lunes, 2 de mayo de 2011

Tesoros del camino: falo del puente romano de Mérida


Arriba: bajo el primer arco del Puente romano de Mérida, y grabado en uno de los sillares de la segunda hilera en su base oriental, un vigoroso falo nos da la bienvenida a la ciudad desde hace prácticamente dos mil años.

Quizás la característica más común que podemos encontrar entre los más antiguos ritos y culturas religiosas de los primeros pueblos y civilizaciones del planeta es su culto a la fertilidad, algo lógico en un mundo donde la supervivencia de la especie, del clan o del apellido se veía peligrar constantemente por una mortandad diaria y elevada contra la que tenía que luchar prácticamente sin medios la humanidad. Fertilidad humana, pero también fertilidad de la tierra, madre de la que se obtenían todos los productos con que poder sobrevivir y progresar,  representadas ambas tanto con simbología femenina como masculina a través de la figuración de las características sexuales más destacadas de ambos géneros, o directamente de los genitales de cada uno de ellos.

En el caso masculino es el falo, el pene erecto ilustrado habitualmente con sendos testículos, la representación básica que, exagerada en primitivas figurillas varoniles, pasará con el tiempo a ser tratada de forma exenta, alteración que afecta igualmente a la utilización del mismo, derivando su uso como icono de fecundidad a convertirse en imagen explotada bajo otros aspectos más supersticiosos pero igualmente benéficos. Es así como, en la antigua Roma, este atributo primordial del dios de la abundancia Príapo es usado no sólo como símbolo de la fertilidad, sino también y fundamentalmente como amuleto contra el mal del ojo y para la atracción de la buena suerte, representación colocada en las portadas de las casas, entradas de las calles y puertas de las urbes y lugares públicos, sin olvidarla en joyas y amuletos colgantes con que las personas intentaban alejar los males de sí.



Arriba: detalle del sillar en cuya superficie  se presenta grabado en relieve del falo protector de la colonia emeritense.

En la romana colonia de Emérita Augusta no podían faltar las representaciones fálicas en las casas de sus vecinos o como talismanes de sus ciudadanos. Sin embargo y con el tiempo y los cambios religioso-culturales estos amuletos cayeron en el olvido, enterrados con sus dueños o yaciendo bajo las capas que iban cubriendo las calles de la ciudad. Pero uno, quizás el más importante de todos los que un día hubo en los primeros siglos de vida de la capital lusitana, permaneció intacto en el mismo sitio donde se colocó intentando proteger de los males a toda la urbe, buscando potenciar la fecundidad de la misma y la prosperidad de sus habitantes. Es el falo del puente romano sobre el río Guadiana, esculpido en relieve sobre uno de los sillares graníticos que sostiene el primer arco del mismo, bajo la actual entrada a la alcazaba y antiguo enclave donde se levantaba el arco y puerta de acceso occidental de la ciudad.

Representado toscamente de perfil y en horizontal, orientado hacia la derecha con los testículos bien definidos a su izquierda, dotado con grueso tronco que termina en afilado glande, y visualizándose los restos de unas posibles alas labradas que lo complementarían, el falo del puente romano de Mérida sigue protegiendo dos mil años después de su fabricación a la ciudad, desde que en época de Augusto fuese allí colocado por los primeros pobladores de la colonia. Al visitante de hoy en día le saluda y le sorprende como una muestra más de la cultura romana que pervive en la capital extremeña. Eclipsado por el puente romano al que pertenece, el falo protector engrandece aún más la majestuosidad histórica y artística de la obra, mostrándose a su vez como toda una joya en sí. Es, sin duda, un tesoro en el camino.



Arriba: vista general del primer tramo del Puente romano de Mérida sobre el río Guadiana, declarado como Bien de Interés Histórico-Cultural con categoría de monumento desde 1.913 (Gaceta de Madrid de 03 de enero de 1.913).

4 comentarios:

  1. Muy interesante el artículo. No conocía este detalle. Les debió de servir mucho este amuleto, ya que el vino de esta zona fue muy famoso.
    Saludos y buen trabajo.

    ResponderEliminar
  2. Hola AugustaEmerita! Muchas gracias por la visita y el comentario. Me alegra enormemente saber que hayas podido conocer este detalle del puente gracias al blog. Y como tú dices, en este caso el talismán fálico parece que debe dar resultado, a juzgar por la grandeza que llegó a alcanzar la colonia. Un saludo a ti también!

    ResponderEliminar
  3. Jejeje, menos mal que pusiste la segunda foto, porque en la primera no fui capaz de localizar el falo... Qué interesante el averiguar que en lugar de ser "de mal gusto" en realidad era un talismán para la ciudad... ¡Cómo cambian las cosas! Buen trabajo.

    ResponderEliminar
  4. Hola Isaac! Me alegra saber que te ha gustado este primer "tesoro" que os he traído. Efectivamente con este relieve podemos apreciar el cambio de mentalidad que se ha experimentado a lo largo de los siglos. Quizás en cuanto a lo religioso no tanto, puesto que seguimos colgándonos no falos pero sí medallas a las que les atribuimos propiedades cuidadoras. Pero en lo referente a la visión de la sexualidad, se nota el peso de la tradicción judeo-cristiana aún en la actualidad, que no tiene nada que ver con la falta de pudor que existía en la época. Un saludo!

    ResponderEliminar

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...