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miércoles, 19 de septiembre de 2018

Juan de Ávalos en las calles de Extremadura


El pasado 6 de julio se cumplía el duodécimo aniversario del fallecimiento del que, sin lugar a dudas, ha sido el escultor de mayor prestigio nacional y reconocimiento internacional que ha dado la región extremeña. Aquella noche de verano de 2.006 Juan de Ávalos García-Taborda nos dejaba tras ser ingresado en la clínica Virgen del Mar de Madrid, víctima de un infarto agudo de miocardio. Abriéndose la capilla ardiente en el tanatorio de Nuestra Señora de los Remedios, ubicada en el madrileño distrito de Fuencarral, el día 8 era enterrado en el panteón con que cuenta la familia en el cementerio municipal de Mérida, localidad natal del artista. Era voluntad propia del mismo, enamorado confeso de la ciudad y de la región que le vio nacer el 21 de octubre de 1.911.

Se puede decir que Extremadura le correspondió. Juan de Ávalos logró alcanzar la difícil meta de ver reconocida su labor en su tierra, aunque no son pocos los que critican la falta de homenajes en vida al propio autor, que moriría con la pena de no ver inaugurado un museo donde se recogiese la obra que a Mérida donase para tal fin, cediendo un no poco generoso número de esculturas, expuestas recientemente al público tras la conversión en espacio cultural del popular edificio emeritense de El Costurero. Sí sería posible, no obstante, poder admirar el trabajo del que fuese nombrado Hijo Predilecto de la capital autonómica paseando por los calles de la ciudad. El Monumento a los arqueólogos en las excavaciones emeritenses, así como la obra dedicada a los Emeritenses muertos en las guerras de España, son la demostración. La ciudad de Badajoz puede presumir, por su parte, de ser la primera localidad de la región en realizarle un encargo, cuando en 1.950 acuerda con el artista el tallado de la obra Héroe muerto o Héroe caído, tema central del conjunto monumental al Héroe Muerto que durante décadas ocupó los jardines diseñados en el Baluarte de la Trinidad, desplazado el compendio a un lateral del enclave tras la restauración, excavación arqueológica y adecuación turística del mismo, trasladada la escultura mencionada para una mejor conservación al Museo de la Ciudad. Un monumento a Adelardo Covarsí, otro a los Extremeños Universales, así como la fuente La ciudad y el río, completan la colección de obras monumentales del emeritense expuestas en la vía pública de la capital provincial pacense, municipio extremeño que cuenta con el mayor número de monumentos firmados por el reconocido escultor.


Pero las obras de Juan de Ávalos pueden ser contempladas en las vías públicas, plazas y rincones de muchas otras localidades extremeñas. Almendralejo, Olivenza, Solana de los Barros, San Pedro de Mérida, Don Benito, Casas de Don Pedro, Casas de Don Antonio y Cáceres ofrecen a vecinos, viandantes y visitantes la posibilidad de observar in situ la obra del emeritense de fama mundial. Alegorías, obras religiosas o retratos conmemorativos embellecen y enriquecen artística y patrimonialmente las calles y cascos urbanos de una Extremadura que supo, por esta vez, valorar las virtudes artísticas de uno de sus hijos. Sin olvidar la exposición de otro listado de trabajos en basílicas, palacios municipales, museos e inmuebles de diversa titularidad e índole, invitamos al lector a disfrutar de un recorrido a través de las esculturas y monumentos firmados por Ávalos enclavados en la vía urbana y vistas desde el espacio público a lo largo y ancho de nuestra comunidad, cumplimentando así el recorrido que sobre las obras de Juan de Ávalos ubicadas en las calles de Badajoz y Mérida fuese publicado en este mismo espacio en la red en octubre de 2.013, conmemorando el 102 aniversario del nacimiento del artista.


Arriba y abajo: a raíz de una visita del por entonces alcalde de Almendralejo, D. Tomás de la Hera, al taller madrileño del artista emeritense a mediados de los años 60 del pasado siglo, se forjaría la idea de esculpir para la localidad almendralejense un Cristo que, desde su planteada ubicación sobre el muro exterior del cabecero de la Parroquia de Nuestra Señora de la Purificación se presentase como conciliador de los pueblos, bautizado por tal como Cristo de la Paz y convertido desde 1.985, veinte años después de su inauguración, en coronamiento del homenaje que la ciudad rinde a sus hijos muertos en las guerras de España.





Si bien Badajoz se postula no sólo como la localidad precursora en el panorama regional a la hora de mirar hacia la valía artística de Juan de Ávalos, sino inclusive como el municipio que mayor número de esculturas firmadas por el artista emeritense posee dentro de su larga lista de monumentos públicos, le sigue tanto en una posición como en otra la ciudad de Almendralejo, donde son tres las obras de Ávalos custodiadas entre sus rincones, fechándose el primer encargo en 1.965, nueve años después de la instalación de su primer pedido extremeño, el badajocense Héroe caído, junto a los donados bocetos en bronce de los Evangelistas de Cuelgamuros, en el pacense Baluarte de la Trinidad. De tres metros de altura, elaborado en bronce e ideado en relieve a fin de poder ser acoplado sobre los muros del cabecero de la Parroquia de Nuestra Señora de la Purificación, el bautizado como Cristo de la Paz se presentaría en Almendralejo como Cristo resucitado conciliador de los pueblos. Coronando en la actualidad el homenaje que los almedralejenses dedican desde 1.985 a sus hijos muertos en las guerra de España, la obra surgió de la visita del por entonces alcalde de la ciudad, D. Tomás de la Hera, al taller con que Juan de Ávalos contaba en la capital estatal, mostrando durante tal encuentro el escultor al político un estudio de un Cristo crucificado, ofreciéndole el emeritense la obra a la localidad como señal de aprecio. Aceptada la idea por el Consistorio el 24 de octubre de 1.964, la fundición y pago del bronce final serían acordados el 6 de abril de 1.965, inaugurándose el monumento el 30 de agosto de mencionado año.


Arriba y abajo: siendo alcalde de Almendralejo D. José García Bote, una nueva escultura sería encargada a Juan de Ávalos en pro tanto de embellecer y enriquecer las calles almendralejenses, como de ofrecer un renovado homenaje a la reciente situación política conciliadora española, presentando en 1.990 como broncíena figura femenina una alegoría de la Libertad, la Constitución y la Paz, ubicada sobre podio granítico en la avenida que por nombre lleva el de este último estado de equilibrio y estabilidad.



Habría que esperar hasta 1.990 para asistir a la erección de una nueva obra de Ávalos en el casco urbano almendralejense. Nuevamente fundida en bronce, la temática alegórica escogida esta vez haría mención una vez más a la idea de concordia que ya su previa hermana religiosa anunciaba desde los muros externos del templo mayor del municipio. Nombrado como Monumento a la Libertad, la Constitución y la Paz, se ubicaría el mismo en la avenida dedicada a ésta última. Mantendría la escultura gran vinculación compositiva con la alegoría que sobre la gloria acompaña junto a la alegoría de la paz el busto de D. Juan de la Rosa Mateo, en el monumento que dedicado al que fuese director de la caja de ahorros de Ronda fuese encargado en 1.988 a Juan de Ávalos por suscripción popular y desde el consistorio de tal localidad malagueña.

Otra alegoría, menos genérica y más vinculada con la identidad particular almendralejense, sería la que desde 1.994 centrase la plaza de Extremadura. Concebido el conjunto como fuente monumental, rodeado de surtidores un podio granítico sostiene una base de bronce donde, en relieve, se presenta el escudo de la ciudad sostenido por una pareja de figuras, femenina y masculina, acompañados de un cortejo de personajes que, en derredor del circular prisma, hacen referencia al carácter agrario y vinícola del municipio. Centrando la composición, una esbelta figura femenina de bulto redondo ofrece al cielo en su desnudez un racimo de uvas, coronada con flores la que se identifica como Musa del Vino, Musa de la Vendimia o Musa de la Tierra de Barros. Figura que le serviría en 1.997 al propio autor como modelo para moldear el galardón homónimo que anualmente otorga la Cámara de Comercio de Badajoz dentro de la programación del Salón del Vino y la Aceituna (Iberovinac) celebrado cada año en Almendralejo, en premio y como reconocimiento a las más distinguidas labores dentro del mundo de la enología.


Arriba y abajo: proyectado como fuente ornamental, centra la almendralejense plaza de Extremadura un conjunto monumental del cual, surgiendo de una base rodeada de surtidores, una peana labrada con el escudo de la ciudad sostenido y rodeado por diversos personajes que hacen referencia al carácter agrícola y vinícola de la localidad, sirve de podio a la conocida como Musa del Vino, también nombrada como Musa de la Vendimia o de la Tierra de Barros, alegoría enológica basada en los modelos escultóricos clásicos que permite poder declarar a Almendralejo, tras su erección en 1.994, como la segunda localidad tras la capital pacense más vinculada con la obra de Ávalos.







No lejos de Almendralejo, a 14 kilómetros de distancia marcada a través de la carretera autonómica EX-300, la localidad de Solana de los Barros se puede proclamar, a pesar de su escaso relieve poblacional dentro del panorama provincial, en ser uno de los municipios extremeños pioneros a la hora de mirar hacia el saber hacer de Juan de Ávalos. Tras acordar la adquisición de obras suyas por parte de los consistorios de Badajoz y de Almendralejo, sería en 1.975 cuando el artista emeritense recibiese desde la localidad solanera el encargo de fundir en bronce una escultura de bulto redondo que reflejase un Cristo resucitado, de notable parecido con el hermano que diez años antes fuera colocado sobre los muros de la Parroquia almendralejense de Nuestra Señora de la Purificación. Como aquél, también esta nueva obra mostraría un Cristo redentor con los brazos abiertos mirando al frente en una actitud conciliadora, otorgada desde el campanario que se añadiría en los años 70 del pasado siglo a la torre-fachada de la Parroquia de Santa María Magdalena, erigida en el siglo XVI, en cuya cúspide quedaría colocada la escultura, como culmen del nuevo capítulo arquitectónico que viviría el templo. Bautizado, al igual que la obra almendralejense, como Cristo de la Paz, Juan de Ávalos recibiría la ayuda tanto en la colocación como en la sustentación de la obra de su hijo Juan Ávalos Carballo, primogénito del artista y colaborador habitual del escultor en su faceta de arquitecto, encargándose de los proyectos y aspectos arquitectónicos de muchos de los complejos monumentales otorgados a su padre, siendo nombrado posteriormente y tras el óbito del artista como presidente de la Fundación Juan de Ávalos, inscrita en el Registro de Fundaciones a través de Orden CUL/709/2007, publicada en BOE nº 72 de 24 de marzo de 2.007, ideada en pro de promocionar la figura y obra del afamado escultor.


Arriba y abajo: erigida en el siglo XVI, la Parroquia de Santa María Magdalena, en Solana de los Barros, sería objeto de reformas en los años 70 del pasado siglo, proyectándose como ampliación de su torre fachada un campanario sobre el que se colocaría en 1.975 y como culminación del mismo una escultura de Cristo que, como en el caso almendralejense, ofreciese sus brazos abiertos en búsqueda de la conciliación popular, convertido desde su privilegiado enclave en todo un símbolo del municipio, estampa inconfundible entre los tejados de la localidad.




Antecediéndose al monumento almedralejense de 1.990 diseñado como homenaje a la Carta Magna acordada en 1.978, en 1.987 le sería encargada desde Olivenza y llevada a cabo la escultura alegórica representativa de la Constitución española ubicada en la avenida de Santiago Ramón y Cajal de la localidad oliventina. Sobre una base granítica, la broncínea escultura de bulto redondo nos ofrece una figura femenina que, mirando al cielo y alzando hacia ellos sus brazos, sostiene en cada mano los símbolos de la paz y de la libertad, una paloma en la derecha y unas cadenas rotas en la izquierda, en clara referencia a la venida de la paz y la libertad que la proclamación de la actual Constitución, vuelta la democracia a España, traería consigo, repartierdo tan preciados bienes por todos los rincones del país. En idéntica pose y tomando similar idea, Ávalos presentaría también el monumento Paz y Libertad como conmemoración a la llegada de la actual Constitución encargado por la ciudad de Ceuta en similares fechas al acuerdo oliventino, enclavada inicialmente en la ceutí Plaza de la Constitución, actualmente colocada en el Paseo de la Marina Española.


Arriba y abajo: gemela a la alegoría que sobre la Constitución española le sería encargada por la ciudad de Ceuta, en la avenida de Ramón y Cajal de la localidad de Olivenza se presenta un monumento a la Paz y la Libertad que la Carta Magna de 1.978 repartiría por todos los rincones de la geografía española, basado en una broncínea figura femenina de bulto redondo e inspiración clásica que ofrece desde 1.987 al cielo una paloma y unas cadenas rotas, antecedente de la alegoría constitucionalista almedralejense.




Basándose también en una escultura previa, Ávalos elaboraría la obra Ayuda al caído, donada en julio de 1.984 por el propio artista a la localidad de Casas de Don Pedro, siendo alcalde por entonces de la villa siberiana D. Francisco Rodríguez Arroba. Realizada en bronce en la década de los 60 del pasado siglo, el artista tomaba como inspiración una escultura suya ya instalada años atrás en la vía pública de la ciudad de Badajoz. El pacense monumento dedicado al Héroe caído, labrado en 1.950, reinterpretaba a su vez una idea previa del artista, que moldearía una primera versión del Héroe muerto en 1.943, participando con ella en la Exposición de tal año organizada por el Instituto Británico de Madrid, también conocido como El Británico, que desde su fundación en 1.940 por el Consejo Británico perseguía conseguir la neutralidad del Estado español durante la 2ª Guerra Mundial, intentando crear para ello un puente cultural entre ambas naciones. Siendo la obra de los años 40 posteriormente destruida por el propia artista al no poder seguir alojándola, debido a su tamaño, en el estudio con que Ávalos contaba por entonces en la capital española, la obra pacense sería el modelo a tomar para futuros calcos de la idea. Así, en 1.961 aprobaría el Ayuntamiento de Benidorm el encargo al escultor emeritense de un monumento que recordase a los hijos del municipio alicantino fallecidos en las faenas del mar, cuyo coste financiaría tanto el consistorio como el propio pueblo benidormense por suscripción popular. El mismo, realizado en 1.963 e inaugurado el 23 de mayo de 1.965, ubicado en la plaza de la Señoría, quedaría centrado por una copia en bronce de la escultura en piedra de Novelda que desde 1.956 se exponía en los jardines del pacense Baluarte de la Trinidad, pudiendo haber sido la broncínea obra que hoy se presenta en la confluencia de las casareñas calles Posada y del Pilar con la carretera de Talarrubias un apunte del que poder partir para la elaboración de similares esculturas que tomaran tal idea como base.


Arriba y abajo: si bien Juan de Ávalos se basaría en una primera versión propia del Héroe Muerto, creada en 1.943 y con la que participar en la exposición celebrada mencionado año por el Instituto Británico de Madrid, para esculpir el Héroe caído de 1.950 que pasaría a formar parte de los bienes del concejo de Badajoz, el artista moldearía en la década de los 60 una copia en bronce de la estatua pacense que le serviría como modelo del que partir para otros monumentos basados en la misma composición, aparecida en el homenaje a los hijos de Benidorm fallecidos en las faenas del mar, donando la obra bautizada como Ayuda al caído en 1.984 a la localidad de Casas de Don Pedro, que lo ubicaría junto a la entrada de la Casa municipal de cultura "Luis Chamizo", trasladándolo posteriormente al cruce entre las calles Posada y del Pilar con la carretera de Talarrubias, enriqueciendo artísticamente desde el pilar granítico sobre el que se asienta este rincón de la población casareña.





Inspirándose esta vez no en una obra monumental previa, sino en un busto que el propio Ávalos realizaría en 1.930 tomando de modelo al natural al que fuese su compañero de beca provincial y estudios artísticos en la Escuela de Artes y Oficios de la capital del país, en 1.990 el escultor aceptaría el encargo de realizar un monumento recordatorio dedicado al pintor dombenitense Juan Aparicio Quintana, ideado por la localidad natal del mismo en pro de homenajear a su ilustre hijo tras haberse cumplido los más de treinta años de la desaparición del artista de Don Benito, fallecido en 1.964 en el municipio que le vio nacer y del que nunca quiso partir. Coronando un fuste de diseño clásico, surge en bronce el busto del pintor, cumplimentando el conjunto una paleta broncínea que, depositada a los pies de tal columna, hace referencia tanto al homenajeado como al autor de la obra escultórica que le recuerda. Ubicado en la avenida de Alonso Martín, en su cruce con la avenida de la Constitución, el monumento que fuese inaugurado el 2 de junio de 1.995 sería recientemente puesto nuevamente en valor, tras recuperarse el Patronato que pretendía recopilar y difundir la obra del pintor, disuelto en diciembre de 2.011.


Arriba y abajo: siendo compañeros de beca provincial y estudios artísticos en la Escuela de Artes y Oficios de Madrid a comienzos de los años 30 del pasado siglo, el emeritense universal realizaría de su compañero dombenitense Juan Aparicio Quintana un busto que, seis décadas después, le serviría como inspiración a la hora de crear el monumento que la localidad de Don Benito ofrecería en 1.995 como homenaje a su hijo artista fallecido treinta y un años antes, ubicado en la avenida de Alonso Martín y recientemente puesto en valor, otorgándole una iluminación que resalta la composición monumental, donde sobre un fuste clásico se presenta el busto del pintor, cuya paleta descansa a los pies del mismo.





A pesar de contar con obras de Ávalos en el interior de espacios públicos, como la réplica del García de Paredes que el autor donaría al ayuntamiento trujillano en 1.957, o la imagen de San Pedro de Alcántara con que contaría la parroquia dedicada al santo patrono extremeño en la capital cacereña desde 1.967, no sería hasta 2.002 cuando un trabajo de Juan de Ávalos pudiese ser admirado en plena vía pública dentro de la provincia de Cáceres. Inaugurándose el 21 de noviembre de mencionado año, siendo entonces alcalde de la ciudad cacereña D. José María Saponi Mendo, el conjunto monumental Fuente de la Gran Cascada embellece el Parque del Rodeo culminando el lago artificial creado en la zona central de tal espacio verde, de cuya base saldría, como el propio nombre del conjunto indica, una cascada cuyas aguas caen en las aguas allí embalsadas. Mientras que la parte arquitectónica correría a cargo del hijo del escultor, Juan de Ávalos Carballo, para el modelado en barro y la elaboración de los moldes de donde obtener las figuras broncíneas, el artista emeritense contaría con la ayuda del también escultor Dmytro Sauchynets. Como resultado nacería una pareja de figuras femeninas interpretadas como las Ninfas del Rodeo, encargadas y donadas a la urbe cacereña por la Junta de Compensación de los propietarios de los terrenos del parque, con cargo al 1% para fines culturales que dichos titulares debían aportar a la hora de urbanizar un nueva área del municipio.


Arriba y abajo: según palabras del propio autor, pensada para invitar a fantasear a las parejas que se arrullen en el parque, la Fuente de la Gran Cascada, coronada por las conocidas como Ninfas del Rodeo, culmina el lago artificial que centra este pulmón verde de la capital cacereña, partiendo de su base arquitectónica, así como del delfín sobre el que se apoyan sendos personajes femeninos, el agua de la que se nutre el estanque artificial, inaugurada por el propio escultor el 21 de noviembre de 2.002 en la que sería la primera obra que del mismo pudiese ser admirada en plena vía pública dentro de la provincia de Cáceres.




Apenas un año antes de acaecer su repentina muerte, Juan de Ávalos volvería a engrandecer dos rincones más de la región gracias a dos obras suyas. Encargada una, donada la otra, ambas entregas responden a la línea habitual por la que discurrió la trayectoria artística del artista emeritense quien, además de recibir innumerables pedidos o conseguir alzarse con la concesión de infinidad de concursos, donaría en vida una amplia selección de obras ejecutadas por su mano y sacadas de su taller en pro de embellecer y enriquecer multitud de localidades y enclaves. En 2.005 conocería este honor el municipio de San Pedro de Mérida, al que Ávalos, conocedor del reconocimiento que desde mencionada localidad querían rendir a su obra y persona, cedería un relieve del Apóstol San Pedro, creado inicialmente para el comedor del convento del Valle de los Caídos, dada la vinculación del pueblo con tal figura religiosa, de la que toma el nombre y al que consideran patrono de la localidad. El bronce en altorrelieve, fijado a un monolito granítico, sería enclavado en el tramo que de la antigua carretera nacional N-V trascurre a los pies del municipio, designado mediante acuerdo plenario del consistorio sampedreño desde el 19 de febrero de 2.005, día fijado para el homenaje al emeritense universal, con el nombre del escultor. Sobre un monolito también quedaría expuesto en la plaza  de su mismo nombre un busto del erudito Pedro de Lorenzo, Hijo ilustre de la cacereña localidad de Casas de Don Antonio. El escritor, profesor, periodista y abogado casareño, nacido en 1.917 y fallecido en 2.000, sería reflejado por Ávalos en pose firme mientras sostiene entre ambos manos, señalando con su derecha el mismo, un libro reflejo de su pasión por la creación, donde puede leerse tanto el nombre del homenajeado como del artista escultor, con quien compartiría tanto la convencida querencia por el progreso y el desarrollo creativo, como el amor por la tierra que les vio nacer.


Arriba y abajo: habiendo fallecido con la pena de no ver inaugurado un museo que, en la localidad que le viese nacer, expusiera la obra que el propio Juan de Ávalos donase periódicamente a la capital extremeña, sí pudo disfrutar el escultor emeritense de un homenaje a su trayectoria artística, ofrecido desde la localidad de San Pedro de Mérida en 2.005, siendo por entonces alcalde del municipio D. Pedro Lanzas, un año antes de fallecer el artista, reconocimiento que se ampliaría a su conocida valía humana y a la continua proclamación de su origen extremeño, haciéndole merecedor del nombramiento en su honor de una propia avenida en el municipio, antiguo tramo de la carretera nacional N-V donde sería colocado el regalo que como agradecimiento Ávalos donase a la población, altorrelieve del Apóstol San Pedro sobre monolito granítico enclavado en una de las entradas a la localidad.




Abajo: si bien no sería hasta los 94 años cuando Juan de Ávalos recibiese un homenaje a su labor profesional otorgado desde un rincón de la tierra que le vio nacer, sería también en 2.005 y un año antes de su fallecimiento cuando el artista emeritense realizase el último encargo que desde un municipio regional le fuese otorgado, al fin de elaborar una escultura con que enriquecer artísticamente una calle más de una Extremadura que reconocía y admiraba el trabajo y calidad artística de uno de sus más prolíficos hijos, sumándose Casas de Don Antonio con un recordatorio al erudito Pedro de Lorenzo al listado de localidades extremeñas que quisieron mirar hacia la obra de Ávalos desde que en 1.950 le fuese encargada una primera escultura por el ayuntamiento de Badajoz, inaugurándose un listado que se vería incrementado década tras década hasta ser hoy en día diez las poblaciones de la autonomía donde se puede disfrutar en la vía pública de la obra del prestigioso emeritense, siguiendo a Badajoz la ciudad de Almendralejo, Solana de los Barros, Olivenza, Casas de Don Pedro, Don Benito, Cáceres, San Pedro de Mérida y Casas de Don Antonio, sin olvidar la capital regional y cuna del artista, donde se abrirían en julio de 2.014 las puertas del nuevo Museo de Mérida en lo que fuese el conocido edificio de El Costurero, inmueble destinado desde entonces a exponer la obra que el autor donase a tal fin a la ciudad, cumpliéndose el sueño de uno de los artistas extremeños de índole más universal.






lunes, 21 de octubre de 2013

Juan de Ávalos en las calles de Badajoz y Mérida


Arriba: detalle de la escultura que centra el Monumento al Héroe Caído, ubicado en el histórico Baluarte de Trinidad de Badajoz desde el cual se pueden observar, al fondo, las emblemáticas Torre de Espantaperros y Torre de Santa María, símbolos de la ciudad.


Un 21 de octubre, concretamente en el del año 1.911, nacía en la ciudad de Mérida el que llegaría a convertirse con el tiempo en el artista extremeño más reconocido, después de Francisco de Zurbarán, tanto en el panorama artístico nacional como internacional. Sus obras recorrerían la geografía española elevándose en monumentos que campan por todos los rincones de nuestro país, saltando a otros continentes así como exhibiéndose en colecciones privadas repartidas por todo el planeta. Hablamos de Juan de Ávalos García-Taborda.

Hijo de Juan de Ávalos Sánchez y María Concepción García-Taborda Cáceres, el joven Juan comienza desde edad bien temprana a relacionarse con el mundo de las antigüedades y del arte antiguo, gracias a la relación que su padre mantenía con los círculos culturales que en su ciudad natal se encargaban de recuperar el pasado romano de Mérida en las primeras décadas del siglo XX. Su relación con la escultura romana, así como con la imaginería religiosa que su primer maestro de dibujo, el párroco de la Iglesia de Santa Eulalia D. Juan Carmona, le hacía copiar, establecieron las bases del libreto de obras que a lo largo de su dilatada carrera mostraría al mundo, donde la monumentalidad de sus personajes, el predominio del clasicismo y del verismo, pero fundamentalmente la armonía, la serenidad y la espiritualidad humana y religiosa, sin olvidar la perfección anatómica y la sencillez compositiva caracterizarán la globalidad de sus esculturas. Esculturas con las que el artista desea expresar sus sentimientos, y a las que contagia de su personal humildad, su humanismo y su gran carácter positivo.



Arriba: tras sufrir diversas remodelaciones, así como añadidos y cambios en su composición, el Monumento al Héroe Caído se presenta hoy en día como grupo monumental donde tienen cabida las esculturas del Héroe muerto así como los cuatro evangelistas en bronce, obras de Juan de Ávalos, junto a los que se sitúa la antigua Cruz de los Caídos de la ciudad, fabricada por el marmolista Ángel Zoido y ubicada originalmente en el Parque de la Alcazaba.


Arriba y abajo: vistas laterales, izquierda y derecha respectivamente, del Monumento al Héroe Caído, donde la escultura que da nombre al conjunto centra desde su primera instalación el mismo, añadiéndosele en 1.956 los broncíneos evangelistas sobre muros de sillarejo granítico, con San Marcos y San Juan en el flanco izquierdo, y San Lucas y San Mateo frente a ellos.


Su vida, como la de la mayoría de los grandes artistas, se podría resumir en una etapa de aprendizaje, otra de consolidación de su estilo, para terminar con el reconocimiento, en este caso universal, de su obra. Sin embargo la de Ávalos, como la de toda una generación de españoles que tuvieron que sufrir el duro enfrentamiento bélico entre hermanos, se vio interrumpida primero por el estallido de la Guerra Civil en 1.936, para verse involucrado después en plena posguerra y hasta la resolución en 1.942 en un expediente de depuración por su supuesta vinculación con la II República Española. El alzamiento militar impidió que Juan de Ávalos pudiera proseguir con su labor arqueológica y artística en Mérida, a donde había regresado tras vivir su adolescencia en Madrid, graduándose en la capital del país en 1.931 en las Bellas Artes. Tras pasar la contienda en Andalucía, el expediente depurador le inhabilita para el ejercicio de cargos directivos en instituciones culturales y de enseñanza, por lo cual no puede recuperar su puesto como Subdirector del Museo Arqueológico de Mérida, ni tampoco el de Director de la Escuela de Artes y Oficios de esta ciudad.

Sin embargo, tras haber superado con éxito su aprendizaje como artista, y a pesar de tener que renunciar a su situación laboral previa al golpe, está decidido a vivir del arte y trabaja duro para salir adelante en la España de comienzos del franquismo. Diseña, acepta trabajos publicitarios y talla imágenes religiosas, pero no conforme con esta situación, acepta una invitación a Portugal para mudarse al país vecino donde, definido definitivamente como escultor, consolidará su estilo mientras se codea con otros artistas lusos, emprende viajes por Europa, realiza y participa en abundantes exposiciones y comienza a recoger premios que valoran sus obras más logradas.



Arriba e imágenes inferiores: la escultura del Héroe muerto, Héroe caído o Soldado caído de Badajoz fue labrada en piedra arenisca de Novelda por Juan de Ávalos, copiando el diseño de una anterior obra en escayola presentada en la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1.950, ofrecida a la ciudad por el autor y encargada la realización por ésta, conmemorando el largo listado de luchas bélicas sufridas por la capital con una obra que conjuga tensión y serenidad y que, debido a su exposición a la dura climatología extremeña se ha visto afectada en su conservación e integridad, duramente dañada por la humedad y desprovista de algunos elementos de su anatomía, como son los dedos del héroe yacente.



El regreso a España vendrá de la mano del proyecto del Valle de los Caídos. Cinco años de su vida y labor destinó el artista a su aportación al monumento, desde su encargo en 1.950 hasta la retirada de los últimos andamios a finales de 1.955. El mismo Francisco Franco lo propuso para llevar a cabo tal obra tras ver la escultura de Ávalos el Héroe muerto en la Exposición Nacional de 1.950. Ávalos sabe que es una oportunidad única para afianzar su obra en España, para demostrar al mundo su capacidad como escultor, para ejecutar la que sería considerada su obra maestra e, incluso, para ayudar en la labor de reconciliación de las dos Españas tras proponer que el monumento fuera un signo de paz y de unión. Rechaza por ello reflejar en las esculturas cualquier referencia política, centrándose en realizar ocho grandes figuras que representarán a los cuatro evangelistas y las cuatro virtudes cardinales, así como una Piedad que corone la entrada al templo.

El éxito de la obra no tarda en llegar, y tras afianzarse en su propio estilo el artista ve cómo su carrera avanza progresivamente a la par que sus obras son aclamadas y los encargos se multiplican. Los premios y condecoraciones tampoco faltarán. Entre otras, es nombrado en 1.974 miembro de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, elegido en 1.979 Presidente del Círculo de Bellas Artes de Madrid. En 1.981 ingresará en la Real Academia de Extremadura de las Letras y las Artes, recibiendo las Medallas de Oro de Mérida, Badajoz, así como al Mérito en las Bellas Artes o la Gran Cruz de las Orden de Isabel la Católica. Logra así ser reconocido en vida como uno de los grandes escultores de la España del siglo XX, apreciada su valía con creces hasta acaecer su defunción en Madrid el 06 de julio de 2.006. Hasta ese día, Juan de Ávalos trabaja incansablemente legando un ingente repertorio de imágenes y esculturas que pueden visitarse y admirarse en países tales como Colombia, República Dominicana, Paraguay, Estados Unidos y Puerto Rico, pero fundamentalmente por toda España destacando, además de las obras monumentales externas del Valle de los Caídos, complementadas en 1.968 por los cuatro arcángeles que cubren los muros del crucero de la basílica, los monumentos a la Paz de Tenerife, de Oviedo, de Ceuta o de Valdepeñas (Ciudad Real; destruido parcialmente en 1.976 por un grupo terrorista), el monumento a la Gesta del Alcázar de Toledo (erigido junto a este mismo edificio), el monumento al Rey Fernando el Católico de Zaragoza, el monumento al conde Diego Rodríguez Porcelos de Burgos, el monumento a los Marineros muertos en el Mediterráneo de Benidorm, el busto de Manolete de la plaza de la Lagunilla de Córdoba, la fuente dedicada al Doctor Carlos Jiménez Díaz cerca del Hospital Clínico San Carlos de Madrid, la escultura del Papa Juan Pablo II junto a la Catedral madrileña de la Almudena (donde se guarda, en su interior, su Cristo yacente, condecorado por la Primera Medalla de la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1.957), así como el conocido túmulo de los Amantes de Teruel, posiblemente su segunda más conocida obra tras la monumental de Cuelgamuros.

Abajo: a pesar de recibir ofertas desde Estados Unidos para su adquisición, fue deseo personal de Juan de Ávalos la conservación de los diseños originales definitivos en bronce de los cuatro evangelistas que formaran parte de la obra monumental del Valle de los Caídos en su tierra natal, donándolos por este motivo y por ser de su propiedad a la ciudad de Badajoz, que los incorporó en 1.956 al Monumento al Héroe Caído, pudiendo verse aún allí los santos escritores acompañados de sus emblemas tal y como pueden observarse también en Cuelgamuros, diferenciándose únicamente de éstos la figura de San Juan que, acompañado del águila, conserva su ancianidad en la obra pacense.





Pero Juan de Ávalos también fue profeta en su tierra. De hecho, fue Badajoz la que le encargó una de sus primeras obras monumentales, en 1.950, inaugurándose con ella una larga serie de grandes monumentos que el autor recibió por encargo, obtuvo por concurso o incluso, en abundantes ocasiones, donó altruistamente a las ciudades. En el caso de Badajoz, el conjunto monumental al Héroe muerto sería el primero de los cuatro que hoy en día decoran bajo su firma las calles de la capital pacense. El grupo definitivo lo centra la escultura del Héroe muerto, Héroe caído o Soldado caído, iconografía concluyente y derivada de una primera obra que, en 1.943, moldeó y expuso con éxito en el Instituto Británico de Madrid. Tras exponerla en escayola en la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1.950, ofrece la misma a la ciudad badajocense, que paga el sacado de puntos corriendo por parte del artista el resto de los gastos de creación de la obra. Para Badajoz Ávalos esculpirá la escultura en piedra arenisca de Novelda, muy deteriorada por la climatología extremeña pero que permite apreciar perfectamente aún el espíritu de la creación, donde la tensión anatómica de una figura masculina desnuda contrasta con la serenidad del cuerpo inerte del compañero que sostiene. La obra se ubicó en el Baluarte de Trinidad, junto al Parque de la Legión, por la vinculación histórica de este enclave de la ciudad con la función bélica y los sitios de Badajoz. Se colocó inicialmente la escultura monumental sobre un alto podio granítico, de donde se bajó cuando, en 1.956, se complementa el conjunto con cuatro nuevas obras donadas también por Ávalos a la ciudad, ante el deseo del extremeño por conservar las mismas en su tierra natal. Se trata de los modelos iniciales de los cuatro evangelistas del Valle de los Caídos, fundidos en bronce y colocados sobre murales de sillares graníticos. Cada evangelista aparece acompañado de su emblema y figura que simboliza a cada uno de ellos. Tras la escultura del Héroe muerto, que ocupa el corazón del conjunto o grupo monumental y del que derivaron después las esculturas que centran el monumento a los Marineros muertos en el Mediterráneo de Benidorm, así como el de Ayuda al caído de Casas de San Pedro (Badajoz), se mantuvo el monolito pétreo durante años culminado en una gran estrella de forja. Hoy en día es la Cruz de los Caídos, que previamente coronaba el Parque de la Alcazaba desde 1.943, realizada por el marmolista Ángel Zoido, la que aparece tras el Héroe caído, una vez eliminado tanto el monolito como la escultura metálica que lo coronaba.



Arriba: ubicado a comienzos del Paseo Fluvial, en plena orilla izquierda del Guadiana a su paso por Badajoz, en un enclave donde al parecer era habitual encontrarse al pintor homenajeado que gustaba de disfrutar de los atardeceres paseando por esta zona, antaño extramuros de la ciudad, se erige el Monumento a Adelardo Covarsí Yustas, ideado su levantamiento por el Ayuntamiento en 1.955, cuatro años después del fallecimiento del artista, y encargado definitivamente a Ávalos en 1.967, quedando inaugurado el 22 de junio de 1.968 tal y como reza junto a la dedicatoria del monumento.



Arriba: se conforma el Monumento a Adelardo Covarsí de una serie de figuras de bulto redondo y temática cinegética que se descubren frente a un monolito granítico levantado a la izquierda de la composición, donde un bajorrelieve en bronce ofrece la imagen esculpida del pintor homenajeado, firmada y fechada en su esquina inferior izquierda por el escultor emeritense: "J.Avalos, 1967".


Arriba e imágenes inferiores: siete son las figuras que componen el Monumento a Adelardo Covarsí, inspiradas en las obras que sobre caza y monterías hicieron conocido al pintor pacense, donde dos cazadores, con escopeta en mano, se descubren frente a la efigie del ilustre, escoltados por dos personajes más dispuestos a reunir a los tres sabuesos que les acompañan tras la batida, jugando los canes con uno de ellos, al que le falta hoy en día la mano izquierda, mientras el otro silba por la caracola avisando de la retirada.




Doce años más tarde, en 1.968, una nueva obra de Ávalos se levantará en la ciudad pacense, homenajeando al pintor e ilustre hijo de Badajoz D. Adelardo Covarsí, fallecido en 1.951. La idea parte desde el Ayuntamiento de la capital en 1.955, pero no se retomará hasta 1.967, año en que Ávalos toma el proyecto y realiza el monumento, finiquitado en los meses finales del mismo. Consta la obra básicamente de dos partes complementadas. Por un lado y a mano izquierda, un obelisco pétreo sostiene una placa fundida en bronce donde figura en bajo relieve el retrato del artista honrado. A su derecha, un conjunto de diversas esculturas en bulto redondo fabricadas en piedra rememoran una escena de caza, temática preferida y que hizo popular al pintor pacense, donde los dos principales personajes, tras regresar de la montería, se descubren ante la efigie del artista que tanto les inmortalizó con sus pinceles. Cierran el conjunto cinegético otros dos monteros que llaman y recogen a la jauría de perros cazadores que les acompañaron en su batida.



Arriba: simulando la proa de un barco granítico, la fuente y Monumento a los Extremeños Universales presenta una alegoría sobre la región extremeña, donde una figura femenina corta el viento sosteniendo una espada de puño de cruz, homenajeando a los extremeños que, cruzando el Océano Atlántico, descubrieron, conquistaron, colonizaron y evangelizaron el Nuevo Mundo, consiguiendo con su labor convertirse en universales y hacer universal a Extremadura.

Abajo: tras la gran figura en bronce y alegoría de la región aparece un mástil donde, sobre las planchas de granito, se colocaron los escudos provinciales de Badajoz y Cáceres, a izquierda y derecha respectivamente, bajo los cuales puede leerse el motivo del homenaje y la fecha de inauguración del mismo.




Coincidiendo con la entrega al escultor de la Medalla de Oro de Badajoz, se inaugura en la ciudad un nuevo monumento firmado por él. En esta ocasión Juan de Ávalos presenta una fuente sobre la que se yergue el Monumento a los Extremeños Universales, donde sobre la proa de un barco una alegoría femenina de la región de Extremadura fundida en bronce, de pie y sobre hojas de laurel se abre paso mientras porta una espada culminada en puño de cruz. Tras ella, un mástil granítico sostiene a ambos lados del mismo los escudos broncíneos provinciales de Badajoz y Cáceres, bajo los que reza, en ambos casos, la leyenda que permite conocer el título y fecha de inauguración del monumento: “Homenaje a los extremeños universales; Abril 1983”. Ávalos recoge así en el conjunto la idea de un proyecto destinado a celebrar las gestas de los extremeños en el Nuevo Mundo, donde a través de la espada y de la cruz, y tras atravesar el océano, descubrieron, conquistaron, colonizaron y evangelizaron las tierras de América, logrando la gloria de sus nombres y de la región.



Arriba: en la glorieta nacida de la confluencia de las avenidas de Sinforiano Madroñero y José María Alcaraz y Alenda, en pleno corazón de la moderna barriada de Valdepasillas, se quiso ubicar una fuente donde el motivo homenajeado en la misma fuese la unión entre ciudad y río, Badajoz y Guadiana, encargada en 1997 a Juan de Ávalos que, ayudado por su hijo, esculpió la misma, personándose el mismo autor en la inauguración del monumento acaecida el 21 de abril de 1.999.



Arriba y abajo: última de las cuatro aportaciones artísticas de Juan de Ávalos con que cuentan las calles de la ciudad de Badajoz, el monumento bautizado como La ciudad y el río, o La ciudad sobre el río se presenta como una alegoría donde urbe y cauce fluvial son representados por personajes desnudos, de perfección anatómica y corte clásico, donde una esbelta figura femenina, encarnando a la localidad, se yergue apoyada sobre un fornido varón, identificado con el río Guadiana, portando ambos sendos caños de donde parte el agua de la que se nutre el monumento.



La última de las obras nacidas de las manos de Juan de Ávalos que se ubicarán en las calles de la capital pacense será realizada (ayudado por su hijo Juan Ávalos Carballo) en 1.997 e inaugurada en 1.999 y, como la anterior, se presenta como una fuente donde, en este caso, el grupo escultórico fundido en bronce y de dos toneladas de peso sirve de caño del agua que nutre la misma. La ciudad y el río, o La ciudad sobre el río, es el nombre de esta alegoría que pretende ensalzar la unión intrínseca entre urbe y cauce fluvial, representada la primera por una joven de esbelto cuerpo desnudo que se incorpora sobre el Guadiana, personificado éste rememorando la escultura clásica con un fornido varón. Ambas figuras portan caños que escupen el agua que corre por la fuente, cayendo ésta después, desde el alto podio cónico en que se ubica la escultura, a la piscina base donde otros cuantos surtidores más complementan el conjunto ornamental.

Si bien con estos cuatro conjuntos monumentales Badajoz se presenta como la localidad extremeña donde más obras de Juan de Ávalos decoran sus calles, también su ciudad natal cuenta con dos esculturas del artista en sus espacios públicos, sin olvidar aquélla que preside el panteón familiar, ubicado en el cementerio municipal de la capital extremeña. Hablaríamos de dos obras monumentales cuya realización rondaría el año 1.975, fecha en que la ciudad celebraba el bimilenario de su fundación. Este motivo fue el que inspiró tanto el diseño como la idea de crear una escultura que homenajease tal efeméride. El propio artista quería colaborar en los actos no sólo por ser los de la ciudad que le vio nacer, sino por haber estado implicado personalmente durante su juventud en las labores arqueológicas y museísticas orientadas a la recuperación del pasado romano de Mérida. Fue así como el escultor dona la escultura que corona el Monumento a los arqueólogos, tal y como reza en la base de la misma, donde puede leerse en el mismo bronce de fabricación de la obra “Mi homenaje. Augusta Emérita en su bimilenario. Juan de Ávalos. 1.975”. Bajo ella, y labrado en el alto podio cilíndrico de granito que la sostiene, se lee igualmente en helicoidal el motivo homenajeado con el monumento: “A los beneméritos iniciadores de las grandes excavaciones, don José Ramón Mélida y don Maximiliano Macías, y a cuantos han contribuido al engrandecimiento arqueológico de la ciudad de Mérida. MCMLXXV. Año del Bimilenario”. La ciudad es la representada en la escultura a través de una figura femenina de rostro enérgico pero sereno que mira sin miedo al horizonte, tocada con túnica a lo romano, desplegado el cabello al viento mientras porta en su mano derecha una rama de laurel. Repite el autor con ella el diseño de una alegoría que sobre la región esculpió para el Salón de actos de la Casa de Extremadura de Madrid, diferenciándose de esta primera que no portaba laurel, sino una espada. Posteriormente el mismo modelo fue esculpido este vez en menor tamaño para la Asamblea de Extremadura.



Arriba e imágenes inferiores: con motivo de la celebración del bimilenario de la fundación de la ciudad de Mérida, en 1.975, Juan de Ávalos quiso colaborar en la misma donando a la localidad que le vio nacer una alegoría de la antigua capital lusitana que coronase el Monumento a los arqueólogos en las excavaciones emeritenses, ubicado hoy en día en el cruce de algunas de las principales calles de la ciudad, como son las de Santa Eulalia, Rambla de la mártir y Jose Ramón Mélida, sobre un alto podio granítico en el que se inscribe, en helicoidal, el motivo homenajeado, y donde se apoya esta figura femenina, de firme rostro, tocado romano y rama de laurel en mano, bajo la que se puede leer el nombre del autor, fecha del mismo y motivo de su donación.






También como resultado de los actos de conmemoración del bimilenario de la fundación de Mérida, Juan de Ávalos ofreció a la ciudad la posibilidad de creación de un nuevo vaciado en bronce similar a la escultura que centra el monumento a la Independencia de la República Dominicana de Santo Domingo, encargado por este país personalmente al escultor en 1.971 e inaugurado en 1.974. Como representación de la madre patria, Ávalos diseñó bajo la iconografía clásica de la Piedad una joven mujer que sostiene en brazos el cuerpo yacente del hijo, sacrificado en pro de la libertad, guardando en todo momento la verticalidad. Esta nueva Piedad profana homenajearía en este caso a los Emeritenses caídos en las guerras de España, respondiendo una vez más, como ya hiciera durante el diseño de las esculturas del Valle de los Caídos, a los deseos de reconciliación entre españoles del artista. El Ayuntamiento emeritense acepta la oferta y el encargo se formaliza en 1.975, realizándose e inaugurándose el nuevo monumento en 1.976. Se ubicaría junto a la Casa del Mitreo en un espacio público que años más tarde sería convertido en la Glorieta de Juan de Ávalos de la ciudad, donde la gran escultura en bronce culmina la fuente que ornamenta hoy en día la rotonda central de esta reconvertida en Plaza de Miguel Ángel Blanco, y donde puede leerse el nuevo título dado a la misma como La Piedad, que da a la escultura un sentido religioso algo lejano al alegórico con que fue creada inicialmente.



Arriba y abajo: centrando la que antaño fuese conocida como Glorieta de Juan de Ávalos, una obra monumental inspirada en la piedad cristiana y tomada de la escultura que centra el Monumento a la Independencia de la República Dominicana, representa alegóricamente a la ciudad de Mérida sosteniendo el cuerpo inerte de su hijo, muerto en las guerras de España, motivo homenajeado e inaugurado en 1.976 en respuesta a los deseos de reconciliación entre españoles ofrecido por Juan de Ávalos y bien vistos por el Ayuntamiento de la ciudad.



Una sí religiosa Piedad labrada en piedra de Escobedo será la que corone el panteón familiar donde Juan de Ávalos quiso que descansaran los restos de sus padres. Fabricada en 1.953 se colocó en la tumba en 1.954, siendo esta escultura el modelo que serviría de base a la que en el Valle de los Caídos remataría la entrada a la basílica. Había sido diseñada inicialmente, así como instalada, una Piedad de composición triangular que no gustaba tanto por el diseño como por su tamaño. El Consejo de las obras del monumento de Cuelgamuros pidió entonces al escultor una nueva creación, abocetando Ávalos cinco esculturas más, eligiéndose la que después talló y fue ubicada en el panteón emeritense, por ser el modelo propiedad del escultor. Difiere sin embargo este diseño del que hoy en día puede verse en el Valle de los Caídos, al modificarse en última instancia la posición de los brazos de la Virgen que entrelaza sus manos, para presentar definitivamente a la Madre de Cristo sosteniendo con el brazo derecho el torso del Hijo, mientras que con la izquierda agarra la mano zurda de éste, caída sobre su pelvis en la versión inicial. Se ubica la escultura sobre una mole de granito donde pueden leerse los nombres de los progenitores del artista, así como sus fechas de nacimiento y defunción. A su fallecimiento en 2.006, el propio Juan de Ávalos García-Taborda fue enterrado igualmente en este panteón, donde sus restos yacen hoy en día junto a los de sus padres, hermanos y otros familiares, bajo una obra artística que preservará en muerte al que el arte hizo grande en vida, para prestigio suyo, de su país pero sobre todo de su región. 




Arriba e imágenes inferiores: esculpido en piedra de Escobedo, el modelo original semidefinitivo de la Piedad que corona el acceso a la basílica del Valle de los Caídos es el que ornamenta el panteón familiar de los Ávalos desde 1.954, año en el que el escultor emeritense ideó su ubicación en el túmulo donde quiso que descansaran los restos de sus padres y donde más de cincuenta años después lo haría él mismo, bajo una imagen religiosa en la que María, con las manos entrelazadas, observa el cuerpo yacente de Cristo, sostenido sobre su rodilla derecha, mientras que sus inertes extremidades caen en una horizontalidad que cierra la composición.




- Cómo llegar:

El Conjunto o grupo escultórico del Héroe muerto de Badajoz, también conocido como Monumento al Héroe Caído, compuesto por la escultura del Héroe muerto, así como por los cuatro evangelistas en bronce y la antigua Cruz de los Caídos de la ciudad, se enclava en el Baluarte de Trinidad, frente a la Puerta de similar nombre por la que antaño podía entrarse a la urbe desde este enclave nororiental de la misma, en la conocida como Plaza de 18 de diciembre. Culmina allí la Ronda del Pilar en el punto donde da comienzo la popular Barriada de San Roque, tras cruzar parte del Parque de la Legión, al que pertenece al monumento, y atravesar el cauce del arroyo Rivilla.

Junto a la cabeza del Puente de la Universidad de Badajoz se ubica el Monumento a Adelardo Covarsí, en la unión de éste con el comienzo del trazado del Paseo Fluvial que recorre parte de la orilla izquierda del Guadiana a su paso por la ciudad. Fue escogido este enclave por su vinculación con el artista homenajeado pues, al parecer, gustaba al pintor pasear por esta zona, antaño extramuros, donde disfrutaba de las puestas de sol sobre el río y el horizonte portugués, reflejadas en muchas de sus obras.

El Monumento a los Extremeños Universales se yergue sobre su fuente en la avenida de Cristóbal Colón, en su cruce con la vía dedicada a Santiago Ramón y Cajal. Tras el conjunto se ubica la Iglesia de Santo Domingo y una de las entradas a las calles comerciales más añejas de la ciudad.

En la unión de las avenidas de Sinforiano Madroñero y José María  Alcaraz y Alenda, en pleno corazón de la barriada de Valdepasillas, se ubicó centrada en mencionada glorieta la fuente de La ciudad y el río como ornamentación de la expansión experimentada por parte de la ciudad de Badajoz en este flanco sur de la misma durante los años 90. Como resultado del crecimiento, la urbe seguía desarrollándose junto al río al que va a desembocar esta vía fundamental de la ciudad y que atraviesa a través del Puente Real, en una comunión entre metrópoli y Guadiana que quiso reflejar la obra monumental.

El Monumento a los arqueólogos en las excavaciones emeritenses de la capital regional se ubicó inicialmente en el Parque de la Constitución, frente al edificio del Parador Nacional de Mérida y antiguo Convento de Jesús Nazareno. Años más tarde fue trasladada al lugar donde antaño se ubicara la puerta norte de la ciudad, glorieta convertida en el punto de unión hoy en día de algunas de las más las céntricas calles de la localidad, como son la de Santa Eulalia, de Cervantes, de José Ramón Mélida y la Rambla de la Mártir. El Monumento a los emeritenses caídos en las guerras de España, bautizado años después como La Piedad, centra la que fuese Glorieta de Juan de Ávalos, denominada actualmente de Miguel Ángel Blanco, enclavada junto a la Casa del Mitreo en las cercanías de la Plaza de Toros municipal, sobre el trazado de la Carretera Nacional 630 a su paso por la Mérida, hoy en día Avenida de la Reina Sofía.

El panteón familiar donde descansan los restos del escultor extremeño, así como los de algunos de sus familiares, coronado con la Piedad, puede visitarse en el Cementerio Municipal emeritense, levantado junto a la antigua carretera de Cáceres, actual avenida de la Vía de la Plata, en horario de 9 a 13 horas, o bien de 15 a 18 (en invierno), o de 17 a 20 (en verano). Las tumbas y panteones de este camposanto se prolongan a lo largo de calles bautizadas con el nombre de personajes religiosos y vinculados con la ciudad. La vía principal que parte de la puerta de entrada, conocida como de Santa Eulalia, será la que nos lleve al Panteón de los Ávalos, ubicado en el margen izquierdo de la misma.



Juan de Ávalos García-Taborda. 21 de octubre de 1.911, 06 de julio de 2.006. D.E.P.

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