viernes, 1 de mayo de 2020

Imagen del mes: Portada plateresca de la Parroquia de San Andrés, en Aljucén


Dando paso desde los pies del santuario al interior del templo gótico-renacentista consagrado como parroquia aljucense bajo la advocación de San Andrés, por ser éste patrono del lugar desde que el día de su onomástica, el 30 de noviembre, fuese reconquistado en 1.229 el enclave frente al poder musulmán por las tropas cristianas de Alfonso IX de León que, caído Cáceres en abril , avanzaban hacia la toma de Mérida, capitanea la cruz de tal apóstol el conjunto arquitectónico-ornamental que conforma la principal de las dos portadas con que cuenta el sacro edificio, dibujada bajo ella la nombrada como de Santiago, en referencia a la Orden que pasaría a regir la población, tallados sendos píos personajes como protagonistas del dueto de circulares tondos que asoman sobre el arco escarzano que sostiene la obra, animando el santo peregrino a los caminantes que discurriesen por la inmediata Vía de la Plata, convertida durante el medievo en el camino mozárabe a Compostela, protegiendo el decano de entre los apóstoles elegidos por Jesús la vecindad, solicitando ésta a través de él y mediante una oración que en letras góticas circunda el portón de acceso, la intercesión por ellos ante Cristo, en uno de los ejemplares del Plateresco rural más llamativos y plausibles de la región.
Aljucén (Badajoz). Siglos XV-XVI; estilo plateresco.



Arriba y abajo: rematado el conjunto arquitectónico que presenta la portada delantera del templo aljucense por una doble cornisa (arriba), sostenida por un dueto de finas pilastras que, como si de un alfiz se tratase, enmarcan la obra artística, corona el saliente supremo una pareja de bolas de profundo relieve, cercano al bulto redondo, sitas respectivamente en cada esquina superior del dibujo, de las que parten discurriendo entre las mismas, a modo de olas que convergen recuperando el renaciente estilo clásico, dos volutas de las que nace en su encuentro un céntrico podio engalanado por guirnalda y supeditado por un blasón donde la Cruz de San Andrés recuerda la advocación bajo la cual se encuentra consagrado el templo (abajo), muy erosionada la Cruz de Santiago que, bajo ésta, verifica la jurisdicción de la población a la Orden santiaguista, incluida dentro del Arciprestazgo de Mérida dependiente del Priorato de San Marcos de León, repitiéndose las referencias a sendos apóstoles bajo la cornisa inferior, precediendo el arco pétreo que conforma ediliciamente el acceso al santuario, constando en tosco relieve sus testas en sendos tondos circulares de claro gusto renacentista (abajo, siguientes) donde el Matamoros figura como peregrino, portando el característico sombrero compostelano, respaldado el hermano de Pedro por las aspas de su cruz de martirio, el primero como protector de los viajeros que por la contigua Vía de la Plata, cuyo trazado alcanza la población, seguían el trayecto del Camino Mozárabe, tomado el segundo como patrono y guardián de la vecindad.





Arriba y abajo: rellenando el espacio conformado entre la más externa de las dos arquivoltas que abocinan la entrada y las pilastras que enmarcan el conjunto decorativo, una oración labrada en grafía gótica sobre las piezas graníticas de que se constituye la obra, solicita en lengua latina y a lo largo de la banda que parte y concluye sobre las cornisas que rematan las basas que sustentan las jambas del conjunto, portadoras igualmente de tondos escritos (abajo, imágenes tercera y cuarta), la procura de San Andrés ante el Altísimo en pro de la bendición divina hacia el pueblo que eleva al apóstol como patrono y protector de la población, en un diseño que recuerda el presentado por otra portada religiosa no muy distante geográficamente y ejecutada siguiendo el mismo estilo artístico, la del lado del evangelio de la Parroquia de Nuestra Señora de la Consolación en Arroyomolinos, dependiente esta localidad igualmente del santiaguista Priorato de San Marcos de León, incluida en el cercano Arciprestazgo de Montánchez, erigidos quizás ambos ejemplares siguiendo las directrices de un mismo maestro dispuesto a las órdenes de una Orden religioso-militar que se revelaría como consagrado mecenas del estilo que recordaba la prolífica en ornamentación labor de los plateros a lo largo de los territorios que regiría en nuestra región, conservándose ejemplares en La Garrovilla o Calamonte donde, sin embargo, no consta como sí en Arromolinos una sentencia ofrecida como rezo en Aljucén: "Santi · Andreapostol · O · Ra · Pro · No · Bis · AdDominum · Deum · Nostum : IesumCi · Istum" (San Andrés Apóstol, ruega por nosotros a Nuestro Señor Jesucristo).





Arriba y abajo: bajo lo que asemejan ser yemas arbóreas custodiadas en el interior tanto de los capiteles de los dos pareados de columnillas que conforman la sencilla zona de arquivoltas que da paso al portón de acceso edilicio, como de aquéllos anexos a éstos inscritos en las pilastras de cierre de la composición (arriba), el labrado de mofletudas testas angelicales junto a decoración vegetal tendente al candelieri, repetido a lo largo de la cara frontal de las columnas que enmarcan lateralmente el conjunto artístico (abajo y siguientes), trae al frente del templo el renacer del clasicismo en una tendencia al horror vacui propia del Plateresco, bordeando el arzo escarzano de acceso al sacro monumento una suerte de simbiosis entre volutas y hojarasca, presentes estas últimas, quizás ejemplares de palma, en los capiteles supremos de las columnas de cierre de la portada (abajo, imágenes cuarta y quinta), posible referencia al martirio sufrido por los dos protagonistas indiscutibles del conjunto, Santiago y San Andrés, que encuentran en esta obra una cátedra donde el primer estilo renacentista español sirve a la entronación de tales figuras en un bello y sorprendente ejemplo artístico custodiado en un menudo y desapercibido rincón del centro de la región que demuestra, una vez más, la proliferación del arte en los enclaves menos conocidos de Extremadura.







martes, 7 de abril de 2020

Imagen del mes: Capilla del Palacio de Monsalud, en Almendralejo


Conocido popularme por ser el lugar de nacimiento del poeta romántico D. José de Espronceda, acaecido éste el 25 de marzo de 1.808, el Palacio de Monsalud, recuperado como sede del Ayuntamiento almendralejense desde que éste lo adquiriese por permuta con la Secretaría General del Movimiento en septiembre de 1.978, reinaugurado como tal en abril de 1.983  una vez finalizada la restauración que le devolviese el esplendor perdido tras el estado de abandono en que caería al verse el inmueble abandonado después de haber pasado por manos de Falange Española y ser edificio estatal destinado a diversos usos comunitarios, deriva en la que se hallase  al ser enajenado en 1.929 por los herederos de la familia fundadora, los Marqueses de Monsalud, artífices de su erección a mediados del siglo XVIII, habitándolo hasta el fallecimiento del V Marqués de Monsalud en 1.910, guarda entre sus rincones auténticos detalles artísticos y joyas patrimoniales como los vestigios de la primitiva capilla del lugar, abierta al patio porticado central y engalanada por un friso dotado de policromados relieves escultóricos donde se alternan los motivos religiosos con diversos blasones entre barrocos angelotes, putis y volutas, bajo una simulada cúpula gallonada cuyo diseño se repite en el previo tramo abovedado que corona la escalera que da acceso al antaño sacro recinto de la residencia palaciega, la más conocida de entre aquéllas subsistentes en el casco histórico de Almendralejo.
Almendralejo (Badajoz). Siglo XVIII; estilo barroco. 



Arriba y abajo: desde el patio porticado que a modo de claustro centra el monumental inmueble palaciego almendralejense de Monsalud, bordeada por la misma colección seriada de azulejos que rematan las paredes circundante del mismo, una alta portada de trazas comparables a las que enmarcan el acceso a la escalinata de comunicación con la planta superior del edificio, da inicio a las escaleras de subida a la antigua capilla del lugar (arriba), convertida hoy en zona de paso hacia la estancia destinada a sala de informática del concejo de la ciudad, toda vez que en el lateral derecho del sacro habitáculo fuese abierto un portón hacia una de las cámaras de la vivienda, posiblemente durante alguna de las muchas reformas edilicias que ha vivido el bien, a juzgar por el recorte de la decoración que ocuparía el remate superior de tal paso, preservada por el contrario la práctica totalidad de la restante ornamentación escultórica policromada que, fabricada en material blando como yeso o escayola y fijada a las paredes semejando formar parte de las mismas, rodean fundamentalmente el punto último destinado primigeniamente a altar (abajo), apreciándose centrando el muro final como si de un mismo retablo que culmina el ábside se tratase la imagen en bulto semirredondo de la Inmaculada Concepción (abajo, siguiente), tocada de los tonos azulado y bermellón con que en consideración a sus virtudes humana y llena de gracia respectivamente se le suele artísticamente representar, supeditada sobre un globo terráqueo donde y bajo sus pies queda aplastado el ofídico maligno como portadora del Salvador del mundo, sostenida la orbe por un trío de querubines mientras que es otro pareado de seres celestiales en relieve el que porta sobre la Madre de Dios la corona que la identifica como Reina de los cielos, purificando su presencia con inciensario un dúo de ángeles, expuestos uno por cada lado de la sagrada figura, ofrecida al espectador por el dueto de criaturas espirituales que desde sendas esquinas supremas del flanco descorren el cortinaje que, como si de un trampantojo escultórico se tratase, parecía querer esconder el tesoro mariano que allí se guarda .




Arriba y abajo: mientras que la sacra imagen mariana protagoniza la decoración escultórica presentada en el muro frontal de la vetusta capilla palaciega, quedan los muros laterales centrados por paneles de similar fábrica y estilo compositivo, donde los angelotes presentan en esta ocasión, entre decoración vegetal y volutas, sendos cuadros religiosos, uno a cada lado del habitáculo, donde son representados en el que fuese muro del evangelio o izquierda del espectador San Juan Bautista portando el Cordero Místico que él mismo descubriese ante el mundo (arriba), cuando como Cordero que Dios ofreciese para el sacrificio ante los pecados de la humanidad presentase a Jesús, mientras que frente a él, en lo que sería el muro de la epístola, San José lleva de la mano al Niño Jesús (abajo), descubriéndose sendos personajes como santos patronos tanto del I Marqués de Monsalud, Juan José Nieto Domonte, como de su hijo y heredero Juan José Nieto Aguilar, rodeados éstos por cuatro blasones vinculados con la familia y que son, a la par, los que se presentan en la pareja de escudos que componen el gran blasón esquinero que capitanea la estampa más popular del exterior del edificio, repetido en ellos el león rampante que rodeado de cuatro flores de lis y otro cuarteto de hojas de higuera hace referencia al principal apellido del clan (abajo, siguiente), mientras que la representación centrada por un árbol, a su derecha en la capilla y ofrecida igualmente en la ornamentación de la fachada, ha sido considerada por muchos autores como escudo de la ciudad almendralejense y guiño de la estirpe hacia la población donde entonces se asentaba la familia, si bien la aparición de una serie de calderos en derredor de la planta difiere del dibujo simbólico de la urbe, barajándose la posibilidad, apoyada en la aparición de similar escudo en la portada principal del palacio con que contaría la estirpe en el centro de la ciudad hispalense, conocido igualmente como de Monsalud, de estar en realidad frente a un emblema relacionado con la prole o los títulos con que ésta contase, quizás el de la villa y sierra de Monsalud, posesiones que les llevasen en enero de 1.762 a recibir por parte de Carlos III el título con que mayormente fuesen conocidos, siendo así en tal caso un detalle clave a la hora de poder fechar sendas obras, capilla y escudo esquinero respectivamente, debiendo haber sido ejecutados siguiendo tal teoría una vez alcanzado el marquesado, diez años después de la inauguración del palacio en 1.752.




Arriba y abajo: como si de una auténtica cúpula se tratase, corona la estancia que conforma el oratorio propiamente dicho, de planta cuadrangular y menudas dimensiones que apenas rozan los cuatro metros cuadrados de amplitud, una techumbre de gusto barroco y albo diseño gallonado centrada por un medallón donde, igualmente policromado como el elenco de esculturas murales, un sol antropomórfico luce en lo que algunos autores han considerado un gesto de reconocimiento hacia las culturas precolombinas y la labor de los almedralejenses que hicieran las Indias (arriba), si bien es habitual en el mundo artístico la vinculación del astro rey con la Madre de Dios, toda vez que María fuese identificada por la Iglesia con la fémina que en las profecías del Apocalipsis de San Juan se apareciese en medio de los cielos vistiendo de nuestra estrella local, de similar forma a la observada en el techo de la capilla palaciega, contrapuesta al águila bicéfala coronada que remata en su zona más álgida la semicúpula o bóveda de horno que cubre la mayor parte de las escaleras de acceso al sacro enclave (abajo), igualmente gallonada mas en tonos rojizos y diseño que se asemeja al del interior de una venera, posible referencia falconada al Imperio español que entroncaría con el presunto recuerdo americano sito en la techumbre anexa, separados ambos coronamientos por un arco fajón decorado en su clave por cabezas de querubines (abajo, siguiente), descubriéndose en el intradós una pareja de putis que parecen querer sostener la amalgama de hojarasca y decoración vegetal en espiral que se aglutina entre el resto del espacio interno del arco y la cara que del mismo da hacia el oratorio en sí (abajo, imágenes tercera a quinta), repetido bajo la semicúpula que a la par simula mantenerse sobre cinco querubines que figuran sustentar las también cinco pechinas que juegan a soportar el peso de la obra (abajo, imágenes sexta y séptima), apoyada en realidad entre los muros laterales y el arco que da acceso al recinto desde el patio palaciego (abajo, imagen octava), contrariamente presentado éste por una exigua ornamentación que extraña frente al barroquismo de un horror vacui triunfante en el resto de la sala, basada en un sencillo medallón central donde la cruz de la Orden de Santiago (abajo, imagen novena), policromada y sobre fondo azulado, se ofrece inmersa dentro de lo que se adivina una corona laureada, apuntanto hacia la vinculación de la familia con tal Orden religioso-militar, siendo el fundador del palacio, D. Juan José Nieto Domonte, Caballero perteneciente a la misma, de igual manera que contase éste con el cargo de Regidor perpetuo de Almendralejo, ciudad con la que la familia quedaría vinculada y donde aún hoy en día su recuerdo persiste fundamentalmente a través de la obra monumental y artística que significa el Palacio de Monsalud, junto a los tesoros que, como la antigua capilla palaciega, forman parte intrínseca del mismo y del patrimonio cultural almendralejense y extremeño.











lunes, 16 de marzo de 2020

Colaboraciones de Extremadura, caminos de cultura: San Jorge, protector ante las epidemias, en Extremos del Duero


A finales de abril del pasado año mi colega bloguero y amigo personal Jesús López Gómez, autor del blog Extremos del Duero, lanzó una propuesta a este blog: colaborar en una entrada dedicada a San Jorge. La festividad de tal figura del santoral, fijada el día 23 de abril en el mundo católico, estaba en su cenit. Tendríamos un año por delante para ver la luz de un artículo centrado en la figura del santo de la Capadocia. Unos días atrás el trabajo estaba terminado y preparado para hacerse público por su correspondiente celebración relativa al presente año. Sin embargo, los recientes acontecimientos históricos han hecho adelantarla. En plena crisis sanitaria a nivel mundial motivada por la pandemia ejecutada a raíz de la incesante expansión de la última versión del virus coronavirus, autor de la enfermedad Covid-19 y responsable de la declaración del estado de alarma en todo el territorio español, Jesús ha decidido darle un giro al artículo preparado, volviendo la mirada hacia la facción protectora de un santo que en no pocas ocasiones fue invocado, además de ante múltiples males, también ante muchas de las calamidades salutíferas sufridas a lo largo de los siglos pasados.

Han sido incontables las catástrofes sanitarias dadas a lo largo de la historia de la Humanidad. Unas de índole local o regional. Otras nacionales e internacionales. Las más calamitosas han llegado a afectar y diezmar continentes enteros. El ser humano, no siempre consciente de la verdadera naturaleza del mal y, de tal manera, indefenso ante su agresión, destinaba la práctica totalidad de su esfuerzo hacia las plegarias que, como ante muchos otros desastres y siniestros, dirigía hacia las que creía fuerzas sobrenaturales convencido de ser ésta la única solución que en sus manos pudiese estar, remitiéndose la mayor parte de las oraciones efectuadas dentro del mundo cristiano a diversos personajes llevados a los altares o imágenes escultóricas que se creían milagrosas, como si de veros vínculos con el Padre Celestial se tratasen. De entre ellos, San Roque sería celebrado como patrono de los afectados por epidemias tales como la peste o el cólera, pues según su leyenda él mismo, tras atender a los contagiados de la primera de éstas, caería infectado y curado milagrosamente después. En otras ocasiones, las súplicas se dirigían a San Sebastián desde que tras rogar al santo militar en la Roma del año 680 por su divina intercesión, la ciudad santa quedase libre de la peste mucho antes de la popularización de la abogacía hacia el santo peregrino de Montpellier a partir del siglo XV. No faltan las veces en que las intermediaciones se solicitaban ante figuras veneradas a índole local. Son el caso, entre otros muchos, del Santo Cristo de los Milagros de Huesca, a quien la ciudad oscense acudiría cuando en 1.497 un brote de peste asolaba Aragón, o el del Cristo de San Agustín de Sevilla, talla gótica ante la cual los hispalenses siguen renovando anualmente un voto de acción de gracias desde que supuestamente en 1.649 la original escultura, hoy suplida por una réplica tras la destrucción de la primitiva obra durante la última contienda civil española, salvara a la ciudad bética de la pestilente infección que conllevase el inicio del declive de la ciudad. A San Jorge se le invocaría especialmente frente a contagios que derivasen en enfermedades que afectasen a la piel: la peste, la lepra, el herpes o la sífilis. A veces incluso frente a las picaduras venenosas de todo tipo de ofidios. El origen de la procura de tan milagrosa abogacía: su lucha frente al dragón. Un dragón serpentino, metáfora del mal, tomado como certidumbre por muchas poblaciones que verificaban estar este fabuloso ser trás  las epidemias que asolaban una población o lugar y cuyo único vencedor no podría ser otro que el caballero que también, indubitativamente, derrotó a tal bestia en la legendaria ciudad libia de Silca, o bien según otros autores en la bahía bautizada con el nombre del santo, al norte de la capital del Líbano.

Con el enlace al artículo publicado en Extremos del Duero bajo el título "San Jorge, protector ante las epidemias" os dejamos hoy, ofreciendo a la par una copia del texto aportado a tal trabajo por este blog deseando ilustraros sobre tan célebre figura del santoral, de especial vinculación con un particular enclave extremeño como es la ciudad de Cáceres, a poco más de un mes de su anual celebración y en pleno acontecimiento histórico que hace volver atrás la mirada ante añejas epidemias que asolaban nuestro país y nuestra región, cuando San Jorge era invocado para que cesase un mal ante el que, como siempre hemos hecho, ha terminado saliendo triunfante la Humanidad.



"Falta una media hora para que comience a clarear el día 3 de agosto de 1.492. El genovés Cristóbal Colón, acompañado de los hermanos Martín Alonso, Francisco Martín y Vicente Yáñez, de la familia Pinzón, así como de un nutrido grupo formado por vecinos palmeros y marineros de la cuenca Tinto-Odiel, salen de la iglesia de San Jorge por la conocida como Puerta de los Novios para bajar hasta la explanada donde se enclava la Fontanilla, junto al puerto de la villa de Palos. En el muelle, tres naves les esperan en pro de iniciar un viaje que estaría destinado a cambiar el curso de la historia universal. Cristóbal Colón ha logrado en Castilla lo que no consiguió en Portugal: convencer a la Corona para convertir en realidad una idea que muchos consideran una locura pero que él, convencido férreamente de la posibilidad de dar con tierra, no vacila ni un instante en llevar a cabo. Viajar hacia Oriente a través de Occidente. La reina Isabel, recién conquistada Granada, se muestra proclive a tal aventura. Unos creen que su extremo catolicismo, derrotado el poder musulmán en la Península, la han conducido a desear la evangelización de tan lejanas tierras. Otros opinan, sin embargo, que se deja llevar por sus ansias de conseguir nuevas posesiones para la Corona así como las riquezas que dicen abundan en Cipango. Los motivos de Colón son más bien confusos, pero pareciese querer derrotar, como el santo caballero que recibiría sus oraciones durante la vigilia previa al viaje hacia lo desconocido, los dragones que aún muchos insisten en confirmar que habitan los confines de un mundo plano. Y pareciese que San Jorge le vino a escuchar.

Pero San Jorge no siempre fue un caballero ni anduvo aniquilando monstruos ni dragones. Jorge de Capadocia, natural de esta región turca, sería al parecer un soldado del Imperio Romano nacido en las últimas décadas del siglo III d.C. De fe cristiana, se contaría como uno de los muchos mártires que, por no querer abjurar de sus creencias y rechazar el culto imperial, sería sometido a tormento y pena capital durante la persecución que del cristianismo se daría durante el gobierno de Diocleciano, a comienzos del siglo IV. Decapitado supuestamente en Nicomedia, donde ejercía como parte de la guardia imperial, y trasladado su cuerpo a Lydda, actualmente la israelí Lod, ciudad natal de su madre y donde la misma le educaría en las doctrinas de Cristo, Jorge sería convertido en el siglo IX, canonizado a fines del siglo V, en protagonista de una milagrosa intervención según la cual libraría a la ciudad de Beirut de un dragón que asolaba la zona. De una suerte de leyenda de llamativo paralelismo con el mito de Perseo y la liberación de Andrómeda, nacería, al igual que las rosas que surgieron de la sangre del vencido monstruo, un culto que transformaría al soldado en caballero, popularizado en una Europa Oriental donde Jorge se contaría como patrón de regiones como Bulgaria, Ucrania o Georgia, así como de ciudades como Moscú. Según algunos autores, ya era venerado en la Europa Occidental a fines del Imperio Romano. Por el contrario, muchas voces apuntan hacia las Cruzadas como el inicio de la divulgación de su culto ortodoxo en las regiones del poniente europeo.

Inglaterra, de reconocida presencia durante las Cruzadas ejecutadas en Tierra Santa, lo tomaría como patrón a partir del siglo XIV, enarbolando la cruz del santo como bandera propia y nombrándole inclusive protector de la británica Casa Real. En la Península Ibérica, ocurriría de manera similar. Encumbrado como patrono de Portugal, la monarquía aragonesa se acogería a su amparo en un culto que rápidamente se propagaría por todos los territorios de la Corona. En el siglo XV se convertiría oficialmente en patrón de Aragón y Cataluña, incluyéndose su cruz bermellón en los escudos aragonés y barcelonés. No podía ser menos ante un santo cuya legendaria aparición durante la batalla de Alcoraz, luchando codo con codo junto a Pedro I, le otorgaría a los aragoneses en 1.096 la victoria y conquista de la ciudad de Huesca frente al poder musulmán. Milagrosa intervención de sumo parecido a la que supuestamente en el 844 se diera en Clavijo, igualmente frente al Islam pero por parte de un Apóstol Santiago convertido en paladín de las tropas castellanas, que tomarían así al santo peregrino, en una faceta mucho más bélica, como su propio caballero sagrado en pro de la reconquista peninsular. Sin embargo no por ello San Jorge dejaría de aparecer entre los santos venerados en los territorios de raíz castellana de España. En el mismo camino de Santiago se puede encontrar a San Jorge en diversos enclaves como la logroñesa Iglesia Imperial de Santa María de Palacio o, mucho más cerca de Compostela, en la capital coruñesa, bajo cuya advocación se ofrece un templo barroco en pleno centro histórico de la ciudad. Más al Sur, en tierras andaluzas, contará con parroquias levantadas bajo el estilo gótico no sólo en la onubense Palos sino también en la gaditana Alcalá de los Gazules. Incluso en el mismo corazón del Imperio hispano tendrá cabida el sacro adalid, retratado por los pinceles de Alonso Sánchez Coello y formando parte del elenco de santos que circundarían las paredes de la iglesia del Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial, cuya primera piedra, curiosamente, sería colocada el 23 de abril de 1.563, festividad del santo.

Pero si hubiese que destacar una vinculación con San Jorge dentro de lo que fuesen tierras de la Corona de Castilla, sería a Cáceres a donde habría que dirigirse, dándose en la otrora villa y ahora ciudad el que posiblemente sea el patronazgo georgino más antiguo de España, inmediato a la reconquista definitiva de la ciudad por las tropas leonesas llevada a cabo el día de San Jorge de 1.229, anterior por tanto a otros tan célebres como el alcoyano, nacido a raíz de la batalla que en defensa de la localidad ejecutaron los cristianos frente a las huestes musulmanas que querían recuperar para el Islam la población de Alcoy en 1.276. En ambos casos, una cruzada frente a los mahometanos ante la que se imploró a San Jorge o se tomó al santo caballero como figura religiosa sin cuya divina protección no hubiera sido posible el triunfo de la cristiandad frente a su tenaz enemigo medieval, al que el santo derrocaría como ya en el Líbano hiciese cuando derrotase a la pestilente criatura atravesándola con su lanza. Una incansable confrontación del caballero contra su vil enemigo, así retratado en una iconografía que en no pocas ocasiones se confunde con la de San Miguel en su lucha contra Satanás, al que ya en el Apocalipsis de San Juan se le compara con un dragón al que Miguel y sus ángeles vencerán el día del Juicio Final, arrojándole junto a sus demoníacas tropas por siempre del Cielo. Eterna lucha del Bien contra el Mal. Incesable lucha de lo bendito contra los demonios. Del hombre contra sus demonios..."

(Imágenes: un broncíneo San Jorge esculpido por José Rodríguez y fundido por Eduardo Capa ocupa, salvo intentos de robo y posteriores reparaciones, desde el 26 de agosto de 1.966 una hornacina en la plaza que bajo la ingente mole edilicia de la iglesia de San Francisco Javier ocupa el corazón del casco antiguo intramuros de la ciudad que toma al santo caballero como patrón, propietario el Ayuntamiento cacereño, entre otras realizaciones artísticas del mismo, de una barroca escultura en madera policromada de apenas un metro de altura, utilizada en los actos celebrados por el consistorio durante la jornada de conmemoración anual del santo bajo cuya protección se acogería la población que en similar día del año 1.229 reconquistase definitivamente frente al poder sarraceno el lugar)

jueves, 12 de marzo de 2020

Imagen del mes: Ermita del Espíritu Santo, en Oliva de Mérida


Conocida popularmente como Cementerio Viejo por haber servido el monumento como necrópolis municipal durante el siglo previo a la inauguración del actual camposanto de la localidad en 1.918, la hoy abandonada y en semirruina fábrica del santuario que acogiese al parecer a partir de fines del siglo XVIII la venerada talla de San Blas, se erguía antaño sobre la falda del cerro del Morro supuestamente como parroquia oliveña desde los coletazos del medievo hasta la próxima finalización de la construcción en el centro de la población de la iglesia de la Purísima Concepción, inicio del lento declive del bien inmueble, primeramente en su categoría, más tarde en su arquitectura, que recorta con su silueta el horizonte en este punto de las Vegas Bajas.
Oliva de Mérida (Badajoz). Siglo XV; estilo gótico-mudéjar. 



Arriba y abajo: antecedido por una única nave dividida en tres tramos, diseñado sobre planta cuadrangular y rematado en bóveda de crucería, el ábside de la oliveña Ermita del Espíritu Santo (arriba) se orienta hacia el levante y el núcleo poblacional del que, al parecer, fuese antaño parroquia hasta la elevación a tal categoría de la Iglesia de la Purísima Concepción, una vez finalizado este templo inscrito en el centro de la villa, de mejor acceso y mayores dimensiones que las ofrecidas por el santuario erigido sobre el altozano que abraza la antes conocida como La Oliva, bautizado como Cerro del Morro, compartiendo sin embargo sendos inmuebles siglo de erección, el último del medievo, y estilo artístico bajo el que se iniciasen las obras, ofreciendo el serrano inmueble una simbiosis entre los gustos gótico y mudéjar palpable en ambas portadas de acceso al interior del sacro recinto, abiertas respectivamente en el lado del evangelio (abajo, siguientes) y a los pies del monumento (abajo, imágenes quinta y sexta), donde la hispano-musulmana fábrica latericia del gótico arco apuntado se ve enmarcada en el ejemplar septentrional por alfiz y friso de esquinillas (abajo, imágenes segunda a cuaarta), siguiendo una ornamentación propia de las obras elaboradas por los alarifes mudéjares igualmente vista en otras muchas portadas y santuarios de la región, tales como la Iglesia de Santiago de La Piñuela, cercana a Casas de Miravete, o en la ermita jerezana de San Lázaro, preservada en las inmediaciones de tal localidad del Sur de Badajoz.








Arriba y abajo: sobria y sin vestigios de lucido externo, salvo en la portada norteña, la Ermita del Espíritu Santo de Oliva de Mérida muestra sin pudor en su exterior la constitución de su fábrica edilicia, apreciándose en su flanco meridional (arriba), al que se enlazan los menudos vestigios del habitáculo que hiciese las funciones de sacristía (abajo), la mampostería de sus muros a base de cuarcitas y dioritas, propias de la comarca, reforzadas por ladrillos en contrafuertes y esquinas (abajo, siguiente), figurando en los cuatro ángulos que enmarcan la mole total del alargado monumento sillares graníticos entre los que sorprenden ciertas piezas reutilizadas (abajo, imagen tercera), adivinándose en la esquina noroccidental, entre pies del templo y lado del evangelio, lo que pareciese ser un sillar antaño base de alguna estatua votiva (abajo, imagen cuarta), rescatada quizás de algún añejo santuario pagano que existiera en los alrededores de la población oliveña.






Arriba y abajo: muestra el cabecero de la ermita oliveña (arriba) una austeridad propia del conocido como gótico rural o extremeño, a caballo entre la robustez constructiva y la sencillez arquitectónica sólo rota en este ejemplar por dos ventanales ejecutados en ladrillo a ambos lados del ábside (abajo), abocinados hasta el punto de semejarse más a aspilleras que a auténticos vanos, como si de una fortaleza se tratase, alzada la planta de tal sección del inmueble por encima del resto de la única nave de que consta el santuario, sancta santórum del sacro espacio donde al parecer y según es creencia en el pueblo se guardase hasta 1.820 la talla de madera policromada de San Blas, ejecutada en el siglo XVIII y hoy expuesta en el retablo mayor de la parroquia de la Purísima Concepción, colocada quizás en la ermita del Espíritu Santo a fines de la Edad Moderna tras dejar la ruinosa capilla de la que tal santo era titular, a juzgar por el Interrogatorio de la Real Audiencia de Extremadura elaborado en 1.791 donde se indica tanto la existencia de sendos santuarios a las afueras de la población, aún en uso la de San Blas, como el estado semirruinoso de ambas, hecho este último que quizás haya llevado con el tiempo a mezclar en la memoria de los vecinos un templo con otro, pasando la talla del santo obispo de Sebaste directamente de su desmantelada casa a la iglesia del lugar, sin pasar por una ermita, la del Espíritu Santo, cuyo deshecho estado ya la convertía entonces en candidata a cementerio municipal, pasando a identificarse un sacro inmueble con otro quizás tras el derribo de la ermita primera, de la que Pascual Madoz, en su Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico de España publicado en 1.849, ya no habla. 





Arriba y abajo: siendo tal el estado de conservación del templo a fines del siglo XVIII que la celebración de los santos oficios en su interior no era posible, la ermita del Espíritu Santo se barajaba, según el Interrogatorio de la Real Audiencia de Extremadura elaborado en 1.791, como idóneo enclave donde establecer un cementerio que supliese la carencia de necrópolis municipal por entonces en la localidad, ejecutándose los enterramientos en el interior del templo parroquial, idea llevada definitivamente a cabo en 1.820 y prolongada hasta la fundación del actual camposanto oliveño en 1.918, cercano éste al medieval edificio sacro y pies del Cerro del Morro donde la centenaria ermita se enclava, preservándose hoy en día entre las ruinas del viejo edificio sacro vestigios de los nichos que ocuparon el interior del monumento (abajo), entre cuyos retazos edilicios puede apreciarse el primitivo enlucido que cubría sus paredes (arriba), en contraposición a la supuesta exposición de sus materiales constructivos exteriormente, persistiendo los arranques de los dos arcos fajones que, sustentando el techo a dos aguas que cubría la nave, marcasen a la par los tres tramos de que se constituía el templo primigenio (abajo), similares posiblemente al arco que aún hoy en día da paso al ábside, de mayor altura que el resto de la obra arquitectónica, cubierto de latericia bóveda de crucería nervada (abajo, siguientes) sustentada sobre ménsulas decoradas a base de bordura de bolas, ya presente en las impostas del arco apuntado de entrada al altar, ancladas sobre figurativas testas antropomorfas, ornamentación conservada de un enclave en desuso y desolación hoy cerrado al público y sometido a diversas labores de consolidación edilicia.




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