporciones edilicias ejectuadas bajo una sobriedad propia del gótico rural o extremeño, aún desarrollado en el siglo XVI, levantada a los pies del templo la torre-campanario en cuya base se abre la portada de acceso al monumento, diseñada en un estilo renacentista con reminiscencia góticas, donde además de las Arma Christi luciendo en su frontón, pueden apreciarse sendas columnas salomónicas o entorchadas que enmarcan un portal abocinado bajo arco carpanel sustentado por arquivoltas, supeditado éste por dos medallones donde pueden leerse respectivamente los monogramas de Jesús y María, circundado a su vez el frontón por una cenefa taqueada mientras los pilares son rematados por mascarones leonados, como si de auténticos vigilantes de las puertas del la Casa de Dios se tratara.

Abajo: declarada por Real Decreto de 11 de noviembre de 1.988 Monumento Nacional, actualmente Bien de Interés Cultural  de Extremadura, la parroquia de Santa María la Mayor de la Asunción, popularmente conocida como la Catedralina de Brozas, se iniciaría a fines del siglo XV tras ser concedida por los Reyes Católicos el 14 de febrero de 1.495 la conversión en tal de la antigua ermita de los Mártires, no finalizando su edificación hasta el siglo XVIII, conservándose sin embargo a pesar de la dilatación temporal de las obras un principal estilo uniforme, basado en el arte gótico, cumplimentado con trabajos renacentistas que, en la portada inscrita a los pies, rematarían a través de vano fechado en 1.567 la portada diseñada como acceso junto al campanario del templo, labrada bajo un estilo gótico flamígero o isabelino (abajo), entre cuya ornamentación, distribuida entre las arquivoltas que circundan el arco de medio punto de entrada, enmarcado entre pilastras coronadas con pináculos (abajo, siguiente), pueden observarse las Arma Christi sostenidas por una serie de seis ángeles de rasgos andróginos, vestidos con largas túnicas y dalmáticas, ubicados a su vez en sus propias hornacinas sobre doseles y bajo peanas, mostrando frente a ellos, en la mitad izquierda, la caña con esponja, la cruz y las escaleras (abajo, imagen tercera), mientras que son la lanza de Longinos, la corona de espinas, el martillo y los tres clavos, así como dos flagelos, los representados entre las manos de las celestiales criaturas en la mitad derecha de la obra (abajo, cuarta imagen).




Abajo: obra cumbre dentro del gótico tardío o isabelino de nuestra comunidad, la portada frontal de la Parroquia de Nuestra Señora del Valle, erigida en el corazón de la localidad de Villafranca de los Barros, destaca frente al viandante tanto por sus amplias dimensiones como por la profusión de su ornato (abajo), resultando una obra artística de gran magnificencia y gusto que, formando parte de las obras de reestructuración del inmueble iniciadas en 1.508, no será culminada hasta 1.574 bajo dirección del maestro de obras Andrés de Maeda, inscrita ésta a los pies de la torre-campanario ofrecida como fachada del sacro inmueble -declarado Bien de Interés Cultural con categoría de Monumento, mediante Decreto 212/2014 de 9 de septiembre-, pudiéndose observar en la obra, conocida como Puerta del Perdón, sobre el arco carpanel que da paso al interior del templo (abajo, siguiente), coronado a su vez por arco acortinado sobre hornacina mariana -culminado a la par por óculo central y arco conopial enmarcado entre pilastras góticas y alfiz-, un rosario de once personajes, posiblemente seres celestiales, alados y retratados bajo rasgos de labra ligeramente tosca, portadores de las Arma Christi entre las que se pueden adivinar, de izquierda a derecha, lo que pareciesen flagelo y clavo, las tenazas, la columna de la flagelación, la corona de espinas, una trompeta -poco habitual entre las Arma Christi y posible referencia a los instrumentos de viento usados por los soldados romanos en el camino hacia el Calvario-, la cruz, la lanza de Longinos, la caña con la esponja, las escaleras, el martillo y un clavo, para terminar con un nuevo flagelo (abajo, tercera imagen), en toda una colección de las armas heráldicas que Cristo conquistaría a través de su Pasión y muerte, expuestas en pleno corazón de Extremadura.



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