sábado, 22 de enero de 2011

Murallas romanas de Cáceres


Arriba: Arco del Cristo, antiguamente llamado Puerta del Río, única puerta de la muralla romana que se mantiene en pie.

Tres enclaves: Castra Caecilia, Castra Servilia y Norba Caesarina. Dos yacimientos: Cáceres "el Viejo" y Cáceres intramuros. Así podríamos resumir el origen de la ciudad de Cáceres, confirmándose, tras las investigaciones desarrolladas a partir del hallazgo del yacimiento arqueológico romano bajo el Palacio de Mayoralgo, en 2001, su autoría romana. Se descarta así la hipótesis que barajaba la posibilidad de la existencia de un castro aborigen en la colina sobre la que se levanta el Cáceres monumental, previo a la llegada de Roma.
Sobre Castra Caecilia y Castra Servilia existen discrepancias a la hora de situarlos en el mapa actual. No ocurre así con Norba Caesarina, ubicada casi por unanimidad en lo que hoy conocemos como Cáceres Monumental, o casco antiguo de la ciudad. Si bien pudiera pensarse que donde más tarde se levantó la colonia, ya se encontraba uno de los campamentos, o edificaciones romanas previas, de lo que no cabe casi duda es que en el siglo I a. C. se fundó la colonia de Norba Caesarina para acoger a los soldados veteranos procedentes de la antigua Norba. Sobre el año de su fundación se barajan dos hipótesis: el año 35 a. C., por parte de Cayo Norbano Flaco, o bien el 25 a. C., por Lucio Cornelio Balbo. A la colonia se le agregarían los dos campamentos militares ya mencionados.


Arriba: la llamada Torre del Horno, erigida por los almohades, muestra los basamentos romanos sobre los que fue levantada.

La colonia de Norba Caesarina, o Norbensis Caesarina, se fundó en un lugar clave para controlar el espacio extendido entre los ríos Tajo y Guadiana, enclave que además contaba con acuíferos permanentes, en lo que hoy se conoce como el Calerizo, donde las aguas subterráneas brotan a lo largo de todo el año e incluso en épocas de sequía. Contó con una estructura rectangular atravesada por el cardo y decumano, propios de la planificación urbanística romana (más bien un trapecio irregular acondicionado al terreno, de unos 500 por 300 metros de ejes mayor y menor, respectivamente), y se le dotó con una fuerte muralla defensiva, realizada principalmente a base de sillares graníticos. Cuatro puertas daban acceso a su interior, abiertas en la mitad de cada uno de los cuatro flancos de la colonia, defendidas por torres albarranas y orientadas a cada uno de los cuatro puntos cardinales. Así, la llamada Puerta de Coria se orientaba al Norte, la de Mérida al Sur, la del Río (actual Arco del Cristo) hacia el Este, y una más hacia el Oeste, en lo que hoy es el Foro de los Balbos. La Vía de la Plata, que llegaba a la urbe desde Mérida para dirigirse hasta Astorga, avanzaba por el flanco este junto a las murallas, en lo que hoy es la calle Caleros, mientras que dos ramales accedían a la colonia a través de las puertas de Mérida y del Río.



Arriba y abajo: restos de lienzo de la muralla romana en la Plazuela del Socorro, descubiertos tras demoler las casas que los ocultaban.



Tras la decadencia romana y posteriores avatares de la historia, la muralla romana de Cáceres fue reutilizada por los sucesivos ocupantes de la ciudad, siendo así cómo los almohades, en el siglo XII, construyen sobre ella nuevas torres y lienzos a base de tapial, respetando en muchos tramos los antiguos basamentos romanos. Se conservaban también en la Edad Media tres de las cuatro puertas romanas, demoliéndose después, en pleno siglo XVIII la de Mérida (año de 1.751,  y según Real provisión de Fernando VI, que también permitía el derribo de una parte del lienzo norte de la muralla, entre el ángulo NO y el Arco del Socorro). Un siglo más tarde (año de 1.879) se derribó la Puerta de Coria o del Socorro, exponiendo como motivos la falta de mérito artístico de la construcción e incompatibilidad con la limpieza de la población, y siendo la iniciativa llevada a cabo por Muñoz Chaves, desoyendo el oficio de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando que intentaba impedir el atropello. La Puerta del Río, por suerte y seguramente debido a su situación más apartada, se conservó, pudiendo hoy en día disfrutar de ella, como triunfo de un pasado romano en que comenzó a escribirse la historia de esta insigne ciudad.



Arriba: en las traseras del Palacio de los Toledo-Moctezuma, en lo que fue antaño el ángulo NO del recinto amurallado, se conservan algunos sillares graníticos de la antigua muralla romana, que lograron escapar al derribo ejecutado en el siglo XVIII.

Cómo llegar:

Actualmente son tres los aspectos de la muralla romana de Cáceres de los que podemos disfrutar. En el flanco oriental de la misma se ubicaría el más importante de todos: la llamada Puerta del Río o Arco del Cristo. En el lado norte, restos de lienzo y sillería granítica, y en el más occidental, basamento romano en los pies de diversas torres defensivas medievales.



Arriba y abajo: detalles de los sillares romanos que constituyen el denominado Arco del Cristo.



La Puerta del Río, más conocida como Arco del Cristo, se levantó en el siglo I d.C. Defendida por una torre adosada, una vivienda ocupó más tarde su zona superior, cuando la muralla de la ciudad se destinó a sostener y cobijar inmuebles. En la cara intramuros del mismo, una hornacina recoge un lienzo sobre Cristo crucificado, óleo del que recibe el nombre actual. Podemos llegar a él bajando la Cuesta del Marqués, desde la Plaza de San Jorge, corazón del barrio monumental, o subiendo la calle de Fuente Concejo desde la ribera del Marco, riachuelo del que tomó el nombre primitivo.


Arriba: detalle de diversos sillares en los restos de muralla romana de la Plazuela del Socorro.

En el flanco norte de la muralla, a pesar de las diversas órdenes de derribo contra sus lienzos y la desaparición de la llamada Puerta de Coria, la construcción de varias casas sobre los muros de la misma permitió, tiempo después y tras la demolición de éstas, que se recuperase una porción de la muralla original, datada entre los siglos III y IV d. C. Se localiza en lo que hoy es la Plazuela del Socorro, a la que se llega desde la Plaza Mayor recorriendo la calle de Arco España, o desde la Plaza de Santiago subiendo la calle de Godoy. Igualmente, si partimos desde la Plaza de Santa María a través de la calle Tiendas, llegamos al yacimiento, y si seguimos en línea recta las hileras de los sillares, girando a la izquierda intramuros, veremos al final de la calle, en las traseras del Palacio de los Toledo-Moctezuma, algunos sillares romanos que también pudieron sortear los designios de la historia.


 Arriba: basamento romano en los pies de la almohade Torre del Aver.

La zona más occidental del amurallado presenta por su parte vestigios romanos en forma de basamento a base de sillarejo granítico, en la práctica totalidad de las torres almohades subsistentes que allí se levantan. Así, podemos adivinar sillares romanos en los pies de la Torre de Bujaco, y en aquella denominada de la Yerba, ambas situadas en la Plaza Mayor. Sin embargo, el basamento más claro podemos disfrutarlo bajo la Torre del Horno, localizada en la Plaza de las Piñuelas, traseras del edificio sede del Ayuntamiento, así como en la Torre del Aver, ubicada ésta en la calle del Postigo, a la que accedemos desde la Plaza de San Juan, en cruce con la calle de Gallegos. Otras torres y cubos de éste y otros flancos conservan igualmente sillarejo de origen romano en sus bases, pero, engullidas entre viviendas posteriores como están, no es posible acceder a ellos. Quién sabe si lo que hoy nos impide disfrutar de estos vestigios, no esté sino salvaguardándolo, una vez más, para la posteridad.


Arriba: sillar almohadillado bajo el tapial cercano a la Torre del Horno, presumible manufactura romana.

6 comentarios:

  1. Hola! Muy interesante, una lastima que se tiraran las puertas alegando que no tenían valor o eran insalubres para la ciudadanía, esperemos que no vuelva a pasar nada de eso. Leí tu comentario en mi blog, puede ser que el siglo de la diosa Ceres este mal, no lo se, pero tengo entendido que fue encontrada en las inmediaciones del yacimiento romano que hay por Valdesalor, ¿Sabes algo de esto?

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  2. Hola J.L.! Me alegra saber que te ha gustado la entrada. En cuanto al hallazgo de la diosa Ceres, siento decirte que sé lo mismo que tú. No sé en qué siglo se dio, aunque sí que en el XVIII ya estaba colocada en el Atrio del Corregidor, siendo conocida por el pueblo como la "Santa de la Plaza". Existe un grabado realizado en mencionado siglo, y otro fechado en 1818, que lo atestiguan. Los historiadores indican su pertenencia a la antigua colonia, sin embargo yo también he leído que las crónicas señalaban como lugar de origen del hallazgo los llanos del Salor. Puede que perteneciese efectivamente a Norba Caesarina, y que los avatares de la historia hicieran que terminase cerca del río, lo cual es muchas veces habitual con muchos restos romanos. Intentaré conseguir más información, que te pasaré en cuanto la tenga. Si quieres déjame también tu correo en mi cuenta (que aparece junto a mis datos personales), y te paso el grabado de 1818, del que tengo copia. Un saludo!

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  3. Tras buscar por la red, poco o nada nuevo encontré sobre la estatua de la diosa Ceres cacereña, por lo que esta tarde me dirigí a la Biblioteca Pública, y hallé más información incluso de la que pensaba. Efectivamente parece ser que se encontró en el siglo XV en la ribera del río Salor, pero no está atestiguado. El primer escrito que habla de ella ya la situaba en Cáceres. Fue el humanista Lucio Marineo Sículo, en los comienzos del siglo XVI. En 1550 Gaspar de Castro igualmente la describe, así como el cronista que acompañaba al obispo de Cartagena hacia Elvas cumpliendo un acometido de Felipe II. Al parecer ya entonces estaba colocada en la Plaza Mayor, e incluso se habla de su brazo derecho, que más tarde perdió.

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  4. Hola, gracias por comentar en la entrada de mi blog sobre las lindes, bueno lo de lindes es cosa mía porque sería lo mas lógico, pero si al final te decides a documentarlas recuerda que sólo queda una y las otras han desaparecido o por lo menos nada ha salido en prensa de ellas, si tienes otra teoría sobre estas piedras... se aceptan sugerencias. Un saludo.

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  5. Hay un pequeño error en la 2ª hipótesis sobre la fundación de la colonia Norbensis Caesarina. El año debió de ser el 19 a. C, pues fue en el 20 cuando L. C. Balbo recibe el acta de Imperator, por su victoria frente a los agramante líbicos. Primer Imperator, es decir, general, que consigue este mérito siendo originario de un país que no fuera la península itálica. Lo mismo sucedió con su tío, L. C. Balbo el Mayor, primer cónsul nacido fuera de los límites itálicos. Ambos eran originarios de Hispania, de Cádiz, concretamente.

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  6. Lamento informar a todos los interesados en la historia de Cáceres que lean esta entrada que los lienzos murarios que se observan en las fotografias no corresponden a ninguna fortificación romana. En realidad, como alguno posiblemente ya haya observado, dichos paramentos de bloques graníticos corresponden a las primitivas murallas de época emiral y/o califal andalusíes, datadas arqueológicamente entre los siglos VIII-X. Existen excavaciones y análisis de paramentos modernos durante los últimos años que señalan su manufactura inequívoca, todos publicados y accesibles en distintas publicaciones científicas y divulgativas (por citar un ejemplo: F. VALDÉS FERNÁNDEZ, “La fortificación islámica en Extremadura: Resultados
    provisionales de los trabajos en las alcazabas de Mérida, Badajoz y Trujillo y en la cerca urbana de Cáceres”, Extremadura Arqueo-
    lógica,II, Mérida-Cáceres, 1991, pp. 547 a 557.)

    De cualquier modo, es observable a simple vista que las fábricas y módulos de construcción de los lienzos aquí calificados como romanos guardan una estricta similitud con fortificaciones similares extremeñas (Castillo de Medellín, Murallas de Coria, Vascos, etc...) datadas en el mismo período.

    Entre sus características más destacadas y definitorias está la construcción a base de sillares graníticos en hiladas alternantes de soga y tizón, muchos de ellos sillares y elementos arquitectónicos romanos reutilizados, con ripio de pizarra o ladrillo como calzos entre las juntas de las piezas y ligero almohadillado exterior destinado a acojer una decoración o acabado entre juntas de mortero de cal con fragmentos cerámicos o pétreos.

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