miércoles, 30 de noviembre de 2011

Presa romana del embalse de Cornalvo


Arriba: construida inicialmente para abastecer de agua a Emérita Augusta, la Presa romana de Cornalvo da de beber en la actualidad a las localidades de Trujillanos, Mirandilla, Carrascalejo y Aljucén, convertida en la presa en uso de mayor antigüedad de Europa.

Cuando Roma funda la colonia de Iulia Augusta Emerita, más conocida como Emérita Augusta en el año 25 a.C., bajo orden del emperador Octavio Augusto y mandato de su legado en la Lusitania Publio Carisio, posiblemente no era de imaginar que tal ciudad llegaría a convertirse en una de las más importantes de Hispania, situándose entre las diez más destacadas de todo el Imperio, alcanzando una población que rondaría las 50.000 almas en la que se convertiría capital de la provincia más occidental de aquel entonces.

Erigida posiblemente sobre un antiguo castro indígena para acoger a los soldados veteranos de las legiones Legio V Alaudae y Legio X Gemina, que dirigidas por el mismo Publio Carisio junto a la Legio VI Victrix habían formado un ejército vencedor frente a astures y cántabros en la Guerras Cántabras, la ciudad, emplazada en un territorio rodeado de población autóctona descendiente de vetones, túrdulos y lusitanos se convertiría en una localidad sinoicística al mezclarse los habitantes de origen romano con la población indígena, que lejos de repeler la presencia romana en sus conquistadas tierras, terminaron romanizándose y fomentando el auge poblacional y cultural de la que siglos más tarde sería conocida como Mérida.



Arriba: aspecto que presenta actualmente la Presa de Cornalvo aguas arriba tras la reconstrucción a la que fue sometida en 1.926, conservándose la Torre de Toma original, y cubriéndose nuevamente de sillares los muros de la misma, tras la reutilización de los iniciales en otras obras de la comarca.



Arriba y abajo: detalles del muro exterior de la presa, aguas arriba, donde se aprecian las hiladas de sillares rectangulares graníticos colocados en hileras alternativas, horizontales y verticales respectivamente, usados para reemplazar los originales, desaparecidos con los siglos y cuya carencia afectaba el estado de los cimientos de la obra hidráulica.



La colonia emeritense, enclavada en una llanura rodeada de suaves cerros junto al río Guadiana, conocido por los romanos como río Anas, a la altura de la desembocadura en él de su afluente el Albarregas, llamado por entonces Fluminus Barraeca, crecería en esta fértil zona de vega que propició su prosperidad, a la que contribuyeron su ubicación como punto clave y confluencia de algunas de las más importantes vías de comunicación y comerciales de la época, la abundancia de materiales de construcción y ricos recursos forestales en la comarca, así como la existencia de diversos manantiales, riberas y arroyos en sus aledaños que permitían a la ciudad proveerse de agua durante todo el año.

Todas estas ventajas permitieron que a esta ciudad de nueva planta, confeccionada siguiendo los patrones urbanísticos romanos que dictaban la construcción de la urbe a base de manzanas regulares distribuidas en cuadrícula y en torno a dos trazados perpendiculares, el Kardo Maximus y el Decumanus Maximus, comenzaran a llegar pobladores de las tierras colindantes, así como de otros muchos puntos de la Península Ibérica, sumándose a sus originarios habitantes romanos, gozando los vecinos emeritenses de la ciudadanía romana. Patricios y grandes propietarios, plebeyos y comerciantes, junto a esclavos, soldados y emigrantes de diversa índole conformaban la población de esta colonia de relevante posición administrativa que intentó ser reflejo de Roma en Hispania, superando con sus cerca de cincuenta millares de vecinos a una Tarraco de 30.000 habitantes, o a los 10.000 de Itálica.



Arriba y abajo: aspecto que presenta, desde los extremos meridional y septentrional respectivamente, la parte superior del tercero de los muros longitudinales que forman la estructura interna de la Presa de Cornalvo, el único que habitualmente sobresale de las aguas, y cuya altura de 18 metros es la máxima de esta obra de ingeniería, extendido de ladera a ladera y erigido sobre la roca natural.


Abajo: sobre el tercero de los diques, así como esparcidos por el talud de tierra que, aguas abajo, cubre la Presa de Cornalvo, aparecen diseminados algunos de los sillares originales que la cubrían.



A la hora de iniciar la fundación y construcción de Emérita Augusta, y como ocurría en cada una de las ocasiones en que Roma llevaba a cabo este tipo de práctica colonizadora y romanizadora, el abastecimiento de agua era un punto clave y primordial no sólo a la hora de escoger y decantarse por un enclave concreto, sino además un tema de relevancia a tener en cuenta durante el día a día y toda la vida de la ciudad. La ubicación de la nueva colonia al Sur de la confluencia de las Sierras de San Pedro y de Montánchez, con abundantes manantiales y arroyos que recogían las aguas de este sistema montañoso cuyas laderas meridionales descansaban sobre la vega y margen derecho del Guadiana, permitiría a la ciudad poder abastecerse de agua de manera continua y durante todo el año, sin olvidar la presencia de uno de los principales ríos de la Península bañando sus muros, navegable por aquel entonces, con uno de sus afluentes desembocando junto a él y paralelo al muro norte de la ciudad. La ciudad contaría así con suficientes recursos acuíferos como para afrontar las necesidades de su vecindad habitual, preparada además ante un posible aumento de población, hecho que propició que mencionado auge poblacional se diese con el transcurrir de los siglos, ayudando a catalogar a la colonia lusitana entre las ciudades más prósperas y renombradas del Imperio.

Sería el río Albarregas el primero de los grandes cursos de agua de los que decidiría abastecerse la capital lusitana. Nace este afluente en las laderas orientales de la Sierra Bermeja, a unos 16 kilómetros al Norte de Mérida. A los pies de este arroyo se construyó durante los años finales del siglo I d.C. y comienzos del siglo II, coincidiendo con los reinados de Trajano y Adriano y cuya culminación de los trabajos se baraja en el año 130, una de las obras hidráulicas más destacadas de la Hispania romana al comprender, no sólo el trabajo de ingeniería que dio lugar a la presa con la que se formó el embalse de Cornalvo, sino todo un conjunto y complejo de trabajos hidráulicos donde se incluirían los canales que llevarían al agua de otras fuentes al embalse mencionado, así como el acueducto que, una vez acumulada el agua a los pies de la presa, llevaría el fluido a la colonia: el Acueducto de Cornalvo o Aqua Augusta.



Arriba: emergiendo de las aguas del embalse de Cornalvo surge la Torre de Toma o de captación de agua, Castellum Aquae inicial de veinte metros de altura y planta rectangular, revestido con los almohadillados sillares romanos originales.


Arriba y abajo: vistas posterior y meridional de la Torre de Toma de la Presa de Cornalvo, unida actualmente por una pasarela metálica al dique superior de la misma tras haber desaparecido el arco que originariamente los enlazaba, del que se conserva el pilar unido a la torre del que partía el puente, así como el salmer o sillar cortado en plano inclinado del que surgía el vano.



El embalse de Cornalvo, o Cornalbo, cuyo nombre deriva del que los romanos le dieron en referencia al "cuerno blanco" (Cornus albus) que parecían querer dibujar sus aguas, antes de la reconstrucción de la presa y gracias a las márgenes silíceas del embalse, se crea con la retención de las aguas del Albarregas a través de una presa de autoría desconocida que cuenta con 220 metros de longitud, 3,50 metros de anchura en su zona superior y de paso, y 18 de altura (20,80 sobre cimientos). Su estructura interna se basa en un triple muro de mampostería, diques paralelos y transversales o perpendiculares a la corriente, extendidos de ladera a ladera y apoyados sobre la roca natural, unidos a su vez por otros catorce longitudinales, dando lugar a espacios rellenados con arcilla y hormigón ciclópeo y de cal hidráulica. De los tres muros transversales, el primero de ellos, el más cercano al embalse, cuenta con cinco metros de altitud. Seguidamente figuraría el segundo, con 9,5 metros de altura, terminando con el tercero, dique sobre el que actualmente podemos pasear, siete metros mayor que el muro central. 

Exteriormente, la presa se presenta como un talud de tierra que la naturaleza ha cubierto de vegetación aguas abajo, espaldón a modo de contrafuerte, figurando por el contrario y aguas arriba cubierto de sillares graníticos rectangulares de pequeñas dimensiones, colocados en hileras alternas donde los bloques figuran dispuestos en vertical y en horizontal, respectivamente en cada uno de ellos. Cabe puntualizar que estas hiladas, así como el aspecto escalonado que presenta la presa en su talud superior, no corresponden con la obra original, cuyos sillares fueron reutilizados a lo largo de los siglos en obras arquitectónicas de los alrededores (destacando la torre de la Iglesia parroquial o de la Santísima Trinidad de Trujillanos), siendo por el contrario resultado de la reconstrucción que sobre esta obra de ingeniería romana se efectuó durante los años 20 del siglo pasado, finalizada en 1.926. Sí permanece prácticamente intacta la Torre de Toma o de captación de agua, cuyo revestimiento con sillares originales almohadillados nos da una idea del magnífico y artístico aspecto que debió presentar la Presa de Cornalvo en sus orígenes.



Arriba: a los pies de la Presa de Cornalvo aparece, en medio del talud de tierra que cubre esta obra de ingeniería aguas abajo, la boca de la galería que conecta con la Torre de Toma y a través de la cual se capta el agua del embalse, túnel cubierto con la sillería granítica original de apenas medio metro de anchura y poco más de metro y medio de altura.


La Torre de Toma o de captación de agua se encuentra fuera del cuerpo de la presa en sí, delante del talud anterior de la misma y unida originalmente a ella a través de un arco de medio punto, desaparecido y sustituido en la actualidad por una pasarela metálica, conservando del mismo restos del salmer o sillar del que partía el antiguo puente, así como el pilar que lo sostenía y aparecía unido a la torre. Su altitud, casi idéntica que la del dique mayor de la presa, alcanza los veinte metros, con planta rectangular de 5,50 metros en los laterales perpendiculares a la presa, y 6,50 metros en los paralelos. En su interior aparecen dos tomas de agua a distinta altura, partiendo de la segunda la galería de evacuación, de 61 metros de longitud, túnel de 1,67 metros de altura y 0,53 de ancho cubierto de sillares que atraviesa la presa para, aguas abajo, abrirse al exterior vertiendo el agua del embalse hacia el arroyo Albarregas y actual canal que sustituye al que antiguamente llegaba hasta Emérita Augusta.



Arriba: aspecto que actualmente presenta el canal romano que conducía hasta el embalse de Cornalvo el agua recogida por la presa de Las Muelas, captando la del arroyo homónimo así como la de otras fuentes cercanas, cuyas canalizaciones han quedado en desuso frente a este conducto final, renovado y aún empleado.

A raíz de la reparación a la que se sometió la Presa de Cornalvo en 1.926, desapareció el aliviadero original con que contaba esta obra para que, en casos de subidas extremas del nivel de las aguas, las vertiera al cauce del arroyo Albarregas. Hoy en día esta descarga de aguas se efectuaría de manera natural a la altura de la cola del embalse, donde las aguas que superasen el nivel máximo del lago correrían a través de una depresión en el terreno hasta el cercano arroyo de Las Muelas, y de allí al de la Fresneda, afluente del Guadiana. El arroyo de Las Muelas juega en relación con el embalse de Cornalvo un doble papel, no sólo al servir como aliviadero del mismo y ayudar a la presa a la hora de enfrentarse a una subida del nivel acuático y con ello de la presión que sufren los diques, sino fundamentalmente a la hora de incrementar su capacidad, al ser sus aguas conducidas hasta este depósito desde la presa de Las Muelas, aumentando los hm3 aportados por el arroyo Albarregas, que ya antaño eran insuficientes para hacer frente a las necesidades de la capital lusitana.

Una red de canales ubicados al norte de la presa recogía las aguas de los abundantes arroyos de la zona, redirigiéndolos hacia Cornalvo. Un primer azud en el arroyo de los Golondrinos comenzaba esta tarea hidráulica, que continuaba a través de un canal hasta la presa del arroyo de Las Muelas, donde se recogían además las aguas canalizadas del arroyo del Huevo. Todo el agua captada así era conducida hasta el embalse mediante un canal de 6,6 km y sinuoso trazado, adaptado a las curvas del terreno. Allí, la aportación que recibía el embalse de Cornalvo multiplicaba la que obtenía del arroyo Albarregas, permitiendo que sus 6,7 km2 aumentaran en 26,5 km2 más. Este entramado de conductos hidráulicos se mantiene parcialmente en la actualidad, haciendo que el embalse de Cornalvo cuente con 11 hm3, y su caudal no se vacíe en época de estiaje. La presa de Las Muelas se reconvirtió en 1.885, destruyendo la original fábrica romana y haciendo que los canales que sobre ella depositaban las aguas cayeran en desuso. El canal romano que desde ese punto partía hacia la cola de Cornalvo conserva su trazado, aunque reconstruido y remodelado con el paso de los años.



Arriba y abajo: vista nocturna del tramo conservado del Acueducto de Cornalvo o Aqua Augusta en la calle Vía Desengaño de la capital autonómica, uno de los escasos restos que de esta conducción de agua pervive hoy en día, observándose aún en él el canal por donde discurría el agua camino del Castellum Aquae, así como los materiales pétreos utilizados en su fábrica.



El complejo hidráulico que partía de los canales de alimentación y cuyo punto clave era la Presa y embalse de Cornalvo, continuaba su trazado hasta llegar a la ciudad emeritense a través de un acueducto conocido como Aqua Augusta, o de Cornalvo, de 18,6 kilómetros de longitud y compuesto básicamente por un túnel de mampostería con bóveda de cañón, elevado sobre arcos en aquellos tramos donde tenía que salvar los desniveles del terreno, principalmente los relacionados con la vega del Albarregas. Considerado el más antiguo de los tres acueductos con que contó Emérita Augusta, su fecha de construcción parece elevarse al reinado de Octavio Augusto, un siglo antes de la construcción de la Presa de Cornalvo. Todo parece indicar que antes de edificarse la presa y dar nacimiento al embalse, el sistema de canalizaciones y recogida de aguas de los arroyos de la zona ya estaba en uso, sistema de captación de aguas al que quisieron sumar el embalse de Cornalvo, posiblemente ante el aumento de la población de la colonia y los profundos cambios de caudal sometidos a las irregularidades pluviales y al largo estío que sufre la zona. De este último canal apenas quedan vestigios, siendo los más destacados aquéllos que perduran en la calle Vía Ensanche de Mérida, pertenecientes al último tramo del acueducto antes de alcanzar el Castellum Aquae terminal, presuntamente ubicado junto a la actual Plaza de Toros, de donde se repartiría el agua por esta zona suroriental de la ciudad a la que abastecía. Sí se conserva, sin embargo, el subterráneo canal del Borbollón, que tomaba las aguas de este afluente del Albarregas redirigiéndolas en sus 1.500 metros de longitud hacia el viaducto de Cornalvo, túnel que se suma al entramado hidráulico pero que carecía de relación con el embalse. El Museo Nacional de Arte Romano de la ciudad conserva además la lápida marmórea donde se leía el nombre de este bimilenario canal.

Al entramado de ingeniería hidráulica que surtía de agua a la capital de la Lusitania habría que añadirle dos sistemas hidráulicos más, siendo uno de ellos el comprendido por la Presa de Proserpina y el Acueducto de los Milagros, y el segundo el relacionado con el Acueducto de San Lázaro o Rabo de Buey. Mientras que la primera captaba sus aguas del arroyo de Las Pardillas, afluente del río Aljucén y subafluente del Guadiana, el segundo complejo recogía las aguas de los arroyos y fuentes ubicados al Norte de la ciudad. Este último sistema hidráulico no se mantiene en uso en la actualidad, conservándose escasos testimonios inmuebles del mismo, pero sí subsiste el primero, cuya remodelada presa no ha dejado de estar en uso, aunque actualmente con fines distintos a los que originaron su creación. La Presa de Cornalvo mantiene igualmente su uso y sus fines de abastecimiento a la población de la zona. Aunque sus aguas ya no surten a la ciudad de Mérida, sí lo hacen a las localidades que conforman la Mancomunidad de Cornalvo, dando de beber a los vecinos de Trujillanos, Mirandilla, Carrascalejo y Aljucén, logrando así ser la presa en uso de mayor antigüedad de Europa.

La Presa romana de Cornalvo y el pantano homónimo fueron declarados Monumento Nacional en 1.913, actual Bien de Interés Cultural con la categoría de Monumento (Gaceta de Madrid nº 57, de 26 de febrero de 1.913).



Arriba: conservada y expuesta en el Museo Nacional de Arte Romano de Mérida aparece esta lápida o inscripción que hace mención a la conducción hidráulica que traía a Emérita Augusta el agua desde el cercano embalse de Cornalvo, mármol cuyas 32 cavidades acogerían las letras de bronce con las que se leería el nombre de este tercer acueducto, considerado el más antiguo de la ciudad: Aqua Augusta.


Cómo llegar:

La Presa de Cornalvo, distanciada 16 kilómetros con la antigua Emérita Augusta y actual Mérida, se enclava dentro del Parque Natural del mismo nombre, reserva natural protegida por la Junta de Extremadura donde el patrimonio histórico se entremezcla con la dehesa y el bosque mediterráneo. Sin localizarse ningún municipio dentro del Parque en sí, sí aparece rodeado de diversas poblaciones que mantienen accesos a este enclave por diversos puntos del mismo, destacando entre ellos Trujillanos, al ser la entrada más cercana desde la capital autonómica y cuyo camino nos conduce directamente a la presa, pudiéndonos parar al comienzo de este acceso en el Centro de Interpretación del Parque Natural de Cornalvo, recomendable visita para adquirir conocimientos sobre la zona, con interesante información sobre la obra de ingeniería romana que allí se conserva.

Si partimos desde Mérida, el trayecto más corto y sencillo para alcanzar la Presa de Cornalvo se basaría en tomar la Autovía del Suroeste, o A-5, hasta la altura de Trujillanos. Una vez desviados nos dirigimos al municipio mencionado, en cuya rotonda de entrada veremos con facilidad la señalización que nos conduce al Parque. Una vez rodeado y sobrepasado Trujillanos, veremos el Centro de Interpretación a la izquierda del siguiente cruce, cabecera de la carretera que nos conduce directamente hasta la Presa.

2 comentarios:

  1. Felicidades Samuel por la nueva entrada.
    Un blog extraordinario el tuyo.
    Saludos.

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  2. Hola Javier! Muchísimas gracias por tus palabras. Me alegra que te guste mi trabajo. Un saludo y hasta pronto!

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