Engullidos hoy en día por las construcciones que componen los aledaños nororientales de la población cabezueleña, los vestigios de la que fuese iglesia de Nuestra Señora del Vado recuerdan desde la orilla derecha y poca distancia del río que atraviesa el fértil valle al que éste, Jerte, da nombre, la existencia del núcleo poblacional del cual ésta era parroquia, bautizado como Vadillo y cuya relevancia urbanística, aún dependiente de su vecino sureño, queda atestiguada por los retazos de tal templo católico, donde el arranque de un arco gótico ornamentado con las características bolas del estilo isabelino, así como un torreón-campanario que, adyacente, guarda relación arquitectónica con un estilo propio entre las cercanas iglesias castellanas, testimonian tiempos pretéritos cuando el monumento se mantenía en el uso para el que fuese destinado, hasta la completa despoblación y abandono definitivo del lugar a raíz de la primera de las Guerras Carlistas que a lo largo del siglo XIX conociera España.
Abajo: apenas conservados ciertos vestigios de lo que fuesen pies del sacro inmueble, observados principalmente en la esquina donde éstos quedasen unidos al lado de la epístola, posiblemente contó la iglesia de Nuestra Señora del Vado con una portada inscrita en tal lateral occidental del edificio, preservado sin embargo el acceso que diera paso a la nave desde el muro meridional (abajo), permitiendo al feligrés adentrarse en el espacio donde antaño se venerase a la Virgen bajo cuya advocación fuese bautizado el templo, talla gótica policromada y labrada en madera de nogal, originaria de la escuela castellana y alcanzando el metro de altura, basada en una representación mariana donde la Madre de Dios, en pie, sostiene al Niño en su brazo izquierdo, mostrando María en su mano derecha, al igual que su Hijo entre sus dedos, un higo -conocida por tal motivo también entre la población como Virgen del Higo, conservada y expuesta hoy tras ser restaurada en 2.017 por el afamado taller vallisoletano de Francisco Boldo, en el conocido como Retablo de la Concepción, dentro de la parroquia cabezueleña de San Miguel Arcángel-, fechada entre fines del siglo XV y comienzos del XVI, contemporánea así presuntamente a la propia iglesia donde quedase cobijada, permitiendo las bolas ornamentales adyacentes a los vestigios del arco apuntado que, además de marcar la separación entre sendos tramos de que constase el recinto, sustentase un posible tejado a dos aguas que cubriese, quizás junto a un artesonado, el interior de la capilla (abajo, imágenes segunda y tercera), situar su fecha de fabricación durante el reinado de los Reyes Católicos, época durante la cual proliferase tal motivo decorativo dentro del llamado gótico isabelino, procedente posiblemente los retazos de enlucido y esgrafiado aún visibles entre los muros del edificio de épocas posteriores (abajo, imágenes cuarta y quinta), quizás de alguna de las reformas ejercidas sobre el bien, puesto en valor tras el saqueo que sufriera el sitio durante el trascurso de la decimonónica Guerra de la Independencia.





























