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martes, 7 de abril de 2020

Imagen del mes: Capilla del Palacio de Monsalud, en Almendralejo


Conocido popularme por ser el lugar de nacimiento del poeta romántico D. José de Espronceda, acaecido éste el 25 de marzo de 1.808, el Palacio de Monsalud, recuperado como sede del Ayuntamiento almendralejense desde que éste lo adquiriese por permuta con la Secretaría General del Movimiento en septiembre de 1.978, reinaugurado como tal en abril de 1.983  una vez finalizada la restauración que le devolviese el esplendor perdido tras el estado de abandono en que caería al verse el inmueble abandonado después de haber pasado por manos de Falange Española y ser edificio estatal destinado a diversos usos comunitarios, deriva en la que se hallase  al ser enajenado en 1.929 por los herederos de la familia fundadora, los Marqueses de Monsalud, artífices de su erección a mediados del siglo XVIII, habitándolo hasta el fallecimiento del V Marqués de Monsalud en 1.910, guarda entre sus rincones auténticos detalles artísticos y joyas patrimoniales como los vestigios de la primitiva capilla del lugar, abierta al patio porticado central y engalanada por un friso dotado de policromados relieves escultóricos donde se alternan los motivos religiosos con diversos blasones entre barrocos angelotes, putis y volutas, bajo una simulada cúpula gallonada cuyo diseño se repite en el previo tramo abovedado que corona la escalera que da acceso al antaño sacro recinto de la residencia palaciega, la más conocida de entre aquéllas subsistentes en el casco histórico de Almendralejo.
Almendralejo (Badajoz). Siglo XVIII; estilo barroco. 



Arriba y abajo: desde el patio porticado que a modo de claustro centra el monumental inmueble palaciego almendralejense de Monsalud, bordeada por la misma colección seriada de azulejos que rematan las paredes circundante del mismo, una alta portada de trazas comparables a las que enmarcan el acceso a la escalinata de comunicación con la planta superior del edificio, da inicio a las escaleras de subida a la antigua capilla del lugar (arriba), convertida hoy en zona de paso hacia la estancia destinada a sala de informática del concejo de la ciudad, toda vez que en el lateral derecho del sacro habitáculo fuese abierto un portón hacia una de las cámaras de la vivienda, posiblemente durante alguna de las muchas reformas edilicias que ha vivido el bien, a juzgar por el recorte de la decoración que ocuparía el remate superior de tal paso, preservada por el contrario la práctica totalidad de la restante ornamentación escultórica policromada que, fabricada en material blando como yeso o escayola y fijada a las paredes semejando formar parte de las mismas, rodean fundamentalmente el punto último destinado primigeniamente a altar (abajo), apreciándose centrando el muro final como si de un mismo retablo que culmina el ábside se tratase la imagen en bulto semirredondo de la Inmaculada Concepción (abajo, siguiente), tocada de los tonos azulado y bermellón con que en consideración a sus virtudes humana y llena de gracia respectivamente se le suele artísticamente representar, supeditada sobre un globo terráqueo donde y bajo sus pies queda aplastado el ofídico maligno como portadora del Salvador del mundo, sostenida la orbe por un trío de querubines mientras que es otro pareado de seres celestiales en relieve el que porta sobre la Madre de Dios la corona que la identifica como Reina de los cielos, purificando su presencia con inciensario un dúo de ángeles, expuestos uno por cada lado de la sagrada figura, ofrecida al espectador por el dueto de criaturas espirituales que desde sendas esquinas supremas del flanco descorren el cortinaje que, como si de un trampantojo escultórico se tratase, parecía querer esconder el tesoro mariano que allí se guarda .




Arriba y abajo: mientras que la sacra imagen mariana protagoniza la decoración escultórica presentada en el muro frontal de la vetusta capilla palaciega, quedan los muros laterales centrados por paneles de similar fábrica y estilo compositivo, donde los angelotes presentan en esta ocasión, entre decoración vegetal y volutas, sendos cuadros religiosos, uno a cada lado del habitáculo, donde son representados en el que fuese muro del evangelio o izquierda del espectador San Juan Bautista portando el Cordero Místico que él mismo descubriese ante el mundo (arriba), cuando como Cordero que Dios ofreciese para el sacrificio ante los pecados de la humanidad presentase a Jesús, mientras que frente a él, en lo que sería el muro de la epístola, San José lleva de la mano al Niño Jesús (abajo), descubriéndose sendos personajes como santos patronos tanto del I Marqués de Monsalud, Juan José Nieto Domonte, como de su hijo y heredero Juan José Nieto Aguilar, rodeados éstos por cuatro blasones vinculados con la familia y que son, a la par, los que se presentan en la pareja de escudos que componen el gran blasón esquinero que capitanea la estampa más popular del exterior del edificio, repetido en ellos el león rampante que rodeado de cuatro flores de lis y otro cuarteto de hojas de higuera hace referencia al principal apellido del clan (abajo, siguiente), mientras que la representación centrada por un árbol, a su derecha en la capilla y ofrecida igualmente en la ornamentación de la fachada, ha sido considerada por muchos autores como escudo de la ciudad almendralejense y guiño de la estirpe hacia la población donde entonces se asentaba la familia, si bien la aparición de una serie de calderos en derredor de la planta difiere del dibujo simbólico de la urbe, barajándose la posibilidad, apoyada en la aparición de similar escudo en la portada principal del palacio con que contaría la estirpe en el centro de la ciudad hispalense, conocido igualmente como de Monsalud, de estar en realidad frente a un emblema relacionado con la prole o los títulos con que ésta contase, quizás el de la villa y sierra de Monsalud, posesiones que les llevasen en enero de 1.762 a recibir por parte de Carlos III el título con que mayormente fuesen conocidos, siendo así en tal caso un detalle clave a la hora de poder fechar sendas obras, capilla y escudo esquinero respectivamente, debiendo haber sido ejecutados siguiendo tal teoría una vez alcanzado el marquesado, diez años después de la inauguración del palacio en 1.752.




Arriba y abajo: como si de una auténtica cúpula se tratase, corona la estancia que conforma el oratorio propiamente dicho, de planta cuadrangular y menudas dimensiones que apenas rozan los cuatro metros cuadrados de amplitud, una techumbre de gusto barroco y albo diseño gallonado centrada por un medallón donde, igualmente policromado como el elenco de esculturas murales, un sol antropomórfico luce en lo que algunos autores han considerado un gesto de reconocimiento hacia las culturas precolombinas y la labor de los almedralejenses que hicieran las Indias (arriba), si bien es habitual en el mundo artístico la vinculación del astro rey con la Madre de Dios, toda vez que María fuese identificada por la Iglesia con la fémina que en las profecías del Apocalipsis de San Juan se apareciese en medio de los cielos vistiendo de nuestra estrella local, de similar forma a la observada en el techo de la capilla palaciega, contrapuesta al águila bicéfala coronada que remata en su zona más álgida la semicúpula o bóveda de horno que cubre la mayor parte de las escaleras de acceso al sacro enclave (abajo), igualmente gallonada mas en tonos rojizos y diseño que se asemeja al del interior de una venera, posible referencia falconada al Imperio español que entroncaría con el presunto recuerdo americano sito en la techumbre anexa, separados ambos coronamientos por un arco fajón decorado en su clave por cabezas de querubines (abajo, siguiente), descubriéndose en el intradós una pareja de putis que parecen querer sostener la amalgama de hojarasca y decoración vegetal en espiral que se aglutina entre el resto del espacio interno del arco y la cara que del mismo da hacia el oratorio en sí (abajo, imágenes tercera a quinta), repetido bajo la semicúpula que a la par simula mantenerse sobre cinco querubines que figuran sustentar las también cinco pechinas que juegan a soportar el peso de la obra (abajo, imágenes sexta y séptima), apoyada en realidad entre los muros laterales y el arco que da acceso al recinto desde el patio palaciego (abajo, imagen octava), contrariamente presentado éste por una exigua ornamentación que extraña frente al barroquismo de un horror vacui triunfante en el resto de la sala, basada en un sencillo medallón central donde la cruz de la Orden de Santiago (abajo, imagen novena), policromada y sobre fondo azulado, se ofrece inmersa dentro de lo que se adivina una corona laureada, apuntanto hacia la vinculación de la familia con tal Orden religioso-militar, siendo el fundador del palacio, D. Juan José Nieto Domonte, Caballero perteneciente a la misma, de igual manera que contase éste con el cargo de Regidor perpetuo de Almendralejo, ciudad con la que la familia quedaría vinculada y donde aún hoy en día su recuerdo persiste fundamentalmente a través de la obra monumental y artística que significa el Palacio de Monsalud, junto a los tesoros que, como la antigua capilla palaciega, forman parte intrínseca del mismo y del patrimonio cultural almendralejense y extremeño.











martes, 29 de mayo de 2018

Imagen del mes: Retablos cerámicos de las capillas laterales del Monasterio de Tentudía


Eclipsadas por el retablo que engalana la capilla mayor, atribuido al artista italiano afincado en Sevilla Niculoso Pisano, cuentan las dos capillas laterales de la iglesia del Monasterio de Tentudía con sendas exquisitas obras cerámicas hermanas entre sí, tesoros de la azulejería sevillana que muestran a san Agustín en la capilla de los Maestres, así como a Santiago en su versión como Matamoros en el oratorio a la que el santo da nombre, atribuidos al maestro ceramista Cristóbal de Augusta de cuyo taller posiblemente procederían también los azulejos que recubren el sepulcro del maestre santiaguista Pelayo Pérez Correa al cual, según cuenta la leyenda, le serían escuchadas sus plegarias a la Virgen María, concediéndosele en pro de ayudarle a ganar la batalla que se estaba dando en las cercanías del lugar contra los sarracenos la detención del sol y prolongación de las horas diurnas del día.
Calera de León (Badajoz). Siglo XVI; estilo renacentista. 


Arriba y abajo: ubicada junto a la capilla mayor, culminando el lado del evangelio de la iglesia del monasterio de Tentudía, cierra la capilla de los Maestres, nombrada así por permanecer enterrados en ella diversos maestres de la Orden santiaguista, un retablo cerámico compuesto de altar y panel sobre él (arriba), centrando el compendio de azulejería la imagen de san Agustín de Hipona caracterizado con atuendo episcopal y acompañado de atributos propios de la iconografía de esta figura religiosa, tales como el báculo, la mitra, la pluma como Doctor y una iglesia en maqueta como Padre eclesiástico (abajo, siguiente), siendo la figura de santa Catalina de Alejandría la que centre a su vez el frontal del altar, coronada por su origen noble, portando palma de martirio y rodeada de la simbología intrínseca a su leyenda, como son la rueda dentada, la espada y la cabeza cortada del emperador Maximino Daya, quien la mandase ejecutar (abajo).



Abajo: de igual manera que en el lado del evangelio, el lado de la epístola se ve culminado con una capilla conectada al altar mayor, conocida como del comendador Juan Zapata o más popularmente como de Santiago por ser ésta la figura religiosa que protagoniza el panel de azulejos que centra el retablo cerámico que preside la sala, representado el Apóstol en su versión de Matamoros, basada en las crónicas medievales que lo situarían en la batalla de Clavijo, vestido como soldado montado a lomos de un blanco corcel que galopa sobre los restos inertes de los enemigos musulmanes, acompañado del emblema de la Orden Militar a la que da nombre y bajo cuya custodia se encontraba el monasterio, bélica visión contrapuesta a la serenidad de la Virgen con el Niño que centra el frontal de altar, de pie sobre la luna apocalíptica y embuelta en aura.






Abajo: mientras que la temática del panel de azulejos, así como el tema del medallón central del frontal del altar, difiere en cada uno de los retablos laterales, se repite entre ambos y sin embargo no sólo el diseño y constitución general de las obras cerámicas, sino inclusive el motivo que guardan las cenefas que bordean tanto los paneles principales (abajo, siguientes primera y segunda) como los frentes (abajo, tercera), así como los rellenos de los frontales (abajo, cuarta) y laterales de las aras (abajo, quinta y sexta), donde la ornamentación fundamentalmente de tipología vegetal se multiplica a modo de caleidoscopio, con decoración a vivos colores ejecutada bajo la técnica del azulejo pintado, también conocida como técnica pisana.







Abajo: basándonos tanto en la técnica cerámica como en el diseño tomado y motivos representados en sendas series de azulejos, podría decirse que tanto las cenefas que decoran los escalones de subida al retablo de Santiago (abajo, siguiente), como el recubrimiento azulejístico que sella la tumba del maestre Pelayo Pérez Correa en la capilla mayor, fueron realizados al igual que los retablos laterales por el maestro ceramista Cristóbal de Augusta, o bien creados en su taller sevillano, de donde saldrían los zócalos de los salones del Alcázar hispalense, considerados obras maestras de la azulejería renacentista española.




Abajo: vista exterior del Monasterio de Tentudía, declarado Monumento Histórico-Artístico, actualmente Bien de Interés Cultural, según decreto publicado en la Gaceta de Madrid nº 155, de 4 de junio de 1.931.

sábado, 10 de diciembre de 2011

Restos del Templo de Marte en el Hornito de Santa Eulalia de Mérida


Arriba: levantada junto a la Basílica de Santa Eulalia sobre el lugar donde, según la tradición, padeció martirio y muerte la joven virgen emeritense, esta capilla conocida como Hornito de Santa Eulalia conserva en su atrio diversos restos del Templo de Marte reutilizados en su construcción, clara muestra del sometimiento que la historia aguardaba a las religiones paganas frente a la nueva religión cristiana.

Cuenta el poeta hispanolatino Prudencio en su himno dedicado a la mártir Eulalia de Mérida, publicado poco antes de la muerte del erudito a comienzos del siglo V junto con otras obras poéticas basadas en la religión cristiana, que el día 10 de diciembre del año 304 una joven de nombre Eulalia nacida doce años antes en la que por entonces aún se denominaba Emérita Augusta, se presentó ante el gobernador de la ciudad, de nombre Daciano, para protestar frente al decreto que el emperador Diocleciano había dictado prohibiendo el culto a Jesucristo y la liturgia cristiana. Ante las palabras de la joven Daciano decidió conseguir su retractación ofreciéndole diversos regalos e invitándola a adorar a los dioses paganos. Eulalia no sólo no accedió, sino que tiró por los suelos los presentes y ofrendas, escupiendo a la cara del dirigente. Mandó entonces el pretor que la apresaran y torturaran hasta la muerte, azotándola y abriéndole la carne con garfios, introduciendo teas encendidas en las heridas y quemándole finalmente los miembros y los cabellos. Envuelta en llamas, la joven falleció, surgiendo milagrosamente y según diversos testigos de su boca una blanca paloma que se elevó a los cielos, del que después cayó una copiosa nevada que cubriría el cuerpo desnudo y calcinado de la mártir.



Arriba: vista general del pórtico de la Capilla de Santa Eulalia, erigido en el siglo XVII durante la reforma de la ermita, y para la cual se reaprovecharon diversos vestigios hallados en aquella época y pertenecientes al antiguo Templo de Marte, adquiridos por el Ayuntamiento de la ciudad para honrar con esta obra a su Patrona y Perpetua Alcaldesa.



Arriba y abajo: de mármol rosáceo veteado y coronados por blancos capiteles de orden corintio, los dos fustes de origen romano y 1,80 metros de altitud que actualmente sustentan sendas esquinas del atrio del Hornito emeritense bien pudieron ser partes conjuntas de la misma columna, partida para mejor reutilización en esta capilla.



Al relato de Prudencio añade la tradición oral cristiana varios martirios más, hasta un total de trece tormentos recogidos por Bernabé Moreno de Vargas en su Historia de la ciudad de Mérida. Será de todos ellos el más popular aquél que cuenta cómo Eulalia fue introducida dentro de un horno de cal con la idea de abrasarla viva. La leyenda de su martirio indica que no sufrió quemadura alguna dentro de él, decidiendo entonces las autoridades sacarla para, conduciéndola despojada de ropas por las calles de la capital lusitana, llevarla a la plaza donde habitualmente se ejercían las ejecuciones públicas y continuar con los tormentos hasta alcanzar su muerte final allí. Un supuesto primer milagro se produjo entonces al elevarse una densa niebla desde el río que ocultaba el cuerpo desnudo de la joven mientras caminaba por la ciudad, librándola de la humillación que tal acto conllevaba. Una vez llegados al lugar de los ajusticiamientos y tras continuar con diversos castigos,  Eulalia fue quemada con antorchas hasta lograr su defunción. El horno donde inicialmente fue martirizada pasaría posteriormente a convertirse en símbolo de la santa, mientras que en el lugar donde falleció se elevó, durante el reinado de los Reyes Católicos, una capilla denominada Hornito de la Santa para honrar a la mártir, enclavada junto al lugar donde los cristianos vecinos y contemporáneos de la santa la sepultaron y sobre el que se erigió la Basílica de Santa Eulalia.



Arriba: presidiendo el atrio del Hornito, como posiblemente así lo hiciese en el pórtico del templo del que procedía, el friso del dintel central presenta la más destacada de las cuatro inscripciones que podemos encontrar en este pórtico religioso, con cuatro palabras latinas que permiten barajar datos diversos sobre este desaparecido monumento religioso romano.


Arriba y abajo: escritas en castellano y datadas durante la rehabilitación de la capilla a comienzos del siglo XVII, dos inscripciones hacen referencia a dicha remodelación aportando diversos datos que perpetúan dichas obras facilitando además el estudio de la misma, colocadas sobre el arquitrabe central, y a la izquierda del mismo, respectivamente.




La Capilla de Santa Eulalia u Hornito de la Santa fue erigida inicialmente en 1.498 en estilo gótico donde el pueblo había querido ver las huellas de un antiguo horno de planta redonda, asimilándolo con aquél donde la santa fuera antaño martirizada y coincidiendo con ser el lugar donde se ubicaba el antiguo solar de ejecuciones. Se construyó en tal enclave una primera capilla de menudas dimensiones y humilde fábrica, con muros de mampostería y arco de cantería, guardando en su interior una imagen de madera policromada sobre Santa Eulalia, reformándose profundamente siglos después, durante el siglo XVII, bajo un ideal barroco que condujo al resultado y fisonomía final que actualmente conserva, intentando emular en todo momento el horno donde la santa fue martirizada. Fue esta segunda obra acabada en 1.612, según consta en el mismo monumento, atribuyéndose las actuaciones al maestro Hernando de Contreras, contando como más destacada reforma del edificio el añadido de un atrio de planta rectangular frente a la portada del monumento, para cuya construcción se utilizaron diversos elementos descubiertos por la época en la ciudad , restos atribuidos al pórtico de un antiguo templo que los romanos dedicaron al dios Marte.



Arriba: una serie de medallones aparecen esculpidos a lo largo de los dinteles del pórtico, tallados en su mayoría por los antiguos trabajadores romanos, alternándose florones y cabezas femeninas que algunos han querido identificar con Medusa, mientras que otros estudiosos se decantan más por la representación de la Victoria.



Arriba: mientras que las cabezas femeninas que ilustran los medallones presentan grandes similitudes entre ellas, los florones se subdividen a su vez en dos tipos, con hojas de acanto en unos y palmetas en el resto.
Abajo: detalle de algunos de los medallones que podemos encontrar en el dintel central del atrio emeritense, pertenecientes a una de las porciones de arquitrabe partido que se rescató del antiguo Templo de Marte.


Abajo: mientras que los dinteles central e izquierdo conservan los medallones de factura original romana, el friso de la derecha presenta sus relieves retallados durante la reconstrucción de la ermita, apreciándose en los mismos un estilo claramente distante de los primitivos.



Ubicado según la tradición en el solar donde después se trazó la antigua Plaza de Santiago, perteneciente al conjunto que conformaba el Foro municipal, o según otras voces a las afueras del recinto amurallado de la primitiva ciudad y cerca de la vega del río Albarregas, del antiguo Templo de Marte se pudieron rescatar para su uso en la reforma del Hornito cuatro arquitrabes completos, con friso y cornisa, así como restos de otros dos, más dos columnas con capitel y una basa original, marmóreas piezas esculpidas siguiendo el orden corintio. Se desconocen más datos sobre este edificio religioso emeritense, así como su datación, dimensiones u otras noticias sobre su historia y uso. Sin embargo y a raíz de una inscripción conservada en uno de los frisos rescatados, está clara la consagración del pasado templo al dios de la guerra, de gran devoción en un belicoso mundo romano y posiblemente muy valorado en una ciudad fundada para alojar a eméritos legionarios que conocieron las durezas de las guerras y las atrocidades de las batallas en sus propias carnes. La aparición en dicha inscripción del nombre de la mecenas, llamada Vettilla, esposa de Paculo, ofrece además una posibilidad gracias a la cual poder barajar una posible fecha de construcción de este desaparecido monumento religioso, al conocerse la existencia de una dama de alta posición y gran solvencia económica, de nombre Domitia Vettilla, casada con Roscius Paculus, gobernador de la Lusitania durante la época Antonina, en la segunda mitad del siglo II d.C. El estilo de los relieves conservados parece apoyar esta teoría cronológica que propone el último cuarto del siglo II como fecha de aparición del templo pagano.



Arriba: vista general del dintel izquierdo del atrio del Hornito eulaliense, donde se aprecian el arquitrabe y friso romanos, careciendo de cornisa latina que sí se conserva fragmentada y por el contrario al frente, con rica  decoración corintia a base, entre otros motivos, de acasetonados.
Abajo: sofito del arquitrabe izquierdo cuyo relieve presenta las mismas directrices compositivas que el resto de los conservados, introduciendo al espectador en el mundo bélico contemporánea a su época de fabricación.


Abajo: a la izquierda del medallón central del sofito mencionado anteriormente, una coraza donde dos tritones se desafían sostiene un clípeo decorado con una legionaria águila capturando una serpiente.




Arriba: el medallón central izquierdo presenta una escena de triunfo y botín, con dos cautivos sometidos bajo una armazón que sostiene la coraza, yelmo y escudos de los vencedores.
Abajo: rodeado de elementos militares y armaduras relacionadas con el mundo de los gladiadores, la coraza de la derecha sujeta un escudo donde un caballo alado, posiblemente Pegaso, pace con sus alas elevadas.



Tallada en letras de gran tamaño de las que se conservan las cavidades, posiblemente rellenas en su inicio con caracteres de bronce, la inscripción latina que preside el friso reutilizado como dintel central del nuevo pórtico cristiano permite leer la sentencia latina MARTI. SACRVM / VETTILLA. PACVLI, traducida al castellano como "Consagrado a Marte por Vettilia, esposa de Paculo". También en latín aparece una segunda inscripción, ubicada bajo la anterior pero de clara datación posterior y posible redacción contemporánea a la reforma barroca, en la que se puede leer IAM. NON. MARTI. SED IESVCHRISTO D. OP. M. / EIVSQE. SPONSAE EULAL. VR. MR. DENVO CONSECRATVM. ("Iam non Marti, sed Iesu Christo D.O.M. eiusque sponsae Eulaliae Vir. Mart. denuo consecratum"), entendido en castellano como "Ya no a Marte, sino a Jesucristo y a su esposa Eulalia se consagró de nuevo". Otras dos inscripciones más completan la epigrafía que decora, data e historia el atrio oratorio. Escritas en castellano y fechadas como la anterior durante la reconstrucción que sufrió la capilla en el siglo XVII, sus sentencias no hacen referencia esta vez a la consagración del templo inicial ni a la del edificio religioso actual, sino a la reconstrucción del mismo finalizada en 1.612 y a la reutilización para este acometido de diversos mármoles romanos encontrados entre las ruinas de la ciudad. Así, a la izquierda del friso central podemos leer "Estas piedras de mármol / se hallaron labradas / de las ruinas de esta ciudad", coronando por otro lado la epigrafía romana capitular una estela donde se resumen las obras ejecutadas durante el Siglo de Oro: "Año de Cristo de 1612, la ciudad de Mérida con sus limosnas y de su jurisdicción reedificó este Hornito, que es el propio sitio donde fue martirizada la Virgen santa Olalla, Patrona, y natural de ella, siendo Gobernador D. Luis Manrique de Lara, Caballero del Hábito de Santiago".



Arriba: aspecto general que presenta el arquitrabe central de los preservados en la capilla, tallado en su frente durante el siglo XVII con una sentencia latina que hace referencia a la nueva consagración de estos mármoles, y cuyo sofito muestra posiblemente el mejor conservado de los relieves mantenidos.


Arriba: apoyado sobre una coraza con la cabeza de Medusa en su pecho labrada, un escudo con decoración vegetal y no figurativa se exhibe a la izquierda del relieve del arquitrabe central.
Abajo: entre los elementos que complementan el total del espacio destinado en este sofito central al relieve alegórico, tres animales campan entre armaduras y armamento, visualizándose al jabalí, un gallo y una cabeza de lobo, símbolos de la deidad a la que iba consagrada la obra.




Arriba: el medallón central del dintel que posiblemente ocupó el frente del pórtico del antiguo templo nos presenta a la diosa Victoria semidesnuda y alada, portando en su mano derecha un instrumento usado para la escritura, mientras que con la izquierda sostiene un escudo colocado sobre un tronco de palmera, emulando la misma composición que en muchas monedas y medallas contemporáneas a esta obra rememoraba triunfos obtenidos por el Imperio.



Arriba: un sinfín de elementos bélicos rellena la totalidad de los relieves de la cara inferior de los arquitrabes, horror vacui muy utilizado durante el siglo II d. C. y que apoya la teoría que presenta la datación de esta obra durante tal época de reinados antoninos.
Abajo: a diferencia del escudo contrario, el clípeo de la derecha del arquitrabe central encierra en su interior un grifo alado con su garra derecha apoyada en un arbusto, animal mitológico de gran fortaleza y bravura muy utilizado por los romanos en sus decoraciones.




Un total de veintiséis medallones y restos de otros tantos circundan el pórtico esculpidos en suave bajorrelieve en la cara exterior de los tres frisos completos utilizados como dinteles del mismo, figurando también en una de las dos porciones de arquitrabe partido conservadas. Con once en el friso izquierdo, nueve en el derecho y seis en el frente, éstos se subdividen a su vez según el motivo representado en el mismo, alternándose equitativamente los rostros mitológicos con otros motivos vegetales, contándose hasta catorce cabezas y doce florones con palmetas y hojas de acanto alternativas. Mientras que los medallones del frente así como los del lado izquierdo no presentan diferencias en su fábrica, aquéllos tallados en el friso derecho muestran signos de haber sido retallados durante la remodelación de la capilla. Sin embargo la temática no varía de unos a otros, adivinándose las cabezas como de género femenino, con el pelo suelto y compuesto por libres rizos, coronadas por alas, queriendo ver algunos estudiosos en ellas a Medusa, mientras que otros se decantan por la representación de la Victoria, alegoría plenamente relacionada con el dios de la guerra al que iban destinadas estas labores artísticas y piezas arquitectónicas.



Arriba: visión general de uno de los dos fragmentos de arquitrabe partido rescatados de las ruinas del antiguo templo de Marte, alojado actualmente a la izquierda del arquitrabe central y formando parte junto a éste del dintel frontal del pórtico, conservando como las demás piezas arqueológicas sus cimacios exterior e interior.
Abajo: detalle del relieve inferior conservado en mencionado arquitrabe, donde un escudo con decoración vegetal sobrevive cerca del capitel romano igualmente preservado en este monumento.



Arriba y abajo: los restos de la segunda porción de arquitrabe fragmentado se ubica, al igual que el primero, en el dintel central del pórtico eulaliense, en su extremo derecho, conservando de manera bastante similar a su hermano opuesto un escudo con decoración no figurativa en su sofito, apoyado sobre una coraza.



Si bien los medallones esculpidos en los frisos latinos decoran gustosamente los laterales del atrio de la capilla emeritense, no son éstos posiblemente los que presentan la que podríamos considerar como mejor labor decorativa de aquéllas que se conservan del antiguo Templo de Marte. En los sofitos o lados inferiores de los arquitrabes preservados aparecen relieves de estructura y composición bastante similar entre sí cuya labor de excelsa calidad y bello acabado, así como su buen estado de conservación, sorprenden gratamente como posiblemente ya lo hiciesen antaño, colocados en el pórtico del desaparecido templo como decoración intercolumnia del mismo. Contamos hoy en día con tres relieves completos a los que habría que añadir dos porciones más, pertenecientes a las dos fracciones de arquitrabe partido que se conservan. Mientras que en cada lateral se ubica un arquitrabe completo, con su relieve correspondiente, el lado central del atrio aparece con una pieza entera colocada en el punto medio, estando las dos porciones fragmentadas depositadas a cada uno de los lados de la misma, respectivamente.

La estructura que presentan los relieves ideados para ser esculpidos en los sofitos de estas piezas marmóreas voladizas se repite de manera general en cada uno de ellos. Un medallón central preside la composición, mientras que en cada extremo del dibujo figuran corazas militares sobre las que se apoya un escudo o clípeo, armas defensivas que presentan a su vez una decoración interior acorde con la temática de toda la serie. El resto del espacio rectangular que emplea el relieve en sí figura ocupado por un sinfín de elementos igualmente relacionados con el mundo bélico así como con el de los gladiadores, toda una colección de armas y armaduras contemporáneas a la época del tallado, lanzas y flechas, espadas y hachas, yelmos, cascos, escudos, arietes, trompetas y ruedas, entre los que campean símbolos que aluden al dios de la guerra, como el gallo, el lobo y el jabalí, o incluso el buitre, generando como resultado una composición donde el horror vacui aparece presente y donde todos los elementos aluden a la lucha y al mundo guerrero-militar para satisfacer a la deidad a la que iba ofrecida este trabajo artístico.



Arriba: aspecto general que presenta el arquitrabe reutilizado como dintel derecho en la ermita emeritense, de similares características a su compañero izquierdo y que, como aquél, no conserva la cornisa original.
Abajo: el sofito del arquitrabe derecho presenta un relieve decorativo no sólo de similares patrones a los demás, sino además de gran similitud al izquierdo, repitiéndose los motivos que decoran los clípeos y medallones centrales.



Arriba: apoyado sobre una coraza sin decoración en su pecho, un clípeo ocupado por un águila cazando una sierpe y colocado en el extremo izquierdo del arquitrabe presenta un motivo similar al presentado en el relieve del dintel opuesto, diferente sin embargo en sus formas y postura.
Abajo: semejante al medallón central del dintel izquierdo, dos cautivos permanecen atados y arrodillados bajo una coraza romana en esta medalla, representación de los triunfos de Roma frente a los pueblos bárbaros.



Abajo: nuevamente un caballo alado o Pegaso figura en el escudo de la derecha del arquitrabe oriental, diferenciándose del localizado en el dintel opuesto por su postura galopante, adivinándose junto al clípeo y asomando por detrás de la coraza sustentante la cabeza de un buitre, animal que simbolizada al dios de la guerra.



Un armazón cruciforme o el tronco de un árbol de cuyas ramas cuelgan diversos trofeos, entre los que figuran una coraza, un yelmo y varios escudos, y bajo el que están atados dos cautivos, es el emblema que aparece esculpido en el medallón central que preside el relieve conservado en el arquitrabe ubicado a la izquierda del pórtico del Hornito. A su extremo izquierdo, una coraza sostiene un escudo donde puede apreciarse un águila pisando una serpiente. La coraza sobre la que se asienta aparece decorada con dos tritones en actitud desafiante el uno frente al otro. Al lado contrario, un caballo alado, bien el mismo Pegaso, eleva sus alas dentro del escudo que lo encierra, apoyado sobre una coraza donde el mal estado del relieve impide verificar con claridad el motivo representado en su pecho, pudiendo adivinarse una pequeña figura en el costado izquierdo de la armadura. Algunos estudiosos han querido ver en ella a dos soldados acompañados del águila legionaria. Otras voces apuntan a la diosa Victoria alada acompañada de un niño o personaje mitológico infantil. El arquitrabe de la derecha exhibe los mismos motivos en su medallón central y escudos laterales que el anterior, aunque difieren los bajorrelieves de las corazas, sin labor alguna en el pecho de aquélla ubicada a la izquierda del medallón, y exhibiendo la colocada a su derecha una cabeza alegórica de la Victoria, o de Medusa, al estilo de las figuradas en los medallones de los frisos del templo. 

El arquitrabe colocado como dintel del lado central y en cuyo friso reza la inscripción que señala la consagración del templo al dios de la guerra, presenta posiblemente la mejor y más completa labor escultórica si cabe de todas las conservadas y presentes en el atrio de la capilla. Es su medallón central ligeramente de mayores medidas que los alojados en los relieves laterales, clara muestra de la importancia que esta pieza arquitectónica tuvo en el antiguo templo, apareciendo en el interior de esta medalla la diosa Victoria alada y semidesnuda, con el torso al descubierto y portando en su mano derecha un instrumento de escritura, mientras que con la izquierda sostiene un escudo apoyado sobre un tronco de palmera. A su izquierda encontramos una coraza nuevamente decorada con una cabeza de mujer alada, sosteniendo un escudo con decoración no figurativa. A la derecha, por el contrario, el escudo encierra a un grifo alado que apoya su garra derecha sobre un arbusto. La coraza que lo sustenta presenta un águila en el pecho, símbolo del ejército romano que debía a Marte tantas victorias.



Arriba: un cuarto arquitrabe completo se rescató de entre los vestigios del Templo de Marte emeritense, colocado como escalón de acceso al Hornito al frente del mismo hasta 1.942, año en el que se sustrajo del monumento para mejor conservación de este elemento arquitectónico, actualmente expuesto en el Museo Nacional de Arte Romano de Mérida.


Los relieves subsistentes en las dos porciones de arquitrabe fragmentadas conservan un escudo en uno de ellos, así como otra de estas armas defensivas, con la coraza correspondiente que lo sostiene, en el siguiente. Ambos clípeos presentan una decoración no figurativa, al igual que la coraza preservada y perteneciente al fragmento de arquitrabe colocado a la derecha del central. El cuarto arquitrabe completo que se recuperó del antiguo templo y que hasta bien entrado el siglo XX sirvió con escalón de acceso a la capilla, presenta en su medallón central un águila sosteniendo entre sus garras una liebre, e intentando capturar con el pico una serpiente. El mal estado en que se encontraba esta pieza arquitectónica y el peligro que suponía su ubicación como escalón para la conservación de la misma llevó a retirarla del lugar en 1.942, exhibiéndose actualmente en el Museo Nacional de Arte Romano de Mérida.

Los restos del Templo de Marte conservados en el Hornito de Santa Eulalia de Mérida fueron declarados Monumento Nacional en 1.913, actual Bien de Interés Histórico Cultural con la categoría de Monumento (Gaceta de Madrid nº 57, de 26/02/1.913).

Cómo llegar:

Aunque antiguamente tanto la Basílica como el Hornito de Santa Eulalia se encontraban a las afueras de la Muy Noble, Antigua, Grande y Leal Ciudad de Mérida, el crecimiento de la urbe ha conllevado la inclusión de ambos monumentos dentro del casco urbano, próximos al casco antiguo emeritense. Enclavado en la denominada como Avenida de Extremadura, al noreste de la localidad, llegar al Hornito es sencillo si partimos desde la Plaza de España y continuamos por la comercial calle de Santa Eulalia, siguiendo después en línea recta por la Rambla del mismo nombre. Aparecerá ante nosotros esta capilla de gran devoción popular donde los restos del Templo de Marte sirven hoy en día como sustento a la memoria de la mártir que las propias autoridades romanas ajusticiaron, clara muestra del caprichoso devenir de la historia que dictaminó la desaparición de las religiones paganas frente a un cristianismo que habían seriamente perseguido y condenado, y que escribía ahora un nuevo rumbo en la vida de la ciudad, de la región y del mundo occidental.
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