jueves, 31 de julio de 2014

Colaboraciones de Extremadura, caminos de cultura: Convento de la Luz, en Alconchel, en la Lista Roja del Patrimonio


El arroyo de Friegamuñoz, pequeño afluente del río Guadiana, no sólo riega el valle que le proporciona lecho en su trascurrir por la Sierra de Moncarche, antes de unirse al gran cauce fluvial que marca la frontera hispanolusa. Además de servir como fuente a la propia vega que forma, este canal natural se mantiene como delimitación actual entre los términos municipales de las localidades de Alconchel y Villanueva del Fresno, en pleno corazón de La Raya pacense. Ambos municipios comparten, por tal motivo, la ubicación del antiguo Convento de la Luz, erigidas sus dependencias principales en la orilla derecha del arroyo, expandidos ciertos inmuebles secundarios al margen izquierdo del mismo. El nacimiento del monumento quedaría además unido al propio curso del riachuelo, enclavado en el mismo punto donde, según cuenta la leyenda, Nuestra Señora de la Luz obró milagrosamente frente al pastor Antonio Muñoz, acontecimiento recordado no sólo con la construcción del cenobio, sino también con el nombre con que por tal motivo se bautizó al arroyo.

Este Convento de la Luz, también conocido como de Moncarche o de Los Jarales, por ubicarse en homonimas serranía y dehesa, respectivamente, ha llegado a nuestros días en completo abandono y estado de ruina. Es por tal motivo que la asociación Hispania Nostra ha decidido incluir tal bien dentro de la conocida como Lista Roja del Patrimonio, para lo cual este blog ha tenido el honor de colaborar. Seguidamente encontraréis el enlace a la ficha que sobre el mismo figura dentro de mencionado listado, acompañado de una serie de imágenes y textos sobre la historia, descripción y ubicación del monumento que ayudarán a su mejor conocimiento y posible visita del mismo.




- Historia / descripción del bien:


Arriba y abajo: erigido sobre la pendiente de un cerro, el diseño del Convento de la Luz se adecúa a su ubicación geográfica asentándose sobre diversos bancales, siendo ocupado los centrales por el templo del monumento así como el antiguo acceso al mismo (arriba), lugar donde aún se abre no sólo la puerta de entrada al cenobio, sino también la de asomo al aljibe que ayudaba en su sustento al convento, cubierto con bóveda de cañón fabricada con ladrillo, embadurnadas sus paredes con impermeable mortero rojizo, que aún hoy en día persiste (abajo).


Cuenta la leyenda que a finales del último siglo del medievo, hallándose un pastor llamado Antonio Muñoz lavando los enseres con los que había comido en un arroyo cercano a Alconchel, oyó una voz que le decía "Friega Muñoz, friega". Pudo apreciar que la misma provenía, junto a una luz, del interior de una cueva cercana a la vega, y acercándose a la misma halló en su interior lo que creyó ser una muñeca, que guardó en su zurrón. Volviendo a su casa a pasar la noche, descubrío por la mañana que la muñeca no estaba, encontrándola de nuevo al día siguiente en la cueva de donde la tomó. Repetido el hecho en reiteradas ocasiones, observaron los clérigos del lugar, enterados del suceso, que la talla era en realidad una imagen mariana, considerando por tanto que la luz y la voz escuchadas y vistas por el pastor habían sido milagrosamente efectuadas por la Madre de Dios. El riachuelo pasó a denominarse, en recuerdo de tal hecho, como de Friegamuñoz, mientras que la talla mariana tomó como advocación la de la Luz. Igualmente, en el lugar del supuesto milagro se elevaría un eremitorio, convirtiéndose la cueva en capilla, gracias a la financiación y respaldo del II Señor de Alconchel, D. Juan de Sotomayor. Según Bula Papal de siete de septiembre de 1.499, este Convento de la Luz se agregaba, una vez construido y fundado, a la causa de fray Juan de Guadalupe, clérigo que persiguió la reforma descalza dentro de la rama de los observantes de la Orden de San Francisco, para lo cual llevó a cabo en Extremadura una serie de fundaciones monásticas. Mientras que el Convento de la Luz se agregaba a la reforma de fray Juan de Guadalupe en base al permiso papal de poder admitir conventos ya fundados, se unieron a la descalcez franciscana los conventos fundados por él mismo de Trujillo, Arroyo de Mérida (actual Arroyo de San Serván),Villanueva del Fresno o Salvaleón, cuyos hermanos, siendo destruidos estos cenobios durante las luchas internas entre la rama franciscana de observantes y los descalzos nacidos de entre ellos, se refugiaron en el Convento alconchelero en 1.507, donde, tras haberse extinguido la Custodia descalza del Santo Evangelio, se conoció la formación de la nueva Custodia descalza de Extremadura en 1.514, englobada en la rama conventual franciscana, así como la fundación en 1.519 de la Provincia descalza de San Gabriel.



Arriba y abajo: si bien el templo del Convento de la Luz delimitaba la estructura del mismo en su zona más occidental, sus límites orientales venían marcados por las dependencias monásticas arquitectónicamente más relevantes para la orden, entre las que se incluía el refectorio, dotado de bóveda de cañón y de planta rectangular, que cobijaba a los hermanos en sus horas de alimentación comunitaria en la zona más alejada de la iglesia, como es habitual en los monasterios católicos (abajo).


Abajo: coronada con una sencilla pero hermosa espadaña, la iglesia del Convento de la Luz quedó conformada, tras posteriores reformas, en un sencillo templo de escasas proporciones, con acceso principal al mismo desde el lado de la epístola, cuya portada principal daba al bancal sobre el que se erguía y sobre la cual se elevaban dos plantas más, hasta alcanzar la altura de los siguientes bancales, decorado su interior con esgrafiados y su exterior con simuladas dovelas y sillares que escondían la fábrica de mampostería y ladrillo del edificio, en cuyo corazón se custodiaba la imagen mariana de Nuestra Señora de la Luz, legendario origen del convento, así como el acceso a la cueva que sirvió antaño de ermita, convertida después en cripta y lugar de enterramiento de los frailes.






El inicial eremitorio, elevado en la orilla derecha del arroyo sobre la pendiente de un cerro, se amplió con los años, beneficiado no sólo por los señores de Alconchel y marqueses de Villanueva del Fresno y Cheles, sino principalmente por las rentas y donaciones adquiridas gracias a la fama de milagrosa de la talla de Nuestra Señora de la Luz allí venerada. Destacando las obras fechadas en 1.590, sufragadas por el adinerado ganadero Bartolomé Mejías y realizadas a base de mampostería pizarrosa y ladrillo, se transformó la sencilla capilla rodeada de seis humildes celdas símiles a chozas, en un convento enclavado sobre bancales, compuesto de refectorio con bóveda de cañón y celdas para los hermanos más ancianos, aljibe, huertas, hospedería e iglesia. Esta última se construiría sobre la cueva o capilla original, que ya había sido años antes ampliada, edificándose un modesto templo con altar en la zona oriental, y espadaña en la occidental, esgrafiado su interior y con acceso al abrigo natural, reconvertido en lugar de enterramiento de los frailes. Suprimido momentáneamente en sus funciones conventuales a raíz del estallido de la Guerra de Restauración portuguesa a mediados del siglo XVII, sus hermanos fueron repartidos por otros conventos cercanos hasta ser reunidos nuevamente en el Convento de San Antonio de Almendralejo en 1.654. Una vez terminada la contienda y vueltos los frailes a Moncarche, la Guerra de Sucesión provocó un nuevo abandono del convento por varios años. Tras el nuevo regreso, el cenobio conoció su época de mayor esplendor, sucediéndose nuevas reformas en el inmueble, entre las que destacaría especialmente la construcción de un acueducto, a comienzos del siglo XVIII, de cien metros de longitud y veinte arcos de fábrica, que trajese agua al convento desde una fuente ubicada en la orilla contraria, enclavado el viaducto sobre el trazado de un previo puente del siglo XVI que salvaba el curso del arroyo, de tres ojos y cincuenta metros de largo. El agua traída al complejo monástico serviría no sólo para riego de huertas y frutales, sino que también recibiría un uso fabril cuya finalidad se desconoce hoy en día. Alcanzado el siglo XIX, y a consecuencia de las medidas de exclaustración y desamortizadoras de Mendizábal, el convento fue abandonado, pasando a manos privadas. La talla de Nuestra Señora de la Luz, actual patrona de Alconchel y Cheles, ya había sido años antes, durante la Guerra de la Independencia, recogida en la alconchelera Iglesia Parroquial de los Remedios, donde actualmente se guarda y de donde regresa cada 19 de marzo a su enclave original, en peregrinación festejada por gentes devotas de los lugares cercanos.


Arriba y abajo: junto al Convento de la Luz, y formando parte del actual conjunto monástico, un puente de tres ojos y cincuenta metros de longitud permitía la unión entre ambas orillas del arroyo Friegamuñoz, convertido desde su creación en el siglo XVI en punto por el que atravesar el riachuelo en medio del trazado del camino que une los dos municipios que se reparten estas tierras, sujección además de una amplia porción del más tardío acueducto de cien metros de longitud y veinte arcos de sustento que, a partir del siglo XVIII, acercaría al cenobio las aguas de una fuente cercana, tanto para consumo de los frailes, como para su uso en las huertas del mismo así como en otras actividades fabriles, de las que se tiene constancia pero desconocimiento de la orientación de las mismas.



- Cómo llegar:


El municipio de Alconchel, ubicado en plena Raya pacense, se ubica al Sur de la capital provincial, alcanzando la localidad tras dejar atrás Olivenza, siguiendo el trazado de la carretera autonómica EX-107. Cercano a la frontera con Portugal, una vía también regional nos conduce, tras atravesar el casco urbano alconchelero, hasta el pueblo de Cheles. Esta carretera, denominada como EX-314, será la que deberemos tomar para, pocos kilómetros después de adentrarnos en la misma, alcanzar el camino natural que conduce a Villanueva del Fresno y, por ende, al propio Convento de la Luz, enclavado junto al mismo. Un cartel, plantado en el margen septentrional de la carretera y opuesto al camino, nos señala el principio del mismo.


Más de ocho kilómetros de distancia separan este punto del Convento de la Luz, unidos a través de mencionada senda pública, que habrá que seguir en un primer momento de manera recta. La misma cartelería que encontramos junto a la carretera será la que nos acompañe a lo largo de la ruta, y la que tendremos que tener presente cuando, en una bifurcación, debamos tomar el ramal izquierdo que, hacia el sur, nos acerca al antiguo cenobio a través del "Camino de los Jarales".



Alcanzadas las puertas de la finca Los Jarales, en cuyo interior se ubica el Convento de la Luz, podremos continuar nuestra ruta gracias a la servidumbre que pesa sobre el camino y que, una vez llegados a la orilla del arroyo Friegamuñoz, nos acercará finalmente al antiguo monasterio, en un paraje de gran belleza donde la historia y el arte se conjugan en perfecta armonía con la naturaleza.


El Convento de la Luz, ubicado mayoritariamente en el interior de una finca de titularidad particular, mantiene divididos sus inmuebles entre terreno público y privado, al erguirse templo y cenobio en la Dehesa de los Jarales, mientras que el puente y acueducto que complementan el complejo se elevan sobre la vega del arroyo Friegamuñoz, de titularidad pública. En caso de desear visitar el monumento, lanzamos desde este blog una serie de recomendaciones a tener en todo momento en cuenta:

1) Respetar en todo momento las propiedades de la finca, como vallados o cercas, intentando no salirse de los caminos marcados.
2) Respetar la vegetación y cultivos de la misma, sin realizar ningún tipo de fuego ni arrojar basura alguna.
3) Respetar al ganado que habitualmente hay pastando en la zona, y en caso de encontrarse con animales que lo protejan, no enfrentarse a los mismos.
4) Si observamos que se están practicando actividades cinegéticas (caza), abstenernos de entrar.
5) Si nos cruzamos con personal de la finca o nos encontramos con los propietarios de la misma, saludarles atentamente e indicarles nuestra intención de visitar el monumento, pidiendo permiso para ello. En caso de que no nos lo concediesen, aceptar la negativa y regresar.

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