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jueves, 31 de octubre de 2019

Imagen del mes: Humilladero de Estorninos


Enclavada a las afueras de la actualmente pedanía alcantarina de Estorninos, cercano a la antigua senda que unía la antaño localidad con el municipio al que hoy pertenece, un humilladero de planta cuadrada y menudas proporciones, de muros pizarrosos, graníticas esquinas y cúpula latericia bajo la que los cuatro evangelistas reflejados en las aristas de la construcción custodiaban una posible cruz de camino, saludaba al viajero que sus pasos dirigía hacia poniente permitiéndole, como capilla y siguiendo añejas costumbres en los puntos de llegada y partida de rutas y veredas, dar gracias o rogar por el buen trascurrir del trayecto.
Estorninos (pedanía perteneciente a Alcántara; Cáceres). Siglos XVI-XVII; estilo renacentista/barroco.


Abajo: actualmente en estado ruinoso, el Humilladero de Estorninos se adivina junto al actual camino de acceso al cementerio de la pedanía, conectado con la carretera CC-111 a poca distancia de los límites orientales del caserío, en pie pese a su dejadez mostrando, además de su fortaleza y fábrica, erigido a base de mampostería de pizarra, cuarcita y granito, reforzada en las esquinas con sillares de éste último, las heridas que en su estructura  va marcando el paso del tiempo y el olvido de los hombres, tal y como puede apreciarse en los cuatro costados de su constitución vistos desde el Norte, Sur, poniente y levante respectivamente, apreciéndose desde grietas en la cara septentrional, a destacable pérdida de material en las portadas de acceso al monumento, abiertas en las paredes oriental y occidental del mismo.





Abajo: diseñada la capilla sobre sencilla planta cuadrangular de muros pétreos coronada con cúpula latericia, recuerda su construcción la del eremitorio conservado que, junto a las huertas del antiguo Convento de San Bartolomé de Alcántara y actual Hospedería alcantarina, servía a los monjes franciscanos de retiro espiritual, siguiendo una simple estructura ya vista en otros inmuebles religiosos sitos en diversos puntos de la región, como es el caso de la ermita de San Blas en Alburquerque, permitiendo poder fechar el monumento estorninero contemporáneamente a éstos entre los siglos XVI y XVII, sufriendo quizás su destrozo, como el del total caserío, a raíz del paso de las tropas portuguesas por la zona durante la Guerra de Sucesión, encajando así con las palabras que, en respuesta al Interrogatorio de la Real Audiencia de Extremadura de 1.791 fuesen aportadas tanto por el Alcalde, regidor y procurador general por entonces de la localidad, como por D. Diego Santano de Cazeres, presbítero y cura ecónomo de la Iglesia parroquial estorninera, indicando el primero que “no hai santuarios ni hermitas, pues las guerras las arruinaron”, y el segundo que “(Estorninos) tiene dos hermitas, la una caida y la otra que no sirve para decir misa en ella”, coincidiendo ambos en la carencia de capilla a fines del siglo XVIII en el lugar apta para el culto, estragos por tanto prácticamente a todas luces bélicos que además de apreciarse en las portadas afecta a la cúpula semiesférica de cerramiento superior del habitáculo, perdida parte de la estructura que unía tal solución arquitectónica a la portada de poniente, conservándose sin embargo bajo ella el pareado de ménsulas pétreas que posiblemente sostuviesen un tejadillo o atrio que, levantado con maderas, permitiera guarecerse al viajero que junto al humilladero parase o en él se hubiera detenido a orar.



Abajo: estucada en su interior, aún hoy en día se conserva el primitivo recubrimiento de la cara interna de la cúpula del Humilladero de Estorninos, erigida sobre pechinas y originalmente ornamentada con pinturas al falso fresco que, aún de manera humilde, otorgaría una decoración que embellecería el menudo inmueble religioso en cuyo interior se alzase muy posiblemente, como en otros casos conocidos e inclusive conservados, así en Guadalupe o Llerena, una cruz enteriza o depositada sobre columna o poste, sin que haya quedado vestigio alguno de lo custodiado en el caso estorninero.



Abajo: es en el interior del lateral norteño, aplicable a las pechinas que descansan sobre el mismo, donde se han logrado preservar mejor dentro de su precario estado de conservación las pinturas que sobre el estuco de recubrimiento ornamentarían el interior de la capilla, adivinándose en los soportes de la cúpula lo que parecen ser personajes masculinos que bien pudiesen corresponder a los santos evangelistas, a juzgar por el libro que parece portar la figura inscrita en la pechina nororiental, apreciándose una decoración sin embargo mucho más geométrica, en tonos rojizos y ocres, sobre la propia pared en sí, restando un friso con roleos vegetales insertos.





Abajo: apenas conservados unos mínimos retazos del estuco y correspondientes pinturas plasmadas sobre el mismo en el interior del muro meridional, desdibujadas y casi ilegibles las obras plasmadas en las pechinas depositadas sobre dicho flanco sureño, llama la atención en este punto del inmueble la existencia de un vano abierto en la parte superior de la pared, abocinado e igualmente estucado primitivamente.





Abajo: se conserva en el costado oriental del bien el arco que coronaría en lo vertical la portada abierta en este lateral de la capilla, curiosamente diseñado en carpanel y fabricado, como la cúpula, en ladrillo, estucado y posiblemente decorado su intradós bajo el cual, mirando hacia poniente, puede observarse la silueta del caserío y la iglesia estorninera dedicada a Santiago Apóstol, erigida entre los siglos XVI y XVII, cuando la hoy pedanía alcantarina viviría su mejor etapa histórica y poblacional, y único edificio religioso del lugar junto al actualmente semiolvidado Humilladero.




domingo, 5 de mayo de 2019

Colaboraciones de Extremadura, caminos de cultura: Veinte siglos de patrimonio de Extremadura en ocho puentes


El pasado 29 de noviembre de 2.018 tenía lugar en la Escuela Politécnica de Cáceres, dependiente de la Universidad de Extremadura, la I Jornada de Patrimonio de las Obras Públicas de Extremadura. Con el apoyo de la Consejería de Economía e Infraestructuras de la Junta de Extremadura, inauguraba así la Unex lo que pretende sea una cita periódica con las construcciones de uso público de la región, dedicando este primer espacio a los puentes históricos con que cuenta nuestra comunidad, heredera en este aspecto de un rico legado histórico y artístico ampliado durante veinte siglos con fabulosos ejemplares a destacar dentro del panorama nacional e internacional, muchos aún en uso tras cuantiosas centurias desde su elevación, por el contrario otros semiolvidados pero no por ello carentes de interés y dignos de divulgación.

Coincidiendo con mencionada jornada ilustrativa, se dio a conocer una nueva publicación a cargo de la Universidad extremeña, dirigida por Juan Pedro Cortés Pérez, Adela Rueda Márquez de la Plata y Pablo A. Cruz Franco, coordinadores igualmente del encuentro. El libro lleva como título "Veinte siglos de patrimonio de Extremadura en ocho puentes", dedicado principalmente a ocho de los principales viaductos con que cuenta la región, haciendo hincapié en la digitalización de tales obras de ingeniería. Durante la preparación de tal proyecto quiso ponerse Juan Pedro Cortés Pérez en contacto con Extremadura: caminos de cultura, en pro de la colaboración de este blog con tal obra. Sumamente honrados y agradecidos ante tal solicitud, no dudamos en ofrecer nuestro trabajo ante tal planteamiento, siempre dispuestos a la puesta en valor y publicidad de nuestro ingente, incalculable y muchas veces tristemente poco conocido patrimonio.

El Puente Viejo sobre el río Salor, entre los términos municipales de Membrío y Alcántara, así como el Puente de la Mesta, en Villarta de los Montes, serían las históricas infraestructuras en cuyas fichas Extremadura: caminos de cultura tendría el orgullo de poder colaborar. Pudiendo disponer desde pocos días atrás, y gracias a Juan Pedro Cortés Pérez, de un ejemplar completo de la obra, queremos compartir hoy con el resto de lectores y seguidores tales capítulos en los que este blog ha podido aportar su labor, deseando sirva para difundir el conocimiento sobre este fabuloso patrimonio extremeño, aprovechando para felicitar al equipo de Juan Pedro Cortés Pérez por tan plausible creación, esperando se convierta en todo un referente bibliográfico a la hora de poder conocer tales obras públicas de nuestra comunidad.


- Puente Viejo sobre el río Salor (Membrío/Alcántara):
















- Puente de la Mesta (Villarta de los Montes):





lunes, 31 de diciembre de 2018

Imagen del mes: Puente romano de Segura, sobre el río Erjas


No podría darse mejor ejemplo como demostración del pasado romano conjunto entre España y Portugal que el puente levantado sobre el río Erjas, cauce fluvial presentado como actual límite fronterizo entre sendos países ibéricos, donde el viaducto erigido en época contemporánea al de Alcántara, presumiblemente hermano pequeño de aquél e igualmente firmado por Cayo Julio Lacer, erigido para servir antaño a la calzada de unión entre Norba Caesarina (Cáceres) y Egitania (Idanha-a-Velha; Portugal), es hoy puesto fronterizo cuya titularidad comparten las dos naciones que ocupan lo que tiempo atrás fuese la Lusitania.
Río Erjas, a su paso entre los límites territoriales de Alcántara (Cáceres) y Segura (Idanha-a-Nova; Portugal). Siglo II d.C. (restaurado en 1.571 e intervenido a finales del siglo XIX); estilo romano inicial, con posterior influencia moderna bajo trazas diseñadas por los maestros Pedro Villegas, Diego de Castañeda y Sebastián de Aguirre. 



Arriba y abajo: de los cinco ojos con que cuenta el puente romano de Segura, sobreviven de la obra primitiva los arcos anexos a sendas orillas, apreciándose en aquél unido a la vega española (arriba) la línea que a base de sillares labrados bajo moldura de talón, golpeados al parecer durante la intervención ejecutada en el siglo XIX, posiblemente marcaba ornamentalmente la separación entre ojos y calzada, perdida ésta sin embargo junto a la ribera portuguesa (abajo).



Arriba y abajo: asentado sobre la roca madre pizarrosa, se aprecia en los sillares que conforman el ojo más próximo a la orilla lusa los pequeños orificios horadados sobre las piezas de granito rosa que constituyen la obra de ingeniería, así en la cornisa de la que parte el arco (arriba) como en su tajamar contiguo (abajo), característico en las construcciones de época romana cuando, para levantar los bloques, eran utilizadas las ferrei forfices o tenazas de transporte encajadas sobre estos puntos.



Arriba y abajo: al igual que los arcos laterales, se conservan de la fábrica romana los tajamares contiguos a sendos ojos de los cuatro que el puente ofrece río arriba, de planta triangular coronados durante la remodelación efectuada en época moderna con sombreretes piramidales, apreciándose bajo ellos la última intervención ejecutada sobre la construcción, fechada en 2.007, decidiéndose entonces y tras la aparición de una grieta consolidar el monumento llevándose a cabo entre otras medidas el rellenar con cemento las juntas inicialmente en seco entre sillares, así como reforzar pilares y tajamares en su base con hormigón armado, actuación que derivaría en una gran polémica y amplio debate sobre las restauraciones arqueológicas, considerada por no pocos autores como un grave atentado contra el patrimonio.



Arriba y abajo: ya intervenido durante el dominio romano tras apreciarse deficiencias hidráulicas, el aspecto actual presentado por el puente romano de Segura deriva fundamentalmente de la restauración a la que el monumento se vería sometido tras ser víctima de una riada, acontecida en 1.565, que destruyese sus tres arcos centrales, reedificándose en el siglo XVI tales ojos en arcos de medio punto ligeramente peraltados apoyados sobre los retazos de la obra inicial, irguiéndose nuevamente los dos pilares centrales, reutilizándose material original e incorporando piezas nuevas donde se intentó repetir la ornamentación en almohadillado, entre la que se colaría algún elemento simbólico contemporáneo a la nueva intervención, como es el león rampante que se presenta labrado río arriba sobre una de las dovelas del segundo puente más cercano a Portugal, cuarto desde la línea española (abajo).



Arriba y abajo: detalle de los arcos centrales del viaducto internacional, donde puede apreciarse la combinación entre elementos originales y piezas reincorporadas, más gastados los primeros y de pátina menos dorada los sillares más modernos, resaltando la aparición de la pizarra en el levantamiento del resto de muros del puente, ampliados a finales del siglo XIX con el fin de devolver al monumento una calzada plenamente horizontal, perdida tras la reedificación del siglo XVI cuando se decidió dotar a la construcción de doble vertiente, alzando por tal motivo y sobre el resto de sus hermanos el arco central.



Arriba: sobre el nuevo petril aportado durante las intervenciones decimonónicas ejecutadas sobre el monumento internacional, adaptándolo al tráfico rodado hasta ser presentado hoy en día como base de una contemporánea carretera, una doble placa, repetida en cada lienzo de protección, marca el punto central de la obra de ingeniería y la soberanía bajo la que queda custodiada cada una de las mitades de la construcción, dos naciones hermanadas cuyas raíces históricas se entrelazan hasta entroncarse en un único origen común.

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