sábado, 8 de mayo de 2021

Imagen del mes: Ruinas de la iglesia de Nuestra Señora del Vado, en Cabezuela del Valle

 

 Engullidos hoy en día por las construcciones que componen los aledaños nororientales de la población cabezueleña, los vestigios de la que fuese iglesia de Nuestra Señora del Vado recuerdan desde la orilla derecha y poca distancia del río que atraviesa el fértil valle al que éste, Jerte, da nombre, la existencia del núcleo poblacional del cual ésta era parroquia, bautizado como Vadillo y cuya relevancia urbanística, aún dependiente de su vecino sureño, queda atestiguada por los retazos de tal templo católico, donde el arranque de un arco gótico ornamentado con las características bolas del estilo isabelino, así como un torreón-campanario que, adyacente, guarda relación arquitectónica con un estilo propio entre las cercanas iglesias castellanas, testimonian tiempos pretéritos cuando el monumento se mantenía en el uso para el que fuese destinado, hasta la completa despoblación y abandono definitivo del lugar a raíz de la primera de las Guerras Carlistas que a lo largo del siglo XIX conociera España.

Cabezuela del Valle (Cáceres). Siglo XV; estilo gótico.

 
Arriba y abajo: ocupada hoy lo que fuese única nave del sacro recinto parroquial de Vadillo por la vegetación y diversas moles pétreas, originarias posiblemente éstas del templo -o desaparecidos edificios circundantes- junto al que ven discurrir el paso del tiempo (arriba), se conserva en pie en derredor de la misma el arranque de los muros del evangelio y epístola que, a izquierda y derecha respectivamente de los pies de la iglesia, bordeasen primitivamente el espacio central (abajo, y siguiente), igualmente conservadas las bases y esquinas septentrionales de lo que fuera el sacro cabecero (abajo, tercera imagen), constituidas éstas por sillares que han propiciado su preservación, compuesto de mampostería la mayor parte de la restante fábrica del monumento, menos resistente al devenir de los años que, en el inmueble cabezueleño, a pesar de que se viese restaurado el edificio tras el fatídico paso de las tropas francesas por el enclave durante la Guerra de la Independencia, ha traído la ruina y semidesaparición del mismo, una vez abandonada oficialmente la población en 1.837 en pleno trascurrir de la primera Guerra Carlista, convertido en el refugio de escasos vecinos tras superarse la desolación a la que se viese sometido durante la contienda franco-hispana de 1.808, devastando las huestes napoleónicas el lugar hasta quedar sólo en pie 10 de sus casas, sin que el fin de la guerra civil con que se iniciase el reinado de Isabel II supusiera una nueva vuelta de habitantes a un lugar que siempre dependiese administrativamente de Cabezuela del Valle, concebida como aldea de realengo y regida por alcaldes pedaneos vinculados con la primera, disfrutando tan solo de independencia poblacional cuando se viera constituido el caserío como municipio en 1.834, poco antes de acontecer el declive definitivo de su historia, figurando ya como despoblado, con sólo tres casas en pie, en el Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico de Pascual Madoz de 1.849.
 

Abajo: apenas conservados ciertos vestigios de lo que fuesen pies del sacro inmueble, observados principalmente en la esquina donde éstos quedasen unidos al lado de la epístola, posiblemente contó la iglesia de Nuestra Señora del Vado con una portada inscrita en tal lateral occidental del edificio, preservado sin embargo el acceso que diera paso a la nave desde el muro meridional (abajo), permitiendo al feligrés adentrarse en el espacio donde antaño se venerase a la Virgen bajo cuya advocación fuese bautizado el templo, talla gótica policromada y labrada en madera de nogal, originaria de la escuela castellana y alcanzando el metro de altura, basada en una representación mariana donde la Madre de Dios, en pie, sostiene al Niño en su brazo izquierdo, mostrando María en su mano derecha, al igual que su Hijo entre sus dedos, un higo -conocida por tal motivo también entre la población como Virgen del Higo, conservada y expuesta hoy tras ser restaurada en 2.017 por el afamado taller vallisoletano de Francisco Boldo, en el conocido como Retablo de la Concepción, dentro de la parroquia cabezueleña de San Miguel Arcángel-, fechada entre fines del siglo XV y comienzos del XVI, contemporánea así presuntamente a la propia iglesia donde quedase cobijada, permitiendo las bolas ornamentales adyacentes a los vestigios del arco apuntado que, además de marcar la separación entre sendos tramos de que constase el recinto, sustentase un posible tejado a dos aguas que cubriese, quizás junto a un artesonado, el interior de la capilla (abajo, imágenes segunda y tercera), situar su fecha de fabricación durante el reinado de los Reyes Católicos, época durante la cual proliferase tal motivo decorativo dentro del llamado gótico isabelino, procedente posiblemente los retazos de enlucido y esgrafiado aún visibles entre los muros del edificio de épocas posteriores (abajo, imágenes cuarta y quinta), quizás de alguna de las reformas ejercidas sobre el bien, puesto en valor tras el saqueo que sufriera el sitio durante el trascurso de la decimonónica Guerra de la Independencia.

 


Abajo: perteneciente a la iglesia pero concebido y erigido como edificio externo e independiente a ésta, el torreón que sirviera de campanario a la parroquia del desaparecido lugar de Vadillo se mantiene en pie en bastante mejor estado que el resto del sacro conjunto arquitectónico al que perteneciese, ubicada tal torre tras el cabecero eclesiástico y compartiendo con éste similitud en su fábrica constitutiva, perviviendo el arco levantino que sirviera al empleo como espadaña de tal atalaya, llamativa una autonomía edilicia que, contrariamente, es asidua entre las poblaciones castellano-leonesas de las cercanas provincias salmantina y abulense -ubicado también su campanario tras el ábside en la iglesia dedicada a la Visitación de Nuestra Señora dentro de la localidad abulense de Puerto Castilla, próxima a Tornavacas-, verificándose la vinculación demográfica y cultural del Norte extremeño con las tierras meridionales castellanas, repetida tal independencia edilicia en la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción en la localidad también jerteña de Jerte, o en la iglesia del Salvador de Pasarón de la Vera, erguido sus exentos campanarios frente a las de San Juan Bautista y de Nuestra Señora de la Asunción, en las localidades de Cerezo y Ahigal respectivamente -inscritas ambas en las Tierras de Granadilla-, más conocidos que los propios templos de los que dependen los campanarios de Casares de las Hurdes y de Trevejo, este último levantado tras la iglesia de San Juan Bautista en tal localidad serragateña.


domingo, 2 de mayo de 2021

Madre Extremadura

 

 Madre Extremadura.

Tú que das a tus vástagos sostén,

de tu cuerpo, que es edén,

dejas tu piel desollar,

para tu carne entregar

a la prole que cree en ti.

A la prole que por ti

teje tu nombre en su piel, 

para, quien quiera saber,

sepa que nació de ti.

Y arrullando a tal simiente

con el correr de tus fuentes,

criándola entre tus pechos

con aceites, uva y miel,

a tus hijos les otorgas

humildad, y no vanagloria.

A tus hijos les entregas

la historia cosida en ti.

 

Madre Extremadura, por ti

todos somos, todo andamos.

Por ti este enclave tomamos

como cuna y como hogar.

Otórganos digna faz

donde labrarnos los sueños.

Tus miembros como señuelo

que nos guíe al derivar,

permitiéndonos retornar

a casa de los ancestros,

al fuego donde sus huesos

calentáronse ante el mal

arreciando ante la puerta

que tú, madre, le cerraste,

susurrándole a tus clanes

nanas de leche con pan.


(Monumento "A la madre"; 

escultura de Antonio Campillo Párraga;

inaugurado el 8 de diciembre de 1.968;

Jarandilla de la Vera)

miércoles, 21 de abril de 2021

Imagen del mes: Ermita de Nuestra Señora de la Encarnación de Torres, en Burguillos del Cerro

 

Erigida en el conocido como Sitio de San Coronado, en los inmediaciones orientales del casco urbano burguillano, subsiste en estado de abandono y semirruina junto a las vías del tren y escasa distancia de la carretera regional EX-112, la conocida como ermita de Nuestra Señora de la Encarnación de Torres, o de la Virgen de las Torres, de única nave y perfecta orientación este-oeste, cuya fábrica primitiva sería atribuida, según algunos autores, a los templarios que rigiesen el lugar tras la reconquista del enclave en pleno siglo XIII, sumándose así al listado de edificaciones religiosas con que éstos dotasen el lugar, capitaneado por las antiguas iglesias de San Juan Bautista y de Santa María de la Encina, enriqueciendo el patrimonio monumental de una localidad cuyo conjunto histórico-artístico fuese declarado Bien de Interés Cultural por la Junta de Extremadura, mediante decreto 54/1998, de 21 de abril.

Burguillos del Cerro (Badajoz). Siglos XIII-XV (posiblemente reformada en el siglo XVII); presunto estilo gótico con posible influencia barroca posterior. 
 

Arriba y abajo: reconquistado definitivamente el enclave en 1.238 al poder musulmán, cuya presencia quedaría testimoniada tanto por la alcazaba reconvertida en castillo, como por el morabito que se incluyera en la primitiva iglesia de San Juan Bautista, la entrega del lugar a la Orden de los Pobres Caballeros de Cristo del Templo de Salomón, más conocida como Orden del Temple, conllevaría la cristianización de la zona a través de la erección de diversas ermitas, presunto germen éstas del actual núcleo poblacional, levantadas a los pies de la fortaleza las de San Juan Bautista y Santa María de la Encina, parroquias iniciales del municipio, más lejanas las de Nuestra Señora del Valle o la de San Vicente, así como posiblemente la de Nuestra Señora de la Encarnación de Torres, o de la Virgen de las Torres, inscrita esta última en los aledaños orientales de la población, cercana a la vía de comunicación de Burguillos del Cerro con Alconera e inmediata hoy en día a la vía férrea que alcanza la localidad, pudiéndose observar inclusive desde la carretera regional EX-112 la figura de la misma sobre los campos en que queda actualmente inscrita (arriba), apreciándose la mole en ruina de un inmueble del que apenas existen datos registrados, sin ser mencionado el mismo entre las respuestas que fuesen otorgadas desde los poderes del municipio en 1.791 en cumplimiento de la orden de la Real Audiencia de Extremadura en pos de la elaboración de su Interrogatorio, barajándose la posibilidad de darse ya por entonces el abandono del edificio, ocasionado quizás a raíz de la Guerra de Restauración ejecutada a mediados del siglo XVII entre España y Portugal, o bien durante el desarrollo de la posterior Guerra de Sucesión, a comienzos del siglo XVIII, conocido el daño ocasionado durante tal contienda por las tropas inglesas sobre el patrimonio burguillano, a su paso por la localidad. 



Arriba y abajo: ofreciendo una perfecta orientación este-oeste, con el cabecero del templo dirigido hacia levante (arriba), se abre mirando a occidente la única portada del inmueble, inscrita en los pies del edificio (abajo), supeditado el vano de entrada entre la fábrica de mampostería que compone la obra, por un pétreo dintel de dos piezas cumplimentado con otras tres que constituyen su cornisa de coronamiento y ornamentación (abajo, siguiente), aún figurando trás él los quicios donde quedasen encajadas las primitivas hojas de cierre de la capilla, dotado el ejemplar norteño de lo que pareciesen ser restos de relieves escultóricos desarrollados bajo la capa de cal que aún blanquea ciertas zonas edilicias, abriéndose la posibilidad de estar ante una pieza arquitectónica rescatada de alguna construcción previa, recordando aquéllas que de origen visigodo fuese igualmente utilizadas en otros muchos monumentos de la región, así los quicios conservados en la Puerta del Capitel de la alcazaba de Badajoz, preservados también entre los muros de la portada de la ermita (abajo, tercera imagen), además de lo que pareciese el arranque de una perdida bóveda que cubriese la entrada a modo de atrio, una moldura desarrollada a ambos lado de la puerta, así como vestigios de esgrafiados geométricos esquineros, más propios ambos del arte barroco que del medieval y, por tanto, quizás resultantes de alguna intervención ejecutada a partir del siglo XVII antes del abandono definitivo del bien.




Abajo: dotada de única nave (abajo y siguiente), conservan las paredes internas de la abandonada ermita de la Virgen de Torres gran parte de enlucido original que cubriese los muros, ocultando la obra de mampostería y ladrillo de que constase la presunta fábrica medieval del monumento, recorridos sendos lados del evangelio y epístola una cornisa que anunciase el arranque de la bóveda latericia de medio punto que cubriese la totalidad del sacro recinto, desde la puerta de acceso (abajo, tercera imagen) al propio ábside, más propia ésta de los movimientos artísticos de la Edad Moderna que del gótico en que supuestamente fuese erigida la capilla original, apenas preservados de tal techumbre ciertos retazos que parten del paredón del evangelio (abajo, cuarta imagen), hoy cubiertos por una gran higuera cuyo peso hace peligrar la conservación de la misma.






Arriba y abajo: abierta en el muro del evangelio, antes de alcanzarse el espacio destinado a cabecero o ábside del sacro recinto (arriba), una portada delimitada con sillares abre paso al habitáculo destinado muy posiblemente a sacristía del lugar (abajo), espacio edilicio anexo al propio templo en sí que cumplimentase a la par el mismo, cuya estancia, además de presentar abierto en su interior un vano hacia levante, fuese dotada, como la nave principal, de bóveda de medio cañón fabricada en ladrillo plenamente preservada, perdida, sin embargo, la estructura que al parecer pudo enclavarse contrariamente junto al exterior del muro de la epístola, cuya existencia original se puede barajar a raíz de las señales edilicias que restan sobre el mismo paredón (abajo, siguiente), sirviendo el portón inscrito en este punto de la pared sureña como medio de acceso o comunicación entre nave y añadido constructivo, quizás la vivienda del guardés del inmueble, figurando aún sobre la misma, así como en otros puntos de similar tabique, una de las cruces que serían dibujadas sobre el encalado que luciese el interior del sacro inmueble (abajo, imagen tercera), marcando los pasos del vía crucis que, aún hoy en día, circunda el espacio intramuros de los templos católicos.




Abajo: siguiendo la tradición edilicia católica, se mantiene el cabecero de la ermita burguillana de la Virgen de las Torres orientado plenamente hacia oriente (abajo), enmarcado éste, a modo de separación del resto de la nave, por sendas pilastras que, desde los muros del evangelio y epístola respectivamente (abajo, siguiente), anunciasen la entrada al sanctasanctórum del sacro enclave, abiertas en los muros laterales del ábside lo que pareciesen ser hornacinas, dos en el lado norteño, una en el contrario (abajo, imágenes tercera y cuarta), supeditada esta última por un vano abocinado que, sobre la moldura de la que parte la bóveda de cierre, permitiese la entrada de luz al interior del templo.





Abajo: perdido gran parte del recubrimiento que a base de enlucido y cal sellasen, tanto en su espacio interior como extramuros del mismo, la obra edilicia original, pueden observarse en ciertos puntos del inmueble, entre la mampostería y los trabajos latericios de que se componen básicamente la estructura de éste, grandes sillares inscritos en diversos rincones del bien, fundamentalmente esquinas o jambas de las portadas internas, cuyas grandes proporciones e irregularidad constructiva hace pensar en un reaprovechamiento de los mismos, más que en su creación directa elaborados para tal destino, rescatados quizás de algún desaparecido monumento o, inclusive, de algún yacimiento cercano, conocida la profusión de restos romanos en los alrededores de Burguillos del Cerro, base según algunos autores de la antigua Segida Restitua Iulia, inscrita en la Beturia Céltica y Convento hispalense de la hispana provincia de la Bética, descubiertas entre dehesas y campos de labor piezas como aras, estelas o cupae, pudiendo derivar sendos elementos cilíndricos observados en la parte baja del muro del evangelio, de primitivos cipos o columnas que, posteriormente reutilizados, vinieran a enriquecer el pasado romano, incluso visigodo, de este punto de la región.


miércoles, 7 de abril de 2021

Colaboraciones de Extremadura, caminos de cultura: Murallas de Nertóbriga, en las cercanías de Fregenal de la Sierra, en Castillosnet

Nertóbriga Concordia Iulia estaba amurallada. La ciudad romana enclavada en plena Sierra del Coto, a seis kilómetros en dirección suroriental del casco urbano de Fregenal de la Sierra, contaría desde sus comienzos como oppidum, posteriormente convertido en municipio latino, con un cercado que permitiese la defensa del enclave, ya protegido de por sí por las escarpadas laderas de la colina donde fuese asentada la población. Ocupada posteriormente por visigodos y musulmanes, sede tras la reconquista del lugar de la población de Valera la Vieja, los monumentos y bienes inmuebles con que contase el asentamiento romano irían paulatinamente desapareciendo, bien reutilizados, desmontados o engullidos por el propio terreno donde se erguirían, totalmente abandonado éste al parecer en el siglo XVIII. Poco a poco, se irían recuperando con posterioridad los tesoros arqueológicos nertobrigenses gracias a las excavaciones iniciadas a fines del siglo XIX, fundamentalmente tras aquéllas ejecutadas a comienzos del presente siglo, volviendo a la luz no sólo la acrópolis del municipio, capitaneada por dos templos gemelos dedicados presuntamente al culto imperial, sino inclusive vestigios termales, tumbas datadas durante la dominación islámica, así como restos del sistema de amurallamiento que rodease la plaza fuerte, compuesto éste de pétreos lienzos así como adyacentes torreones defensivos, cuyas bases aún son visibles y aptas para el estudio, especialmente en el flanco sureño del yacimiento.

Publicada la ficha sobre Nertóbriga en la web de Castillosnet, dedicada a los castillos, fortalezas y sistemas defensivos que nutren el rico patrimonio de nuestro país, Extremadura: caminos de cultura ha tenido el honor de poder colaborar con tal espacio en la red, aportando un pequeño álbum fotográfico que cumplimentase la publicación sobre este yacimiento, ayudando en la ilustración y divulgación de esta herencia recibida por Extremadura. Seguidamente, dejamos al visitante y lector el enlace correspondiente a tal ficha y magnífica página, acompañado de las imágenes tomadas durante una visita al yacimiento en otoño de 2.019, deseando sirvan para verificar la riqueza monumental de nuestra región.

https://www.castillosnet.org/fortificacion.php?r=BA-CAS-095&n=Nert%C3%B3briga 

 


jueves, 1 de abril de 2021

Colaboraciones de Extremadura, caminos de cultura: Conjuntos histórico-artísticos de la provincia de Badajoz, del Proyecto Audiovisual Extrema Dorii

 

Sería en 1.964 cuando por primera vez una localidad de la provincia de Badajoz recibiese la declaración de conjunto histórico. Curiosamente sería Olivenza, uno de los últimos territorios en ser incorporados geográfica, histórica y culturalmente a España, la agraciada, orgullosa de poder exponer su pasado portugués conjugado con su presente español a través de sus calles y principales monumentos. Poco después, en 1.965, el listado se ampliaría con la incorporación de Zafra. Jerez de los Caballeros y Llerena recibirían la declaración en 1.966. Feria, en 1.970. Así, hasta llegar la provincia pacense a contar en la actualidad con doce municipios cuyo rico patrimonio cultural bordado entre su trama urbana les ha permitido ser considerados conjuntos histórico-artísticos dignos de mención, valoración y salvaguarda, añadiendo a los ya mencionados las localidades de Alburquerque, Azuaga, Burguillos del Cerro, Fregenal de la Sierrra, Fuente del Maestre y Magacela, destacando el caso de Mérida, cuya declaración como Conjunto Histórico-Arqueológico llegaría en 1.973, despuntando entre todas las poblaciones pacenses, y extremeñas, por ser éste el municipio con mayor número de monumentos protegidos de la región, muchos de ellos bajo declaración como Monumento Nacional, actualmente Bienes de Interés Cultural, desde 1.913. Badajoz, segundo núcleo poblacional en cuanto al número de bienes inmuebles protegidos dentro de la provincia pacense, espera aún el reconocimiento de su conjunto.

El Proyecto Extrema Dorii ha querido ofrecer una pequeña ruta por estos tesoros del patrimonio pacense, y extremeño, creando un nuevo trabajo audiovisual a través del cual poder aproximar al público a estos doce rincones de nuestra geografía. Ha contado para ello con el trabajo musical de Jesús López Gómez, Fran Patricio y Rafael Monedero Perales, así como con la labor literaria de Manuel González Calatrava, exponiéndose fotografías de Maribel Paredes Dávila, Francisco Blázquez Paniagua, Jesús López Gómez y Dovane63, entre las que se sumarían a su vez las cedidas por este blog, siempre dispuesto a la divulgación del patrimonio extremeño, y honrado por haber podido contar, una vez más, con este fabuloso Proyecto.

Seguidamente, os dejamos con el resultado, deseando que os guste y que sirva para ilustrar al espectador sobre la riqueza histórico-artística con que cuenta la provincia pacense en particular, y Extremadura en general, invitándoos a descubrirla, degustarla y vivirla.


 Alburquerque: decreto 97/1998, de 21 de julio.


Azuaga: decreto 15/1998, de 10 de febrero.

 

Burguillos del Cerro: decreto 54/1998, de 21 de abril.

 

Feria: decreto 1339/1970, de 23 de abril.

 

Fregenal de la Sierra: decreto 12/1992, de 11 de febrero.

 

Fuente del Maestre: decreto 136/1998, de 17 de noviembre.

 

Jerez de los Caballeros: decreto 3301/1966, de 29 de diciembre.


Llerena: decreto 3302/1966, de 29 de diciembre.


Magacela: decreto 35/1994, de 7 de marzo. 


Mérida: decreto 328/1973, de 8 de febrero.


Olivenza: decreto 2067/1964, de 18 de junio.

 

Zafra: decreto 1505/1965, de 20 de mayo.

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