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domingo, 10 de diciembre de 2017

Imagen del mes: Cripta de la Basílica de Santa Eulalia, en Mérida


Un cirio ilumina y revela al visitante el preciso enclave donde todo apunta se ubicaba la tumba primitiva de la canonizada mártir Eulalia, mausoleo ubicado a pocos metros del público lugar de ejecuciones de la Emérita Augusta del Bajo Imperio Romano, donde supuestamente un 10 de diciembre del año 304 d.C recibiría la joven tormento hasta su fallecimiento, convertida su figura en precursora del cristianismo hispano, así como su túmulo funerario en punto de partida de  una amplia necrópolis que recogería durante siglos a los creyentes que deseaban yacer junto al lugar dispuesto para el eterno descanso de Olalla, base de una basílica donde tal cementerio sería reutilizado y convertido posteriormente en cripta de la misma.
Mérida (Badajoz). Siglos IV-XVI; estilos artísticos diversos y entremezclados debido a la yuxtaposición de elementos arqueológicos de diversa cronología resultante en el yacimiento, desde el paleocristiano al renacentista, sin que falten vestigios romanos de comienzos de la actual era, o restos de edificios datados durante la dominación musulmana medieval del lugar.



Arriba: localizada la supuesta sepultura original de santa Eulalia bajo el mismo altar del edificio religioso, descubierta a raíz de las últimas excavaciones arqueológicas ejecutadas entre los años 1.989 y 1.991 del pasado siglo, todo apunta, tal y como ya señalaron diversos autores de la antigüedad, que junto al túmulo original de la joven mártir, convertido en templo inicial, se expandió una amplia necrópolis donde tumbas y mausoleos ocupaban un amplio espacio antes destinado a solar de viviendas, reestructurado a raíz de la elevación de una basílica visigoda, germen de la actual, donde una amplia porción de ese primer cementerio quedaría englobado, reutilizado constantemente con el paso de los siglos mientras el recinto sacro mantuvo su uso litúrgico.

Abajo: junto a la lápida que señala el lugar de enterramiento del "varon ilustre" Gregorio, posterior sepultura de Perpetua y del archidiácono Eleuterio en época visigoda, parte la escalera de acceso a la cripta de uno de los mausoleos paleocristianos que rodeaban la tumba de santa Eulalia, superviviente de la demolición generalizada de túmulos que conllevó la construcción de la basílica del siglo V, convertido en 1.595 en panteón de D. Juan Mexía por su esposa Dª Ana de Moscoso, quien, entre las medidas de readecuación del enclave, dictaminaría también la decoración del lugar con diversos frescos renacentistas, observándose la plasmación de varios personajes religiosos tales como San Juan Bautista, Santa Ana o San Martín de Tours, así como escenas de la Pasión de Cristo.


Abajo: un capitel corintio descansa junto a los restos de una tumba antropomorfa, en clara exposición y ejemplo de la yuxtaposición de elementos arqueológicos y estilos artísticos que se da en la cripta de la emeritense basílica.


sábado, 31 de agosto de 2013

Joyas de las artes plásticas de Extremadura: púlpito renacentista de la Basílica de Santa Eulalia de Mérida


Arriba: erigida al parecer en el siglo IV d.C., en la misma centuria que vio en sus comienzos el martirio de Santa Eulalia a las afueras de Emérita Augusta, la Basílica de Santa Eulalia se ha visto levantada, enriquecida, devastada y vuelta a construir a lo largo de los siglos y ligada al devenir histórico de la ciudad, logrando finalmente mantenerse en pie tras la renovación de la misma una vez efectuada la reconquista de la villa, ornamentada nuevamente con piezas artísticas como el púlpito renacentista que aún hoy en día sirve a la liturgia en este sagrado recinto.


Fue, al parecer, un diez de diciembre, concretamente del año 304 d.C., cuando con la muerte de la mártir Eulalia en la antigua Emérita Augusta por defender su derecho a creer en Cristo frente a las normas que, a través del Edicto contra los cristianos imponían, por mandato del emperador Diocleciano, el culto a los dioses paganos a todo ciudadano prohibiendo explícitamente la fe cristiana, cuando nace uno de los cultos cristianos más arraigados en la Hispania del Bajo Imperio Romano, incrementándose después en la Hispania Visigoda, hasta alcanzar su apogeo en los años previos a la llegada de los musulmanes a la Península Ibérica. Era tal la admiración que los cristianos hispanos mostraron ante la valiente actuación de la joven emeritense y su virtuosa, incluso rodeada legendariamente de milagros, muerte, que la tradición oral que cantaba las glorias de la ejecutada ante su pasión y martirio se propagó rápidamente por todos los rincones de Hispania, inclusive el Norte de África y otras regiones europeas cercanas a la Península, recogida para la posteridad por el escritor latino nacido en la antigua Calagurris (actual Calahorra riojana) Aurelio Prudencio, el cual dedicó a Olalla el Canto III de su Peristéphanon o Libro de la Corona de los mártires, colección poética dedicada a los mártires más laureados durante los años de los que fue contemporáneo, circunscrita entre el siglo IV y comienzos del siglo V. Fue este mismo autor hispano el que, supuestamente tras visitar en persona la capital lusitana, alababa la rica decoración con que contaba el edificio que los cristianos habían querido levantar sobre el túmulo funerario o mausoleo original donde se recogían los restos inertes de la santa, quemada y calcinada hasta alcanzar su muerte, ubicado a escasos metros del enclave donde tenían lugar las ejecuciones públicas en época romana, y donde todo apuntaba a ser el mismo terreno donde Eulalia había padecido tormento hasta fallecer.



Arriba: de base poliédrica hexagonal y sostenido por una columna coronada por capitel y cimacio decorados, el púlpito eulaliense se compone básicamente de cuatro tableros o antepechos unidos entre sí por pilastras labradas en piezas de similar naturaleza marmórea, posiblemente obtenidas de vetas de la lusa Estremoz, al igual que el púlpito plateresco de Ribera del Fresno, con el que mantiene gran relación estilística.


Este templo inicial, construido durante el mismo siglo en que Eulalia había sido martirizada, y por ello considerado el primer edificio religioso cristiano en levantarse en suelo hispano tras proclamarse el Edicto de Milán, que permitía la libertad de culto en época de Constantino I o Constantino el Grande, se convirtió rápidamente en lugar de peregrinaje y necrópolis cristiana, siendo dotado por parte de los obispos y arzobispos emeritenses de múltiples obras artísticas que embellecieran el lugar e invitasen a la relajación del alma una vez en el interior de tan sagrado recinto. Según palabras del mismo Aurelio Prudencio, contaba este templo con ricos mármoles y pavimentos musivos de vivos colores que dibujaban una rica pradera floreada dignos de admiración, así como dorados artesonados inspirados en producciones propias de las zonas más orientales del Imperio. Mientras que algunos estudiosos del siglo XX consideraron por contra que este túmulo debió estar abierto al aire libre, y que la rica ornamentación que describe Prudencio era imposible de hallar en el Occidente cristiano del siglo IV, las excavaciones realizadas bajo el suelo de la actual basílica, en los años 90 del pasado siglo, permitieron afirmar que el mausoleo primitivo se ubicaba en el interior de un edificio de planta rectangular y única nave, sin cripta, rematado con ábside semicircular, encajando con la descripción de Prudencio. Por desgracia estas obras de arte y primera fase del templo martirial no sobrevivieron al asedio y saqueo al que, en el año 428, sometieron la ciudad las tropas suevas encabezadas por Hermegario en su lucha contras los vándalos y por mandato del rey suevo Hermerico, gran enemigo del pueblo bárbaro que se había asentado en esta zona central peninsular y que, como los suevos, conformaban una suerte de estados federales sometidos al emperador de Roma, en la última fase del Imperio.



Arriba: enmarcado por una hornacina coronada con arco de medio punto, se refleja en el primero de los tableros del púlpito la figura de San Serván, también conocido como San Servando, portando alfanje de estilo musulmán en recuerdo a su martirio y degollación, mientras que en la parte inferior, tal y como se repite en el resto de placas, figura labrado sobre el mármol su nombre en caracteres latinos.


Tras la destrucción del edificio primitivo, de tipo constantino, se elevó sobre los vestigios del mismo una basílica paleocristiana cuyo diseño marcaría las trazas del edificio religioso actual. Dirigidas las obras en el año 570 por el arzobispo Fidel, posteriormente subido éste a los altares como San Fidel y formando parte el mismo de los Santos Padres de Mérida, se inauguraba un nuevo templo basilical compuesto por tres naves orientadas de Este a Oeste, cerradas éstas con ábsides semicirculares que, años después, serían reforzados al estilo visigodo y de los que se conservaría el central, aún en su uso original en la actualidad. Coincidiría esta segunda etapa del edificio con la  época de mayor florecimiento tanto del mismo como del culto a la santa mártir y virgen. Nueva y rica decoración artística volvió a ornamentar el templo, sin embargo toda la fastuosidad del mismo cayó nuevamente bajo las vicisitudes del trascurrir de la historia, esta vez de la mano de las incursiones y conquista de la Hispania visigoda por parte de los seguidores de Alá, que ocuparán Mérida poco después de vencer al rey Rodrigo en el 711. Si bien las intenciones de los musulmanes en un primer lugar eran de respeto hacia la religión de los ciudadanos hispano-visigodos, el temor a la profanación y destrucción de las reliquias cristianas llevó a los encargados de la custodia de los vestigios de Santa Olalla a repartir los mismos por localidades ajenas a la dominación musulmana dentro de la Península, llegando sus cenizas, en el año 780, a Oviedo, así como posiblemente otras en el siglo IX a Barcelona, ciudad donde la presencia de las mismas apoyará la duplicidad hagiográfica ya vigente en el siglo VII y la consideración de la existencia de una Santa Eulalia propia barcelonesa, nombrada patrona de la ciudad condal.



Arriba: mientras que San Serván, San Germán y Santa Eulalia son patronos de Mérida, nombrados como tal por estar si vida vinculada a la antigua capital lusitana, la aparición de Santiago en el segundo de los paneles del púlpito emeritense responde posiblemente a su relación con la Orden Militar a la que da nombre y a la que fue donada la villa para su protección, presentándose el patrón de España con sus símbolos peregrinos, gorro, concha de vieira, bastón y calabaza, y no con otros mucho más belicosos.


Cuando Mérida es finalmente reconquistada al Islam, en enero de 1.230, durante los últimos días del reinado del leonés Alfonso IX, ayudado éste en su campaña sobre Extremadura por sus tropas cristianas así como por diversas Órdenes militares, fundamentalmente la Orden de Santiago, se encuentran los nuevos gobernantes en el lugar donde antaño se erigió la Basílica de Santa Eulalia con diversos restos de norias y edificios industriales levantados por los andalusíes aprovechando la cercanía de la vega del río Albarregas. La Orden Militar de Santiago, que hará de Mérida sede del Priorato de San Marcos de León, decidirá entre sus primeras actuaciones en la villa la reconstrucción del templo. Sin embargo, y si bien siglos atrás Mérida había logrado convertirse en una de las ciudades más destacadas no sólo dentro de Hispania, sino incluso dentro de la totalidad del Imperio Romano, no logrará la villa la vuelta tras la reconquista de su pasada gloria ni fama, fundamentalmente como consecuencia de la oposición que el obispo de Santiago presentó ante la solicitud de restitución del Obispado emeritense. Repartidas además las reliquias de Santa Eulalia por otras localidades, no retomará la nueva basílica su excelsa posición como lugar de peregrinaje, a pesar de que los vecinos emeritenses seguirán recordando el martirio de su conciudadana año tras año, honrando su memoria y culto y dotando nuevamente al templo con otras fórmulas decorativas y elementos de ornamentación que embellecieran el lugar donde estuvo enterrado el cuerpo de la mártir, destacando entre ellas aquélla con que se dotó a la basílica coincidiendo con una ligera época de auge que vivió la localidad, una vez alcanzado el reinado de los Reyes Católicos, y entre las que destaca un valioso púlpito renacentista.



Arriba: ocupa Santa Eulalia, única figura femenina del púlpito, el tercer tablero de los cuatro que componen el estrado eclesiástico de su basílica, surgiendo de las llamas que la devoraron y portando la palma del martirio entre sus manos, mientras que sostiene a la par un libro en clara referencia a la sentencia dictada por San Pablo y que se puede leer grabada y repartida en la zona superior de los paneles, indicando que los mártires, en base a su vida y su gloriosa muerte, son los que "predicamos a Cristo crucificado".


La llegada de los Reyes católicos al poder, a finales del siglo XV, supuso en lo referente a las Órdenes Militares un cambio trascendental desde dos puntos de vista distintos. Por un lado, y como medida preventiva frente a nuevos alzamientos contra la corona, el Maestrazgo de cada una de las Órdenes pasó  a manos del rey. Por otra parte, los comienzos de la unificación  política nacional, el gran dictamen de nuevas leyes y reformas que consolidaran ésta en todos y cada uno de los aspectos de la vida social española del momento, así como la reconquista definitiva del Reino de Granada en 1.492, dieron paso a una etapa de pacificación y prosperidad económica que permitieron a las Órdenes Militares centrarse en su carácter religioso, del que se habían ciertamente apartado tras siglos de luchas internas y externas. En el caso de la Orden de Santiago, y en cuanto a su presencia en Mérida, se traducirá no sólo en la fundación del Conventual Santiaguista dentro del recinto de la Alcazaba musulmana, sino además en toda una serie de reformas y enriquecimientos de los templos con que contaba entonces la ciudad, y entre los que destacaba la Basílica de Santa Eulalia. Fue uno de estos nuevos añadidos con que se incrementó el patrimonio artístico del monumento emeritense el púlpito renacentista enclavado entre los cuerpos primero y segundo de la nave central, adosado al pilar de planta cuadrada que sostiene en este punto el cerramiento del templo. Además de servir el mismo a la liturgia, se quiso dotar al púlpito de una serie de relieves de grado medio, así como mascarones de diversa talla y tamaño, con que ornamentar y embellecer nuevamente el lugar donde antaño fue sepultada la mártir más conocida y celebrada del lugar.



Arriba: el cuarto y último de los paneles está destinado a albergar la figura del hermano de San Servando, San Germán, que como su familiar aparece representado lejos de su visión más común como joven soldado del Emperador, sino como anciano barbado tocado con larga túnica que, cual eremita, vivió legendariamente en las serranías cercanas a Mérida y bajo las que actualmente se enclava la localidad de Arroyo de San Serván.


Si bien no se conoce con exactitud la autoría de esta pieza artística, así como la precisa datación de la misma, existen diversos aspectos y detalles históricos que nos acercarían a la posible fecha en que este púlpito fue creado. Realizaba por entonces la Orden de Santiago, desde finales del siglo XV y hasta avanzado el siglo XVII, visitas a todas las localidades donadas a la misma o donde tuvieran presencia e intervención, y dentro de éstas a los edificios encargados a su protección y patronazgo y, especialmente, a aquéllos donde se estaban realizando obras de ampliación o reforma, expidiendo informes con cada una de las revistas donde se registrara la situación del edificio y el patrimonio con que contaba el mismo en cada momento. No siguieron estas inspecciones,  a pesar de las intenciones, una periodicidad fijada y estática, conservándose los informes elaborados en relación con aquellas visitas celebradas en 1.553 y 1.603 a la Basílica de Santa Eulalia, no mencionándose la existencia del púlpito en la primera, pero sí en la posterior. Se puede barajar así, con amplia fiabilidad, que fue durante la segunda mitad del siglo XVI cuando fue esculpida la obra renacentista. Si además se tiene en cuenta que el púlpito marmóreo de Ribera del Fresno, de diseño plateresco y factura muy similar a la del emeritense, considerado de creación previa a éste, está fechado en 1.549, se apoyaría así la idea de fabricación del púlpito eulaliense en la segunda mitad de esta centuria. Finalmente, un detalle existente en la misma obra podría concretar más aún la fecha de creación del mismo durante el obispado en Badajoz del que años después fuese proclamado como San Juan de Ribera, cuyo ministerio en la sede pacense trascurrió entre 1.562 y 1.568. Se puede observar concretamente en el balaustre principal de aquéllos que cierran la escalera de subida al estrado eclesiástico, un escudo labrado con el blasón de los Ribera, compuesto en una de sus variantes por seis franjas horizontales onduladas, dibujadas en el interior del mismo, y que bien pudiese hacer referencia al santo sevillano que ejercía su mandato en la diócesis durante la posible creación del púlpito. Se puede encontrar este escudo, sin embargo, salpicando diversos rincones renacentistas de la ciudad, en relación con los antepasados de los Corbo en cuyo mismo palacio, que en su día engulló el colosal Templo de Diana, puede apreciarse el blasón formando parte de aquél que luce sobre la ventana plateresca de su fachada, lo que podría informarnos más bien sobre un posible mecenazgo ejercitado por esta vinculante familia en la Mérida del siglo XVI sobre el púlpito eulaliense.



Arriba: está sostenido el púlpito de la Basílica de Santa Eulalia por una columna cuyo capitel aparece decorado presentando una simbiosis entre motivos vegetales y pequeñas cabezas de niños, entremezcladas éstas con testas animales que algunos han querido identificar con leones, mientras que otros asemejan más a verracos.

Abajo: entre la base del púlpito y el capitel de la columna que lo sustenta, podemos observar un amplio cimacio de cinco lados donde tienen cabida una serie de mascarones de estilo similar a las cabezas infantiles labradas bajo ellos, separados éstos, de ojos almendrados y bucles rizados cayendo sobre su frente, del resto de la columna por pergaminos enrollados.




Está fabricado el púlpito emeritense en mármol o aliox blanco, con ligero tono rosado en algunas de sus placas conformantes y especialmente en varias de las pilastrillas y en la columna principal de aquéllas que cierran los peldaños de subida. Pudiéramos estar, como en el caso del púlpito de Ribera del Fresno, ante mármol de Estremoz, de cuyas canteras se ha proveído Extremadura desde época de dominación romana. El característico color rosa de Portugal propio de algunas vetas marmóreas de esta localidad lusa podría ser el que explique el tono carnoso presente en diversas zonas del púlpito, de base poliédrica, hexagonal en este caso, donde uno de sus lados sería el que permitiera el acceso al interior del mismo, mientras que otro contiguo serviría de unión entre el púlpito y el pilar sobre el que se apoya. Los cuatro lados restantes quedarían guardados por cuatro placas o antepechos unidos entre sí por sus esquinas a través de cinco pilastrillas labradas sobre piezas individuales de talla similar a aquéllas que presentan las columnas que componen el balaustre de la escalinata, y que sostienen la cornisa que cierra el púlpito superiormente. El interior de cada uno de las cuatro tableros muestra, labrados en medio relieve y encerrados en hornacinas coronadas con arco de medio punto, cuatro personajes religiosos vinculados a la vida religiosa de la localidad, constando, por orden de aparición y lectura de izquierda a derecha, San Servando, Santiago, Santa Eulalia y San Germán.



Arriba: está la escalera de subida al podio rematada por una balaustrada compuesta por cuatro columnillas antecedidas por un gran balaustre de similar talla pero mayores dimensiones, rehechas las primeras en base a las pilastras que sirven de unión a las tablas del púlpito, conservándose como original sin embargo el balaustre primero.

Abajo: vista detallada de la parte superior del balaustre principal del que arranca la escalera de subida al púlpito emeritense, donde se pueden apreciar, en un tono rosado propio de algunas vetas del mármol de Estremoz, el florón que lo culmina así como el escudo de los Ribera, posible referencia a San Juan de Ribera, obispo de Badajoz entre 1.562 y 1.568 bajo cuyo ministerio y mecenazgo pudo fabricarse esta obra y pieza de arte, o bien a la familia de los Corbo, vinculante en la Mérida del siglo XVI.





Mientras que Santiago figuraría, muy probablemente, por su vinculación con la Orden Militar a la que da nombre, y bajo cuya protección se fundó ésta en pro de defender el camino que llevaba a su supuesta tumba, el santoral restante compondría la tríada de mártires que encabeza el listado de santos cuya vida trascurrió, totalmente o parcialmente, en la ciudad de Mérida, proclamados éstos concretamente como patronos de la localidad. Así, San Servando, también conocido como San Serván, y San Germán, hermanos uno del otro y considerados tradicionalmente hijos del también elevado a los altares centurión San Marcelo, nacieron al parecer en Emérita Augusta a finales del siglo III, alcanzando su martirio, como en el caso de Santa Eulalia, durante la persecución a los cristianos dictada por Diocleciano, en el año 305 d.C., ocurrida a las afueras de la Cádiz romana, en el actual término municipal de San Fernando. Figuran los dos mártires y hermanos representados bajo una iconografía que dista de aquélla más popular que los muestra como jóvenes soldados del Emperador. Por el contrario, se mantiene una imagen de los mismos como eremitas ancianos y barbados tocados con largas túnicas que portan, como símbolo de su pasión, alfanjes de estilo musulmán en recuerdo de la degollación a la que fueron sometidos como medida de ejecución. Coincide esta imagen con aquélla reinante en la comarca, especialmente la que podemos encontrar en la cercana Arroyo de San Serván, donde los hermanos comparten el patronazgo de la localidad por estar ésta enclavada a los pies de una serranía que sirvió, según una variante de la leyenda hagiográfica que narra la vida de los mártires emeritenses, como enclave para ejercitar su vida eremita.



Arriba: tras la fabricación del púlpito renacentista, se quiso rematar la obra con un tornavoz de estilo mudéjar posiblemente relacionado con el artesonado de tracería de herencia hispano-musulmana con que aún hoy en día se cubre el interior del edificio basilical, enriqueciéndose así, una vez más, el interior de este recinto sagrado que, si bien perdió gran parte de su ornamentación con el devenir de la historia, el mismo trascurrir de los años y paso de distintos pueblos por la antigua Emérita Augusta ha permitido que el santuario haya podido volverse a nutrir de bellas obras de arte.


San Jacobo, también conocido como San Yago, o popularmente denominado Santiago, muestra en la segunda de las placas su simbología peregrina, careciendo por el contrario de los símbolos de su martirio u otros elementos que lo vinculen con la Reconquista y sus legendarias apariciones en plena batalla y auxilio de las tropas cristianas frente al Islam en suelo hispano. Tocado con gorro donde luce la concha de vieira santiaguista, sostiene en su brazo izquierdo un bastón del que cuelga una calabaza. Eulalia, por su parte, es la única de las cuatro figuras que porta la palma del martirio, mientras que vuelve a presentarse con los símbolos de su pasión, surgiendo de entre las llamas que devoraron el cuerpo de la joven. En su mano izquierda, de similar manera a como lo hacen San Serván y San Germán, mientras que Santiago lo presenta en su mano derecha, sustenta un libro. Si bien ninguno de éstos mártires escribió literalmente libro alguno donde narrara sus vivencias o explicase la razón de su fe, se consideraría, por el contrario, que su vida dedicada a Cristo, y más aún su muerte defendiendo la fe en Él, sería una obra de la que seguir ejemplo tomada como doctrina para todo buen cristiano. Se enmarcarían así dentro de la sentencia de San Pablo, por la cual "nos autem predicamus Christum Crucifixum" ("pero nosotros predicamos a Cristo crucificado"), figurando ésta labrada en el frontal del mismo púlpito y dividida entre los márgenes superiores de cada tablero (NOS AVTEM / PRAEDICAMVS / CHRISTVM / CRVCIFIXVM). Bajo la hornacina que recoge cada figura religiosa se escribe, en latín, el nombre de la misma (S. SERVANDVS; S. IACOBVS; S. EULALIA; S. GERMANVS). Si bien las funciones litúrgica y ornamental bajo las que fue diseñado el púlpito quedan fuera de toda duda,  podríamos contar también con la función propagandística del mismo y difusora del mensaje de las sagradas escrituras y fe en Cristo que las representaciones allí presentes han realizado desde su creación y colocación dentro del inmueble, algo común y habitualmente perseguido por la mayoría de las creaciones religiosas a lo largo de los siglos, y de la que el púlpito emeritense no estaría exento.



Arriba: ubicado junto a uno de los pilares que sostiene el cerramiento del edificio, entre los cuerpos primero y segundo de la nave central, el púlpito renacentista se mantiene en su ubicación original desde que allí fuese emplazado en la segunda mitad del siglo XVI, diseñado en base a sus funciones litúrgicas, pero también como ornamentación del templo y elemento desde el cual ejercer la función propagandística de la doctrina católica ayudado por los mártires que allí tienen cabida y cuya vida y muerte son ejemplo a seguir por todo buen cristiano.


Sirve como pedestal al estrado eclesiástico emeritense una columna cuyo capitel se sirve como decoración de una simbiosis de motivos vegetales en su arranque, coronados por cuatro cabezas de niños alternas con otro cuarteto de testas de lo que muchos han querido ver como leones, si bien pudieran semejarse más bien con verracos.  Sobre ellos figura un cimacio poliédrico de cinco lados, alojándose en cada uno de los laterales un mascarón de gran tamaño, similar en su talla a las cabezas de niños ubicadas bajo ellos, de ojos almendrados y cabello rizado cuyas ondas caen sobre la frente de los infantes, separados los de un nivel y otro por rollos de pergamino enroscados. Culmina la obra, en su parte posterior, con una balaustrada que protege la escalera de subida al podio cuyas columnas, en número de cuatro y similares a los pilares labrados en las juntas de unión de los tableros, han sido rehechas tomando como modelo las mencionadas y conservadas en el antepecho del púlpito. Es original, sin embargo, el balaustre principal o mayor que da inicio a la escalera y del que parte la barandilla de la balaustrada, de talle idéntico a los balaustres que separan los paneles pero de mayor tamaño que el resto de columnas de la escalinata,  rematado con florón. Remata a su vez toda la obra un tornavoz de madera realizado bajo el más puro estilo mudéjar, posiblemente elaborado a la par que la cubierta principal del templo o artesonado de tracería de herencia hispanomusulmana, fabricado durante la segunda mitad del siglo XVI y con el que, nuevamente, vuelve a enriquecerse ornamentalmente este edificio religioso que, si bien perdió casi la totalidad de su herencia artística con el paso de los años y el devenir de la historia, ha logrado no sólo mantenerse en pie con el tiempo recogiendo en él vestigios de cada etapa vivida por la ciudad, reuniendo además donaciones culturales de cada uno de los pueblos que hicieron de Mérida su hogar, luciendo tesoros artísticos de los que puede señorear la capital de la región y que, como en el caso del púlpito renacentista de la Basílica de Santa Eulalia de Mérida, cobra valor por sí solo anunciándose como toda una joya de las artes plásticas de Extremadura.



Arriba: la Basílica de Santa Eulalia de Mérida, conformada no sólo por el templo en sí sino además por otros elementos enmarcados a su alrededor, como el conocido Hornito de Santa Eulalia, reúne en sí vestigios históricos y artísticos de todos los pueblos que han hecho de Mérida su hogar, alcanzando por tal motivo la iglesia parroquial su proclamación como Bien de Interés Cultural, en la modalidad de monumento, en 1.913 (Gaceta de Madrid de 26 de febrero de 1.913, nº 57).

(La Basílica de Santa Eulalia de Mérida, ubicada en la Avenida de Extremadura de la capital regional, puede visitarse gratuitamente en horario de culto, manteniéndose abierta además y habitualmente durante gran parte del resto del día en base a la gran devoción que los emeritenses sienten por su patrona y alcaldesa perpetua de la ciudad, lo que nos permitirá no sólo poder visitar este monumento extremeño, sino disfrutar de las obras de arte que guarda en su interior, y entre las que destaca el púlpito renacentista).

sábado, 10 de diciembre de 2011

Restos del Templo de Marte en el Hornito de Santa Eulalia de Mérida


Arriba: levantada junto a la Basílica de Santa Eulalia sobre el lugar donde, según la tradición, padeció martirio y muerte la joven virgen emeritense, esta capilla conocida como Hornito de Santa Eulalia conserva en su atrio diversos restos del Templo de Marte reutilizados en su construcción, clara muestra del sometimiento que la historia aguardaba a las religiones paganas frente a la nueva religión cristiana.

Cuenta el poeta hispanolatino Prudencio en su himno dedicado a la mártir Eulalia de Mérida, publicado poco antes de la muerte del erudito a comienzos del siglo V junto con otras obras poéticas basadas en la religión cristiana, que el día 10 de diciembre del año 304 una joven de nombre Eulalia nacida doce años antes en la que por entonces aún se denominaba Emérita Augusta, se presentó ante el gobernador de la ciudad, de nombre Daciano, para protestar frente al decreto que el emperador Diocleciano había dictado prohibiendo el culto a Jesucristo y la liturgia cristiana. Ante las palabras de la joven Daciano decidió conseguir su retractación ofreciéndole diversos regalos e invitándola a adorar a los dioses paganos. Eulalia no sólo no accedió, sino que tiró por los suelos los presentes y ofrendas, escupiendo a la cara del dirigente. Mandó entonces el pretor que la apresaran y torturaran hasta la muerte, azotándola y abriéndole la carne con garfios, introduciendo teas encendidas en las heridas y quemándole finalmente los miembros y los cabellos. Envuelta en llamas, la joven falleció, surgiendo milagrosamente y según diversos testigos de su boca una blanca paloma que se elevó a los cielos, del que después cayó una copiosa nevada que cubriría el cuerpo desnudo y calcinado de la mártir.



Arriba: vista general del pórtico de la Capilla de Santa Eulalia, erigido en el siglo XVII durante la reforma de la ermita, y para la cual se reaprovecharon diversos vestigios hallados en aquella época y pertenecientes al antiguo Templo de Marte, adquiridos por el Ayuntamiento de la ciudad para honrar con esta obra a su Patrona y Perpetua Alcaldesa.



Arriba y abajo: de mármol rosáceo veteado y coronados por blancos capiteles de orden corintio, los dos fustes de origen romano y 1,80 metros de altitud que actualmente sustentan sendas esquinas del atrio del Hornito emeritense bien pudieron ser partes conjuntas de la misma columna, partida para mejor reutilización en esta capilla.



Al relato de Prudencio añade la tradición oral cristiana varios martirios más, hasta un total de trece tormentos recogidos por Bernabé Moreno de Vargas en su Historia de la ciudad de Mérida. Será de todos ellos el más popular aquél que cuenta cómo Eulalia fue introducida dentro de un horno de cal con la idea de abrasarla viva. La leyenda de su martirio indica que no sufrió quemadura alguna dentro de él, decidiendo entonces las autoridades sacarla para, conduciéndola despojada de ropas por las calles de la capital lusitana, llevarla a la plaza donde habitualmente se ejercían las ejecuciones públicas y continuar con los tormentos hasta alcanzar su muerte final allí. Un supuesto primer milagro se produjo entonces al elevarse una densa niebla desde el río que ocultaba el cuerpo desnudo de la joven mientras caminaba por la ciudad, librándola de la humillación que tal acto conllevaba. Una vez llegados al lugar de los ajusticiamientos y tras continuar con diversos castigos,  Eulalia fue quemada con antorchas hasta lograr su defunción. El horno donde inicialmente fue martirizada pasaría posteriormente a convertirse en símbolo de la santa, mientras que en el lugar donde falleció se elevó, durante el reinado de los Reyes Católicos, una capilla denominada Hornito de la Santa para honrar a la mártir, enclavada junto al lugar donde los cristianos vecinos y contemporáneos de la santa la sepultaron y sobre el que se erigió la Basílica de Santa Eulalia.



Arriba: presidiendo el atrio del Hornito, como posiblemente así lo hiciese en el pórtico del templo del que procedía, el friso del dintel central presenta la más destacada de las cuatro inscripciones que podemos encontrar en este pórtico religioso, con cuatro palabras latinas que permiten barajar datos diversos sobre este desaparecido monumento religioso romano.


Arriba y abajo: escritas en castellano y datadas durante la rehabilitación de la capilla a comienzos del siglo XVII, dos inscripciones hacen referencia a dicha remodelación aportando diversos datos que perpetúan dichas obras facilitando además el estudio de la misma, colocadas sobre el arquitrabe central, y a la izquierda del mismo, respectivamente.




La Capilla de Santa Eulalia u Hornito de la Santa fue erigida inicialmente en 1.498 en estilo gótico donde el pueblo había querido ver las huellas de un antiguo horno de planta redonda, asimilándolo con aquél donde la santa fuera antaño martirizada y coincidiendo con ser el lugar donde se ubicaba el antiguo solar de ejecuciones. Se construyó en tal enclave una primera capilla de menudas dimensiones y humilde fábrica, con muros de mampostería y arco de cantería, guardando en su interior una imagen de madera policromada sobre Santa Eulalia, reformándose profundamente siglos después, durante el siglo XVII, bajo un ideal barroco que condujo al resultado y fisonomía final que actualmente conserva, intentando emular en todo momento el horno donde la santa fue martirizada. Fue esta segunda obra acabada en 1.612, según consta en el mismo monumento, atribuyéndose las actuaciones al maestro Hernando de Contreras, contando como más destacada reforma del edificio el añadido de un atrio de planta rectangular frente a la portada del monumento, para cuya construcción se utilizaron diversos elementos descubiertos por la época en la ciudad , restos atribuidos al pórtico de un antiguo templo que los romanos dedicaron al dios Marte.



Arriba: una serie de medallones aparecen esculpidos a lo largo de los dinteles del pórtico, tallados en su mayoría por los antiguos trabajadores romanos, alternándose florones y cabezas femeninas que algunos han querido identificar con Medusa, mientras que otros estudiosos se decantan más por la representación de la Victoria.



Arriba: mientras que las cabezas femeninas que ilustran los medallones presentan grandes similitudes entre ellas, los florones se subdividen a su vez en dos tipos, con hojas de acanto en unos y palmetas en el resto.
Abajo: detalle de algunos de los medallones que podemos encontrar en el dintel central del atrio emeritense, pertenecientes a una de las porciones de arquitrabe partido que se rescató del antiguo Templo de Marte.


Abajo: mientras que los dinteles central e izquierdo conservan los medallones de factura original romana, el friso de la derecha presenta sus relieves retallados durante la reconstrucción de la ermita, apreciándose en los mismos un estilo claramente distante de los primitivos.



Ubicado según la tradición en el solar donde después se trazó la antigua Plaza de Santiago, perteneciente al conjunto que conformaba el Foro municipal, o según otras voces a las afueras del recinto amurallado de la primitiva ciudad y cerca de la vega del río Albarregas, del antiguo Templo de Marte se pudieron rescatar para su uso en la reforma del Hornito cuatro arquitrabes completos, con friso y cornisa, así como restos de otros dos, más dos columnas con capitel y una basa original, marmóreas piezas esculpidas siguiendo el orden corintio. Se desconocen más datos sobre este edificio religioso emeritense, así como su datación, dimensiones u otras noticias sobre su historia y uso. Sin embargo y a raíz de una inscripción conservada en uno de los frisos rescatados, está clara la consagración del pasado templo al dios de la guerra, de gran devoción en un belicoso mundo romano y posiblemente muy valorado en una ciudad fundada para alojar a eméritos legionarios que conocieron las durezas de las guerras y las atrocidades de las batallas en sus propias carnes. La aparición en dicha inscripción del nombre de la mecenas, llamada Vettilla, esposa de Paculo, ofrece además una posibilidad gracias a la cual poder barajar una posible fecha de construcción de este desaparecido monumento religioso, al conocerse la existencia de una dama de alta posición y gran solvencia económica, de nombre Domitia Vettilla, casada con Roscius Paculus, gobernador de la Lusitania durante la época Antonina, en la segunda mitad del siglo II d.C. El estilo de los relieves conservados parece apoyar esta teoría cronológica que propone el último cuarto del siglo II como fecha de aparición del templo pagano.



Arriba: vista general del dintel izquierdo del atrio del Hornito eulaliense, donde se aprecian el arquitrabe y friso romanos, careciendo de cornisa latina que sí se conserva fragmentada y por el contrario al frente, con rica  decoración corintia a base, entre otros motivos, de acasetonados.
Abajo: sofito del arquitrabe izquierdo cuyo relieve presenta las mismas directrices compositivas que el resto de los conservados, introduciendo al espectador en el mundo bélico contemporánea a su época de fabricación.


Abajo: a la izquierda del medallón central del sofito mencionado anteriormente, una coraza donde dos tritones se desafían sostiene un clípeo decorado con una legionaria águila capturando una serpiente.




Arriba: el medallón central izquierdo presenta una escena de triunfo y botín, con dos cautivos sometidos bajo una armazón que sostiene la coraza, yelmo y escudos de los vencedores.
Abajo: rodeado de elementos militares y armaduras relacionadas con el mundo de los gladiadores, la coraza de la derecha sujeta un escudo donde un caballo alado, posiblemente Pegaso, pace con sus alas elevadas.



Tallada en letras de gran tamaño de las que se conservan las cavidades, posiblemente rellenas en su inicio con caracteres de bronce, la inscripción latina que preside el friso reutilizado como dintel central del nuevo pórtico cristiano permite leer la sentencia latina MARTI. SACRVM / VETTILLA. PACVLI, traducida al castellano como "Consagrado a Marte por Vettilia, esposa de Paculo". También en latín aparece una segunda inscripción, ubicada bajo la anterior pero de clara datación posterior y posible redacción contemporánea a la reforma barroca, en la que se puede leer IAM. NON. MARTI. SED IESVCHRISTO D. OP. M. / EIVSQE. SPONSAE EULAL. VR. MR. DENVO CONSECRATVM. ("Iam non Marti, sed Iesu Christo D.O.M. eiusque sponsae Eulaliae Vir. Mart. denuo consecratum"), entendido en castellano como "Ya no a Marte, sino a Jesucristo y a su esposa Eulalia se consagró de nuevo". Otras dos inscripciones más completan la epigrafía que decora, data e historia el atrio oratorio. Escritas en castellano y fechadas como la anterior durante la reconstrucción que sufrió la capilla en el siglo XVII, sus sentencias no hacen referencia esta vez a la consagración del templo inicial ni a la del edificio religioso actual, sino a la reconstrucción del mismo finalizada en 1.612 y a la reutilización para este acometido de diversos mármoles romanos encontrados entre las ruinas de la ciudad. Así, a la izquierda del friso central podemos leer "Estas piedras de mármol / se hallaron labradas / de las ruinas de esta ciudad", coronando por otro lado la epigrafía romana capitular una estela donde se resumen las obras ejecutadas durante el Siglo de Oro: "Año de Cristo de 1612, la ciudad de Mérida con sus limosnas y de su jurisdicción reedificó este Hornito, que es el propio sitio donde fue martirizada la Virgen santa Olalla, Patrona, y natural de ella, siendo Gobernador D. Luis Manrique de Lara, Caballero del Hábito de Santiago".



Arriba: aspecto general que presenta el arquitrabe central de los preservados en la capilla, tallado en su frente durante el siglo XVII con una sentencia latina que hace referencia a la nueva consagración de estos mármoles, y cuyo sofito muestra posiblemente el mejor conservado de los relieves mantenidos.


Arriba: apoyado sobre una coraza con la cabeza de Medusa en su pecho labrada, un escudo con decoración vegetal y no figurativa se exhibe a la izquierda del relieve del arquitrabe central.
Abajo: entre los elementos que complementan el total del espacio destinado en este sofito central al relieve alegórico, tres animales campan entre armaduras y armamento, visualizándose al jabalí, un gallo y una cabeza de lobo, símbolos de la deidad a la que iba consagrada la obra.




Arriba: el medallón central del dintel que posiblemente ocupó el frente del pórtico del antiguo templo nos presenta a la diosa Victoria semidesnuda y alada, portando en su mano derecha un instrumento usado para la escritura, mientras que con la izquierda sostiene un escudo colocado sobre un tronco de palmera, emulando la misma composición que en muchas monedas y medallas contemporáneas a esta obra rememoraba triunfos obtenidos por el Imperio.



Arriba: un sinfín de elementos bélicos rellena la totalidad de los relieves de la cara inferior de los arquitrabes, horror vacui muy utilizado durante el siglo II d. C. y que apoya la teoría que presenta la datación de esta obra durante tal época de reinados antoninos.
Abajo: a diferencia del escudo contrario, el clípeo de la derecha del arquitrabe central encierra en su interior un grifo alado con su garra derecha apoyada en un arbusto, animal mitológico de gran fortaleza y bravura muy utilizado por los romanos en sus decoraciones.




Un total de veintiséis medallones y restos de otros tantos circundan el pórtico esculpidos en suave bajorrelieve en la cara exterior de los tres frisos completos utilizados como dinteles del mismo, figurando también en una de las dos porciones de arquitrabe partido conservadas. Con once en el friso izquierdo, nueve en el derecho y seis en el frente, éstos se subdividen a su vez según el motivo representado en el mismo, alternándose equitativamente los rostros mitológicos con otros motivos vegetales, contándose hasta catorce cabezas y doce florones con palmetas y hojas de acanto alternativas. Mientras que los medallones del frente así como los del lado izquierdo no presentan diferencias en su fábrica, aquéllos tallados en el friso derecho muestran signos de haber sido retallados durante la remodelación de la capilla. Sin embargo la temática no varía de unos a otros, adivinándose las cabezas como de género femenino, con el pelo suelto y compuesto por libres rizos, coronadas por alas, queriendo ver algunos estudiosos en ellas a Medusa, mientras que otros se decantan por la representación de la Victoria, alegoría plenamente relacionada con el dios de la guerra al que iban destinadas estas labores artísticas y piezas arquitectónicas.



Arriba: visión general de uno de los dos fragmentos de arquitrabe partido rescatados de las ruinas del antiguo templo de Marte, alojado actualmente a la izquierda del arquitrabe central y formando parte junto a éste del dintel frontal del pórtico, conservando como las demás piezas arqueológicas sus cimacios exterior e interior.
Abajo: detalle del relieve inferior conservado en mencionado arquitrabe, donde un escudo con decoración vegetal sobrevive cerca del capitel romano igualmente preservado en este monumento.



Arriba y abajo: los restos de la segunda porción de arquitrabe fragmentado se ubica, al igual que el primero, en el dintel central del pórtico eulaliense, en su extremo derecho, conservando de manera bastante similar a su hermano opuesto un escudo con decoración no figurativa en su sofito, apoyado sobre una coraza.



Si bien los medallones esculpidos en los frisos latinos decoran gustosamente los laterales del atrio de la capilla emeritense, no son éstos posiblemente los que presentan la que podríamos considerar como mejor labor decorativa de aquéllas que se conservan del antiguo Templo de Marte. En los sofitos o lados inferiores de los arquitrabes preservados aparecen relieves de estructura y composición bastante similar entre sí cuya labor de excelsa calidad y bello acabado, así como su buen estado de conservación, sorprenden gratamente como posiblemente ya lo hiciesen antaño, colocados en el pórtico del desaparecido templo como decoración intercolumnia del mismo. Contamos hoy en día con tres relieves completos a los que habría que añadir dos porciones más, pertenecientes a las dos fracciones de arquitrabe partido que se conservan. Mientras que en cada lateral se ubica un arquitrabe completo, con su relieve correspondiente, el lado central del atrio aparece con una pieza entera colocada en el punto medio, estando las dos porciones fragmentadas depositadas a cada uno de los lados de la misma, respectivamente.

La estructura que presentan los relieves ideados para ser esculpidos en los sofitos de estas piezas marmóreas voladizas se repite de manera general en cada uno de ellos. Un medallón central preside la composición, mientras que en cada extremo del dibujo figuran corazas militares sobre las que se apoya un escudo o clípeo, armas defensivas que presentan a su vez una decoración interior acorde con la temática de toda la serie. El resto del espacio rectangular que emplea el relieve en sí figura ocupado por un sinfín de elementos igualmente relacionados con el mundo bélico así como con el de los gladiadores, toda una colección de armas y armaduras contemporáneas a la época del tallado, lanzas y flechas, espadas y hachas, yelmos, cascos, escudos, arietes, trompetas y ruedas, entre los que campean símbolos que aluden al dios de la guerra, como el gallo, el lobo y el jabalí, o incluso el buitre, generando como resultado una composición donde el horror vacui aparece presente y donde todos los elementos aluden a la lucha y al mundo guerrero-militar para satisfacer a la deidad a la que iba ofrecida este trabajo artístico.



Arriba: aspecto general que presenta el arquitrabe reutilizado como dintel derecho en la ermita emeritense, de similares características a su compañero izquierdo y que, como aquél, no conserva la cornisa original.
Abajo: el sofito del arquitrabe derecho presenta un relieve decorativo no sólo de similares patrones a los demás, sino además de gran similitud al izquierdo, repitiéndose los motivos que decoran los clípeos y medallones centrales.



Arriba: apoyado sobre una coraza sin decoración en su pecho, un clípeo ocupado por un águila cazando una sierpe y colocado en el extremo izquierdo del arquitrabe presenta un motivo similar al presentado en el relieve del dintel opuesto, diferente sin embargo en sus formas y postura.
Abajo: semejante al medallón central del dintel izquierdo, dos cautivos permanecen atados y arrodillados bajo una coraza romana en esta medalla, representación de los triunfos de Roma frente a los pueblos bárbaros.



Abajo: nuevamente un caballo alado o Pegaso figura en el escudo de la derecha del arquitrabe oriental, diferenciándose del localizado en el dintel opuesto por su postura galopante, adivinándose junto al clípeo y asomando por detrás de la coraza sustentante la cabeza de un buitre, animal que simbolizada al dios de la guerra.



Un armazón cruciforme o el tronco de un árbol de cuyas ramas cuelgan diversos trofeos, entre los que figuran una coraza, un yelmo y varios escudos, y bajo el que están atados dos cautivos, es el emblema que aparece esculpido en el medallón central que preside el relieve conservado en el arquitrabe ubicado a la izquierda del pórtico del Hornito. A su extremo izquierdo, una coraza sostiene un escudo donde puede apreciarse un águila pisando una serpiente. La coraza sobre la que se asienta aparece decorada con dos tritones en actitud desafiante el uno frente al otro. Al lado contrario, un caballo alado, bien el mismo Pegaso, eleva sus alas dentro del escudo que lo encierra, apoyado sobre una coraza donde el mal estado del relieve impide verificar con claridad el motivo representado en su pecho, pudiendo adivinarse una pequeña figura en el costado izquierdo de la armadura. Algunos estudiosos han querido ver en ella a dos soldados acompañados del águila legionaria. Otras voces apuntan a la diosa Victoria alada acompañada de un niño o personaje mitológico infantil. El arquitrabe de la derecha exhibe los mismos motivos en su medallón central y escudos laterales que el anterior, aunque difieren los bajorrelieves de las corazas, sin labor alguna en el pecho de aquélla ubicada a la izquierda del medallón, y exhibiendo la colocada a su derecha una cabeza alegórica de la Victoria, o de Medusa, al estilo de las figuradas en los medallones de los frisos del templo. 

El arquitrabe colocado como dintel del lado central y en cuyo friso reza la inscripción que señala la consagración del templo al dios de la guerra, presenta posiblemente la mejor y más completa labor escultórica si cabe de todas las conservadas y presentes en el atrio de la capilla. Es su medallón central ligeramente de mayores medidas que los alojados en los relieves laterales, clara muestra de la importancia que esta pieza arquitectónica tuvo en el antiguo templo, apareciendo en el interior de esta medalla la diosa Victoria alada y semidesnuda, con el torso al descubierto y portando en su mano derecha un instrumento de escritura, mientras que con la izquierda sostiene un escudo apoyado sobre un tronco de palmera. A su izquierda encontramos una coraza nuevamente decorada con una cabeza de mujer alada, sosteniendo un escudo con decoración no figurativa. A la derecha, por el contrario, el escudo encierra a un grifo alado que apoya su garra derecha sobre un arbusto. La coraza que lo sustenta presenta un águila en el pecho, símbolo del ejército romano que debía a Marte tantas victorias.



Arriba: un cuarto arquitrabe completo se rescató de entre los vestigios del Templo de Marte emeritense, colocado como escalón de acceso al Hornito al frente del mismo hasta 1.942, año en el que se sustrajo del monumento para mejor conservación de este elemento arquitectónico, actualmente expuesto en el Museo Nacional de Arte Romano de Mérida.


Los relieves subsistentes en las dos porciones de arquitrabe fragmentadas conservan un escudo en uno de ellos, así como otra de estas armas defensivas, con la coraza correspondiente que lo sostiene, en el siguiente. Ambos clípeos presentan una decoración no figurativa, al igual que la coraza preservada y perteneciente al fragmento de arquitrabe colocado a la derecha del central. El cuarto arquitrabe completo que se recuperó del antiguo templo y que hasta bien entrado el siglo XX sirvió con escalón de acceso a la capilla, presenta en su medallón central un águila sosteniendo entre sus garras una liebre, e intentando capturar con el pico una serpiente. El mal estado en que se encontraba esta pieza arquitectónica y el peligro que suponía su ubicación como escalón para la conservación de la misma llevó a retirarla del lugar en 1.942, exhibiéndose actualmente en el Museo Nacional de Arte Romano de Mérida.

Los restos del Templo de Marte conservados en el Hornito de Santa Eulalia de Mérida fueron declarados Monumento Nacional en 1.913, actual Bien de Interés Histórico Cultural con la categoría de Monumento (Gaceta de Madrid nº 57, de 26/02/1.913).

Cómo llegar:

Aunque antiguamente tanto la Basílica como el Hornito de Santa Eulalia se encontraban a las afueras de la Muy Noble, Antigua, Grande y Leal Ciudad de Mérida, el crecimiento de la urbe ha conllevado la inclusión de ambos monumentos dentro del casco urbano, próximos al casco antiguo emeritense. Enclavado en la denominada como Avenida de Extremadura, al noreste de la localidad, llegar al Hornito es sencillo si partimos desde la Plaza de España y continuamos por la comercial calle de Santa Eulalia, siguiendo después en línea recta por la Rambla del mismo nombre. Aparecerá ante nosotros esta capilla de gran devoción popular donde los restos del Templo de Marte sirven hoy en día como sustento a la memoria de la mártir que las propias autoridades romanas ajusticiaron, clara muestra del caprichoso devenir de la historia que dictaminó la desaparición de las religiones paganas frente a un cristianismo que habían seriamente perseguido y condenado, y que escribía ahora un nuevo rumbo en la vida de la ciudad, de la región y del mundo occidental.
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