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martes, 23 de agosto de 2016

Imagen del mes: Castillo de Miraflores, en Alconchel


Sobre el Cerro de Miraflores se yergue majestuoso el castillo homónimo al terreno sobre el que se levanta, vigilando los confines de España junto a la rayana frontera delimitada por el río Guadiana, como lo hiciera su andalusí precursor, erigido en el siglo IX, ante la posible amenaza de los cada vez más poderosos reinos cristianos norteños.
Alconchel (Badajoz). Siglos XIII-XVI (cuerpos primero, sobre posible alcazaba almohade del siglo XII,  y segundo), con ampliación del siglo XVII (defensas occidentales abaluartadas); estilo gótico con ligeras intervenciones mudéjares.

viernes, 15 de abril de 2016

Colaboraciones de Extremadura, caminos de cultura: Convento de la Luz en Moncarche, en el Rincón de la Memoria, de Canal Extremadura Radio


Aunque sea una opinión subjetiva, se podría decir que la primavera es la estación en que más hermosa está Extremadura. Las dehesas se ofrecen en su mayor verdor, salpicadas por una infinita gama de colorido procedente de la floración de sus plantas. Los arroyos discurren generosos. Las aves ponen una suave banda sonora al humilde y pacífico silencio de nuestros campos. Semejante panorama invita a perderse por múltiples enclaves donde la naturaleza es protagonista. El Rincón de la Memoria emitido el pasado martes, día 12 de abril, recomendaba acudir a uno muy concreto: Moncarche. Entre los términos municipales de Alconchel y Villanueva del Fresno, regado por el arroyo Friegamuñoz, Moncarche se abre al visitante como un paraje único donde poder disfrutar no sólo de la naturaleza, sino además de la comunión entre ésta y un vestigio de nuestro pasado: el Convento de la Luz. 

Charo López, periodista de Canal Extremadura Radio, quiso traer a los oyentes de Archipiélago sonoro este antiguo monumento franciscano, hoy en ruinas, que aún mantiene entre sus paredes escrita parte de la crónica religiosa extremeña en particular, y de nuestra historia en general. Para ello, quiso contar con la colaboración de Extremadura: caminos de cultura, que muy gratamente aceptó la propuesta. Si deseáis escuchar el reportaje que compone El Rincón de la Memoria correspondiente, podéis acceder a él a través de la web de Canal Extremadura, dejándoos el enlace que lleva a él bajo estas líneas.

Una vez más, mi más sincero agradecimiento a Charo López y a Canal Extremadura por haber querido contar con Extremadura: caminos de cultura para la promoción y divulgación de un bien más de nuestra región. Muchísimas gracias.

domingo, 15 de noviembre de 2015

VI Encuentro de Blogueros de Extremadura: "Dos conventos franciscanos en ruinas de La Raya: Madre de Dios y Moncarche"


A comienzos de mes, concretamente el pasado día 1, publicaba en el blog la primera de las dos rutas con que Extremadura: caminos de cultura ha querido colaborar este año en la publicación anual que, con motivo de la celebración del Encuentro de Blogueros de Extremadura, se lleva a cabo reuniendo artículos de diversos autores extremeños o relacionados con la región que potencien los valores naturales y culturales de la Comunidad.

El VI Encuentro de Blogueros de Extremadura rondó sobre una temática muy concreta: "Rutas para descubrir Extremadura". En un primer artículo, este blog quiso dar a conocer el mudéjar pacense en sus torres-fachadas más destacadas. Como segunda aportación, pensó en unir, a través de un detallado sendero, dos conventos franciscanos en ruinas que sobreviven enclavados en La Raya pacense. Sendos cenobios llevan por título de Madre de Dios y de Moncarche, respectivamente, enclavado el primero en las cercanías de Valverde de Leganés, mientras que el segundo se alza en el límite municipal dibujado entre las localidades de Alconchel y Villanueva del Fresno.

Sobre ambos monumentos ya se habló con anterioridad en el blog. A continuación, os dejo con los enlaces que os dirigirán a sendas entradas pasadas, publicando tras ellos la ruta elaborada para que así todos aquellos que no pudisteis acudir al encuentro trujillano, o no hayáis podido hojear la publicación, podáis leer y consultar la misma, en pro del conocimiento y promoción de dos edificios singulares que enriquecen el amplio patrimonio de nuestra región.

- Convento de Madre de Dios, en Valverde de Leganés:


- Convento de la Luz, de Moncarche o de los Jarales, entre Alconchel y Villanueva del Fresno:





DOS CONVENTOS FRANCISCANOS EN RUINAS DE LA RAYA: MADRE DE DIOS Y MONCARCHE

Corría el año de 1.500 cuando fray Juan de Guadalupe, siguiendo los pasos reformistas de su antecesor fray Juan de la Puebla, fundase la conocida como Descalcez dentro de la familia religiosa franciscana, en un deseo de renovación monacal y retorno a la humildad y a la vida eremita inspiradora de su santo capitular, San Francisco de Asís. Englobados en la Custodia del Santo Evangelio, serían cinco los conventos que, nada más nacer la descalcez, serían levantados por el fraile guadalupense, diseminadas íntegramente dentro de las tierras de Extremadura, para acoger a los hermanos franciscanos que desearan, sin salirse de la Orden, abrazar este nuevo rumbo y mundo de contemplación, oración y sacrificio que se les abría con el nuevo siglo. No fueron pocos los que desearon embarcarse en la reforma, pero tampoco sería escaso el número de detractores que, surgiendo de la misma rama de franciscanos observantes de donde había partido la descalcez, no verían de buen grado la escisión, logrando derribar y destruir hasta sus humildes cimientos cuatro de aquellos nuevos cenobios que la recién creada rama había levantado con sus propias manos en diversos puntos de la región. Huyendo de la persecución de sus propios hermanos franciscanos, los frailes gauadalupenses encontrarían refugio en el único convento descalzo que lograría salvarse de la demolición, enclavado en un agreste paraje fronterizo con Portugal donde, según contaba la leyenda, la Virgen María, envuelta en una luz, hablaría al pastor Antonio Muñoz mientras éste fregaba sus útiles en el arroyo cercano al lugar donde sus redes pastaban, advirtiéndole de la existencia de una talla mariana escondida en una pequeña gruta abierta en las faldas de la Sierra de Moncarche, convertida después en capilla y corazón religioso del monasterio de la Luz, o de Moncarche, entre los términos municipales de Alconchel y Villanueva del Fresno.


Arriba y abajo: el convento valverdeño de Madre de Dios se presenta en la actualidad a medio camino entre la ruina y la restauración, pudiendo el visitante deambular por las estancias del antiguo cenobio franciscano, sorprendido por la humildad de su claustro o la belleza restante de la ornamentación de influencia portuguesa que un día decoró iglesia, capilla y camarín mariano.


Calmadas las tensiones y finalizada la persecución hacia los descalzos, en 1.506 quedaría la rama casi extinguida, regresando muchos de sus hermanos a otros conventos del interior regional, permaneciendo el resto en el vecino país luso, donde nuevos monasterios habían ido igualmente levantando. El ideal sostenido por la descalcez no dejaría de ser defendido, sin embargo, por éstos y otros cada vez más frailes contemporáneos, creándose, en 1.514, la Custodia descalza de Extremadura, así como en 1.519 la provincia franciscana de San Gabriel, donde se englobaría. Nuevos hermanos se incorporarían a la obra, entrando por aquellos años en la Orden un joven Juan de Garabito cuyo nombre cambiaría, una vez tomados los hábitos, por del de Pedro de Alcántara, de donde era natural. La defensión de la descalcez del que más tarde sería llevado a los altares, así como nombrado patrón de la región, llevada a cabo desde una vida sumida en la pobreza y la humildad más absoluta, le conduciría a fundar nuevos conventos donde acoger a los cada vez más numerosos hermanos que deseaban volver su vocación religiosa hacia la oración y recogimiento, escogiendo para tal fin enclaves aislados y ligeramente retirados de las poblaciones más cercanas donde, sumidos en plena naturaleza, envueltos en un ambiente de sosiego y concordia con el medio natural, poder conducir sus vidas hacia la meditación y el eremitismo más puro. Sería así cómo, una vez nombrado Ministro provincial, fundase san Pedro en 1.540 un convento a las afueras de Valverde de Leganés, entonces Valverde de Badajoz, sobre una capilla regida por un hermano franciscano que no dudó en cederla ante la solicitud del admirado fraile alcantarino. Tras recibir regalada una imagen oliventina de la Madre de Dios, donada por el entonces residente en Olivenza Obispo de Ceuta, tomaría el convento por nombre el de tal talla, aclamada por los supuestos milagros que la misma concedía.


Arriba y abajo: el embalse de Piedra Aguda (arriba), pantano artificial que recoge las aguas del río Olivenza, antaña frontera fluvial entre España y su vecina lusa, ofrece sus aguas como descanso de infinidad de aves acuáticas, mientras que sus orillas y colinas circundantes sirven de asiento a múltiples variedades y especímenes de orquídeas, como la de los hombrecillos desnudos, las de abeja o la gigante (abajo).


Sufrirían estos conventos rayanos las mismas vicisitudes bélicas que el resto de la región, durante la guerra que los portugueses proclamaran en pro de su independencia del resto de España, tras la anexión que entre ambos países se forjó bajo la figura de Felipe II, deshecha bajo el reinado de su nieto. Sin embargo, y tras ser sometidas estas casas a intensas reformas y mejoras en el siglo XVIII, su fin definitivo no vendría hasta alcanzado el siglo XIX, una vez firmados tanto los decretos de exclaustración, como el de desamortización, por el que llegase a Presidente de Ministros, Juan Álvarez de Mendizábal, durante la minoría de edad de Isabel II, cayendo los edificios en abandono, olvido y progresiva ruina que permitirían la decadencia arquitectónica más plena de sendos monumentos, llegando así a nuestros días.

La ruta que proponemos pretende acercarnos a estos dos históricos edificios enclavados en La Raya entre Extremadura y Portugal, para poder conocer y recorrer in situ no sólo algunas de las contrucciones franciscanas descalzas más significativas, sino además andar y deambular por los parajes naturales sobre los que se asentaron, y que aún hoy en día siguen ofreciendo la calma y los valores medioambientales perseguidos por los frailes que deseaban encontrar el recogimiento inspirados por la grandeza de la obra divina que resaltaba la pequeñez del ser humano. Recorreremos lo que antaño fuese puesto fronterizo entre España y la lusa localidad oliventina, cuya línea divisoria, marcada por el río Olivenza, engloba actualmente las aguas del embalse de Piedra Aguda. De camino al convento de la Luz o de los Jarales, pasearemos por dehesas de encinares sin fin de cuyos ejemplares arbóreos se nutren las lomas de la Sierra de Moncarche, mediterráneo bosque interminable cuyos límites desembocan en la vega del río Guadiana.

El trayecto, a poder realizar en vehículo o bicicleta, cubre los 50 kms de separación entre sendos edificios conventuales, pudiendo iniciar el viaje por cualquiera de sus extremos, distanciadas sus poblaciones más cercanas, en el caso de Valverde de Leganés, por 24 kms de Badajoz, a recorrer por la carretera EX-310, que serían 45 kms entre la capital provincial y Alconchel, vía EX-107.


Arriba y abajo: junto a la vega del arroyo de Friegamuñoz, sobre su orilla derecha, el convento de Moncarche, también conocido como de la Luz o de los Jarales, se erigió sobre bancales que salvaran el desnivel térreo junto a una pequeña gruta natural relacionada legendariamente con una aparición mariana, restando en la actualidad y tras su abandono vestigios de dependencias monacales como el refectorio o el templo (abajo), mientras que sobre el curso fluvial se mantiene en pie el puente que unía antaño Alconchel con Villanueva del Fresno, así como parte del acueducto que, erigido sobre la anterior obra de ingeniería, trayese agua al cenobio (arriba).


Abajo: el convento de la Luz o de Moncarche recibe también el nombre de los Jarales por quedar enclavado dentro de la finca homónima, hacienda inmiscuida en plena dehesa extremeña, en un confín paisajístico de interminables encinares y suaves colinas que deleitarán la vista del visitante.


Saliendo de Valverde de Leganés en dirección a Olivenza, unida a ésta por 12 kms a circular por la carretera EX-105, veremos un camino que, en el margen izquierdo, se adentra entre fincas y cultivos a la misma altura que una industria carbonífera, en el margen derecho, despide la población. Este sendero térreo, cuya línea en recto conduce hacia las orillas del embalse de Piedra Aguda, ofrece un único desvío a nuestra zurda y zona meridional, pudiendo observar, frente a nosotros, la silueta del convento franciscano valverdeño, entre ruina y modesta restauración llevada a cabo para frenar el deterioro de su arquitectura. Nos esperan, en la parte baja de la zona conventual, erigida al sur del conjunto, lo que fuesen refectorio y cocinas, bodegas y almacenes, englobados alrededor de un claustro cuadrangular sobre cuyos ventanales superiores aún puede leerse la epigrafía que rememora las obras de remodelación llevadas a cabo en el edificio durante el siglo XVIII. Reestructuración que afectó notablemente a la iglesia, de única nave, triple tramo, crucero y planta de cruz latina, donde nos aguardan, además de sus altas bóvedas de crucería, los restos de la ornamentación que cubrió sus capillas, así como la decoración que dio forma a su retablo camarín de marcado gusto portugués, a cuya pieza trasera podremos acceder para, bajo su cúpula, poder observar los retazos del complejo de frescos que decoraron el sacro lugar.

Deshaciendo nuestros pasos podremos volver a la vía que lleva a la vecina Olivenza a la altura del caserío valverdeño, siendo también posible, y muy complementario, alcanzar dicha carretera retomando y continuando por el camino del que nos desviamos hacia el cenobio, que alcanza y rodea, hasta llegar a su presa, el pantano que riega los contornos. El embalse de Piedra Aguda se ofrece no sólo como un paraje idóneo para la observación de anátidas y otras aves acuáticas. Sus orillas y colinas de encinares circundantes son, ante todo, terreno más que apto para la floración de los géneros más comunes de orquídeas dadas en Extremadura, destacando entre aquéllas que en primavera embellecen estos campos diversas especies de entre las conocidas como orquídeas abejas (Ophrys scolopax, etc), la de los hombrecillos desnudos (Orchis italica), o la orquídea gigante (Barlia robertiana).




Superada y atravesada la presa del embalse, nos dirigiremos hacia Olivenza donde, además de poder descansar, repostar o degustar la gastronomía de la región, existe la opción de perdernos entre sus encaladas calles del casco antiguo, descubriendo los vestigios de su castillo, de su amurallamiento abaluartado, así como sus valiosos ejemplos de arquitectura civil y religiosa de estilo manuelino y trazado luso, que rememoran el pasado y la historia de la localidad. Encauzados hacia el Sur por la carretera EX-107, alcanzaremos Alconchel tras recorrer 19 kms y pasar junto al castillo de Miraflores, auténtico bastión defensivo de la población. Atravesando la localidad, tomaremos el desvío que, por la carretera EX-314 lleva hasta la fronteriza Cheles. Seis kms después, una senda conocida como la Ruta de los Jarales se nos abre a nuestra izquierda, adentrándonos entre campos y heredades hacia la dehesa y finca homónima al camino, en cuyo interior se ubica, tras 8 kms de sendero, el monumento. Habrá que conducir continuamente en línea recta no cambiando nuestro rumbo hasta que, 5 kms después de haber comenzado el trayecto térreo, tomar el desvío que, a la izquierda y hacia el Sur, surge de un cruce de tres opciones. Ya sólo serán 3 kms lo que nos falten por andar, sobrepasando para ello la verja de cierre de la finca de Los Jarales. El convento de la Luz nos espera a orillas del arroyo de Friegamuñoz, en un enclave natural que nos hará olvidar nuestra conexión con lo mundanal y nos invitará, mientras cruzamos puente, nos colamos entre los arcos del acueducto que nutría de agua el monasterio, curioseamos entre los restos de dependencias sostenidas por bancales, o nos adentramos en la cueva que sirvió de capilla, a respirar naturaleza, a deleitar nuestra vista con la limpieza de las encinas, y a endulzar nuestros oídos con el rumor de las aguas de la rivera, envueltos en el mismo silencio que los frailes cultivaron, sólo roto por las lejanas ganaderías que, en calma, pastan en la lejanía de Moncarche.




jueves, 31 de julio de 2014

Colaboraciones de Extremadura, caminos de cultura: Convento de la Luz, en Alconchel, en la Lista Roja del Patrimonio


El arroyo de Friegamuñoz, pequeño afluente del río Guadiana, no sólo riega el valle que le proporciona lecho en su trascurrir por la Sierra de Moncarche, antes de unirse al gran cauce fluvial que marca la frontera hispanolusa. Además de servir como fuente a la propia vega que forma, este canal natural se mantiene como delimitación actual entre los términos municipales de las localidades de Alconchel y Villanueva del Fresno, en pleno corazón de La Raya pacense. Ambos municipios comparten, por tal motivo, la ubicación del antiguo Convento de la Luz, erigidas sus dependencias principales en la orilla derecha del arroyo, expandidos ciertos inmuebles secundarios al margen izquierdo del mismo. El nacimiento del monumento quedaría además unido al propio curso del riachuelo, enclavado en el mismo punto donde, según cuenta la leyenda, Nuestra Señora de la Luz obró milagrosamente frente al pastor Antonio Muñoz, acontecimiento recordado no sólo con la construcción del cenobio, sino también con el nombre con que por tal motivo se bautizó al arroyo.

Este Convento de la Luz, también conocido como de Moncarche o de Los Jarales, por ubicarse en homonimas serranía y dehesa, respectivamente, ha llegado a nuestros días en completo abandono y estado de ruina. Es por tal motivo que la asociación Hispania Nostra ha decidido incluir tal bien dentro de la conocida como Lista Roja del Patrimonio, para lo cual este blog ha tenido el honor de colaborar. Seguidamente encontraréis el enlace a la ficha que sobre el mismo figura dentro de mencionado listado, acompañado de una serie de imágenes y textos sobre la historia, descripción y ubicación del monumento que ayudarán a su mejor conocimiento y posible visita del mismo.




- Historia / descripción del bien:


Arriba y abajo: erigido sobre la pendiente de un cerro, el diseño del Convento de la Luz se adecúa a su ubicación geográfica asentándose sobre diversos bancales, siendo ocupado los centrales por el templo del monumento así como el antiguo acceso al mismo (arriba), lugar donde aún se abre no sólo la puerta de entrada al cenobio, sino también la de asomo al aljibe que ayudaba en su sustento al convento, cubierto con bóveda de cañón fabricada con ladrillo, embadurnadas sus paredes con impermeable mortero rojizo, que aún hoy en día persiste (abajo).


Cuenta la leyenda que a finales del último siglo del medievo, hallándose un pastor llamado Antonio Muñoz lavando los enseres con los que había comido en un arroyo cercano a Alconchel, oyó una voz que le decía "Friega Muñoz, friega". Pudo apreciar que la misma provenía, junto a una luz, del interior de una cueva cercana a la vega, y acercándose a la misma halló en su interior lo que creyó ser una muñeca, que guardó en su zurrón. Volviendo a su casa a pasar la noche, descubrío por la mañana que la muñeca no estaba, encontrándola de nuevo al día siguiente en la cueva de donde la tomó. Repetido el hecho en reiteradas ocasiones, observaron los clérigos del lugar, enterados del suceso, que la talla era en realidad una imagen mariana, considerando por tanto que la luz y la voz escuchadas y vistas por el pastor habían sido milagrosamente efectuadas por la Madre de Dios. El riachuelo pasó a denominarse, en recuerdo de tal hecho, como de Friegamuñoz, mientras que la talla mariana tomó como advocación la de la Luz. Igualmente, en el lugar del supuesto milagro se elevaría un eremitorio, convirtiéndose la cueva en capilla, gracias a la financiación y respaldo del II Señor de Alconchel, D. Juan de Sotomayor. Según Bula Papal de siete de septiembre de 1.499, este Convento de la Luz se agregaba, una vez construido y fundado, a la causa de fray Juan de Guadalupe, clérigo que persiguió la reforma descalza dentro de la rama de los observantes de la Orden de San Francisco, para lo cual llevó a cabo en Extremadura una serie de fundaciones monásticas. Mientras que el Convento de la Luz se agregaba a la reforma de fray Juan de Guadalupe en base al permiso papal de poder admitir conventos ya fundados, se unieron a la descalcez franciscana los conventos fundados por él mismo de Trujillo, Arroyo de Mérida (actual Arroyo de San Serván),Villanueva del Fresno o Salvaleón, cuyos hermanos, siendo destruidos estos cenobios durante las luchas internas entre la rama franciscana de observantes y los descalzos nacidos de entre ellos, se refugiaron en el Convento alconchelero en 1.507, donde, tras haberse extinguido la Custodia descalza del Santo Evangelio, se conoció la formación de la nueva Custodia descalza de Extremadura en 1.514, englobada en la rama conventual franciscana, así como la fundación en 1.519 de la Provincia descalza de San Gabriel.



Arriba y abajo: si bien el templo del Convento de la Luz delimitaba la estructura del mismo en su zona más occidental, sus límites orientales venían marcados por las dependencias monásticas arquitectónicamente más relevantes para la orden, entre las que se incluía el refectorio, dotado de bóveda de cañón y de planta rectangular, que cobijaba a los hermanos en sus horas de alimentación comunitaria en la zona más alejada de la iglesia, como es habitual en los monasterios católicos (abajo).


Abajo: coronada con una sencilla pero hermosa espadaña, la iglesia del Convento de la Luz quedó conformada, tras posteriores reformas, en un sencillo templo de escasas proporciones, con acceso principal al mismo desde el lado de la epístola, cuya portada principal daba al bancal sobre el que se erguía y sobre la cual se elevaban dos plantas más, hasta alcanzar la altura de los siguientes bancales, decorado su interior con esgrafiados y su exterior con simuladas dovelas y sillares que escondían la fábrica de mampostería y ladrillo del edificio, en cuyo corazón se custodiaba la imagen mariana de Nuestra Señora de la Luz, legendario origen del convento, así como el acceso a la cueva que sirvió antaño de ermita, convertida después en cripta y lugar de enterramiento de los frailes.






El inicial eremitorio, elevado en la orilla derecha del arroyo sobre la pendiente de un cerro, se amplió con los años, beneficiado no sólo por los señores de Alconchel y marqueses de Villanueva del Fresno y Cheles, sino principalmente por las rentas y donaciones adquiridas gracias a la fama de milagrosa de la talla de Nuestra Señora de la Luz allí venerada. Destacando las obras fechadas en 1.590, sufragadas por el adinerado ganadero Bartolomé Mejías y realizadas a base de mampostería pizarrosa y ladrillo, se transformó la sencilla capilla rodeada de seis humildes celdas símiles a chozas, en un convento enclavado sobre bancales, compuesto de refectorio con bóveda de cañón y celdas para los hermanos más ancianos, aljibe, huertas, hospedería e iglesia. Esta última se construiría sobre la cueva o capilla original, que ya había sido años antes ampliada, edificándose un modesto templo con altar en la zona oriental, y espadaña en la occidental, esgrafiado su interior y con acceso al abrigo natural, reconvertido en lugar de enterramiento de los frailes. Suprimido momentáneamente en sus funciones conventuales a raíz del estallido de la Guerra de Restauración portuguesa a mediados del siglo XVII, sus hermanos fueron repartidos por otros conventos cercanos hasta ser reunidos nuevamente en el Convento de San Antonio de Almendralejo en 1.654. Una vez terminada la contienda y vueltos los frailes a Moncarche, la Guerra de Sucesión provocó un nuevo abandono del convento por varios años. Tras el nuevo regreso, el cenobio conoció su época de mayor esplendor, sucediéndose nuevas reformas en el inmueble, entre las que destacaría especialmente la construcción de un acueducto, a comienzos del siglo XVIII, de cien metros de longitud y veinte arcos de fábrica, que trajese agua al convento desde una fuente ubicada en la orilla contraria, enclavado el viaducto sobre el trazado de un previo puente del siglo XVI que salvaba el curso del arroyo, de tres ojos y cincuenta metros de largo. El agua traída al complejo monástico serviría no sólo para riego de huertas y frutales, sino que también recibiría un uso fabril cuya finalidad se desconoce hoy en día. Alcanzado el siglo XIX, y a consecuencia de las medidas de exclaustración y desamortizadoras de Mendizábal, el convento fue abandonado, pasando a manos privadas. La talla de Nuestra Señora de la Luz, actual patrona de Alconchel y Cheles, ya había sido años antes, durante la Guerra de la Independencia, recogida en la alconchelera Iglesia Parroquial de los Remedios, donde actualmente se guarda y de donde regresa cada 19 de marzo a su enclave original, en peregrinación festejada por gentes devotas de los lugares cercanos.


Arriba y abajo: junto al Convento de la Luz, y formando parte del actual conjunto monástico, un puente de tres ojos y cincuenta metros de longitud permitía la unión entre ambas orillas del arroyo Friegamuñoz, convertido desde su creación en el siglo XVI en punto por el que atravesar el riachuelo en medio del trazado del camino que une los dos municipios que se reparten estas tierras, sujección además de una amplia porción del más tardío acueducto de cien metros de longitud y veinte arcos de sustento que, a partir del siglo XVIII, acercaría al cenobio las aguas de una fuente cercana, tanto para consumo de los frailes, como para su uso en las huertas del mismo así como en otras actividades fabriles, de las que se tiene constancia pero desconocimiento de la orientación de las mismas.



- Cómo llegar:


El municipio de Alconchel, ubicado en plena Raya pacense, se ubica al Sur de la capital provincial, alcanzando la localidad tras dejar atrás Olivenza, siguiendo el trazado de la carretera autonómica EX-107. Cercano a la frontera con Portugal, una vía también regional nos conduce, tras atravesar el casco urbano alconchelero, hasta el pueblo de Cheles. Esta carretera, denominada como EX-314, será la que deberemos tomar para, pocos kilómetros después de adentrarnos en la misma, alcanzar el camino natural que conduce a Villanueva del Fresno y, por ende, al propio Convento de la Luz, enclavado junto al mismo. Un cartel, plantado en el margen septentrional de la carretera y opuesto al camino, nos señala el principio del mismo.


Más de ocho kilómetros de distancia separan este punto del Convento de la Luz, unidos a través de mencionada senda pública, que habrá que seguir en un primer momento de manera recta. La misma cartelería que encontramos junto a la carretera será la que nos acompañe a lo largo de la ruta, y la que tendremos que tener presente cuando, en una bifurcación, debamos tomar el ramal izquierdo que, hacia el sur, nos acerca al antiguo cenobio a través del "Camino de los Jarales".



Alcanzadas las puertas de la finca Los Jarales, en cuyo interior se ubica el Convento de la Luz, podremos continuar nuestra ruta gracias a la servidumbre que pesa sobre el camino y que, una vez llegados a la orilla del arroyo Friegamuñoz, nos acercará finalmente al antiguo monasterio, en un paraje de gran belleza donde la historia y el arte se conjugan en perfecta armonía con la naturaleza.


El Convento de la Luz, ubicado mayoritariamente en el interior de una finca de titularidad particular, mantiene divididos sus inmuebles entre terreno público y privado, al erguirse templo y cenobio en la Dehesa de los Jarales, mientras que el puente y acueducto que complementan el complejo se elevan sobre la vega del arroyo Friegamuñoz, de titularidad pública. En caso de desear visitar el monumento, lanzamos desde este blog una serie de recomendaciones a tener en todo momento en cuenta:

1) Respetar en todo momento las propiedades de la finca, como vallados o cercas, intentando no salirse de los caminos marcados.
2) Respetar la vegetación y cultivos de la misma, sin realizar ningún tipo de fuego ni arrojar basura alguna.
3) Respetar al ganado que habitualmente hay pastando en la zona, y en caso de encontrarse con animales que lo protejan, no enfrentarse a los mismos.
4) Si observamos que se están practicando actividades cinegéticas (caza), abstenernos de entrar.
5) Si nos cruzamos con personal de la finca o nos encontramos con los propietarios de la misma, saludarles atentamente e indicarles nuestra intención de visitar el monumento, pidiendo permiso para ello. En caso de que no nos lo concediesen, aceptar la negativa y regresar.
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