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sábado, 13 de enero de 2024

Imagen del mes: estatua orante del obispo Ponce de León, en la catedral de Plasencia

Acogida por una gran hornacina a modo de capilla funeraria elaborada por Mateo Sánchez de Villaviciosa, junto al altar mayor de la catedral Nueva de Plasencia y en el presbiterio de la misma por su lado del evangelio, la estatua orante del obispo Pedro Ponce de León, labrada en piedra por el artista castellano Francisco Giralte, no sólo cubre la tumba de uno de los más reseñables dirigentes de la diócesis placentina, sino que se ofrece a la par como una de las más excelsas obras escultóricas del Renacimiento extremeño, así como, posiblemente, la mejor estatua de índole funerario con que cuenta nuestra región.

Plasencia (Cáceres). Siglo XVI (ejecutada entre 1.573, tras el fallecimiento del obispo, y 1.576, año de defunción del artista); arte renacentista.

Arriba: nacido en Córdoba en 1.510, y fallecido en la localidad cacereña de Jaraicejo el 17 de enero de 1.573 -tal y como reza en el epitafio extendido a través del friso que, bajo frontón semicircular y figura del Creador, corona la capilla funeraria episcopal elaborada por el artista granadino Mateo Sánchez de Villaviciosa a petición de los testamentarios de D. Pedro Ponce donde, bajo arco casetonado de medio punto enmarcado por dos pilastras corintias, se cobija la estatua y tumba del que fuera obispo placentino: "Aquí yace el ilustrísimo Señor Don Pero Ponce de León, obispo que fue de esta Santa Iglesia e Inquisidor General; falleció en la villa de Jaraicejo, a XVII días de enero de 1.573 años"-, D. Pedro Ponce de León tomaría posesión de la diócesis placentina el 26 de enero de 1.560, tras el fallecimiento un año antes de su predecesor en el cargo, D. Gutierre de Vargas Carvajal, personaje al que no sólo relevaría como sumo dirigente del obispado de Plasencia, sino también como gran mecenas renacentista de la diócesis, terminando muchas de las obras arquitectónicas y artísticas iniciadas durante el mandato de Vargas Carvajal y encargando o dejando dinero para otras que vinieran a enriquecer el obispado, así su propio mausoleo donde, siguiendo nuevamente la estela de D. Gutierre, se depositara en manos del afamado artista palentino Francisco Giralte la labra de la estatua orante que viniera a cubrir su féretro, pudiendo así Extremadura contar con una obra mortuoria del insigne escultor renacentista discípulo de Berruguete que ya elaborase los cenotafios tanto del obispo previo como de los padres de éste, ubicados éstos sin embargo en el panteón familiar con que los Vargas contasen en pleno corazón de la villa de Madrid, en lo que hoy se conoce como Capilla del Obispo, formalmente capilla de Nuestra Señora y San Juan de Letrán, adosada a la madrileña iglesia de San Andrés. 

Arriba y abajo: planteada como imagen de bulto redondo y elaborada en mármol blanco de origen italiano -según el erudito Vicente Paredes; en alabastro del país según la historiadora Rocío García Rodríguez-, la estatua orante que viniese a cubrir el sepulcro del obispo placentino D. Pedro Ponce de León seguiría el planteamiento ya observado en otras esculturas funerarias renacentistas, donde el personaje retratado, lejos de figurar yacente y sin vida, se presenta vivo, orando, con las manos juntas y de rodillas, dirigiendo su mirada hacia el altar en una demostración tanto de su fe en la religión católica como de su humillación ante su doctrina, sin que por ello se prescinda, sin embargo, de la representación de los más ostentosos elementos materiales con que el personaje contase en vida, quedando así inmortalizada a su vez la categoría social y económica que el mismo llegase a alcanzar durante su estancia en este mundo, pudiéndose de esta manera apreciar entre las trazas escultóricas de la presente obra mortuoria la riqueza de las vestiduras del obispo (arriba) -aflorando los bordados de la casulla entre los fabulosos pliegues logrados sobre la piedra por el artista-, la valía de los anillos que pueblan los dedos del clérigo, o la suntuosidad del reclinatorio que antecede a la figura (abajo), dotado de bajorrelieves por sus respectivas caras donde varios personajes angelicales portan diversos emblemas relacionados con el difunto o la muerte de éste -así una mitra, un incensario o una calavera-, cubierto a la par de un rico encaje sobre el que se deposita, sobre almohada, un libro litúrgico abierto por el Salmo 88 -observado por Rocío García Rodríguez y centrado en la oración y solicitud de la misericordia divina ante el sepulcro-, asomando tras el mencionado mueble tanto el báculo episcopal como la mitra del obispo, sostenida ésta sobre un pequeño pilar que viene a cerrar la composición y simbología del conjunto escultórico por su esquina trasera derecha. 

Abajo: arrodillada la figura del obispo sobre un cojín, sostenida a su vez sobre un estrado de dos gradas que, simulando el suelo o tarima que acoge al personaje, sirve en realidad como cierre superior del sepulcro episcopal, aparece el frontal de tal pavimento decorado con casetones rectangulares y ovales a los que antecede, sostenido por dos figuras juveniles andróginas, semirrecostadas y ataviadas con túnicas, el blasón del obispo, coronado por el capelo episcopal y centrado por las armas del mismo, dividido en cuatro cuarteles donde, en los lugares primero y cuarto, se observa el emblema de los Córdoba, apellido paterno donde tres franjas de gules o rojo cruzan un campo de oro, protagonizando las divisiones segunda y tercera el escudo de los Ponce de León, con un león rampante junto a las cuatro franjas verticales del apellido Aragón, quedando así atestiguada a perpetuidad la identidad del personaje aquí depositado, igualmente reflejada mediante similar escudo sobre el arco que centra la capilla funeraria, o en el epitafio que la corona, siendo un epígrafe en latín el que, por su parte -protegido por rejería y recogido por el insigne José Ramón Mélida-, vendría a firmar la cara exterior del zócalo o propio sepulcro en sí, hablándonos nuevamente de la personalidad allí custodiada y la obra legada por ésta: DOMINUN PETRUM PONTIUM A LEONE SANCTAE HUIUS PLACENTINAE PRAESULEM PIENTISSIMUM ET MERITISSIMUM OMNI VIRTUTE ET NOBILITATE GENERIS PRAECLARUM INQUISITOREM GENERALEM SANCTA FUNCTUM VITA POST INSTITUTA SIBI ANIVERSARIA ET CAPELLANIA ET EPICOPATUS PAUPERES TESTAMENTO HAEREDES RELICTOS ET VIRGINES ORPHANAS IN PERPETUM HONESTISIMA DOTE IUVATAS HAEC BREVIS CAPIT URNA VIXIT ANNOS 63 OBIT D.I IANVARII M.D.LXXIII. 

sábado, 16 de diciembre de 2023

Colaboraciones de Extremadura, caminos de cultura: La Campana acallada, de El lince con botas 3.0, ya en la web de Canal Extremadura

 

En la pasada noche del 15 de diciembre, Canal Extremadura TV estrenaría el último episodio de El lince con botas 3.0 con el que Extremadura, caminos de cultura ha tenido el honor de poder colaborar. La Campana acallada, dedicado a esa figura religioso-administrativa que en la zona de Albalat encontrase su implantación desde época de la Reconquista hasta las puertas del siglo XX, pudo verse en directo a partir de las 23.20. Unas horas más tarde, ya estaba colgado en su web. Ahí, a través del enlace que os dejamos tras estas líneas, podréis volver a disfrutar de él aquéllos que asististeis a su estreno, y descubrirlo todos los que no pudisteis verlo en ese momento. Desde este blog, aplaudimos ante el resultado final, no dejando nunca de agradecer a Libre Producciones la oportunidad brindada a fin de divulgar la cultura y el patrimonio de nuestra región, invitándoos a la par a visualizar el capítulo esperando que os guste y que sirva, como todo nuestro trabajo realizado, en pro de un mejor conocimiento y valoración de nuestra herencia histórica y artística.

https://www.canalextremadura.es/a-la-carta/el-lince-30/videos/el-lince-30-151223

viernes, 15 de diciembre de 2023

Colaboraciones de Extremadura, caminos de cultura: La campana acallada, en El lince con botas 3.0

 
A fines del pasado mes de octubre, Extremadura: caminos de cultura tuvo el honor de volver a colaborar con Libre Producciones en la elaboración de un nuevo capítulo de su serie El lince con botas 3.0. Dirigiéndonos hacia la ruinosa iglesia de Santiago de La Piñuela, en el término municipal de Casas de Miravete, pudimos rodar junto a los muros de la que fuera parroquia de uno de los enclaves que conformasen la denominada Campana de Albalat un episodio dedicado a la figura religioso-administrativa de la "campana", diseñada en tiempos de la Reconquista a fin de promocionar la repoblación y que en Extremadura conociese ejemplos como la Campana de La Mata, o la ya mencionada campana albalatiense que englobase, a modo de precursora de la mancomunidad, las actuales poblaciones de Romangordo, Casas de Miravete e Higuera de Albalat, junto a caseríos ya desaparecidos como aquellas tres aldeas que conformasen La Piñuela: Piñuela de Arriba, Piñuela de Enmedio y Piñuela del Puerto.

Bajo el título "La campana acallada", la noche del viernes 15 de diciembre, a las 23.20 horas y en Canal Extremadura se emitirá el resultado. Enormemente agradecidos, como siempre, con Libre Producciones por haber querido contar con este blog una vez más a la hora de promocionar la historia, el arte y la cultura de nuestra región, esperamos que el resultado sirva para un mayor conocimiento de una tierra que tanto tiene que ofrecer a todo aquel que desea, entre sus encinas y a través de sus piedras, escucharla. Os dejamos con las palabras de introducción a tal capítulo, invitándoos a ver el episodio y deseando que sea de vuestro mayor agrado.

"Trasladémonos a un tiempo sin relojes, cuando su voz de bronce les daba el ritmo cotidiano de las Horas, el Ángelus, la misa... pregonaba acontecimientos fuera de la rutina, proclamaba desde ocasiones especiales a catástrofes: fiestas, matrimonios, bautizos, defunciones, el toque de rebato que avisa de un peligro... Las Campanas, con mayúsculas, existieron y estuvieron unidas desde la Edad Media a un precioso vocablo hoy en desuso: la "socampana", recogido en 1800 como "El término de una parroquia o dezmería baxo de la campana de la iglesia parroquial". Y en toda la geografía de nuestro país han dejado topónimos de comarcas y lugares. La Campana de Albalat, la idea de asamblea religiosa y civil germina en este territorio alrededor de Majadát Albalát, a partir de que las tropas cristianas ocupen la antigua ciudad islámica y se precise lo que la guerra ha aplastado: nuevos habitantes. Una vez puesto el pie en la comarca, a los nuevos pobladores se les agiliza el trámite para el cuerpo, pero también para el alma..."

jueves, 30 de noviembre de 2023

Imagen del mes: portada renacentista de la iglesia de Santa María de la Asunción, en Baños de Montemayor

Diseñada en un limpio estilo renacentista donde se conjugan tanto el granito como el mármol blanco en una simbiosis entre las técnicas arquitectónicas clásicas y la laboriosidad más exquisita de la escultura y ornamentación platerescas, la portada del lado del evangelio de la iglesia de Santa María de la Asunción de Baños de Montemayor se ofrece como la más artística de las dos entradas con que cuenta el principal inmueble religioso del municipio, parroquia siglos atrás de la sección de la población que antaño, separada en dos mitades religioso-administrativas por el trazado de la Vía de la Plata, quedase a oriente de la misma, dentro del reino de León, en el señorío del Marqués de Montemayor y bajo el gobierno episcopal del obispo de Coria.

Baños de Montemayor (Cáceres). Siglo XVI; arte renacentista.

La parroquia de Santa María de la Asunción de Baños de Montemayor sería declarada Bien de Interés Cultural, con categoría de Monumento, mediante Decreto 59/2022, de 25 de mayo, por la Junta de Extremadura.


Arriba y abajo: levantada entre los siglos XVI y XVII, con posibles inicios a fines de un siglo XV del que heredaría la portada más antigua del templo, abierta a los pies del mismo bajo un arco apuntado que conservaría el gusto gótico prolongado a través de la robustez arquitectónica de la obra, la parroquia perteneciente a la sección religiosa dependiente antaño de la diócesis de Coria, hoy único templo parroquial del pueblo tras la unión en 1.833 de sus dos concejos -Baños de Montemayor, a oriente, y Baños de Béjar, a occidente- en uno solo bajo el primero de estos nombres, y la consolidación religiosa en 1.959 del municipio resultante bajo un único obispado, el placentino, se yergue sobre el caserío como un edificio de única nave (arriba), cubierta con actual bóveda de cañón, con crucero marcado antes de un presbiterio con testero plano y en cuyo exterior destaca, además de una alta torre de tres cuerpos y llamativos arcos aislados entrecruzados sobre el campanario final, la portada renacentista sita sobre el lado septentrional o del evangelio del templo (abajo), centrada por un arco de medio punto dibujado sobre tres arquivoltas, marcado el arranque de éstas por cada una de las líneas de impostas mediante motivos vegetales repetidos en la clave del arco, enmarcado éste a su vez por dos pilastras de fustes estriados y orden compuesto cuyos capiteles vienen a sostener un entablamento en cuyo friso puede leerse, en epigrafía latina, la sentencia "EXALTATAE ST DEI GENITRIX" -Alégrate, Santa Madre de Dios-, en referencia a Santa María y advocación a la que está dedicado el sacro inmueble cultual bañense.



Arriba y abajo: supeditados sendos capiteles laterales por casetones ocupados por putis, culminados éstos a su vez por florones donde se conjugan sus artísticas estrías con delicadas testas, argollas y guirnaldas (arriba), figura la cornisa superior del entablamento que corona la portada septentrional de la parroquia bañense rematada por nuevas figuras de índole clasicista recuperadas por el gusto renacentista donde casan las volutas de gusto vegetal con dos ángeles anunciadores que, con sus trompetas (abajo), vienen a enmarcar y proclamar a la par la Asunción de María, protagonista ésta, como advocación del templo, de la presente portada, descubriéndose en un gran óvalo sobre todo el conjunto arquitectónico-escultórico que supone la presente entrada del evangelio la representación de María en su ascensión hacia los cielos, acompañada y auxiliada  por diversos angelitos desnudos en su elevación hacia Dios Padre (abajo, siguiente), o quizás Cristo como Salvador, quien, en mármol blanco, plasmado con larga túnica y pobladas barbas, bendiciendo con la mano diestra el mundo mientras sostiene con la siniestra el orbe mundial, culmina en lo superior todo un compendio artístico encaminado hacia la representación de aquel capítulo de la vida de María al que está dedicado el templo principal de la localidad.




Arriba y abajo: además de la pieza marmórea que viene a representar a Dios Padre como Creador, o bien a Cristo como Salvador del mundo, tres relieves más elaborados en níveo mármol vienen a conjugar con la piedra granítica que conforma el grueso de la portada renacentista de la parroquia de Santa María de la Asunción de Baños de Montemayor, así dos medallones que, sitos en el lienzo inserto entre el arco, los capiteles y la cornisa baja del entablamento, presentan a los santos Pedro y Pablo (arriba) acompañados de sus correspondientes emblemas religiosos -las llaves del paraíso y la espada, respectivamente-, quedando el friso de la composición arquitectónica centrado por un espectacular blasón marmóreo sostenido por dos putis desnudos y marcada anatomía en cuyo interior viene a descubrirse el jarrón de azucenas que hace alusión a María, en una nueva mención a la santa figura a la que está dedicada la obra edilicia, habiéndose querido ser visto éste por algunos autores, junto al resto de relieves de mármol y en base fundamentalmente a su fábrica en diferente material, como un posible último añadido a la portada posterior a la fecha de 1.567 labrada bajo el florón occidental del compendio edilicio y tomada como datación formal de la obra, observándose especialmente en esta pieza una tendencia al manierismo del que quizás derive la contorsión de los infantes sustentadores, precursora de la teatralidad que vendría a triunfar con el inmediato movimiento barroco en que fuese culminada la fábrica del presente templo.

sábado, 8 de octubre de 2022

Colaboraciones de Extremadura, caminos de cultura: El Convento de Moncarche, de El lince con botas 3.0, ya en la web de Canal Extremadura


El pasado viernes 7 de octubre emitió Canal Extremadura TV por primera vez el capítulo de la serie El lince con botas 3.0, dedicado al Convento de Moncarche. Editado ya el mismo a través de la web de tal canal televisivo regional, os invitamos a volver a visualizarlo, o a descubrirlo por primera vez, contentos con el resultado de esta nueva colaboración de blog con Libre Producciones, por la que nos sentimos, una vez más, extremadamente honrados. Esperamos que os guste el episodio, deseando que el mismo sirva, como siempre ha sido nuestro cometido, a la divulgación y conocimiento de nuestro tan vasto y rico como desconocido patrimonio.

http://www.canalextremadura.es/a-la-carta/el-lince-30/videos/el-lince-30-071022


ANTE LOS AVIONES QUE PUEBLAN

EL CONVENTO DE MONCARCHE


De gris se visten.

De gris.

De blanco gris, y azabache.

Y labrando, raudos, el aire,

laboran por tus bancales

entre ruinas, que en otros siglos,

otros hermanos conoció.


Ya no suena tu campana.

Quedó muda la espadaña

que a oraciones reclamase.

Cantan ellas. ¡Canten, canten!,

animando las estancias

que el humano abandonó,

a su suerte, por la vega

que aún desea desposarte.

¡Ansía la adelfa besarte

vestida de su pasión!


De gris se visten.

De gris.

De blanco gris, y azabache.

Y sin temer el estiaje,

sellan con barro su enlace

con las pizarras de tu traje,

vertido, así sangrando,

por faldas de tu bastión.


Ya no llegan los caudales

de esa fuente, que cantares

por tu arquería entonara.

Cantan ellas. ¡Cantan, cantan!

¡Se les suma, jade y ámbar

un plumaje bajo el sol!

El abejaruco expone,

recitando, sus ideas.

¡Van flotando hasta tu cueva,

donde se soñó con Dios!


De gris se visten.

De gris.

De blanco gris, y azabache.

¡Que por cielos de Moncarche

no calle nunca su voz!


(Un año de poesía; Samuel Rodríguez Carrero)


miércoles, 5 de octubre de 2022

Colaboraciones de Extremadura, caminos de cultura: El convento de Moncarche, en el Lince con Botas 3.0

 

El pasado 1 de julio, "Extremadura: caminos de cultura" tuvo de nuevo el honor de poder colaborar con Libre Producciones a la hora de elaborar un episodio más de su serie "El lince con botas 3.0". En esta ocasión, dirigiéndonos junto a la rivera del arroyo Friegamuñoz, entre los términos municipales de Alconchel y Villanueva del Fresno, visitamos las ruinas del conocido como convento de Moncarche, o de Nuestra Señora de la Luz.

Este próximo viernes, día 7 de octubre, tendrá lugar el estreno del capítulo resultante. Retransmitido a través de Canal Extremadura TV, la emisión dará comienzo a las 23.20 horas. Desde "Extremadura: caminos de cultura", siempre sin dejar de dar las gracias a Libre Producciones por su apuesta por este blog, queremos invitaros a su visualización, deseando que os guste, pero sobre todo que sirva para daros a conocer no sólo un monumento único en nuestra región, sino también el contexto histórico que le rodea y que, en su momento, sirvió para tejer la crónica de nuestra tierra, y, por tanto, de nosotros mismos.

"El siglo XVI, puerta de la Edad Moderna, claridad frente a la oscuridad de la Edad Media. Simplificación a todas luces que cuesta entender, y más en estas tierras de aquel tiempo, cuando se persiguen y expulsan judíos y moriscos, se bautizan los imperios coloniales y triunfa el comercio de esclavos. Se consolida la religión católica como esqueleto del reino. El papado ambiciona un poder terrenal que provoca la crisis de la Iglesia, la Reforma protestante y la división de la cristiandad. Mientras tanto, en las sierras más inhóspitas se levantan conventos de la Orden franciscana. Frailes mendicantes, austeros y solitarios, en el marco de la Iglesia católica y según el ideario de san Francisco de Asís. Hermandad cuya trayectoria está marcada por sus continuas renovaciones y conflictos en el intento de aproximarse al ideal evangélico dictado por su fundador. Y llegamos a la accidentada rivera del Friegamuñoz, río de aguas temporales sometido a la fiereza del estío, donde un convento montaraz aguarda aún el trance final mientras pueden leerse en sus ruinas algunos de los acontecimientos más trascendentes relacionados con la religiosidad entre los siglos XVI y XIX..."

miércoles, 31 de agosto de 2022

Imagen del mes: la Fontanilla de Fregenal de la Sierra

 

A modo de simbiosis entre caño, pilar y hornacina, la fuente popularmente conocida como la Fontanilla mantiene desde su erección durante el reinado de Felipe II el gorgoteo de sus aguas, susurrando entre las viviendas que conforman la plazuela a la que ésta da nombre, inscrita en la esquina nororiental del casco histórico frexnense, esperando surtir al viandante que hasta ella se acerque, como siglos atrás aguardase al jornalero que junto a sus sillares deambulase encaminado hacia sus faenas, o al viajero que hacia tierras norteñas, entonces fronteras con Extremadura, se dirigiese, invocando la guarda y custodia de la Virgen de la Guía que aún centra la infraestructura monumental.

Fregenal de la Sierra (Badajoz). Siglo XVI (reinado de Felipe II); arte renacentista.


Arriba y abajo: adelantada por un alargado pilar rectangular (arriba) al que vierte sus aguas la pila principal del conjunto hidráulico (abajo), ambos abrazados por un compendio de sillares graníticos que, en el caso superior, se ve a su vez cumplimentado con sendas bancadas de similar naturaleza dibujadas a diestra y siniestra de la taza, permitiendo sentarse a los vecinos que aguardasen turno a la hora de recoger las aguas hasta aquí traídas, o tomar el fresco junto al caudal en las jornadas acaloradas, capitanea la llamada Fontanilla de Fregenal, en la que interviniesen el maestro cantero Antonio Bogallo y el alarife Francisco Hermoso, un frontal del que surgen, en su parte baja, tres caños metálicos que dan inicio al circuito acuático (abajo, imágenes segunda y tercera), brotando el central de un mascarón masculino en relieve, tallado siguiendo un diseño clasicista que casa con el gusto renacentista bajo el que fuese ejecutada la obra, fechada, según consta en la misma placa marmórea que centra el paredón, en 1.571, coincidiendo con una época de esplendor urbano, económico y cultural en la ciudad, por entonces villa dependiente del concejo sevillano, erigiéndose en similar década de los setenta de tal centuria decimosexta el afamado retablo mayor de la parroquia de Santa Ana, una de las joyas artísticas heredadas por el pueblo frexnense, así como obra cumbre en la retabilística renacentista extremeña.





Arriba y abajo: formado por tres piezas marmóreas, apergaminado y custodiado por las testas masculinas que vienen a representar bajo tintes mitológicos los cuatro vientos -con sus nombres, semiborrados, acompañándolos, igualmente vistos tales personajes en otras obras renacentistas de la Baja Extremadura, así probablemente en las portadas de la parroquia calamonteña de Nuestra Señora de la Asunción y en la de la epístola de la ermita emeritense de Nuestra Señora de la Antigua, o quizás como gárgolas en la torre de la iglesia de Esparragosa de La Serena-, el epígrafe que centra el frontal de la Fontanilla (arriba), cincelado a ambos lados de un prominente blasón real vinculado con el monarca Felipe II previo a su nombramiento como rey de Portugal, nos habla de la fecha y mecenazgo bajo el que se realizase la obra, dictaminada su erección por parte del cabildo local -"Esta obra mandaron hacer los señores del cabildo de esta villa, siendo alcalde de la Justicia en ella el muy magnífico señor doctor Pérez Manuel, y por su parecer acabose en el año de Nuestro Señor Jesucristo de 1.571"-, a modo de perpetuidad de datos, así como enriquecimiento en cuanto al ornato del bien inmueble, centrado éste, en lo arquitectónico, en el arco de cortina que, a modo de cornisa superior, corona la edificación, sostenido cada extremo final por una voluta -decorada sendas con relieves vegetales-, rematada en cada lateral por un cubo acasetonado en sus frentes -centrados los casetones con tondos y dibujos de tipología geométrica y vegetal (abajo, imagen tercera)-, inscrito sobre el vértice medio del diseño un pináculo apoyado sobre disco, rematado el primero por una cruz de forja que tilda con un toque religioso la creación edilicia (abajo, imagen segunda), si bien la auténtica proyección religiosa vertida sobre la fuente se promulga desde la hornacina horadada bajo el pináculo central y sobre la estela epigráfica, donde, bajo venera, aguarda al vecino y viandante una imagen de bulto redondo policromada dedicada a la Virgen María con el Niño Jesús  sobre su brazo izquierdo, en su advocación de Nuestra Señora de Guía (abajo), hoy sustituida la escultura original por una réplica, dañada la protección vítrea que la cubría, perdido igualmente el farol que iluminaba la talla, si bien ha quedado conservado el brazo metálico y la correspondiente polea que servía al mismo, haciendo de éste un lugar sacro inserto en un bien de uso público, siguiendo la tradición y el espíritu religioso católico que imperase en la España de la Edad Moderna, especialmente tras el cisma  protestante, igualmente visto en otras obras de ingeniería extremeñas, así en puentes como el llamado Nuevo de Plasencia, o en la Puentecilla de Tornavacas.




jueves, 30 de junio de 2022

Imagen del mes: portada renacentista del antiguo Palacio Prioral, hoy en la iglesia de San Esteban, en Puebla del Prior

 

Expuesta hoy como puerta de acceso por el lado de la epístola al templo parroquial dedicado a San Esteban de la localidad de Puebla del Prior, los vestigios de la antigua portada del inmediato Palacio Prioral, hoy prácticamente desaparecido, se ofrecen no sólo como un recuerdo de la vinculación histórica que mantuviese la villa porreta con la Orden de Santiago, sino fundamentalmente como una excelsa obra del renacimiento extremeño, cuyo llamativo compendio de veneras labradas entre sus piezas de naturaleza marmórea bien pudiera hacerla merecedora, simulando el caso salmantino, del título de "portada de las conchas" de la Baja Extremadura.

Puebla del Prior (Badajoz). Siglo XVI; arte renacentista.


Arriba y abajo: felizmente salvada de una total destrucción, venta o expolio, ante cuyos peligros ya denunciase la situación de desamparo en que se encontraba la antigua portada prioral D. Adelardo Covarsí, cuando supiera éste de la demolición provocada de tal obra durante los primeros años del último gobierno republicano, las restantes piezas pétreas preservadas de esta fábrica -cumplimentadas las faltantes por relieves marmóreos de nueva talla- conforman hoy en día la puerta de acceso por el lado de la epístola de la parroquia de San Esteban, edificada a fines del siglo XV siguiendo el mandato de García Ramírez Villaescusa, por entonces prior del Priorato de San Marcos de León, dimensión religiosa de la Provincia santiaguista de León a la que administrativamente Puebla del Prior perteneciese, dentro del Partido de Llerena, desde que la misma fuese fundada en 1.257 por el prior santiaguista Martín García bajo mandato del Maestre Pelayo Pérez Correa, determinando Garci-Ramírez la prolongación de la obras, erigiendo junto al templo un palacio prioral de aspecto castrense que, dilatada su ejecución a lo largo del siglo XVI, viniese a sustituir un primitivo caserón santiaguista en deficiente estado, sirviendo de novedosa sede a la Orden y aposento de los caballeros y priores santiaguistas durante las visitas de los mismos a la población, elaborado el monumento en un estilo renacentista hermanado con el ya visto en otras obras decretadas por tal personaje, así el Palacio Episcopal de Llerena, centrando el dintel de acceso constituido de dovelas el escudo del Priorato de San Marcos de León, ocupando el interior del blasón un león mirando hacia la izquierda, dibujada tras él la cruz santiaguista, coronado el mismo por un capelo y abrazado por sendos ramos de borlas, a seis por lateral, destinado habitualmente tales elementos de la heráldica episcopal a los obispos, demostrando así la categoría diocesana de que disfrutaba este priorato, exhibido tal blasón igualmente desde mencionado palacio prioral llerenense, así desde la misma portada de la que fuese sede prioral principal, sita en el conocido como Convento de San Marcos de León en la ciudad leonesa.

Arriba y abajo: abrazado el conjunto por dos pilastras, subdivididas éstas a su vez en dos secciones correspondientes a cada uno de los cuerpos de que se conforma la obra, quedan coronados ambos fustes con capiteles de corte renacentista donde se conjugan los elementos tomados de los órdenes arquitectónicos clásicos -así las volutas o las hojas de acanto en los capiteles compuestos de los pilares bajos; abajo-, rematados los superiores con sencillos pináculos tras superar la cornisa de coronamiento del cuerpo superior, repetida ésta por duplicado sobre el vano adintelado de acceso, enmarcando un friso que supone la separación entre ambas secciones arquitectónicas, ocupado el mismo por una serie de catorce veneras repetidas a lo largo y ancho de las jambas que conforman la puerta en sí, con cinco filas horizontales de tres conchas cada una -abajo, siguiente-, sumando así treinta veneras más que junto a las ocho del propio dintel y las seis que figuran en el cuerpo superior del conjunto edilicio -desaparecidas posiblemente dos de ellas en la cúspide de las bandas laterales donde se ubican-, hacen un total de cincuenta y ocho conchas vinculadas por el peregrinaje y el Apóstol Santiago, patrón de la Orden mecenas del monumento, llamando la atención no sólo la repetición sino fundamentalmente el alto número que de las mismas pueden contemplarse en el bien mueble, sin que por ello dejen de aparecer otros elementos ornamentales propiamente renacentistas tomados del clasicismo igualmente labrados sobre la obra, inscritos éstos en la sección central del cuerpo supremo, así dos grandes tondos cuyos motivos internos se han visto semiperdidos, superados a su vez por tres medallones ocupados por bustos masculinos cubiertos con cascos, siendo mascarones los que sustentan las finas columnas que sostienen el epígrafe que remata esta sección interna alcanzando la cornisa de cierre, semiborrada la inscripción original tanto por la erosión como por la destrucción de piezas primigenias, donde quizás se hablase de la fecha de ejecución y artífices de la misma, en todo caso imborrable el estar ante toda una joya del renacimiento de Extremadura.

sábado, 14 de mayo de 2022

Imagen del mes: pinturas barrocas de la cúpula de la Ermita de la Paz, en Cáceres

 

Formando parte de la que es posiblemente la estampa más característica de Cáceres, la ermita de la Paz se alza desde mediados del siglo XVIII junto a la conocida como Torre de Bujaco en plena Plaza Mayor cacereña, atesorando primitivamente entre sus paredes una serie de elementos muebles y decorativos que hicieron del interior de la capilla todo un espacio barroco tendente al rococó, de cuya ornamentación primigenia apenas restan hoy seis pinturas ubicadas en la cúpula que corona el altar mayor del templo, preservadas en un precario estado de conservación que, a pesar de sus dolencias, recuerdan los días de gloria del monumento, cuando la celebración de la festividad de su imagen titular, Nuestra Señora de la Paz, la víspera del 24 de enero, nada envidiaba en la ciudad a otras aún hoy conservadas, como aquéllas dedicadas a los Santos Mártires, a la Virgen de las Candelas o a San Blas.

Cáceres. Siglo XVIII; estilo barroco.

Arriba y abajo: iniciado el culto en Cáceres a la Virgen de la Paz en 1.712, por iniciativa del mercader Lázaro Laso, quien obtuviese en tal año permiso concejil a fin de ubicar en el extremo del Portal Llano de la Plaza Mayor cacereña un lienzo dedicado a tal advocación mariana, con la idea de evitar, a través de la exposición de éste y el correspondiente alumbrado nocturno del mismo, los actos inmorales que al parecer se acometían en el lugar llegada la oscuridad, no tardaría mucho tal devoción en adquirir una  popularidad de tal índole que, en 1.720, serían aprobadas las ordenanzas de la Cofradía de Nuestra Señora de la Paz, encargada de regir tal veneración, la cual, ante las dificultades que presentaba el rincón urbano del que colgaba el cuadro a la hora de llevar a cabo los actos religiosos, iniciaría en 1.731 las gestiones para la elevación de su propia ermita, decantándose por la recuperación de la arruinada capilla que, junto a la torre Nueva o del Reloj, hoy de Bujaco, se dedicase antaño al culto de San Benito y San Juan Evangelista, ejecutándose las obras de rehabilitación entre 1.733 y 1.734, y llevándose en procesión la noche previa a su festividad, en 1.737, desde la iglesia de Santa María la imagen de Nuestra Señora de la Paz encargada ex profeso al artista vallisoletano Pedro Correa, inaugurándose una nueva era en la historia de tal culto mariano que, poco a poco, además de ver la construcción de un pórtico de acceso a la ermita con enrejado de 1.756, o la inserción de una casa para el ermitaño en el solar inscrito entre capilla y muralla, se traduciría en la ornamentación y cumplimentación del nuevo recinto sacro con el que quedase éste vinculado, adquiriéndose diversos elementos litúrgicos, instalando retablos para las imágenes de San Benito y San Juan Bautista -encargándose a José Procuza una nueva que relevase a la primera de ellas-, renovándose el retablo inicialmente traído para la Virgen desde el Convento de San Francisco por otro de nueva fábrica, así como solicitándose diversas obras de decoración que enriqueciesen las paredes y, fundamentalmente, arcos y coronamiento de las tres naves en que se dividiera el plano interno del inmueble, así, en 1.763, cuatro lienzos del pintor José Galván que representasen a los cuatro evangelistas, destinados a las pechinas de la cúpula hemiesférica central, en 1.764 otros nueve cuadros del artista alcantarino Juan Cordero junto a doce lunas de espejo, enmarcados los cuatro iniciales en cenefas de madera talladas por Vicente Barbadillo, al cual se le pediría nuevamente, en 1.770, el trabajo de yesería que cubriría la bóveda principal, resultando un compendio decorativo de gusto barroco tendente al rococó, similar al hoy aún visto en la techumbre del santuario de Nuestra Señora de la Montaña, que, sin embargo, no lograría llegar a nuestros días en su totalidad, restando de tal colección ornamental tan sólo la porción ubicada en el interior de la cúpula que cubre el altar mayor del templo (abajo), eliminadas de sus pechinas los retratos de los santos escritores, así como limpiados de obras artísticas y enlucido el resto de los techos del monumento, ofreciéndose en la actualidad un edificio austero desde que el mismo fuese sometido a diversas intervenciones restauradoras, bajo proyecto firmado por González Valcárcel y aprobado en 1.964, que si bien consolidaba el no derribo de la capilla en pro de la completa visión de las murallas, eliminándose sin embargo el edificio colindante a ésta y remodelando la techumbre exterior del templo a fin de hacerla concordar con el carácter castrense del enclave, no contemplaba salvaguardar la mayor parte de las obras barrocas que, para mediados del siglo XX, ya ofrecían un deterioro preocupante, como el que aún muestran los seis lienzos salvados de la purga, frente a la restauración completa del retablo que acoge la imagen mariana titular, apenas hoy venerada, o ni tan siquiera conocida, por gran parte del pueblo cacereño.

Abajo: afincado en la entonces villa de Cáceres, muchos de los trabajos realizados por Vicente Barbadillo recaerían en su propia localidad de vecindad, así las puertas de la parroquia de Santiago, el cierre de la cúpula de la capilla del Cristo de la Salud dentro del santuario de Nuestra Señora de la Montaña, el retablo dedicado a Santa Ana en similar templo mariano, o el gran retablo mayor de la iglesia de San Mateo, iniciándose su relación con la ermita de la Paz en 1.763, cuando se le ofreciese enmarcar las obras de José Galván para las pechinas de la cúpula central, así como diversos espejos adquiridos por la misma fecha, ampliado el encargo en 1.770 con las yeserías que irían destinadas al cubrimiento del interior de la cúpula hemiesférica que corona el altar mayor del templo, dividiéndose el diseño de ésta en seis gallones sobre cuyas trazas de separación serían incluidos diversos emblemas marianos tomados de las letanías, así la luna, la torre, el lirio o la azucena -perdidos hoy los dos restantes-, apoyada la vinculación artística del compendio decorativo con Santa María gracias a la media docena de lienzos, pintados al óleo e instalados sobre la fábrica latericia del inmueble, que ocupan la parte central de cada uno de estos gajos ornamentales, posiblemente seis de los nueve cuadros que ejecutase para la ermita el pintor alcantarino Juan Cordero en 1.764, a juzgar por los datos registrados por la cofradía y expuestos en 1.949 por D. Miguel Muñoz de San Pedro, a través de un excelente trabajo recopilatorio publicado entonces en la Revista de Estudios Extremeños, considerándose cumplimentada en 1.775 la labor ornamental del interior del inmueble y no mencionándose la adquisición de nuevos o  relevantes trabajos artísticos entre 1.764 y 1.770, tomados de esta colección seguramente por Barbadillo cuando éste se dedicase a la decoración de mencionada cúpula capital, advirtiéndose a través de los lienzos inscritos en la techumbre diversos episodios vinculados con la vida de María, siguiendo la tradición vista en techos y paredes de oratorios o camarines marianos contemporáneos a éste, así en el que antecede al trono de Nuestra Señora de Guadalupe en su puebla homónima, leyendo de derecha a izquierda, desde el retablo y rodeando la circunferencia del coronamiento edilicio, pasajes como los desposorios de María con José (abajo), la Anunciación a María (abajo, siguiente), María encontrando a Jesús enseñando en el templo (abajo, tercera imagen), la Presentación de Jesús en el templo (abajo, imagen cuarta), la Asunción de María (abajo, imagen quinta), y la Coronación de María por la Santísima Trinidad (abajo, imagen sexta), siguiendo un ritmo cronológico dentro del ciclo mariano, sólo permutado entre los lienzos tercero y cuarto, elaborado en un lenguaje sencillo y un estilo muy básico, donde queda reflejada la iconográfica más tradicional, los emblemas más populares y la simbología mariana más característica, llamando la atención el canje del rojo de la túnica mariana de Ésta en vida, por el blanco que luce una vez ascendida a los Cielos, digna de una pureza expuesta igualmente en la bandera nívea que porta la imagen titular del lugar, aún ondeada frente a los cacereños por Nuestra Señora de la Paz, como lleva haciendo tal representación de la Madre de Dios desde que a mediados del siglo XVIII fuese encaramada ésta a su propio podio, mirando a la ciudad con la que quedaría vinculada, desde el corazón del punto más neurálgico de la misma.






sábado, 30 de abril de 2022

Imagen del mes: la Puentecilla de Tornavacas

 

Superando desde inicios del siglo XVIII el cauce de la garganta del Cubo, a su paso por la localidad tornavaqueña y antes de desembocar éste en el próximo río Jerte, un puente de único ojo inscrito en plena calle Real de Abajo, permite la continuidad del trazo de tal vía nacida en la plaza Mayor y esquina de la casa consistorial, de igual datación dieciochesca, llamando la atención sobre él un templete que, junto al pretil septentrional del viaducto, ofreciese antaño cobijo a la imagen de la Virgen de la Consolación, hoy vacía su hornacina sin que el tiempo haya hecho mella, sin embargo, en la belleza de un inmueble que sorprende a aquel viajero que decide recorrer este rincón de la zona más alta del valle jerteño.

Tornavacas (Cáceres). Siglo XVIII (fechado en 1.731); estilo barroco. 
 

Arriba y abajo: restaurada recientemente por la Consejería de Movilidad, Transporte y Vivienda de la Junta de Extremadura, junto al puente Cimero -inscrito sobre la vega del Jerte- y la picota y/o rollo jurisdiccional local -conocido popularmente como las Marirrollas-, la Puentecilla tornavaqueña muestra un aspecto remozado en el que, además de limpieza, relleno de fisuras y sustitución de la pieza que delimita el petril norteño en su lado oriental, se ha incluido tras éste una ampliación de la plataforma del viaducto (arriba), sustentada sobre vigas y rasillas contemporáneas, opuestas a la fábrica a base de sillares graníticos que conforma la constitución del único ojo de medio punto de que se compone la obra de ingeniería (abajo), prolongados sus estribos por sendas orillas en la cara meridional del edificio, abierta desde antaño una puerta en su lado levantino, denominada popularmente como boquerón de la Puentecilla (abajo, siguiente), a fin de permitir la bajada desde la calle Real de Abajo a la vega de la garganta del Cubo, desde la cual puede observarse la moldura que marca el inicio del pretil sureño, de sencilla composición opuesta a la de su hermano, centrado por un llamativo templete barroco. 

 

Arriba y abajo: siguiendo la tradición constructiva vista en otros muchos puentes renacentistas y barrocos de la región, así en el puente Nuevo de Plasencia o entre los denominados puentes de Don Francisco, junto a la desembocadura del río Tamuja en el cauce del río Almonte, la Puentecilla de Tornavacas presenta formando parte de su petril norteño un templete (arriba), llamativo tanto por su belleza, como por figurar como elemento arquitectónico en un viaducto de escasas dimensiones, posible reflejo no sólo de la religiosidad imperante en la España contemporánea a la obra, sino inclusive de la inclinación religiosa de un pueblo, el tornavaqueño, que a día de hoy conserva tradiciones religiosas ya perdidas, como el toque de la Esquila por la salvación de la ánimas del Purgatorio cada anochecer, destinada la capilla del puente sobre la garganta del Cubo a la Virgen de la Consolación, tal y como reza inscrito sobre la hornacina que centra la obra -de arco de medio punto y avenerada en su interior-, bajo una cornisa coronada con una pequeña moldura donde, entre volutas, aparece la cruz y el monograma de Cristo, enmarcada la verticalidad del edículo por sendas pilastras en cuyo extremo superior recogen la fecha del monumento -AÑO 1731-, conservándose bajo la cornisa que separa la hornacina de la parte baja del templete una leyenda epigráfica bastante erosionada que, muy posiblemente, hiciese alusión a los promotores de la obra o dirigentes gobernantes en el momento de erección de la misma, mucho mejor conservada, por su parte, la benditera que, a siniestra de la capilla, figura labrada sobre el mismo petril (abajo, segunda imagen), cumplimentando la obra religiosa que centra el viaducto, así como, quizás, el viacrucis que desde la localidad parte hacia la antigua ermita de Santa María Magdalena, descubriendo oquedades en los pasos que conforman el mismo, así junto a la picota local, bien para alojar el agua bendita o incrustar cruces momentáneas o desaparecidas.




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