jueves, 29 de diciembre de 2011

Feliz Año Nuevo


Arriba: detalle de la fachada del Palacio Municipal de Badajoz, vista desde la estatua que homenajea al pintor pacense Luis de Morales "el Divino", donde se observa el reloj que preside el edificio y la Plaza de España donde se asienta.

Un año que se va y otro que llega. Proyectos que terminan e  ilusiones que se renuevan, apareciendo nuevos propósitos que inaugurar en el que no es más que un nuevo capítulo o tramo de nuestro camino, un camino ininterrumpido cuyo comienzo y final va a acorde con el transcurrir de nuestra existencia donde descubriremos la vida y el mundo que nos rodea.

Un año va a cumplirse desde que decidí inaugurar este blog, dando forma a una de las ideas que me rondaba la cabeza con ilusión, trayendo al lector y navegante los monumentos y elementos histórico-artísticos menos conocidos de esta hermosa tierra que me vio nacer, para publicidad de los mismos y con ansias de compartir aquellos aspectos de nuestra cultura que no merecían quedar en el desconocimiento. Una herramienta para conocer nuestro patrimonio, con imágenes tomadas in situ como archivo y registro de una herencia histórica en muchas ocasiones en peligro de desaparecer, y datos sobre su localización y manera de llegar para facilitar la visita.

Han sido, con ésta, un total de 47 entradas con las que he querido acercar más de 40 monumentos o aspectos detallados de los mismos, descubriendo la riqueza que Extremadura guarda en sus caminos y demostrando que todas las culturas que los recorrieron dejaron su huella en ellos, esperando ser descubiertos nuevamente por el caminante que por nuestra tierra dirigiese sus pasos.

Con el nuevo año espero poder seguir trayendo más información sobre este aspecto cultural de nuestra región, renovando ilusiones principalmente enriquecidas gracias a los comentarios de los visitantes y la buena acogida que me han demostrado los mismos. A todos ellos, lectores, seguidores y visitantes les envío mi más sincero agradecimiento por este año de satisfacción personal, y mis mejores deseos para el año nuevo.

Desde Extremadura: caminos de cultura, ¡feliz 2012!



Arriba: fachada principal del Palacio Municipal de Cáceres al atardecer, cuyo reloj anuncia las horas en la Plaza Mayor de la ciudad.

domingo, 25 de diciembre de 2011

Feliz Navidad. Felices fiestas


Arriba: exquisitos relieves platerescos donde se conjugan la Natividad, la adoración de los pastores y la Epifanía ante los Reyes Magos en la Portada de Poniente de la Catedral de Santa María de la Asunción, en Coria.


"José subió de Galilea, de la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David, que se llama Belén, por ser él de la casa y de la familia de David, para empadronarse con María, su esposa, que estaba encinta. Estando allí se cumplieron los días de su parto, y dio a luz a su hijo primogénito, y lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, por no haber sitio para ellos en el mesón." (Evangelio según San Lucas: Capítulo 2, Versículos 4-7)

Sería San Lucas quien, con estas palabras, describiese el nacimiento de Jesús, acontecimiento del que el resto de evangelios canónicos no nos habla, aunque sí San Mateo menciona el mismo cuando se pronuncia sobre la adoración de los Magos de Oriente. Al igual que del resto de la vida privada de Jesús e infancia del que más tarde sería considerado Mesías, pocos o escasos datos se conservan del mismo, muchas veces ampliados a través de leyendas de dudoso origen y tradiciones orales que no conservan base histórica o documental alguna.

Menciona San Lucas a continuación cómo unos pastores que dormían al aire libre cuidando de sus rebaños reciben la presencia de un ángel del Señor. Este dato llevó a muchos a considerar la fecha de tal acontecimiento como un día de primavera, o bien de septiembre, épocas propias para dormir en la región al raso. Sin embargo y ante la falta de acuerdo, se optó por fijar el día del nacimiento de Jesús siguiendo criterios diferentes y en base a motivos bien distintos. Así, no fue hasta el año 354 cuando el papa Liberio decreta finalmente que el nacimiento de Jesús tuvo lugar el día 25 de diciembre, tras ser propuesta esta fecha por su predecesor Julio I, deseando así convertir en cristiana una celebración pagana con gran arraigo entre los romanos y con la que honraban al dios Saturno durante el solsticio de invierno, siendo su día álgido el 25 de diciembre: las Saturnalia o Saturnales.

Desde entonces, cada 25 de diciembre el mundo occidental celebra el nacimiento de Jesús o Natividad de Cristo, más popularmente llamada Navidad. Una festividad que ha ido recogiendo elementos de otras culturas que ya celebraban el solsticio de invierno antes de su cristianización, especialmente los derivados de la escandinava Fiesta de Yule o de la celebración germana del nacimiento del dios Frey, para la cual se decoraban árboles perennes. No pararon sin embargo las controversias sobre esta fecha hasta que, como ocurrió en Estados Unidos de América donde se determinó su celebración oficial a finales del siglo XIX, comenzaron a reivindicarse más que los motivos religiosos, la celebración familiar y la época de la sinceridad y las buenas voluntades. Es así como llega a nuestros días: una celebración de un tiempo de concordia y hermandad donde tienen cabida todas las manifestaciones religiosas y paganas que han nacido alrededor del solsticio de invierno.

Desde Extremadura: caminos de cultura, os deseo a todos los lectores, seguidores, colegas y demás visitantes, creyentes cristianos o no, una sincera feliz Navidad, y unas muy felices fiestas.

sábado, 10 de diciembre de 2011

Restos del Templo de Marte en el Hornito de Santa Eulalia de Mérida


Arriba: levantada junto a la Basílica de Santa Eulalia sobre el lugar donde, según la tradición, padeció martirio y muerte la joven virgen emeritense, esta capilla conocida como Hornito de Santa Eulalia conserva en su atrio diversos restos del Templo de Marte reutilizados en su construcción, clara muestra del sometimiento que la historia aguardaba a las religiones paganas frente a la nueva religión cristiana.

Cuenta el poeta hispanolatino Prudencio en su himno dedicado a la mártir Eulalia de Mérida, publicado poco antes de la muerte del erudito a comienzos del siglo V junto con otras obras poéticas basadas en la religión cristiana, que el día 10 de diciembre del año 304 una joven de nombre Eulalia nacida doce años antes en la que por entonces aún se denominaba Emérita Augusta, se presentó ante el gobernador de la ciudad, de nombre Daciano, para protestar frente al decreto que el emperador Diocleciano había dictado prohibiendo el culto a Jesucristo y la liturgia cristiana. Ante las palabras de la joven Daciano decidió conseguir su retractación ofreciéndole diversos regalos e invitándola a adorar a los dioses paganos. Eulalia no sólo no accedió, sino que tiró por los suelos los presentes y ofrendas, escupiendo a la cara del dirigente. Mandó entonces el pretor que la apresaran y torturaran hasta la muerte, azotándola y abriéndole la carne con garfios, introduciendo teas encendidas en las heridas y quemándole finalmente los miembros y los cabellos. Envuelta en llamas, la joven falleció, surgiendo milagrosamente y según diversos testigos de su boca una blanca paloma que se elevó a los cielos, del que después cayó una copiosa nevada que cubriría el cuerpo desnudo y calcinado de la mártir.



Arriba: vista general del pórtico de la Capilla de Santa Eulalia, erigido en el siglo XVII durante la reforma de la ermita, y para la cual se reaprovecharon diversos vestigios hallados en aquella época y pertenecientes al antiguo Templo de Marte, adquiridos por el Ayuntamiento de la ciudad para honrar con esta obra a su Patrona y Perpetua Alcaldesa.



Arriba y abajo: de mármol rosáceo veteado y coronados por blancos capiteles de orden corintio, los dos fustes de origen romano y 1,80 metros de altitud que actualmente sustentan sendas esquinas del atrio del Hornito emeritense bien pudieron ser partes conjuntas de la misma columna, partida para mejor reutilización en esta capilla.



Al relato de Prudencio añade la tradición oral cristiana varios martirios más, hasta un total de trece tormentos recogidos por Bernabé Moreno de Vargas en su Historia de la ciudad de Mérida. Será de todos ellos el más popular aquél que cuenta cómo Eulalia fue introducida dentro de un horno de cal con la idea de abrasarla viva. La leyenda de su martirio indica que no sufrió quemadura alguna dentro de él, decidiendo entonces las autoridades sacarla para, conduciéndola despojada de ropas por las calles de la capital lusitana, llevarla a la plaza donde habitualmente se ejercían las ejecuciones públicas y continuar con los tormentos hasta alcanzar su muerte final allí. Un supuesto primer milagro se produjo entonces al elevarse una densa niebla desde el río que ocultaba el cuerpo desnudo de la joven mientras caminaba por la ciudad, librándola de la humillación que tal acto conllevaba. Una vez llegados al lugar de los ajusticiamientos y tras continuar con diversos castigos,  Eulalia fue quemada con antorchas hasta lograr su defunción. El horno donde inicialmente fue martirizada pasaría posteriormente a convertirse en símbolo de la santa, mientras que en el lugar donde falleció se elevó, durante el reinado de los Reyes Católicos, una capilla denominada Hornito de la Santa para honrar a la mártir, enclavada junto al lugar donde los cristianos vecinos y contemporáneos de la santa la sepultaron y sobre el que se erigió la Basílica de Santa Eulalia.



Arriba: presidiendo el atrio del Hornito, como posiblemente así lo hiciese en el pórtico del templo del que procedía, el friso del dintel central presenta la más destacada de las cuatro inscripciones que podemos encontrar en este pórtico religioso, con cuatro palabras latinas que permiten barajar datos diversos sobre este desaparecido monumento religioso romano.


Arriba y abajo: escritas en castellano y datadas durante la rehabilitación de la capilla a comienzos del siglo XVII, dos inscripciones hacen referencia a dicha remodelación aportando diversos datos que perpetúan dichas obras facilitando además el estudio de la misma, colocadas sobre el arquitrabe central, y a la izquierda del mismo, respectivamente.




La Capilla de Santa Eulalia u Hornito de la Santa fue erigida inicialmente en 1.498 en estilo gótico donde el pueblo había querido ver las huellas de un antiguo horno de planta redonda, asimilándolo con aquél donde la santa fuera antaño martirizada y coincidiendo con ser el lugar donde se ubicaba el antiguo solar de ejecuciones. Se construyó en tal enclave una primera capilla de menudas dimensiones y humilde fábrica, con muros de mampostería y arco de cantería, guardando en su interior una imagen de madera policromada sobre Santa Eulalia, reformándose profundamente siglos después, durante el siglo XVII, bajo un ideal barroco que condujo al resultado y fisonomía final que actualmente conserva, intentando emular en todo momento el horno donde la santa fue martirizada. Fue esta segunda obra acabada en 1.612, según consta en el mismo monumento, atribuyéndose las actuaciones al maestro Hernando de Contreras, contando como más destacada reforma del edificio el añadido de un atrio de planta rectangular frente a la portada del monumento, para cuya construcción se utilizaron diversos elementos descubiertos por la época en la ciudad , restos atribuidos al pórtico de un antiguo templo que los romanos dedicaron al dios Marte.



Arriba: una serie de medallones aparecen esculpidos a lo largo de los dinteles del pórtico, tallados en su mayoría por los antiguos trabajadores romanos, alternándose florones y cabezas femeninas que algunos han querido identificar con Medusa, mientras que otros estudiosos se decantan más por la representación de la Victoria.



Arriba: mientras que las cabezas femeninas que ilustran los medallones presentan grandes similitudes entre ellas, los florones se subdividen a su vez en dos tipos, con hojas de acanto en unos y palmetas en el resto.
Abajo: detalle de algunos de los medallones que podemos encontrar en el dintel central del atrio emeritense, pertenecientes a una de las porciones de arquitrabe partido que se rescató del antiguo Templo de Marte.


Abajo: mientras que los dinteles central e izquierdo conservan los medallones de factura original romana, el friso de la derecha presenta sus relieves retallados durante la reconstrucción de la ermita, apreciándose en los mismos un estilo claramente distante de los primitivos.



Ubicado según la tradición en el solar donde después se trazó la antigua Plaza de Santiago, perteneciente al conjunto que conformaba el Foro municipal, o según otras voces a las afueras del recinto amurallado de la primitiva ciudad y cerca de la vega del río Albarregas, del antiguo Templo de Marte se pudieron rescatar para su uso en la reforma del Hornito cuatro arquitrabes completos, con friso y cornisa, así como restos de otros dos, más dos columnas con capitel y una basa original, marmóreas piezas esculpidas siguiendo el orden corintio. Se desconocen más datos sobre este edificio religioso emeritense, así como su datación, dimensiones u otras noticias sobre su historia y uso. Sin embargo y a raíz de una inscripción conservada en uno de los frisos rescatados, está clara la consagración del pasado templo al dios de la guerra, de gran devoción en un belicoso mundo romano y posiblemente muy valorado en una ciudad fundada para alojar a eméritos legionarios que conocieron las durezas de las guerras y las atrocidades de las batallas en sus propias carnes. La aparición en dicha inscripción del nombre de la mecenas, llamada Vettilla, esposa de Paculo, ofrece además una posibilidad gracias a la cual poder barajar una posible fecha de construcción de este desaparecido monumento religioso, al conocerse la existencia de una dama de alta posición y gran solvencia económica, de nombre Domitia Vettilla, casada con Roscius Paculus, gobernador de la Lusitania durante la época Antonina, en la segunda mitad del siglo II d.C. El estilo de los relieves conservados parece apoyar esta teoría cronológica que propone el último cuarto del siglo II como fecha de aparición del templo pagano.



Arriba: vista general del dintel izquierdo del atrio del Hornito eulaliense, donde se aprecian el arquitrabe y friso romanos, careciendo de cornisa latina que sí se conserva fragmentada y por el contrario al frente, con rica  decoración corintia a base, entre otros motivos, de acasetonados.
Abajo: sofito del arquitrabe izquierdo cuyo relieve presenta las mismas directrices compositivas que el resto de los conservados, introduciendo al espectador en el mundo bélico contemporánea a su época de fabricación.


Abajo: a la izquierda del medallón central del sofito mencionado anteriormente, una coraza donde dos tritones se desafían sostiene un clípeo decorado con una legionaria águila capturando una serpiente.




Arriba: el medallón central izquierdo presenta una escena de triunfo y botín, con dos cautivos sometidos bajo una armazón que sostiene la coraza, yelmo y escudos de los vencedores.
Abajo: rodeado de elementos militares y armaduras relacionadas con el mundo de los gladiadores, la coraza de la derecha sujeta un escudo donde un caballo alado, posiblemente Pegaso, pace con sus alas elevadas.



Tallada en letras de gran tamaño de las que se conservan las cavidades, posiblemente rellenas en su inicio con caracteres de bronce, la inscripción latina que preside el friso reutilizado como dintel central del nuevo pórtico cristiano permite leer la sentencia latina MARTI. SACRVM / VETTILLA. PACVLI, traducida al castellano como "Consagrado a Marte por Vettilia, esposa de Paculo". También en latín aparece una segunda inscripción, ubicada bajo la anterior pero de clara datación posterior y posible redacción contemporánea a la reforma barroca, en la que se puede leer IAM. NON. MARTI. SED IESVCHRISTO D. OP. M. / EIVSQE. SPONSAE EULAL. VR. MR. DENVO CONSECRATVM. ("Iam non Marti, sed Iesu Christo D.O.M. eiusque sponsae Eulaliae Vir. Mart. denuo consecratum"), entendido en castellano como "Ya no a Marte, sino a Jesucristo y a su esposa Eulalia se consagró de nuevo". Otras dos inscripciones más completan la epigrafía que decora, data e historia el atrio oratorio. Escritas en castellano y fechadas como la anterior durante la reconstrucción que sufrió la capilla en el siglo XVII, sus sentencias no hacen referencia esta vez a la consagración del templo inicial ni a la del edificio religioso actual, sino a la reconstrucción del mismo finalizada en 1.612 y a la reutilización para este acometido de diversos mármoles romanos encontrados entre las ruinas de la ciudad. Así, a la izquierda del friso central podemos leer "Estas piedras de mármol / se hallaron labradas / de las ruinas de esta ciudad", coronando por otro lado la epigrafía romana capitular una estela donde se resumen las obras ejecutadas durante el Siglo de Oro: "Año de Cristo de 1612, la ciudad de Mérida con sus limosnas y de su jurisdicción reedificó este Hornito, que es el propio sitio donde fue martirizada la Virgen santa Olalla, Patrona, y natural de ella, siendo Gobernador D. Luis Manrique de Lara, Caballero del Hábito de Santiago".



Arriba: aspecto general que presenta el arquitrabe central de los preservados en la capilla, tallado en su frente durante el siglo XVII con una sentencia latina que hace referencia a la nueva consagración de estos mármoles, y cuyo sofito muestra posiblemente el mejor conservado de los relieves mantenidos.


Arriba: apoyado sobre una coraza con la cabeza de Medusa en su pecho labrada, un escudo con decoración vegetal y no figurativa se exhibe a la izquierda del relieve del arquitrabe central.
Abajo: entre los elementos que complementan el total del espacio destinado en este sofito central al relieve alegórico, tres animales campan entre armaduras y armamento, visualizándose al jabalí, un gallo y una cabeza de lobo, símbolos de la deidad a la que iba consagrada la obra.




Arriba: el medallón central del dintel que posiblemente ocupó el frente del pórtico del antiguo templo nos presenta a la diosa Victoria semidesnuda y alada, portando en su mano derecha un instrumento usado para la escritura, mientras que con la izquierda sostiene un escudo colocado sobre un tronco de palmera, emulando la misma composición que en muchas monedas y medallas contemporáneas a esta obra rememoraba triunfos obtenidos por el Imperio.



Arriba: un sinfín de elementos bélicos rellena la totalidad de los relieves de la cara inferior de los arquitrabes, horror vacui muy utilizado durante el siglo II d. C. y que apoya la teoría que presenta la datación de esta obra durante tal época de reinados antoninos.
Abajo: a diferencia del escudo contrario, el clípeo de la derecha del arquitrabe central encierra en su interior un grifo alado con su garra derecha apoyada en un arbusto, animal mitológico de gran fortaleza y bravura muy utilizado por los romanos en sus decoraciones.




Un total de veintiséis medallones y restos de otros tantos circundan el pórtico esculpidos en suave bajorrelieve en la cara exterior de los tres frisos completos utilizados como dinteles del mismo, figurando también en una de las dos porciones de arquitrabe partido conservadas. Con once en el friso izquierdo, nueve en el derecho y seis en el frente, éstos se subdividen a su vez según el motivo representado en el mismo, alternándose equitativamente los rostros mitológicos con otros motivos vegetales, contándose hasta catorce cabezas y doce florones con palmetas y hojas de acanto alternativas. Mientras que los medallones del frente así como los del lado izquierdo no presentan diferencias en su fábrica, aquéllos tallados en el friso derecho muestran signos de haber sido retallados durante la remodelación de la capilla. Sin embargo la temática no varía de unos a otros, adivinándose las cabezas como de género femenino, con el pelo suelto y compuesto por libres rizos, coronadas por alas, queriendo ver algunos estudiosos en ellas a Medusa, mientras que otros se decantan por la representación de la Victoria, alegoría plenamente relacionada con el dios de la guerra al que iban destinadas estas labores artísticas y piezas arquitectónicas.



Arriba: visión general de uno de los dos fragmentos de arquitrabe partido rescatados de las ruinas del antiguo templo de Marte, alojado actualmente a la izquierda del arquitrabe central y formando parte junto a éste del dintel frontal del pórtico, conservando como las demás piezas arqueológicas sus cimacios exterior e interior.
Abajo: detalle del relieve inferior conservado en mencionado arquitrabe, donde un escudo con decoración vegetal sobrevive cerca del capitel romano igualmente preservado en este monumento.



Arriba y abajo: los restos de la segunda porción de arquitrabe fragmentado se ubica, al igual que el primero, en el dintel central del pórtico eulaliense, en su extremo derecho, conservando de manera bastante similar a su hermano opuesto un escudo con decoración no figurativa en su sofito, apoyado sobre una coraza.



Si bien los medallones esculpidos en los frisos latinos decoran gustosamente los laterales del atrio de la capilla emeritense, no son éstos posiblemente los que presentan la que podríamos considerar como mejor labor decorativa de aquéllas que se conservan del antiguo Templo de Marte. En los sofitos o lados inferiores de los arquitrabes preservados aparecen relieves de estructura y composición bastante similar entre sí cuya labor de excelsa calidad y bello acabado, así como su buen estado de conservación, sorprenden gratamente como posiblemente ya lo hiciesen antaño, colocados en el pórtico del desaparecido templo como decoración intercolumnia del mismo. Contamos hoy en día con tres relieves completos a los que habría que añadir dos porciones más, pertenecientes a las dos fracciones de arquitrabe partido que se conservan. Mientras que en cada lateral se ubica un arquitrabe completo, con su relieve correspondiente, el lado central del atrio aparece con una pieza entera colocada en el punto medio, estando las dos porciones fragmentadas depositadas a cada uno de los lados de la misma, respectivamente.

La estructura que presentan los relieves ideados para ser esculpidos en los sofitos de estas piezas marmóreas voladizas se repite de manera general en cada uno de ellos. Un medallón central preside la composición, mientras que en cada extremo del dibujo figuran corazas militares sobre las que se apoya un escudo o clípeo, armas defensivas que presentan a su vez una decoración interior acorde con la temática de toda la serie. El resto del espacio rectangular que emplea el relieve en sí figura ocupado por un sinfín de elementos igualmente relacionados con el mundo bélico así como con el de los gladiadores, toda una colección de armas y armaduras contemporáneas a la época del tallado, lanzas y flechas, espadas y hachas, yelmos, cascos, escudos, arietes, trompetas y ruedas, entre los que campean símbolos que aluden al dios de la guerra, como el gallo, el lobo y el jabalí, o incluso el buitre, generando como resultado una composición donde el horror vacui aparece presente y donde todos los elementos aluden a la lucha y al mundo guerrero-militar para satisfacer a la deidad a la que iba ofrecida este trabajo artístico.



Arriba: aspecto general que presenta el arquitrabe reutilizado como dintel derecho en la ermita emeritense, de similares características a su compañero izquierdo y que, como aquél, no conserva la cornisa original.
Abajo: el sofito del arquitrabe derecho presenta un relieve decorativo no sólo de similares patrones a los demás, sino además de gran similitud al izquierdo, repitiéndose los motivos que decoran los clípeos y medallones centrales.



Arriba: apoyado sobre una coraza sin decoración en su pecho, un clípeo ocupado por un águila cazando una sierpe y colocado en el extremo izquierdo del arquitrabe presenta un motivo similar al presentado en el relieve del dintel opuesto, diferente sin embargo en sus formas y postura.
Abajo: semejante al medallón central del dintel izquierdo, dos cautivos permanecen atados y arrodillados bajo una coraza romana en esta medalla, representación de los triunfos de Roma frente a los pueblos bárbaros.



Abajo: nuevamente un caballo alado o Pegaso figura en el escudo de la derecha del arquitrabe oriental, diferenciándose del localizado en el dintel opuesto por su postura galopante, adivinándose junto al clípeo y asomando por detrás de la coraza sustentante la cabeza de un buitre, animal que simbolizada al dios de la guerra.



Un armazón cruciforme o el tronco de un árbol de cuyas ramas cuelgan diversos trofeos, entre los que figuran una coraza, un yelmo y varios escudos, y bajo el que están atados dos cautivos, es el emblema que aparece esculpido en el medallón central que preside el relieve conservado en el arquitrabe ubicado a la izquierda del pórtico del Hornito. A su extremo izquierdo, una coraza sostiene un escudo donde puede apreciarse un águila pisando una serpiente. La coraza sobre la que se asienta aparece decorada con dos tritones en actitud desafiante el uno frente al otro. Al lado contrario, un caballo alado, bien el mismo Pegaso, eleva sus alas dentro del escudo que lo encierra, apoyado sobre una coraza donde el mal estado del relieve impide verificar con claridad el motivo representado en su pecho, pudiendo adivinarse una pequeña figura en el costado izquierdo de la armadura. Algunos estudiosos han querido ver en ella a dos soldados acompañados del águila legionaria. Otras voces apuntan a la diosa Victoria alada acompañada de un niño o personaje mitológico infantil. El arquitrabe de la derecha exhibe los mismos motivos en su medallón central y escudos laterales que el anterior, aunque difieren los bajorrelieves de las corazas, sin labor alguna en el pecho de aquélla ubicada a la izquierda del medallón, y exhibiendo la colocada a su derecha una cabeza alegórica de la Victoria, o de Medusa, al estilo de las figuradas en los medallones de los frisos del templo. 

El arquitrabe colocado como dintel del lado central y en cuyo friso reza la inscripción que señala la consagración del templo al dios de la guerra, presenta posiblemente la mejor y más completa labor escultórica si cabe de todas las conservadas y presentes en el atrio de la capilla. Es su medallón central ligeramente de mayores medidas que los alojados en los relieves laterales, clara muestra de la importancia que esta pieza arquitectónica tuvo en el antiguo templo, apareciendo en el interior de esta medalla la diosa Victoria alada y semidesnuda, con el torso al descubierto y portando en su mano derecha un instrumento de escritura, mientras que con la izquierda sostiene un escudo apoyado sobre un tronco de palmera. A su izquierda encontramos una coraza nuevamente decorada con una cabeza de mujer alada, sosteniendo un escudo con decoración no figurativa. A la derecha, por el contrario, el escudo encierra a un grifo alado que apoya su garra derecha sobre un arbusto. La coraza que lo sustenta presenta un águila en el pecho, símbolo del ejército romano que debía a Marte tantas victorias.



Arriba: un cuarto arquitrabe completo se rescató de entre los vestigios del Templo de Marte emeritense, colocado como escalón de acceso al Hornito al frente del mismo hasta 1.942, año en el que se sustrajo del monumento para mejor conservación de este elemento arquitectónico, actualmente expuesto en el Museo Nacional de Arte Romano de Mérida.


Los relieves subsistentes en las dos porciones de arquitrabe fragmentadas conservan un escudo en uno de ellos, así como otra de estas armas defensivas, con la coraza correspondiente que lo sostiene, en el siguiente. Ambos clípeos presentan una decoración no figurativa, al igual que la coraza preservada y perteneciente al fragmento de arquitrabe colocado a la derecha del central. El cuarto arquitrabe completo que se recuperó del antiguo templo y que hasta bien entrado el siglo XX sirvió con escalón de acceso a la capilla, presenta en su medallón central un águila sosteniendo entre sus garras una liebre, e intentando capturar con el pico una serpiente. El mal estado en que se encontraba esta pieza arquitectónica y el peligro que suponía su ubicación como escalón para la conservación de la misma llevó a retirarla del lugar en 1.942, exhibiéndose actualmente en el Museo Nacional de Arte Romano de Mérida.

Los restos del Templo de Marte conservados en el Hornito de Santa Eulalia de Mérida fueron declarados Monumento Nacional en 1.913, actual Bien de Interés Histórico Cultural con la categoría de Monumento (Gaceta de Madrid nº 57, de 26/02/1.913).

Cómo llegar:

Aunque antiguamente tanto la Basílica como el Hornito de Santa Eulalia se encontraban a las afueras de la Muy Noble, Antigua, Grande y Leal Ciudad de Mérida, el crecimiento de la urbe ha conllevado la inclusión de ambos monumentos dentro del casco urbano, próximos al casco antiguo emeritense. Enclavado en la denominada como Avenida de Extremadura, al noreste de la localidad, llegar al Hornito es sencillo si partimos desde la Plaza de España y continuamos por la comercial calle de Santa Eulalia, siguiendo después en línea recta por la Rambla del mismo nombre. Aparecerá ante nosotros esta capilla de gran devoción popular donde los restos del Templo de Marte sirven hoy en día como sustento a la memoria de la mártir que las propias autoridades romanas ajusticiaron, clara muestra del caprichoso devenir de la historia que dictaminó la desaparición de las religiones paganas frente a un cristianismo que habían seriamente perseguido y condenado, y que escribía ahora un nuevo rumbo en la vida de la ciudad, de la región y del mundo occidental.

Tesoros del camino: vestigios romanos en la fachada del Palacio de los Lastra, en Torremejía. Parte 1ª


Arriba: junto a la portada principal del Palacio de los Lastra, también llamado Palacio de los Torres Mejía o de los Mexía, surgen los restos de tres torsos togados romanos sorprendiendo gratamente al caminante, destacando entre la mampostería del muro por su blanco mármol y su buen estado de conservación.

Una vez que Roma ocupa y conquista la totalidad de la Península Ibérica en lo que por entonces se denominó Hispania, uno de los primeros acometidos que se llevaron a cabo, para mejor organización, explotación, gobierno, y en definitiva romanización de las nuevas tierras que habían pasado a engrosar el listado de las regiones latinas, fue la división del territorio en diversas provincias, con capital administrativa en cada una de ellas. Divididos inicialmente los primeros terrenos conquistados en el Sur y Levante peninsular en dos provincias, conocidas como Citerior y Ulterior, haciendo referencia a la más cercana y la más lejana a Roma respectivamente, con la posterior ocupación de los territorios lusitanos se expande la provincia Ulterior por las tierras occidentales alcanzando el océano Atlántico. Poco después y tras derrotar a cántabros y astures, la Hispania Citerior sufrirá un crecimiento similar, ocupando todo el Norte peninsular.

Ante la nueva magnitud que la provincia hispana Ulterior había adquirido, Roma determina subdividirla a su vez, separándose la Baética de la Lusitania en el año 27 a.C. y bajo el mandato de Octavio Augusto. Mientras que la primera ocuparía lo que hoy en día serían las tierras medias y occidentales andaluzas, gran parte de la provincia de Badajoz y algunos territorios de La Mancha, la Lusitania se extendería por el resto de Extremadura, provincia de Salamanca, porciones de las provincias de Zamora, Ávila y Toledo, y las tierras del estado de Portugal ubicadas al sur del río Duero. A su vez y para una mejor organización jurídica, en cada provincia surgieron diversos conventos jurídicos que se repartían la totalidad provincial. En el caso de la Lusitania contaríamos con tres: el Conventus Emeritensis, con capital jurídica en Emérita Augusta, el Conventus Pacensis, con capital en Pax Iulia (actual Beja, en Portugal) y el Conventus Scalabitanus (con capital en Scalabis Iulia (actual Santarem portuguesa). Emérita Augusta sería además la capital administrativa de toda la provincia, y centro destacado de negocios y cultura.



Arriba: contando con ocho piezas arqueológicas de origen romano el exterior del Palacio torremejiense de los Lastra, siete de ellas en la fachada principal, tres togados se alojan a la derecha de la portada de acceso, siendo de este trío el ubicado a la izquierda el más fragmentado de ellos.


Arriba: de los tres togados romanos que subsisten engullidos en el muro oriental del Palacio de los Mexía, es el central el de mayor tamaño, figurando no sólo el torso del personaje sino también las piernas del individuo que representó.
Abajo: el tercer togado, ubicado a la derecha del grupo, podría considerarse como el mejor conservado de ellos, pudiendo apreciar en la escultura curiosos detalles como el anillo que el sujeto porta en el dedo anular de su mano izquierda.



Ocupaba el Conventus Emeritensis la zona oriental de la Lusitania, coincidiendo prácticamente con lo que hoy sería la porción de esta provincia romana situada sobre actuales tierras españolas. Si bien esta provincia conoció una amplia  y profunda romanización generalizada en sus dominios, destacó especialmente en ello el territorio emeritense, centrándose el mayor foco de latinización en los territorios ubicados al sur del Sistema Central, principalmente al sur del río Tajo, brillando en ello la capital y su periferia, una ciudad que emulaba a la propia Roma en un rico enclave bañado por las aguas del río Guadiana, que propició la aparición de numerosas villas en sus contornos donde practicar el cultivo de los tres productos que conforman la trilogía mediterránea: trigo, vid y olivo. El trazado de la Vía de la Plata a lo largo de esta subdivisión o convento, así como la prolongación de dicho camino hacia el sur a través del "Iter ab Hostio Emeritam Uxue Fluminis Anae", no hizo sino apoyar la existencia de estos centros económicos rurales, potenciando el progreso de la capital lusitana, el de su comarca y la romanización de la zona.

Tal etapa histórica no podía desaparecer sin dejar vestigios diversos, dispersos y abundantes, resultado de una romanización plena sobre la que se basó la cultura hispana posterior. El devenir de la historia de estas tierras no hizo sino regenerarse sobre sus mismos cimientos latinos, surgiendo nuevamente cultivos mediterráneos allí donde Roma explotó con esa misma intención los suelos, volviendo viajeros y peregrinos sus pasos por donde los mercaderes romanos escribieron su camino, en un resurgimiento continuo de la vida y del progreso de este enclave sobre los cimientos del pasado cuya mejor representación material bien podía ser la fachada del Palacio de los Lastra, también conocido como de los Torres Mejía, o de los Mexía, en la localidad a la que este linaje dio nombre y donde los mismos impulsaron en el siglo XIV  la repoblación de esta zona enclavada al sur de la ciudad de Mérida, un siglo después de su reconquista por parte del reino cristiano de León.



Arriba: de menor tamaño que el resto de los vestigios romanos que subsisten en el Palacio de los Torres Mejía, una pieza de mármol aparece aislada en la fachada occidental, procedente de algún relieve o escultura con el que se quiso representar un fiero animal o un ser mitológico.


Pertenecía el municipio emeritense y durante la Baja Edad Media a esta noble familia de los Mexía, siendo Torremejía un lugar de señorío de los mismos, levantado donde antaño los romanos presuntamente erigieron una torre vigía que controlara y vigilara en pro de la seguridad de los viajeros el continuo devenir de caminantes por el ramal sur de la Vía de la Plata. Cuando don Gonzalo Mejía funda la población en 1.370, vuelve a edificar nuevamente una atalaya por los mismos motivos que siglos atrás llevaron a Roma a tomar tal decisión. Una construcción que revive el porvenir de la localidad como antaño la anterior hiciera nacer junto a ella un núcleo de población asociado a la vía de comunicación mencionada y a la que servía. Una clara muestra del resurgimiento de la vida en esta romanizada zona sobre los cimientos de un pasado que no deja de reaparecer y retornar.

La construcción en el siglo XVI de una casa-palacio junto a la Torre de los Mexía, conocida popularmente como Torre de los Mojinetes, retoma este espíritu de resurgimiento sobre un pasado clásico, apoyado además en los ideales del Renacimiento que por entonces inundaban España y bajo cuyas teorías artísticas se levanta este monumento. Tras conocer varias reformas y haberse visto modificado con el paso de los siglos y las diversas tendencias artísticas de la Edad Moderna, el Palacio de los Lastra, actual albergue para peregrinos tras su compra y restauración por parte de la Junta de Extremadura, presenta hoy en día la misma portada de acceso con que se dotó al edificio en 1.525, fecha bien datada al rezar en la propia construcción y leerse en una inscripción allí mismo depositada. Es en esta franja que comprende la portada, así como en el lado derecho contiguo a la misma, donde siete piezas arqueológicas fueron colocadas para decoración del lugar a imitación del gusto italiano, que dictaba el uso de estos vestigios romanos no sólo como respeto y admiración por unas piezas fabricadas en una época clásica ahora consideradas a más, sino además como sustento propagandístico de las raíces nobiliarias de la familia sostenidas por un pasado imperial.



Arriba: aspecto general de la fachada oriental del Palacio de los Lastra, muro donde se concentra la práctica totalidad de la decoración exterior del edificio y donde se alojan siete de las ocho piezas arqueológicas romanas que aquí se conservan, enriqueciendo este monumento declarado Bien de Interés Cultural por la Junta de Extremadura (DOE 08/04/1995).


Subdivididas estas siete piezas en dos grupos diferenciados tanto por su ubicación como por su entidad, aparecen ante nosotros cuatro aras sobre la puerta de acceso al palacio, y tres esculturas sobre togados romanos a la derecha de la portada y formando junto a ella parte de la fachada del edificio. Son tres imágenes de bulto redondo,  labradas en un blanco mármol y usadas como sillares del monumento, engullidas en el muro oriental del mismo y colocadas en línea horizontal, seguidas unas de otras, posiblemente halladas en las cercanías del lugar, reliquia de alguna antigua villa latina, o incluso resto recuperado del suelo que engulle el pasado de la ciudad emeritense. Será el togado ubicado a la izquierda de los tres el más fragmentado, sobreviviendo del todo que formaría la escultura apenas varios pliegues de la toga que simulaba cubrir al marmóreo personaje. En el centro tenemos la talla de mayor tamaño, conservado no sólo el torso sino además parte de las piernas del individuo. Aún siendo menor que la anterior y compuesta únicamente por el torso del viril personaje que representaba, la tercera escultura destaca entre todas por ser la mejor conservada, mostrando aún detalles de su representación que las otras estatuas han perdido, como es el anillo engarzado en el dedo anular de la mano izquierda del sujeto retratado.

En la cara opuesta a la fachada, pared occidental del edificio junto a la que sobrevive la torre medieval que puso nombre al pueblo, una octava pieza arqueológica sorprende nuevamente. También esculpido en mármol blanco pero de menor tamaño que los demás y género de representación distinto, simula las garras de un animal salvaje o mitológico. Un original sillar a destacar en la fachada oeste, como los togados lo hacen en el muro este, metáfora material del resurgimiento que en estas tierras tiene la vida sobre su pasado, un pasado latino que dio origen y sustento a la cultura del presente, como en el Palacio de los Lastra los vestigios romanos sujetan los muros de la vivienda de una nueva nobleza que sustituyó a la anterior, sobreviviendo unos mientras sujetan a los otros para enfrentarse en conjunto al transcurrir de la vida, sin dejar por ello de sorprender al caminante que encuentra así vestigios de un pasado que engendró a otro pasado que concibió al presente, convirtiéndose por todo ello en un tesoro en el camino.


(La descripción del resto de vestigios romanos ubicados en la fachada oriental del Palacio de los Lastra, en Torremejía, contando cuatro aras epigráficas, aparecerán en una nueva entrada perteneciente a la serie de Tesoros del camino, continuación o parte 2ª de ésta).

miércoles, 30 de noviembre de 2011

Presa romana del embalse de Cornalvo


Arriba: construida inicialmente para abastecer de agua a Emérita Augusta, la Presa romana de Cornalvo da de beber en la actualidad a las localidades de Trujillanos, Mirandilla, Carrascalejo y Aljucén, convertida en la presa en uso de mayor antigüedad de Europa.

Cuando Roma funda la colonia de Iulia Augusta Emerita, más conocida como Emérita Augusta en el año 25 a.C., bajo orden del emperador Octavio Augusto y mandato de su legado en la Lusitania Publio Carisio, posiblemente no era de imaginar que tal ciudad llegaría a convertirse en una de las más importantes de Hispania, situándose entre las diez más destacadas de todo el Imperio, alcanzando una población que rondaría las 50.000 almas en la que se convertiría capital de la provincia más occidental de aquel entonces.

Erigida posiblemente sobre un antiguo castro indígena para acoger a los soldados veteranos de las legiones Legio V Alaudae y Legio X Gemina, que dirigidas por el mismo Publio Carisio junto a la Legio VI Victrix habían formado un ejército vencedor frente a astures y cántabros en la Guerras Cántabras, la ciudad, emplazada en un territorio rodeado de población autóctona descendiente de vetones, túrdulos y lusitanos se convertiría en una localidad sinoicística al mezclarse los habitantes de origen romano con la población indígena, que lejos de repeler la presencia romana en sus conquistadas tierras, terminaron romanizándose y fomentando el auge poblacional y cultural de la que siglos más tarde sería conocida como Mérida.



Arriba: aspecto que presenta actualmente la Presa de Cornalvo aguas arriba tras la reconstrucción a la que fue sometida en 1.926, conservándose la Torre de Toma original, y cubriéndose nuevamente de sillares los muros de la misma, tras la reutilización de los iniciales en otras obras de la comarca.



Arriba y abajo: detalles del muro exterior de la presa, aguas arriba, donde se aprecian las hiladas de sillares rectangulares graníticos colocados en hileras alternativas, horizontales y verticales respectivamente, usados para reemplazar los originales, desaparecidos con los siglos y cuya carencia afectaba el estado de los cimientos de la obra hidráulica.



La colonia emeritense, enclavada en una llanura rodeada de suaves cerros junto al río Guadiana, conocido por los romanos como río Anas, a la altura de la desembocadura en él de su afluente el Albarregas, llamado por entonces Fluminus Barraeca, crecería en esta fértil zona de vega que propició su prosperidad, a la que contribuyeron su ubicación como punto clave y confluencia de algunas de las más importantes vías de comunicación y comerciales de la época, la abundancia de materiales de construcción y ricos recursos forestales en la comarca, así como la existencia de diversos manantiales, riberas y arroyos en sus aledaños que permitían a la ciudad proveerse de agua durante todo el año.

Todas estas ventajas permitieron que a esta ciudad de nueva planta, confeccionada siguiendo los patrones urbanísticos romanos que dictaban la construcción de la urbe a base de manzanas regulares distribuidas en cuadrícula y en torno a dos trazados perpendiculares, el Kardo Maximus y el Decumanus Maximus, comenzaran a llegar pobladores de las tierras colindantes, así como de otros muchos puntos de la Península Ibérica, sumándose a sus originarios habitantes romanos, gozando los vecinos emeritenses de la ciudadanía romana. Patricios y grandes propietarios, plebeyos y comerciantes, junto a esclavos, soldados y emigrantes de diversa índole conformaban la población de esta colonia de relevante posición administrativa que intentó ser reflejo de Roma en Hispania, superando con sus cerca de cincuenta millares de vecinos a una Tarraco de 30.000 habitantes, o a los 10.000 de Itálica.



Arriba y abajo: aspecto que presenta, desde los extremos meridional y septentrional respectivamente, la parte superior del tercero de los muros longitudinales que forman la estructura interna de la Presa de Cornalvo, el único que habitualmente sobresale de las aguas, y cuya altura de 18 metros es la máxima de esta obra de ingeniería, extendido de ladera a ladera y erigido sobre la roca natural.


Abajo: sobre el tercero de los diques, así como esparcidos por el talud de tierra que, aguas abajo, cubre la Presa de Cornalvo, aparecen diseminados algunos de los sillares originales que la cubrían.



A la hora de iniciar la fundación y construcción de Emérita Augusta, y como ocurría en cada una de las ocasiones en que Roma llevaba a cabo este tipo de práctica colonizadora y romanizadora, el abastecimiento de agua era un punto clave y primordial no sólo a la hora de escoger y decantarse por un enclave concreto, sino además un tema de relevancia a tener en cuenta durante el día a día y toda la vida de la ciudad. La ubicación de la nueva colonia al Sur de la confluencia de las Sierras de San Pedro y de Montánchez, con abundantes manantiales y arroyos que recogían las aguas de este sistema montañoso cuyas laderas meridionales descansaban sobre la vega y margen derecho del Guadiana, permitiría a la ciudad poder abastecerse de agua de manera continua y durante todo el año, sin olvidar la presencia de uno de los principales ríos de la Península bañando sus muros, navegable por aquel entonces, con uno de sus afluentes desembocando junto a él y paralelo al muro norte de la ciudad. La ciudad contaría así con suficientes recursos acuíferos como para afrontar las necesidades de su vecindad habitual, preparada además ante un posible aumento de población, hecho que propició que mencionado auge poblacional se diese con el transcurrir de los siglos, ayudando a catalogar a la colonia lusitana entre las ciudades más prósperas y renombradas del Imperio.

Sería el río Albarregas el primero de los grandes cursos de agua de los que decidiría abastecerse la capital lusitana. Nace este afluente en las laderas orientales de la Sierra Bermeja, a unos 16 kilómetros al Norte de Mérida. A los pies de este arroyo se construyó durante los años finales del siglo I d.C. y comienzos del siglo II, coincidiendo con los reinados de Trajano y Adriano y cuya culminación de los trabajos se baraja en el año 130, una de las obras hidráulicas más destacadas de la Hispania romana al comprender, no sólo el trabajo de ingeniería que dio lugar a la presa con la que se formó el embalse de Cornalvo, sino todo un conjunto y complejo de trabajos hidráulicos donde se incluirían los canales que llevarían al agua de otras fuentes al embalse mencionado, así como el acueducto que, una vez acumulada el agua a los pies de la presa, llevaría el fluido a la colonia: el Acueducto de Cornalvo o Aqua Augusta.



Arriba: emergiendo de las aguas del embalse de Cornalvo surge la Torre de Toma o de captación de agua, Castellum Aquae inicial de veinte metros de altura y planta rectangular, revestido con los almohadillados sillares romanos originales.


Arriba y abajo: vistas posterior y meridional de la Torre de Toma de la Presa de Cornalvo, unida actualmente por una pasarela metálica al dique superior de la misma tras haber desaparecido el arco que originariamente los enlazaba, del que se conserva el pilar unido a la torre del que partía el puente, así como el salmer o sillar cortado en plano inclinado del que surgía el vano.



El embalse de Cornalvo, o Cornalbo, cuyo nombre deriva del que los romanos le dieron en referencia al "cuerno blanco" (Cornus albus) que parecían querer dibujar sus aguas, antes de la reconstrucción de la presa y gracias a las márgenes silíceas del embalse, se crea con la retención de las aguas del Albarregas a través de una presa de autoría desconocida que cuenta con 220 metros de longitud, 3,50 metros de anchura en su zona superior y de paso, y 18 de altura (20,80 sobre cimientos). Su estructura interna se basa en un triple muro de mampostería, diques paralelos y transversales o perpendiculares a la corriente, extendidos de ladera a ladera y apoyados sobre la roca natural, unidos a su vez por otros catorce longitudinales, dando lugar a espacios rellenados con arcilla y hormigón ciclópeo y de cal hidráulica. De los tres muros transversales, el primero de ellos, el más cercano al embalse, cuenta con cinco metros de altitud. Seguidamente figuraría el segundo, con 9,5 metros de altura, terminando con el tercero, dique sobre el que actualmente podemos pasear, siete metros mayor que el muro central. 

Exteriormente, la presa se presenta como un talud de tierra que la naturaleza ha cubierto de vegetación aguas abajo, espaldón a modo de contrafuerte, figurando por el contrario y aguas arriba cubierto de sillares graníticos rectangulares de pequeñas dimensiones, colocados en hileras alternas donde los bloques figuran dispuestos en vertical y en horizontal, respectivamente en cada uno de ellos. Cabe puntualizar que estas hiladas, así como el aspecto escalonado que presenta la presa en su talud superior, no corresponden con la obra original, cuyos sillares fueron reutilizados a lo largo de los siglos en obras arquitectónicas de los alrededores (destacando la torre de la Iglesia parroquial o de la Santísima Trinidad de Trujillanos), siendo por el contrario resultado de la reconstrucción que sobre esta obra de ingeniería romana se efectuó durante los años 20 del siglo pasado, finalizada en 1.926. Sí permanece prácticamente intacta la Torre de Toma o de captación de agua, cuyo revestimiento con sillares originales almohadillados nos da una idea del magnífico y artístico aspecto que debió presentar la Presa de Cornalvo en sus orígenes.



Arriba: a los pies de la Presa de Cornalvo aparece, en medio del talud de tierra que cubre esta obra de ingeniería aguas abajo, la boca de la galería que conecta con la Torre de Toma y a través de la cual se capta el agua del embalse, túnel cubierto con la sillería granítica original de apenas medio metro de anchura y poco más de metro y medio de altura.


La Torre de Toma o de captación de agua se encuentra fuera del cuerpo de la presa en sí, delante del talud anterior de la misma y unida originalmente a ella a través de un arco de medio punto, desaparecido y sustituido en la actualidad por una pasarela metálica, conservando del mismo restos del salmer o sillar del que partía el antiguo puente, así como el pilar que lo sostenía y aparecía unido a la torre. Su altitud, casi idéntica que la del dique mayor de la presa, alcanza los veinte metros, con planta rectangular de 5,50 metros en los laterales perpendiculares a la presa, y 6,50 metros en los paralelos. En su interior aparecen dos tomas de agua a distinta altura, partiendo de la segunda la galería de evacuación, de 61 metros de longitud, túnel de 1,67 metros de altura y 0,53 de ancho cubierto de sillares que atraviesa la presa para, aguas abajo, abrirse al exterior vertiendo el agua del embalse hacia el arroyo Albarregas y actual canal que sustituye al que antiguamente llegaba hasta Emérita Augusta.



Arriba: aspecto que actualmente presenta el canal romano que conducía hasta el embalse de Cornalvo el agua recogida por la presa de Las Muelas, captando la del arroyo homónimo así como la de otras fuentes cercanas, cuyas canalizaciones han quedado en desuso frente a este conducto final, renovado y aún empleado.

A raíz de la reparación a la que se sometió la Presa de Cornalvo en 1.926, desapareció el aliviadero original con que contaba esta obra para que, en casos de subidas extremas del nivel de las aguas, las vertiera al cauce del arroyo Albarregas. Hoy en día esta descarga de aguas se efectuaría de manera natural a la altura de la cola del embalse, donde las aguas que superasen el nivel máximo del lago correrían a través de una depresión en el terreno hasta el cercano arroyo de Las Muelas, y de allí al de la Fresneda, afluente del Guadiana. El arroyo de Las Muelas juega en relación con el embalse de Cornalvo un doble papel, no sólo al servir como aliviadero del mismo y ayudar a la presa a la hora de enfrentarse a una subida del nivel acuático y con ello de la presión que sufren los diques, sino fundamentalmente a la hora de incrementar su capacidad, al ser sus aguas conducidas hasta este depósito desde la presa de Las Muelas, aumentando los hm3 aportados por el arroyo Albarregas, que ya antaño eran insuficientes para hacer frente a las necesidades de la capital lusitana.

Una red de canales ubicados al norte de la presa recogía las aguas de los abundantes arroyos de la zona, redirigiéndolos hacia Cornalvo. Un primer azud en el arroyo de los Golondrinos comenzaba esta tarea hidráulica, que continuaba a través de un canal hasta la presa del arroyo de Las Muelas, donde se recogían además las aguas canalizadas del arroyo del Huevo. Todo el agua captada así era conducida hasta el embalse mediante un canal de 6,6 km y sinuoso trazado, adaptado a las curvas del terreno. Allí, la aportación que recibía el embalse de Cornalvo multiplicaba la que obtenía del arroyo Albarregas, permitiendo que sus 6,7 km2 aumentaran en 26,5 km2 más. Este entramado de conductos hidráulicos se mantiene parcialmente en la actualidad, haciendo que el embalse de Cornalvo cuente con 11 hm3, y su caudal no se vacíe en época de estiaje. La presa de Las Muelas se reconvirtió en 1.885, destruyendo la original fábrica romana y haciendo que los canales que sobre ella depositaban las aguas cayeran en desuso. El canal romano que desde ese punto partía hacia la cola de Cornalvo conserva su trazado, aunque reconstruido y remodelado con el paso de los años.



Arriba y abajo: vista nocturna del tramo conservado del Acueducto de Cornalvo o Aqua Augusta en la calle Vía Desengaño de la capital autonómica, uno de los escasos restos que de esta conducción de agua pervive hoy en día, observándose aún en él el canal por donde discurría el agua camino del Castellum Aquae, así como los materiales pétreos utilizados en su fábrica.



El complejo hidráulico que partía de los canales de alimentación y cuyo punto clave era la Presa y embalse de Cornalvo, continuaba su trazado hasta llegar a la ciudad emeritense a través de un acueducto conocido como Aqua Augusta, o de Cornalvo, de 18,6 kilómetros de longitud y compuesto básicamente por un túnel de mampostería con bóveda de cañón, elevado sobre arcos en aquellos tramos donde tenía que salvar los desniveles del terreno, principalmente los relacionados con la vega del Albarregas. Considerado el más antiguo de los tres acueductos con que contó Emérita Augusta, su fecha de construcción parece elevarse al reinado de Octavio Augusto, un siglo antes de la construcción de la Presa de Cornalvo. Todo parece indicar que antes de edificarse la presa y dar nacimiento al embalse, el sistema de canalizaciones y recogida de aguas de los arroyos de la zona ya estaba en uso, sistema de captación de aguas al que quisieron sumar el embalse de Cornalvo, posiblemente ante el aumento de la población de la colonia y los profundos cambios de caudal sometidos a las irregularidades pluviales y al largo estío que sufre la zona. De este último canal apenas quedan vestigios, siendo los más destacados aquéllos que perduran en la calle Vía Ensanche de Mérida, pertenecientes al último tramo del acueducto antes de alcanzar el Castellum Aquae terminal, presuntamente ubicado junto a la actual Plaza de Toros, de donde se repartiría el agua por esta zona suroriental de la ciudad a la que abastecía. Sí se conserva, sin embargo, el subterráneo canal del Borbollón, que tomaba las aguas de este afluente del Albarregas redirigiéndolas en sus 1.500 metros de longitud hacia el viaducto de Cornalvo, túnel que se suma al entramado hidráulico pero que carecía de relación con el embalse. El Museo Nacional de Arte Romano de la ciudad conserva además la lápida marmórea donde se leía el nombre de este bimilenario canal.

Al entramado de ingeniería hidráulica que surtía de agua a la capital de la Lusitania habría que añadirle dos sistemas hidráulicos más, siendo uno de ellos el comprendido por la Presa de Proserpina y el Acueducto de los Milagros, y el segundo el relacionado con el Acueducto de San Lázaro o Rabo de Buey. Mientras que la primera captaba sus aguas del arroyo de Las Pardillas, afluente del río Aljucén y subafluente del Guadiana, el segundo complejo recogía las aguas de los arroyos y fuentes ubicados al Norte de la ciudad. Este último sistema hidráulico no se mantiene en uso en la actualidad, conservándose escasos testimonios inmuebles del mismo, pero sí subsiste el primero, cuya remodelada presa no ha dejado de estar en uso, aunque actualmente con fines distintos a los que originaron su creación. La Presa de Cornalvo mantiene igualmente su uso y sus fines de abastecimiento a la población de la zona. Aunque sus aguas ya no surten a la ciudad de Mérida, sí lo hacen a las localidades que conforman la Mancomunidad de Cornalvo, dando de beber a los vecinos de Trujillanos, Mirandilla, Carrascalejo y Aljucén, logrando así ser la presa en uso de mayor antigüedad de Europa.

La Presa romana de Cornalvo y el pantano homónimo fueron declarados Monumento Nacional en 1.913, actual Bien de Interés Cultural con la categoría de Monumento (Gaceta de Madrid nº 57, de 26 de febrero de 1.913).



Arriba: conservada y expuesta en el Museo Nacional de Arte Romano de Mérida aparece esta lápida o inscripción que hace mención a la conducción hidráulica que traía a Emérita Augusta el agua desde el cercano embalse de Cornalvo, mármol cuyas 32 cavidades acogerían las letras de bronce con las que se leería el nombre de este tercer acueducto, considerado el más antiguo de la ciudad: Aqua Augusta.


Cómo llegar:

La Presa de Cornalvo, distanciada 16 kilómetros con la antigua Emérita Augusta y actual Mérida, se enclava dentro del Parque Natural del mismo nombre, reserva natural protegida por la Junta de Extremadura donde el patrimonio histórico se entremezcla con la dehesa y el bosque mediterráneo. Sin localizarse ningún municipio dentro del Parque en sí, sí aparece rodeado de diversas poblaciones que mantienen accesos a este enclave por diversos puntos del mismo, destacando entre ellos Trujillanos, al ser la entrada más cercana desde la capital autonómica y cuyo camino nos conduce directamente a la presa, pudiéndonos parar al comienzo de este acceso en el Centro de Interpretación del Parque Natural de Cornalvo, recomendable visita para adquirir conocimientos sobre la zona, con interesante información sobre la obra de ingeniería romana que allí se conserva.

Si partimos desde Mérida, el trayecto más corto y sencillo para alcanzar la Presa de Cornalvo se basaría en tomar la Autovía del Suroeste, o A-5, hasta la altura de Trujillanos. Una vez desviados nos dirigimos al municipio mencionado, en cuya rotonda de entrada veremos con facilidad la señalización que nos conduce al Parque. Una vez rodeado y sobrepasado Trujillanos, veremos el Centro de Interpretación a la izquierda del siguiente cruce, cabecera de la carretera que nos conduce directamente hasta la Presa.
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